Mostrando entradas con la etiqueta barbarie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta barbarie. Mostrar todas las entradas

22 de julio de 2016

Paren el mundo...

Que yo me bajo.
Estaba en mis rutinas de la tarde noche: baños, cenas, el cuento de antes dormir, la lechita de Rubiazo... Todo como siempre, sin cambios, la seguridad de la rutina con ellos.
Bajo y me conecto al mundo exterior, para leer los titulares de la noche y lo veo: ATENTADO EN MUNICH, TERRORISTAS SUELTOS POR LA CIUDAD, HELICÓPTEROS CON FRANCOTIRADORES...
Y me he puesto a llorar. No me he dado cuenta de que estaba llorando mientras leía todos los titulares hasta que una lágrima me ha tocado los labios. Pero ¿en qué mundo de locos vivimos? ¿Con qué tranquilidad podemos mirar hacia delante si cada vez son más y más frecuentes las barbaridades que cometemos?
No tenemos bastante con andar inmersos en un sistema en el que los países ricos se alimentan de los recursos de los supuestos países pobres, no, es que además, para añadir emoción a nuestras vidas, nos da por andar matando en nombre de lo que sea. 
Hace unos días escribía sobre mi necesidad de creer en un mundo mejor. Así no hay quien lo consiga. 
Tengo dos hijos preciosos, una sobrina muy bonita y tengo miedo. Miedo por ellos. Miedo de que esta corriente de deshumanización siga creciendo y no tenga fin.
Podría hacer una disertación larga, dar las mil y una razones, pero no puedo, ni quiero, ni sé si me vale la pena o me sirve de algo. 
Decepción y tremenda tristeza. Vacío.
Tengo el corazón a trocitos, por Munich y por todas las atrocidades que a diario se cometen en nombre de la humanidad.

Paren el mundo, que yo me bajo.

15 de noviembre de 2015

Carta abierta a la humanidad perdida

Unos dicen que soy fruto de la ciencia. Otros sin embargo opinan que si existo es gracias al dios de una religión. Y aún hay un tercer grupo que se aventura a decir que soy el resultado de una combinación de ambos.
Sea cual fuere mi origen, por aquí ando. Unas veces más longeva, otras menos, unas miserable y otras más afortunada.
No sé si podré contar esto muchas veces o si ésta será la última vez que me pronuncie. Por desgracia no soy yo quien decide. Los que deciden son aquellos que me poseen.
Me destruyen a su antojo muchas veces, demasiadas. Aunque otras, quien acaba conmigo son las circunstancias. Lo que yo no consigo entender es cómo quien tanto me aprecia y tanto ansía mi eternidad puede jugar a torturarme sin ningún tipo de escrúpulos hasta dejarme sin aliento. No necesitan razones para hacerlo, sólo odio, ansia de poder y ambición exacerbada.
Mis mayores destructores son los seres humanos. Los mismos que progresan a nivel material a la vez que a nivel humano van para atrás como los cangrejos.
Si yo pudiera hacía maletas y emigraba a otra galaxia, a años luz de tanta barbarie. A empezar de nuevo, de cero, de la nada. Y que, fuera cual fuera la versión que quisieran dar a mi existencia, no fuera motivo de enfrentamientos que acaban en masacres.

Unos dicen que soy fruto de la ciencia. Otros sin embargo opinan que si existo es gracias al dios de una religión. Y aún hay un tercer grupo que se aventura a decir que soy el resultado de una combinación de ambos.
Sea cual fuere mi origen, por aquí ando, aunque ya no sé por cuanto tiempo...

Firmado: La vida.

