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25 de agosto de 2016

Bienvenidos a Nunca Jamás

En octubre cumplo 39 años. 

Dicho así, a bocajarro, suena grande, largo, mucho, viejo y algo difícil de digerir. Sin embargo, y si tengo suerte, mi vida no ha hecho más que empezar y tengo las mismas ganas que hace casi 39 años de comerme el mundo con un poco de helado cremoso de limón y virutas de chocolate.

Los 39 años han pasado más rápido de lo planeado, al menos de un tiempo aquí. De pronto, miro lo vivido y soy consciente de que tengo capítulos para escribir una serie de televisión de ésas que duran toda una vida, por peculiar, por intenso y porque ya son casi 39 años repletos de historia. La mía y la de los míos.

De lo hecho no me arrepiento de nada, creo. De lo no hecho, tampoco, al menos hoy por hoy. Sigo soñando como cuando era niña, despierta. Me gusta imaginarme cumpliendo mis metas, y a los míos felices, sanos y unidos. 

De lo vivido no borraría nada, por dolorosos o tristes que hayan sido muchos de los episodios, porque si soy quien soy es justo por esas batallas campales que he lidiado y por haber salido victoriosa de ellas, y más fuerte.

De quienes ya no están lo echo de menos todo, cada día y con la misma intensidad, y daría mis casi 39 por volverlos a tener y poder disfrutar con ellos otros 39 más. Como sé que su marcha es irreversible, los vivo en mi día a día y los pienso y adoro a cada ratito. No es consuelo, pero ayuda a que la tristeza sea más llevadera.

A día de hoy, con un cuerpo algo más viejo, o menos joven, sin canas, pero con arrugas grabadas a fuego de sonrisas y lágrimas, sigo inventándome juegos, cantando a grito pelado, bailando cuando nadie me ve o cuando suena una canción que me gusta y me ve todo el mundo, disfrutando de saltar en los charcos, jugando a guerras de agua, comiendo dulce a escondidas, riéndome a carcajadas por tonterías, llorando de emoción con cualquier cosa. A día de hoy, con el cuerpo menos joven, o algo más viejo, me reinvento a diario para no caer en la rutina, para no aburrir a mis sentidos, hago trastadas, me pongo nuevos retos, me entusiasmo fácilmente con cualquier nuevo proyecto, planeo cosas de chicas con mis amigas como cuando sólo era yo sin los míos, me gusta mirar la Luna llena y mojarme con la lluvia. A día de hoy, sin canas, pero con arrugas grabadas a fuego de sonrisas y lágrimas, sigo siendo pizpireta, exageradamente dramática, atrevida, cabezota, algo chula y muy llorona.

En octubre cumpliré 39 años. Y sigo siendo una niña. Una niña que ha crecido, se ha convertido en madre, y en maestra, pero que sigue viviendo en Nunca Jamás porque piensa que los adultos son muy, muy aburridos.

Ojalá que nunca, nunca, nunca dejemos de sentir pasión por las pequeñas tonterías que nos hacen reír, y que conservemos nuestro espíritu de niños toda la vida.

Una vez, hace no mucho, me dijeron que yo era como Peter Pan; y aunque el fin del comentario no era precisamente halagar, no saben que lo único que consiguieron diciéndomelo fue reforzar mi idea de que quiero seguir guardando esa pizquita de locura de niña que aún me queda. Hoy sé que ése fue uno de los piropos más bonitos que me han dicho en mis casi 39 años, aunque la intención fuera justo la contraria. 😉


Por muchos años más en el País de Nunca Jamás. 😝😊

10 de julio de 2016

El desorden ordenado

Cuando no era madre, mi casa, sus estancias y mis espacios vivían en orden y armonía. Siempre. Soy cuadriculada para algunas cosas (bastantes, vale), y no sé si el famoso equilibrio de los libra también tendrá algo que ver. Soy muy exigente en algunos aspectos, como la puntualidad, mientras que en otros soy más relajada. Y dentro de la maternidad, este equilibrio que compensa exigencias y tranquilidad ha ido cambiando a la fuerza, y bastante.
Siendo madre he aprendido el significado absoluto de la palabra PRIORIDAD. Para empezar, porque desde el momento en que mi primer guisante se asentó en mi tripa, mi modo de vida ya giraba por y para ella. Y así ha seguido, con el segundo de por medio, hasta el día de hoy.
Cuando todo tu tiempo es para ti, para tu profesión, para tus ratos de pareja, para tu casa y tus amigos y familia, considerando todos estos elementos como parte de tu "yo" soltero y sin compromiso, tus prioridades son muy diversas. Cuando todo tu tiempo o el 99% de él es para tu papel de madre, la cosa cambia. Y te das cuenta, un buen día, y después de varios o muchos intentos frustrados de tener la casa impoluta y perfecta, de que intentar abarcar todo a costa de los pocos ratos de descanso que te quedan, o de la pérdida constante de humor y alegría, es tan poco inteligente como la vida que hayan podido encontrar en algún remoto planeta.
Así que, de pronto, asumes de buena gana que los juguetes esparcidos por todo el salón son de lo más estético, que las camas sin hacer no te convierten en la peor persona del planeta y que la ropa que está por doblar y guardar no va a escaparse por pasar un par de días sobre la cama de sobra.
Además, aprendes que lo que está ocurriendo en tu casa es simplemente sinónimo de VIDA, así, en mayúsculas. A que mientras tus hijos estén sanos, crezcan felices y no te falte qué ofrecerles en cada comida ni un lugar para que duerman seguros, el hecho de que sólo sepan jugar sacando absolutamente tooooodo de su sitio, es ALEGRÍA y SALUD.
Que sí, que hay días en que se me cruza al cable, como a media humanidad, y me levanto torcida, o me voy torciendo, y el desorden me molesta visualmente tanto que acaba molestándome anímicamente, al fin y al cabo soy humana y algo de mi yo "premadre" me queda en el cuerpo. Pero son los menos.
A mí me gusta mi casa a colores, con vida, con juguetes en mi cajón de ropa interior (que no sabes ni cómo ni cuándo llegaron ahí), con música sonando, con niños bailando al son de la música mientras se quitan la ropa del día porque van a meterse en la bañera. Me gusta mi casa algo loca, desordenada y, a veces, sacándome de quicio.
Me gusta el DESORDEN ORDENADO que rodea a una familia con niños sanos y felices. Los míos. Me encanta haber aprendido a relativizar ciertas cosas, a dar importancia a las que realmente lo tienen, a aprender de prioridades, a disfrutar del momento. Me gusta enfadarme a veces con el desorden y el jaleo cuando estoy agotada, y a continuación, desenfadarme y aterrizar de nuevo en la suerte de vida y familia que tengo.
Todos tendríamos que aprender del DESORDEN ORDENADO EN EL QUE VIVE LA MENTE DE UN NIÑO, aprender a relativizar el día a día y sus historias con la naturalidad que ellos lo hacen, y así dar verdadera importancia a aquello que realmente la merece por vital.
¿Para qué una casa museo, ordenada y perfecta, si eso supone mal humor, cansancio innecesario, borrar sonrisas y coartar carcajadas y naturalidad inocente?

