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1 de marzo de 2014

REGRESO AL PASADO

Que venga el tío Bor a casa, darle un beso y un abrazo, y que ese beso con abrazo "huelan" a ti.
Ir a comprar cualquier cosa en el supermercado y encontrar de camino eso que a ti tanto te gustaba.
Que pase una ambulancia a toda velocidad y no poder evitar el recuerdo de haber volado, literalmente, detrás de ella con el coche porque tú ibas dentro, tantas y tantas veces.
Leer el desvío a La Fe y que la mente te juegue la mala pasada de hacerte pensar "¿cuándo teníamos la próxima cita con papá?".
Que una tarde cualquier me venga el pensamiento de "ahora llamaré a papá", a pesar de que hace más de cuatro meses que ya no puedo hacerlo.
Leer la palabra cáncer en cualquier sitio y sentir un escalofrío de impotencia y dolor, pero sonreír a pesar de todo, porque hemos podido vivirlo junto a ti y aprender de cómo luchaste.
Tropezarme con tu foto cada mañana, darte un beso rápido porque de otra manera me quedaría pegada a ella durante todo el día.
Sentir "algo" y saber que estás aquí en mi casa, cuidando de que todo esté en orden.
Abrir el armario de la entrada y ver el chaquetón que ahora lleva Roberto algunos días, y recordarte todo guapo con él.
Leer AQUÍ que un importante científico parece haber descubierto el origen de las metástasis, y que está trabajando para encontrar el tratamiento que evite que la molécula que se encarga de su dispersión, siga haciéndolo... Leerlo y llorar amargamente, pero con esperanza, esperanza para quienes nos hemos quedado aquí en lo terrenal; amargura porque si se hubiese descubierto hace un año, quizás, tal vez, tú estarías aquí leyéndolo conmigo, explicándome teorías, razonando y compartiendo lo que sabes. No habría motivos para que callaras tus miedos ni todo lo que tú sabías de esta cruel enfermedad.
Si tan sólo por un día pudiéramos REGRESAR AL PASADO, si pudieras volver a esta vida mundana, cogeríamos un avión contigo, nos iríamos a la otra parte del mundo, pegaríamos mil vueltas... Hasta dar con lo que necesitaras para estar sano, para ayudarte de verdad en tu lucha, para tenerte muchos años más y que vieras crecer a tus nietos, nacer a los nuevos que tuvieran que venir, madurar y triunfar a mis hermanos en su vida laboral y personal... Y para poder abrazarte, mirarte, besarte y, sobre todo, no tener que quererte "en la distancia".
Ojalá algún día, de verdad, y no muy lejano, encuentren la manera de detener las metástasis y regalen así esperanza de vida a todos los valientes que luchan contra el cáncer.
Ojalá pudiéramos REGRESAR AL PASADO CONTIGO.
Con M de Mamá y E de Esperanza

26 de diciembre de 2013

Una cucharada de dulce y una pizca de agrio, removemos bien hasta que se integren y... ¡maternidad lista!

