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23 de mayo de 2016

Un abrazo

Hay quien piensa que lo mejor que te puede pasar es un beso. Yo no lo creo así. Los besos apasionados te quitan el aliento durante unos segundos y frenan en seco el corazón, y esa sensación es grandiosa. Un beso de un hijo es la muestra del amor en estado más puro. Sin embargo... yo prefiero UN ABRAZO.
Un abrazo no te quita el aliento, sino que te lo devuelve cuando éste te falta, y no para tu corazón, más bien le da cuerda de manera infinita, al menos durante el rato que tarde en llegar el siguiente abrazo.
Yo echo de menos ese abrazo que me hace sentir de nuevo pequeña y que me permite equivocarme porque tengo a alguien por encima de mí, que se preocupa, me cuida y me da la lata con lo que está bien y lo que no. Echo de menos ese abrazo de paz en el que me permitía caer de vez en cuando, en el que volvía a sentir el amor inmenso de alguien inmenso. Ese abrazo en el que quedarme un rato más aun cuando en casa ya me esperaban. Ese abrazo con sabor a "vete ya que tienes obligaciones" pero que en realidad quería decir "no te vayas que tengo miedo a estar solo".
Quiero UN ABRAZO. EL TUYO. No me vale cualquiera. Y sigo sin entender por qué ya no estás para que pueda correr a buscarlo. A refugiarme en él cuando meto la pata. A refugiarme en él cuando nadie más me entiende. Necesito TU ABRAZO.
A veces me pregunto si te abracé lo suficiente mientras te tuve. Creo que sí lo hice, sobre todo en la segunda vuelta que nos regaló la vida, o que nos quitó poco a poco el cáncer. No lo sé.
Yo abrazo a mis hijos muchísimas veces al día. Incluso cuando ya están dormidos y no son conscientes de ello. Muero al pensar que, algún día, cuando yo no esté, puedan sentir esta sensación de soledad que yo siento bastante a menudo si pienso en ti, y quiero que acumulen tantos abrazos que el calor les dure cuando mi cuerpo ya esté frío y lejos.
UN ABRAZO es mucho mejor que un beso. Sin duda. El beso es efímero, volátil. El abrazo es eterno... y su huella queda grabada a fuego. Debe ser por eso que echo tanto de menos fundirme en tus brazos y volverme pequeña.
Te echo de menos. Siempre.
Y quiero TU ABRAZO.

19 de marzo de 2016

See you again...

Últimamente te pienso más que de costumbre, que ya es mucho. Supongo que el cansancio normal de la maternidad y el tiempo fuera de casa, y los virus de tus nietos, y los quebraderos de cabeza y demás han hecho mella y saben que te necesitaría al otro lado del teléfono cada día. Tal como han ido las cosas por aquí últimamente habría sido una tabla salvadora poder escaparme a tu casa a cuidarte un rato, y así tener mi tiempo, contigo.
Quizás es sólo que con la edad, y ya son unos cuantos, me vuelvo cada vez más reflexiva, con mucha necesidad de ratos de conducta asocial, de cerrar la puerta de mi caparazón y ponerle el candado durante un rato cada día. Me recuerdo tanto a ti. Sonrisa en el trabajo, con la gente. Reflexión en casa. Necesidad de intimidad. Será por eso, tal vez.
Me sigue reventando que te pierdas todo esto en primera persona, aunque lo vivas de otra manera y estés. Bueno, ¡qué narices! Lo que de verdad me fastidia es que se lo pierden mis hijos contigo, que me lo pierdo yo, que no te tengo cuando te necesito, que es a diario. Soy egoísta, soy hija, y en esa faceta te quiero para mí. Lo de tenerte en tu estrella es muy bonito, pero no calienta cuando el corazón tiene frío. Y eso que tú estás. Lo sé.
Hoy pensaré en ti mientras escuchamos la mascletà y luchamos porque tus nietos entiendan que es sólo sonido y no pasa nada. Te pierdes el numerito que van a liar.
Brindaremos por ti cuando estemos juntos comiendo en tu lugar favorito. Nos reiremos porque te pondrías malo con el tema puntualidad y demás. En eso soy excesivamente igual a ti.
El tiempo va limando las ansias y la desesperación de no entender por qué tuviste que irte tan pronto, y por qué el cáncer quiso cebarse contigo. Sin embargo, yo sigo sin perder la esperanza de que vuelvas algún día, pero para no irte jamás.

Yo sólo quiero verte de nuevo.

Felicidades papi.

GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS...

TE QUIERO HASTA LA LUNA Y VUELTA.

CON H DE HIJA.

18 de febrero de 2016

¿Crees en las señales?

Quien no ha perdido a un padre al que adora no sabe qué es no poder tenerlo cuando se quiere.
Por suerte, tú sabes hacerte notar cuando más lo necesitamos. Apareces de manera discreta, en forma de canción, de frase que otro dice, o de mirada. 
Es curioso porque a veces cuando ni yo misma noto que te necesito mucho en un determinado momento, de pronto algo me recuerda que estás. Algo que otros días no he notado. Señales.
El lunes por la tarde te necesitaba, mucho. Por dos motivos diferentes. Uno era Rubiazo, el otro yo. Y ahí estabas. Sin que yo te lo pidiera. Pasamos con el coche por el camino que hace dos años me llevaría a tu casa, como tantas otras veces he pasado. Sin embargo, el lunes algo se rompió dentro de mí y lloré. Al rato, mientras me acuclillaba para mirar fijamente a Rubiazo y le hablaba para que se mantuviera en calma, me miraste; sí, sus ojos tenían tu mirada. Esa mirada de tus últimos días, como vidriosa, pero tan profunda y sabia. Esa mirada que, a pesar de todo, sólo transmitía paz y serenidad. Estabas ahí, en sus ojos. Eras tú quien me escrudiñaba mientras hablaba. Estuviste un buen rato allí. Sé que quisiste decirme que todo iba a estar bien, que estuviera tranquila. Volví a llorar allí mismo, sin ningún intento por mi parte de que no se me notara. Y de repente, te fuiste.

Quien no ha perdido a alguien a quien admira con todas sus fuerzas y a quien quisiera abrazar cada día, alguien que siempre tenía las palabras justas para cada situación, alguien grande, enorme y con un corazón gigantesco...  quizás, sólo quizás, se ría de quienes hablamos de señales. No me importa. Lo entiendo. Pero tal vez llegará un momento en que quienes nos tachen de locos o excesivamente espirituales entiendan lo que decimos, y entonces se alegren de poder entenderlo.