Yo me quedo con la mía.
Feliz tarde de desorden y domingo.

1 de noviembre de 2015

¡Quita niño!

Los niños molestan.
Ellos no han pedido venir a este mundo que gobernamos los adultos con nuestras manías y nuestras prisas, y sin embargo, aquí están.
Se integran y adaptan como pueden, según les dejemos, pero nunca es suficiente. Y claro, ellos no entienden. Van perdidos como pulpos fuera del agua.
Los queremos pero no.
Los niños no saben por sí solos las normas que seguimos para relacionarnos en sociedad, por lo tanto, hay que enseñarles a vivir con ellas. Es cansado. Repetitivo. Secuencia en bucle. Ya. Lo sé. Tengo dos de esos. Pero es que... ¿Recuerdas? Ellos no pidieron venir aquí. Los trajimos nosotros por ilusión, capricho o miedo a que el arroz se nos pasara.
Los niños molestan porque estamos cansados. Tenemos taaaanto trabajo que tener que jugar con nuestros hijos nos cuesta horrores y no nos gusta ni un pelo. ¡Con lo bien que sabe ese cafetito en la terraza a solas! Mirar como bailan el baile que han ensayado durante horas, o verlos correr con la moto tampoco es cómodo. ¿Cómo miro entonces la pantalla de mi aparato? ¡Con lo que yo trabajo para que tengas de todo y tienes que elegirme a mí para jugar!
Los niños son niños. Tú lo fuiste, aunque no te acuerdes. Tú también repetías las cosas veinte veces para que te escucharan, y a ti también te las repetían otras tantas para que hicieras caso. A ti también te gustaba que tus padres te vieran bailar o correr porque eso te daba seguridad, ¿recuerdas?
No, no, si no se trata de que te conviertas en un esclavo de tus hijos. Sólo que ejerzas el papel que un día decidiste que te apetecía asumir. ¿Que nadie te dijo que era tan pesado? Bueno, quizás porque como decidiste algo tan serio pensaron que ya eras lo suficientemente maduro para asumirlo.
Tus hijos son tuyos, de nadie más. Ni de tus padres, ni de la canguro, ni de la maestra, ni del profesor, ni de los vecinos, ni de la entrenadora, ni del director de la banda. Son tuyos. Y, aunque no lo sepas, tienes una suerte tremenda de que así sea.
Te diré por qué. Pues porque a pesar del cansancio, la pesadez, los ratos para ti reducidos a una ínfima parte de lo que eran antes, la dependencia que tienen de ti, la carga moral que teóricamente deben despertarte y, sobre todo, las veces que te equivoques con ellos, que te invada la impotencia, la rabia o les pegues un grito que no se merecen... Esos pequeños seres que te miran con admiración, TE ADORAN. A pesar de todo, del cariño que no les des hoy porque tu día ha sido duro... Te adoran, te admiran y no dudarían jamás en decir que de mayores "quieren ser como tú".
Los niños nos molestan. A partir de ahí, el resto de cosas que queráis contarme del mundo de cabras en el que vivimos... casi que me da igual.
CON M DE MADRE DE DOS, que también se cansa, que necesita momentos a solas, en pareja y con amigas, que pierde la paciencia y que se equivoca mil veces cada día, pero que por encima de todas las cosas ADORA A SUS HIJOS Y NO SIENTE JAMÁS QUE SON UN ESTORBO. Porque son SU VIDA.

2 de octubre de 2015

Por qué adoro ser MAESTRA

Porque entrar al colegio cada mañana, mirar sus coloridas paredes y ver los pasillos esperando los pasos de los niños y niñas es respirar vida.
Porque las voces de los niños y niñas en las horas de recreo, sus cuchicheos en clase, sus risas, sus juegos e incluso sus disputas me hacen volver a mi yo niña y contagiarme de lo que fui.
Porque la sinceridad de los niños no regala mis oídos falsamente sólo por el mero hecho de agradar, y si algo les gusta lo dicen, y si no les gusta también, y eso, siempre que sea con educación y desde el corazón, es muy de agradecer en este mundo lleno de hipocresía y falsedad.
Porque justo por lo anterior sigo queriendo mejorar cada día para llegar a ser una buena maestra, porque me esfuerzo por aprender acogiéndome a sus intereses y sus reacciones, y porque ambiciono llegar a sus corazones y dejar una buena huella que les sirva en su futuro y de por vida.
Porque sus sonrisas y sus miradas son cálidas si llego algún día con el corazón congelado y hacen que mis penas se vayan lejos y no vuelvan en todo el día.
Porque un abrazo espontáneo de cualquiera de ellos, en el momento que sea, es mucho más valioso que un saludo y dos besos de los que los adultos nos damos por pura cortesía.

Y porque, en definitiva, trabajo rodeada de seres especiales, cuya visión de la vida es de verdad pura magia; porque estar con ellos y bajar (o subir, según se mire) a su mundo me ayuda a ver las cosas de manera más natural y sencilla, y eso, en mi mente complicada de adulta es muy de agradecer.

Por todo esto y mucho más... ¡ADORO SER MAESTRA!

CON M DE MAMÁ y DE MAESTRA

15 de junio de 2015

10 planazos (sin hijos) que no puedes perderte

10 planazos que no puedes perderte... si eres madre o padre y necesitas tiempo sin niños, en compañía de adultos o contigo mismo.

