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3 de diciembre de 2013

"Coplas" a la muerte de mi padre

Hace un mes y trece días que no puedo llamar a tu casa para que me preguntes que cómo tengo al hospital. Hace un mes y trece días que te hablo sin parar con la esperanza de que mi charla continuada te devuelva a la vida, a MI vida. Hace un mes y trece días que no puedo pedirte consejo de nada porque no estás. Hace un mes y trece días que mi hija pregunta por ti casi a diario y de repente arranca a llorar y a llamarte sin parar. Hace un mes y trece días que sólo puedo percibir tu olor, olor a papá, si aprieto fuerte la camisa del pijama que cogí hace poco de tu armario o si voy a tu casa y escondo la cara en tu manta. Hace un mes y trece días que te pido fuerzas para no caer en la bajeza de quienes usan sus malas artes para versionear la realidad y pintarla de su color preferido: negra. Hace un mes y trece días que intento cumplir con mi palabra de no desfallecer y estar al cargo, a pesar de que ni las circunstancias ni las malas energías dejan que pueda hacerlo sin obstáculos innecesarios. Hace un mes y trece días que me pregunto qué narices hago yo sin ti con todo lo que tengo por delante. Hace un mes y trece días aprendí, junto a mis hermanos, y de golpe y porrazo, a gestionar una "muerte", a lo chocante que resulta hablar de alguien como si fuera un objeto de valor que se devuelve a un museo, a hablar de ÚLTIMAS VOLUNTADES y saber que es algo sagrado que nadie debe romper ni variar porque sería el equivalente a profanar un templo, el tuyo, en el que has hecho tu paso de la vida a la muerte. Hace un mes y trece días en que salimos del paso como pudimos al planear una reunión en la que el homenajeado está en cuerpo, pero no en alma (aunque su alma habite en la de quienes lo han acompañado hasta el final). Desde hace un mes y trece días estoy aprendiendo, por fuerza y sin entusiasmo ni ganas, que mientras que algunas personas buenas se van a buscar su estrella, aquí bajo se quedan las malas a seguir disfrutando del daño que causan. Estoy descubriendo que el teatro no es sólo cosa de actores, que las mentiras son deporte nacional y la maldad un "bien" común, que los escrúpulos son algo extraño de la Edad de Bronce, que la bajeza es más usual que la buena voluntad, que el dinero sigue moviendo montañas y haciendo que las (malas) personas saquen sus uñas de rapiña para rascar cuanto más hondo mejor, que el dinero hace más noble a quien ya lo es y a aquellos que lo que buscan es recuperar una vida y no consuelo material, que la mala sangre pudre a quien la lleva en sus venas, que quien es infeliz lo seguirá siendo incluso aunque encontrara el elixir de la inmortalidad, que estoy muy orgullosa de mis hermanos tal como tú debes estarlo en estos momentos, que estoy espantada de la mala fe que rodea una muerte, que el tiempo va poniendo a cada uno en su lugar (y si no, tiempo al tiempo), que las personas nos clasificamos por nuestros actos y no por nuestras palabras, que recogemos lo que sembramos, que no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro, que la intuición no siempre falla sino al contrario, que como tú decías si duermo tranquila es por algo...
Y en definitiva, en este mes y trece días he sacado en claro que si quiero parecerme a alguien ES A TI, porque yo también quiero esa capacidad tuya de saber de tus errores pasados y pedir disculpas a tiempo, pero de corazón y no de "postureo".
En este mes y trece días he reafirmado lo que ya sabía: que TE QUIERO CON LOCURA Y ADMIRO INMENSAMENTE, y que sólo por eso voy a seguir haciendo lo indecible para estar a tu altura y seguir tu estela.
Este mes y trece días me han bastado para reaprender sobre tu bondad a pesar de todo y todos, y para aceptar que has sufrido mucho y has seguido caminando con la cabeza alta y alerta por los tuyos.
Este mes y trece días me han seguido hablando de tu humildad, tu sencillez y tu grandeza; he descubierto además de a un PADRE AMANTÍSIMO a un PROFESIONAL GIGANTE, que ha escrito muchos libros, que ha seguido estudiando hasta sus últimos días profesionales y que ha tenido, en definitiva, una mente brillante, pero sobre todo un saber estar (en la sombra) y ningunas ganas de aires de grandeza.
Seguimos hablando en mis sueños, papi. Te espero esta noche. Tengo mucho que preguntarte y, sobre todo, muchos besos guardados durante ESTE MES Y TRECE DÍAS que esperan su dueño.


