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4 de diciembre de 2015

Details in the fabric

Sucede cuando menos te lo esperas pero cuando más lo necesitas. De pronto suena una canción, que no tiene por qué ser especial, pero que tiene un no se qué, unos acordes muy melódicos, una letra con mensaje... Tiene algo diferente. Y te remueve, te transporta, te trae de vuelta a quien ya no está.
Y cae una lágrima, y luego otra, y luego tienes que parar el coche porque ya no ves la carretera.
Siempre ocurre cuando los días son duros, cuando las semanas parecen meses y cuando necesitarías que esa persona te cogiera el teléfono y te dijera justo las palabras que necesitas escuchar para volver a remontar el vuelo.
Porque a pesar de tener la felicidad como compañera de viaje casi constante, porque a pesar de saberte afortunada por los regalos que esta vida, la misma que te ha quitado parte de lo que más querías, te ha dado: tus hijos, tu compañero, tu familia y amigos...  A pesar de ello, también caes, y te hundes, y dudas, y te agotas, y te culpas, y te fustigas pensando que podías haberlo hecho mucho mejor. Y es entonces cuando la voz de quien ya no está haría su magia, cuando su abrazo largo te cargaría las fuerzas, cuando su mirada de orgullo te haría sentir de nuevo grande y dejar a un lado tus lamentos.
Y es entonces cuando, por arte de Birlibirloque, suena esa canción.
A veces es la de siempre, la vuestra, la que un día compartisteis; a veces una de las suyas y otras una nueva que viene a decirte justo lo que necesitarías que esa persona dijera en ese momento. Y la magia ocurre. Las lágrimas se llevan el pesar. No está para abrazarte, ni para decirte que te tomes el asqueroso sobre de amoxicilina que de pequeña tirabas por la pila sin que lo supiera. Y es en ese instante cuando desearías volver a ser niña, sólo por unos minutos, sentirlo cerca preocupándose por ti y enfadándose porque no vas suficientemente abrigada, justo lo mismo que tú haces ahora con tus hijos.
Y la canción sigue sonando, sigue hablándote, sigue trayéndote a quien necesitas, pero a tu mente, en tus ojos, en tu corazón. Y tú sigues llorando...

DETAILS IN THE FABRIC
(pincha en el enlace para escuchar la canción más bonita de diciembre)

"Calm down
Deep breaths
And get yourself dressed
Instead 
Of running around
And pulling all your threads
And breaking yourself up

If it's a broken part, replace it
If it's a broken arm then brace it
If it's a broken heart then face it

And hold your own
Know your name
And go your own way

Hold your own
Know your own name
And go your own way
And everything will be fine

Hang on
Help is on the way
And stay strong
I'm doing everything

Hold your own
Know your name
And go your own way

Hold your own
Know your name
And go your own way

And everything
Everything,
Everything will be fine
Everything

All the details in the fabric?
Are the things that make you panic?
Are your thoughts results of static cling?

Are the things that make you blow?
Hell, no reason go on and scream
If you're shocked it's just the fault
Of faulty manufacturing

Everything will be fine
Everything in no time at all
Everything..."

Así es. Sucede cuando menos te lo esperas pero cuando más lo necesitas.

CON M DE MAMÁ y D de DETAILS IN THE FABRIC

22 de marzo de 2015

CHIQUITITA...

La costumbre no logra llenar el vacío. Acostumbrarse no es sinónimo de conformarse. O al menos no para mí.
De repente suena Chiquitita en la película que estoy viendo con tu nieta, y las lágrimas salen en torrente. Es nuestra canción. La que tú solías cantarme cuando era tan pequeña que ni lo recuerdo.
Algo vuelve a removerme las entrañas y mi pequeña es quien me abraza fuerte y me acaricia la cara para consolar mi dolor.
De pronto vuelve a venirme a la cabeza la sensación de soledad cuando te pienso, de impotencia y de querer tu abrazo y no tenerlo. Vale, sí, ahora te tengo permanentemente en mi cabeza, ya lo he dicho otras veces, es como llevarte siempre conmigo... pero la realidad es que no estás y que jamás volveremos a hablar ni a mirarnos, ni a reírnos ni a enfadarnos. No estás.
Sólo eso, papá. Necesitaba soltarlo. No es enfado, es impotencia, ya lo sabes. Eso y que te echo de menos terriblemente.
Te quiero. Hasta la luna y vuelta. Nos vemos en la segunda estrella a la derecha. O en mis sueños.

CON M DE MAMÁ y E de ECHARTE DE MENOS

22 de noviembre de 2014

Apego al alma, miedo al olvido.