Aquí va mi lista básica:

1. Elegir una peli, da igual cuál mientras no sea de Disney Channel y los personajes, humanos o no, no canten... y quedarte sopa en los créditos iniciales.
2. Elegir un buen tinto, tu preferido a ser posible, y ponerlo a refrescar un poco para pegarte una súper cena con Papi. Que llegue la hora C, o de la cenorra, y cambies el vino por un vasito de leche porque te caes por las esquinas.
3. Organizar varias comidas y/o cenas con amigas, elegir sitio, hora y hasta menú, y dejarlas tiradas porque el asma, los virus o una rabieta de tres horas te atrapa en bucle y no te deja huir.
4. Decidir que quieres prepararte un examen importante; sentirte emocionada y motivada como nunca... y cambiar esa ilusión máxima por una sensación de ridículo extremo cuando llega el día del examen hasta el punto de que tienen que obligarte a ir porque planeas hacer pellas.
5. Quedar con las mamis de las amigas de tus hijos para ir a caminar de noche, y así poder lanzar un grito unánime mientras recorréis la zona: "¿Hasta dónde estamos? ¡Hasta el infinito y más allá!" y renunciar al plan porque te quedas enganchada al atarte la zapatilla.
6. Buscarte una tarde fija para hacer lo que más te guste: desde tocarte la pancha, hasta hincharte a martinis, pasando por sacar a flote tu blog, y que siempre se interponga alguna lavadora inoportuna, una reunión, una compra urgente o el mismo Murphy.
7. Sin ánimo de sonar materialista o superficial... Decidir que te vas a comprarte cuatro trapitos porque los que llevas tienen más años que tu hija mayor, y acabar comprando trapitos a tus hijos, gastándote mucho más de lo previsto y con cero posibilidades de seguir comprando para ti.
8. Que el sábado Papi se baje a los enanos madrugadores para que tú puedas alargar en la cama... y entonces, te entre tal insomnio que acabes levantada a la media hora, y en modo "lavadoracamasaspiradorcambioderopa-mevaareventarelcabolodenodormir".
9. Elegir un buen libro, el que empezaste hace medio año (tú que devorabas en dos tardes la biblia en verso), sentarte a leerlo, darte cuenta de que necesitas refrescar ciertos detalles, empezar de cero y dejarlo por donde lo dejaste la última vez. Tu vida es un puñetero bucle.
10. Quedar con amigos con hijos para que los niños se entretengan solitos y los mayores puedan hablar sin ser interrumpidos, al menos, durante cinco minutos, justo lo que puedan tardar en pelearse por el balón o el columpio... y acabar ejerciendo de lo que mejor sabes: de madre maestra cuidadora de la gran mayoría de ellos, mientras los demás beben, hablan y comen papas. Pero, ¿cómo? ¿En qué momento ha pasado y por qué? Si hoy es domingo y yo no curraba...

A día de hoy puedo decir con orgullo y satisfacción que he realizado todos y cada uno de estos planazos para padres, e incluso repetido con asiduidad algunos de ellos.

¿Y tú? ¿Con cuál te quedas? ¿Cuál es tu favorito? ¿Cuántos te quedan para tener el TOP 10?

CON M DE MAMÁ y P de PLANAZOS

12 de junio de 2015

Be wild, my children!

Tal cual. Asalvajados. Nuestros hijos se están asalvajando rápido y, la verdad, ¡ME CHIFLA! No, no interpretéis "salvaje" en su versión peyorativa. Lo que quiero decir es que mis hijos se están asilvestrando y yo no puedo estar más feliz.
Hacía tiempo que queríamos que, al menos cuando están fuera de sus "obligaciones" diarias, llevarán un ritmo más relajado, más libre, más "de infancia". Y lo hemos conseguido. Si bien es cierto que ayuda mucho no vivir en la ciudad y que la luz del día en junio alargue hasta el infinito y más allá.
Dejar que sigan el ritmo natural del día ha permitido que nosotros también nos relajemos, disfrutemos de esos ratos de mirarlos jugar con sus amigos y no veamos el momento de entrar en casa a seguir con la marcha normal de baños, cenas y cama.
El primer día que nos dejamos llevar de esta manera, inevitablemente, había un pensamiento que ronroneaba todo el tiempo en mi cabeza, y muy seguramente, también en la de mi marido: "mañana hay cole, mañana hay cole, mañana hay cole...". Tras ver que a la mañana siguiente hubo cole igualmente, logramos arrancar el día con las mismas facilidades/dificultades que de normal... El segundo día de nuestro proceso de "asilvestramiento" la vocecita dichosa ya no se oía, o yo no la escuchaba.
Nuestro nivel de "rebeldía" ha llegado al punto de seguir de "picos pardos" a la hora en que hace un mes estaban acostándose casi, o al menos a punto de hacerlo. ¿Y? Pues nada, ¡que es fantástico! Que a fuerza de dejar a los peques exprimir los últimos rayos de sol del día, yo estoy cargando las pilas de tal manera que tengo la impresión de estar de vacaciones, y ellos... ¡Ellos no pueden estar más felices!
Ojo, cuidado, no vayáis a pensar que de repente la anarquía se ha venido a reinar a casa y esto es un despiporre de normas. Nada más lejos. Sigo siendo partidaria de establecer límites, siempre desde el amor. Pero es verdad que "relajarse" en ciertos aspectos, como los horarios, ahora que estamos de lleno metidos en el buen tiempo y que huele más a vacaciones que a obligaciones, nos está dando mucho juego. Tiene lógica que sea ahora y no en invierno, que es cuando a las seis deja de haber luz y hace suficiente frío como para que nuestros hijos sean los primeros en querer estar en casita.
También es verdad que el hecho de vivir en un pueblo, o a las afueras de él, te contagia del ritmo que aquí se lleva, y eso me hace reafirmarme en que dejar la city ha sido, sin duda, el mayor acierto. En los pueblos se sigue saliendo a la plaza a jugar, la gente se saluda por la calle aunque no se conozca de nada, los niños estiran las horas con el sol, los niños mayores interactúan con los pequeños y los cuidan, y éstos los miran embobados queriendo empaparse de todo lo que saben pero sin ser conscientes de la diferencia de edad...
Viváis fuera o en la ciudad, las horas de sol las compartimos, así que os invito a acompañarlo hasta su hora de retirada, a exprimir la luz, a relajar horarios, a beberos el día con pajita y no dejar ni una gota, a entrar tan justos de tiempo en casa que toca improvisar la cena, a aprender que no pasa nada por ello, a sentaros en un banco mirando a vuestros peques "vivir"... Porque ya vendrán los días en que el frío nos invite a recogernos y tomarnos un chocolate caliente en casita, y serán muchos. Así que...

¡FELIZ CASI VERANO and BE WILD, MY FRIENDS!

CON M DE MAMÁ y W de WILD

25 de mayo de 2015

Los niños son más valientes que los adultos

El domingo fuimos a votar. Pichu, con su curiosidad de costumbre, quería saber qué, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué, y ya puestos, a quién. Y obviamente, su padre y yo le explicamos todo lo que quería saber y también le dimos nuestras razones. Su única pregunta después de toda la explicación, mientras me miraba con sus ojazos enormes sosteniendo mis sobres, fue: "¿Y por qué los niños no podemos votar?". Y ya podéis visualizarme contándole el rollo del sufragio universal mientras esperábamos nuestro turno. Lo que pasa es que esta vez fue ella la que se quedó convencida y yo fui la que no acabó de quedarse satisfecha con lo que le había contestado, respuesta de libro de historia empollada para examen, básicamente, teoría pura. Así que añadí: "¿Sabes qué? Que yo tampoco entiendo por qué los niños no podéis votar, porque estoy convencida de que si pudierais, otro gallo nos cantaría". Me sonrió feliz.

