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27 de julio de 2013

De colchones, rubios, canas verdes y otros temas veraniegos

Pues a ver. Resulta que estaba yo aquí durmiendo a brazos, sí eso que no debe hacerse porque se malacostumbran y bla, bla, bla, al pequeño Buda/Rubiazo/Pollito/Mollas (estoy pensando que este apodo me suena un poco a perro, porque así es como se llama el de mi amiga Carmen) y "whatsapeando" con la tribu de madrAZas, cuando al intentar mover el colchón de cuerpo y medio que había apoyado en la pared... me ha caído encima. Y diréis... ¿Y que tiene que ver esto con una entrada de blog? Respuesta fácil: nada.
A mi querido Pollito ya no puedo llamarlo así, mal que me pese, porque con lo rubio platino que tiene el pelo, y ahora que se pasa el día entero sólo con el pañal, es cuando más se parece a un pollito saliendo del cascarón. Pero no cuela. Pollito hace tiempo que pasó a ser Sr. Pollo. Y la verdad, no es un apodo que me suene muy maternal, así que de ahora en adelante, Pollito pasa a ser Rubiazo, porque más que rubio es transparente.
Y a quien le surja la duda, la respuesta pre-pregunta es: no, yo de rubia no tengo ni la "r", yo ya os dije que soy de melena "californiana", aquí el rubio casi albino era su padre de pequeño y, en todo caso, una de mis hermanas. Vamos, que Rubiazo mío tiene las ganas de cachondeo y poco más, así que a veces, en secreto, le pregunto, ¿Rubio, tú estás seguro de que eres mío?
Y Rubiazo me responde dándome un coco, o estirándome la nariz (cosa que puedo jurar que no me hace ninguna falta), o metiéndome toda la mano en la boca (cuando sepa que para odontólogo hay que empollar de lo lindo dejará de hacerlo fijo), estirándome el pelo hasta el infinito y más allá (¡grande, BuZz Lightyear!) o amorrándose a mi teta vestido puesto incluído, que es su manera cariñosa de decirme: "Mami, ¿pero tú no ves que sí? ¿No ves que soy casi más "culo de mal asiento" que tú?"
Porque otra cosa no, pero tanto Pichu como Rubiazo son almas investigadoras, tienen un petardo en el culo, o muelles en los pies, y eso SÍ me lo deben a mí. Yo siempre tuve la esperanza de que salieran al padre, que por lo que me cuentan (y ya empiezo a dudar) fue un bebé y un "bebelescente" (Nieves ;-)) de lo más tranquilo, calmado y pachorra. ¡Ostras! Pues ni un poquitín han sacado, tú.
Llevamos una semana en la que tanto Papi como yo caemos rendidos en el sofá nada más se quedan fritos ambos en sus camitas, tanto que las cenas rollo leche con cereales o "pilla cualquier cosa de la nevera" vienen siendo cada vez más habituales. Pero es que a las horas que se hacen, y con el calorazo que nos está premiando julio... Las ganas de seguir una dieta mediterránea equilibrada y tal se van de fiesssshhhta y botellón junto con las ganas de todo lo demás en general, y con las de mover ni un sólo músculo en particular.
Así que como mi cabecita no para, he pensado en varias cosas:
1. Me hago mayor a la carrera.
2. Me hago mayor a la carrera y esto no ha hecho más que empezar.
3. Me hago mayor a la carrera, esto no ha hecho más que empezar y a ellos se les ve motivados a seguir así.
4. Me hago mayor a la carrera, esto no ha hecho más que empezar, a ellos se les ve motivados a seguir así y a mí las canas ya me salen verdes.
5. Me hago mayor a la carrera, esto no ha hecho más que empezar, a ellos se les ve motivados a seguir así, a mí las canas ya me salen verdes y en la pelu me han dicho que canas verdes y mechas californianas "naturales" no es compatible.
Así que ya me diréis qué hago yo ahora.
¿Me corto las mechas? ¿Me hago todo el pelo verde? ¿Dejo de ir a la pelu? ¿Hablo con el que reparte los "años nuevos" y le digo que a mí deje de traerme durante un tiempo?
Mmm... ¡Creo que lo tengo! He decidido que voy a dedicarme a disfrutar de este "cansancio" bien merecido porque en unos años se habrá transformado en "son las dos de la mañana y la niña sin venir, y a mí me va a dar un síncope", y creo que eso será muuuucho peor. ¡Y encima me pillará con unos cuantos años más! ¡Horror!
Y a todo esto... ¿Yo no estaba hablando de colchones?
CON M DE MAMÁ y  S de ¡¡SeMeVaLaOlla!!
(imagen sacada de Google, fuente: abrelaboca.com)

