Éste es el blog de una mujer, madre y maestra. Es un blog sobre el día a día de las cosas simples, y no tanto, de ser mujer, madre y maestra. Un blog en el que "cualquier parecido con la realidad, NO es pura coincidencia".
14 de febrero de 2016
Maternidad a presión, como las ollas.
15 de agosto de 2015
Mis 10 "MUST DO" del verano
1. Ir en bici con la melena suelta para que la sensación de velocidad sea mayor.
2. Tirarse de bomba a la piscina, pero cogiendo carrerilla previamente.
3. Bucear para intentar cruzar la piscina entera (y darte cuenta de que tus pulmones también están de vacaciones).
4. Hacer cuantas más volteretas seguidas mejor dentro del agua y acabar con el pino (doblado).
5. Salir a la calle cuando llueve para dejar que la lluvia te empape e intentar coger gotas con la boca abierta.
6. Jugar un partidito de fútbol improvisado y dejarte la piel en él.
7. Hacer guerras de globos de agua y rematarlas a cubazos o manguerazos.
8. Beber granizado de limón a la luz de la luna mirando las estrellas.
9. Columpiarse cuando cae la tarde y el sol empieza su camino a la cama.
10. Olvidarse del teléfono "sin querer" cada día al salir de casa y sentir la bendita desconexión con el mundo para conectar con uno mismo y con los tuyos.
¿Y cuáles son tus 10?
CON M DE MAMÁ y de MUST DO
21 de abril de 2014
Regreso a los ruedos... ¡muy pronto!
5 de enero de 2014
QUERIDOS REYES MAGOS...
Este año que acaba de terminar ha sido un año difícil, duro, de grandes cambios, de enormes pérdidas y, a la vez, lleno de preciosos momentos en familia.
Las personas cercanas a mí han sido más que buenas, pero no porque hayan hecho un esfuerzo extra, sino porque tienen grandes corazones, lo que no quiere decir que tengan menos mérito que aquellos que han de estar alerta con sus acciones.
Por ello os pido que les traigáis a todos ellos grandes dosis de salud, aderezadas con horas de trabajo y muchos momentos de amor.
¡FELIZ MÁGICA NOCHE DE REYES!
Mi deseo: que jamás perdamos la ilusión por la magia y que ésta nos ayude a conservar lo bueno que tenemos, alejar lo malo y luchar por nuestros sueños.
CON M DE MAMÁ y R de REYES MAGOS
10 de agosto de 2013
Para ser feliz quiero un camión
No, no es que esté con la famosa cancioncita en la cabeza, que también, es que es la verdad: QUIERO UN CAMIÓN. Y sé que cuando lo tenga seré muy feliz. ¡Ojo! Que no es que ahora no lo sea, pero tener UN CAMIÓN le dará a mi vida de madre ese puntito de locura-cordura que creo que me falta.
¿Que por qué? Sencillo.
