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23 de enero de 2016

Cuando nuestros hijos no pueden más

Dolor de estómago es lo que sientes cuando tu pequeña te cuenta que ha tenido un episodio, más, de desencuentro con una compañera que no la trata bien desde que empezaron la escolaridad con tres años. Sobre todo porque no es un episodio cualquiera cuando tu hija se rompe del todo mientras conduces y llora desconsoladamente, con un desespero que te desgarra el corazón.
Hemos tomado medidas, obvio, entre ellas hablar con quien corresponda, y tenemos claro que se solucionará. Habrá quien lo verá desde fuera y pensará que es una chiquillada más. Pero ahí está la diferencia, que no es una más, sino que es la que ha hecho que mi hija se derrumbe, con 6 años.
Le hemos enseñado, o mejor dicho estamos enseñándole, a ser asertiva, a saber decir NO, a defenderse con la palabra, a contestar ante la injusticia; pero no deja de ser una niña que en estos momentos necesita la ayuda adulta.
Mi pequeña es una valiente que superó con creces que una compañera la intentara ningunear cuando con 3 añitos tuvo que llevar parche, además de gafas. La "no suerte" de ser maestra donde ella estudia fue presenciar en varias ocasiones la escena: "hoy nadie juega con Daniela..." y tener que morderme la lengua para dejar que la situación siguiera el cauce normal, es decir que la tutora se encargara. Y así, entre su maestra en clase y nosotros en casa, Daniela fue aprendiendo a no tragar. Lo mejor es que la fuerza que ella tiene la quisiera yo para mí, porque a pesar de ser el parche uno de los motivos de machaque, ella lo vivió con la alegría de poder combinárselo con la ropa de cada día y lo convirtió en algo natural y divertido. Lección a los que la rodeábamos.
Cuando el motivo no podía ser el parche porque ya no llevaba, entonces fue la ropa, y las burlas de esta compañera y su amiga hacia Pichu eran diarias. Misma manera de actuar, como ya conté en un post en su momento: hablar mucho con ella en casa, darle estrategias de defensa verbal sin necesidad de insultos, insistirle en la búsqueda de ayuda adulta y de su confianza... Y volvió a superar la situación cuando al fin un día salió del colegio feliz porque había plantado cara, sin insultos, sin malas maneras, sólo atreviéndose a replicar ante el comentario de "tu camiseta es horrible" con un "pues a mí me parece bonita". Si tenemos en cuenta que sólo tenía cuatro añitos, touché, lección de superación y valentía cuando tienes a un igual machacándote a diario con frases nada agradables.
Daniela es algo mayor que entonces, obvio, aunque sigue siendo una cría. Una cría que, además, no haría daño a una mosca, y que aunque ha seguido contándonos los más y los menos con esta compañera y su amiga mientras estaban en el último curso de infantil y en lo que lleva de primaria, ha sabido resolver y superar cada situación con aplomo.
En casa hablamos, hablamos mucho, de sentimientos, del día a día, de lo que nos duele e inquieta. Lloramos, nos reímos, compartimos risas y pesares, y no escondemos jamás nuestros sentimientos. Nuestros hijos nos ven felices, preocupados, enfadados... Saben que somos humanos y sentimos. Y no tienen miedo de expresar sus emociones. Saben que llorar no es de cobardes, ni de chicas, que enfadarse no es de monstruos, y que reír contagia.
Quizás es por esto que estamos al tanto de lo que ocurre en la vida de nuestros hijos, igual que ellos lo están de la nuestra. Seguimos dándoles estrategias, intentando enseñarles de qué va esto de vivir, convivir y sobrevivir, para que sean capaces de decir NO y de tomar sus propias decisiones en un futuro. Sin embargo, son niños, son dos críos que nos van a necesitar toda la vida. Y cuando piden ayuda, hay que saber estar y actuar para que no se sientan solos, para que la confianza que existe no se evapore y desaparezca para siempre.
Daniela ayer explotó. Tenía razón para hacerlo. Mucha. Y a mí me costó muchísimo no explotar en su presencia y gritar cuatro cosas de lo que pienso sobre las personas abusonas, irrespetuosas y cobardes, porque al final, todo se resume en eso: cobardía.
Cuando tu hija se rompe, duele el estómago. Mucho. Pero ahí es cuando nuestra versión más adulta y madura tiene que tomar cartas. Y en ello estamos. La tormenta pasará y quedará todo en algo anecdótico. Y cuando algo así vuelva a ocurrir, volveremos a estar listos para actuar.
Sin ánimo de dar lecciones de nada, sino tan sólo de compartir, nosotros lo vemos así: jamás debemos subestimar los sentimientos de nuestros hijos. Siempre debemos hablar en casa dándoles la confianza para que se sientan libres de expresarse sin sentirse juzgados, para que así nos busquen siempre que algo se les escape de las manos. Siempre debemos preguntar por el otro, por la otra parte, investigar qué puede haberle llevado a actuar de cierta manera con nuestros hijos, y no dar por sentado que los otros son culpables sin más, porque en toda verdad siempre hay dos versiones. Pero jamás, jamás debemos restar importancia a aquello que angustia a nuestros hijos, por pequeño que nos pueda parecer. Sus preocupaciones de 2, 3, 4, 5, 6 años y demás nunca serán las mismas que las nuestras de adultos, pero serán lo suficientemente grandes como para agobiarlos y que necesiten de la ayuda de un adulto para gestionarlas.