17 de junio de 2013

DE CHONISMO, GLAMOUR Y MATERNIDAD...

O lo que es lo mismo: desde que soy madre me la trufa bastante mi aspecto. 
Vaaaale. En realidad, "Eso es... MENTIRA" (emulando un "gran" programa de televisión).

Lo que quiero decir con esto es que, desde que soy mami, hago lo que puedo. Y con una tranquilidad tal que no me reconozco, oye.

En mis tiempos mozos, en esos en los que "ligar" o simplemente "tener seguidores" (sí, como en el twitter) podía ser un buen objetivo, digamos que podía pasar de ser la más hippie happy del lugar a llevar combinada la goma del pelo con el lacito central del suje y el collar y las pulseritas de turno. Eso sí, fuera cual fuera mi estilo, siempre cuidaba hasta el mínimo detalle. Es más, he de confesar que tuve una larga época de "shopaholic: no voy a dejar ni el perchero" que ahora he convertido en "shoppingformybabiesaholic-y a mí que me den".

Por eso, ahora, si salgo con los dos calcetines del mismo color, doy gracias a la Divina Providencia, que es la responsable de que mis neuronas hablen entre sí alguna vez y se pongan de acuerdo en los "conjunts" (leído "conchunts" para los de fuera de territorio comanche).

Para empezar, cuando te enteras de que estás embarazada te invaden una alegría y emoción tales que te llevan a verte siempre sonriente, feliz, estupenda y divina de la muerte. Recién salida de una portada, como bien dice mi querida Pao de Muriel y yo. Nada (y cuando digo nada, es nada) te hace imaginar el desastre estético que se te viene encima. Y no me refiero al aspecto físico y la transformación monumental que sufre nuestro cuerpo, porque, en mi caso, he adorado cada centímetro de panchota nuevo que me descubría. Me refiero al conjunto en sí. Al todo. A que no se pueden "juntar churras con merinas", así que o vas acorde a como te sientes o vas acorde al tiempo (nulo) que te queda a ti para arreglarte. En cualquier caso, y en muchiiiiísimas ocasiones, vas hecha unos zarrios. No, señores del grupo "piensa en verde", zarrios no tiene nada que ver con ese animalito pequeño, mezcla entre can y lobo, y astuto como el solo y que en todos los cuentos se cuela en el gallinero y ¡hala! ¡A zampar gallinas!... Usen el diccionario. Aunque con echar un vistazo a esta foto, podéis haceros una idea de a lo que hace referencia el palabro.