Cuando tenga un camión podremos despejar nuestro salón-comedor porque podremos meter la "sección juguetería" dentro. Y así no habrá que saltar bloques de construcción mientras se aparta con el otro pie el castillo de princesas, y se llevan en la boca unos colores y sobre la cabeza un cubo de playa. Cuando tenga un camión podré habilitar cierta zona del mismo a modo de "vestidor", y así me olvidaré de hacer cajas y maletas de ropa cada cambio de estación, porque todo estará en mi camión, y no en la silla de mi habitación (rabiosa actualidad), pues ya no tendré que encontrar ese "ahora que su ropa ya está, cuando tenga un hueco, me pongo con la mía". Cuando tenga un camión podremos meter en él la compra necesaria para un semestre, y así nos evitaremos los 200 viajes "al carrefú" o a mercawoman, para disgusto de la gente del barrio: menos visitas, menos lactancia-despelote público. Cuando tenga un camión podremos salir de fin de semana o de vacaciones siempre que queramos, porque total, será subirnos y arrear, que lo importante ya irá dentro. Así nos evitaremos las intensas jornadas de "haz maleta, deshaz maleta, carga en el coche, no cabe todo, saca lo que ya has puesto, intenta encajarlo de nuevo y tal... Game over en el TETRIS". Cuando tenga un camión podré celebrar los cumpleaños de Pichu y Rubiazo y dejar que inviten a todo el colegio. Y me ahorraré la dichosa visita al parque de bolas, total, bastará con ponerme en primera fila en toda cabalgata o desfile que se precie, pillar todas las pelotitas que lancen, y llenar el camión con ellas. Cuando tenga un camión podré aparcar mi coche dentro, como hacía el del Coche Fantástico, y así ahorraría en lavaderos y en líquido para el "limpia". Además, fardaría un montón saliendo del camión con mi coche como si nada: titiririiiií, titiririiií, titiririririiiiiií, ¡Kit, rápido! Cuando tenga un camión utilizaremos la pared de la parte trasera de "cine de verano", y podremos ver el canal Disney en pantalla gigante, y así Peppa Pig, en vez de una cerda con cara de secador de pelo, parecerá una montaña animada con forma de "cerdaconcaradesecadordepelo". Cuando tenga un camión podremos ir de SPA todos los días, porque será tan sencillo como meter unas cuantas bañeras de formas diferentes y llenarlas con agua y sales de baño de colorines. Y al final del recorrido acuático, instalaremos un sillón de masaje, de esos que hay repartidos por alguno centros comerciales rollo exposición, y que la gente quema de tanto probarlos (total para no comprar). Cuando tenga un camión no tendré el sueño que tengo ahora, porque podremos instalar una habitación de juegos totalmente acristalada dentro de él, y junto a ella dos hamacas de las que cuelgan de palmera a palmera... Y ríete tú de paraísos caribeños. Cuando tenga un camión... Zzzzz... Zzzzzzzz... (Buenas nocheeeeees... Zzzzzz) CON M DE MAMÁ y C de Camión19 de julio de 2013
Sueño de una noche de verano
Hoy no es ese día...
Pompas de jabón a la luz de la luna. Sueño de una noche de verano. Silencio cortado por aullidos lejanos y por el suave roce de las pompas con el aire. Magia.
15 de julio de 2013
¡PUES SÍ QUE EMPEZAMOS BIEN, SÍ!
El día de hoy... El día de hoy no tenía que haber empezado. Rectifico, podía haber empezado pero en plan vida contemplativa; vamos que me habría ido mejor si me hubiera quedado quietecita y en casa.
El día de hoy ha empezado bien cuando he decidido untarme la cara con la crema de contorno de ojos. Que diréis: "¡Uau, ya ves qué drama!" Hombre, pues teniendo en cuenta que me la compré el otro día (uno de esos días en los que me sale mi lado oscuro y me da por creer en los milagros de la cosmética y en mi constancia, a partes iguales) y me costó un pastizal... ¡Un poco drama sí que es, sí!
A continuación, como iba sobrada de tiempo y de creatividad, he decidido embadurnarme la cara con una crema de farmacia con pantalla total y color (que no me pongo nunca, pero ¡hoy sí!). Y el resultado ha sido ¡espectacular! De hecho aún no tengo claro si mi cara era papel de magdalena o piel de cebra, o ambas a la vez. Vamos, que mi careto era un mejunge de rayas, manchas y borlitas. Un ascazo máximo.
Como el día ha empezado bien, así tenía que seguir. Y por eso, el momento "voy a mercawoman, cargamos el coche en cinco minutos, y en nada estamos allí" ha pasado de ser un momento a ser una ¡puñetera eternidad! ¡Dios! Encajar (literal) todo lo que llevábamos en el coche ha sido mil veces peor que una partida de tetris nivel 5. Ha empezado Papi, haciéndose planos de diferentes posibilidades, y aún así se quedaban cosas fuera. Finalmente, después de diez largos minutos quitando y poniendo, y volviendo a quitar, he ganado la partida: GAME OVER! ¡Allá vamooooos!
