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4 de octubre de 2015

MUJERES VALIENTES

Yo conozco unas mujeres que no presumen de nada aunque podrían hacerlo. Conozco unas mujeres que llevan escrita la palabra "valiente" en cada poro de su piel. Son unas mujeres que no temen dar el paso. Mujeres que luchan cada día por ser mejores y dar de sí el máximo posible.
Yo conozco unas mujeres a las que admiro por diferentes razones, pero sobre todo porque son humildes. Conozco unas mujeres que jamás pierden la sonrisa cuando las adversidades se vuelven más crueles que de normal. Son unas mujeres que defienden su condición de madres y no madres o futuras madres junto con su labor profesional sin dejar de lado nada. Mujeres que ponen el alma en todo lo que hacen, aunque algo duela mucho.
Yo conozco unas mujeres que se levantan cada día con tanta fuerza que ni las malas noches ni los malos sueños pueden con ellas. Conozco unas mujeres que a pesar de las heridas y de que la negatividad les ronde no se dejan sucumbir a sus encantos y le dan la espalda al abandono. Son unas mujeres que brillan sin saberlo y que dejan huella en quienes conviven con ellas aunque sea un poquito. Mujeres que me aportan más esencia de mujer que cualquier perfume comercial o frase barata de cuento.
Yo conozco unas mujeres que caminan bien erguidas a pesar de sus pesadas mochilas. Conozco unas mujeres que mueven montañas sólo con pestañear o ladear la cabeza. Son unas mujeres poderosas, libres, verdaderas, capaces de todo y sin miedo a nada. Mujeres a las que admiro y que la vida ha puesto en mi camino para suerte mía.
Yo conozco a Marta, a Leticia, a Elena, a Sandra, a Moni, a Maica, a Cris, a Susana, a Paca, a Pura, a Amparo, a Selina, a Estela, a Carol, a María, a Carmen, a Ester, a Vero, a Paula, a Majo, a Cynthia, a Estefanía, y a Ana P.
Conozco a estas mujeres porque el destino, la fortuna o las circunstancias quisieron que un día nuestras vidas se cruzaran. Algunas llevan conmigo toda la vida, otras han ido llegando con el paso del tiempo, otras han aparecido hace poco, puerta con puerta o fruto de los reencuentros que tenían que venir. Todas y cada una de ellas son especiales. Todas y cada una de ellas aportan o han aportado a mi vida mucho más de lo que se imaginan. Aunque pase el tiempo, aunque vayan y vengan, a pesar de la ausencia y de no tantos momentos juntas... SON LAS MUJERES MÁS VALIENTES QUE CONOZCO. Porque todas han encontrado, y encuentran, grandes piedras en su camino, pero en vez de tropezar, las usan para sentarse y hacer un alto en su sendero o se paran a pintarlas con los colores del arco iris.

Yo conozco unas mujeres que lloran con lágrimas o sin ellas porque saben que LLORAR ES DE VALIENTES. Conozco unas mujeres que se estremecen ante la injusticia y que se enfadan cuando la vida se pone en plan borde, pero que a pesar de todo tiran para delante con la fuerza de un ciclón.

Yo conozco esas mujeres. Y soy muy, muy, muy afortunada.  Porque esas mujeres valientes SON MIS AMIGAS.

26 de agosto de 2015

Tú, yo y las adversidades

Lo nuestro empezó como cualquier otra historia: pura tontería. Aunque el azar me anunciaba poco antes que estábamos destinados a encontrarnos, jamás lo hubiera dicho.
Te vi por primera vez en la foto del curriculum que tenía que llevar donde trabajaba. La foto no te hacía justicia. Claro que las fotos pocas veces hablan del interior de su dueño.
Empezamos a trabajar juntos, aunque no donde tenía que entregar tu cv. Hablábamos lo normal entre compañeros, sobre el curro, sobre viajes, sobre nuestro presente, sobre música... Sobre todo de música. Y ya.
Un buen día quedamos. En realidad, una buena noche, porque sí, por curiosidad, por nada más allá que salir un rato con alguien con quien congeniábamos.
Cardenal Benlloch 82. Tú salías de una relación. Yo no quería entrar en ninguna.
Unos cuatro meses después te mudaste a mi piso independentista cuchitril. Dos años y cuatro meses más tarde nos casábamos. Justo cinco años después, mismo día, nacía nuestra Pichu. Y tres más bastaron para completar el cupo con Rubiazo.
Estábamos bien como estábamos entonces, pero sin querer empezamos a estar mucho mejor juntos. Y lo demás es nuestra historia.
No saliste huyendo ante todas mis rarezas familiares y mis sobremesas de telenovela en auge. Te quedaste como si tal cosa.
No ha habido año desde aquel 17 de diciembre en que las adversidades no hayan intentado reventarnos la moral y las fuerzas.
Lo que las adversidades no saben es que en el momento en que la vida nos cruzó se formó un equipo. No saben que entrenamos duro, a pesar del frío, la lluvia, el poniente o las pocas ganas. No saben que nos motivan los retos. No saben que basta un abrazo o una sonrisa o un intercambio de miradas para que el otro sepa que siempre seremos equipo y venceremos.
La verdad es que me considero lo suficientemente educada como para no mandar a la mierda a las adversidades, aunque no puedo evitar hacerles un corte de mangas cuando parece que no miran.

Te quiero. Con todo y con nada.
A pesar de las adversidades y gracias a ellas.

CON M DE MAMÁ y T de Tú, yo y las adversidades