TE ECHO MUCHÍSIMO DE MENOS PAPÁ.

CON M DE MAMÁ y S de SEÑALES

24 de diciembre de 2015

Tengo una confesión que hacer

Me gusta la Navidad.
Como me gustaba cuando era niña, sí. De esa manera. Navidad de luces, de polvorones y dulces, de revivir mi ilusión de infancia en la ilusión de mis pequeños.
Me gusta la Navidad a mi manera. Sin agobios por las compras, sin mogollones de gente estresada apurando hasta el final la compra de regalos. Me gusta la Navidad de mantita en casa y chocolate caliente, de mirar el frío desde el calor de dentro, de no sentir la obligación de tener que quedar con todo el mundo sólo porque es Navidad, de vivir sin prisas, de parar la máquina del estrés y las prisas y encender la de la relajación y el "tengo todo el tiempo del mundo".
Me gusta la Navidad a pesar de que ya no estés tú, papá, porque a ti te echo de menos cada día, con la misma intensidad que el primero, pero siempre, no va marcado por fechas, y porque la ilusión de tus nietos no me deja caer hasta el fondo y me trae de ti un recuerdo dulce. Aún así, esta noche echaré muchísimo de menos verte brindar con tu copa verde, echaré de menos tu alegría y tu don de gentes, tu sonrisa de padre orgulloso de vernos a todos juntos reunidos. Y eso a pesar de que a ti no te gustaba la Navidad desde que perdiste a tu padre. Pues ¿sabes qué papá? Yo he decidido darle la vuelta a la tortilla. Porque a mí tampoco me gusta la Navidad sin ti. Pero he decidido verle la parte buena a esto de tener unos días extra para disfrutar de los míos sin prisa, para contemplar las luces del árbol embobada mientras pienso en nada, para regalar ilusión, para revivir lo bonito de la magia...
Me gusta MI Navidad y la de los de mi casa. A nuestro ritmo, con nuestras tonterías, nuestros días pijameros, nuestros bailes locos, nuestras peleas de cosquillas, nuestras ganas de no hacer nada especial o diferente por obligación.
Me gusta la Navidad a pesar de mí y de tu ausencia enorme.
Voy a echarte muchísimo de menos esta noche, y mañana, y pasado mañana, y dentro de tres días... Y así todos los días de mi vida. Pero ¿sabes? Me gusta la Navidad. La mía. La nuestra.

FELIZ NAVIDAD Y MIL BESOS A LOS BONITOS DE CORAZÓN, QUE SOIS MUCHOS.

CON M DE MAMÁ y N de NAVIDAD

8 de diciembre de 2015

Los platos de papá

Mi padre era aficionado a los platos de cerámica. Tenía un montón. Le gustaban tanto que incluso cuando viajé a Túnez me pidió que le trajera uno de allí, porque sabía que sus motivos nada tienen que ver con los que usan aquí en Manises.
Cuando emprendió el viaje a su estrella, para no volver, mis hermanos y yo nos repartimos sus platos. Creo que ninguno lo hicimos con idea de colgarlos en la pared, como él los tenía. Yo aquí en casa los uso de frutero, de base para bizcochos, para sacar dulces... Y de centro en la mesa de la terraza. Nunca lo hubiera dicho cuando hace años los contemplaba en la pared del pasillo de mi padre... Me chiflan los platos de cerámica. 
Hoy se ha roto uno. Uno de mis preferidos. Tenía la medida perfecta para mis bizcochos redondos. Le tenía especial cariño no sé por qué. Quizás eran sus colores vivos, tan de aquí, quizás su tamaño perfecto, o simplemente que usarlo era tener cerca a papá.

Hace un tiempo al ver el plato hacerse trozos habría llorado desconsoladamente. Hoy me ha dado mucha pena precisamente porque era tuyo, pero... es sólo un plato. Tú no te vas con él aunque lo tire porque siempre estás. Porque un plato no puede albergar todo el amor que se siente por una persona. 

Nos empeñamos, yo la primera, en guardar objetos de quienes ya no están. Nos resulta muy difícil deshacernos de ellos porque nos da la sensación de que con cada objeto que no nos quedamos perdemos un poquito (más) a quien tanto hemos querido. Sin embargo, con el tiempo, aprendemos que no es así; que lo material nos ayuda a superar la primera fase de pérdida, pero que como jamás podrá suplir el afecto que nos falta, acaba dejando paso a la no necesidad de posesión tangible.

Hoy se ha roto mi plato favorito, y por un momento me he debatido entre entristecerme y no. Me alegra no haberlo hecho. Parece que voy aprendiendo, muy poco a poco, a quererte diferente.

4 de diciembre de 2015

Details in the fabric

Sucede cuando menos te lo esperas pero cuando más lo necesitas. De pronto suena una canción, que no tiene por qué ser especial, pero que tiene un no se qué, unos acordes muy melódicos, una letra con mensaje... Tiene algo diferente. Y te remueve, te transporta, te trae de vuelta a quien ya no está.
Y cae una lágrima, y luego otra, y luego tienes que parar el coche porque ya no ves la carretera.
Siempre ocurre cuando los días son duros, cuando las semanas parecen meses y cuando necesitarías que esa persona te cogiera el teléfono y te dijera justo las palabras que necesitas escuchar para volver a remontar el vuelo.
Porque a pesar de tener la felicidad como compañera de viaje casi constante, porque a pesar de saberte afortunada por los regalos que esta vida, la misma que te ha quitado parte de lo que más querías, te ha dado: tus hijos, tu compañero, tu familia y amigos...  A pesar de ello, también caes, y te hundes, y dudas, y te agotas, y te culpas, y te fustigas pensando que podías haberlo hecho mucho mejor. Y es entonces cuando la voz de quien ya no está haría su magia, cuando su abrazo largo te cargaría las fuerzas, cuando su mirada de orgullo te haría sentir de nuevo grande y dejar a un lado tus lamentos.
Y es entonces cuando, por arte de Birlibirloque, suena esa canción.
A veces es la de siempre, la vuestra, la que un día compartisteis; a veces una de las suyas y otras una nueva que viene a decirte justo lo que necesitarías que esa persona dijera en ese momento. Y la magia ocurre. Las lágrimas se llevan el pesar. No está para abrazarte, ni para decirte que te tomes el asqueroso sobre de amoxicilina que de pequeña tirabas por la pila sin que lo supiera. Y es en ese instante cuando desearías volver a ser niña, sólo por unos minutos, sentirlo cerca preocupándose por ti y enfadándose porque no vas suficientemente abrigada, justo lo mismo que tú haces ahora con tus hijos.
Y la canción sigue sonando, sigue hablándote, sigue trayéndote a quien necesitas, pero a tu mente, en tus ojos, en tu corazón. Y tú sigues llorando...

