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6 de noviembre de 2016

La huelga de deberes. O de cómo mezclar churras con merinas.

Llevo semanas, como todos los que estamos metidos en el mundo educativo por una u otra razón, oyendo y leyendo comentarios sobre la famosa huelga de deberes. Hasta ahora no me había parado a leer con detalle en qué consistía la huelga. Ayer por la noche saqué un huequito para leer uno de los tantos artículos que me habían llegado al respecto, y que os dejo aquí para que podáis leer:


Pues, ¿qué queréis que os diga? Que a mí estas cosas, como madre, me ofenden, y me ofenden un rato largo. O igual es que al no entender que con tanto por lo que manifestarnos elijamos justo eso, me afecta al humor. No, de verdad que no escribo desde mi faceta de maestra, por eso publico aquí y no en TICHININGLISH. Como maestra me queda pendiente, no creáis. Pero sigo, y me explico, como madre. 

Resulta que a mí, como madre, me parece bastante absurdo que una asociación de padres pida huelga para así poder ir al teatro en familia, hablar de cosas importantes, escribir postales a los abuelos, planear excursiones de domingo o hacer magdalenas. ¿En serio? ¿Por qué? A mí no me hace falta una huelga para hacer todas esas cosas, porque en mi familia YA LAS HACEMOS. Y cuando no las podemos hacer, pues tampoco pasa nada, que las circunstancias a veces mandan y hay que aguantarse, la vida misma. Pero vamos, que no necesitamos una excusa externa para justificar nuestros momentos familiares o no familiares. ¿De verdad hace falta que nuestros hijos no tengan deberes para poder sacar un rato de buena conversación, o de cine, o de salida en bici o de limpieza en comuna? Pues qué lástima.
Tengo ganas de ver qué pasa cuando se aniquilen los deberes para siempre y haya que buscar otro motivo de rebelión para excusar nuestra falta de tiempo con nuestros hijos, o nuestra falta de ganas. Ojo, que yo no digo que haya o no haya razón para quejarse de los deberes, no vayáis a crucificarme tan pronto, que en ese sentido ni siquiera me he pronunciado. Pero creo que esto es como mezclar churras con merinas. Si nos manifestamos en contra de los deberes, creo que en principio hacemos referencia al sistema educativo actual. Entonces, ¿por qué hay propuestas de actividades en plan familia feliz inundando las redes sociales como señal de la insumisión más absoluta y, sin embargo, no hay montones de peticiones recogiendo firmas que pidan un cambio en el sistema ya? 

(Imagen tomada de http://www.lavanguardia.com/vida/20161102/411507397402/huelga-deberes-noviembre.html)

A mí, si fuera a quien tiene que llegarle el mensaje, me daría risa, por la falta de conexión entre la A y la Z, básicamente. 

Puestos a manifestarnos, yo, como madre, me manifestaría en contra de la mierda vergüenza de sistema educativo que tenemos, de la falta de valores así generalizada en el colectivo humano, de los políticos de risa que dicen que nos gobiernan o que se rifan el gobierno mientras toman café, de esos mismos políticos que mientras rematan el café se sacan otra ley educativa de las manos en la que se contempla de todo menos al que la padece: nuestros hijos. No sé, pero yo encuentro un montón de motivos para hacerme oír, movilizarme y salir a la calle antes que hacer huelga de deberes para llevar a mi hija a dar un paseo. Pero insisto, que igual no lo entiendo porque, haya que hacer tareas o no, nosotros ya salimos a que nos dé el aire, en familia, sin la necesidad de inspirarnos en fotos de actividades programadas ni en consejos encontrados por las redes sociales, y nos preocupa mucho más que el sistema educativo vaya de moderno y esté lleno de lagunas, mientras las metodologías que se usan en las clases siguen ancladas en el siglo XIX y no se adaptan a las necesidades reales de los tiempos que corren. 

Y con todo esto, se me ocurre, ¿hacemos una huelga indefinida? 
¿De qué? 
Pues se me antojan muchos leit motiv, pero ninguno tiene que ver con deberes, así que, como madre, pensándolo bien, igual me quedo sola.