Y es que es tal cual. Así lo pienso. En circunstancias normales, los niños son sinceros por naturaleza, no tienen miedo a los cambios (en general), les gusta innovar y probar, experimentan, saben apreciar lo que es útil y lo que no lo es lo descartan a la primera; tienen capacidad selectiva y no se dejan aborregar tanto, cuestionan más que los adultos, se niegan más que nosotros a hacer aquello que no les agrada; si juegan con algo durante un tiempo y ese algo ha dejado de hacer su papel, lo retiran, haya servido o no, y si les sigo siendo útil lo guardan como oro en paño; tienen concepto de principio y fin. Si algo les gusta, les gusta, y eligen conservarlo y cuidarlo, y si algo no les gusta, se horrorizan sólo con imaginarlo. En definitiva, SON MÁS VALIENTES. MUCHÍSIMO MÁS. 

Tengo la esperanza de que los adultos conservemos un poquito de los niños que fuimos y seamos capaces de afrontar la realidad y el mundo con la misma valentía que ellos tienen. Valentía para cambiar, continuar, renunciar o renovar. Ojalá se nos pegue un poquito el sentido crítico que los niños SÍ TIENEN y que, dicho sea de paso, nos cargamos los adultos con tanto molde absurdo y tanta falta de consideración hacia sus opiniones y su propio mundo.

¡¡¡LARGA VIDA A PETER PAN!!!


CON M DE MAMÁ y V de VALIENTE

6 de mayo de 2015

Los niños son inmunes... A las teorías, los manuales y las leyendas urbanas.

Ajá. Así es, al menos en el caso de los míos; y como no creo que sean excesivamente raritos ni originales, pues cometo la osadía de atreverme a generalizar. Y eso que este post va justamente de todo lo contrario. Ironías de la vida, mi razón de ser.
Había una vez un millón de personas (bueno, quizás no tantas, pero la exageración siempre crea más expectación) que aseguraban que los niños que necesitaban compañía para conciliar (hermosa y desconcertante palabra) el sueño serían por siempre jamás niños dependientes, y hasta bien entrada su adolescencia necesitarían la mano de mamá o papá para dormirse; máxime si estos mismos niños además cometían la osadía de pasar a la cama de sus padres cuando tenían miedo, estaban malos o simplemente los necesitaban. Y como castigo máximo serían tan dependientes que jamás saldrían del nido para irse a dormir a casa de otras personas (animales o cosas) porque, por si fuera poco tampoco tendrían patrones de sueño adquiridos (ahí es na). ¡ERROR! Pichu, además de tener la "extraña" manía/obsesión/(dejémoslo en)ilusión de querer irse a dormir a casa de cualquier familiar y/o buen amigo de la familia, duerme en su cama sin ningún problema y con sus cinco añitos, y salvando excepciones, le gusta leerse un cuento ella solita y quedarse tranquila luego en su cama hasta que coge el sueño, con sus luces de hada, eso sí. Y claro, hay días en los que pide que vayamos a estar un rato con ella, raro sería lo contrario; pero ha pasado de un día para otro de dormir con su hermano a querer estar completamente sola en su habitación.
Había una vez otro millón de personas (si no más) que afirmaban que aquellos niños a los que se cogía y calmaba cuando lloraban, en vez de dejarlos desgallitarse, o aquellos a los que se les achuchaba, abrazaba y cogía en brazos constantemente, serían futuros chantajeadores, niños consentidos y mal criados que querrían todo "ahora y ya". ¡ERROR! Primero porque lo de querer todo "ahora y ya" está en la naturaleza de cualquier niño (y de muchos adultos también) y en nuestras manos está enseñarles la paciencia y la espera, y segundo porque nosotros hemos hecho (y hacemos) todo eso y no vivimos con la sensación constante de que nuestros hijos nos chantajean, ni son niños que sólo piden porque sí; es más, os juro que entienden perfectamente un "no", un "ahora no, luego" o un "eso no se hace".
Había una vez otro millón de personas, amigas de las anteriores y de las de más arriba, que aseguraban que aquellos niños que seguían lactando indefinidamente después del año de vida, además de ser esperpénticos, ellos y sus madres, vivirían así, dependientes y enganchados a ellas (y a sus ubres) de por vida, con todo lo malo que ello implica psicológicamente hablando. ¡ERROR! Yo no puedo hablar por mí misma porque Rubiazo con dos años y medio sigue pidiendo leche por la noche al dormir y cuando está malito (lo que le ha salvado de deshidratarse cuando, por sus fuertes crisis de asma, apenas sí quería beber agua de lo mal que se encontraba), pero os aseguro que la noche que yo no estoy, aunque hace las mil y una por aguantar despierto hasta que yo llego, desde cantar hasta reírse solo, acaba por dormirse y no se levanta más loco al día siguiente de lo que ya está; pero no conozco ningún caso real de niños convertidos en adultos que sigan enganchados al tetamen de su madre y no al de su novia, así hablando en plata. Tampoco noto diferencia alguna entre la mamitis de Pichu y la de Rubiazo, y eso que la primera sólo tomo leche materna de manera exclusiva hasta los dos meses y dejó de tomarla del todo a los cinco.
Había una vez otro grupo millonario de gentes varias que se espantaban cada vez que un niño o niña corrían a la pierna de su madre ante un tumulto de gente, o lloraban cuando los arrancaban del regazo de mamá para pasárselos de brazo en brazo como si de un peluche se tratara, y que juraban y perjuraban que ese enmadramiento y/o mamitis aguda no era ni normal ni sano, y que acabaría produciendo hijos dependientes, inseguros, cero autónomos y un sinfín de adjetivos bonitos que ninguna madre querría recordar (ni creer). ¡ERROR! (una vez más). Pichu y Rubiazo han sido, y son, niños enmadrados, y empadrados ojo, cuyo mayor placer es estar en casa "todos juntos", que adoran desayunar, comer y cenar los cuatro a la vez, que mueren de ganas de que llegue el fin de semana para venir volando a nuestra cama a ver un rato de dibus, leer cuentos o hacer el bestia; y... ¡Sorpresa! Son niños que también saben jugar solos, y disfrutan con ello, que van felices al cole y no entran llorando, que salen felices del cole, que tienen la autonomía suficiente como para ir avanzando a pasos agigantados en las habilidades propias a su edad, como vestirse, ayudar en casa con algunas tareas, asearse y demás menesteres normales. ¡Ah! Y son más que felices cuando van a pasar el día con sus tíos y/o amigos. Vamos, que el enmadramiento les viene de serie y sería más que preocupante que no existiera, pero adorar a sus padres no los inhabilita ni socialmente ni como personitas. Demostrado queda.
Así que, millones de señores y señoras del mundo, cada vez que quieran destrozar la sonrisa (y la paciencia) de una madre y/o padre, primerizo o experimentado, recuerden esto: LOS NIÑOS NO SON INMUNES A LOS VIRUS (¡Ya quisiéramos! ¿Eh?), PERO Sí LO SON A LAS TEORÍAS, LOS MANUALES Y LAS LEYENDAS URBANAS.
Es por eso que no hay ni ciencia ni título universitario que lleve por nombre "Niñología: teorías, fundamentos y reglas de oro para la crianza de robots clonados"; porque como habrán podido comprobar, NO HAY DOS NIÑOS IGUALES, ni siquiera los que son gemelos. Es por esto que agradecemos de corazón sus palabras y/o barbaridades, pero no las tomamos en serio, porque después de tanta teoría absurda NOS HEMOS HECHO INMUNES.
(Recordadme que lea este post cuando se me pase la edad de criar y pase a formar parte de ese "millón de personas" creadoras de leyendas urbanas sin sentido. Os lo agradeceré eternamente.)
 