DETAILS IN THE FABRIC
(pincha en el enlace para escuchar la canción más bonita de diciembre)

"Calm down
Deep breaths
And get yourself dressed
Instead 
Of running around
And pulling all your threads
And breaking yourself up

If it's a broken part, replace it
If it's a broken arm then brace it
If it's a broken heart then face it

And hold your own
Know your name
And go your own way

Hold your own
Know your own name
And go your own way
And everything will be fine

Hang on
Help is on the way
And stay strong
I'm doing everything

Hold your own
Know your name
And go your own way

Hold your own
Know your name
And go your own way

And everything
Everything,
Everything will be fine
Everything

All the details in the fabric?
Are the things that make you panic?
Are your thoughts results of static cling?

Are the things that make you blow?
Hell, no reason go on and scream
If you're shocked it's just the fault
Of faulty manufacturing

Everything will be fine
Everything in no time at all
Everything..."

Así es. Sucede cuando menos te lo esperas pero cuando más lo necesitas.

CON M DE MAMÁ y D de DETAILS IN THE FABRIC

18 de octubre de 2015

Porque mañana no podré...

Porque mañana no podré o mi alma no querrá.
Porque llorarte más fuerte es imposible.
Porque en dos días cumplirías 69 años.
Porque desde hace dos recuerdo cada minuto de tu despedida y final.
Porque a pesar de la pérdida repetiría cada uno de esos minutos contigo y mis hermanos.
Porque dos sigue siendo igual que uno.
Porque 19 fue el día y fueron los minutos.
Porque la rabia pasa pero queda la impotencia y el no entender.
Porque me siguen haciendo falta tus consejos, tus enfados, tus cariños y tus ojos.
Porque sigo siendo pequeña.
Porque siento que nos queda mucho por vivir y compartir y no entiendo que no estés del todo.
Porque mirar las estrellas es bonito pero mirarte a ti lo era más.
Porque un padre marca y porque tú has sido el pilar de mi vida.
Porque me parezco demasiado a ti, con lo bueno y con lo malo.
Porque echo de menos entrar en tu casa.
Porque me gustaría seguir comprándote plátanos verdes, horchata y natillas.
Porque sigo hablando muy rápido y no estás tú para decirme que frene el carro.
Porque sí.
Porque no hace falta ningún motivo especial para echarte más de menos.
Y porque más es del todo imposible.

2 años sin ti. Una vida por delante y muchos más sintiendo que me faltas. Nos faltas.

HASTA LA LUNA Y VUELTA. INFINITAS VECES.

Con M de Mamá y 19 de octubre.

7 de octubre de 2015

7 de octubre

Me has faltado tú.
Aunque hayas estado, como siempre estás.
Me han faltado tu llamada, tu voz y tu abrazo.
No entendemos el verdadero sentido de "no tener" hasta que esa persona especial que te arropa se va para no volver. Así que yo te seguiré echando terriblemente de menos hasta que nos volvamos a ver y me vuelvas a felicitar.
Dos cumpleaños sin ti. Este segundo duele igual que el primero. No hay diferencia.
2 cumpleaños y 363 no cumpleaños.

30 de septiembre de 2015

OCTUBRE

Me gusta el mes de octubre. Es un mes de contrastes. Un mes de vida y adiós.
En octubre el otoño va entrando de lleno en su carnaval de tonos ocres, tierra, anaranjados y amarillos. Se va lo viejo para que renazca lo nuevo.
En octubre nací. En octubre celebraré un año más de vida; un año disfrutado, a ratos sufrido, pero siempre vivido con intensidad y con el agradecimiento en la punta de la lengua, no vaya a ser que se nos disguste el universo y nos arrebate el aliento.
En octubre naciste. El primer hombre de mi vida. Libra. Balanza. Equilibrio. Hay quienes creyeron conocerte bien y te tacharon de excesivamente serio y exigente, sólo porque no fuiste el padre payaso que otros sí fueron. Los que de verdad te conocimos sabemos que has sido todo bondad, honradez, tesón, entrega, fuerza y coraje.
En octubre naciste tú, mi Rubiazo bonito. El ladrón de corazones más descarado de la historia. Mi amor verdadero. Mi pequeño motorista intrépido. En octubre viniste y contigo llegó la revolución, se completó la baraja, se cerró el ciclo.
En octubre te fuiste. Justo un día antes de cumplir 67. Se apagó tu cuerpo y voló tu alma. En octubre se cumplirán dos años de nuestro último abrazo, nuestro último beso, nuestra última mirada, tu último "¡guapa!", a pesar de que yo siga sin creerme que este adiós es para siempre.
En octubre se celebrará la Mocadorà y comeré las frutitas de mazapán que tanto te gustaban y que a mí me chiflan. Comprarlas siempre me recordará a ti. Comerlas me hará revivir las que tantas veces compartimos.
Octubre me reconforta, a pesar de todo. A pesar de que me obligue a recordarte con más fuerza (aún) si cabe.
Octubre me devuelve a mi origen. Me renueva. Parto de cero. Libreta en blanco, lápiz afilado y goma de borrar nueva. En octubre empiezo de nuevo a escribir mi historia, la nuestra.
En octubre te añoraré siempre, te lloraré siempre, te anhelaré siempre, te abrazaré siempre.
En octubre seguiré creciendo y amando la vida, cuidando de los míos, queriendo ser mejor y buscando estar a la altura de quienes me precedieron, de quien me acompaña en esta aventura que es vivir y de quienes siguen ahora nuestros pasos de padres.

¡Bienvenido sea pues!

