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10 de enero de 2015

LEVÁNTATE Y ANDA

Nadie nos enseña a superar batacazos. No hay clases, ni cursos, ni talleres que enseñen a, cuando de verdad caes, no sufrir y levantarte relativamente rápido. Es la vida misma quien nos empuja y quien nos ayuda a levantarnos de nuevo. Las circunstancias, la familia (y sus circunstancias), la genética, nuestro entorno... Todo influye en nuestra actitud ante el fracaso. Lo que está claro es que de nosotros depende que la recuperación sea posible.
Los cambios bruscos en nuestra rutina, que van desde la pérdida del trabajo, el cambio de nuestras condiciones laborales, la ruptura con la pareja, la pérdida de personas importantes o fundamentales, cambio de domicilio habitual por causas de fuerza mayor... Hasta enfermedades largas y complicadas, son tropezones, más bien obstáculos que vienen, en principio, para romper con nuestro orden y hacernos tambalear, son vallas kilométricas que nos separan de nuestra seguridad y que podrán ser insalvables a no ser por nuestra actitud.
Evidentemente, lo que "se mama" en casa influye en nuestra manera de afrontar las dificultades y la fuerza con que nos enfrentamos a los problemas. O bien porque hemos tenido grandes maestros, o bien porque ya desde bien pequeños hemos tenido que sacarnos las castañas del fuego ante situaciones nada normales o complicadas, o bien por la combinación de ambos factores.
Sin embargo, que nuestras ganas de comernos el mundo sean nuestra seña de identidad no quita para que no podamos, y debamos, permitirnos nuestros momentos de bajón, nuestros días grises y nuestras jornadas de "luto por todo", que las hay y son bien necesarias.
A parte del trabajo personal que supone asumir las circunstancias que nos vienen, a parte de la madurez con la que cada uno es capaz de solventarse la papeleta, ayuda mucho saberse rodeado de buena gente, pero de buena gente de verdad. Gente que te da un abrazo cuando lo necesitas, que te da la mano para que te levantes, que pone su hombro para que llores, que te hacen sonreír sin motivo, que se entregan sin más y sin esperar nada a cambio, que te quieren porque sí y porque eres tú y así, que no te piden que cambies por y para ellos, que no exigen que te comportes de una u otra manera, que no condicionan tu vida y tu manera de vivirla... y que también te dan la colleja a tiempo para que abras los ojos y vuelvas a ser tú, cuando, por una de ésas, te ha dado por volverte un pelín "gili".
Yo tengo la suerte de contar con gente maravillosa en mi vida, personas que valen millones. Tengo la fortuna de haber vivido circunstancias que han forjado mi carácter, a veces difícil, a veces llevadero, pero carácter al fin y al cabo. Así que sólo depende de mí y de saber usar con arte estos dos ingredientes mágicos el que cada dificultad suponga un nuevo triunfo.
Y tú, ¿cómo vives los batacazos y cómo te levantas tras ellos?

CON M DE MAMÁ

12 de agosto de 2014

EL CONTRATO DE LAS MADRES

Pichu se fue ayer a las 19:00, y a los diez minutos ya la echaba de menos.
Sí, soy así de ñoña. Rectifico, SOY ASÍ DE MADRE.
Confieso, en realidad, este post lleva tiempo pidiendo salir, movido por todas las quejas madrehijiles que inundan últimamente las redes, y si no lo ha hecho antes ha sido porque mis ratos libres ahora en vacaciones, sorprendentemente, son menos. Estos meses estoy más de "madre" aún si cabe, y mi súper rato libre ocurrió hace unos cuantos fines de semana, cuando se casó un gran amigo en Los Madriles. Después de eso, volvemos a la intensidad de la maternidad.
Soy MADRE, en primera y última instancia, y sí, soy persona. Es que creo que ambos conceptos se mezclan y se confunden. Quiero decir que una cosa no excluye la otra, y, por tanto, SI SOY MADRE, ES PORQUE PRIMERO SOY PERSONA.
Cuando nos convertimos en madres, firmamos un contrato de por vida que implica, entre otras cosas, renunciar a la comodidad en general y al "yo" en primera persona, pero también implica recibir amor en cantidades inimaginables.
Éste es el contrato con el que vino Pichu bajo el brazo (no era un pan, no), y que volvió a traer su hermano hace casi dos años:

