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2 de octubre de 2015

Por qué adoro ser MAESTRA

Porque entrar al colegio cada mañana, mirar sus coloridas paredes y ver los pasillos esperando los pasos de los niños y niñas es respirar vida.
Porque las voces de los niños y niñas en las horas de recreo, sus cuchicheos en clase, sus risas, sus juegos e incluso sus disputas me hacen volver a mi yo niña y contagiarme de lo que fui.
Porque la sinceridad de los niños no regala mis oídos falsamente sólo por el mero hecho de agradar, y si algo les gusta lo dicen, y si no les gusta también, y eso, siempre que sea con educación y desde el corazón, es muy de agradecer en este mundo lleno de hipocresía y falsedad.
Porque justo por lo anterior sigo queriendo mejorar cada día para llegar a ser una buena maestra, porque me esfuerzo por aprender acogiéndome a sus intereses y sus reacciones, y porque ambiciono llegar a sus corazones y dejar una buena huella que les sirva en su futuro y de por vida.
Porque sus sonrisas y sus miradas son cálidas si llego algún día con el corazón congelado y hacen que mis penas se vayan lejos y no vuelvan en todo el día.
Porque un abrazo espontáneo de cualquiera de ellos, en el momento que sea, es mucho más valioso que un saludo y dos besos de los que los adultos nos damos por pura cortesía.

Y porque, en definitiva, trabajo rodeada de seres especiales, cuya visión de la vida es de verdad pura magia; porque estar con ellos y bajar (o subir, según se mire) a su mundo me ayuda a ver las cosas de manera más natural y sencilla, y eso, en mi mente complicada de adulta es muy de agradecer.

Por todo esto y mucho más... ¡ADORO SER MAESTRA!

CON M DE MAMÁ y DE MAESTRA

24 de septiembre de 2015

Bimadre loca en periodo de adaptación

Periodo de adaptación de Rubiazo a infantil, al cole de mayores. 5 días sin comedor y preparando picnic (y almuerzos, of course) por la noche para que se fueran al parque a comer con la canguro. Carga el carro por si quiere dormirse después de comer (ni uno de esos días, ley de Murphy), carga mochila y saquito, tu ordenador, tu bolsa, tu bolso, una mochila con pechito / toallitas / muda y la nevera del picnic. Ellos felices con la aventura. Yo pelín desquiciada al tercer día. Pero feliz de que ellos se lo tomaran así y de que nuestra canguro favorita, a la que he propuesto al Vaticano para santa, hiciera lo indecible por poder venir a por ellos un par de horas y se buscara la vida, y una buena sombra para no achicharrarse, para que la hora de la comida pareciera chachi y no un "cutreapaño". Cuando al fin empieza la rutina verdadera con comedor incluído, Rubiazo se pasa dos días llorando, justo esos días en los que yo sonreía feliz por la reducción de estrés. El drama continuaba a la salida del cole cuando al recogerlo de su clase lloraba una novena a su súper canguro: "Yo quellía con Paulaaaaaaaaa".
Periodo de adaptación de Pichu a primaria. Empieza nerviosa (de esos nervios contenidos que te hacen controlar tu respiración para no hiperventilar) pero feliz. Contentísima cuando al fin le han puesto deberes, una ridiculez, una mini ficha, sólo hábito... ella orgullosísima de poder sentarse a "trabajar" de mayor. Papi y mami maestros. Pero su tutora es Dios. Da igual lo que le digamos, que dicho sea de paso, nunca será diferente a lo que diga su súper maestra; pues debe ser que igual lo decimos con diferente cantinela o en diferente momento del día. Si lo dice S, va a misa, porque ella sabe más, que para eso es su maestra. Nosotros en realidad nos sacamos el título de ingeniería industrial pero nos colamos en la lista de las oposiciones a maestro porque hay más vacaciones, o algo así. En fin, que ahora entiendo a los padres cuando me cuentan "es que lo que dice Noni va a misa, ahora como lo diga yo...". Tal cual. Fin de nuestra deidad ma/paterna. Pero oye, yo feliz; que le dure ese respeto a los maestros in eternum.
Para aderezar el periodo de adaptación estamos teniendo unas crisis de asma acojonantes acongojantes. Noches en vela, muchas, ataques que pasan al cabo de unas cuantas horas de aerosoles, mucho cariño, mucho sueño y mucha paciencia, pero que a ti ya te dejan desvelada y preocupada, y convierten al ventolín en tu amante bandido, just in case. Rubiazo revolucionado gracias a su estupendo aerosol. Siestas que no llegan porque la hora del descanso en el cole de momento no existe. Resultado: pasada de vueltas total del rubio platino. Suma de los factores que acaba resultando en una bomba de relojería elevada a la máxima potencia. Lunes que empieza con un vómito "integral" en pleno camino en coche al cole, todo cortesía del puto asma, que ya podía irse a visitar a Murphy y dejar a Rubiazo en paz. Tres noches seguidas de meadas de elefante tanto en su cama como en la nuestra, todo cortesía de la dichosa adaptación. Cambios de pijama y limpieza "toallitera" de emergencia para que no se desvele (demasiado). Pichu y sus arranques de independencia repentinos que te hacen querer sugerirle que vaya a pedir un referéndum al congreso de padres o algo así. Pichu y su sordera selectiva. Pichu y su recién estrenada cabezonería de primaria...