CON M DE MAMÁ Y O DE OCTUBRE

5 de agosto de 2015

10 cosas que echo de menos de ti

Echo de menos tu mirada, diría que casi por encima de todas las cosas. Esa mirada verde agua marina, intensa, expresiva al límite, inteligente, arrolladora, viva...
Echo de menos tu voz, porque sigo echando en falta nuestra llamada diaria, ésa que muchas veces me salvaba el día.
Echo de menos tu discurso, tu diálogo, tus palabras, tus razonamientos, nuestras conversaciones de lo humano y lo divino... Nosotros.
Echo de menos tus abrazos, que en los últimos tiempos se convirtieron en el mejor regalo de estar contigo, que cada vez fueron más delicados, pero que conseguían darme la fuerza que en ocasiones me faltaba y que mostraban lo valiente que tú fuiste.
Echo de menos tu saber, tus respuestas acertadas siempre para todo, tus consejos, tus palabras de ánimo cuando las necesitaba, y cuánto te alegrabas con cada uno de mis logros personales y profesionales y cómo me lo hacías saber siempre.
Echo de menos tu sonrisa, esa calma cuando tu boca se torcía y se convertía en una barquita de pescadores tan mediterránea, porque era tan reconfortante como tus abrazos.
Echo de menos tus "guapa / estás guapa / eres una pesada / no hables tan rápido, que no me entero...", porque en los últimos tiempos me regalaste muchos piropos que guardo bajo llave y aún hoy tintinean en mi oído.
Echo de menos tu mirada rebosante de amor cuando observabas a tu princesa, cuando le consentías que te vaciara de natillas la nevera, cuando la veías jugar y "ser" y me reconocías en ella.
Echo de menos tu risa y tu gesto socarrón, como cuando el rubio se soltó a gatear en tu casa y dijiste: "éste va a necesitar casco". No te equivocaste.
Echo de menos tu casa, tu sofá, tu batín de cuadros, tu cigarrito, tus gafas en el suelo cuando te echabas la siesta, tu manía de la cortina cerrada, tu taza preparada para el día siguiente, tus muchos libros sobre la mesita del salón, tu modestia, tu don de gentes, tu enorme inteligencia, tu saber estar.
Hay personas cuya grandeza se multiplica cuando se van, pues mientras están en vida, la guardan en sus bolsillos por miedo a brillar demasiado. Ése eres tú. Por eso tu estrella es ahora la que más brilla en el cielo, y tu recuerdo te hace más grande cada día.
Te quiero hasta la luna y vuelta. Y te sigo echando de menos.

CON M DE MAMÁ

12 de abril de 2015

Reencuentro...

- ¿Tas lloando?
- Sí. (Mirada profunda, cara compungida y abrazo)
- ¿Po qué tas tiste?
- Porque echo mucho de menos al abuelo Pepe.
- No quello que tes tiste. (Segundo abrazo y apretón a la camisa de su abuelo, la que yo tenía tapándome la cara un minuto antes) - ¿Quelles agua? (Y sonrisa con beso mientras me ofrece su botella).

Estoy bien. Disfruto del día a día, de los míos, de nuestros momentos juntos, los divertidos, los tontunos, los amorosos y los cansados. Pero exprimo todos y cada uno de esos momentazos, y la vida sigue su cauce, como debe ser.
Y entonces, de pronto, toca volver a juntarse, a decidir qué hacer con tus cosas. Me encuentro con tu música, tu ropa, tus libros, tus apuntes de medicina, los maletines en los que llevabas tus trastos para pasar consulta.. Y te vuelvo a ver, a oler, a escuchar... Veo tu sonrisa, en tu boca y en tu mirada. Y me duele, no sabes cuánto, que sólo pueda tenerte en mi cabeza.
Volviendo en el coche tu princesa, que está en modo preguntón, va escuchando atenta lo que su Papi le responde sobre qué significa alquilar, qué cosas pueden alquilarse y la diferencia entre comprar y alquilar; de pronto, pregunta si las cosas del abuelo Pepe que llevamos en el maletero son nuestras para siempre. Yo no contesto, porque tengo un nudo en la garganta, lo hace Roberto por mí, que debe imaginar que no puedo ni quiero responder. Pero la respuesta que quisiera darle martillea mi cabeza: "ojalá no, ojalá no lo fueran, ojalá siguieran siendo de él".
Me traigo muchas cosas tuyas que para nadie más tendrán valor, seguro: tus vinilos de Serrat, the Beatles y compañía, unas cuantas camisas que usaré de pijama, casi todos tus libros de lectura, esos que intercambiábamos y nos solíamos recomendar, tus CDs de música, las fotos de tus nietos que besabas cada noche y que se han quedado sin dueño, algunas pelis míticas de ésas que habrás visto cientos de veces, tu orla y tu título de doctor... ¡Ah! Y una tarjeta de la Conselleria de Sanidad con tu nombre; supongo que porque me ha hecho gracia caer en la cuenta de que ambos compartíamos, de algún modo, hasta para quién trabajamos, por eso y porque cuando abra el cajón de la mesita y la vea me recordará nuestras conversaciones intentando arreglar el mundo sin conseguir demasiado.
En fin, papá, que vuelvo en un par de días a seguir perdiéndome entre tus trastos, la ropa que aún queda, tus cuadros y demás, y necesito dosis extra de fuerzas. Ya ves, la vida transcurre sin sobresaltos a este respecto y de repente, ¡zas! Algo presiona la tecla y la tristeza invade todo. Todo.
Ya lo sabes, te echo de menos, muchísimo. Lo que pasa es que el día a día me disfraza cuánto.
Te quiero. Hasta la luna y vuelta.

CON M DE MAMÁ

22 de marzo de 2015

CHIQUITITA...

La costumbre no logra llenar el vacío. Acostumbrarse no es sinónimo de conformarse. O al menos no para mí.
De repente suena Chiquitita en la película que estoy viendo con tu nieta, y las lágrimas salen en torrente. Es nuestra canción. La que tú solías cantarme cuando era tan pequeña que ni lo recuerdo.
Algo vuelve a removerme las entrañas y mi pequeña es quien me abraza fuerte y me acaricia la cara para consolar mi dolor.
De pronto vuelve a venirme a la cabeza la sensación de soledad cuando te pienso, de impotencia y de querer tu abrazo y no tenerlo. Vale, sí, ahora te tengo permanentemente en mi cabeza, ya lo he dicho otras veces, es como llevarte siempre conmigo... pero la realidad es que no estás y que jamás volveremos a hablar ni a mirarnos, ni a reírnos ni a enfadarnos. No estás.
Sólo eso, papá. Necesitaba soltarlo. No es enfado, es impotencia, ya lo sabes. Eso y que te echo de menos terriblemente.
Te quiero. Hasta la luna y vuelta. Nos vemos en la segunda estrella a la derecha. O en mis sueños.

