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30 de julio de 2016

¡SUBID, PENDONES!

El martes por la tarde fui al cine a ver la película Malas Madres, cuya protagonista es Mila Kunis, gracias a que la bonita de Laura, la creadora del Club de Las Malas Madres, quiso contar conmigo en el preestreno. 
Su invitación me hizo mucha ilusión, me apetecía mucho un rato largo de desconexión con amigas y algún motivo diferente para troncharme de risa. ¡Y vaya si me reí! Y me emocioné... (una que es llorona de manual). 
La película os la recomiendo de todas todas, ya que tiene ese punto loco de situaciones absurdas y tronchantes que te hacen llorar de risa y pensar que "no pueden superarse", y sin embargo lo hacen, y también tiene esa parcela de mensajito que toca la fibra y pone rápido en funcionamiento el lacrimal. Yo pienso volver a verla y llevarme a unas cuantas amigas madres. 
Bueno, pues yo no venía aquí a hablar de la película... No, en realidad venía a hablar del concepto actual de la palabra pendón. No, tampoco. Pero de una mezcla de ambos temas quizás sí.
Justo un rato antes de salir hacia el cine, cuando empezaba a arreglarme, me asomé a la ventana para hablar con mi amiga E (así, en plan marujas de pueblo, sí), que se iba al parque un rato con su hija, el hijo de una amiga y con mi marido y mis hijos. E no se acordaba de que yo no iba con ellos porque tenía plan, y al recordárselo me dijo entre risas: "¡Eres un pendón, siempre tienes planes!". (¿Pero "desorejado"?, que si no no quiero). Me dio risa porque pensé que del pendón que puedo haber sido a los restos que quedan, ¡hay un mundo!

Me hizo mucha gracia cuando en un momento determinado de la peli, una de las protagonistas le dice al resto: "¡Subid, pendones!" e, inevitablemente, me vino a la cabeza el hecho de que, unas horas antes, E me llamara pendón por tener planes. Como las madres protagonistas de la peli. 

La verdad, si nos paramos a pensar un poquito y queremos sacar punta al asunto... ¿no os parece triste que a las mujeres se nos considere pendones por mil razones diferentes? Cuando somos solteras y sin compromiso, somos pendones si en vez de tener novio formal tenemos historias varias y divertidas, a la vez o por separado, lo que viene siendo ir de flor en flor. Cuando estamos casadas somos pendones si salimos sin nuestros mariditos y tenemos planes más allá de nuestra vida marital. Y cuando somos madres... ¡ay cuando somos madres! Cuando tenemos retoños a los que cuidar, somos pendones, pero desorejados y de libro, como se nos ocurra tan siquiera pensar en salir de casa sin ellos, a no ser que sea para ir a comprar, que no de compras. 

Vivimos en el absurdo, real, de creer de manera generalizada que la madre que tiene vida más allá de sus hijos (y pareja) es una irresponsable, o no los quiere suficiente, o no es feliz en su maternidad, o se queja de vicio, o es una insatisfecha, o una egoísta, o una feminazi loca que reclama su parcela en el mundo. O, si no pensamos todas estas lindezas, al menos nos creemos con el derecho absoluto a juzgar lo que vemos en las otras de una manera tan natural que acaba pareciendo hasta normal. La cuestión es, válgame la redundancia, CUESTIONAR NUESTRA MANERA DE SER MADRES. La nuestra y la de todo quisqui. Nadie, antes de juzgar a esa señora que arrastra a su hijo en pleno berrinche y que lo hace con cara de pocos amigos y no con "pedagogía blanca" tatuado en la frente, se ha parado a pensar que esa mujer lleva por el mundo más de doce horas sin haber parado más que diez minutos a comer, y que quizás lo ha hecho de pie y de mala manera, y que mucho antes ha despertado a sus hijos, les ha ayudado a vestirse, ha preparado almuerzos, los ha llevado al cole y ese largo etcétera de todos y cada uno de los días de su vida como madre. Y que, en ese momento, el berrinche de su hijo porque quiere unas galletas que no le ha comprado es... la gota que colma el vaso, porque además su día aún no ha terminado.

Ser madre es súper bonito, y súper duro, y difícil, y satisfactorio, y cansado, y lo mejor de la vida, y lo peor en una tarde en la que no puedes con tu vida. Nuestros hijos son el mayor regalo que jamás hayamos deseado, pero un regalo que necesita toda la atención y todos los cuidados del mundo mundial, a toda hora, sin descanso, 365 días. Y les damos todo nuestro amor y nuestros cuidados porque los adoramos, porque son nuestra debilidad, ésa que no pidió venir a este mundo y que está aquí por capricho nuestro. Y lo hacemos felices, pero agota.

Y en ese estado de felicidad agotada, un buen día decidimos recuperar algo del tiempo que teníamos cuando ellos no estaban en nuestra vida y no ocupaban todo nuestro espacio, no porque los queramos menos, sino precisamente, porque para querer a los demás bien hemos de querernos bien a nosotras mismas, y eso pasa por dedicarnos tiempo. 

Yo he pasado casi siete años (los que va a hacer mi hija), dedicada casi en exclusiva a ellos, a mis hijos (sin contar pareja y trabajo fuera y dentro de casa), porque cuando podía dedicarme a mí o a mis aficiones estaba tan cansada que ni lo intentaba (porque las noches, cuando hay lactancia prolongada son duras, bonitas, pero muy duras, y el día siguiente más...). Pero de pronto un día me doy cuenta de que mis hijos no son tan dependientes, de que yo tengo ganas (y necesidad) de volver a reencontrarme con mi "yo mujer", y me lanzo a recuperar esa parcela (para alegría de mi amor, que siempre ha insistido para que buscara tiempo para mí sola). Y entonces pasa. Pasa que a los mismos que les extrañaba que no me fuera de cena, que quedara por la tarde y no alargara en plan improvisado y ese largo etcétera de planazos, ahora les extraña que sí lo haga. ¿Entonces en qué quedamos? ¿Salgo o me quedo? 

La cuestión es opinar. 

La cuestión es que si te conviertes en madre parece que sufres una mutación irreversible a lo "V" que te impide ser mujer más allá de tu labor de madre, pero que si así es tampoco eres del todo normal. Pues bonicos, aquí no hay quien se aclare. Si tener marcha, salir a hacer deporte (o el mono), alargar hasta empalmar con la cena y sin haberlo planeado, quedar con amigas, o con amigos, es ser un pendón... que conste en acta desde ya QUE YO SOY UN PENDÓN DESOREJADO. Y me encanta. 

Porque desde que busco mi tiempo, y lo respeto sin excusas que me hacen anular planes, me siento más activa (aún), más relajada, más completa, MÁS YO. Y eso influye, y mucho, en la manera de relacionarme con los míos, porque libero todo el estrés acumulado y gano en todo, y mis ratos (que son muchísimos) con ellos son mil veces mejores de lo que ya lo eran, porque los disfruto más y con más ganas.

En la maternidad, como en la vida, hay infinitas maneras de hacer las cosas, tantas como personas. La mía no es ni mejor ni peor, sólo es mía. Así que no puedo juzgar las del resto porque no soy el resto. 

A mí mi manera de vivir la maternidad me gusta, con mis mil errores, mis dudas, mis aciertos y mis días rosas y negros. Y si eso quiere decir que soy una madre pendón... ¡SUBID, PENDONES, QUE HOY CONDUZCO YO!

(Foto de María José de La Alcoba de Blanca.
De izquierda a derecha: Lorena de Mi Chupete Favorito, María José de La Alcoba de Blanca, el pendón desorejado, o sea yo, y mi amiga Carmen. Unos pendones, vaya.)