¡Y va mi amiga B y se atreve a hablarme de ADAPTACIÓN! ¡Pero nena, si llevo hecho un máster desde la última semana de agosto! ¡Si en casa es la palabra clave!: "Buenos días, adaptaciones mías / Os quiero, adaptaciones / Que soñéis con adaptaciones bonitas / Hoy de almuerzo lleváis bocadillo de mantequilla y adaptación..." Y así... ADAPTACIÓN es la palabra de contraseña cuando salta la alarma y es lo que usamos para contar hasta 10 cuando le ponemos el ventolín a Rubiazo; ¡Si hasta en la carnicería el sábado pedí 500gr de carne picada y otros 500 de adaptación a rodajas!

Muy bonita la adaptación de nuestros pequeños. Sí. Dosis extra de paciencia aunque no durmamos en condiciones durante un mes. Aunque se reboten a la mínima y estén susceptibles y tengan piropos hacia nosotros a mansalva. Sí. Nosotros somos los adultos y tenemos que saber estar, ser y hacer y dominar la situación. Todo claro. Muy lindo el cuento...

¿Y QUE ME DICEN, SEÑORES, DE LA ADAPTACIÓN DE LAS MADRES?
 
Aunque me rechifle mi trabajo como a ellos su rutina escolar, yo también querría seguir de vacaciones sin rutinas, ni horarios fijos, happy flower total con mis plantas, la piscina, el terraceo y las relaciones sociales a más no poder, la clarita al solete, los paseos familiares interminables en bici... Y ese largo etcétera que significa VERANEO. 
Yo también lloro porque no me quiero quedar a comer en el cole mientras adelanto toneladas de faena. Y me pongo de los nervios cuando se avecina alguna reunión larga que implique algo de tensión. También llevo deberes a casa. Aunque conozco a mis compañeros, a veces me encuentro con que a alguno no lo conocía tan bien como yo creía, y eso me crea desasosiego y unas ganas tremendas de gritar "¡papaaaaaaá!" y salir corriendo. YO TAMBIÉN ME ESTOY ADAPTANDO LEÑE. 
De hecho, conforme avanza septiembre la cara de loca que se me está quedando es cada vez más difícil de disimular. Salgo a correr para despejar la mente. Salgo a correr y hago religiosamente mi rutina de ejercicios, no sea que mi señor cuñado, preparador físico de élite, me pegue la bronca como si fuera una alumna real, pero también con la esperanza de fortalecer cuerpo y mente para las muchas carreras nocturnas a por el ventolín, el vómito, el pis de turno, el vasito de agua, y para ser capaz de salir cargada como una mula cada mañana, y salir del cole cargada como dos mulas con los trastos y un rubio enganchado del brazo y pasadísimo de vueltas.
 
Así que, por favor, si nos encontramos por ahí y me veis con cara desencajada, hablando sin mucho sentido, y con un zapato de cada (cualquier día)... Recordad esto: POBRETA, ESTÁ DE ADAPTACIÓN.
 

¡SALVEMOS A LAS MADRES EN PERIODO ESCOLAR!

CON M DE MAMÁ y A de ADAPTACIÓN.

12 de septiembre de 2014

Los deberes... ¿Los carga el diablo?