CON M DE MAMÁ y C de CHURRAS CON MERINAS

3 de octubre de 2015

La letra con música entra

La letra y todo lo que tenga que aprenderse o interiorizarse, según mi experiencia personal y profesional, no hay duda de que entra mucho mejor de manera lúdica, o al menos motivadora, intentando que parta de los intereses de los alumnos. Y como eso no siempre es posible cuando tienes 25 intereses diferentes en clase (si no más), LA MÚSICA es una buenísima cómplice y amiga del aprendizaje motivador.
En inglés es fácil tirar mano de ella, ya que hoy en día youtube es una fantástica fuente de recursos, y está ya todo inventado. Si buscas una canción para los días de la semana, encuentras un abanico tan amplio que parece que no hay bastantes sesiones en la semana para cantarlas todas; porque todas son geniales y porque, al menos en mi caso, el frikismo que (casi) todas las maestras de inglés llevamos en la sangre hace que todo parezca útil y cada nuevo vídeo me sugiera nuevas actividades (después de tener todo programado y atadito), con lo que en seguida y, muchas veces casi en el momento, cambio la dinámica de las sesiones con tal de aprovechar los nuevos recursos. Sin ir más lejos esta semana me tropecé, literal, con unas canciones ideales para aprender las normas de clase, normas que son más que necesarias para la buena convivencia y el buen funcionamiento y que tanta falta hace que nuestros peques interioricen, no por autoritarismo sino por pura necesidad social. Mis compañeras de equipo (las teachers) y yo ya las estamos enseñando, con la idea de que todo el colegio las aprenda y que sea una manera más de reforzar y recordar la importancia del respeto a los demás.
Para infantil estamos cantando estas dos monerías que os dejo a continuación, que por cierto hacen que los peques se partan de risa, y que por lo pronto nos están ayudando a iniciar las sesiones con otro talante, con ganas de hacerlo todo mejor y de no interrumpir si no es necesario. Ahí van.
INTERRUPTING SONG Con esta canción los pequeños de 3 a 5 años están aprendiendo a gestionar el respeto a los turnos y a la escucha, ya que son ellos mismos quienes, muy suavemente, se ponen a cantarla cuando algún compañero o compañera se despista y habla interrumpiendo. Como acaban de aprenderla, aún suena más a mandarín que a inglés, pero la dinámica es ideal. Enseñamos su uso mediante una teatralización de la típica situación en la que un compañero, o la maestra, contaba algo y otro lo cortaba con algún chismorreo. El juego les hizo partirse de risa. Y la dinámica, de momento, funciona.
Y con estas otras recordamos las normas de respeto básicas y necesarias en clase y en el cole, perfectamente extrapolables a su vida y sus relaciones más allá del ámbito escolar:
I CAN FOLLOW THE RULES (Para infantil)
THE RULES OF THE CLASSROOM (Versión 1. Para 1°, 2°, 3° y 4° de primaria)
THE RULES OF THE CLASSROOM (Versión 2. Para 5° y 6° de primaria)
Estas dos últimas en realidad son la misma pero en versiones algo diferentes; la primera un poco más infantil y lenta.
A nosotras nos están funcionando. Si os animáis a usarlas ya me contáis cómo os va.
Y cuando no se trata de inglés sino de cualquier otra asignatura, idem eadem idem, LA MÚSICA LO CAMBIA TODO, lo adorna todo y tiene mucho poder. No es lo mismo aprenderse las normas ortográficas o los huesos del cuerpo humano rapeando que a la manera tradicional, o simplemente con una melodía especial de fondo, para aquellos que prefieren no cantar o bailar. Los problemas de matemáticas, por ejemplo, no salen igual de bien "a secas" que con el piano del japonés YIRUMA de fondo (ese truco ya lo comenté hace tiempo en algún otro post, creo recordar).
Lo que desde luego todos sabemos de sobra, maestros y padres, es que hay diferentes estilos de aprendizaje. Tantos como alumnos en un aula. Cada alumno o alumna necesita un tiempo y una manera, pero os aseguro que cuando interviene la MÚSICA, de una forma u otra, el proceso enseñanza-aprendizaje es infinitamente más significativo que cuando ésta no está.
Y ya puestos a ponerme a piropearla, y para acabar con esta nada corta entrada, os dejo una de las canciones más bonitas que se le han dedicado. ¡Disfrutadla!

