Los dejo porque igual os resulta más agradable y reconfortante leer estos artículos relacionados con el tema que mis palabras...
¡Ah! ¿Que seguís ahí? ¡Chupi! Pues vamos a ello.
Cuando nació Pichu yo ya estaba preparada para todo. Mentira, para todo, todo, no. Es decir, había vivido de cerca algún que otro alumbramiento recientemente y sabía exactamente lo que no quería ni para mí ni para mi pequeña: unas 800 personas llenando la habitación, la puerta, el ambiente y todo lo "llenable" con sus charlas en tono nada comedido, sus risotadas, sus continuos intentos de coger a la recién nacida que debía sentirse más perdida que un pulpo en un garaje, cero intimidad para las primeras tomas de pecho, cero intimidad para levantarse al baño con toda la herida estupenda y cargada de compresas postparto (la cosa menos sensual y cómoda a la hora de intentar caminar de manera decente, vamos)... Y un sin fin de historias que yo me negaba a aguantar. Pero no por mí, señores, que quede claro, por mi bebé, que yo ya pensaba como madre.
Sí, porque resulta que nadie tiene en cuenta que un recién nacido se pasa 9 meses en un entorno seguro y tranquilo, alejado del ruido y la luz directos, calentito, mimado... y de repente, sale a un mundo de locos. De locos loquísimos, además: Venga el grito y la fiesta, venga el "pásamelo" rollo cigarrito de la risa o pelota de básquet. No sé, pero considero que la empatía con los bebés nos la dejamos en la suela del zapato cuando acudimos de visita. Porque los bebés no son personas (debe pensar la gente, digo), son muñecos con pilas o alienígenas que ni sienten ni padecen, y que vienen al mundo dispuestos a que tú y otros cuantos les toquéis la moral.
Antes de seguir, aclaro: me importa tres pimientos parecer una seca, una rara o una exagerada. Sinceramente, a estas alturas de la vida y con bastante historia personal vivida, digamos que "me la trufa" lo que piensen de mi manera de hacer las cosas. Además, por suerte, no es sólo "mi manera", sino también la de Papi de las criaturas, que gracias al cielo, tiene conocimiento y saber estar a raudales, además de sentido común, instinto "paterno" (que sí, chicas, algunos, en ocasiones, tampoco nos flipemos, lo tienen) y mucho amor y respeto por nuestro proyecto de familia.
Bueno, pues toda mi chulería me la tuve que tragar con patatas, ya que lo único que conseguimos (con malas caras por parte del personal, obviously) fue que nos respetaran la primera media hora después del nacimiento de Pichu; la media hora inmediatamente después, en la que lo que pretendíamos era "conocernos tranquilamente", ser conscientes de que pasábamos a ser tres, que nuestra familia por fin era familia, y que la pobre Pichu pudiera olerme con tranquilidad, cogerse al pecho sin agobios, sin gente pellizcándole el moflete, hablando en voz híper alta y opinando de lo mal o bien que succionaba la criatura.
A la media hora, puntualmente, se oyó una especie de estampida de caballos en la puerta de la habitación. Papi y yo nos miramos aterrorizados, nos cogimos fuerte de la mano, intentamos escondernos bajo la cama con Pichu sin éxito, respiramos profundo y, antes de que pudiéramos decir "adelante"... empezó el inicio de meses de visitas a horas intempestivas, largas o larguísimas, visitas imprevistas de timbrazo en el telefonillo sin haber siquiera llamado a preguntar si venía bien, visitas a la hora del baño que se alargaban porque así luego se iban directas de cenita y te dejaban a ti con Pichu sin bañar y un destarifo de horarios, visitas de "vamos a tal hora que es cuando me viene bien, y a vosotros, si eso, que os den morcilla"...
Lo peor, lo peorcísimo, es que se supone que quien te agasaja con estos detalles nulos son las personas que "más te quieren". Que más te quieren jorobar, digo. Porque si no es así, señores, yo no lo pillo.
Empecemos por el principio.
6:45 de la mañana: Bajada a dilatación. Había que meterme chute de oxitocina para que mi querida Pichu, que llevaba haciendo camino ya un mes (gracias a lo cual yo iba "dilatada" por la vida ya un mes entero, sin resultados) se decidiera a salir de su trinchera. Estoy convencida de que la niña venía con el don de la videncia y sabía "donde se metía al salir de su refugio" (¿cómo se llamaba esta figura poética? ¡Premio al que responda!).
14:45 de la tarde: Pichu viene al mundo, ¡después de 8 horitas! 8 horitas, por cierto, en las que no faltaron, digamos, imprevistos familiares, por llamarlos de alguna manera, con colada en sala de dilatación incluída y movidas varias con el personal sanitario que iba a atender mi parto, a pesar de mi letanía continua de que "sólo quería al padre de la criatura rondándome". A esto hay que añadirle una colada posterior en paritorios, con la consecuente llamada de atención de los celadores. Yo no sabía si es que mi hija estaba destinada a reinar algún país de estos lejanos de nombre raro, de los que salen en las pelis americanas, y nadie me lo había dicho, porque no entendía tanta obsesión con rondarla.