Como veis, en él nuestro papel no es el de protagonista, ni el de actriz revelación, somos secundarias, eso sí, secundarias de categoría, porque sin nosotras el  guión de la maternidad no tendría sentido. La verdad es que, si revisas las cláusulas del contrato sin saber que lo que estás firmando es la maravilla de la maternidad, creo que da hasta miedo. Es como una renuncia a todo tu ser y tu  esencia; y sin embargo, no es así, porque LA MATERNIDAD TE REDESCUBRE DE OTRA MANERA. Pero hay que saber mirar y apreciar, y no quedarse sólo en la cubierta.
Como ya he dicho, SOY PERSONA. Soy Leonor de nacimiento, Noni desde mi primer segundo de vida, mujer, maestra, amiga y amante de los míos y de la vida, me gusta disfrutar de la belleza de lo simple que nos rodea, en mis ratos propios, cuando nadie me ve, adoro el silencio, la calma y la soledad buscada, y sin embargo: ME ENCANTA SER MADRE, que es todo lo contrario a mucho de lo último que acabo de suscribir. Mis dos tesoros son lo mejor que puede haberme dado esta vida. Muero por sus besos, sus sonrisas y sus bellas caritas durmiendo. Me enamoran a cada segundo y, sí, también me agotan a partes iguales. Ésa es la esencia de la maternidad: es como el enamoramiento primero o como el definitivo, te tiene en vilo a toda hora, agota mentalmente y, en consecuencia, físicamente, y sin embargo, engancha y conquista, pasando a ser imprescindible en tu vida.
Así que, como imaginaréis, ESTOY ENAMORADA DE MI MATERNIDAD, lo que no quiere decir que no necesite mi silencio de antaño, mi soledad buscada, mis ratos de "yo, mí, me conmigo". Claro que necesito todo eso, y a veces incluso más. Porque yo también me canso, porque se me agota la paciencia y se va de la mano de la energía a tomar unas cañas, dejándome ambas sola y seca. Porque soy humana y no tengo súper poderes. Peeeero... esto no quiere decir que de mis 24 horas como madre los 365 días al año, me pase 23 horas de cada uno de esos días gritándole al mundo lo cansinos que son mis hijos. No señores, porque no lo son, sólo son niños, como ustedes y yo lo fuimos hace un tiempo, ¿recuerdan? Y tienen las mismas necesidades e inquietudes que todos nosotros: jugar, correr, saltar, bailar, cantar, tocar, hablar, hablar, hablar, preguntar, caerse, mancharse, tirar cosas, sacarnos de quicio...en definitiva, VIVIR por ellos mismos mil y una experiencias y aprender de qué va esto de la vida, esa misma que ellos no han pedido y que, sin embargo, se les ha otorgado porque un buen día, sus papis/mamis, esos que ahora tantísimo se quejan, desearon que tuvieran con tanta fuerza.
Como digo, yo también me canso y estallo, y me quejo, y me enfado, y lloro... Vamos, SOY PERSONA, y como tal, expreso mis emociones, cambio de estado de ánimo y siento la necesidad de compartirlo con mis iguales, pero me sigo reconociendo MADRE, con todas y cada una de las letras de la palabra. Es por eso que entiendo poco tanta frase poco graciosa hablando mal a toda hora de la maternidad, de la pesadez de los hijos, de lo bien que se está sin ellos, de descuidos gordos que rozan la irresponsabilidad. Soy consciente de que está muy de moda reivindicar la imperfección de las madres, cosa que defiendo y comparto, porque, efectivamente, no somos perfectas, ya por el simple hecho de que somos humanas. Estoy de acuerdo con los mensajes en tono de humor que hablan de esta imperfección, siempre entendida desde mi modo de ver como NATURALIDAD, sin más. Pero señoras, señores, cuando acuden a la queja permanente en forma de "reniegue" de sus propios retoños, cuando pasan el día conectados a las redes lanzando frases llenas de amargura por ser madres/padres y de arduos deseos constantes de tenerlos lejitos o lamentos por no haberlos dejado más tiempo allá, y presumen sin parar por ver quién lo hace peor que quién... Es cuando yo me pregunto: ¿PARA QUÉ HAN TENIDO HIJOS ENTONCES? ¿Por tradición familiar? ¿Por seguir la estirpe? ¿Por jugar a las muñecas y vestirlos en plan cuqui? ¿Porque se les pasaba el arroz? ¿Por aburrimiento? ¿Por sentirse integrados con sus amigos? ¿Por volver a celebrar los reyes magos? No sé, alguna razón tendrán, porque PARA VIVIRLOS Y QUERERLOS no lo parece. O eso o lanzan mensajes erróneos a la sociedad y así es como lo entendemos el resto. Como diría mi padre: lo poco gusta, lo mucho cansa, y lo demasiado cabrea.
Todo es más sencillo, hasta la maternidad y la paternidad, en serio. Todo tiene sus pros y contras (¿verdad, Ara?), sus más y sus menos, sus momentos dulces y sus momentos amargos. Sí, la maternidad también. Y todos ellos, nos guste o no, son vivencias necesarias para madurar, para crecer como familia (si es que esto es lo que queremos, vamos, si no, siempre podemos dedicarnos a los números circenses) y para volverse a enamorar de la vida, a veces, y otras, querer abofetearla.
Yo soy persona, repito, y por eso ahora mismo mi corazón se divide entre echar mucho de menos a Pichu, que está con sus tíos y primos no acordándose nada de mí (ironías de la maternidad), y escaparme sola un rato, huyendo de este horrible calor y del monopolio adquirido de Rubiazo, que anda estos días peor que un novio celoso venga a repetir el éxito del verano: "mamiiiiiiiiiiiiii".
Pero como digo, todo en su justa medida señores, los extremos y las estridencias no son ni estilosas ni de buen gusto, y además, pasan de moda. Así que, seamos un poquito más consecuentes con lo que elegimos y deseamos, que la vida son dos días, y entre parir y criar se nos ha ido uno enterito. Si dedicamos el otro a renegar de los nuestros y a no disfrutar de lo que tenemos delante... Llegaremos tarde cuando vuelen alto. Y entonces, las quejas, los rechazos y las ganas de independencia serán las suyas, y nos partirán el corazón en mil pedazos.
 