Nada más llegar al destino (sólo 2 horas después de lo previsto)... ¡La primera en la frente! La bolsa con tooooda la compra de farmacia (imprescindible cuando tienes dos churumbeles atópicos a más no poder y con la piel más delicada que la porcelana china) ¡se ha quedado en Valencia! ¡Ueeee! ¡No se puede ser más campeón!
El siguiente descubrimiento que hago es que llevar un etéreo vestido blanco (nuevo) para llegar y ponerte a limpiar y hasta las trancas de polvo, porque la casa parece deshabitada desde el Paleolítico, no es ni práctico, ni rentable. Glamour veraniego a tomar por saco.
O sea, que a los quince minutos de llegar, mi vestido es marrón y está pegado a mi cuerpo, igual que mi pelo antes suave y volátil, que ahora está pegado a mi cara y cuello y ¡me pica! ¡Cuánta mentira en los anuncios publicitarios! ¡A ver cómo me cuelan a mí ahora eso de que cuando limpias y usas el producto A estás estupenda, hueles a primavera y eres feliz! Y una mier... ¡Porra!
El día no podía acabar sin que me cayera un plato de canto en toda la rodilla. Ahora luzco un morado (¡Nieves!) precioso en ella y hay un plato menos en la casa.
O sin verme en momentos tales como intentar dormir al Rubiazo mientras Pichu te pide que le ayudes a cortar el pelo a su muñeca. Y ahí que vas: balanceo con brazo y parte izquierda del cuerpo, y parte y mano derechas concentradas en cortar el pelo de la muñeca y no cortarte el tuyo, o el de Pichu. Experiencia religiosa y placentera.
¿Cómo seguir? Fácil. Que se acumule la faena hasta decir bastante porque no has podido deshacer maletas, y se junte el baño del Rubiazo (o Pollito), con preparar su papilla, la cena de todos, la ducha de Pichu, guardar la compra que Papi ha traído, y organizar las camas (segunda partida de tetris del día, nivel superior).
Y mientras todo eso ocurre piensas: "Mmm... ¡Cómo me gusta estar de vacaciones! ¡Esto SÍ es desconectar!"
Total que al final de la partida estás baldada como si hubieras corrido la maratón de Nueva York, eres la única que no ha disfrutado de un bañito en la piscina ni ha podido volver a ducharse, tienes un sueño que te mueres y no tienes fuerzas ni para mover un dedo. Pero ¡oye! ¡Qué vivan las vacaciones familiares, el descanso y la desconexión que te habían prometido!
Y de repente... ocurre. ¡Descubres una libélula en el techo del salón! ¡Una libeeeeeélula!
Y te subes a una silla para a continuación encaramarte al mueble aparador, móvil en mano, y poder hacerle una foto de primer plano. ¿Que casi te matas? ¡Qué más da! Es tu momento subidón del día, ¡que es una libélula, tu insecto favorito!
Esto sólo puede indicar que mañana va a ser un día estupendo. Seguro. Oh yeah!!
O no... ¡Porque los pu...ñeteros perros de los vecinos han decidido ponerse de concierto a las tantas de la madrugada! ¡Y varias veces!
Me voy a cagar en la música perruna, las libélulas y el veraneo en general.
¿Pues sabéis qué? Un día más "de desconexión" así ¡y nos volvemos!
¡Ah! Y que siguen ladrando...
CON M DE MAMÁ y S de ¡Santa paciencia!
25 de junio de 2013
Queridas hormonas... ¡Va por vosotras!

3 de abril de 2013
EL ANTIPLAN II. El desastre continúa...
- Que hiciéramos una merienda alternativa improvisada, cero pascuera, mientras soñábamos que comíamos monas y esclafábamos huevos. Pero eso sí, nosotras igual de motivadas que siempre, poniendo suelo y cocina perdiditos, y creyéndonos que algo iba a salir mínimamente decente...
