Ayer fue el DÍA MUNDIAL DE LA LACTANCIA y, además, estos días estamos de lleno en la SEMANA DE LA LACTANCIA. Pues fue ayer justamente, acabando de comer en una terraza en el paseo de la playa, cuando una señora decidió que mi teta no era compatible con el paisaje, y así se lo hizo saber a sus contertulios, con la típica táctica de "¡no miréis pero... bla, bla, bla, TETA, bla, bla, bla!". Cosa de la que servidora se dio cuenta por dos razones, una porque de repente, y en riguroso orden de turnos, toda la mesa fue girándose a mirarme, y dos porque la mesa era la de al lado, y aunque uno no quisiera, se enteraba de lo que estaba pasando. Además, la buena señora, no contenta con comentar y soltar una larga opinión negativa sobre la lactancia en sus conocidos, puso al día a una de sus contertulias, que había estado ausente un rato antes mientras ella repartía palomitas y todos me observaban dando el pecho a Rubiazo.
Éste es el blog de una mujer, madre y maestra. Es un blog sobre el día a día de las cosas simples, y no tanto, de ser mujer, madre y maestra. Un blog en el que "cualquier parecido con la realidad, NO es pura coincidencia".
2 de agosto de 2014
¡¡Oh, Dios mío, UNA TETA!!
Ayer fue el DÍA MUNDIAL DE LA LACTANCIA y, además, estos días estamos de lleno en la SEMANA DE LA LACTANCIA. Pues fue ayer justamente, acabando de comer en una terraza en el paseo de la playa, cuando una señora decidió que mi teta no era compatible con el paisaje, y así se lo hizo saber a sus contertulios, con la típica táctica de "¡no miréis pero... bla, bla, bla, TETA, bla, bla, bla!". Cosa de la que servidora se dio cuenta por dos razones, una porque de repente, y en riguroso orden de turnos, toda la mesa fue girándose a mirarme, y dos porque la mesa era la de al lado, y aunque uno no quisiera, se enteraba de lo que estaba pasando. Además, la buena señora, no contenta con comentar y soltar una larga opinión negativa sobre la lactancia en sus conocidos, puso al día a una de sus contertulias, que había estado ausente un rato antes mientras ella repartía palomitas y todos me observaban dando el pecho a Rubiazo.
15 de enero de 2014
"Crianza con apego o sin él. ¿A ti qué más te da?" o "Cuando seas madre (de mis hijos) comerás huevos"

Yo, por mi parte, creo que hay una delgada línea entre aconsejar, opinar y entrometerse. Y obviamente cruzarla hacia uno u otro lado o hacia la crítica no constructiva es más que fácil.
No me canso de imaginar un mundo mejor en el que cada uno meta la napia en sus asuntos, y en el que no seamos tan fans de juzgar al prójimo y sí lo seamos de respetar (pero del respeto de verdad, no de boquilla) y de dejar hacer a cada uno lo que en su mano está cuando hablamos de criar. Lo más triste es que para que esto ocurra somos las mujeres las primeras que tenemos que concienciarnos para hacerlo posible, ya que somos las responsables directas de estas "incomodidades maternales". Pocas son las mamás actuales que no tienen queja de las féminas más mayores de su entorno familiar, ya sean madres, suegras o vecinas cotillas. Son pocas las que dicen que jamás nadie se ha entrometido, con toda la connotación negativa que ello implica, de un modo u otro en su vida familiar. Y, por si esto fuera poco, va y nos salen pediatras y supuestos "expertos" que nos hacen sentir culpables y malísimas madres porque nos aleccionan sobre cómo, dónde y cuándo y sobre lo mal que lo hacemos cuando no seguimos sus directrices.
Pues señoras y señoritas, y parejas y "parejos"... ¡ya está bien, leñe! ¿A mí qué más me da si mi amiga P ha dado biberón y no teta? ¿O si M practica o no el colecho o V hace el pino puente para conseguir que su pirata se coma un bocata de jamón? Me da igual, no las juzgo, sólo las escucho y respeto, y en todo caso, me beneficio de lo que veo porque aprendo otras maneras de hacer y ver la vida, que me enriquecen y me ayudan a salir de mi, a ratos, cuadriculada mente, y si me piden opinión, pues la doy. Pero, lo mejor de todo, es que me parece estupendo lo que hacen y cómo lo hacen, básicamente porque lo hacen con AMOR DEL BUENO, y no hay más. Y porque con entretenerme yo en aprender a ser madre ya tengo bastante faena, ya.