CON M DE MAMÁ y C de CONTRATO MATERNAL

18 de mayo de 2014

Subiendo p'abajo, bajando p'arriba...

Así, en plan montaña rusa, transcurren los meses, los días, las horas y cada momento de nuestras vidas.
Nos paseamos por circunstancias que pasan de ser grandiosas a grandiosamente dificultosas. 
Nos tropezamos quinientas veces con el mismo pedrusco aun viéndolo desde la lejanía.
Nos lanzamos al mundo de la estrategia para evitar daños mayores. 
Compramos boletos de rifa cuyo premio es la madurez a pasos agigantados para recibir, con suerte, el reintegro y poco más.
Nos precipitamos al vacío de la felicidad inconsciente y nos dejamos llevar durante todo el tiempo que se deje.
Nos cargamos a la espalda la mochila con nuestras cruces particulares, y emprendemos el viaje a nuestro futuro.
Nos encariñamos con ciertos lastres, y tardamos en aprender que soltarlos es el primer paso hacia la libertad.
Nos exigimos cumplir en todo, con todos, a toda hora y olvidamos que los límites existen.
Nos marcamos metas inalcanzables que hacemos posibles gracias a nuestra persistencia y nuestras ganas de seguir.
Nos caemos y levantamos, lloramos, reímos, nos desesperamos, resurgimos una y otra vez con aires renovados y unas ganas tremendas de comernos el mundo, regalamos buenas vibraciones y otras veces las robamos, intercambiamos miradas que equivalen a tomos enteros de complicidad y magia, nos bebemos la vida a sorbitos, a veces "sorbazos", corremos, paramos, saltamos, gritamos, callamos... Y, una vez más, respiramos hondo... ¡Y seguimos!
La vida es maravillosamente complicada y enrevesadamente sencilla, todo depende del ángulo desde el que queramos mirarla.