Sí, es lo que parece, una media calcetín con un agujero del tamaño de mi pie. Sí, y encima es una media de esas que son tan "feas" según Pichu. Razón no le falta, pero entre llevar un calcetín media color carne o llevar unos calcetines blancos a lo M. Jackson, no sé porqué, pero yo siempre me inclino por lo primero.
Llegado este punto, aclaro, mi chonismo no llega hasta ese extremo. Vamos, que no salí así de casa, aunque sí llegué así, y lo peor, ni idea de cuanto tiempo lo llevé en ese estado de... descomposición.
Si empezamos repasando de arriba a abajo, el primero en discordia es "mi pelo", esa mata de pelo de color indefinido que varía desde el castaño al rubio, pasando por anaranjado y rojizo, y si me apuras, por el verde, que son los pelos que me salen cuando la "paciencia de mami" se esfuma. Esa mata de color indefinido y sin forma fija era antaño una de las melenas más lustrosas y mejor cuidadas de toda Valencia. ¿Que no? Preguntadle a mis seres más queridos y os hablarán de lo remaniática que he sido siempre con mi pelo. Antes salía en bolas a la calle que con el pelo mal hecho. La peluquería era mi segunda casa. 
Ahora... mi pelo es huérfano. No es que no tenga una segunda casa, no, es que ni siquiera tiene una primera. Va sólo, a su aire, se ha puesto años encima, ha perdido su gracia natural, ya no sale de fiesta, ni se arregla... Se ha vuelto muy "natural como la vida misma", y no lo culpo, es que no le ha quedado otra. Era eso o emigrar a otra cabeza (me consta que lo ha intentado).
Si hablamos de mi "face"... la definiría como "esa parte de mi cuerpo en la que conviven primeros indicios de patas de gallo (no cuela, lo de que son arruguitas de tanto reír, no cuela), con manchas solares recuerdo de mi primera maternidad, con bolsas tamaño maleta, y ojeras del tono morado más vivo y apasionado de todos los tonos morados del mundo mundial". Sí, ese amasijo de cosas bonitas es mi cara. Y aún así, el amor ciego de hija a madre hace que a Pichu se le escapen cosas como "Mamá, tú eres guapa. ¿Lo entiendes?", que te dan ganas de decirle: "Sí, cariño, yo lo entiendo, quien no lo pilla es mi cara".
Cuerpo... cuerpo ¿qué? ¿Qué cuerpo? ¿Qué dice ésta? ¡Aaaaaaaaaaaaaah! Sí, mi cuerpo después de la maternidad (y por partida doble en tres años). Ese cuerpo que oye la palabra "deporte" y le suena a primitiva, pero del Pleistoceno lo menos. Y que oye "gimnasio" y le suena a isla lejana, o incluso planeta de otra galaxia. Tengo que confesaros que a mí, a pesar de los pesares, me gusta mi cuerpo tras la maternidad, mucho más que antes. A pesar de esa "estupenda" compañera de trabajo (por ejemplo) que te estira el vestido hacia bajo, haciendo que quede ultrapegado a tu cuerpo y haciendo así destacar tu "panchita post-parto flanera que se resiste a desaparecer", y te dice: "¿Esto qué es?". A lo que tú, con su mismo tono mala sombra pero con sonrisa profident, le respondes: "Esto es la pancha de una madre que ha parido hace siete meses y que aún se está recuperando, ¿por?"; A lo que ella responde: "No, por si era otra cosa", mientras tú la miras con una poker face que ni Lady Gaga.  Así que sí, me gusta mi cuerpo de mami, muy a pesar, también, de que siga viendo a las ángeles de Victoria's Secret y piense "me voy a cagar en la pu...". 
De hecho, me gusta, y mucho, porque cada uno de los milímetros de flacidez o dejadez que veo en él me recuerdan que tengo dos hijos maravillosos. Eso sí, como las madres somos mujeres de recursos, para suplir los estragos de la maternidad tenemos la posibilidad de elegir trapitos ideales que disimulen lo que tienen que disimular y enseñen lo que tienen que enseñar. Bueno, pues ahí también patinamos, porque como a veces (muchas... muchísimas... ¡vaaale! un día sí y otro también) nos ponemos lo primero que encontramos al meter la mano en el armario sin mirar, pues vamos un poco "al tun tun". Y pasamos de haber sido las más estrictas en el cumplimiento del código para combinar colores al "todo pega, todo vale, porque todos los colores llevan a Roma". ¿Que no eran colores, que eran caminos? ¡Que más da! Todo el mundo me ha entendido. 
Y para postre, para un par de días en los que te colocas un mini vestido, unas cuñas de 15 centímetros desde las que ves La Isla de Pascua (mira, viaje que me he ahorrado) y un cinturón mono, ya tienes a la típica "yo también he sido madre y no voy así porque no quiero" que te dice que si vas demasiado estupenda, o demasiado sexy o demasiado idiota para aguantarle las impertinencias y no decirle nada más. Y si no, estás tan megaemocionada con el conjuntazo de marras que en tu mente no hay ni el más mínimo atisbo de recordatorio de una sesión de relajación en la que tú estás involucrada. Pues tan ricamente, oye, a ver quién no es capaz de tirarse sobre la esterilla con su etéreo vestido y sus cuñas "Everest" y hacer una relajación que ni el Dalai Lama en sus mejores momentos.