Creo que leer es bueno, informarse es genial, contrastar opiniones y escuchar otras experiencias también, pero si estáis leyendo esto es porque, quizás, gran parte de vosotr@s estáis inmersos en el maravilloso mundo de la crianza, lo cual quiere decir que sabéis mejor que nadie que no hay dos niños iguales, por muy hermanísimos que sean, ni dos madres o padres clavados. ¡Y menos mal! Por tanto, lo que me sirve a mí no es preciso que sirva a otra madre, aunque quizás le venga bien conocer mi experiencia para saber que NO hacer con su hijo o hija. Por otra parte, tener personas en tu entorno cercano que tengan más experiencia que tú y que estén dispuestos a compartir sus conocimientos contigo es una gran suerte (¿cómo era eso de que para criar hace falta la tribu entera?), sí, pero siempre y cuando esa "generosidad" sea desde el cariño verdadero, el respeto, las ganas de ayudar (que no de ENTROMETERSE) y con la intención de hacer llegar a la madre en concreto un mensaje tipo "no hay mejor madre para tu hijo que tú, yo sólo estoy por si me necesitas", y que sea de corazón, de verdad de la buena.
En serio, MAMIS DEL MUNDO, equivocarse es de humanos, es bueno y ayuda. Esto de la maternidad y la crianza es, en muchos aspectos, un camino de espinos para el que NADIE nos prepara, por mucho consejo y moralina que quieran darnos. Podemos leer, podemos ser "de una corriente" o de otra, pero lo que está claro es que lo que no falla es la naturalidad y el darnos el tiempo necesario para conocer a nuestros hijos y saber, mejor que nadie, sus necesidades a todos los niveles. El sentimiento de culpa ya de por sí parece ir intrínseco a la maternidad, por lo que no nos dejemos embaucar por expertos (y no tanto), que hablan siempre "in extremis" y que nos regalan sentencias de esas que sólo hacen que aumentar nuestro tono del mea culpa.
Ser madre es la mayor aventura que toda mujer, que decide serlo, puede vivir. Y como tal, tiene momentos de subida y momentos de bajada. Contamos además con unas grandes compañeras de viaje que, dicho sea de paso, tampoco es que ayuden mucho, y que no son otras que nuestras queridas hormonas... Así que: MAMIS DEL MUNDO MUNDIAL, ¡CRIAD COMO OS DÉ LA GANA, CON APEGO O SIN ÉL! Pero eso sí, CRIAD SIEMPRE CON AMOR, CON MUUUUCHO AMOR.
CON M DE MAMÁ y C de CRIANZA CON AMOR
26 de diciembre de 2013
Sigo siendo una vaca... ¡Lechera!
¡Tolón, tolón! ¡Tolón, tolón!
Mi lactancia cumple hoy 1 año 2 meses y 3 días, y si me preguntan que cuánto más voy a alargar lo único que puedo decir es "no lo sé",
Cuando nació Pichu, yo no tenía ni idea de nada, lógicamente, pero menos aún de lactancia. En mi entorno no tenía a nadie que estuviera en una situación parecida (madre primeriza y pro lactancia) y aquellas personas que habían pasado por ello no habían tenido una lactancia exitosa, y yo tampoco sabía de la existencia de asesoras, talleres y demás. Así que durante dos meses le di pecho única y exclusivamente, sin embargo, bien porque cogía el peso justo, bien por la falta de conocimiento y el miedo a no estar alimentándola bien, acabé metida en el lío de la lactancia mixta: pecho+fórmula. Cosa que duró hasta sus 5-6 meses, cuando un buen día ya no tomó más. Acepté bien que la cosa fuera así, aunque lloré mucho por saber que esa etapa, al menos con ella, no volvería más. Lo recuerdo como algo precioso. Y no, no fue fácil al principio, porque llegué a tener los pezones en carne viva y sangrando. Sin embargo, ante la pregunta de Papi, que me vio llorar de dolor, de si volvería a dar pecho con todo eso si hubiera un segundo hijo, mi respuesta fue inmediata "¡Absolutamente sí!". Hoy sé que, si mi entorno hubiera sido otro, mi lactancia habría sido prolongada hasta el infinito y más allá. No me siento ni mal ni bien por ello. Lo acepto, sin más. Que no todo en la maternidad es la lactancia. Por suerte es un compendio de muchas cosas, y la primera y principal es el AMOR INCONDICIONAL.
Hoy, 4 años y 11 días después de que empezara mi lactancia con Pichu estoy celebrando que llevo 1 año, 2 meses y 3 días de lactancia ininterrumpida con Rubiazo. Evidentemente, no me siento ni mejor ni peor, sólo diferente. Lo que sí tengo claro es que la información, la experiencia y el entorno lo han sido todo esta vez.