Hace mucho, mucho tiempo (bueno, vale, igual no tanto), en esta misma ciudad, en este mismo país, existía un grupo de profesionales llamados maestros/maestras cuya única función e intención eran transmitir conocimientos y crear nuevas inquietudes en sus pequeños "clientes". Para que esto fuera posible, hacían algo que, por aquel entonces, no se consideraba ni sacrilegio, ni tortura, ni ganas de fastidiar, sino todo lo contrario: MANDABAN "DEBERES" A CASA. Sí, enviaban a los alumnos a casa con algunas tareas que debían resolver en el calor de su hogar para, o bien repasar lo aprendido, o bien ampliar conocimientos sobre el tema, y sobre todo y más importante, crear un hábito de estudio.
Esos niños y niñas de antaño somos hoy en día padres y madres (vamos, que no es tan antaño, ejem) que tenemos nuestros propios hijos e hijas. Actualmente somos adultos, en principio responsables, unos más formados que otros, otros más currantes que unos, adultos diferentes entre sí pero con algo en común: hicimos deberes, sobrevivimos a ellos, fuimos felices, si tenemos traumas no son por este motivo y... Somos padres y madres.
Y ahora, como padres y madres nuestra labor es apoyar a nuestros hijos en su vida escolar, lo que no quiere decir que esto implique darles la razón en todo o compadecerlos porque el colegio es muy duro, primero porque no es así, la escuela ha de tenerse cómo un lugar al que apetece ir (a ver, que todos tenemos días, yo hablo en general) y segundo porque entonces les estamos enseñando a vivir en la contradicción y mandándoles un mensaje del desamor más bruto: el colegio es lo peor, y como te quiero, te mando allí.
Dentro de nuestra labor educativa como padres y madres está el inculcar a nuestros hijos e hijas el interés por el mundo, las ganas de saber, de descubrir, de razonar y, en definitiva, de vivir la vida dotándolos de los recursos suficientes para que lo hagan de la mejor manera, y no, no hablo de recursos económicos, hablo de valores, de transmitir actitudes positivas a la vez que reales y de contagiarles la ilusión por ser mejores personas. Es en este compendio de virtudes en forma de herencia donde debemos incluir, o así lo pensamos aquí en casa, el valor del esfuerzo, de la persistencia, las ganas de luchar, tirar y seguir; porque como adultos, por suerte o por desgracia, ya hemos rodado lo suficiente como para saber que en esta vida nada es gratis ni tampoco fácil, y que eso de "nacer con estrella" como mucho sirve para un rato. Enseñar a nuestros hijos a esforzarse en su día a día no está reñido con dejarles jugar, con que sean felices ni directamente relacionado con ningún trauma infantil. Es un valor en alza, porque si les transmitimos la necesidad de esforzarse por lo que quieren entonces estamos preparándolos para plantarle cara a la vida, y los estamos ayudando a estar preparados para verlas venir.
Dentro de ese esfuerzo entraría el trabajo escolar, el querer ser mejores por ellos mismos y por su satisfacción por las cosas bien hechas, el ansiar (pero sin dramas ni exageraciones, entendámoslo bien) su propia superación porque esto los lleva directos al conocimiento del mundo que les rodea, y a verse capaces de hacer por sí solos un montón de cosas.
Pues, y sé que hay muchos que ahora irán directos a la cocina a por tomates, LOS DEBERES, tal y como yo los concibo, son parte importante de todo este proceso educativo y madurativo. Sí, soy PRO DEBERES, pero cómo no, EN SU JUSTA MEDIDA. Como maestra entiendo que las tareas que se envían a casa son una prolongación de lo trabajado en clase, o bien como pequeño repaso para afianzar lo nuevo o bien para ampliar conocimientos y fomentar el interés por el saber por saber, pero sobre todo, LOS DEBERES son los encargados de ir asentando el hábito al estudio y la capacidad de organización. Por tanto, a mi modo de ver, no deben ser más que un pequeño trabajo reflejo de lo hecho en clase o relativo a la unidad que toque en cada asignatura, y siempre en proporción a la edad de los alumnos. Al fin y al cabo, los niños son niños, ya pasan suficientes horas sentados en sus pupitres, dándole al coco, y necesitan jugar y aburrirse un rato cada día. Sin embargo, repito, LOS DEBERES, bien enfocados, medidos, acordados por el equipo docente para que los alumnos (sobre todo los recién llegados a primaria, los de 1ro y 2do) no lleven sobrecarga de asignaturas... son IMPORTANTES. Sin ellos no podemos pretender que nuestros hijos den el gran salto al instituto y sepan, por ciencia infusa, organizarse el tiempo en casa, tener una técnica de estudio depurada y no morir en el intento, que bastante complicada es la adolescencia por sí sola como para añadir nuevos obstáculos.