CON M DE MAMÁ

19 de julio de 2013

Sueño de una noche de verano

A veces algo tan simple como un apagón de luz general puede echar a perder una noche, una cena, un momento...
Hoy no es ese día...
Pompas de jabón a la luz de la luna. Sueño de una noche de verano. Silencio cortado por aullidos lejanos y por el suave roce de las pompas con el aire. Magia.


1 de mayo de 2013

¿VISITAS? ¡NO, GRACIAS!


Si en algún momento de tu vida has ido "de visita" al hospital a conocer al bebé de una amiga o familiar y tu visita se ha convertido en "que he decidido quedarme a vivir aquí, que te veo con ganas y ánimo", mejor no sigas leyendo porque las siguientes líneas pueden herir seriamente tu sensibilidad (si es que la tienes, claro). Vamos, que voy a ponerte "a parir", y nunca mejor dicho. Pero con amor, con mucho amor. Eso siempre.

Si a pesar de haberlo hecho me sigues leyendo, te doy otra oportunidad para que te lo pienses. De hecho, aquí te dejo tres articulitos que, de una manera más suave y hasta bonita, sugieren lo que se debe/no se debe hacer cuando en nuestro entorno nace un nuevo churumbel.

http://www.maternidadcontinuum.com/2013/05/10-consejos-para-visitar-a-un-recien-nacido/





Los dejo porque igual os resulta más agradable y reconfortante leer estos artículos relacionados con el tema que mis palabras...

¡Ah! ¿Que seguís ahí? ¡Chupi! Pues vamos a ello.