CON M DE MAMÁ y E de ECHARTE DE MENOS

8 de febrero de 2015

La segunda estrella a la derecha...

Se aprende a vivir sin ellos. Así es.
Me negué a creer que cualquier día, a partir del año, normalizaría tu ausencia. Y sin embargo, así ha sido. Supongo que era el miedo a asociar la costumbre con el olvido. Nada que ver una cosa con la otra.
Como muy bien me dijo alguien hace poco, la diferencia radica en que ahora me levanto y me acuesto contigo. Es raro y no es fácil de explicar, pero es como si tú siempre estuvieras en mi cabeza y en mi corazón.
Siguen faltándome nuestros momentos, tu voz, tus abrazos y besos... tu mirada. Y sigue doliéndome cuando lo pienso con detenimiento. Sin embargo, lo soporto con tanta normalidad que lo hago rutina y lo llevo mejor.
Así es pues. Pasa el año y las aguas van volviendo poco a poco a su lugar, aunque cuando hay tormenta de pronto se asalvajan y salen del cauce sin permiso, pero qué menos que permitirme esa licencia de vez en cuando, ¿no crees?
¿Ves? Ahora que me permito pensarte en exclusiva y no compartirte con tus nietos, baños, mochilas, trabajo, y ese largo etcétera... No puedo evitar llorarte, pero no es un lloro desgarrado, de histeria, de desesperación. Es un sollozo que te recuerda de manera dulce y que no te grita para retenerte a este lado. Ya no soy tan egoísta, he aprendido a que debo dejarte marchar y no estar dándote encargos a cada minuto para mantenerte en este lado.
Ahora sé que por fin estás allí, en la segunda estrella a la derecha, más allá del arcoiris...
Por aquí ya ves que poco hay de nuevo: los buenos siguen siendo buenos, los malos haciendo de las suyas. Nosotros viendo crecer a tus nietos, lidiando con el día a día, que no es poco, pero sabiéndonos más que afortunados justo por tener esta lucha diaria.
Sabes que siempre he sido una idealista. Quise ser de Greenpeace, irme de misiones y hacerme militar sólo porque pensaba que así, a lo grande, podría cambiar el mundo podrido que construimos los humanos. A mis casi cuarenta he aprendido que lo grande empieza a hacerse desde uno mismo, desde dentro, y que las pequeñas cosas en nuestra pequeña realidad también cambian el mundo poco a poco. En ello estoy. Pero la inquietud del ir más allá sigo llevándola dentro... Algún día, ¿eh, papi?
Da besitos y achuchones por ahí. Por pedir, pediría que os pasarais por casa un ratito, pero sé que los billetes no son baratos y que con este temporal de frío polar es peligroso, así que me conformo con asomarme a la ventana e imaginar tu sonrisa ocupando el cielo entero.
Bueno papi, me bajo a desayunar que tus nietos me reclaman y mi estómago necesita refuerzos. Sí, lo sé, bajo ya, antes de que me dé el dichoso bajón de azúcar.
Un besito. Te quiero mucho, muchísimo. Hasta la luna y vuelta.
Nos vemos ahí, en la segunda estrella a la derecha.

CON M DE MAMÁ.

25 de diciembre de 2014

GRACIAS (Mi alma al desnudo)

Desde el tiempo de Mari Castaña, la Navidad me ha resultado una época difícil de digerir, muy en parte por mis circunstancias familiares, pero supongo que el hecho de observar tanta hipocresía y materialismo en el ambiente, crispaba mis nervios. Igual se juntó lo que uno lleva andado con esa mentalidad de "nadar a contracorriente porque el mundo está loco y yo no lo entiendo", que debió pillarme en mi segunda adolescencia. No lo sé, el tema es que a mí estas fechas siempre me dieron grima. Sinónimo de sonrisas perfectamente dibujadas, que no siempre reales, y de chantajes y presiones, la Navidad podía conmigo.
Cuando me convertí en madre, la Navidad se convirtió en una época bonita, o al menos, menos difícil de llevar, porque con hijos todo se ve de otra manera, todo es mágico, nuevo, ilusionante. Además, olvidas que hay más mundo a parte de ellos, lo que te permite volcarte al 100% en su felicidad, que acaba siendo la tuya.
Sin embargo, las Navidades pasadas volvieron a recuperar su tono agridulce y su sabor grisáceo, porque la enfermedad me arrebató, justo dos meses antes, a uno de los hombres más importantes de mi vida, y la persona que sin duda más me ha marcado, más ha influído en mí y más me ha enseñado: mi padre. Aún así, teniendo a nuestros hijos, se salvaron los días señalados, ya que sonreír con ellos es más que fácil. Estas Navidades sigo echándolo de menos, desearía con todas mis fuerzas poder compartir con mi padre estos días. Curiosamente, a él tampoco le gustaba la Navidad desde que la vida le arrebató a su padre. Sigo echando de menos su presencia, y es algo que inevitablemente no puedo cambiar, ni tampoco quiero... De hecho, sé que necesito que sea así para sentirlo vivo.
Pero, a pesar del contraste de sabores de estas fechas, desde este año y en adelante, me he propuesto vivir estos días navideños agradecida por lo que soy y por lo que tengo, he prometido sentirme feliz porque sé que soy afortunada hasta la médula, porque tengo, entre otras cosas, la familia más bonita del mundo. He decidido vivir la Navidad como época de renacimiento, de nuevos y buenos propósitos a nivel personal. He pensado instaurarla como momento del año en el que agradecer y seguir hacia delante con más fuerza.
Es por esto que hoy quiero dar GRACIAS a la vida por todo lo que me ha dado hasta ahora, lo bueno, lo no tan bueno y lo malo. He aprendido con cada piedra del camino a apreciar lo que de verdad es importante. Me he caído muchas veces pero me he levantado siempre con el ánimo de seguir adelante, a veces sola y otras con ayuda. Cuento en mi vida con personas realmente especiales que dan sentido a cada una de mis sonrisas. Voy cumpliendo sueños porque salgo al camino a buscar la suerte, no espero que ella me encuentre, y mejor que peor, según para qué y cuándo, la voy encontrando. Tengo en casa al mejor equipo de vida, los mejores compañeros de viaje, la familia más bonita del mundo. Tengo unos hermanos que valen millones, perdón, infinito, y con los que me iría a la luna. Tengo amigas y amigos que son como hermanos y que siempre están, a pesar de la distancia y el poco tiempo. Vivo rodeada de buena gente que me aporta muchísimo cada día, y también de personas que me enseñan lo que no quiero ser y como no quiero vivir. Descubro a diario personas bonitas a las que me gustaría conservar a mi lado porque son regalitos inesperados. Tengo un trabajo que me enamora cada día, humano, enternecedor, agotador y mágico. La vida me ha arrebatado demasiado pronto a las dos personas más importantes de mi vida hasta que creé mi propia familia, pero me está enseñando a amarlas en la distancia, y además me ha regalado una preciosa segunda oportunidad con la otra parte de mis verdaderas raíces.
Así pues, por todo esto, y por mucho más... GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS.