- Darme cuenta de que mi amiga Helen cree en los milagros, pero de verdad. Con una fe ciega (vamos, como se supone que ha de ser la fe...) y con una devoción tal, que casi me hace creer a mí. Y déjate tú de panes y peces y agua que se convierte en vino, no. El milagro en el que ella puso todo su empeño fue en el de "el horno que resucita masas sin remedio". Helen, alma pura donde las haya, metió esto:
en su tradicional horno sin regulador de temperatura y esperaba que esa masa indescriptible, de aspecto mmm... ¿rústico? ¿diferente? ¿alienígena? ¿feo de narices? pasara de pronto a llevar patata, porque sí, porque los milagros existen, y subiera como la espuma...
¡Ajá! No pasó. Pero mientras esperábamos el milagro, la cocina se lleno de luz blanca, de calor veraniego, de esperanza, de risas nerviosas, de frasecitas tipo "un poquito más y seguro que sale", de guiños cómplices... ¡ATERRIZANDO! ¡ATERRIZANDO! ¡ATERRIZAAAAANDO!
Ostras, perdón, estaba levitando. Vale, se llenó de pegotes de masa y fideos de chocolate, de anisitos y de gotazas de chocolate... Vamos, tal cual una pocilga. Y el milagro no llegó.
Que yo estoy convencida de que igual si la hubiéramos liado menos, el Encargado de los Milagros Patatiles y Pascueros nos hacía el favor, pero es que el tipet tuvo que ver el tema y pensar: ¡ni de broma pongo un pie en ese antro de perversión repostera!
Tengo que decir que guardo un grato recuerdo del día en cuestión, no sólo por la frustración pascuera que se me ha quedado y por no haber probado ni una puñetera mona en todas las Pascuas porque Helen me había prometido la exquisitez en persona, no... Sino porque para rematar la jornada, me volví a casa con más trastos de los que llevaba al salir de casa (cosa que, a mí personalmente, me jo...roba un horror, que bastantes "por sis" y movidas llevo ya) y con algo muy, muy especial: EL PLATO DE LA BISABUELA DE HELEN.
Que vosotros diréis: ¿y eso? Pues mira, que como es súper cómodo llevar el coche a reventar de bolsitas y tal, es muuuucho mejor aún cuando, además, has de llevarte un plato envuelto en papel de aluminio y vigilar que no vuelque todo el tiempo. Y Helen, que lo sabe, hizo mi sueño realidad.
Gracias Helen. No olvidaré nunca ni tu generoso gesto ni la respuesta a mi pregunta "Helen, ¿eso no será un plato, verdad?": "Sí, pero tranquila que es de mi bisabuela".
¿Qué quiso decir la autora con semejante cita...?
Hasta aquí nuestra jornada antipascuera por excelencia. Corto y cambio.
CON M DE MAMÁ
EL ANTIPLAN
Lo de comer juntos mientras nos poníamos al día... no fue exactamente como soñábamos, aunque por etapas conseguimos tanto comer como ponernos al día, pero ya sabéis: teta, siesta de la mayor, papilla, controlar las bizcobolas que iban horneándose mientras, siesta de los peques, ya se ha despertado la mayor... Lo que viene siendo una comida con enanit@s.
La parte repostera... tampoco nos quedó muy fina. A ver, que no estaría de más empezar explicando que el horno que utilizamos no es un horno de los modernísimos con regulación de temperatura, es más bien un horno tradicional, con muchísimo más encanto (¡dónde va a parar!), pero que no se deja controlar tan fácil... Vamos, no a menos que te claves tú dentro, con tu creación, y vayas haciendo gestos al de fuera para indicarle si ha de bajar o subir la llama.
Empezaré por las bizcobolas...
El caso es que, entre que usamos el molde megaestupendo que os puse en la entrada anterior, que no sabíamos la temperatura a la que estaba expuesto (porque además, según rezaba la etiqueta, no debía superar los 220ºC, que yo ya veía silicona rosa con vida propia cubriendo el interior del horno)... El resultado iba a ser un misterio.