Este post es mi particular homenaje a aquellas personas maravillosas que tengo en mi vida, las que han estado en ella y han dejado su huella, las que llegaron un buen día para quedarse y las que lo estarán siempre porque velan desde su estrella por mí y los míos. Es un aplauso a sus hazañas diarias, su fuerza interior, su sonrisa de cada día y su amor por la vida. A todos vosotros, que sabéis quienes sois, GRACIAS POR VUESTRA VALIENTE MANERA DE VIVIR LA VIDA, DE SUBIR P'ABAJO Y BAJAR P'ARRIBA. Y, cómo no, GRACIAS POR QUERER COMPARTIRLA CONMIGO.

CON M DE MAMÁ

15 de enero de 2014

"Crianza con apego o sin él. ¿A ti qué más te da?" o "Cuando seas madre (de mis hijos) comerás huevos"

Hace ya mucho tiempo escribí sobre el vicio (cochino) que tenemos la raza humana de meter las narices donde nadie nos llama y de opinar gratuitamente, si puede ser criticando, ya que es nuestro deporte nacional por excelencia.
Si además se trata de hablar de/opinar sobre/criticar la manera de criar a nuestros bebés, entonces la carnaza es de primera calidad.
Cuando me quedé embarazada de Pichu, mi marido y yo nos compramos, el típico libro de los 50.000 nombres (total para que sólo una diezmilésima parte de ellos te parezcan más o menos normales y de ellos sólo dos sean los que os gustan a ambos) y, además, nos leímos también algún libro más relativo a crianza/desarrollo y demás, bien porque lo compramos por recomendación, bien porque nos lo regalaron. Pues ya en ese momento, en nuestro entorno más cercano hubo quien tuvo que opinar y criticar que leyéramos en vez de llamar por teléfono y preguntar. Que digo yo que no tiene nada que ver el tocino con la velocidad. Una cosa es tener una mente curiosa (y querer cumplir eso de "el saber no ocupa lugar") y leer sobre desarrollo, emociones y demás, y otra muy distinta es el aprendizaje del día a día en nuestra labor de padres, aprendizaje que, en mi siempre modesta opinión, es algo que NADIE puede vivir por ti. Está claro que cuando te llueven críticas como esa es porque, quizás, la persona que las hace necesita sentirse un poco más partícipe protagonista de lo que tú y tu pareja le dejáis.
Si algo he aprendido en mi corto viaje por la maternidad es que quien decide tener hijos y criarlos (sí, es decir, quien decide no sólo traerlos al mundo porque es lo que le toca por edad o porque no sabe hacer otra cosa, o porque intenta salvar un matrimonio condenado al fracaso) hace TODO LO QUE PUEDE POR ELLOS. Y, obviamente, lo hace desde el amor más profundo, la inexperiencia más grande y la habilidad y el instinto que le hayan tocado en el reparto de cualidades. No hay más. Y, por tanto, no es ni malo ni bueno que lea o no, que pregunte o no, que necesite a su madre/suegra un mes en su casa o no. Porque toda opción es respetable.
Yo, perdón, NOSOTROS hemos decidido criar y educar a nuestros hijos CON AMOR, y no nos hemos planteado si eso se llama CON APEGO o con desapego. Y me da igual si soy del grupo teta-colecho-apego (que va a ser que, según lo que he leído, sí, pero paso de encasillarme) o del otro grupo. Me da igual si en su momento leí a Carlos González con su Bésame mucho y me gustó, o si luego leí alguna cosa suya más y me pareció información innecesaria, o si quisimos conocer a Estivil y me di cuenta de que este señor no me duraba ni un café. Porque por mucho que hayamos leído, buscado, contrastado... lo único que realmente nos ha valido y nos vale, hoy por hoy, es nuestra experiencia, conocer a nuestros hijos (el sol y la luna ambos dos, en todo), intentar estar al 200% con ellos en cuanto a sentimientos y empatía (y no conseguirlo siempre, obviamente, con el consiguiente inevitable sentimiento de culpa, muchas veces fruto del mismo agotamiento físico y mental).
Lo que SÍ hemos aprendido es que LA CRIANZA NO ES NI FÁCIL NI CÓMODA, pero enriquece, curte, te ayuda a madurar y TE LLENA.
El otro día me encontré en una red social un artículo sobre un otro pediatra que ha escrito un otro libro sobre la crianza (lo estoy expresando en líneas muy generales) y que, según él mismo explicaba, en su libro no habla ni de métodos infalibles ni de mejores maneras para criar o hacer con nuestros hijos, y eso me gustó. No pienso leerlo. O igual, si cae en mis manos, sí decido hacerlo, quién sabe. El caso es que compartí el artículo porque me gustó que, al menos a simple vista, y por lo que relataba la entrevista, no es un pediatra más que se ha inventado o ha descubierto un método para que los niños se críen solos y no molesten o se sientan los más amados del planeta, pero lo que sí decía muy acertadamente es que las madres de hoy en día no conciliamos, sino que sacrificamos. Totalmente de acuerdo. Y seguro que habrá algún padre que también. Podéis leerlo AQUÍ. Muy a grosso modo venía a decir que no son métodos lo que hace falta, sino comprensión y respeto hacia el modus operandi de las madres, o mejor, yo diría "de cada madre".