20:30/21:00 de la noche: Y después de más de doce horas en pie, con larga dilatación y parto de por medio, con la tensión propia de la novedad y la inexperiencia de ser padres primerizos, con unas piernas y unos pies, gracias a la brutal retención de líquidos, que ya quisieran muchos elefantes para sí, con los inevitables puntos de todo parto natural... Aún seguíamos con gente en el hospital. Gente que, además, no entendía que mi boca no se torciera para formar una leve sonrisa, gente que no acababa de ver bien (por lo que he podido saber después) que no me levantara de un bote a dar besos "megaemocionada, osea, de que hayas venido, Chuchi"... gente que, definitivamente, se dejó la puñetera empatía en parvulitos. No, mucho mejor, gente que no estaba el día del reparto de empatía y recogió... otras cualidades.
Y yo me pregunto: ¿ALGUIEN SE HA PREGUNTADO ALGUNA VEZ QUÉ NARICES QUIERE LA MADRE PARTURIENTA? Sí, almas de cántaro, la parturienta, la que pare, la de "¡la madre que te parió!". Esa misma. Pues, en mi humilde opinión, muy pocos.
"Hola, soy un prototipo de una madre parturienta cualquiera. Acabo de parir, después de mil horas dilatando, y la verdad es que, como no estoy nada, pero nada cansada, porque apenas he hecho un esfuercito de "chicha y nabo" (sin contar los 9 meses de embarazo, el dolor de espalda continuo y la posible ciática que he padecido)... pues que lo que más me apetece en este momento es irme de fiesta, de cubatas y de "after" hasta las mil. Como mi ginecólogo dice que no me da el alta hasta dentro de dos días, no sé porqué extraña razón no me entra mi ropa, ni tampoco los "stilettos" de taconazo de 15 cm, y además me acabo de descubrir una especie de lapa, en forma de humano diminuto, pegada a mi teta que se agarra a mi pezón como una piraña y me da miedo que me lo desgarre si me muevo un milímetro... ¿Qué os parece si la fiesssshhhta nos la montamos aquí en el hospi? ¿Qué digo en el hospi? Quería decir en mi habitación, todos juntitos robándonos el aire, así será más real la sensación de estar en un pub abarrotado de gente exaltada."
Segunda pregunta: ¿ALGUIEN ALGUNA VEZ SE HA PUESTO EN LA PIEL DE UN/A RECIÉN NACIDO/A? ¿ALGUIEN HA INTENTADO SI QUIERA IMAGINAR CÓMO SE SENTIRÍA SI LO ARRANCARAN DEL LUGAR MÁS SEGURO DEL PLANETA Y LO DEJARAN CAER EN UNA LOCURA DE LUGAR? ¿Nadie piensa en la sensación de desconcierto, temor, inseguridad e incluso pavor que se les debe poner en la piel a las criaturitas, que pasan de vivir en un espacio idílico a ocupar su lugar en un auténtico manicomio? No, porque "que vaya viendo lo que le espera, que no sabe en qué familia ha caído" (que tú piensas: "Ahora entiendo que la criatura en vez de hacia abajo fuera hacia arriba. Estaba acojonadita")... O "los bebés se han de adaptar a los adultos, no al revés"; o "Está dormidita, no la cojáis ahora, por favor. - ¿Cómo que no? Encima de que vengo a verla; ¡Ya se volverá a dormir!(Vamos, que se jo...robe la niña, que lo importante es lo que yo quiero y no lo que ella necesita)".
"Hola, soy un prototipo de una bebé recién nacida cualquiera y... ¡ME VOY A CAGAR EN QUIEN INVENTÓ LA PUÑETERA TRADICIÓN DE LAS VISITAS Y DEMÁS! Y no, no tengo ni el humor ni las ganas que ha tenido mi madre para decirlo de manera irónica pero simpática. Además, no sé el significado de ninguna palabra de nuestro idioma porque ni siquiera sé hablar, así que me paso por el forro, exactamente igual que ustedes, los siguientes sustantivos: comprensión, empatía, tolerancia, respeto y discreción."
¡Anda la leche! ¡Ya está claro! ¿Pérdida de valores de nuestra sociedad y, en concreto, en los más pequeños? ¿Qué queremos? ¡Si es lo primero que maman (y nunca mejor dicho, mira) nada más asomar la cabeza a nuestro mundo de locos!
¡Uf! Ya lo he soltado. Ahora sí, muy buenas noches mundo.
CON M DE MAMÁ (y de Mala leche que se me pone si pienso en el tema)
Por cierto, con Pollito fue diferente.