Y lo mejor del momento bizcobolas en realidad ocurrió casi ante de meterlas en el horno, ya que ante tanta modernidad de molde, mis neuronas se hacían cruces deduciendo cómo narices iba aquello. Que si lo piensas en la tranquilidad de tu cocina, sin niños, y con un martini con olivitas en la mano... mmm, probablemente la inspiración te llega "ipso facto", pero mira, a mí me salió la vena "burrita de cero y medio porque al menos has puesto el nombre en el examen", y reconozco que no lo vi claro hasta que Helen, con cara de susto, me sacó de mi laberinto mental. Es que yo, entre que no entendía cómo íbamos a hacer que las dos partes del molde quedaran llenas de masa si sólo rellenábamos una (claro, porque la masa ¡no sube! ¿verdad, zopenca?); que no veía el momento "clavas el palito y a la nevera" porque no vislumbraba el proceso posterior de sacar las bizcobolas del molde con el palito atravesándolo (es que no era muy consciente yo, que compré el moldecito, de que el molde tiene dos partes, que se separan y te dan acceso perfecto a la bolita: coges la bolita, la levantas y "voilà", ¡todo queda en un susto!)... En fin, fue un momento de evasión neuronal, nada preocupante.
El caso es que el molde cumplió su cometido y "parió" unas bizcobolas que ni en las mejores reposterías, perfectas. Eso sí, gracias a la colaboración de la temperatura "a tope de power" del horno, un pelín compactas. Bueno, de hecho su nivel de "compactitud" (y ¡olé!) era tal que si, por error (eso siempre), lanzábamos una al ojo de alguna persona a la que tengamos en alta estima... se lo sacaba, y ambos dos, bola y ojo, ojo y bola, entraban en órbita sin posibilidad de retorno.
Y a partir de aquí, hicimos, para variar y nunca a propósito, lo que nos salió de los "cocoteros" con el proceso bizcobola. Yo leí una cosa y entendí otra, Helen entendió otra diferente, Pichu se dedicó a clavar palitos en el molde como y cuando le salió del pirri...
Y así:
- las bizcobolas pasaron más tiempo del debido en la nevera sin su palito.
- Al bote de candy melts que estaba al baño maría le entró agua y acabó en la basura.
- La segunda tanda de candy melts se puso en huelga y acabó acompañando a la primera, excepto por los desertores que se fugaron a la pancha de Pichu.
- Acabamos fundiendo una tableta de chocolate de toda la vida como se ha hecho toda la vida. Llegado este punto, nos preguntamos pues cuál es exactamente el cometido en este mundo del chocolate fondant y los candy melts...¿confundirnos? ¿sacarnos el dinero? ¿hundir nuestra autoestima repostera? ¿que Pichu coja un empacho?
- Las bizcobolas acabaron, contra todo pronóstico e indicación, en el congelador. Eso sí, nos quedaron así de bonitas
... Perdón, quería decir: y de estupendas. Pero para decorar cualquier habitación infantil, claro. O, en todo caso, para regalar a alguien que penséis que necesita una visita urgente al dentista y al que hay que animar a que lo haga. Porque os aseguro que su aspecto esconde su verdadero fondo: ¡son armas de destrucción "dental y estomacal" masiva!
Vamos, que ya lo cantó la señora Potts en La Bella y la Bestia: "La belleza estaaaaaaaá, en el interiooooooor..."
Pero, oye, ¿a que si os digo que estaban de muerte os lo creéis? :P
Es que de muerte, os puedo asegurar, ¡que estaban!
CON M DE MAMÁ
Continuará...
"EL ANTIPLAN II", en menos que calienta el horno de Helen... Aquí un adelanto:
31 de marzo de 2013
¡Peligro! ¡Peligro!
Tod@s atent@s que ¡esto huele a entrada!
¿Os he dicho que las monas que hagamos irán de excursión a la montaña...?
¡Ah! Y esta vez... Los "cake pops" no se nos resisten ni de bromaaaaaa. Es cuestión de orgullo.