Cuando nació Pichu yo ya estaba preparada para todo. Mentira, para todo, todo, no. Es decir, había vivido de cerca algún que otro alumbramiento recientemente y sabía exactamente lo que no quería ni para mí ni para mi pequeña: unas 800 personas llenando la habitación, la puerta, el ambiente y todo lo "llenable" con sus charlas en tono nada comedido, sus risotadas, sus continuos intentos de coger a la recién nacida que debía sentirse más perdida que un pulpo en un garaje, cero intimidad para las primeras tomas de pecho, cero intimidad para levantarse al baño con toda la herida estupenda y cargada de compresas postparto (la cosa menos sensual y cómoda a la hora de intentar caminar de manera decente, vamos)... Y un sin fin de historias que yo me negaba a aguantar. Pero no por mí, señores, que quede claro, por mi bebé, que yo ya pensaba como madre.
Sí, porque resulta que nadie tiene en cuenta que un recién nacido se pasa 9 meses en un entorno seguro y tranquilo, alejado del ruido y la luz directos, calentito, mimado... y de repente, sale a un mundo de locos. De locos loquísimos, además: Venga el grito y la fiesta, venga el "pásamelo" rollo cigarrito de la risa o pelota de básquet. No sé, pero considero que la empatía con los bebés nos la dejamos en la suela del zapato cuando acudimos de visita. Porque los bebés no son personas (debe pensar la gente, digo), son muñecos con pilas o alienígenas que ni sienten ni padecen, y que vienen al mundo dispuestos a que tú y otros cuantos les toquéis la moral. 
Antes de seguir, aclaro: me importa tres pimientos parecer una seca, una rara o una exagerada. Sinceramente, a estas alturas de la vida y con bastante historia personal vivida, digamos que "me la trufa" lo que piensen de mi manera de hacer las cosas. Además, por suerte, no es sólo "mi manera", sino también la de Papi de las criaturas, que gracias al cielo, tiene conocimiento y saber estar a raudales, además de sentido común, instinto "paterno" (que sí, chicas, algunos, en ocasiones, tampoco nos flipemos, lo tienen) y mucho amor y respeto por nuestro proyecto de familia.
Bueno, pues toda mi chulería me la tuve que tragar con patatas, ya que lo único que conseguimos (con malas caras por parte del personal, obviously) fue que nos respetaran la primera media hora después del nacimiento de Pichu; la media hora inmediatamente después, en la que lo que pretendíamos era "conocernos tranquilamente", ser conscientes de que pasábamos a ser tres, que nuestra familia por fin era familia, y que la pobre Pichu pudiera olerme con tranquilidad, cogerse al pecho sin agobios, sin gente pellizcándole el moflete, hablando en voz híper alta y opinando de lo mal o bien que succionaba la criatura.
A la media hora, puntualmente, se oyó una especie de estampida de caballos en la puerta de la habitación. Papi y yo nos miramos aterrorizados, nos cogimos fuerte de la mano, intentamos escondernos bajo la cama con Pichu sin éxito, respiramos profundo y, antes de que pudiéramos decir "adelante"... empezó el inicio de meses de visitas a horas intempestivas, largas o larguísimas, visitas imprevistas de timbrazo en el telefonillo sin haber siquiera llamado a preguntar si venía bien, visitas a la hora del baño que se alargaban porque así luego se iban directas de cenita y te dejaban a ti con Pichu sin bañar y un destarifo de horarios, visitas de "vamos a tal hora que es cuando me viene bien, y a vosotros, si eso, que os den morcilla"...
Lo peor, lo peorcísimo, es que se supone que quien te agasaja con estos detalles nulos son las personas que "más te quieren". Que más te quieren jorobar, digo. Porque si no es así, señores, yo no lo pillo.
Empecemos por el principio.
6:45 de la mañana: Bajada a dilatación. Había que meterme chute de oxitocina para que mi querida Pichu, que llevaba haciendo camino ya un mes (gracias a lo cual yo iba "dilatada" por la vida ya un mes entero, sin resultados) se decidiera a salir de su trinchera. Estoy convencida de que la niña venía con el don de la videncia y sabía "donde se metía al salir de su refugio" (¿cómo se llamaba esta figura poética? ¡Premio al que responda!).
14:45 de la tarde: Pichu viene al mundo, ¡después de 8 horitas! 8 horitas, por cierto, en las que no faltaron, digamos, imprevistos familiares, por llamarlos de alguna manera, con colada en sala de dilatación incluída y movidas varias con el personal sanitario que iba a atender mi parto, a pesar de mi letanía continua de que "sólo quería al padre de la criatura rondándome". A esto hay que añadirle una colada posterior en paritorios, con la consecuente llamada de atención de los celadores. Yo no sabía si es que mi hija estaba destinada a reinar algún país de estos lejanos de nombre raro, de los que salen en las pelis americanas, y nadie me lo había dicho, porque no entendía tanta obsesión con rondarla.
20:30/21:00 de la noche: Y después de más de doce horas en pie, con larga dilatación y parto de por medio, con la tensión propia de la novedad y la inexperiencia de ser padres primerizos, con unas piernas y unos pies, gracias a la brutal retención de líquidos, que ya quisieran muchos elefantes para sí, con los inevitables puntos de todo parto natural... Aún seguíamos con gente en el hospital. Gente que, además, no entendía que mi boca no se torciera para formar una leve sonrisa, gente que no acababa de ver bien (por lo que he podido saber después) que no me levantara de un bote a dar besos "megaemocionada, osea, de que hayas venido, Chuchi"... gente que, definitivamente, se dejó la puñetera empatía en parvulitos. No, mucho mejor, gente que no estaba el día del reparto de empatía y recogió... otras cualidades.