El caso es que el tema chonismo-glamour relacionado con la maternidad es toda una incógnita que necesita de muchísimas fórmulas matemáticas juntas, y revueltas, para dar con la solución. Yo, que soy de "ciencias puras" de las de toda la vida, he planteado una cosa así:
Pero sigo sin dar con la solución definitiva, porque cada día me da un resultado.
Eso sí, todos son aproximados y me llevan a la siguiente CONCLUSIÓN sobre el estilo y el físico tras la maternidad

"EL NÚMERO DE HIJOS QUE UNA MADRE TIENE ES DIRECTAMENTE PROPORCIONAL A SU ASPECTO DE SURFERA", *cqd (como queríamos demostrar). 


DATOS QUE LO DEMUESTRAN:

- Mechas californianas, o lo que es lo mismo, cabello decolorado y pasando por multitud de diferentes tonalidades de la raíz a las puntas, incluyendo las primeras canas en algunos casos.
- Melena al viento sin orden ni concierto, con aspecto áspero, y con unas ondas que se forman de manera natural ante la falta de mascarilla y un buen cepillado.
- Piel reseca y "alagartada" (efecto indudable del agua del mar y las horas de sol "cogiendo olas").
- Cara llena de manchas solares, fruto de también de las horas pasadas en contacto directo con el sol y las olas y la vida placentera de cualquier isla paradisíaca.
- Ropa ancha, de colores varios en su parte superior e inferior y no siempre combinados, pero llevada con una gracia y una naturalidad infinitas...

¡¡¿¿¿No me digáis que no es genial???!! Ahora ya está claro,tras la maternidad pasamos de ser ballenas a ser la viva imagen de la BARBIE SURF

Si es que en esta vida ¡ES TODO CUESTIÓN DE ACTITUD! ;)




¡Besazo!

CON M DE MAMÁ y S de SURFISTA

Próximamente: La metamorfosis de la mujer y su mutación en distintos animales 

23 de abril de 2013

Yo voy a ser... ¡REY LEÓN!


LLevo unos cuantos días cantando una de las canciones que forman parte de la banda sonora de esta peli, la del Rey León, digo. 
Llámalo "varias proyecciones de la peliculita en pocos días, cortesía de Pichu", llámalo "mi pelo está tan hidratado y suave (no te lo creas) que el cepillo se sujeta solo gracias a los enredos y nudos, al más puro estilo rasta/león de la sabana"... o llámalo X.
El caso es que lo que es innegable es que mi pelo necesita ser hidratado a base de mascarillas con relativa urgencia. Y también es innegable que la letra de la cancioncita de marras me va "que ni al pelo" y me tiene viciada. Es una especie de grito de guerra:



             "Nadie que me diga lo que debo hacer,
              nadie que me diga cómo debo ser.
              Libre para hacer mi ley,
              libre para ser el reeeeeeeeeeeeeeeey."

(Canción original AQUÍ , por si os animáis a cantarla. Venga, liberaos que vale la pena.)

Así que por motivos varios y más que evidentes: YO VOY A SEEEEEEEEEER, REY LEOOOOOOOOOÓN. Porque sí, porque me mola, porque mi pelo mola, porque la peli mola (pero sólo una vez) y porque yo lo valgo.