Yo, por mi parte, creo que hay una delgada línea entre aconsejar, opinar y entrometerse. Y obviamente cruzarla hacia uno u otro lado o hacia la crítica no constructiva es más que fácil.
No me canso de imaginar un mundo mejor en el que cada uno meta la napia en sus asuntos, y en el que no seamos tan fans de juzgar al prójimo y sí lo seamos de respetar (pero del respeto de verdad, no de boquilla) y de dejar hacer a cada uno lo que en su mano está cuando hablamos de criar. Lo más triste es que para que esto ocurra somos las mujeres las primeras que tenemos que concienciarnos para hacerlo posible, ya que somos las responsables directas de estas "incomodidades maternales". Pocas son las mamás actuales que no tienen queja de las féminas más mayores de su entorno familiar, ya sean madres, suegras o vecinas cotillas. Son pocas las que dicen que jamás nadie se ha entrometido, con toda la connotación negativa que ello implica, de un modo u otro en su vida familiar. Y, por si esto fuera poco, va y nos salen pediatras y supuestos "expertos" que nos hacen sentir culpables y malísimas madres porque nos aleccionan sobre cómo, dónde y cuándo y sobre lo mal que lo hacemos cuando no seguimos sus directrices.
Pues señoras y señoritas, y parejas y "parejos"... ¡ya está bien, leñe! ¿A mí qué más me da si mi amiga P ha dado biberón y no teta? ¿O si M practica o no el colecho o V hace el pino puente para conseguir que su pirata se coma un bocata de jamón? Me da igual, no las juzgo, sólo las escucho y respeto, y en todo caso, me beneficio de lo que veo porque aprendo otras maneras de hacer y ver la vida, que me enriquecen y me ayudan a salir de mi, a ratos, cuadriculada mente, y si me piden opinión, pues la doy. Pero, lo mejor de todo, es que me parece estupendo lo que hacen y cómo lo hacen, básicamente porque lo hacen con AMOR DEL BUENO, y no hay más. Y porque con entretenerme yo en aprender a ser madre ya tengo bastante faena, ya.
Creo que leer es bueno, informarse es genial, contrastar opiniones y escuchar otras experiencias también, pero si estáis leyendo esto es porque, quizás, gran parte de vosotr@s estáis inmersos en el maravilloso mundo de la crianza, lo cual quiere decir que sabéis mejor que nadie que no hay dos niños iguales, por muy hermanísimos que sean, ni dos madres o padres clavados. ¡Y menos mal! Por tanto, lo que me sirve a mí no es preciso que sirva a otra madre, aunque quizás le venga bien conocer mi experiencia para saber que NO hacer con su hijo o hija. Por otra parte, tener personas en tu entorno cercano que tengan más experiencia que tú y que estén dispuestos a compartir sus conocimientos contigo es una gran suerte (¿cómo era eso de que para criar hace falta la tribu entera?), sí, pero siempre y cuando esa "generosidad" sea desde el cariño verdadero, el respeto, las ganas de ayudar (que no de ENTROMETERSE) y con la intención de hacer llegar a la madre en concreto un mensaje tipo "no hay mejor madre para tu hijo que tú, yo sólo estoy por si me necesitas", y que sea de corazón, de verdad de la buena.
En serio, MAMIS DEL MUNDO, equivocarse es de humanos, es bueno y ayuda. Esto de la maternidad y la crianza es,  en muchos aspectos, un camino de espinos para el que NADIE nos prepara, por mucho consejo y moralina que quieran darnos. Podemos leer, podemos ser "de una corriente" o de otra, pero lo que está claro es que lo que no falla es la naturalidad y el darnos el tiempo necesario para conocer a nuestros hijos y saber, mejor que nadie, sus necesidades a todos los niveles. El sentimiento de culpa ya de por sí parece ir intrínseco a la maternidad, por lo que no nos dejemos embaucar por expertos (y no tanto), que hablan siempre "in extremis" y que nos regalan sentencias de esas que sólo hacen que aumentar nuestro tono del mea culpa. 
Ser madre es la mayor aventura que toda mujer, que decide serlo, puede vivir. Y como tal, tiene momentos de subida y momentos de bajada. Contamos además con unas grandes compañeras de viaje que, dicho sea de paso, tampoco es que ayuden mucho, y que no son otras que nuestras queridas hormonas... Así que: MAMIS DEL MUNDO MUNDIAL, ¡CRIAD COMO OS DÉ LA GANA, CON APEGO O SIN ÉL! Pero eso sí, CRIAD SIEMPRE CON AMOR, CON MUUUUCHO AMOR.