CON M DE MAMÁ
8 de enero de 2013
NAVIDAD, NAVIDAD, ¿DULCE? NAVIDAD
Menos mal que las Navidades han tomado otro color desde que soy mami, y a pesar de estas chorradas, he de reconocer, que me encantan. Gracias a mis pitufos he vivido escenas como las que siguen:
La feria: ir a la feria con una pitufa de 3 años puede ser realmente emocionante. Pichu llevaba varios días pidiendo (muy insistentemente) ir (consecuencia directa de que le expliques a un crío que hay un lugar súper divertido en el que podrá montar en tren, en coche, en ponis... y al que vamos a ir algún día). Así que al final, un poco "pensado y hecho" nos aventuramos a acercarnos. Cerrado. Claro, porque la feria de cuando tú eras pequeña a ahora, se ha modernizado, y tiene horarios y va ¡y no abre in the mornings! Como los chinos (al menos los de mi barrio), que empezaron abriendo 24 horas y ahora si te descuidas abren casi a la hora de cerrar, porque paran para comer con café, copa y puro incluídos, que a las buenas costumbres se hace uno rapidito. Pues venga, ¡genial! Ahora vas y se lo explicas a tu hija. Después del mini drama familiar, decidimos ir esa misma tarde: la tarde más fría en lo que iba de año, sí señores. Que no nevó porque ahí arriba no les quedaban existencias, que las habían gastado todas en sprays de nieve para decorar, si no, os digo yo que nos toca poner cadenas al carro de Pollito. Bueno, pues he de deciros que fue pisar el recinto y volverme niña. Algo que quedó más que demostrado cuando me subí a las atracciones con Pichu. En la de la barquita, la típica atracción que simula un mini lago y en la que has de dar vueltas tooodo el rato en la misma dirección, me entró tal ataque de risa histérica, que acabé llorando, sobre todo de ver lo torpe que se puede llegar a ser con un volante y una corriente de agua. Por más que intentaba centrar el vehículo, os juro que no había manera. Cosa que mejoró cuando mi niña decidió que ella también conducía, ahí fue cuando el dueño de las barquitas, con cara de perro cabreado, empezó a acercarse hacia donde nos habíamos quedado varadas venga a dar vueltas sobre nosotras mismas como si se hubiera generado un remolino.
En la siguiente atracción grité más que en mi vida: el trenecito. No, no era de miedo ni había bruja, sólo había un tío que estaba como un cabra y que se dedicó a darme de leches en la cabeza con un bate de troglodita, y a enchufarme en el pelo un chisme que tiraba aire, de modo que salí de allí pareciendo un personaje de Tim Burton, o mejor aún, su mujer Helena Bonham-Carter. Y he de confesaros que si grité en realidad no fue por eso (no, porque por mi aspecto más bien lloré), sino por la velocidad ultrasónica que cogía el trenecito en la curva (sí, sólo había un curva en el recorrido, ¿qué pasa?). Y Pichu me miraba, raro, y gritaba también, pero creo que más de la vergüenza ajena.