10 de julio de 2016

El desorden ordenado

Cuando no era madre, mi casa, sus estancias y mis espacios vivían en orden y armonía. Siempre. Soy cuadriculada para algunas cosas (bastantes, vale), y no sé si el famoso equilibrio de los libra también tendrá algo que ver. Soy muy exigente en algunos aspectos, como la puntualidad, mientras que en otros soy más relajada. Y dentro de la maternidad, este equilibrio que compensa exigencias y tranquilidad ha ido cambiando a la fuerza, y bastante.
Siendo madre he aprendido el significado absoluto de la palabra PRIORIDAD. Para empezar, porque desde el momento en que mi primer guisante se asentó en mi tripa, mi modo de vida ya giraba por y para ella. Y así ha seguido, con el segundo de por medio, hasta el día de hoy.
Cuando todo tu tiempo es para ti, para tu profesión, para tus ratos de pareja, para tu casa y tus amigos y familia, considerando todos estos elementos como parte de tu "yo" soltero y sin compromiso, tus prioridades son muy diversas. Cuando todo tu tiempo o el 99% de él es para tu papel de madre, la cosa cambia. Y te das cuenta, un buen día, y después de varios o muchos intentos frustrados de tener la casa impoluta y perfecta, de que intentar abarcar todo a costa de los pocos ratos de descanso que te quedan, o de la pérdida constante de humor y alegría, es tan poco inteligente como la vida que hayan podido encontrar en algún remoto planeta.
Así que, de pronto, asumes de buena gana que los juguetes esparcidos por todo el salón son de lo más estético, que las camas sin hacer no te convierten en la peor persona del planeta y que la ropa que está por doblar y guardar no va a escaparse por pasar un par de días sobre la cama de sobra.
Además, aprendes que lo que está ocurriendo en tu casa es simplemente sinónimo de VIDA, así, en mayúsculas. A que mientras tus hijos estén sanos, crezcan felices y no te falte qué ofrecerles en cada comida ni un lugar para que duerman seguros, el hecho de que sólo sepan jugar sacando absolutamente tooooodo de su sitio, es ALEGRÍA y SALUD.
Que sí, que hay días en que se me cruza al cable, como a media humanidad, y me levanto torcida, o me voy torciendo, y el desorden me molesta visualmente tanto que acaba molestándome anímicamente, al fin y al cabo soy humana y algo de mi yo "premadre" me queda en el cuerpo. Pero son los menos.
A mí me gusta mi casa a colores, con vida, con juguetes en mi cajón de ropa interior (que no sabes ni cómo ni cuándo llegaron ahí), con música sonando, con niños bailando al son de la música mientras se quitan la ropa del día porque van a meterse en la bañera. Me gusta mi casa algo loca, desordenada y, a veces, sacándome de quicio.
Me gusta el DESORDEN ORDENADO que rodea a una familia con niños sanos y felices. Los míos. Me encanta haber aprendido a relativizar ciertas cosas, a dar importancia a las que realmente lo tienen, a aprender de prioridades, a disfrutar del momento. Me gusta enfadarme a veces con el desorden y el jaleo cuando estoy agotada, y a continuación, desenfadarme y aterrizar de nuevo en la suerte de vida y familia que tengo.
Todos tendríamos que aprender del DESORDEN ORDENADO EN EL QUE VIVE LA MENTE DE UN NIÑO, aprender a relativizar el día a día y sus historias con la naturalidad que ellos lo hacen, y así dar verdadera importancia a aquello que realmente la merece por vital.
¿Para qué una casa museo, ordenada y perfecta, si eso supone mal humor, cansancio innecesario, borrar sonrisas y coartar carcajadas y naturalidad inocente?

Yo me quedo con la mía.
Feliz tarde de desorden y domingo.

14 de febrero de 2016

Maternidad a presión, como las ollas.

A veces sólo necesito escribir. No hay temas concretos, nada ocurrente; simplemente mi mente está en estado de ebullición y necesita soltar vapor a discreción para recuperar la cordura.
Es en esos días en los que más necesito encontrarme conmigo misma, cuando más imposible es porque el sueño me llega mucho antes de lo previsto, o porque después de todo el día usando el coco a velocidad ultrasónica, me pongo delante de la pantalla y me quedo como ella: en blanco.
La maternidad nos deja pocos rinconcitos nuestros, propios y de nadie más. Solemos compartir el día y cada uno de sus segundos con nuestros hijos y con nuestros compañeros de trabajo, y con nuestros otros "niños" (alumnos) y/o con nuestros quehaceres caseros; a veces, con suerte, también algún rato con nuestras parejas o alguna amiga. Pero la rutina semanal deja poco espacio para sorpresas, y normalmente el lunes va demasiado seguido del martes, y el martes del miércoles, y así hasta el domingo y vuelta a empezar. 
Hay semanas en las que se juntan las enfermedades infantiles en pleno auge, con los enganchones de espalda, la faena atrasada del trabajo y la faena de casa, y simplemente, no ves la luz al final del túnel ni enfocando con una linterna.
Hay semanas en las que, a pesar de todo, no sabes cómo pero sacas tiempo y espacio de donde no los hay, y te sientes la más dinámica del mundo mundial, y todo es felicidad y buen rollito, y pareces una flor hippy en pleno festival de Woodstock. Esos días son simplemente geniales. Luego vienen los días en los que piensas que si vuelves a oír un "mamiiiii" más en tono lastimero vas a tener que hablar seriamente con Houdini para que te haga desaparecer, o con Harry Potter para que te venda su invisibility cloak.
Nobody said it was easy que diría mi querido Chris Martin. Ya hijo, ya. Pero derecho al pataleo tenemos todos, y hoy me pillas cansada hasta la médula y con una necesidad de vacaciones maternolaborales que ni te imaginas. 
Además, por aquí llevamos ya dos horas de rodaje y de momento ya ha habido 20 discusiones fraternales (y seguimos sumando), 10 situaciones de cabezonería pura y dura repartidas entre ambos a partes iguales, varios (muchos) intentos frustrados de conversación entre Papi y yo, niveles de decibelios que superan los de cualquier zona ZAS cada vez que hablan o cantan (que nos hemos levantado hoy en modo Pavarotti y Callas), y suma y sigue. Nada que no pueda arreglar un paracetamol. ¡Mieeerda! ¡No queda! No problem. Voy a amorrarme a la botella de apiretal a la de ya. Y a continuación me voy a por los cantos rodados que tengo en las macetas para metérselos en los bolsillos, porque aunque hace un viento que ni el tornado del Mago de Oz, o salimos a tomar el fresco (figurado, porque por aquí seguimos en primavera) o a la hora de comer estoy pillando tren a donde sea. ¿Algún alma caritativa que me acoja en su reino?
¡Aleeeee! ¡Feliz domingo! ¡Y feliz San Valentín a quienes lo celebréis! 
Nosotros no somos de 14 de febrero, ni de regalitos ni declaraciones de amor justo hoy por ser el día que es, pero que sea domingo ya es una suerte. Y poder pasarlo con mis tres tesoros lo es mucho más. (Con paracetamol y piedras, eso sí).

CON M DE MAMÁ y O de Olla a presión

14 de mayo de 2014

Si no puedes con tu enemigo... ¡únete a él!

Soy optimista, soy paciente, soy una madremachine ("... si no son micromachine, ¡no son los auténticos!", ¿Os acordáis? Si la respuesta es no, nada mejor que un largo silencio administrativo, ¿ok?).
Soy optimista, soy paciente, soy una madremachine.
Soy optimista, soy paciente, soy una madremachine.
Soy optimista, soy paciente, soy una madremachine...
¡Los cojones! ¡Y una mieeeeeeerda! ¡Vaya trola! (Ésta sí, ¿no?)
Llevo parte de la tarde cantándome interiormente este magnífico mantra que me he inventado y autorregalado, pero, o no lo entono bien, o es que son tres mentiras como tres pares de narices. ¡¿Pero qué clase de polen están escupiendo plantas y flores esta primavera que mueve tanto a los niños?! Y encima lleva un componente para padres también que lo que provoca es justo lo contrario: nos roba la energía (¡claro! ¡y se la da a ellos!). Y hablo por toooodos los niños con los que me codeo, que son muchos, y por los míos propios. Vamos, que en un estudio de campo esto vendría a ser un: "99 de los 100 niños observados blablablabla...".
Para no hacerlo largo iré al grano, porque hoy no me van ni el cerebro ni los dedos, y encima me he puesto una lista de Spotify que se llama MOMENTO GINTONIC, gracias a la cual tengo unas ganas de liarme a leches con el primero que pase que no me aclaro, ¡¡vaya tela con la alineación de planetas, Murphy y el karma de las mariposas!!
Paso a relataros mi tarde de hoy, obviando la maravilla de día laboral que he tenido, y el previo y completo que tuve ayer lunes:

1er momento glorioso de la tarde: Rubiazo empieza a llorar porque quiere bracito, pero como a su madre no le apetece que la multen, lo ignora mientras conduce (velocidad crucero) hacia casa, soñando con verlos a los dos metiditos en la bañera jugando tranquilos mientras ella tuitea/feisbuquea y todo lo que acabe en "ea".