CON M DE MAMÁ y G de GRACIAS

11 de diciembre de 2014

No te dejes nada en el tintero...

Nacemos con muchísimas capacidades, con muchas habilidades que esperan ser desarrolladas y explotadas, y así será según las circunstancias de cada uno al nacer: familia, entorno, cultura... Y sin embargo, no hay nada que nos prepare para la pérdida de un ser querido, al menos en el mundo occidental. Hay terapias post pérdida, ignoro si las hay también previas a que el terrible desenlace ocurra, cuando éste es obvio, que seguro que también las hay, pero... El luto tiene que vivirlo cada cual, y según el momento en que le llegue lo llevará de una manera u otra, lo que está claro es que para esto no hay reglas.
Cuando pierdes a alguien importantísimo en tu vida necesitas que el mundo entienda cómo te sientes, que sean capaces de ponerse en tu lugar, de comprender tu pena y compartir tu pesar. Sin embargo, ahora que echo la vista atrás, me doy cuenta de que eso no es posible en absoluto. La empatía nos permite colocarnos en el lugar de otros, "wear their shoes", pero esto no es posible si hablamos de la pérdida de una persona fundamental en nuestras vidas. Nadie puede vivir el dolor del de al lado, y sólo podrá saber cómo se siente si, en su caso, ha perdido también a alguien con el mismo grado de relación. Y aún así, no es lo mismo. Entender esto me ha ayudado a no enfadarme con algunas situaciones o con lo que, en algún momento, he creído falta de consideración. Simplemente, no podían sentir como yo porque no son yo.
En esto de llorar la pérdida de un ser más que querido, no hay reglas, aunque aquellos que pasan por el mismo trance establecen un tiempo aproximado de un año para que el pesar empiece a llevarse algo mejor. Justifican el año por aquello de que es el tiempo que necesitas para vivir sin esa persona cada uno de los momentos especiales que se repiten cada 365 días: cumpleaños, festividades, aniversarios... He de reconocer que, cada vez que me decían que así solía ser, me mostraba bastante escéptica. Sin embargo, así ha sido, más o menos. Pasada la barrera del año sin mi padre, sigo llorando su ausencia, aunque no sobre todo en los días "señalados", sino ante las pequeñas cosas del día a día. Soy capaz de pensar a diario en él y sonreír mientras en mi cabeza él me devuelve la sonrisa. Eso no quita para que no lo eche terriblemente de menos, que no siga pidiendo a quien quiera escucharme que me lo devuelvan, que sigo necesitando sus palabras, sus abrazos y sus ojazos. Eso no quita para que, de repente, con canción de fondo o sin ella, me eche a llorar cuando menos lo espero.
Si no hay nada establecido en la manera de llevar el luto, lo que sí debería ser universal, siempre que las circunstancias lo permitan, son las despedidas de las personas que tanto significan para nosotros. Y no, las despedidas no son exclusivas para las últimas horas que compartes con ellos, las despedidas han de valernos para cada día. ¿Sabéis eso de "nunca te vayas a dormir enfadado con aquellos que quieres"? Pues eso mismo. Deberíamos tenerlo como ejercicio cada noche: arreglar lo que se ha fastidiado, y si el ambiente no lo permite, al menos no cerrar los ojos sin haberle dicho a nuestros allegados que los queremos, a pesar del día gris, de nuestro mal humor o el suyo. Nunca sabemos cómo será la mañana siguiente. No podemos adivinar si seguiremos con nuestra aparente comodidad sentimental o la muerte nos arrebatará a quienes más amamos para no devolvernos sus sonrisas nunca más. Estas cosas se nos escapan. Pero lo que sí está en nuestras manos es el vivir sabiendo que nuestros seres queridos saben todo lo que queremos que sepan sobre nuestros sentimientos hacia ellos, el no guardarnos nada que luego ya nunca podamos decirles. Cada día es buen momento para tararearles una canción que les encante, para decirles mil veces "te quiero" hasta que nos hagan callar (con una sonrisa disimulada de satisfacción), para leerles un rato uno de sus libros favoritos, para conversar unos minutos sobre lo divino y lo humano o llamarlos con cualquier excusa tonta sólo para oír su voz, para abrazarlos fuerte, para volverlos a abrazar, para besarlos, para mirarlos fijamente y retener toda esa vida en sus miradas... Siempre es buen momento para escribirles una carta, que empiece con cualquier excusa y que acabe siendo una declaración de amor y admiración en toda regla.
Yo tuve la suerte de poder hacer todo eso porque mi padre tuvo la mala suerte de padecer una enfermedad cruel que, un buen día, se lanzó a llevárselo del todo y lo apagó poquito a poco a lo largo de cuatro intensos días. Sé que soy muy afortunada porque pude aprovechar hasta el último segundo junto a él, porque no me callé nada desde el momento en que presentí que cualquier día no podría hablarle, y porque él tuvo la serenidad suficiente para ejercer de perfecto receptor de todo ese afecto. Es por eso, y porque en mi entorno tengo amigas que han sufrido pérdidas recientemente, o que ven que alguna de las personas de su círculo especial se apaga, que veo como una necesidad, como algo vital, el obligarnos a liberar nuestras emociones, expresar nuestros sentimientos y no dejarnos nada en el tintero, porque aunque no perdamos nunca la esperanza de que todo haya sido un mal sueño y que nuestra persona va a aparecer en cualquier momento por la puerta o nos va a contestar la llamada... la realidad es que no, que si se van es para siempre, que notaremos su presencia, nos perseguirá (con suerte) su esencia, pero jamás volveremos a estrecharlos entre nuestro brazos, ni a tenerlos delante cara a cara para decirles bien claro: NO OLVIDES NUNCA QUE TE QUIERO. HASTA LA LUNA Y VUELTA.
No hay ninguna regla que ayude a aliviar el tiempo de luto, pero sin embargo, saber que lo has dicho y dado todo llena de calorcito el alma y te da para llegar hasta la siguiente estación a repostar combustible.
¿Qué? ¿Ya les habéis dicho cuánto los queréis? ¿Ya habéis estrechado sus brazos y los habéis besado 100 veces hoy? ¿Ya les habéis cantado su canción? Venga, que aún estáis a tiempo. Sois muy afortunados.