Después de más de media hora ininterrumpida de berridos de Rubiazo, forcejeos varios para evitar que se tirara del cambiador y poder ponerle al menos el pañal... Tras un día de no haber parado ni un segundo con tareas de casa y algún extra, batallando también con Pichu y su mamitis agudísima-casi tanto como la del rubio... Todo aderezado con un catarrazo más que impresionante de esos que te hacen hasta ver doble... ¡Necesito vacaciones "maternales"!
Tal cual.
En un rato he de estar estupenda de la muerte porque tenemos cena con unos buenos amigos. Cosa que, hasta hace unas horas, hacía que en mi cerebro salieran continuos bocadillos en plan viñeta con mensajes estilo: ¡Al fin! ¡Cena sin niños! ¡Una cena en la que podré empezar con los entrantes, y seguir hasta los postres sin tener que levantarme precipitadamente, o sacarme la teta, o quitar mocos...!
Sin embargo, la maternidad es tan sabia y aboga tanto por nuestros pequeños que, en estos momentos, lo único que de verdad me apetece es plantarme mi "ropa de estar por casa" (es decir, pijamas desconjuntados y mal combinados entre sí) y tirarme en el sofá. Supongo que es producto del catarro+cansancio+paciencia bajo cero, pero las cosas como son: la maternidad es la culpable.
Lo curioso e inexplicable de esto es que, a pesar de todo, aún hay veces en que pienso que "total, un tercero...". Así que definitivamente la maternidad es responsable directa de esta especie de ceguera cerebral, que no te hace ver más allá de tus retoños, sus necesidades y sus cuidados y mimos, y que, a pesar de anular a veces (muchas) tu yo "persona", te engancha irremediablemente.
Precisamente, hace poco descubrí un vídeo publicitario de un conocido refresco que "clava" la esencia de la ma/paternidad con una mezcla perfecta de humor, delicadeza y emotividad. (Podéis verlo AQUÍ, vale la pena).
Y que conste que, si estoy escribiendo esto, es justo porque tengo ya más de media hora a Rubiazo enganchado al pecho. También he de decir que, si no fuera así, esta entrada ya estaría acabada, porque como está inquieto no para de pegarme manotazos al teléfono con su mantita, de modo que tengo que ir borrando cada ¿tres palabras? Habrá quien piense: "te mereces eso y más, porque estás con el niño, así que el teléfono te va sobrando". Pues ¿saben qué? Que me da igual y que va a ser que no. Porque si no fuera por estos ratos de catarsis, que diría mi amiga argentina Pao, me pasaría los pocos ratos al día en que no ejerzo de madre cazando gamusinos.
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11:15 de la mañana del día DC (después de la cena). Sí. Hubo parón obligatorio. Resumen: Rubiazo cayó frito, Pichu empezó un ritual lastimero de "mamá no te vayaaaaaaas..." que le duró hasta que salimos por la puerta (20 minutos después de lo previsto) y que subió de volumen cuando Rubiazo decidió despertarse y ponerse a berrear de nuevo. "Es muy bien", que diría mi hermano, el bendito canguro que se quedó ayer con el "fiestón" que le tenían preparado mis hijos, y que con esa gracia y saber estar que le caracterizan consiguió dominar la situación en menos que canta un gallo. (Gracias tío B, vales tu peso en oro... ¡Y más!).
La historia es que, como era previsible, pude vestirme y pintarme en 10 minutos. Así que nada que ver con eso de ponte una ampolla de belleza inmediata y notarás la piel tersa, como si acabaras de levantarte (que en realidad, en mi caso, no sé qué es peor si de buena mañana o a esas horas). Salí de casa de muy mala leche, dopada hasta las trancas porque toda yo era un estornudo con mocos y décimas. Pero salir, salía por ovarios. O eso o me ponía a berrear.
Pero esto es la maternidad. Con sus cosas buenas, sus momentos ideales y sus ratos de tortura china (o tortuga, que diría Pichu).
La maternidad anula tu vida ADM (antes de ser madre) y hace que tengas la sensación de que siempre lo has sido. Te ayuda a madurar (a leches, bien de teta, bien de bibe), te aporta un saber estar que no conocías y un "no" saber estar que tampoco. Te gradúa en Paciencia Infinita y otras artes ocultas. Te enseña qué es el AMOR SIN LÍMITES. Y es por eso que gran parte de los padres primerizos... ¡Repiten experiencia! Porque ese amor lo compensa todo, lo suple todo y lo llena todo.
Cosa que no quita para que hagamos uso de nuestro derecho al pataleo y despotriquemos de vez en cuando. Es sano, lo juro por Mafalda.
La maternidad es una de cal y una de arena. La broma es que a veces las de cal van así bien seguiditas, y entonces lo que te apetece es meterte la arena en la boca y masticarla, para luego escupírsela al primero que te suelte una impertinencia. Y no señores, no se trata de que los padres de ahora no aguantemos nada, al menos no es nuestro caso. Yo trabajo fuera de casa, dentro de ella, ejerzo de madre sin descanso hasta que se acuestan y durante la noche. Mi tiempo es por y para ellos. Mis ojos, mis brazos y mis palabras también. Y, casi siempre, hago todo eso con una sonrisa porque sé que por todas y cada una de esas cosas soy una auténtica privilegiada.
Sin embargo, no soy perfecta. Así que, evidentemente, tengo ratos de (y perdón por la expresión nada fina) cagarme en todos y más, mandarlo todo a paseo (pero sólo verbalmente, amenazar con cogerme más ratos libres (¿cómo estaba eso de decir y no cumplir?) y una larga lista de medidas y/o reacciones totalmente antipedagógicas, pero, eso sí, muy humanas.
Y como la maternidad no se cansa de hacerte sentir responsable de todos, de todo y por todo y todos... Pues luego te vienen esos pensamientos traidores y machacones que te hacen sentir fatal, bien por ese momento falto de paciencia o bien por esa media hora de escape para "deleitarte" comprando en mercawoman.
Y por lo que llevo vivido de esta maravillosa etapa de mi vida, yo diría que esto va para largo y no tiene mucha pinta de cambiar. Quizás en unos años pueda escribir una entrada en la que vuelva a hacer la misma reflexión, sólo que cambiando "berridos" o "mamitis" por "rebeldía adolescente" y "desapego".
Pero bueno, eso ya es otra historia, no muy lejana. Mientras, seguiré disfrutando de lo agridulce de la maternidad. Por suerte, me encanta el contraste de sabores y gustos, así que, sin duda, ¡soy una auténtica afortunada!
Ale, de momento voy a prepararme un buen cóctel de antihístaminicos y paracetamol, a ver si con suerte no paso la tarde en este estado de "resaca constante".