VIVO POR ELLA

¡FELICES CLASES MUSICALES!

CON M DE MAMÁ y de MÚSICA

24 de septiembre de 2015

Bimadre loca en periodo de adaptación

Periodo de adaptación de Rubiazo a infantil, al cole de mayores. 5 días sin comedor y preparando picnic (y almuerzos, of course) por la noche para que se fueran al parque a comer con la canguro. Carga el carro por si quiere dormirse después de comer (ni uno de esos días, ley de Murphy), carga mochila y saquito, tu ordenador, tu bolsa, tu bolso, una mochila con pechito / toallitas / muda y la nevera del picnic. Ellos felices con la aventura. Yo pelín desquiciada al tercer día. Pero feliz de que ellos se lo tomaran así y de que nuestra canguro favorita, a la que he propuesto al Vaticano para santa, hiciera lo indecible por poder venir a por ellos un par de horas y se buscara la vida, y una buena sombra para no achicharrarse, para que la hora de la comida pareciera chachi y no un "cutreapaño". Cuando al fin empieza la rutina verdadera con comedor incluído, Rubiazo se pasa dos días llorando, justo esos días en los que yo sonreía feliz por la reducción de estrés. El drama continuaba a la salida del cole cuando al recogerlo de su clase lloraba una novena a su súper canguro: "Yo quellía con Paulaaaaaaaaa".
Periodo de adaptación de Pichu a primaria. Empieza nerviosa (de esos nervios contenidos que te hacen controlar tu respiración para no hiperventilar) pero feliz. Contentísima cuando al fin le han puesto deberes, una ridiculez, una mini ficha, sólo hábito... ella orgullosísima de poder sentarse a "trabajar" de mayor. Papi y mami maestros. Pero su tutora es Dios. Da igual lo que le digamos, que dicho sea de paso, nunca será diferente a lo que diga su súper maestra; pues debe ser que igual lo decimos con diferente cantinela o en diferente momento del día. Si lo dice S, va a misa, porque ella sabe más, que para eso es su maestra. Nosotros en realidad nos sacamos el título de ingeniería industrial pero nos colamos en la lista de las oposiciones a maestro porque hay más vacaciones, o algo así. En fin, que ahora entiendo a los padres cuando me cuentan "es que lo que dice Noni va a misa, ahora como lo diga yo...". Tal cual. Fin de nuestra deidad ma/paterna. Pero oye, yo feliz; que le dure ese respeto a los maestros in eternum.
Para aderezar el periodo de adaptación estamos teniendo unas crisis de asma acojonantes acongojantes. Noches en vela, muchas, ataques que pasan al cabo de unas cuantas horas de aerosoles, mucho cariño, mucho sueño y mucha paciencia, pero que a ti ya te dejan desvelada y preocupada, y convierten al ventolín en tu amante bandido, just in case. Rubiazo revolucionado gracias a su estupendo aerosol. Siestas que no llegan porque la hora del descanso en el cole de momento no existe. Resultado: pasada de vueltas total del rubio platino. Suma de los factores que acaba resultando en una bomba de relojería elevada a la máxima potencia. Lunes que empieza con un vómito "integral" en pleno camino en coche al cole, todo cortesía del puto asma, que ya podía irse a visitar a Murphy y dejar a Rubiazo en paz. Tres noches seguidas de meadas de elefante tanto en su cama como en la nuestra, todo cortesía de la dichosa adaptación. Cambios de pijama y limpieza "toallitera" de emergencia para que no se desvele (demasiado). Pichu y sus arranques de independencia repentinos que te hacen querer sugerirle que vaya a pedir un referéndum al congreso de padres o algo así. Pichu y su sordera selectiva. Pichu y su recién estrenada cabezonería de primaria...