CON M DE MAMÁ y L de LUTO

8 de noviembre de 2014

Miedo al olvido. Miedo a perderte.

Ayer pensé en que hay días que te doy el beso matutino y ya no vuelvo a tenerte en mente el resto de la jornada. Que las prisas a veces me roban tu "buenos días".
Me apabulla la rapidez del día a día, el ritmo frenético que llevamos.
Me da miedo olvidar lo que te amo, descuidar lo que tenemos.
Apenas hablamos más que unas palabras porque el cansancio cierra mis ojos demasiado pronto.
Me asusta que se esfume nuestra confianza y nuestra relación perezca un poco cada día.

Ayer pensé que quizás tenían razón cuando decían que el primer año es el que más duele.
Me aterroriza pensar que las prisas y el no parar familiar y laboral puedan ahuyentar tu recuerdo.
Me angustia mirar tu foto y sólo reconocerte en ella.

Sin embargo, hoy me he levantado llorándote, necesitándote tanto como el primer día. Y a pesar del sofoco, he podido sonreír porque mis miedos eran infundados. Porque sé que siempre estarás, que siempre echaré de menos tu esencia y tu ser. Porque sé que seguiré necesitando conversar contigo, contarte mis cosas, preguntarte qué hacer...

Te echo mucho de menos. No tenías que haberte ido tan pronto.
Si algún día decides volver, viajaré hasta tu estrella si hace falta para ayudarte a hacerlo, sólo tienes que decirlo.

Te quiero papá.. Hasta la luna...

CON M DE MAMÁ y de MIEDO

19 de octubre de 2014

Mi primer año sin ti, pero contigo

Un año da para muchas cosas. En un año, si estás receptivo, puedes aprender muchísimo de ti mismo y de los que te rodean, de los más allegados y de los que están de paso.
En un año sin uno de los hombres de tu vida, sin tu pilar, tu amigo, tu espejo, la persona a la que quieres parecerte tanto humanamente cómo profesionalmente... Me he sentido muchas veces desvalida porque he necesitado de su consejo y no lo he tenido. Porque me he sentido pequeña a pesar de no serlo y de tener mi propia familia a la que cuidar.
Dicen que en un año vives cada momento sin esa persona con dolor, que pasar la barrera del año es lo más difícil. Hoy hace un año que no estás y no prometo que cada día a partir de hoy no vaya a echar de menos tu llamada, o que cuando tenga a Rubiazo enfermo no vaya a quedarme con las ganas de poder contártelo y escuchar tu voz dándome algún sabio consejo, o que no siga echando de menos tus abrazos, tu sonrisa, tu mirada, tus besos y tu voz. No prometo acostumbrarme a echar en falta tus "vete ya que tienes obligaciones" y "no corras". No creo que me acostumbre a hablarte sobre mi trabajo, sobre los despagos que uno se lleva con las personas, sobre lo bonitas que son las amistades que no te esperas, sobre nuestros sueños de familia, sobre las trastadas de tus nietos... Y no escuchar tu voz como respuesta. No puedo prometer oír una canción en pleno centro comercial y tener que meterme en un baño porque no puedo parar de llorarte, ni dejar de tener miedo a oler tu pijama y que se gaste tu olor y perderte para siempre.
Dicen que a partir del primer año, todo es diferente... No lo sé, papá. A mí me sigue doliendo el alma. Mañana es tu cumpleaños y quiero llevarte un libro, para que lo leas despacito, para debatir sobre él después. Eres tan inteligente. Quiero tirarte de las orejas y que me llames pesada con tu sonrisa ladeada y haciéndote el mártir.
Es verdad que un año da para mucho, muchísimo. A mí me ha servido para aprender a que el amor es eterno, a que cuando amas de manera incondicional a alguien, ese alguien permanece vivo en ti y lo llevas siempre a tu lado, aunque nada pueda suplir su presencia física. Me ha servido para darme cuenta de que cada persona es un mundo, para descubrir personas bonitas de esas que aparecen como un regalazo, para reaprender que la empatía no es universal porque nadie puede ponerse en tu lugar hasta que no vive algo parecido. Este año me ha ayudado a saber que le he de dar importancia a aquello y aquellos que realmente la tienen, a que hay personas que tienen un gran camino por recorrer aún en cuestión sentimental y otras que, a pesar de haber recibido grandes palos, saben sonreírle a la vida y no amargarse ni amargar.
En este año papá, tus nietos han crecido un montón. Tu princesa está hecha una señorita que ya piensa en primaria, que no calla bajo el agua (lo sé, lo sé, en eso es calcada a mí), que vive en su mundo de fantasía, que puede pasarse horas cantando y bailando y cambiarse veinte veces de disfraz sin cansarse, que tiene un corazón tan noble como el tuyo y una manera de empatizar con los demás que ya quisieran para sí muchos adultos. Tu golfo, tu rubio... Bueno, ¿qué decirte que no sepas? Ya lo pronosticaste tú cuando empezó a gatear aquel día en tu casa, que necesitaría ir con un casco a toda hora, porque no para ni un segundo, es vitalidad pura, no tiene miedo a nada, vive obsesionado con las motos, sonríe y reparte felicidad por donde pasa, tiene un morro y un desparpajo que se los pisa y es un bombón de pies a cabeza, que se da cuenta de todo y que empatiza muchísimo con los que lo rodeamos.
Y lo mejor: se adoran, se protegen y, obvio, también discuten, pero no pueden vivir el uno sin el otro.
Y ambos te siguen nombrando y te echan de menos. Pichu aún te llora algunos días y sigue pensando que no poder abrazarte no es justo. A ella también le gustaría volver a tu casa. Rubiazo dice "yeyo Pepe" cada vez que ve una estrella, ya sea en el cielo o dibujada sobre papel, y cuando lo hace sonríe mucho, y si me ve flaquear, me abraza la cara y me mira con la misma intensidad que tú lo hacías.
En un año nosotros también hemos ido cumpliendo sueños, personales y profesionales, y lo más importante, tenemos salud y nos queremos más que el primer día, con la ventaja del paso de los años y la madurez que estos aportan a cualquier relación. Sé que estás al día de todo, porque sé que desde hace un año no nos dejas solos. Pero me sigue quedando la sensación de "vacío" porque anhelo recibir tu voz a modo de respuesta.
En este año he aprendido mucho papá, sobre el amor de verdad, sobre la bondad de verdad y sobre la vida y la muerte.
Está siendo un año complicado porque, aún así, sigo sin entender que te fueras tan pronto. Creo que eso no voy a entenderlo con el paso del tiempo, y aceptarlo tampoco me resulta fácil. Me consuela saber que no me ha hecho falta perderte para saber la suerte de padre que he tenido. Hace ya años que tenía claro en quién mirarme para aprender.
No sé cómo verás tú las cosas desde tu estrella, espero que las veas claras cuando aquí sólo veamos nubarrones y que puedas ayudarnos a llevarlos mejor.
Llevo días recordando con intensidad nuestras últimas horas juntos, no puedo evitarlo, tampoco lo busco, pero los recuerdos vienen a mí todo el tiempo. Aunque duro, es una manera más de tenerte más presente aún si cabe, de saber que te fuiste sintiéndote amado, cuidado y acompañado, de saber que lo hicimos muy bien, que fuimos una piña los cuatro contigo, y que sólo por eso bajaste al fin tu escudo para dejarte ir. A día de hoy, después de un año, cada vez admiro más tu valentía, tus ganas de vivir y tu manera de hacer las cosas. ¡Olé, Dr. Medina! No dejes de darnos lecciones, e impide que olvidemos los verdaderos motivos por los que la vida vale tanto la pena.
Ha pasado un año.
No tengo capacidad para valorar si en la escala de "echar de menos" eso es mucho o poco... Pero creo que aunque pasen cien más, seguiré necesitando tu abrazo y tu beso.
GRACIAS POR TODO, por no dejarme sola, por querernos desde donde estás, por tu sonrisa diaria y tu esencia.
GRACIAS POR ENSEÑARME A VIVIR LA VIDA CON INTENSIDAD, a valorar y apreciar lo realmente importante y a luchar siempre por mis ideales y los míos.
TE QUIERO HASTA LA LUNA Y VUELTA, INFINITAS VECES.