2º momento glorioso de la tarde: Rubiazo descubre que enfocar la ducha hacia la cara de su hermana es divertido. Pichu se parte en banda ante la genial ocurrencia e intenta robarle el teléfono (de la ducha) para devolvérsela. Entre risas y forcejeos, mamá recibe un chorro directo a los ojos, que le impide ver durante unos segundos... Los justos para que la líen parda: suelo encharcado, agua por todas partes y mamá como recién salida de la lavadora.

3er momento glorioso de la tarde: o EL MOMENTO, el mismo en el que Rubiazo dice "caca" y mami, resignada, le dice: "en la bañera no se hace pipi, cochinote", confiada porque es lo que siempre dice cuando se le escapa el pis dentro de la bañera. Hasta aquí, sin novedades. Pero al ratito, ¡ay, inocente!, mamá detecta algo con forma de haba (ale, ya no coméis en un tiempo), y que no es un juguete, paseándose por la bañera... ¡NO PUEDE SEEEEER! ¡DIME QUE NO ES VERDAD! Sí, lo es: HABEMUS CAGARRUTA DE CABRA IN THE BATH! Si hemos de ser positivos... Una suerte no haberles puesto la bañera hasta los topes de espuma y haberla localizado ipso facto. Para rematar, mientras Pichu salía y yo le echaba un cable, Rubiazo se pone de pie y deja al descubierto otro "huevo" que había estado incubando. Es muy bien todo esto, sí.

4º momento glorioso de la tarde/noche: la cena, durante la cual Rubiazo derrama toda el agua y mientras yo saco el gadgeto-brazo para coger papel,a él ya le ha dado tiempo a chapotear con sus manitas y ayudar a que el agua encuentre su camino a todas partes, incluído él: ale, a por la segunda muda de la tarde.

5º momento glorioso de la tarde/noche: sin duda el momento rey. Cuando mi Rubio empieza a comerse las fresas súper bonico y civilizado, y de repente se le cruza un cable, coge una fresa y la lanza con todas sus fuerzas intentando meterla en el vaso, mientras grita "¡¡cacaaaaa!" (canasta, en su lengua de trapo)... y por puro reflejo, y llegados ya a un punto de enajenación mental considerable, va y a mí me da por gritar: "¡¡CANASTAAAAA!", para regocijo de Rubiazo que me mira pletórico y lanza otra fresa berreando "¡¡cacaaaaa!!". Y no, no fue un premeditado "si no puedes con tu enemigo, únete a él".

(To be continued... que me caigo de sueño)
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Llegados a este punto decidí que lo mejor era bajarlo de su silla, cerrar la puerta del comedor, y dejarlos jugar ilimitadamente hasta que cayeran rendidos por pura necesidad, mientras yo los miraba en la distancia, desde el sofá sin dejar de sonreír (sigo con agujetas en la boca, imaginad lo que duró la escena). Eso sí, funcionó, ¡pude con ellos siguiendo su misma estrategia: "esto es Jauja, todo vale"!

Ahora, por favor, absteneos de preguntar qué tal ha ido la noche...
http://estaticos03.elmundo.es/blogs/elmundo/happyfm/imagenes_posts/2013/08/01/63663_540x340.jpg
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CON M DE MAMÁ

22 de abril de 2014

Sin frenos

O eso parece, por como vienen siendo estos últimos días.

El cuerpo es sabio, ya lo dijo... Mmm, no sé quien lo dijo porque decirlo lo dice todo el mundo, pero parece que así es. Y por ello te va dando señales (o gritos) para que vayas frenando el ritmo. Pero como los humanos nos solemos creer todopoderosos, seguimos forzando la máquina hasta que...

Un buen día caes, en picado, sin frenos, a mucha velocidad.... Y el golpe es grande y duele. ¡Te duele! ¡A ti! La que puede con todo, la que tira de su carro y del de quien lo necesite, la que sonríe a pesar de todo, la que saca 28 horas al día... 
He caído físicamente. Mi cuerpo ha reventado y yo, que jamás me contagio de nada, he mandado a paseo esa inmunidad que adquieres con los años de experiencia de maestra, y he pasado unos días en los que no he levantado cabeza, y que aún colean.
Tener la sensación de vivir las cosas a cámara lenta cuando tienes por norma ir al ritmo de la legión, se lleva mal, muy mal. Sobre todo si tu nuevo ritmo te impide ocuparte como es debido (o como tú crees que lo es) de tus hijos, que tampoco están en su mejor momento. En estos días hubo un momento en que, estando mi marido y yo malos-malísimos, Pichu volvió a recaer con vomitona a lo grande y, lo juro, tuve la sensación de que salía de mi cuerpo y observaba la escena desde fuera, todo caos, a cámara lenta. Sí, probablemente ayudó la fiebre, que también tuve. El caso es que llegué a sentirme desesperada. 
Me considero una persona vital, con mucho humor y kilos de ironía para ayudar a relativizar las dificultades que, como cualquier hijo de vecino, he vivido; soy una persona positiva (empiezo a pensar que "lo era") y que siempre tiene una sonrisa en la boca. 
Sin embargo, mi vitalidad se ha ido de vacaciones (de Pascua, las mismas que me ha jorobado al largarse) y mi alegría y positividad peligran seriamente. De hecho, al venirme hacia la habitación con Rubiazo y sus 39 grados (seguimos para bingo por aquí), me ha parecido verlas con una maleta abierta y cuchicheando. No sé si llevaban billetes de tren o de avión, pero parecían contentas, valga la redundancia.
El cuerpo es sabio y está íntimamente ligado al alma. Yo tengo el alma partida desde hace 6 meses y 3 días. Echo de menos a mi padre todos los días, muchas veces y mucho rato. Y no hay consuelo para ese dolor. Esa rotura me ha ido desgarrando poquito a poco cada día, disimuladamente casi siempre, con más estrépito alguna que otra vez. Pero ser madre te obliga a subir la cabeza, alzar la mirada y tirar "palante" para estar a la altura de tus hijos, que se lo merecen todo. Además, eres esposa, y aunque tu marido sea un sol y exija poco o nada, la relación de la pareja está ahí. Y eso lo haces un día tras otro, junto con tus obligaciones laborales y los extras que te salen o que inicias porque, sí, también amas tu trabajo. A eso le sumas la negatividad del entorno, que la hay señores, las malas vibraciones y el karma "espeso" de algunos individuos con los que te cruzas en tu día a día; añades la casa, o mejor, tu manía de querer tenerlo todo controlado y ejercer de agenda electrónica familiar, tu facilidad para romper tus pocos planes personales a la primera que tus hijos mueven una pestaña y... Voilà! ¡CÓCTEL MOLOTOV listo para servir!
El bajón físico que he dado en estos 6 días en los que mi cuerpo ha explotado, mientras el resto de la familia también caía, ha sido muy grande. Y me consta que este episodio no sólo me ha tocado a mí, lo vivimos muchas madres (y padres) a diario. 
Llevamos un ritmo de vida frenético, acelerado. Todo son prisas, segundos que restan, planes que se montan sobre planes: familia combinada con trabajo, casa, agenda social... Vivimos en una vorágine que empieza a darme miedo. 
Como inevitable consecuencia, llevo un par de días planteándome si todo esto vale de verdad la pena o no sería mejor que nos buscáramos un pueblito perdido y nos fuéramos allí a DISFRUTARNOS, pero de verdad. A vivir sin prisas, sin atascos, sin "corre Pichu, que no llegamos", sin la fugacidad obligada de los pequeños detalles, sin la prisa por quemar un día tras otro porque sí, sin desear que llegue la noche "porque no puedo más"... Así NO ES VIDA. Así no, señores míos. Porque la vida no mata de esta manera.
Así que, aludiendo a mi modo positivo de entender las circunstancias que a cada uno le toca vivir, diré que ME HA VENIDO DE MARAVILLA CAER TAN HONDO para quitarme la venda. La misma que me estaba dejando actuar por pura mecánica, por inercia y sin control alguno de mis momentos (y eso que soy de las de disfrutar intensamente de las pequeñeces del día a día).
Así que... ¡HASTA AQUÍ! 
Y releeré estas palabras tantas veces como necesite para autoconvencerme de que, como dice una amiga, CORRER ES DE COBARDES, y, la verdad, a estas alturas yo ya le he demostrado a la vida que valiente soy un rato.

CON M DE MAMÁ y S de STOP!