Me hace gracia que, tanto en una lactancia como en la otra, siempre hay opiniones contrarias, o simplemente opiniones. Y es algo que no llego a entender. Supongo que igual es porque no soy de las personas que van dictando sentencias sobre la manera de hacer de los demás. Jamás se me ocurriría opinar de algo tan íntimo y personal, o al menos no directamente a la persona implicada, y menos a modo de reproche o crítica.
La actitud de Rubiazo ayudó mucho en los inicios, ya que desde que salió de mi pancha no se soltó del pecho, literal, hasta que no subió la leche. En 24 horas estaba mamando a tope porque a mí ya me había subido la leche. Y sí, volví a tener un pezón ensangrentado de tanta succión al principio, y aún así, repetiría esos inicios a ciegas.
Como digo, tener a dos amigas, casi hermanas (Helen y Carmen), viviendo su maternidad y lactancia a la vez que yo, y tener además una compi de trabajo (¡gracias Belén!) que había sido asesora de lactancia y a la que podía preguntar siempre que quería, junto con la templanza y la experiencia de no ser primeriza, han sido las claves para que en ningún momento me haya planteado cambios en mi lactancia ni siquiera al reincorporarme al trabajo. Bien es cierto que la cercanía a mi lugar de trabajo ha facilitado mucho el tema. He estado sacándome leche y congelándola durante 6 meses, y mi sacaleches venía conmigo hasta de boda, sólo para que Rubiazo pudiera tomarla de almuerzo en bibe. Me he sacado leche en pleno monte, en el descanso de una excursión con alumnos, y en cualquier sitio en el que me ha pegado la subida. He pedido que me llenaran mi neverita de hielos allí donde me pillaba y todo ello lo he vivido con absoluta normalidad.
Hoy Rubiazo, obviamente, come de todo, pero sigue teniendo su ración de leche cada mañana, al llegar de la guarde, para dormir y durante las noches que está mal por culpa de la boca o de los catarrazos. ¿Es esclavo? Sí, en muchas ocasiones así lo siento, porque en mi vida no sólo está él, también están Pichu, un trabajo al que acudir y en el que me dejo la piel, y una casa que llevar junto a Papi, amén de buscar algún rato para socializarme y mimar mi "yo persona". Y sin embargo, aquí seguimos, colechando (por pura comodidad, a la mierda cualquier teoría) y lactando, y sin fecha de caducidad.
Es curioso porque hasta el año de Rubiazo todo el mundo veía mi lactancia como algo estupendo, y ahora de pronto, de un día para otro, mi entorno más próximo me pregunta, con cara de desaprobación y reproche: "¿Pero aún le das pecho? Yo es que estas modas no las entiendo" "¿No piensas quitárselo? / ¿Cuándo piensas quitárselo con lo grandote que es?". Mi respuesta a la primera pregunta es siempre un simple "sí", y mi contestación a la segunda es un sencillo "no lo sé".
Podría enzarzarme a contestar, explicar, dar motivos. Pero, la verdad, paso, por dos razones: una, porque a quien te juzga mientras pregunta no le va a servir de nada ninguno de tus razonamientos, pues te han crucificado antes incluso de preguntarte; dos, porque lo que respondo es la verdad: no tengo ni idea de hasta cuando voy a prolongar mi lactancia, no me lo he planteado. Sólo sé que a Rubiazo no le hace ningún mal, más bien al contrario, que le alivia cuando está muy malito y, qué narices, que es la cosa más cómoda del planeta. De hecho, aunque en clave de humor, ya di mis 10 razones para prolongar la lactancia hace tiempo.
Lo que está claro, y la conclusión que saco de mis dos experiencias, tan dispares, con la lactancia es que nunca llueve a gusto de todos, y que, hagamos lo que hagamos, las madres siempre somos cuestionadas o juzgadas. Es patético. Sobre todo porque, tristemente, quienes juzgan suelen ser otras madres, mayores o no. Y la verdad, no lo entiendo. A mí me da igual como alimente una madre a su bebé, teta o bibe, bibe o teta, siempre y cuando lo haga desde el amor casi animal que sentimos las madres. Quien decide una u otra cosa lo hace pensando en el bien común, ya que obligarse a lactar si no sientes que quieres hacerlo puede ser más contraproducente que exitoso. Y más teniendo en cuenta que cuando alimentamos a nuestros hijos, bibe o teta, vivimos momentos únicos de intimidad en los que la transmisión de sensaciones y sentimientos es muy pura. Igual pasa con aquellas mamis que se han dejado, literal, la piel, intentando una lactancia exitosa y no lo han conseguido por diversos motivos. ¿Quién se cree con el derecho a opinar sobre ellas? Nadie debería hacerlo, y ellas mismas no deberían juzgarse con tanta dureza.