¡Feliz primer año en tu estrella, papá!

Por ti volaré...

CON M DE MAMÁ y... T de TE QUIERO INFINITO y TE ECHO DE MENOS

17 de octubre de 2014

Jueves 17

Fue hoy cuando, aún consciente, nos dijiste tus últimas palabras, cuando nos dedicaste tus últimas sonrisas.
Llevo todo el día evitando los recuerdos, pero se agolpan, empujan y al final no los he podido controlar y... Me he visto en tu casa, en tu salón, cogiéndote la mano por turnos, hablándote suave, mirándote para intentar retenerte.
Hoy te sacamos un bizcocho con un 67 y te cantamos "cumpleaños feliz", tres días antes de tu cumple porque queríamos que tu deseo de cumplir un año más se hiciera realidad, porque no soportábamos la idea de no poder besarte para celebrarlo.
Era jueves. Hoy es viernes. Un año después.
Vuelve. Por favor.
 
CON M DE MAMÁ

4 de octubre de 2014

Es octubre... Y tengo miedo.

Octubre me gusta. Me ha gustado siempre. Siempre ha sido un mes especial. En octubre el otoño entra de lleno aquí, con sus intensas lluvias para limpiar y llevarse lo malo, y dejarnos preparados de nuevo para recoger lo bueno que tenga que venir.
Octubre es un mes de colores cálidos, donde los tonos anaranjados, amarillos, rojizos y marrones simbolizan un cambio de aires. Tejen una alfombra mullida que invita a pasear, a llenar los pulmones de aire limpio, fresco y nuevo.
En octubre siempre hemos celebrado los santos de mis hermanos, tu cumple y el mío, y desde hace poco el de Rubiazo.
En octubre terminaste de enfermar... Y te fuiste. Para siempre. Justo un día antes de cumplir años. Es curioso que todo quede en octubre.
Y ya estamos en octubre, y tengo miedo. Porque es mi primer octubre sin ti. Porque el martes, por primera vez en muchos años, no llamarás a las 19:45 para desearme feliz cumpleaños y meterte conmigo por hacerme mayor. Porque no me preguntarás si ya me ha llegado mi regalo. Porque no te diré que el fin de semana comemos juntos y que yo llevo la tarta para que me cantes. Porque va a ser mi primer cumpleaños sin ti en 37 años.
Estamos en octubre y tengo miedo. Porque esta vez el día 9 me comeré sola las frutitas de mazapán de La Mocadorá, y porque cada vez que muerda una te imaginaré a ti frente a mí eligiendo justo la que yo iba a coger.
Estamos en octubre y tengo miedo, sí. Porque el 15 está a la vuelta de la esquina y recordaré salir del cole a mediodía para ya no volver y encerrarme en tu casa durante casi cuatro intensos días. Porque el 19 hará un año que, después de una intensa lucha de más de dos años y una valentía encomiable, cerraste tus lindos ojazos verdes de mirada intensa y sabia, y no los volviste a abrir más. Porque el 20 será tu cumpleaños y me quedaré con las ganas de darte el abrazo más grande del planeta, y perderme en tu cuello con olor a papá, porque no podré comprarte un libro como manda la tradición, ni tirarte 68 veces de las orejas. No es justo. Y porque, además, el 25 nuestro Rubiazo sinvergüenza hará dos años que asomó su rubia cabeza al mundo. Dos años de aquel día en que tú, apoyado tan sólo en tu bastón, aguantaste el parto de tu nieto sólo porque yo te lo pedí, y sacaste fuerzas de donde no las tenías para verlo llegar a revolucionar nuestras vidas. Y lo hiciste sin dejar de animarme y sonreír.
Octubre me gusta, papá. Porque siempre ha sido nuestro mes. Porque tú y yo nos hemos reconocido siempre tan iguales.
Pero octubre me asusta, papá. Porque tú no estás aquí para decirme que todo está bien y que no llore más.
Y, sin embargo, OCTUBRE, a pesar de todo, es especial.
Todo empieza y todo acaba aquí, en OCTUBRE. Por algo será.

TE QUIERO. HASTA LA LUNA Y VUELTA.

CON M DE MAMÁ y O de OCTUBRE.