22 de febrero de 2014

10 razones por las que una madre necesita desconexión

1. Porque hay días en los que se levanta #malamadre en potencia, y tiene momentos en los que no quiere saber nada de sus retoños (pero los echa irremediablemente de menos sólo de pensar en irse. Y eso... Mola).
2. Porque su gusto musical no pasa de la banda sonora de Peppa Pig y Jake y los Piratas, en todos los idiomas. Necesita escuchar música adulta para que sus neuronas se sitúen y recuperar su edad mental (parte).
3. Porque necesita hablar de cosas normales, más allá de castillos, brujas, pañales con caca y "tita, ocata, teti, che, abua, ca-ca" para no perder su rico vocabulario de taitantas mil palabras.
4. Porque sus modelitos (antes AZos) piden a gritos que los libere de las polillas del armario, que están hartos de estar "criando" fotofobia en sus carnes.
5. Porque la última vez que cogió un tren ni siquiera existía el tren de alta velocidad y si no lo prueba no puede contarles la experiencia a sus hijos para que la plasmen en cualquier trabajo de cole.
6. Porque sí.
7. Porque la sensación de "echar de menos" es de lo más sano que hay para cualquier relación, madre-hijos-marido ya que ayuda a afianzar lo que de verdad se siente, y a retomar todo con pilas nuevas y más ilusión, y empezaba a pensar que se trataba de una frase hecha.
8. Porque mola comprar revistas de moda y cotilleo y darse cuenta que no queda ni una de las que ojeabas de solterita, y porque de paso se da cuenta de que tampoco está tan pasada de moda en estilo (quien no se consuela es porque no quiere).
9. Porque es divertido equivocarse de número de coche del tren y que el revisor se lo diga con una sonrisa dulce que esconde un "no es tan difícil señora, salga más de su pueblo", pero le deje quedarse.
10. Porque es genial poder quedar con amigos con los que quedaría todos los días a tomar un café, pero con los que no puede hacerlo porque viven a más de 300 km; por eso se levanta un buen día con la decisión tomada de que se va a pasar el sábado a Madrid, así como si nada.
Y aquí estoy, a punto de llegar a Atocha.
Una buena madre que, inevitablemente, se siente #malamadre porque deja a sus tres tesoros para irse de pendoneo, coffees y martinis a Madrid, como quien va a mercawoman a por pañales a desconectar.
Pero oye, que me quiten lo "bailao".
Con M de Mamá y de MalaMadre

27 de julio de 2013

De colchones, rubios, canas verdes y otros temas veraniegos

Pues a ver. Resulta que estaba yo aquí durmiendo a brazos, sí eso que no debe hacerse porque se malacostumbran y bla, bla, bla, al pequeño Buda/Rubiazo/Pollito/Mollas (estoy pensando que este apodo me suena un poco a perro, porque así es como se llama el de mi amiga Carmen) y "whatsapeando" con la tribu de madrAZas, cuando al intentar mover el colchón de cuerpo y medio que había apoyado en la pared... me ha caído encima. Y diréis... ¿Y que tiene que ver esto con una entrada de blog? Respuesta fácil: nada.
A mi querido Pollito ya no puedo llamarlo así, mal que me pese, porque con lo rubio platino que tiene el pelo, y ahora que se pasa el día entero sólo con el pañal, es cuando más se parece a un pollito saliendo del cascarón. Pero no cuela. Pollito hace tiempo que pasó a ser Sr. Pollo. Y la verdad, no es un apodo que me suene muy maternal, así que de ahora en adelante, Pollito pasa a ser Rubiazo, porque más que rubio es transparente.
Y a quien le surja la duda, la respuesta pre-pregunta es: no, yo de rubia no tengo ni la "r", yo ya os dije que soy de melena "californiana", aquí el rubio casi albino era su padre de pequeño y, en todo caso, una de mis hermanas. Vamos, que Rubiazo mío tiene las ganas de cachondeo y poco más, así que a veces, en secreto, le pregunto, ¿Rubio, tú estás seguro de que eres mío?
Y Rubiazo me responde dándome un coco, o estirándome la nariz (cosa que puedo jurar que no me hace ninguna falta), o metiéndome toda la mano en la boca (cuando sepa que para odontólogo hay que empollar de lo lindo dejará de hacerlo fijo), estirándome el pelo hasta el infinito y más allá (¡grande, BuZz Lightyear!) o amorrándose a mi teta vestido puesto incluído, que es su manera cariñosa de decirme: "Mami, ¿pero tú no ves que sí? ¿No ves que soy casi más "culo de mal asiento" que tú?"
Porque otra cosa no, pero tanto Pichu como Rubiazo son almas investigadoras, tienen un petardo en el culo, o muelles en los pies, y eso SÍ me lo deben a mí. Yo siempre tuve la esperanza de que salieran al padre, que por lo que me cuentan (y ya empiezo a dudar) fue un bebé y un "bebelescente" (Nieves ;-)) de lo más tranquilo, calmado y pachorra. ¡Ostras! Pues ni un poquitín han sacado, tú.
Llevamos una semana en la que tanto Papi como yo caemos rendidos en el sofá nada más se quedan fritos ambos en sus camitas, tanto que las cenas rollo leche con cereales o "pilla cualquier cosa de la nevera" vienen siendo cada vez más habituales. Pero es que a las horas que se hacen, y con el calorazo que nos está premiando julio... Las ganas de seguir una dieta mediterránea equilibrada y tal se van de fiesssshhhta y botellón junto con las ganas de todo lo demás en general, y con las de mover ni un sólo músculo en particular.
Así que como mi cabecita no para, he pensado en varias cosas:
1. Me hago mayor a la carrera.
2. Me hago mayor a la carrera y esto no ha hecho más que empezar.
3. Me hago mayor a la carrera, esto no ha hecho más que empezar y a ellos se les ve motivados a seguir así.
4. Me hago mayor a la carrera, esto no ha hecho más que empezar, a ellos se les ve motivados a seguir así y a mí las canas ya me salen verdes.
5. Me hago mayor a la carrera, esto no ha hecho más que empezar, a ellos se les ve motivados a seguir así, a mí las canas ya me salen verdes y en la pelu me han dicho que canas verdes y mechas californianas "naturales" no es compatible.
Así que ya me diréis qué hago yo ahora.
¿Me corto las mechas? ¿Me hago todo el pelo verde? ¿Dejo de ir a la pelu? ¿Hablo con el que reparte los "años nuevos" y le digo que a mí deje de traerme durante un tiempo?
Mmm... ¡Creo que lo tengo! He decidido que voy a dedicarme a disfrutar de este "cansancio" bien merecido porque en unos años se habrá transformado en "son las dos de la mañana y la niña sin venir, y a mí me va a dar un síncope", y creo que eso será muuuucho peor. ¡Y encima me pillará con unos cuantos años más! ¡Horror!
Y a todo esto... ¿Yo no estaba hablando de colchones?
CON M DE MAMÁ y  S de ¡¡SeMeVaLaOlla!!
(imagen sacada de Google, fuente: abrelaboca.com)

26 de julio de 2013

La Maternidad de la A a la Z: B de Bimaternidad (Pros y Contras)


Cuando Papi y yo nos planteamos volver a ser padres y entrar de lleno en la BIMATERNIDAD no hicimos lista de pros y contras, ni analizamos con detalle la situación, no... Nosotros nos tiramos al vacío sin paracaídas, porque sí, porque nos van las emociones fuertes y porque ya se nos había cruzado la idea, así que iba a ser muy difícil soltarla y dejarla estar como si nada. 
Sin embargo, tengo un par de amigas que andan con la idea rondándoles por la cabeza, y parece que no acaban de inclinar la balanza hacia el lado BIMATERNIDAD. Pues como las quiero bien, hoy voy a contarles qué supone para mí ser BIMADRE, dándoles una mini lista de PROS y CONTRAS. Sin pelos en la lengua, sin andarme con chiquitas, sin endulzar porque sí y sin amargar porque no. Vero, Pao... ¡Va por vosotras!
Mi BIMATERNIDAD acaba de cumplir 9 meses. ¡Sí, como un embarazo, tal cual! 9 meses en los que ha habido ratos en los cuales ¡yo hubiera deseado poder volver a meterme en la pancha y no salir! 9 meses en los que nos hemos vuelto algo más locos, sí, para lo bueno y para lo malo.
Lo que está claro es que la BIMATERNIDAD tiene muchos PROS, es más, en realidad, TODO SON PROS, pero tiene CONTRAS, como todo, que a veces nublan los PROS y hacen que quieras ponerte a gritar, llorar, tirarte por la ventana, emigrar a otro continente, vivir en un spa y cosas parecidas.
¿Ejemplos? ¡Vamos con ellos!
La BIMATERNIDAD te regala momentos únicos que son un claro ejemplo de PROS:



Sólo gracias a que SON DOS es por lo que es posible ser testigo de esa magia única, esa complicidad entre ellos que se palpa con que únicamente se miren, ese amor tan puro, tan incondicional y siempre dispuesto... 
Precisamente porque SON DOS, dobles son los momentos de carcajada, las pallasadas, las canciones para ir a dormir, las canciones para bailar, los bailoteos, los botes, los momentos de teatro con disfraces, los juegos, la repostería creativa, los cuentos, las caricias, los besos, los abrazos, los mimos, los achuchones, las lágrimas de emoción, el orgullo de ser sus padres, la satisfacción de verlos crecer sanos y sintiéndose amados, cuidados y protegidos (sin el "sobre"), la admiración por su afán de superación y sus ganas de aprender, sus miradas de "gracias, soy muy feliz"... Y nuestra felicidad.
Tener DOS HIJOS es lo mejor que me ha pasado en la vida, así, sin más, sin condiciones. Es un PRO, descaradamente. Porque me ha enseñado, y me enseña, día a día que el amor no tiene límites, que aunque creas que ya no puedes más, siempre puedes porque ellos te necesitan entera y bien, que una sonrisa a tiempo mueve montañas, que un beso lo cura todo, que un abrazo es el bien más preciado, que hay canciones mágicas, que el tiempo vuela, que el mundo de los adultos es monótono y aburrido, que nuestros problemas son todo lo grandes que queramos hacerlos, que los ojos de un niño son los más puros e inocentes del universo y que son capaces de ver luz donde no la hay, que quien no pregunta no sabe y quien no llora no mama... Tener DOS HIJOS, ser BIMADRE, es un premio, un regalo del cielo y una grandísima suerte.

Peeeeeero... ¡una cosa no quita la otra! Y como todo PRO tiene su CONTRA... ¿Qué pensabais? ¿Que lo de "volverse loco" era pura metáfora? ¡Pues no! Vamos con los CONTRAS.
Vamos a ver, almas de cántaro. Rebobinemos: ¡Iiiiiiiigrriiirsssssshpop! 
TENER DOS es, entre otras cosas, que tu salón pase de parecer una juguetería, con un montón de juguetes y demás bien apiladitos, en cajas, en baúles... a ser ESTO:
¡Una puñetera leonera en tan sólo cinco minutoS! Jod...¡pe! Que ni los del CSI hacen despliegue de medios tan rápido. Y eso que el Rubiazo sólo gatea... ¡Miedito pensar a dónde tendremos que emigrar cuando ande! ¡O mejor cuando juegue con los gormitis y demás muñecos horrendos! Pero si parece que padezcamos el síndrome de Diógenes: trastos por doquier y por donde no es doquier: léase debajo del sofá, en tu bolso, en los armarios de la cocina, entre tu ropa, en la lavadora, por el pasillo... 
Pero oye, tenemos la casa de un colorido... ¡que ríete tú de los diseños de Agatha Ruiz de la Prada!
Otro pequeño CONTRA es el momento "yo lloro, tú lloras, él llora... ¡nosotros lloramos!" o momento "conjugación de tooodos los verbos que impliquen una acción chunga, a ser posible de las que más jod joroba a los papis". Y, eso sí, siempre a dúo, que si no no parecemos hermanos. Estas acciones pasan por: llorar, berrear, gritar, no hacer ni pu caso, no querer comer, no querer dormir ¡(NO QUERER DORMIR!), querer algo los dos (si puede ser lo mismo, mucho mejor y más emocionante será el momento) a la vez, querer cada uno una cosa, compincharse para que uno derrame algo y el otro lo esparza... Y, por supuesto, todo esto va aderezado con el complemento ideal ante toda situación crítica: ESTÁS SOLA ANTE EL PELIGRO (o en su defecto, es el papi quien lo está, con la inevitable consecuencia que ello implica: 300 llamadas telefónicas en 30 minutos).
Ser BIMADRE de dos petardos tiene CONTRAS tales como que, por ejemplo, gires la cabeza un milisegundo para atender a tu mayor y, mientras, el pequeño, en un intento de robo de cuchara llena de yogur (nos ha salido un poquito "carterista" el niño, qué le vamos a hacer) haga que tu pelo parezca el de Cameron Díaz en Algo pasa con Mary, y no precisamente por el color rubio:
Y claro, te ríes por no llorar.
O que entres a una sala de lactancia cualquiera a darle la merienda al Rubiazo y cuando el pobre no ha hecho más que conectarse a la corriente... 
- Mami, me hago mucho pis. 
- ¿No puedes aguantar un poquito que llegue papi? 
- ¡No! ¡Que se me sale!
Y ahí que vas tú, sujetador sin abrochar, disco de lactancia colgando, niño llorando, empujando el carro y entrando en el baño de minusválidos mientras le das una razón válida a tu hija del porqué de entrar en ese baño, porque parece que a ella no le convence.
- ¡Ese cartel no es de carros!
- Ya, cariño, pero tú te vas a hacer pis encima y en el baño ordinario entrar el carro es más complicado, y yo pretendo no quitarle ojo a tu hermano mientras te levanto al vuelo para que no toques el WC... Ni qué decir tiene que el final fue magnífico: MAMÁ MEADA. Es más, MAMÁ MEADA, CON EL SUJETADOR AL AIRE, SIN ABROCHAR, SALIENDO DEL BAÑO DE MINUSVÁLIDOS Y VOLVIENDO A LA SALITA DE LACTANCIA, CON UN RETACO EN BRAZOS LLORANDO DE HAMBRE.

Así que el cambio de ser madre de uno a ser madre de dos, BIMADRE total, te hace pasar de tener un aspecto PRO, es decir, despreocupado, feliz, sin apenas ojeras o al menos sólo las justas, sonrisa profident y ganas de muuuchos hijos...


A parecer un puñetero walking dead (CONTRA a más no poder), cuyo mejor aspecto aparece el día que se pone una mascarilla de arcilla para celebrar que hace una burrada de años que no pasa por un gabinete de belleza para ponerse en orden. Día, dicho sea de paso, en el que se dedica a tejer muñequitos de vudú para recordar, con muuucho cariño, a aquellas mamis que nunca le dijeron la verdad: ¡¡1+1 NO SON DOS , SON 11!!


Y a pesar de todo, he de reconocer que, al menos para mí... SER BIMADRE ES UN PRO TAN GRANDE COMO UN OCÉANO. 

CON M DE MAMÁ y B de BIMADRE

18 de julio de 2013

10 razones para seguir zampándome mi bocatita de Nutella todas las noches...

..."y no sentirme culpable". 
Este final entrecomillado lo que viene a indicar es que en ningún momento me he sentido mal por hacerlo, simplemente, quedaba bien. :)
Pero empecemos la casa por los cimientos, y no por el tejado como nuestros polítc(uch)os hacen con cualquier punto importante que ataña a los de a pie: educación, sanidad y demás banalidades por las que el pueblo nos indignamos, para su asombro general. 
Esta mañana bien temprano me ha dado un bajón de azúcar que creía que acababa conmigo, y para que yo, que soy mala hierba, piense eso, ya tenía que estar mal. 
Hacía tiempo que no me pasaba. Y cuando, al fin, después de unas largas horas más de ida que de vuelta, empiezo a ser persona, caigo en la cuenta: ¡ayer por la noche no me zampé mi pan de leche con Nutella! Y encima, toda veraniega yo, sólo había cenado una mini microscópica ensalada de pasta y fruta a mansalva. 
Vamos, que mi nivel de azúcar en sangre, ante semejante complot, ha hecho las maletas esta madrugada, aprovechando algún rato en el que dormía, y ¡se ha dado al piro!
Así que después de este cruel, pero merecido, abandono, he decidido elaborar una lista de razones explicando por qué es necesario, y debería ser prescripción médica generalizada, al menos para pa/madres en edad de criar, tomarse un sandwich de Nutella antes de acostarse. 