Es función nuestra pues, de los maestros, así lo veo yo y es tan sólo mi opinión, motivar a los alumnos de tal manera que para ellos continuar un poquito en casa sea algo, si no divertido, porque no siempre puede serlo, al menos agradable, y que conforme crezcan, que esa tarea "agradable" se convierta en "es una apuesta por mi futuro, y yo quiero que mi futuro esté en mis manos".
Y es función nuestra, o sea de los padres, acompañar a nuestros hijos en esta tarea en casa; cuando son pequeños, supervisando, que no se trata de hacerles los deberes ni darles la solución (que sería lo cómodo, obvio); y cuando son más mayores, resolviendo dudas o facilitándoles medios para que puedan resolverlas por sí solos. ¿Es obligado? Hombre, no hay un contrato de por medio, pero son nuestros hijos, es su formación y, aunque acabemos discutiendo a veces, saber que nos tienen les ayuda a continuar y a que el camino sea algo menos cansado.
Así que, como maestra y como madre, digo SÍ A LOS DEBERES, PERO EN SU JUSTA MEDIDA Y ACORDES A LA EDAD Y A LAS NECESIDADES DE LOS NIÑOS. Y ojo, que como madre tiemblo con la subida a primaria de Pichu, porque soy la primera consciente de que "la confianza da asco" y de que habrá días de batalla. Pero sé que es bueno, y necesario, que cree un hábito, y que nosotros la apoyemos, empezando por no desautorizar ni criticar jamás a sus maestros en su presencia sin antes haber tenido una conversación con quien corresponda. Al fin y al cabo, las diferencias entre adultos deben ser tratadas entre adultos, para evitar crear un clima de confusión que en nada beneficiará a nuestros hijos.
Conclusión: DEBERES SÍ. Que no los carga el diablo, en principio lo hace el sentido común.
Y ahora... Ya podéis lanzarme los tomates. 
Un abrazo.
Con vuestro permiso, reedito la entrada, a raíz de un pequeño debate que suscitó este texto en un grupo de amigas ayer. Como ya he dicho antes, entiendo que los deberes, tanto en dificultad, como en extensión y en fin, deberían ser acordes a la edad de los alumnos. Y esto tiene como consecuencia directa que, si empiezan por 10, a lo sumo 20, minutos diarios, en un par de años o tres a lo largo de primaria, estos pueden ocupar una hora de trabajo. Esto no es plato de buen gusto para papis y mamis que tienen la sensación de que los niños no tienen tiempo para ser niños. Está claro que opiniones hay para todos los gustos, pero sigo pensando que si LOS DEBERES se ponen con cabeza y nuestros hijos cuentan con nuestra supervisión, durarán lo justo, eso sí, por lógica, por la dificultad misma de las materias y la cantidad de contenido, el "rato" se irá estirando. Insisto: ¿no hacíais deberes vosotros? Yo sí, y también jugaba, y veía dibus, y me aburría. Igual lo que tenemos que hacer es plantearnos en qué orden queremos que ocurran estas cosas, pautar las diferentes actividades. En mi opinión, los niños siguen siendo niños, con o sin deberes, porque por suerte tienen la capacidad de dejar jugar a su mente en todo momento. Somos nosotros, los adultos, que ya hemos perdido esa inocencia creativa, quienes nos obsesionamos con no robarles la infancia. Creedme que los deberes (EN SU JUSTA MEDIDA ) no van a hacerlo. Pero, ¿sabéis una cosa? Hay algo que sí está cargándose su niñez y que somos incapaces de ver porque, en este caso, nos conviene que así sea: EL EXCESO DE ACTIVIDADES EXTRASCOLARES. (Podéis leer al respecto en ESTE POST). Así pues, revisemos de verdad nuestros conceptos, observemos a nuestros hijos y seamos sinceros con nosotros mismos. A lo mejor, estamos siendo demasiado extremos con los deberes, que les quitan tiempo de disfrute, y demasiado permisivos con las extraescolares, que son necesarias para que sean deportistamúsicopolíglotamatemáticos de primera.
Y ahora sí... Podéis lanzar los tomates 

