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12 de junio de 2015

Be wild, my children!

Tal cual. Asalvajados. Nuestros hijos se están asalvajando rápido y, la verdad, ¡ME CHIFLA! No, no interpretéis "salvaje" en su versión peyorativa. Lo que quiero decir es que mis hijos se están asilvestrando y yo no puedo estar más feliz.
Hacía tiempo que queríamos que, al menos cuando están fuera de sus "obligaciones" diarias, llevarán un ritmo más relajado, más libre, más "de infancia". Y lo hemos conseguido. Si bien es cierto que ayuda mucho no vivir en la ciudad y que la luz del día en junio alargue hasta el infinito y más allá.
Dejar que sigan el ritmo natural del día ha permitido que nosotros también nos relajemos, disfrutemos de esos ratos de mirarlos jugar con sus amigos y no veamos el momento de entrar en casa a seguir con la marcha normal de baños, cenas y cama.
El primer día que nos dejamos llevar de esta manera, inevitablemente, había un pensamiento que ronroneaba todo el tiempo en mi cabeza, y muy seguramente, también en la de mi marido: "mañana hay cole, mañana hay cole, mañana hay cole...". Tras ver que a la mañana siguiente hubo cole igualmente, logramos arrancar el día con las mismas facilidades/dificultades que de normal... El segundo día de nuestro proceso de "asilvestramiento" la vocecita dichosa ya no se oía, o yo no la escuchaba.
Nuestro nivel de "rebeldía" ha llegado al punto de seguir de "picos pardos" a la hora en que hace un mes estaban acostándose casi, o al menos a punto de hacerlo. ¿Y? Pues nada, ¡que es fantástico! Que a fuerza de dejar a los peques exprimir los últimos rayos de sol del día, yo estoy cargando las pilas de tal manera que tengo la impresión de estar de vacaciones, y ellos... ¡Ellos no pueden estar más felices!
Ojo, cuidado, no vayáis a pensar que de repente la anarquía se ha venido a reinar a casa y esto es un despiporre de normas. Nada más lejos. Sigo siendo partidaria de establecer límites, siempre desde el amor. Pero es verdad que "relajarse" en ciertos aspectos, como los horarios, ahora que estamos de lleno metidos en el buen tiempo y que huele más a vacaciones que a obligaciones, nos está dando mucho juego. Tiene lógica que sea ahora y no en invierno, que es cuando a las seis deja de haber luz y hace suficiente frío como para que nuestros hijos sean los primeros en querer estar en casita.
También es verdad que el hecho de vivir en un pueblo, o a las afueras de él, te contagia del ritmo que aquí se lleva, y eso me hace reafirmarme en que dejar la city ha sido, sin duda, el mayor acierto. En los pueblos se sigue saliendo a la plaza a jugar, la gente se saluda por la calle aunque no se conozca de nada, los niños estiran las horas con el sol, los niños mayores interactúan con los pequeños y los cuidan, y éstos los miran embobados queriendo empaparse de todo lo que saben pero sin ser conscientes de la diferencia de edad...
Viváis fuera o en la ciudad, las horas de sol las compartimos, así que os invito a acompañarlo hasta su hora de retirada, a exprimir la luz, a relajar horarios, a beberos el día con pajita y no dejar ni una gota, a entrar tan justos de tiempo en casa que toca improvisar la cena, a aprender que no pasa nada por ello, a sentaros en un banco mirando a vuestros peques "vivir"... Porque ya vendrán los días en que el frío nos invite a recogernos y tomarnos un chocolate caliente en casita, y serán muchos. Así que...

¡FELIZ CASI VERANO and BE WILD, MY FRIENDS!

CON M DE MAMÁ y W de WILD

10 de agosto de 2013

Para ser feliz quiero un camión

No, no es que esté con la famosa cancioncita en la cabeza, que también, es que es la verdad: QUIERO UN CAMIÓN. Y sé que cuando lo tenga seré muy feliz. ¡Ojo! Que no es que ahora no lo sea, pero tener UN CAMIÓN le dará a mi vida de madre ese puntito de locura-cordura que creo que me falta.

¿Que por qué? Sencillo.

Cuando tenga un camión podremos despejar nuestro salón-comedor porque podremos meter la "sección juguetería" dentro. Y así no habrá que saltar bloques de construcción mientras se aparta con el otro pie el castillo de princesas, y se llevan en la boca unos colores y sobre la cabeza un cubo de playa. Cuando tenga un camión podré habilitar cierta zona del mismo a modo de "vestidor", y así me olvidaré de hacer cajas y maletas de ropa cada cambio de estación, porque todo estará en mi camión, y no en la silla de mi habitación (rabiosa actualidad), pues ya no tendré que encontrar ese "ahora que su ropa ya está, cuando tenga un hueco, me pongo con la mía". Cuando tenga un camión podremos meter en él la compra necesaria para un semestre, y así nos evitaremos los 200 viajes "al carrefú" o a mercawoman, para disgusto de la gente del barrio: menos visitas, menos lactancia-despelote público. Cuando tenga un camión podremos salir de fin de semana o de vacaciones siempre que queramos, porque total, será subirnos y arrear, que lo importante ya irá dentro. Así nos evitaremos las intensas jornadas de "haz maleta, deshaz maleta, carga en el coche, no cabe todo, saca lo que ya has puesto, intenta encajarlo de nuevo y tal... Game over en el TETRIS". Cuando tenga un camión podré celebrar los cumpleaños de Pichu y Rubiazo y dejar que inviten a todo el colegio. Y me ahorraré la dichosa visita al parque de bolas, total, bastará con ponerme en primera fila en toda cabalgata o desfile que se precie, pillar todas las pelotitas que lancen, y llenar el camión con ellas. Cuando tenga un camión podré aparcar mi coche dentro, como hacía el del Coche Fantástico, y así ahorraría en lavaderos y en líquido para el "limpia". Además, fardaría un montón saliendo del camión con mi coche como si nada: titiririiiií, titiririiií, titiririririiiiiií, ¡Kit, rápido! Cuando tenga un camión utilizaremos la pared de la parte trasera de "cine de verano", y podremos ver el canal Disney en pantalla gigante, y así Peppa Pig, en vez de una cerda con cara de secador de pelo, parecerá una montaña animada con forma de "cerdaconcaradesecadordepelo". Cuando tenga un camión podremos ir de SPA todos los días, porque será tan sencillo como meter unas cuantas bañeras de formas diferentes y llenarlas con agua y sales de baño de colorines. Y al final del recorrido acuático, instalaremos un sillón de masaje, de esos que hay repartidos por alguno centros comerciales rollo exposición, y que la gente quema de tanto probarlos (total para no comprar). Cuando tenga un camión no tendré el sueño que tengo ahora, porque podremos instalar una habitación de juegos totalmente acristalada dentro de él, y junto a ella dos hamacas de las que cuelgan de palmera a palmera... Y ríete tú de paraísos caribeños. Cuando tenga un camión... Zzzzz... Zzzzzzzz... (Buenas nocheeeeees... Zzzzzz) CON M DE MAMÁ y C de Camión