CON M DE MAMÁ

9 de septiembre de 2013

HABLANDO EN PLATA


Hablar de MUERTE no es fácil. 
Hablar de MUERTE cuando parte de esa posible y cercana marcha te afecta a ti en primera línea, no es nada fácil de hecho. 
Hablar conmigo misma de MUERTE, DESPEDIDA y SEPARACIÓN, hacer resonar esas palabras alto y claro en mi cabeza, en mi alma, en mi ser y reflexionar sobre ellas... es duro, difícil y sobrecogedor, pero a la vez, me está enseñando a apaciguar mis miedos. 
Hablar de MUERTE con una hija que aún no ha cumplido los cuatro años (Autopista hacia el cielo) puede ser, de primeras, impactante, y sin embargo, a mí me resultó mucho más fácil de lo que me resulta hablarlo conmigo misma. ¡Cuantísimo hemos de aprender de nuestros hijos!
Hablar de MUERTE cuando aún hay vida que quemar por delante duele, paraliza, bloquea, vacía, asfixia, agota y frustra. Sin embargo, y por mucho que cueste, hay ocasiones que necesitan que así sea. Y cuando esto llega, lo mejor es ponerse el traje de luces y salir a torear al bravo de la manada, con el ALMA AL AIRE, cuerpo a cuerpo y sin barreras. 
Hablar de MUERTE te golpea en lo más hondo, pero te ayuda a superar fobias, a crecer en practicidad, a creer en el AMOR PURO E INCONDICIONAL, a madurar tus historias, tus lazos y tus convicciones, a pensar en el "SIEMPRE" como un "AQUÍ Y AHORA", a confiar en el "YO POR TI", a sonreír a pesar de todo, a caminar con paso firme, a mirar al frente con respeto, a sentir MIEDO y a superarlo poco a poco, MUY POCO A POCO.

HABLAR DE MUERTE hoy no era lo que se dice un plan de primera. Y, sin embargo, pedía a gritos "atención" y urgía invitarlo a comer y merendar.

HABLAR DE MUERTE hoy me ha recordado que VIVIR PUEDE SER UNA GRAN AVENTURA. 



CON M DE MAMÁ y S de SIEMPRE JUNTOS, AQUÍ Y AHORA.