He aquí los motivos que me proclaman como la REY LEÓN por excelencia:

Motivo 1: Mi verdadero nombre. Que no quiere decir que Noni no lo sea, que lo es. Pero Noni, como ya me dijo en su día una profesora de la universidad (a la que digamos que mucho caso tampoco le hice, teniendo en cuenta que llevaba mechones largos y rosas sobre una cabellera con fondo "naranja león"): "Noni? Noni? Noni is nothing!". Y a la que no contesté por educación y por si lo del pelo era contagioso (que de poco ha servido, vaya). Noni es un montón de cosas, para empezar es el diminutivo de Leonor y para seguir, una planta tropical que parece que tiene un porrón de propiedades, fíjate tú por donde. Pues el primer "león" lo tengo en mi nombre, que bastantes coñas marineras me ha valido, por cierto, porque es un nombre que cuando eres niña, o al menos en la época en la que yo lo fui, no sonaba muy infantil. ¡GRRRRRRRR! Que tenía demasiada fuerza, vamos, y que era poco común y nada repetido. Ahora no, claro, que desde que tenemos a la hija del príncipe, es un nombre tan , pero tan de moda y normal, que maúlla más que ruge. Y eso tampoco mola, la verdad. El caso es que Leonor es nombre de reina. De reina leona. Ahí lo tenéis.

Motivo 2: Mi pelo. Que ya lo había dicho, pero por si acaso. Esa melena que antaño lucía brillante, lustrosa y muy "pantene". Melena que no descuidaba ni por saber morir. Melena en la que gastaba todo lo que se me ponía a tiro para que fuera la envidia del reino (animal, of course, que yo he sido muy felina). Melena que ha acabado convertida en un mocho que ríete tú de la fregona que tienes en la cocina. Triste, pero cierto. Que ni proteínas de seda marina ni máscaras milagrosas. Esto ya no hay quien lo resucite. Bonito resultado, por cierto, de dos embarazos con sus correspondientes partos; lo que implica perder el pelo como si fueras un gato: a bolas. 
Bueno, yo por si acaso, y porque soy de las que cree que "la esperanza es bla, bla, bla", ya me he comprado (en el "superet") un megachampú de oro líquido que promete ser la panacea de los champús. Y a buen precio. Que se ve que el quilate ha bajado, y con él los champús de oro.

Motivo 3: Porque hago lo que me sale de... la melena. Porque yo lo valgo. Ah, no. Perdón. Esto último no, que es de anuncio de pelo bonito y el mío es un mocho con salfumán. A lo que iba. Pues que desde que soy madre, hago lo que me sale del pirri, hidratado o no, y paso doscientos mil de lo que me digan. Me ha costado, pero a fuerza de cantarme a mí misma la cancioncita a toda hora (gracias, Pichu, gran idea ver El Rey León una y otra, y otra vez)... Me lo he acabado creyendo: ¡Que aquí mando yo! Al menos hasta que no cambiemos de película.

Motivo 4: Soy madre. Y al hilo, en cierta manera, del anterior motivo, diré que soy más leona que madre. Si es que eso es posible, dado que las leonas son más madres que leonas. Vamos, que soy una madreleonalenonamadre que si hace falta hace el pino mientras bate la papilla de frutas, se saca una teta y se tapa la otra (o no), prepara un bocadillín, recoge pinturas y mil cosas más, sin inmutarse ni mover un pelo de su (antaño) lustrosa melena. Madre que pelea contra los elementos para alargar el día junto a sus crías a 25 horas, y a la que le sale el tiro por la culata y sólo consigue alargar el día... porque la noche es corta e interrumpida.

¿Os parecen suficientes motivos o aún queréis arrebatarme el trono?

Pues si no os parecen bastantes, ya sigo en otro rato, que si me pongo llego a los 100 y no puede ser. Que mi melena de mechas californianas (por falta de peluquería, pero ¡qué bien me quedan y qué profesionales parecen!) necesita su sueño reparador para lucir estupenda mañana, sobre todo teniendo en cuenta que, nada más salga de casa, medio peinada, me dará en toda la cara el primer bofetón de viento del día, y más que una leona pareceré una mopa de las que se usan para limpiar las canchas de basket (BA-LON-CES-TO, Pepu Hernández dixit).

CON M DE MAMÁ, L DE LEÓN, R DE REY Y S DE SUEÑO REPARADOR .

Besazos.