Se cierra una etapa, y empieza una nueva que promete, al menos, tantas hazañas como la anterior. Hoy, después de casi 7 años, cerramos la puerta de nuestro hogar y alzamos el vuelo con mucha ilusión hacia nuevo horizonte. Hoy ponemos nuestro primer palito en el que será nuestro nido definitivo. Mezcla de ilusión y morriña. Muchos recuerdos que quedarán guardados para siempre entre estas paredes y que llevaré en mi corazón para intentar esparcirlos por nuestro nuevo hogar.
Es curioso como el ser humano, en su mayoría, se aferra con fuerza al pasado, yo la primera. No sabría decir si es respeto al futuro o comodidad sobre lo ya vivido. El caso es que, sea como fuere, nuestra tendencia general es a aferrarnos a los bienes materiales que nos recuerdan a esas personas especiales, esos momentos inolvidables, esos días pasados.
Cuando tienes que levantar una casa entera para colocarla en otro sitio entera también es cuando descubres que has acumulado "mucho pasado". Reconozco que, durante esta semana de locura entre cajas y demás, he llorado en más de una ocasión al recordar vivencias aquí, al reencontrarme con cartas, fotos, notitas, dibujos... Me apena, y no puedo evitar que así sea, el pensamiento de "última noche aquí, último desayuno aquí, última vez que duermen juntos en esta habitación que los ha visto crecer...". Ahí radica la clave de toda mi melancolía, yo creo: que dejamos la casa que nos ha visto crecer y madurar, primero como pareja y, un tiempo después, como familia. Fue aquí donde Roberto pasó sus días de quimio, de los que a pesar de todo, guardo momentos dulces y guiños cómplices que aún nos vienen a la cabeza; fue aquí donde empecé mi "carrera" como madre; aquí fue donde mi padre jugó con su nieta, y donde mis hijos empezaron a construir su relación de hermanos y cómplices. Ha sido aquí donde hemos reído y llorado tantas veces, tanto cuando la vida nos ha rociado con la fortuna de las cosas bonitas como cuando nos ha hecho respirar gas lacrimógeno hasta decir bastante.
Hoy he llegado a la conclusión de que me gustaría aprender de esas civilizaciones, que las hay, que viven apegados al alma, y punto. Que tienen otro concepto del apego. Que no necesitan guardar eternamente un trozo de papel para sentir que no se olvidan de ese ser querido. Que no viven con el miedo a olvidar las caras de quienes estuvieron en sus vidas y se fueron para siempre. A nosotros parece que nos pesan los recuerdos si no van unidos a algo tangible.
Mis miedos de hoy son precisamente miedos a olvidar lo vivido entre estas cuatro paredes, miedo a que se borren nuestras aventuras, a que la esencia de quienes velan por nosotros no esté más, se esfume o se quede atrapada en nuestro primer hogar para siempre.
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Temores sin fundamento que se desvanecen cuando, de repente, comiendo por primera vez en nuestro nuevo hogar, entre cajas, con una manta vieja por mantel y unas tazas por vaso, nos reímos los cuatro juntos sin parar, cuando nos abrazamos por pares, Pichu y papá, Rubiazo y yo, cuando miro la foto de mi padre y veo que su sonrisa sigue contagiándome seguridad, cuando me noto "en casa" desde la primera pisada y siento que ellos también, cuando, sin saber cómo, sé que mis estrellas protectoras se han venido con nosotros y están aquí...
Es entonces cuando me doy cuenta de que nos bastamos nosotros para mantener intacta la magia de un hogar, donde sea, cuando sea y como sea.
Empezando nueva etapa en 3, 2, 1...

CON M DE MAMÁ

8 de noviembre de 2014

Miedo al olvido. Miedo a perderte.

Ayer pensé en que hay días que te doy el beso matutino y ya no vuelvo a tenerte en mente el resto de la jornada. Que las prisas a veces me roban tu "buenos días".
Me apabulla la rapidez del día a día, el ritmo frenético que llevamos.
Me da miedo olvidar lo que te amo, descuidar lo que tenemos.
Apenas hablamos más que unas palabras porque el cansancio cierra mis ojos demasiado pronto.
Me asusta que se esfume nuestra confianza y nuestra relación perezca un poco cada día.

Ayer pensé que quizás tenían razón cuando decían que el primer año es el que más duele.
Me aterroriza pensar que las prisas y el no parar familiar y laboral puedan ahuyentar tu recuerdo.
Me angustia mirar tu foto y sólo reconocerte en ella.

Sin embargo, hoy me he levantado llorándote, necesitándote tanto como el primer día. Y a pesar del sofoco, he podido sonreír porque mis miedos eran infundados. Porque sé que siempre estarás, que siempre echaré de menos tu esencia y tu ser. Porque sé que seguiré necesitando conversar contigo, contarte mis cosas, preguntarte qué hacer...

Te echo mucho de menos. No tenías que haberte ido tan pronto.
Si algún día decides volver, viajaré hasta tu estrella si hace falta para ayudarte a hacerlo, sólo tienes que decirlo.

Te quiero papá.. Hasta la luna...

CON M DE MAMÁ y de MIEDO