¡Y va mi amiga B y se atreve a hablarme de ADAPTACIÓN! ¡Pero nena, si llevo hecho un máster desde la última semana de agosto! ¡Si en casa es la palabra clave!: "Buenos días, adaptaciones mías / Os quiero, adaptaciones / Que soñéis con adaptaciones bonitas / Hoy de almuerzo lleváis bocadillo de mantequilla y adaptación..." Y así... ADAPTACIÓN es la palabra de contraseña cuando salta la alarma y es lo que usamos para contar hasta 10 cuando le ponemos el ventolín a Rubiazo; ¡Si hasta en la carnicería el sábado pedí 500gr de carne picada y otros 500 de adaptación a rodajas!

Muy bonita la adaptación de nuestros pequeños. Sí. Dosis extra de paciencia aunque no durmamos en condiciones durante un mes. Aunque se reboten a la mínima y estén susceptibles y tengan piropos hacia nosotros a mansalva. Sí. Nosotros somos los adultos y tenemos que saber estar, ser y hacer y dominar la situación. Todo claro. Muy lindo el cuento...

¿Y QUE ME DICEN, SEÑORES, DE LA ADAPTACIÓN DE LAS MADRES?
 
Aunque me rechifle mi trabajo como a ellos su rutina escolar, yo también querría seguir de vacaciones sin rutinas, ni horarios fijos, happy flower total con mis plantas, la piscina, el terraceo y las relaciones sociales a más no poder, la clarita al solete, los paseos familiares interminables en bici... Y ese largo etcétera que significa VERANEO. 
Yo también lloro porque no me quiero quedar a comer en el cole mientras adelanto toneladas de faena. Y me pongo de los nervios cuando se avecina alguna reunión larga que implique algo de tensión. También llevo deberes a casa. Aunque conozco a mis compañeros, a veces me encuentro con que a alguno no lo conocía tan bien como yo creía, y eso me crea desasosiego y unas ganas tremendas de gritar "¡papaaaaaaá!" y salir corriendo. YO TAMBIÉN ME ESTOY ADAPTANDO LEÑE. 
De hecho, conforme avanza septiembre la cara de loca que se me está quedando es cada vez más difícil de disimular. Salgo a correr para despejar la mente. Salgo a correr y hago religiosamente mi rutina de ejercicios, no sea que mi señor cuñado, preparador físico de élite, me pegue la bronca como si fuera una alumna real, pero también con la esperanza de fortalecer cuerpo y mente para las muchas carreras nocturnas a por el ventolín, el vómito, el pis de turno, el vasito de agua, y para ser capaz de salir cargada como una mula cada mañana, y salir del cole cargada como dos mulas con los trastos y un rubio enganchado del brazo y pasadísimo de vueltas.
 
Así que, por favor, si nos encontramos por ahí y me veis con cara desencajada, hablando sin mucho sentido, y con un zapato de cada (cualquier día)... Recordad esto: POBRETA, ESTÁ DE ADAPTACIÓN.
 

¡SALVEMOS A LAS MADRES EN PERIODO ESCOLAR!

CON M DE MAMÁ y A de ADAPTACIÓN.