16 de septiembre de 2015

Paren el mundo que yo me bajo ya

Ayer vomité. Desde luego esto no sería nada significativo, y menos con lo desagradable que es que alguien te hable de temas escatológicos, si no fuera por el motivo. Acababa de comer. Entré a leer las noticias para hacer un parón mental. ¡Y a qué mala hora!
El primer titular que encontré fue el que hablaba de Rompesuelas, el toro asesinado en Tordesillas. Y aunque la imagen era horrible, y sabía que no iba a resultarme nada agradable lo que leyera... Leí. Vaya si leí. Hasta la última palabra. Sin saltar ni una coma. Desde el primer párrafo me entró un fuerte dolor en la boca del estómago, como cuando tuve la úlcera. Pero necesitaba seguir leyendo. ¿Morbo? Lo dudo. Asombro, impotencia, rabia, incredulidad y mucha pena, tremenda pena...
Vomité. Como para no hacerlo.
Leer de qué va exactamente este "emocionante" festejo me dejó bien claras dos cosas: una, que me he caído tarde del árbol porque no tenía ni idea de que esta barbarie existiera así tal cual; dos, que el ser humano puede llegar a ser el animal más rastrero, carroñero y despreciable del planeta.
Gracias al cielo, parece que no todos los que andamos al otro lado de la barrera compartimos esta bestialidad de modus operandi en cuanto diversión y festejo se refiere. Aunque siendo como parece que somos tantos que ESTAMOS EN CONTRA DEL MALTRATO ANIMAL, DE MATAR ANIMALES POR PLACER, DE ASESINAR PARA DESCARGAR NUESTRA INFERIORIDAD Y SENTIR PODER SOBRE UN SER INFINITAMENTE MÁS INDEFENSO Y DÉBIL... no entiendo como esta barbaridad de festejo, ritual o como mierdas quieran llamarlo no ha desaparecido antes.
Os juro que imagino la escena tal cual se describía en el artículo y se me vuelve a encoger el estómago. Me asfixia la imagen de un ser humano lanceando a un toro porque sí... una y otra vez. Me turba la imagen de un animal sangrando, muriendo, cayendo mientras intenta escapar de una multitud de AUTÉNTICOS BÁRBAROS que van a por él entre lanzas, gritos y golpes.
¿PERO QUÉ PUTA MIERDA ES ÉSTA, SEÑORES? ¿POR QUÉ NARICES ESTA ABERRACIÓN SE PERMITE Y SE DEFIENDE?
 
¡PAREN EL MUNDO QUE YO ME BAJO YA MISMITO! ¡PÁRENLO!
 
No diré más. Básicamente porque estoy llorando de impotencia y de pena. Mucha.
 
OS DEJO AQUÍ EL ENLACE A LA PETICIÓN QUE EL PACMA LANZÓ PARA EVITAR QUE AYER EXISTIESE... Si firmamos muchos quizás el año que viene el 15 de septiembre se mencione por otra cosa.

 
TAMBIÉN OS PASO LA PETICIÓN QUE HACE CHANGE.ORG PARA ABOLIR EL TORO DE LA VEGA Y QUE SIGUE VIGENTE PORQUE SE NECESITAN 50.000 FIRMAS Y AÚN FALTAN UNAS CUANTAS. ¿VAMOS A POR ELLAS?


CON M DE MAMÁ... ¡PAREN EL MUNDO QUE ME BAJO YA!

15 de agosto de 2015

Este mundo loco con su loca realidad

No entiendo la necesidad humana de sentirnos superiores, si precisamente cuando intentamos que así ocurra conseguimos todo lo contrario: sacamos a pasear nuestro lado más rastrero y nos convertimos en el betún de cualquier zapato viejo.
Necesitamos festejar maltratando animales, justificando este comportamiento como algo "de toda la vida" y emborrachando nuestros sentidos para que, mientras nos comportamos como verdaderos animales, sus miradas más humanas que las nuestras no molesten a nuestra conciencia dormida.
Necesitamos esa lucha constante de poder en la que las mujeres seguimos teniendo que pedir que se nos deje ser, sin más. No queremos ser superiores, ni mejores, ni más válidas, ni estar más reconocidas. Sólo queremos vivir la vida felices con el sexo que nos ha tocado, sin tener que medir nuestro discurso porque se nos tache de viperinas, sin tener que medir el largo de nuestro vestido porque se nos tache de frescas, sin tener que medir con calendario los días que ya no podremos dedicarnos a nuestra maternidad porque si dudamos y nos planteamos alargarla (como el bajo de nuestra falda) no somos ni tan profesionales, ni tan válidas ni tan mujeres.
Esto es un asco. Así. Sin más.
Os juro que mi cabeza intenta procesar tanta barbarie y no puede. Me asquea esa necesidad bruta de superioridad, mediante la violencia en todos y cada uno de sus estilos. Me revuelve el estómago y hace que la bilis llegue a mi garganta. Sólo sé que quien atenta deliberada y violentamente contra la libertad de sus iguales (porque sí, porque lo somos, porque sólo nos diferencia el sexo, ya que a efectos prácticos somos el mismo tipo de máquina) lo hace porque tiene una mente muy enferma. Más allá de machismos y feminismos y pepinillos en vinagre; quien maltrata y mata está muy mal de la azotea.
Sinceramente, me preocupa el mundo de mierda que estamos construyendo. Me preocupa porque por muchos valores que queramos que nuestros hijos inhalen y hagan suyos, toda esa violencia está ahí, y no parece que lleve idea de largarse para siempre. Ni parece que quien tiene en su mano el poder de pararla haciendo justicia, pero de la justa, de la de verdad verdadera, vaya a hacerlo alguna vez y para siempre. Y a mí todo esto me da miedo. Me espanta la barbarie humana. Y cada vez me creo menos eso de que somos animales racionales. Los cojones.

#niunamenos #hastaelcoñoya

CON M DE MAMÁ y A de ASCO