CON M DE MAMÁ y C de CRIANZA CON AMOR

26 de diciembre de 2013

Una cucharada de dulce y una pizca de agrio, removemos bien hasta que se integren y... ¡maternidad lista!

Después de más de media hora ininterrumpida de berridos de Rubiazo, forcejeos varios para evitar que se tirara del cambiador y poder ponerle al menos el pañal... Tras un día de no haber parado ni un segundo con tareas de casa y algún extra, batallando también con Pichu y su mamitis agudísima-casi tanto como la del rubio... Todo aderezado con un catarrazo más que impresionante de esos que te hacen hasta ver doble... ¡Necesito vacaciones "maternales"!
Tal cual.
En un rato he de estar estupenda de la muerte porque tenemos cena con unos buenos amigos. Cosa que, hasta hace unas horas, hacía que en mi cerebro salieran continuos bocadillos en plan viñeta con mensajes estilo: ¡Al fin! ¡Cena sin niños! ¡Una cena en la que podré empezar con los entrantes, y seguir hasta los postres sin tener que levantarme precipitadamente, o sacarme la teta, o quitar mocos...!
Sin embargo, la maternidad es tan sabia y aboga tanto por nuestros pequeños que, en estos momentos, lo único que de verdad me apetece es plantarme mi "ropa de estar por casa" (es decir, pijamas desconjuntados y mal combinados entre sí) y tirarme en el sofá. Supongo que es producto del catarro+cansancio+paciencia bajo cero, pero las cosas como son: la maternidad es la culpable.
Lo curioso e inexplicable de esto es que, a pesar de todo, aún hay veces en que pienso que "total, un tercero...". Así que definitivamente la maternidad es responsable directa de esta especie de ceguera cerebral, que no te hace ver más allá de tus retoños, sus necesidades y sus cuidados y mimos, y que, a pesar de anular a veces (muchas) tu yo "persona", te engancha irremediablemente.
Precisamente, hace poco descubrí un vídeo publicitario de un conocido refresco que "clava" la esencia de la ma/paternidad con una mezcla perfecta de humor, delicadeza y emotividad. (Podéis verlo AQUÍ, vale la pena).
Y que conste que, si estoy escribiendo esto, es justo porque tengo ya más de media hora a Rubiazo enganchado al pecho. También he de decir que, si no fuera así, esta entrada ya estaría acabada, porque como está inquieto no para de pegarme manotazos al teléfono con su mantita, de modo que tengo que ir borrando cada ¿tres palabras? Habrá quien piense: "te mereces eso y más, porque estás con el niño, así que el teléfono te va sobrando". Pues ¿saben qué? Que me da igual y que va a ser que no. Porque si no fuera por estos ratos de catarsis, que diría mi amiga argentina Pao, me pasaría los pocos ratos al día en que no ejerzo de madre cazando gamusinos.
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11:15 de la mañana del día DC (después de la cena). Sí. Hubo parón obligatorio. Resumen: Rubiazo cayó frito, Pichu empezó un ritual lastimero de "mamá no te vayaaaaaaas..." que le duró hasta que salimos por la puerta (20 minutos después de lo previsto) y que subió de volumen cuando Rubiazo decidió despertarse y ponerse a berrear de nuevo. "Es muy bien", que diría mi hermano, el bendito canguro que se quedó ayer con el "fiestón" que le tenían preparado mis hijos, y que con esa gracia y saber estar que le caracterizan consiguió dominar la situación en menos que canta un gallo. (Gracias tío B, vales tu peso en oro... ¡Y más!).