CON M DE MAMÁ e I de INMUNIDAD

9 de abril de 2015

Yo creo en las hadas

Y en las princesas, y en los duendes y en la magia.
Creo en los cuentos, con final feliz o sin él.
Creo en las islas que esconden tesoros, en los barcos de piratas que buscan riquezas ocultas en esas islas.
Creo en dragones de siete cabezas, en magos y brujas y en gigantes bonachones.
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Soñaba con castillos cuando era niña, con lucir vestidos brillantes y vaporosos, y una larga melena que ondeara al viento mientras corría por jardines llenos de rosas rojas y setos con formas bonitas.
Ahora, desde mi aburrida perspectiva de adulta, muchas son las veces en las que me revelo contra los cuentos rosa y las pelis ñoñas de princesas, y aunque permito que mi hija sueñe, se disfrace y finja ser una de ellas, en bastantes ocasiones me he mordido la lengua para no decirle "la vida no es así" y, en otras muchas, me he quedado a las puertas de escribir "ese post destrozaprincesas" que añora salir.
Pues ¿queréis que os diga algo? Me alegro infinito de no haberle dicho nada parecido nunca y de dejarla seguir soñando, y me alegro también de que el post macarra no haya visto la luz. Porque, insisto, y confieso, YO CREO EN LAS HADAS.
Sí. Creí cuando era niña. Jugué a ser princesa, bruja y hada. Jugué a que galopaba a la velocidad del rayo por bosques perdidos en tierras lejanas.
Y, años después, no creo que me haya ido tan mal. Soy una mujer hecha y derecha, con sus aciertos y sus errores, sus encuentros y desencuentros, pero desde luego, con criterio propio y la ñoñería justa frente a la vida. Por creer en los cuentos de princesas y soñar con ser como ellas mi vida no ha dejado de ser normal, ni he sucumbido a los encantos del sexo opuesto a la primera de cambio y porque venía en un blanco corcel. Soy capaz de reconocer a kilómetros la discriminación por causas de género, la violencia por lo mismo y de defender a ultranza el hecho de que mujeres y hombres somos igual de válidos a la hora de decidir sobre nuestras vidas. Y todo ello a pesar de haber leído infinidad de cuentos repletos de imágenes evocadoras sobre los que reñía con mi hermana Marta por ver quién era quién: "¡yo me pido ésa! ¡Noooo, me la he pedido yo!" y así con todas y cada una de las ilustraciones de princesas, damas de largos vestidos y hadas.
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¿Y por qué os cuento esto hoy? Pues porque esta tarde hemos ido a ver la adaptación en película de Cenicienta. Si os digo que no está pagado lo que supone ver a tu pequeña mirando la pantalla con esos enormes ojazos azules, sin apenas parpadear, con la mandíbula descolgada y con la mirada entre brillante y risueña... ¿Me creéis? Su cara, hoy más que nunca, era el espejo del alma.
La historia de la película, excepto algún cambio de guión, es la que todos conocemos, al menos en versión Disney; así que por ahí poca novedad, no había motivo para sorprenderse mucho. Pero si hablamos de la estética de la peli... ¡Como para no sentirse niña de nuevo y volver a soñar! Paisajes impresionantes, palacetes preciosos, el castillo enooorme y rebonito del rey, vestidazos de impresión, una carroza que parecía una obra de arte, hadas madrinas capaces de hacer salir la magia de la pantalla con tanto efecto...
Y justo en el momento en que el hada madrina realiza el encantamiento del vestid(az)o de Cenicienta, algo en mi cabeza ha hecho 'click' y me he dado cuenta de que yo estaba dejándome llevar por la magia de las imágenes igual que Pichu. Y ha sido entonces cuando he pensado que YO NUNCA HE DEJADO DE CREER EN LAS HADAS.
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Es por eso que, hoy con más convicción que nunca, me prometo a mí misma no preocuparme por los sueños de mis hijos. Prometo dejar que imaginen, que crean en las historias dulzonas de princesas y príncipes, en los amores de cuento, en las brujas y las madrastras que siempre pierden porque gana el amor, porque esto no implica que vayan a crecer confundiendo realidades y cumpliendo estereotipos machistas. Prometo, por contra, seguir hablándoles de la vida tal cual es, responder a sus preguntas con realidad y objetividad. Pero, sobre todo, prometo confesarles que YO TAMBIÉN CREO EN LAS HADAS y explicarles que si lo hago es porque creer en la magia me ayuda a sobrellevar las dificultades del día a día, a verme capaz de superar los obstáculos diarios y las pérdidas personales. Les explicaré mil y una veces que si CREO EN LAS HADAS es porque hacerlo me da fuerzas para imaginar un mundo mejor, menos loco, menos egoísta e interesado y más lleno de gente con ganas de vivir y dejar vivir.
Porque los cuentos de princesas son sólo eso, cuentos. Y sin embargo, son mucho más que un "sólo" desde el momento en que son capaces de hacer flotar a nuestros pequeños, como si nada más importara, como si todo lo demás les sobrara en ese momento.
Yo CREO EN LAS HADAS y EN LA MAGIA, y eso no implica que viva con una venda permanente en los ojos y no sea capaz de ver más allá. Al contrario, sé lo que hay, sé qué cosas de nuestra actualidad rozan lo inhumano y, en ocasiones, lo sobrepasan. Y por eso también sé que soñar con un mundo ideal, un mundo mejor, es totalmente lícito y normal. Y para soñarlo bien... ¡HACE FALTA MAGIA! Porque, además, si no tenemos sueños, tampoco podremos construir realidades esperanzadoras.