Pero como nuestra sociedad es así de machacona, de "antiapoyo" y de farandulera, sea como sea, y lo hagas como lo hagas... ¡Van a hablar de ti!
Pues si algo he ganado con mi bimaternidad es justo esto: una sordera selectiva o un estado de "no me afecta si yo no quiero", que son los colaboradores directos cada vez que alguien me suelta la preguntita de marras "¿hasta cuándo...?". Así que mi nueva respuesta "pro-lactancia de Rubiazo" pasa a ser: "¡Hasta el infinito y más allá!".
3 de agosto de 2013
La Maternidad de la A a la Z: A de Asensualidad (en estado puro)
La maternidad tiene muchas cosas, casi todas buenas y alguna "regulín-regulán", que dirían los niños.
De entre esas cosas reguleras que tiene, y que aunque no son muchas, a veces valen por muchísimas, está la de la ausencia de la SENSUALIDAD en muchos momentos y escenas cotidianas de tu vida, porque como decía mi padre: "Quien con niños se acuesta, "cagao" se levanta".
Vamos a ver, volviendo a los orígenes y haciendo las cosas como procede, aquí va la definición de SENSUALIDAD según los honorables miembros de la RAE:
Sensualidad.
(Del lat. sensualĭtas, -ātis).
1. f. Cualidad de sensual.
2. f. Propensión excesiva a los placeres de los sentidos.
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Y una vez más, después de leer su definición, y también la de sensual, yo voy a hacer de mi capa un sayo y explicar qué es para mí la SENSUALIDAD en el momento en que te conviertes en madre: ASENSUALIDAD. Pero para no soltaros una chapa de las que hacen historia, he pensado que será mucho mejor que lo "ilustre" relatando diferentes momentos o situaciones en los que la ASENSUALIDAD, en su estado más puro, entra en escena inevitablemente durante la maternidad.
Momento ASENSUALIDAD en estado puro 1: o momento en que tu hija, poseída por el espíritu del amor fraternal, te levanta el vestido en plena cola de la caja de mercawoman, para darle un beso a su (futuro) hermanito, y te deja en bragas culotte (¡gracias al cielo que pasé del tanga!) y con cara de ASENSUALIDAD máxima delante de todo el barrio.
Momento ASENSUALIDAD en estado puro 2: o momento en que tu hijo, bebé que empieza a no serlo tanto, aprovecha que va en tus brazos para bajarte el escote del vestido+sujetador y "amorrarse" a la teta con toda naturalidad mientras tú, en mercawoman de nuevo, hablas con la madre de un alumno e intentas poner tu mejor cara de ASENSUALIDAD y glamour.
Momento ASENSUALIDAD en estado puro 3: o momento en que, tras darle el pecho a tu hijo "berreón" dentro del coche, bajas en plena gasolinera olvidando abrochar tu vestido, enseñando tu sujetador maternal de un bonito y ASENSUAL color carne-abuela, y claro está, (gran) parte de tu anatomía superior, para (dis)gusto del personal presente. Lo mejor, que no te das cuenta de tu despelote hasta que no llevas un rato con el coche en marcha.
Momento ASENSUALIDAD en estado puro 4: o momento en que, después de llevar más de diez minutos de plácido paseo en familia por la playa, y tras observar que la gente os mira bastante (miradas, por otra parte, que tú atribuyes a la bonita estampa que formáis rollo anuncio de clínica dental o agencia inmobiliaria)... ¡Te das cuenta de que tu vestido ha decidido darle el turno de palabra a tus tetas! Y, como alma solidaria que es, se ha "autodesabrochado". Y ahí vas tú, al más puro estilo "boys, boys, boys, nananananananaaaaa..." creyéndote toda inocente que os miran por ser el vivo reflejo del American way of life. Tócate los "güevs".
Momento ASENSUALIDAD en estado puro 5: o momento en que, ¡oh, bonita tarde en un tranquilo banco!, después de estar con tu teta izquierda modo "haciendo amigos" ON, porque Rubiazo hoy va de chupitos... Decides que ya está bien y que igual un lácteo de esos sin frío te soluciona la papeleta. Y entonces, ¡pop! ¡Ya no hay stop! Al levantar la tapita y deshacerse el vacío, la cara de tu hijo, la tuya y vuestros conjuntitos veraniegos ¡son un puñetero escáparate de yogur! Y la gente... La gente pasa y sonríe (y por dentro se parte el culito).