CON M MAMÁ y D de DEBERES





12 de enero de 2014

Hay manualidades... y manualidades

Y hay madres y madres. Y luego estoy yo.
Si vuestra hija viene del cole con el recado de que tiene que hacer un juguete con materiales que puedan reciclarse, tipo cartón, papel y demás... Y además tiene idea de hacer una simple flauta con pajitas, sólo porque su mejor amiga ha hecho una y "culo veo, culo quiero", y algo más como, por ejemplo, una casa, ¿vosotros qué haríais? Poneros manos a la obra, ¿no?
Pues yo no. Porque como soy alma inquieta y culo de mal asiento, y además me gusta cotillear en google casi tanto como el chocolate, pues va y se me ocurre buscar diferentes manualidades con cajas de cartón para coger ideas. Y entonces lo veo: ¡¡un castillo!! Y parece la cosa más tonta y resultona del planeta.
- ¡Pichuuuuuuuuuuuuuuuu! ¡Lo tengoooooooooooo! ¿Quieres que hagamos un castillo?
Que viene a ser como preguntarle a un universitario si quiere salir un jueves.
La respuesta fue un sí como un piano, y yo me vi taaaaaan crecida e inspirada que le solté:
- ¡¡VAMOS A HACER EL CASTILLO DE FROZEN (última peli que hemos visto en el cine, y que recomiendo 100%).
Y la lié, pero parda pardísima.
Porque de hacer este simple castillo que casi no había que ni pintar:



Y que me pareció tan fácil con tan sólo la imagen de portada que no vi ni el vídeo, (aunque pienso verlo en cuanto acabe de escribir esta entrada, sólo por curiosidad), pasamos a hacer un taller intensivo de manualidades de 4 horas. No exagero, no, tengo testigos, ¡4 PUÑETERAS HORAS! 
Estuvimos 4 horas, con algún entreacto para merendar o cenar (gracias al cielo por inventar la necesidad de alimentarnos) recortando, mezclando colores para sacar diferentes tonos de azul, pintando, secando con el secador para acelerar el proceso, volviendo a pintar para darle el toque "Frozen", volviendo a secar con el secador, recortando goma eva a pulso ya que las planchas que compramos eran más gruesas que la maquinita troqueladora con forma de estrella, pegando las formas que hicimos y las pegatinas de piedras preciosas, recortando para dar forma de castillo a la parte superior, sacando una puerta para que se vieran las figuras del interior, haciendo un muñeco de nieve con goma eva para añadirlo a la fachada del megacastillo y, por último, volviendo a gastar la goma eva para hacerle unos triángulos picudos porque según Papi "si no, no se parecerá al castillo de Elsa" (que razón no le faltaba, pero ¡tócate la nariz!). A esto hemos de sumarle la salida a comprar los materiales extra cursis que no teníamos a mano y que eran los responsables de darle el toque Frozen a nuestro castillo.
Y después de 4 largas larguísimas horas... pintura de témpera por todas partes habidas y por haber, mini trozos de goma eva por todo el suelo, purpurina a mansalva y toda la mesa del comedor llenita de materiales y trastos y pidiendo a gritos ser despejada... éste fue el resultado:


No me pidáis que os dé los pasos porque como tengo memoria selectiva, las experiencias traumáticas intento borrarlas ipso facto, pero no tiene mucho secreto.

Bueno, ahora en serio, más allá de la queja y el despotrique baratos, reconozco que ver crecer la emoción de Pichu por momentos, y sobre todo, la SONRISA que me regaló cuando, al fin, vimos la obra de arte terminada, no tuvo precio. Se me olvidaron de golpe las 4 horas invertidas en el castillito de los güevs (aunque me volvieron a venir a la memoria cuando hubo que recoger la escena de la batalla campal).

Moraleja de la historia: a la próxima, cuando mi niña diga "quiero una flauta como Pepita y una casa", su mami le dirá "claro mi vida, nos ponemos en seguida", se olvidará de google, de pijadas varias y de alimentar más aún su gran imaginación, y así al menos ahorraremos algo de tiempo.
Realidad: a la próxima, cuando mi niña diga que quiere hacer lo mismo que su amiga y otra cosa más bien simple, volveré a investigar en google para buscar la versión complicada de lo que quiere, porque si no fuera por estas cosas y un par más, la vida de una madre sería un coñazo y no tendría motivos para reírme de mí misma y mis ideas estupendas y nada prácticas.

CON M DE MAMÁ y de MANUALIDAD y C DE CASTILLO DE FROZEN