25 de enero de 2015

10 cosas que necesita una maestra de inglés

Me gusta pensar que más que maestra, si quiero, puedo ser maga.
Porque si quiero, puedo convertir los objetos más tontos en los más divertidos, tan sólo poniéndoles un nombre nuevo para mis alumnos; un nombre que a ellos les suene cómico, y al resto del mundo a inglés.
Patata nunca será lo mismo desde que descubren que potatoe es mucho más divertido de pronunciar y da mucha más risa.
Ir al school garden (orchard me suena a ogro, y lo último que quiero es asustarlos) a plantar potatoes and barley es mucho más emocionante si lo hacemos cantando el último hit "Follow the yellow brick road", cortesía del Wizard of Oz; además, así se nos olvida que estos días está haciendo más frío porque mientras cantamos vamos al ritmo de 1, 2, 3, JUMP!
Si abro mi enorme bolsa y pongo cara de misterio, ellos ya saben que algo nuevo va a aparecer de repente, y sus caras no tienen precio. Y la cosa más tonta se convierte en la más chula del mundo mundial.
Si muevo la varita que the good witch of the North me ha dado y tengo suerte, justo en ese momento el vídeo que estábamos viendo se para, y entonces todos me miran expectantes para ver cómo narices arreglo el lío que he hecho. Otro golpe de varita y sus mandíbulas caen hasta el suelo. Y mientras ellos se recuperan del shock yo pienso que si lo hago adrede, no me sale mejor.
Así que sí, las maestras y maestros podemos hacer magia, y de la buena. Sólo tenemos que creer en nuestra capacidad de hacer realidad los sueños de los más peques. Ellos tienen todas sus esperanzas puestas en nosotros, y nosotros tenemos la gran responsabilidad de hacer posible que su aprendizaje sea un camino interesante, motivador y apasionante.
Por eso, hay unas cuantas cosas que son imprescindibles para que nuestros encantamientos funcionen, y que no está de más tener a mano. Yo os dejo mi lista de los diez imprescindibles que últimamente me acompañan a todos lados; pero si me preguntáis en un mes, estoy segura de que la lista habrá aumentado y variado. Aquí va pues, por si os sirve.
10 COSAS QUE NECESITA UNA MAESTRA DE INGLÉS:
1. Una varita. Cuanto más brillante, más cursi y más grande, mejor, porque más magia podrás hacer con ella, y así lo creen ellos.
2. Una regadera. Las regaderas nos sirven para regar las plantas, para jugar a que llueve y para animarlos a ellos a que sigan su camino hacia arriba cuando les tiras unas gotitas de agua invisible.
3. Macetas de colores. Cualquier momento es bueno para plantar una semilla. Estás creando vida, y el proceso para ellos es pura magia. Para ti lo mágico es que aprendan las cosas más cotidianas en una lengua que desconocen y, sin embargo, la sientan como suya.
4. Si llevas regadera y macetas, necesitas semillas, claro: de flores, de cereales... ¡Qué más da! Las macetas con una cara dibujada de pronto un día tendrán pelo, y eso es muy, muy guay.
5. Y si llevas regadera, macetas y semillas, necesitas sustrato para poder dejar caer las semillas. No ocupa demasiado, bueno, quizás un poquito, pero mi bolsa es enorme y apenas se nota.
6. Rotus molones que sirvan para pintar cualquier tipo de material. Así puedes improvisar carteles que te lleven a la ciudad mágica en la que se halla el huerto, ésa que está al final del yellow brick road y en la que nos vamos a encontrar a la bruja buena y al scarecrow.
7. Polvos de hada y stickers, muchos stickers. Los polvos de hada están hechos de purpurina muy fina, y se guardan en bolsitas especiales, como las que usamos para guardar las joyas. Si rociamos a los peques con un puñadito de polvos y les ponemos un sticker en la mano, sólo habrá que esperar unos segundos a que alguno diga que ha volado un poquito y que no tocaba el suelo. Y entonces, todos habrán volado también.
8. Unas gafas mágicas. Unas gafas grandotas, sin cristales y muy ridículas, que sirven para ver animales volando y muchas cosas más. En cuanto te las pones tú y dices con énfasis "Oooooh! I can see a pink elephant!", en menos que canta un gallo tienes la clase llena de animales de colores y formas raras, porque todos ven de todo, y de paso repasan vocabulario sin saberlo.
9. Una mascota. La que sea. Grande,  pequeña, bonita o fea. Da igual. La cuestión es que su nombre suene divertido, que puedan abrazarla, mimarla y buscarla por toda la clase porque la muy pillina se ha escondido. Y ¡ay como se te olvide en casa o en otro sitio! A ver qué te inventas para salir del paso porque no hay día que no pregunten por ella.
10. Y, por último, un saco grande de ilusión, paciencia, imaginación y muchas sonrisas. Porque habrá días en los que estarás cansado, te dolerá la cabeza, habrás dormido poco, tendrás un mal día o quizás lo tengan ellos ... y entonces, sólo con abrir el saco, recordarás por qué estás donde estás y por qué tienes a 25 personitas delante mirándote con los ojos bien abiertos y esperando a que... ¡Empiece el espectáculo!

CON M DE MAMÁ y de MAESTRA