Y, sin más, ahí van mis 10 razones "nutelleras":
  1. Primera y principal: para evitar que tu azúcar se vuelva fugicida y te abandone, porque se pasa realmente mal con su ausencia.
  2. Porque si compras pan de leche y no lo gastas, caduca.
  3. Porque si el pan caduca, lo acabas tirando y, por tanto, estás tirando dinero a la basura. Y no está el horno pa' bollos.
  4. Porque la Nutella te da la energía que necesitas para empezar el día, que lo dice Valentino Rossi, y él sabe mucho, que gana todas las carreras. Sí, lo he dicho bien, "para empezar", porque a la hora que una madre/padre puede permitirse un "resopón" es pasadas las 12 de la noche, es decir, ya está empezando el día (el día siguiente digo).
  5. Porque si te vas a la cama con un antojo tan simple sin satisfacer, tienes pesadillas horribles y no descansas bien... Vaaaaaale, yo descanso poco igualmente, ya sabéis: teta y demás, peeeeero, lo poco que descanso descanso, feliz.
  6. Porque "dame pan (con Nutella) y llámame tonto".
  7. Porque ...me paso el día de juerga, toda la noche sin descansar...
  8. Porque el pan (con Nutella) es uno de los elementos de la base de la pirámide alimenticia. ¿Sí o qué?
  9. Porque Nutella empieza por nnnnnnnnn, como diría Pichu, y no por otra letra, y eso, ¡mola!
  10. PORQUE YO LO VALGO.
¿Qué? ¿Os hace un bocata de Nutella? Ale, ¡pues nos vemos esta noche en la cocina!


CON M DE MAMÁ y N de NUTELLA

26 de junio de 2013

La Maternidad de la A a la Z: P de Prioridad



Vero... me he perdido ya con el número de ediciones. ¡Si ni tan siquiera soy capaz de recordar qué día (en número) es hoy! Pero supongo que eso es buena señal, ¿no? Es señal de que ya llevamos unos cuantos carnavales juntas y de que este carnaval es sinónimo de calidad y no de cantidad. 

Para esta edición he de reconocer que he ido un poco perdida, pero no por no saber de qué escribir sino ¡porque se me acumulan las letras y las palabras! Lo que sí tenía claro era que repetía letra, la P, y no para repetir de palabra, que conste, que con una tanda de Piojos ya voy lista.

Bueno, es que la P da para mucho, y de todas las palabras que me venían a la cabeza al final, haciendo una dura criba, me quedaba con dos: Prioridad y Pelandusca (ésta me la guardo para otra edición, ¿vale Vero?).
Bueno, el caso es que como esta edición me ha pillado sensible y con "hijitis", que diría la Reina Madre del carnaval, pues me he decantado por PRIORIDAD, que me sonaba como más seria.

¡Vaaaaaaaaamos allá!

Según mis admirados miembros de la RAE:


prioridad. (Del lat. prior, -ōris, anterior).

1. f. Anterioridad de algo respecto de otra cosa, en tiempo o en orden.

2. f. Anterioridad o precedencia de algo respecto de otra cosa que depende o procede de ello.

~ de naturaleza.

1. f. Fil. Anterioridad o preferencia de algo respecto de otra cosa precisamente en cuanto es causa suya, aunque existan en un mismo instante de tiempo.

~ de origen.

1. f. Rel. prioridad de aquellas personas de la Trinidad que son principio de otra u otras que de ellas proceden; como el Padre, que es principio del Verbo, y ambos principio del Espíritu Santo.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

(¡Cágate hazte caca, lorito con la última acepción según contexto!)

Bueno, de todas todas, cuando he pensado en PRIORIDAD como mi palabra para el diccionario de la Maternidad ha sido en el sentido de "Anterioridad o preferencia de algo respecto de otra cosa precisamente en cuanto es causa suya, aunque existan en un mismo instante de tiempo". Así que es en esta acepción en la que voy a centrarme.
Porque, cuando la maternidad llegó a mi vida cambió el orden de las cosas desde el minuto cero de concepción. De pronto, todas aquellas pequeñas o grandes cosas que eran de orden prioritario, dejaron de serlo, o al menos, no lo eran con la misma premura y urgencia que antes. Así vino y así lo acepté, sin cuestionarme el sentido de ese giro inevitable. Fluyó natural, y lo dejé seguir. 
Y como una cosa lleva a la otra, de empezar con tonterías como dejar de mirar ropa para ti y pasar a tener los ojos programados sólo para ver cosas, productos y demás para tu querubín, llegas directamente a olvidarte de ti para sólo vivir tu vida con y para ellos.

La PRIORIDAD por tanto, y no me malentendáis, es más bien traicionera. Mucho. Yo llevo un tiempo asumiendo que algo he de cambiar si quiero vivir mi maternidad plenamente. Llevo un tiempo analizándome, observando y llegando a conclusiones tales como que, aunque mi máxima en la vida vaya marcada por atender las necesidades de mis hijos y amarlos intensamente y con locura como PRIORIDAD... jamás debo olvidarme de mí. Porque si ese olvido cae en abandono, inevitablemente, el pez se muerde la cola y acaba ahogándose con ella. O lo que es lo mismo: si no nos cuidamos nosotras, ¿quién nos va a cuidar? Si no estamos bien nosotras, ¿cómo vamos a conseguir que nuestros pequeños lo estén?

Es por eso que me salto a la torera la RAE (con todos mis respetos, eso siempre) y me invento que PRIORIDAD es sinónimo de equilibrio y responsabilidad. Si quiero ser la madre que mis hijos se merecen, mi prioridad es cuidar de mi vida y salud tanto como de la de ellos. Nunca se ha dicho que los extremos sean buenos, y a veces, en nuestro afán por llegar a todo y todos, dejamos de lado nuestro lado (valga la redundancia) más humano, más terrenal (que lo tenemos chicas, sí, lo tenemos). Dejamos a parte a esa mujer que necesita pasar de hacer la cena un día, tirarse (literalmente) en el sofá y no mover un dedo, pintarse con tranquilidad uñas de manos y pies a juego con la falda que lleva en ese momento, tumbarse a leer un libro, beberse un martini con olivas antes de la cena o a mitad mañana (porque queda muy chic), quedar con las amigas a marujear y poner a parir a cualquier "individua" poco amigable que se cruce por nuestro pensamiento, quedar con las amigas a marujear y ver el lado bueno de todo el mundo (hasta el de las "individuas"), maquillarse divina de la muerte para ir a comprar lentejas al supermercado, vestirse guerrera con taconazo y minifalda para ir a trabajar, pasarse tooooda la tarde en la pelu leyendo revistas e impregnándose de amoniaco y sabiduría popular, salir a comprarse trapitos nuevos y probarse un almacén entero para luego sólo comprar un vestido básico, cenar con su mejor amiga y recordar los viejos tiempos (que no tuvieron que ser precisamente mejores, simplemente diferentes), pasarse una hora entera de cháchara con una amiga, conducir con la música a tope y cantando a grito pelado, bailar como si no hubiera mañana, hacer un picnic playero con guitarra incluída, patinar durante gran parte de la tarde hasta perder la noción del tiempo y que se haga de noche, escribir algún texto emotivo dejando escapar las lágrimas, ver una peli ñoña y llorar como si no hubiera mañana, darse un masaje desde la uña del dedo meñique del pie hasta el último pelo de la cabeza (sí, el que ya está verde de las trastadas de los retoños), comerse una bolsa entera de caracolas de chocolate y no sufrir por ello... En definitiva, dejamos de lado a esa mujer que ya ni se acuerda de qué es lo que hacía antes de ser madre porque, desde que lo es, su única PRIORIDAD es cumplir con ese cometido sin fallos posibles, dejarse la piel, el alma y la vida en que sus hijos vivan la suya intensamente y sin mayor preocupación que la de vivir y disfrutar.

PRIORIDAD es, pues, lo que hace que tu vida gire alrededor de la suya, y no al revés, porque es lo natural, porque al fin y al cabo ellos no pidieron venir a este mundo ni eligieron la familia en la que cayeron.

PRIORIDAD es eso que estoy intentando gestionar mejor y que sigue haciéndome anteponerlos a ellos y sus necesidades ante cualquier cosa, sólo que de manera diferente, ya que voy aprendiendo a que PRIORIDAD no es ni sufrimiento ni olvido, es simplemente cuestión de organización, de confianza en "que todo irá bien" y de asumir con naturalidad y sin agobios que, efectivamente, LA VIDA ES CUESTIÓN DE PRIORIDADES.

Maternidad es PRIORIDAD, que no abandono de una misma ni dejadez. Y PRIORIDAD no es antónimo de "quererse un poquito", pero sí de "no quererse nada".