YO CREO EN LAS HADAS. ¿Y tú?

CON M DE MAMÁ y C de CUENTOS

21 de febrero de 2015

Knitting, Coffee, talk y Maléfica. Ahora lo entiendo todo.

El sábado 14 de febrero, día señalado para enamorados que encuentran cualquier excusa para sacar a pasear su amor... Yo también me levanté dispuesta a proclamar mi amor a los cuatro vientos, pero mi amor por los talleres que había organizado mi amiga Maria Jose Sarrión, de La Alcoba de Blanca, junto con las chicas de Poleomenta Tejiendo Y Raku Frecsia.
Hacía tiempo que Pichu y yo habíamos organizado "mañana de chicas", así que a pesar de mis anginas y mi voz de Manolo, nos vestimos para la ocasión y allí que fuimos.
Como todo no podía ser malo, encontramos sitio a la primerísima, cosa rara en un barrio tan de moda como Ruzafa. Pero es que el I Meeting Mums & Kids no podía ser en cualquier lugar.
Llegamos a la puerta del estudio de Raquel Carrero y, después de estar un rato esperando fuera para ver si Majo aparcaba, por si necesitaba que recogiera a sus pequeñas... Salió del local para decirme que había aparcado hacía ya rato y que qué tal si entraba ya. Yo, en mi línea de feliz empanadilla, cómo no podía ser de otra manera y más cuando me junto con ella.
Me encantó el lugar del encuentro, supongo que porque vi que estaba todo cuidado al detalle: la mesa con nuestras bolsitas para tejer, el almuerzo casero, las mesas de los peques con los materiales listos para sus talleres. Me encandiló. El estudio de Raquel me pareció de estos sitios en los que puedes hacer desde un taller de lectura, hasta una tertulia de lo que sea.
Me encantó leer mi nombre en la bolsita que las Poleomenta Tejiendo habían preparado con tanto mimo, sobre todo porque yo tengo un pasado en este mundo del tejer y me hacía especial ilusión retomar lo que dejé inacabado un día con ocho años en el telar de Mi tejedora de Feber.
 
Lo que no sabía es que iba a salir más frustrada que otra cosa. ¡Pero cómo se puede ser taaaan torpe!
Yo no sé los kilos de paciencia que empleó Elena en mi inicio de bufanda (del gorrito ni hablemos, eso en mi próxima vida). Suerte que delante mío tenía a Silvia, un encanto de mami, que iba a la par conmigo y que deshacía al mismo ritmo que yo. Os juro que intenté con todas mis fuerzas que esto de tejer me relajara y demás... ¡Pero acabé taquicárdica! ¿Pero cómo puede ser que se me resistiera a mí algo tan aparentemente relajado y sencillo? Yo, que igual me pongo a plantar margaritas en plena clase de inglés con 25 renacuajos sin despeinarme, que improviso con ellos un juego de disfraces y orientación en el huerto del cole con tacones y falda, sin inmutarme. Pues sí, lo asumo, me perdí entre nudos, no estirar demasiado, manejar las agujas y la manía de querer hacerlo todo perfecto. Deshice unas ocho veces, y llegué a casa con un montón de lana verde preciosa y una sola fila de nudos, pero con el firme propósito de acabar mi bufanda a golpe de tutoriales de YouTube, ¡prometido! Aunque sea para lucirla el invierno próximo. Otra opción que me he planteado es hacer llaveros de una fila de nudos (16, eso sí lo aprendí) y repartirlos por todo el colegio, por aprovechar mis conocimientos y toda la lana.
Lo mejor de la mañana fue el momento de salir de la tienda y preguntarle a Daniela cómo lo había pasado. Yo salía histérica, con un tic en un ojo y otro en los dedos, ella salió relajada total y feliz con su corazón de fieltro y su flecha del amor, contenta con el rato que había pasado en la mesa de niñas mayores, trabajando mano a mano con Raku Frecsia, un encanto de mujer. Así que otra opción que he pensado para el II Meeting es colarme en el taller de niñas, porque total, no soy muy alta, tamaño estándar más bien, y si me visto como Daniela, tal cual hice ese sábado, cuela seguro.
Bueno, poniéndome seria he de decir que, en realidad, creo que el objetivo del Meeting organizado por mi querida Majo no era que termináramos la mañana con un puesto de prendas de lana montado, jajajaja, sino que disfrutáramos haciendo algo nuevo, o al menos diferente, que pasáramos un rato divertido y que conociéramos gente. Objetivo cumplidísimo pues. Fue un placer compartir mesa con Silvia y Marta, a las que tenía delante, coincidentemente de mi misma profesión; Silvia y yo sufriendo un poquito con nuestros avances, y Marta animándonos y avanzando a buen ritmo. Un placer también ponerle cara a Vanesa Alonso de El Atelier de Julia, que fue mi amiga invisible en el AMI2014 organizado por Majo estas Navidades, ya que de alguna manera, está presente desde entonces en mi día a día precisamente por su precioso regalito. Me parecistéis las tres un amor. También pude conocer a Mahue, que tiene un niño que es un bombón, y con la que ya charloteo por las redes sociales desde el sábado, además de haber descubierto su página de Facebook Trendy Baby, que es ideal.
Lo que desde luego saqué en claro con este encuentro fueron dos cosas: la primera es que tejer no es lo mío, y que si me disfracé el viernes 13 de Maléfica
 
casi de un modo pensado y hecho, ya sé que no fue una casualidad, sino el destino, ya que el personaje demuestra tener especial obsesión con las ruecas, y fijo que es porque debió de ser tan inútil como yo en esto de tejer. Ahí lo dejo.
La segunda cosa que saco en claro después de este Meeting es que todo lo que organice mi amiga Majo de La Alcoba de Blanca será siempre un éxito, por su creatividad, su empeño, su fuerza y, sobre todo, su sonrisa.

Esperando con ilusión el segundo Meeting Mums&Kids... (si va de agujas y lana, ¡avisa con tiempo y empiezo a practicar!).
 