Momento ASENSUALIDAD en estado puro 6: o momento despelote de una mami doble, que consiste en que, mientras Rubiazo lucha por hacerte más grande el escote del vestido, a Pichu le da por jugar a levantártelo por detrás, así que en menos que canta un gallo te encuentras sacando tus ocho brazos y luchando por no quedarte en pelotas... Sí, habéis acertado, ¡en mercawoman!
Es por todo esto y muuucho más que puedo decir que, efectivamente, cuando entras de lleno en la maternidad, el concepto de SENSUALIDAD pega un giro de 180 grados y es sinónimo de cualquier cosa menos de placer para los sentidos. Es entonces cuando comprendes que la sensualidad en la maternidad pasa a ser ASENSUALIDAD. Pero oye, que si todos hiciéramos todo igual la vida sería un coñazo.
Así que, que cada uno lleve su vida como ASENSUALMENTE pueda y ¡alegría para el cuerpo de las mamis modernas que se despelotan involuntariamente o se untan de yogur en público y para la vista de aquell@s que lo presencian!
CON M DE MAMÁ y A de ASENSUALIDAD
(Imagen tomada de Google, fuente: mamateta.es)
24 de julio de 2013
10 motivos por los que vale la pena alargar la lactancia

- Primera y principal: porque es la cosa más cómoda del planeta. Te pille donde te pille: atasco, playa, calle, centro comercial, gasolinera... te sacas la teta y ¡ale! ¡A merendaaaaar! Lástima que sólo tome el pequeño.
- Porque además de práctico es económico. No sabéis, o igual ya sí, lo cara que está la leche de bote. Mi teta es gratis. Vamos, que el niño no paga, o sea, que no tiene ranurita de "insert coin" y es a demanda. No tiene que preocuparse de llevar dinero suelto.
- Porque te evitas un mogollón impresionante de trastos cada vez que sales de casa: termo con agua caliente, botecitos medidores de leche, biberón, calientabiberones con y sin enchufe para el coche, más botecitos por si te pilla fuera... Mira, yo de escribirlo ya me he agobiado. Recuerdo que con Pichu parecía que ir a pasar la mañana era irnos de finde.
- Porque aprendes a que todo te dé igual, fuera complejos y pudores absurdos. Tu teta: grande, mediana, pequeña, bien puesta o caidonga la ha visto medio planeta, y ¡te la trufa!
- Porque cuando tu hijo ya tiene X meses se tira al "sírvase usted mismo" y, estés donde estés, como lo lleves en brazos, ¡se conecta! Sí, sí. Te baja el vestido o la camiseta y el suje y ¡ale! ¡Amorrado!
- Porque, a colación de lo anterior, tu hijo se encarga de hacerte los escotes de los vestidos y camisetas mucho más amplios, ya sean cerrados o muy cerrados, y da igual si son nuevos o viejos... Tus vestidos no vuelven a tener su forma original ¡jamás! Y eso, ¡mola! (En realidad, no mola nada, pero o te lo tomas así, o te cabreas al ver que toda tu ropa tiene escote bañera de jacuzzi).
- Porque tu teta aprende a relacionarse con el ambiente de una manera extremadamente natural, ya que tu hijo también lo hace. Es decir, tu pequeño toma un sorbito, se gira, saluda y sonríe a todo el que pasa, hace carantoñas (literal), y vuelve a pegar un traguito. Y así, hasta que se ha saciado o hasta que ha terminado de relacionarse con todos lo viandantes. Te sientes un poco "cubata", sinceramente. Y es una manera de recordar viejos tiempos, dado que ahora ya no sales y trasnochas.
- Porque como ya no haces top-less en la playa a riesgo de encontrarte a todos tus alumnos y familias, tu hijo sabe que echas en falta el despelote en público y colabora como puede.
- Porque así le das sentido pleno a la palabra "mamífero". Si no... seríamos crustáceos, por ejemplo.
- Porque (sabía que iba a salirme el lado ñoño, ¡lo sabía!) sentir tan de cerca a tu pequeño, unido a ti de esa manera tan instintiva, notar su manita descansando en tu cuello, acariciándote el pelo o jugando con tu cara, mirándote fijamente, devolverle la sonrisa que te lanza de repente, poder acunarlo, poder acariciar su rubio-casi blanco pelo, saber que en tu regazo y en tu pecho se siente seguro, alimentado y atendido... es algo mágico y único. Porque sé que soy muy afortunada y su lactancia está siendo un regalo del cielo.
3 de julio de 2013
Miércoles mudo
5 de junio de 2013
La maternidad de la A a la Z: Con T de Teta
Y dicho esto, continuamos para bingo...