Y yo me pregunto: ¿ALGUIEN SE HA PREGUNTADO ALGUNA VEZ QUÉ NARICES QUIERE LA MADRE PARTURIENTA? Sí, almas de cántaro, la parturienta, la que pare, la de "¡la madre que te parió!". Esa misma. Pues, en mi humilde opinión, muy pocos.

"Hola, soy un prototipo de una madre parturienta cualquiera. Acabo de parir, después de mil horas dilatando, y la verdad es que, como no estoy nada, pero nada cansada, porque apenas he hecho un esfuercito de "chicha y nabo" (sin contar los 9 meses de embarazo, el dolor de espalda continuo y la posible ciática que he padecido)... pues que lo que más me apetece en este momento es irme de fiesta, de cubatas y de "after" hasta las mil. Como mi ginecólogo dice que no me da el alta hasta dentro de dos días, no sé porqué extraña razón no me entra mi ropa, ni tampoco los "stilettos" de taconazo de 15 cm, y además me acabo de descubrir una especie de lapa, en forma de humano diminuto, pegada a mi teta que se agarra a mi pezón como una piraña y me da miedo que me lo desgarre si me muevo un milímetro... ¿Qué os parece si la fiesssshhhta nos la montamos aquí en el hospi? ¿Qué digo en el hospi? Quería decir en mi habitación, todos juntitos robándonos el aire, así será más real la sensación de estar en un pub abarrotado de gente exaltada."

Segunda pregunta: ¿ALGUIEN ALGUNA VEZ SE HA PUESTO EN LA PIEL DE UN/A RECIÉN NACIDO/A? ¿ALGUIEN HA INTENTADO SI QUIERA IMAGINAR CÓMO SE SENTIRÍA SI LO ARRANCARAN DEL LUGAR MÁS SEGURO DEL PLANETA Y LO DEJARAN CAER EN UNA LOCURA DE LUGAR? ¿Nadie piensa en la sensación de desconcierto, temor, inseguridad e incluso pavor que se les debe poner en la piel a las criaturitas, que pasan de vivir en un espacio idílico a ocupar su lugar en un auténtico manicomio? No, porque "que vaya viendo lo que le espera, que no sabe en qué familia ha caído" (que tú piensas: "Ahora entiendo que la criatura en vez de hacia abajo fuera hacia arriba. Estaba acojonadita")... O "los bebés se han de adaptar a los adultos, no al revés"; o "Está dormidita, no la cojáis ahora, por favor. - ¿Cómo que no? Encima de que vengo a verla; ¡Ya se volverá a dormir!(Vamos, que se jo...robe la niña, que lo importante es lo que yo quiero y no lo que ella necesita)". 

"Hola, soy un prototipo de una bebé recién nacida cualquiera y... ¡ME VOY A CAGAR EN QUIEN INVENTÓ LA PUÑETERA TRADICIÓN DE LAS VISITAS Y DEMÁS! Y no, no tengo ni el humor ni las ganas que ha tenido mi madre para decirlo de manera irónica pero simpática. Además, no sé el significado de ninguna palabra de nuestro idioma porque ni siquiera sé hablar, así que me paso por el forro, exactamente igual que ustedes, los siguientes sustantivos: comprensión, empatía, tolerancia, respeto y discreción." 

¡Anda la leche! ¡Ya está claro! ¿Pérdida de valores de nuestra sociedad y, en concreto, en los más pequeños? ¿Qué queremos? ¡Si es lo primero que maman (y nunca mejor dicho, mira) nada más asomar la cabeza a nuestro mundo de locos!

¡Uf! Ya lo he soltado. Ahora sí, muy buenas noches mundo.

CON M DE MAMÁ (y de Mala leche que se me pone si pienso en el tema)

Por cierto, con Pollito fue diferente. 
Por suerte para todos, el segundo no es "tan esperado" y los papis no son ni tan inocentones ni tan complacientes. ;) ¡A tomar fanta!

Estoy enlazando este post a la fiesta de enlaces del blog Personalización de Blogs