CON M DE MAMÁ y de MEETING

25 de enero de 2015

10 cosas que necesita una maestra de inglés

Me gusta pensar que más que maestra, si quiero, puedo ser maga.
Porque si quiero, puedo convertir los objetos más tontos en los más divertidos, tan sólo poniéndoles un nombre nuevo para mis alumnos; un nombre que a ellos les suene cómico, y al resto del mundo a inglés.
Patata nunca será lo mismo desde que descubren que potatoe es mucho más divertido de pronunciar y da mucha más risa.
Ir al school garden (orchard me suena a ogro, y lo último que quiero es asustarlos) a plantar potatoes and barley es mucho más emocionante si lo hacemos cantando el último hit "Follow the yellow brick road", cortesía del Wizard of Oz; además, así se nos olvida que estos días está haciendo más frío porque mientras cantamos vamos al ritmo de 1, 2, 3, JUMP!
Si abro mi enorme bolsa y pongo cara de misterio, ellos ya saben que algo nuevo va a aparecer de repente, y sus caras no tienen precio. Y la cosa más tonta se convierte en la más chula del mundo mundial.
Si muevo la varita que the good witch of the North me ha dado y tengo suerte, justo en ese momento el vídeo que estábamos viendo se para, y entonces todos me miran expectantes para ver cómo narices arreglo el lío que he hecho. Otro golpe de varita y sus mandíbulas caen hasta el suelo. Y mientras ellos se recuperan del shock yo pienso que si lo hago adrede, no me sale mejor.
Así que sí, las maestras y maestros podemos hacer magia, y de la buena. Sólo tenemos que creer en nuestra capacidad de hacer realidad los sueños de los más peques. Ellos tienen todas sus esperanzas puestas en nosotros, y nosotros tenemos la gran responsabilidad de hacer posible que su aprendizaje sea un camino interesante, motivador y apasionante.
Por eso, hay unas cuantas cosas que son imprescindibles para que nuestros encantamientos funcionen, y que no está de más tener a mano. Yo os dejo mi lista de los diez imprescindibles que últimamente me acompañan a todos lados; pero si me preguntáis en un mes, estoy segura de que la lista habrá aumentado y variado. Aquí va pues, por si os sirve.
10 COSAS QUE NECESITA UNA MAESTRA DE INGLÉS:
1. Una varita. Cuanto más brillante, más cursi y más grande, mejor, porque más magia podrás hacer con ella, y así lo creen ellos.
2. Una regadera. Las regaderas nos sirven para regar las plantas, para jugar a que llueve y para animarlos a ellos a que sigan su camino hacia arriba cuando les tiras unas gotitas de agua invisible.
3. Macetas de colores. Cualquier momento es bueno para plantar una semilla. Estás creando vida, y el proceso para ellos es pura magia. Para ti lo mágico es que aprendan las cosas más cotidianas en una lengua que desconocen y, sin embargo, la sientan como suya.
4. Si llevas regadera y macetas, necesitas semillas, claro: de flores, de cereales... ¡Qué más da! Las macetas con una cara dibujada de pronto un día tendrán pelo, y eso es muy, muy guay.
5. Y si llevas regadera, macetas y semillas, necesitas sustrato para poder dejar caer las semillas. No ocupa demasiado, bueno, quizás un poquito, pero mi bolsa es enorme y apenas se nota.
6. Rotus molones que sirvan para pintar cualquier tipo de material. Así puedes improvisar carteles que te lleven a la ciudad mágica en la que se halla el huerto, ésa que está al final del yellow brick road y en la que nos vamos a encontrar a la bruja buena y al scarecrow.
7. Polvos de hada y stickers, muchos stickers. Los polvos de hada están hechos de purpurina muy fina, y se guardan en bolsitas especiales, como las que usamos para guardar las joyas. Si rociamos a los peques con un puñadito de polvos y les ponemos un sticker en la mano, sólo habrá que esperar unos segundos a que alguno diga que ha volado un poquito y que no tocaba el suelo. Y entonces, todos habrán volado también.
8. Unas gafas mágicas. Unas gafas grandotas, sin cristales y muy ridículas, que sirven para ver animales volando y muchas cosas más. En cuanto te las pones tú y dices con énfasis "Oooooh! I can see a pink elephant!", en menos que canta un gallo tienes la clase llena de animales de colores y formas raras, porque todos ven de todo, y de paso repasan vocabulario sin saberlo.
9. Una mascota. La que sea. Grande,  pequeña, bonita o fea. Da igual. La cuestión es que su nombre suene divertido, que puedan abrazarla, mimarla y buscarla por toda la clase porque la muy pillina se ha escondido. Y ¡ay como se te olvide en casa o en otro sitio! A ver qué te inventas para salir del paso porque no hay día que no pregunten por ella.
10. Y, por último, un saco grande de ilusión, paciencia, imaginación y muchas sonrisas. Porque habrá días en los que estarás cansado, te dolerá la cabeza, habrás dormido poco, tendrás un mal día o quizás lo tengan ellos ... y entonces, sólo con abrir el saco, recordarás por qué estás donde estás y por qué tienes a 25 personitas delante mirándote con los ojos bien abiertos y esperando a que... ¡Empiece el espectáculo!

CON M DE MAMÁ y de MAESTRA

15 de octubre de 2014

EL AJUAR DE LOS INFANTES

Cuando las circunstancias se alían con las ganas de crear cosas bonitas.
Cuando toca reinventarse y gracias a ello sacamos a la luz nuestro arte oculto.
Cuando el buen gusto y el mimo por las cosas bien hechas van de la mano.
Cuando el amor de una madre se plasma en creaciones para el mundo infantil.
Cuando no se persigue otra cosa más que un sueño, un sueño en el que caben desde piratas hasta dinosaurios, sin olvidarnos de muñecas, Merceditas, mariquitas y pulpos, estrellas, indios y vaqueros y cualquier cosa que la mente de un niño pueda imaginar.
Cuando todo esto se junta, se agita y se deja macerar...
Pasan cosas tan bonitas como EL AJUAR DE LOS INFANTES.
 
 
Sabéis que no suelo escribir recomendando lugares, ni restaurantes, ni tiendas o boutiques, no por nada en especial sino porque no es lo que este blog me pide, además de que no creo ser experta en ninguno de estos campos y sí creo que hay otras personas que lo hacen mucho mejor que yo infinitas veces, como mi amiga María José de La alcoba de Blanca y Valencia Peque Universo. Sin embargo, EL AJUAR DE LOS INFANTES, después de haber estado siguiendo sus pasos por Facebook desde hace tiempo, y tras haber podido compartir la tarde de hoy con MIRIAM, el alma de esta tiendita tan especial, bien lo merece. Me ha requeté encantado. Es un taller de creación propia en el que sólo el hecho de estar ya te deja un buen sabor de boca y unas ganas locas de llevarte sus camisetas, sus vestidos o bombachos, y sobre todo, los conjuntos para mamis e hijos. Su creadora y alma mater, Miriam, madre de tres niños, tiene un gusto exquisito y pone todo tipo de facilidades a la hora de ayudarnos a crear nuestros propios diseños. Sí, así es. Ella crea preciosos dibujos que acaban convirtiéndose en patchwork, y nosotros podemos decidir cómo queremos que esas preciosidades aparezcan en la ropa de nuestros pequeños, eligiendo desde el cuello de un vestido hasta los puños de una sencilla camisa mao.
Como os digo, me ha parecido un sitio de estos a los que hay que volver, sí o sí. Y Miriam, su creadora, atenta como la que más, bien merece esa segunda visita.
Os dejo con unas cuantas fotos del maravilloso TALLER DE MIRIAM para que entendáis porque me ha enamorado. Y yo, mientras, voy a empaparme de todo lo que hay en su WEB y a ver las últimas fotos que a estas horas ya habrá colgado Miriam en su facebook, para ir decidiéndome por el diseño que quiero para Pichu y Rubiazo (bueno, ¡y para mí!). Por cierto, también podéis encontrar sus novedades en twitter: @ajuardeinfantes
Espero que os guste tanto como a mí.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
CON M DE MAMÁ y A de AJUAR DE LOS INFANTES.