CON M DE MAMÁ y P de PRIORIDAD 
... y de Peluquería, lugar en el que, después de casi cinco meses, pienso pasarme la tarde de mañana leyendo revistas e impregnándome de amoniaco y sabiduría popular.






17 de junio de 2013

DE CHONISMO, GLAMOUR Y MATERNIDAD...

O lo que es lo mismo: desde que soy madre me la trufa bastante mi aspecto. 
Vaaaale. En realidad, "Eso es... MENTIRA" (emulando un "gran" programa de televisión).

Lo que quiero decir con esto es que, desde que soy mami, hago lo que puedo. Y con una tranquilidad tal que no me reconozco, oye.

En mis tiempos mozos, en esos en los que "ligar" o simplemente "tener seguidores" (sí, como en el twitter) podía ser un buen objetivo, digamos que podía pasar de ser la más hippie happy del lugar a llevar combinada la goma del pelo con el lacito central del suje y el collar y las pulseritas de turno. Eso sí, fuera cual fuera mi estilo, siempre cuidaba hasta el mínimo detalle. Es más, he de confesar que tuve una larga época de "shopaholic: no voy a dejar ni el perchero" que ahora he convertido en "shoppingformybabiesaholic-y a mí que me den".

Por eso, ahora, si salgo con los dos calcetines del mismo color, doy gracias a la Divina Providencia, que es la responsable de que mis neuronas hablen entre sí alguna vez y se pongan de acuerdo en los "conjunts" (leído "conchunts" para los de fuera de territorio comanche).

Para empezar, cuando te enteras de que estás embarazada te invaden una alegría y emoción tales que te llevan a verte siempre sonriente, feliz, estupenda y divina de la muerte. Recién salida de una portada, como bien dice mi querida Pao de Muriel y yo. Nada (y cuando digo nada, es nada) te hace imaginar el desastre estético que se te viene encima. Y no me refiero al aspecto físico y la transformación monumental que sufre nuestro cuerpo, porque, en mi caso, he adorado cada centímetro de panchota nuevo que me descubría. Me refiero al conjunto en sí. Al todo. A que no se pueden "juntar churras con merinas", así que o vas acorde a como te sientes o vas acorde al tiempo (nulo) que te queda a ti para arreglarte. En cualquier caso, y en muchiiiiísimas ocasiones, vas hecha unos zarrios. No, señores del grupo "piensa en verde", zarrios no tiene nada que ver con ese animalito pequeño, mezcla entre can y lobo, y astuto como el solo y que en todos los cuentos se cuela en el gallinero y ¡hala! ¡A zampar gallinas!... Usen el diccionario. Aunque con echar un vistazo a esta foto, podéis haceros una idea de a lo que hace referencia el palabro.



Sí, es lo que parece, una media calcetín con un agujero del tamaño de mi pie. Sí, y encima es una media de esas que son tan "feas" según Pichu. Razón no le falta, pero entre llevar un calcetín media color carne o llevar unos calcetines blancos a lo M. Jackson, no sé porqué, pero yo siempre me inclino por lo primero.
Llegado este punto, aclaro, mi chonismo no llega hasta ese extremo. Vamos, que no salí así de casa, aunque sí llegué así, y lo peor, ni idea de cuanto tiempo lo llevé en ese estado de... descomposición.
Si empezamos repasando de arriba a abajo, el primero en discordia es "mi pelo", esa mata de pelo de color indefinido que varía desde el castaño al rubio, pasando por anaranjado y rojizo, y si me apuras, por el verde, que son los pelos que me salen cuando la "paciencia de mami" se esfuma. Esa mata de color indefinido y sin forma fija era antaño una de las melenas más lustrosas y mejor cuidadas de toda Valencia. ¿Que no? Preguntadle a mis seres más queridos y os hablarán de lo remaniática que he sido siempre con mi pelo. Antes salía en bolas a la calle que con el pelo mal hecho. La peluquería era mi segunda casa. 
Ahora... mi pelo es huérfano. No es que no tenga una segunda casa, no, es que ni siquiera tiene una primera. Va sólo, a su aire, se ha puesto años encima, ha perdido su gracia natural, ya no sale de fiesta, ni se arregla... Se ha vuelto muy "natural como la vida misma", y no lo culpo, es que no le ha quedado otra. Era eso o emigrar a otra cabeza (me consta que lo ha intentado).
Si hablamos de mi "face"... la definiría como "esa parte de mi cuerpo en la que conviven primeros indicios de patas de gallo (no cuela, lo de que son arruguitas de tanto reír, no cuela), con manchas solares recuerdo de mi primera maternidad, con bolsas tamaño maleta, y ojeras del tono morado más vivo y apasionado de todos los tonos morados del mundo mundial". Sí, ese amasijo de cosas bonitas es mi cara. Y aún así, el amor ciego de hija a madre hace que a Pichu se le escapen cosas como "Mamá, tú eres guapa. ¿Lo entiendes?", que te dan ganas de decirle: "Sí, cariño, yo lo entiendo, quien no lo pilla es mi cara".
Cuerpo... cuerpo ¿qué? ¿Qué cuerpo? ¿Qué dice ésta? ¡Aaaaaaaaaaaaaah! Sí, mi cuerpo después de la maternidad (y por partida doble en tres años). Ese cuerpo que oye la palabra "deporte" y le suena a primitiva, pero del Pleistoceno lo menos. Y que oye "gimnasio" y le suena a isla lejana, o incluso planeta de otra galaxia. Tengo que confesaros que a mí, a pesar de los pesares, me gusta mi cuerpo tras la maternidad, mucho más que antes. A pesar de esa "estupenda" compañera de trabajo (por ejemplo) que te estira el vestido hacia bajo, haciendo que quede ultrapegado a tu cuerpo y haciendo así destacar tu "panchita post-parto flanera que se resiste a desaparecer", y te dice: "¿Esto qué es?". A lo que tú, con su mismo tono mala sombra pero con sonrisa profident, le respondes: "Esto es la pancha de una madre que ha parido hace siete meses y que aún se está recuperando, ¿por?"; A lo que ella responde: "No, por si era otra cosa", mientras tú la miras con una poker face que ni Lady Gaga.  Así que sí, me gusta mi cuerpo de mami, muy a pesar, también, de que siga viendo a las ángeles de Victoria's Secret y piense "me voy a cagar en la pu...". 
De hecho, me gusta, y mucho, porque cada uno de los milímetros de flacidez o dejadez que veo en él me recuerdan que tengo dos hijos maravillosos. Eso sí, como las madres somos mujeres de recursos, para suplir los estragos de la maternidad tenemos la posibilidad de elegir trapitos ideales que disimulen lo que tienen que disimular y enseñen lo que tienen que enseñar. Bueno, pues ahí también patinamos, porque como a veces (muchas... muchísimas... ¡vaaale! un día sí y otro también) nos ponemos lo primero que encontramos al meter la mano en el armario sin mirar, pues vamos un poco "al tun tun". Y pasamos de haber sido las más estrictas en el cumplimiento del código para combinar colores al "todo pega, todo vale, porque todos los colores llevan a Roma". ¿Que no eran colores, que eran caminos? ¡Que más da! Todo el mundo me ha entendido. 
Y para postre, para un par de días en los que te colocas un mini vestido, unas cuñas de 15 centímetros desde las que ves La Isla de Pascua (mira, viaje que me he ahorrado) y un cinturón mono, ya tienes a la típica "yo también he sido madre y no voy así porque no quiero" que te dice que si vas demasiado estupenda, o demasiado sexy o demasiado idiota para aguantarle las impertinencias y no decirle nada más. Y si no, estás tan megaemocionada con el conjuntazo de marras que en tu mente no hay ni el más mínimo atisbo de recordatorio de una sesión de relajación en la que tú estás involucrada. Pues tan ricamente, oye, a ver quién no es capaz de tirarse sobre la esterilla con su etéreo vestido y sus cuñas "Everest" y hacer una relajación que ni el Dalai Lama en sus mejores momentos.

El caso es que el tema chonismo-glamour relacionado con la maternidad es toda una incógnita que necesita de muchísimas fórmulas matemáticas juntas, y revueltas, para dar con la solución. Yo, que soy de "ciencias puras" de las de toda la vida, he planteado una cosa así:
Pero sigo sin dar con la solución definitiva, porque cada día me da un resultado.
Eso sí, todos son aproximados y me llevan a la siguiente CONCLUSIÓN sobre el estilo y el físico tras la maternidad: 

"EL NÚMERO DE HIJOS QUE UNA MADRE TIENE ES DIRECTAMENTE PROPORCIONAL A SU ASPECTO DE SURFERA", *cqd (como queríamos demostrar). 