La historia es que, como era previsible, pude vestirme y pintarme en 10 minutos. Así que nada que ver con eso de ponte una ampolla de belleza inmediata y notarás la piel tersa, como si acabaras de levantarte (que en realidad, en mi caso, no sé qué es peor si de buena mañana o a esas horas). Salí de casa de muy mala leche, dopada hasta las trancas porque toda yo era un estornudo con mocos y décimas. Pero salir, salía por ovarios. O eso o me ponía a berrear.
Pero esto es la maternidad. Con sus cosas buenas, sus momentos ideales y sus ratos de tortura china (o tortuga, que diría Pichu).
La maternidad anula tu vida ADM (antes de ser madre) y hace que tengas la sensación de que siempre lo has sido. Te ayuda a madurar (a leches, bien de teta, bien de bibe), te aporta un saber estar que no conocías y un "no" saber estar que tampoco. Te gradúa en Paciencia Infinita y otras artes ocultas. Te enseña qué es el AMOR SIN LÍMITES. Y es por eso que gran parte de los padres primerizos... ¡Repiten experiencia! Porque ese amor lo compensa todo, lo suple todo y lo llena todo.
Cosa que no quita para que hagamos uso de nuestro derecho al pataleo y despotriquemos de vez en cuando. Es sano, lo juro por Mafalda.
La maternidad es una de cal y una de arena. La broma es que a veces las de cal van así bien seguiditas, y entonces lo que te apetece es meterte la arena en la boca y masticarla, para luego escupírsela al primero que te suelte una impertinencia. Y no señores, no se trata de que los padres de ahora no aguantemos nada, al menos no es nuestro caso. Yo trabajo fuera de casa, dentro de ella, ejerzo de madre sin descanso hasta que se acuestan y durante la noche. Mi tiempo es por y para ellos. Mis ojos, mis brazos y mis palabras también. Y, casi siempre, hago todo eso con una sonrisa porque sé que por todas y cada una de esas cosas soy una auténtica privilegiada.
Sin embargo, no soy perfecta. Así que, evidentemente, tengo ratos de (y perdón por la expresión nada fina) cagarme en todos y más, mandarlo todo a paseo (pero sólo verbalmente, amenazar con cogerme más ratos libres (¿cómo estaba eso de decir y no cumplir?) y una larga lista de medidas y/o reacciones totalmente antipedagógicas, pero, eso sí, muy humanas.
Y como la maternidad no se cansa de hacerte sentir responsable de todos, de todo y por todo y todos... Pues luego te vienen esos pensamientos traidores y machacones que te hacen sentir fatal, bien por ese momento falto de paciencia o bien por esa media hora de escape para "deleitarte" comprando en mercawoman.
Y por lo que llevo vivido de esta maravillosa etapa de mi vida, yo diría que esto va para largo y no tiene mucha pinta de cambiar. Quizás en unos años pueda escribir una entrada en la que vuelva a hacer la misma reflexión, sólo que cambiando "berridos" o "mamitis" por "rebeldía adolescente" y "desapego".
Pero bueno, eso ya es otra historia, no muy lejana. Mientras, seguiré disfrutando de lo agridulce de la maternidad. Por suerte, me encanta el contraste de sabores y gustos, así que, sin duda, ¡soy una auténtica afortunada!
Ale, de momento voy a prepararme un buen cóctel de antihístaminicos y paracetamol, a ver si con suerte no paso la tarde en este estado de "resaca constante".

CON M DE MAMÁ