6 de septiembre de 2014

10 trucos que uso para huír de nuestro aburrido mundo de adultos

1. Hacer pompas de jabón: en lo alto de un edificio, en el campo, en la playa, en la calle, bajo la luz de la luna llena en verano... Me chifla, no hay más. Me relaja. Me inspira. Me devuelve a mi niñez.
 
2. Hacer competición de salto libre en la piscina con Pichu. Ella suele ser muy creativa, así que las risas están aseguradas. Yo me había quedado en "tirarme de bomba" y "de ángel", pero este verano he aprendido a tirarme "de morcilla" y le he hecho la competencia con "el salto de la longaniza".
 
3. Hacer carreras de motos... con sus motos... Sí, sus motos de plástico, ésas sobre las que se suben los mini niños y hacen rodar con el impulso de sus pies. Ésas. Es más divertido aún subir con uno de ellos para tirarnos por una (mini)rampa, porque el que va en la otra moto se suele picar más. Ventajas de medir 1,60 y ser tamaño chapa. Y lo mejor es ganarles... jijijiji.
 
4. Hacer con ellos un bizcocho o unas magdalenas, rebañar las sobras de la masa cruda, sobre todo si lleva chocolate, pintarles la nariz con la cuchara... y acabar los tres de masa hasta las cejas, muertos de la risa, y con la cocina hecha un cristo.
 
5. Volar a la cocina gritando "la taaaaarta" en cuanto pita el horno, para abrirlo y descubrir el bizcocho más enorme y esponjoso y que mejor huele del mundo, y para a continuación, contemplar sus caritas de satisfacción y de "¿y si lo enfriamos soplando?"
 
6. Ducharnos los tres juntos en la "chucha" de mayores, con el gel de chocolate de mamá, jugar a tirarnos agua congelada, o a hacernos los dormidos (de pie) para que los otros dos nos despierten con el chorro helado en plena pancha, darnos un abrazo espumoso y escurridizo mientras reímos sin parar... y dejamos el baño hecho un charco.
 
7. Hacer la voltereta y el pino bajo el agua, y si puede ser voltereta + pino, mejor que mejor, o muchas volteretas seguidas (vale, dos, porque a la tercera me he ahogado, o si no, me he desorientado tanto que fijo me como el suelo de la piscina) ante la atenta cara de admiración de Pichu: mami mola.
 
8. Trepar a los árboles, saltar desde ellos o tumbarnos en el tronco inclinado, y escalar montañas agarrándome a lo que haya (con sandalias, que tiene más mérito porque la improvisación cuenta doble).
 
 
9. Tirarme por el tobogán sola o con ellos, acabando los tres en el suelo "al montonet", columpiarme hasta casi tocar la luna e inventarnos mil juegos en la casita del tobogán, mientras os pido un café con leche imaginario y una tarta de piña, coco y zanahoria.
 
10. Haceros cosquillas, comeros a besos y achucharos sin fin, hasta que lancéis vuestros respectivos "paraaaa por favoooor"y "llallaaaaaaaaaaaaa" muertos de la risa, mientras rodáis de nuevo para que vuelva a empezar.
 
El mundo de los adultos es muy complicado, en muchas ocasiones aburrido y más de una vez casi insufrible, porque hemos perdido la capacidad de reír por la vida misma, porque sí, porque estamos aquí y hemos visto el sol esta mañana. Yo doy gracias porque os tengo, y porque vuestra niñez evoca la mía y me devuelve la locura y el sin sentido que me ayuda a llevar esta locura de rutina, los "problemas de mayores" y los rollos de adultos de una manera más sana, e infinitamente más divertida. GRACIAS POR DEJARME ENTRAR EN VUESTRO MUNDO Y VOLVERME UN POCO MÁS NIÑA CADA DÍA.

 
CON M DE MAMÁ y N de NIÑA

30 de marzo de 2014

Con ojos de niña

Me gustaría mirar el mundo con los ojos de una niña, inocente y curiosa, sin segundas posibilidades rondándole en la cabeza en cuanto algo no sale según lo planeado.
Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña y encontrar encanto en la lluvia y en el viento, incluso cuando estos me empapan la ropa o azotan mi cara.
Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña, plantarme tacones, pintarme los morros y cantar, bailar, zapatear, girar y dejarme llevar ante mi público invisible sin que me importe el "qué dirán".

Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña y, así, apreciar la belleza de las cosas simples y que esa bola rosa de plastilina me pareciera un rico caramelo relleno o que el dibujo de un castillo me llevase a otras épocas y me convirtiera en la dama más valiente de todos los tiempos...
Me gustaría mirar el 
mundo con ojos de niña y darme un baño de espuma en mi bañera, rodeada de estrellas de mar y bonitos corales, mientras escucho el canto de las sirenas y los silbidos de los delfines.
Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña, y reírme bien fuerte y alto porque sí, hasta que me duela la pancha de tanta carcajada y me obligue a caer rendida en el suelo.
Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña, y vivir feliz sin la necesidad de plantearme sobre el mañana, y navegar en la inocencia pura de quien no tiene ni conoce segundas intenciones, imaginando que todas las personas tienen el alma limpia y muchas ganas de querer sin más.
Me gustaría que la maldad fuera un mal sueño, que la simplicidad de las cosas reinara en el día a día de la raza humana, que no existieran conductas deleznables, ni actitudes malignas ni crueles, ni la necesidad de hacer daño porque sí.
Me gustaría que cada cual mirase su ombligo para preocuparse por hacer lo que se supone que debe hacer, pero no por mero acto de egoísmo, y que además tuviéramos la capacidad de mirar a los demás con ojos de colaboración, ayuda desinteresada y bondad verdadera.
Creo que entonces, y sólo entonces, yo podría mirar el mundo con ojos de niña y sonreír sin parar.