Siguiente y última atracción de la tarde (es lo que tiene que abran tarde y cierren pronto, que vayas con una enana que no ha estado nunca y el ritmo de decisión sea más bien del estilo "m'etá etresaaaaaaaando"): ¡LOS COCHES DE CHOQUE! Y lo pongo en mayúsculas porque así fue como los sentí yo al verlos y al saber que Pichu podía subir si subía yo con ella. ¡Qué emoción! Sí, la misma emoción que me embargó al ver que en el primer intento... yo no cabía. ¿Tanto he crecido? Es que os prometo que no... Una vez conseguimos acoplarnos... ¡empezó la juerga! Sólo había dos coches más, ambos ocupados por dos retacos que decidieron que nuestro coche era un blanco fácil, y ¡ale! ya la teníamos liada. No nos habíamos movido un centímetro y ¡zascaaaaaaaa! por delante, ¡pumbaaaaaaaaaa! por detrás. Giraba el volante todo lo rápido que podía, con Pichu muerta de la risa, y aquello no se movía ni por asomo, ¡habíamos cogido el coche chungo, seguro! Eso sí, rosa. Una de las veces tuvo que venir el que controlaba el cotarro a sacarnos de nuestro sitio porque yo ya quería llorar. Y fue salir, circular unos segundos de gloria que hasta me provocaron la sensación de ir en descapotable (ah, no, que con el pelo revuelto venía ya de las barquitas), y ¡pimbaaaaaa! por la derecha y ¡plaaaaaaaaaaam! por la izquierda, que daban ganas de decirles "¡Oye! Esto me lo cuentas ahí fuera, si te atreves". Y vuelta a empezar: volante venga a girar, coche parado, golpes por todas partes... hasta el punto de que mi hija me acabó diciendo "mamá, yo quiero yo sola, y tú te bajas". Y fue eso lo que me tocó el orgullo, ¡pero de qué manera! Así que saqué fuerzas de donde no las tenía y me pusé a pegar golpes a diestro y siniestro, a los coches ocupados, a los libres, contra mí misma... ¡Daba igual! ¡La cuestión era PEGAAAAAAAAAAAR! ¡Cómo me lo pasé! ¡Mi pitufa también, que conste! Lo que no sé es si me dejarían volver a subir...
EL DISFRAZ DE AURORA: Ésta es una experiencia que toda madre moderna debería vivir al menos una vez, y por lo tanto, toda madre moderna debería tener una hermana pequeña como la mía, sí. Porque vivir la grata experiencia que voy a contaros ha sido posible gracias al "regalazo" de reyes con el que mi querida hermana pareció ayer mismo, y que le entregó a una ansiosa Pichu: el vestido de la Bella Durmiente con todos sus complementos. Pero es que no es cualquier réplica o similar, no, no, es EL VESTIDO por excelencia. Vamos, que me dice que se lo ha robado a la princesa en cuestión y me lo creo, porque no caben más purpurina, más brilli-brilli, más tela frufrú (si no sabéis lo que es, en cuanto vierais el vestido, lo entenderíais), más lentenjuelas y ¡más rosa! en una prenda. Y si hablamos de los complementos... ¡ay los complementoooooooos! ¿Diadema con más diamantes rosas, más pelo rosa de ese de zapatilla cursi de maruja y más cuentas no hay en el mercado? No, os lo digo yo... y la varita, totalmente a juego con la corona, pelo incluído; que la ves y dices "si esto de verdad hiciera conjuros, al primer golpecito me convierte en ¡Paris Hilton!". Y los zapatos... ¡no tienen competencia! Vamos que si lanzo uno con fuerza hacia arriba en un espacio abierto provoco un eclipse. O eso, o los astrólogos pensarían que ha vuelto el cometa Haley.
Hablando de los zapatos, me dejaréis que ahora después haga un punto y a parte y os cuente la jugada de mi hermana a la hora de elegirlos.
Bueno, pues el tema con el disfraz de Aurora no es el vestido y añadidos en sí, ni siquiera que mi hija parezca un bombón de la marca P. Hilton cuando lo lleva, no... El tema con el disfraz va más allá. Tan allá como que tu hija te pida acompañarte a hacer varias compras... ¡¡con él!! Y que además, en tu intento de evitar superficies concurridas, pretendas ir sólo a la tintorería y a la farmacia, y sea ella la que entrando en la calle de mercawoman te diga "a mercawoman también teníamos que venir, ¿no?". Y en un momento de esos de debilidad maternal, digas "oye, a ella le hace ilusión que la vea así todo quisqui, pues ¡vamos allá!"... Y justo, ayer fue el día que más personas conocidas nos encontramos, madres de mis alumnos incluídas claro, y como no pasábamos desapercibidas precisamente... ¡Pues a "presumir" de hija!
Gracias, querida hermana, por esta experiencia tan religiosa, por conseguir que el suelo de mi salón parezca la Vía Láctea y que mi coche brille más que un lucero (sí, es que además de coento, el pu...ñetero vestido suelta purpurina a mansalva). Gracias de corazón. Descuida, el día que pueda, te devuelvo el favor, que para algo somos hermanas.