DATOS QUE LO DEMUESTRAN:

- Mechas californianas, o lo que es lo mismo, cabello decolorado y pasando por multitud de diferentes tonalidades de la raíz a las puntas, incluyendo las primeras canas en algunos casos.
- Melena al viento sin orden ni concierto, con aspecto áspero, y con unas ondas que se forman de manera natural ante la falta de mascarilla y un buen cepillado.
- Piel reseca y "alagartada" (efecto indudable del agua del mar y las horas de sol "cogiendo olas").
- Cara llena de manchas solares, fruto de también de las horas pasadas en contacto directo con el sol y las olas y la vida placentera de cualquier isla paradisíaca.
- Ropa ancha, de colores varios en su parte superior e inferior y no siempre combinados, pero llevada con una gracia y una naturalidad infinitas...

¡¡¿¿¿No me digáis que no es genial???!! Ahora ya está claro,tras la maternidad pasamos de ser ballenas a ser la viva imagen de la BARBIE SURF. 

Si es que en esta vida ¡ES TODO CUESTIÓN DE ACTITUD! ;)




¡Besazo!

CON M DE MAMÁ y S de SURFISTA

Próximamente: La metamorfosis de la mujer y su mutación en distintos animales 

2 de junio de 2013

¿Mascota? ¿Mande? Ya se ocupan mis hijos de hacer el papel de "animalicos"

¡Ay, ay! Que yo lo llamo Pollito desde que nació y resulta que me he equivocado de todas todas. ¡Que lo que tengo es un perroooo! Como lo leéis, tal cual.
Bueno, espera. Que también es un poco felino.
A ver. para que nos aclaremos. Voy a repasar mentalmente la transformación que va sufriendo mi rubiazo a lo largo del día, en función del momento en que se encuentre, y entre todos, me ayudáis a concluir en qué animal resulta. Aunque igual nos toca pensar en un engendro de nueva creación, porque va desde pollo hasta perro, pasando por oruga, cangrejo, cerdo, toro y felino. ¿Que no?
Nada más nacer, mi rubiazo pasó a ser Pollito, por su mata rubia, rubia en la cabeza, su aspecto de gordito glotón... No sé. Supongo que como fue lo primero que me vino a la cabeza al verlo, se le quedó. De hecho en mi trabajo así lo llaman. Es lo que hay.
He de confesaros que él desde el principio se reveló contra ese nombre, porque cuando lloraba, llegaba un punto en que roncaba y gruñía como un cerdo, tal cual. Motivo, por otra parte, de carcajadas varias por aquí. Entre eso y que nuestro niño más que llorar, "berre-gritaba", os podéis imaginar que su parecido con cualquier "gorrino" al que llevan al matadero NO era pura coincidencia, era real. Así que aunque seguimos llamándole Pollito, en mi fuero interno lo sentía cada vez más "cerdo" que otra cosa.
De momento parece que ya ha pasado la etapa cerda, porque ya llora como un niño, pero sigue "digievolucionando" y pasando por otros insectos y/o animales que hacen que nos planteemos si es que el pobre rubiazo está mutando y en realidad tiene poco de humano.
Desde hace un tiempo repta, se arrastra y "croquetea" al estilo oruga obesa, y eso lo mezcla con sus andares "hacia atrás como los cangrejos", ya que su movimiento es inverso a la dirección que realmente quiere tomar. ¿Que quiere coger su pato de goma que está a unos centímetros delante de su cara? Pues ¡que empiece el espectáculo! Giro a la izquierda, giro a la derecha, empujón "al suelo" y movimiento a lo Michael Jackson, pero tumbado y hacia detrás, dos vueltas sobre sí mismo a lo "croqueta rebozada" o M.A del equipo A en plena misión... El caso es que el pobre acaba en la otra punta del salón mirando al lejano pato con cara de "no lo entiendo, después de la currada que me he pegado, ahora el tipet éste se pira y me deja con dos palmos de narices". Así que no sabría deciros exactamente a qué animal o bicho emula porque es una mezcla entre insecto, reptil y crustáceo. Y mejor ni intento imaginarlo, porque fijo sería un bicharraco más bien asqueroso con esa mezcla de progenitores. ¡Puaaaj!
También tenemos el "felino en plena lucha o toro bravo", que es el estado que adopta Pollito cuando tiene comida (suya o nuestra, le toque comer o no) delante. Literalmente, hiperventila. Preguntadle si no a mi hermana Marta que ayer mismo alucinó con la transformación de su sobrino. Lo de que me arranque literalmente la camiseta para mamar, eso ya es de lo más normal. Pero lo de la hiperventilación imitando a un felino salvaje o a un torito cabreado le pasa cuando detecta comida, del tipo que sea, delante suyo y es consciente de que ni le vas a dejar cogerla ni la va a "tastar", porque le da igual que sean unos nachos con guacamole que un bocadillo de calamares. Él intenta cogerlo, y en cuanto ve que tú se lo alejas y le dices "eso cuando seas un poquito más mayor, cariño", empieza a hinchar las aletas de la nariz y a tirar aire por ella a una velocidad cósmica. ¡Ah! sin olvidar el temblor de puro nervio que le entra en extremidades superiores e inferiores, que yo lo atribuyo a que hace fuerza interior para ver si se le estiran rollo "gadgeto-brazo" y llega.
Y si hablamos de un bol lleno de palomitas que su hermana está disfrutando tranquilamente... ¡El espectáculo no tiene precio! Porque combina sus dotes de desplazamiento con la hiperventilación y el "alargue" de extremidades, y encima lo acaba con un berrinche de tres pares de narices porque, a pesar de llegar a su objetivo, no le dejamos tastarlo.
El último animalico, de momento, al que Pollito ha decidido imitar es al perro. Lo que no sé deciros aún es qué raza exactamente, aunque con la fuerza que tiene me inclino a pensar en un San Bernardo o un Mastin Tibetano. No, no es porque ladre. Si fuera así os juro que nos plantearíamos estudiar su caso seriamente. No. Es casi peor, al menos higiénicamente hablando. Le ha dado por arramblar con cualquier calcetín, zapatilla, zapato o elemento que vaya en el pie, y si puede ser, prefiere los que han estado en contacto directo con el suelo ¡de la calle! ¿Que qué hace con ellos? La duda ofende... ¡Pues morderlos como si no hubiera mañana! ¡Eh! Y da igual lo lejos que esté la zapatilla. El tío, perdón, el "can", la coge ¡siempre! Y ¡zas, en toda la boca! Tampoco puedo olvidarme de su manía de marcar territorio, siempre que puede, en el momento cambio de pañal si lo dejas más de dos minutos con la chufa tomando el fresco. Aunque creo que le quedan ya pocas zonas por regar, gracias al cielo.
Como os digo, de momento nos hemos quedado en el perro, y el único animal que hemos dejado atrás es el puerco. Bueno, en realidad estoy pensando que, quitando la parte del lloro con gruñido "oing, oing", el resto de actividades gorrinas de cualquier cerdo que se precie, las sigue haciendo... ¡Vale! Pues entonces éste también sigue en la lista de mascotas que tenemos ya en casa.
Veremos que nuevos animalitos vamos adquiriendo, sin necesidad de adopción o acogida, conforme Pollito vaya cubriendo etapas. Ya os cuento.
Y no os penséis que Pichu no colabora con la fauna familiar. Ya lo hizo en su momento, aunque en un plan algo más "fino" que su hermano. Ella es que ahora está en una etapa más, digamos, "ruiseñor políglota" (sí, como mi leche): ¡¡SE PASA TOOOOOOOOOOOOOOOODO EL PUÑETERO DÍA CANTANDO LA CANCIÓN DE LA BELLA Y LA BESTIA EN "SU" INGLÉS!! con momento subidón incluído, en plan: "¡¡¡uo, uo, uooooooooooooooooooooooooooooo!!!".

Bueno, por el momento, me despido, que mi pollorugacerditorotigrecan me reclama. Os dejo a Pichu, que tiene algo muy importante que deciros, con cara dramática incluída: 

"... Uarrelaidilai, yuseimaidilai, biuti an de bis..."

(Cantadla acompañados de la versión original, que así es rollo karaoke y será como teneros cerca, muy cerca. Sed solidarios, anda, que nosotros llevamos así todo el puñetero fin de semana :O).

CON M DE MAMÁ Y F de Fauna