Punto y a parte: MI HERMANA, LOS ZAPATOS DE AURORA, LAS TALLAS, LAS EDADES...Y DATOS VARIOS
Me llama mi hermana, en plena elección del modelito "princesa", para preguntar la talla de su sobrina. Le digo, alto y claro, que la niña mide ya 1 metro, y que con ese dato tendrá más fácil ver si coge talla 2-3 o 3-4 (Pichu tiene 3 años).
Me vuelve a llamar: "oye, que le voy a coger todos los complementos (¡genial! pienso yo) y los zapatos pueden ser de tacón o manoletinas". Le digo que lo que más ilusión le haga, total, serán cursis a rabiar en cualquiera de las dos modalidades, y si son de tacón, antes se cansa ella de llevarlos que le hacen mal en el pie. Le digo que talla un 26-27. Vaya, en la tienda hay o 24-26 o 27-28... "Pues coge la 27-28".
Llega a casa y me cuenta que los de tacón no han podido ser porque la dependienta le ha dicho que para una niña de ¡1 AÑO! eran demasiado... A lo que yo le comento. "¡Y tanto!, pero para una niña de 3 AÑOS, como tu sobrina... pueden ser".
Lo mejor, la cara de desconcierto de mi hermana, que incrédula, aún me dice: "¿3 años?Pero si Pichu tiene 1". Y no hace falta que yo diga nada más, porque, de repente, ella solita aterriza por fin de su viaje interespacial, escupe el cigarro de la alegría de su mente y grita "¡Ostras! que me he liado con lo de 1 metro y le he dicho a la dependienta que tiene 1 año!".
Claro, os podéis imaginar la reacción de la pobre vendedora y sus comentarios, ¿no?; primero, porque pensaría que mi hermana es una inconsciente por lo de la broma de los tacones y, segundo, porque una niña de 1 año que usa la talla 3-4 y mide un metro, no es una niña... es la viva imagen de Fernando Romay.
Querida tía L, aquí te dejamos tu regalo de reyes: unas tablas aclaratorias, para la próxima vez. Imprímelas y llévalas siempre contigo. Creemos que te vendrán muy bien. Te queremos.
18 de diciembre de 2012
ESTAMOS DE PUENTE (o lo que pasa cuando neuronas y hormonas se van juntas de "fiessshhhta")

11 de diciembre de 2012
¡NOS VAMOS DE PUENTE!
Pero con niños, la cosa cambia, sí, porque también has de ir en el coche sentada como si fueras una ficha del tetris, pero ya no mola tanto, porque normalmente la "partida" va acompañada de banda sonora, de esas que acaban poniendo a parir al mísmisimo Mahatma Gandhi. Y sí, en esos puentes, tus maletas también iban llenas de "por si", pero son un tipo de "por sis" muy distintos: por si salimos a cenar, por si salimos a cenar y de fiesta, por si salimos a cenar y luego de tranquis, por si el primer "por si" no me acaba de convencer, por si se me acaba la espuma del pelo, por si me canso de los tacones, por si vamos de excursión-modelito ideal 1, por si me mancho en la excursión-modelito ideal 2, por si hay "buen ganado" por la zona (en caso de soltería), por si mi chico se pone mimoso (en el caso contrario), por si la cena es en un sitio "cuqui" pero no tan "cuqui" como para ir con vestidito... Y un largo etcétera de "por sis" que ahora te dan tanta risa que te atragantas. ¿Que por qué? Pues porque ahora los "por si" los reservas para tus retoños. Tú te apañas con lo primero que pillas y consigues meter en la maleta, llueva, truene, vayas de cena (¿perdón? esto se me debe haber colado... ¿vaya de qué?), nieve o caigan billetes del cielo (¡que más quisiera yo! ¡dejaría mercawoman sin pañales!).
