Cuando tu hija de 6 años llega a casa con el alma hecha añicos, la paciencia machacada y no puede parar de llorar... El estómago duele, mucho. En nuestra mano está ayudarle a recoger los trocitos y volverlos a juntar, prometerle una solución para su problema y actuar sin demora.

Podéis leer aquí: http://conmdemami.blogspot.com.es/2014/07/mama-hoy-me-han-hecho-dano-en-el-corazon.html?m=1 y aquí: http://conmdemami.blogspot.com.es/2015/06/10-cosas-que-mi-hijo-debe-saber.html?m=1 más sobre resolver situaciones en las que nuestros pequeños están sufriendo en su entorno escolar o sobre los sentimientos que nos generó y las reflexiones que nos hicimos entonces. 

Cuando no tienen edad de poder explicarse, como nos pasó con Rubiazo a final del curso pasado, hay otros signos que son claramente una alerta, como puede ser un retroceso en control de esfínteres sin motivo aparente (enfermedad, celos...) en determinados momentos o sólo en el lugar donde el niño sufre la situación de estrés. Si detectamos anormalidad en algo no debemos dudar jamás en preguntar, consultar o pedir tutoría con educadores y tutores. Preguntar no es ofender, y a veces dejar pasar un día puede ser clave para que en futuras situaciones nuestros hijos confíen en nosotros o no.

CON M DE MAMÁ

(Yo quiero un corazón tan bonito como el tuyo)

2 de octubre de 2015

Por qué adoro ser MAESTRA

Porque entrar al colegio cada mañana, mirar sus coloridas paredes y ver los pasillos esperando los pasos de los niños y niñas es respirar vida.
Porque las voces de los niños y niñas en las horas de recreo, sus cuchicheos en clase, sus risas, sus juegos e incluso sus disputas me hacen volver a mi yo niña y contagiarme de lo que fui.
Porque la sinceridad de los niños no regala mis oídos falsamente sólo por el mero hecho de agradar, y si algo les gusta lo dicen, y si no les gusta también, y eso, siempre que sea con educación y desde el corazón, es muy de agradecer en este mundo lleno de hipocresía y falsedad.
Porque justo por lo anterior sigo queriendo mejorar cada día para llegar a ser una buena maestra, porque me esfuerzo por aprender acogiéndome a sus intereses y sus reacciones, y porque ambiciono llegar a sus corazones y dejar una buena huella que les sirva en su futuro y de por vida.
Porque sus sonrisas y sus miradas son cálidas si llego algún día con el corazón congelado y hacen que mis penas se vayan lejos y no vuelvan en todo el día.
Porque un abrazo espontáneo de cualquiera de ellos, en el momento que sea, es mucho más valioso que un saludo y dos besos de los que los adultos nos damos por pura cortesía.

Y porque, en definitiva, trabajo rodeada de seres especiales, cuya visión de la vida es de verdad pura magia; porque estar con ellos y bajar (o subir, según se mire) a su mundo me ayuda a ver las cosas de manera más natural y sencilla, y eso, en mi mente complicada de adulta es muy de agradecer.

Por todo esto y mucho más... ¡ADORO SER MAESTRA!

CON M DE MAMÁ y DE MAESTRA

27 de septiembre de 2015

CHARCOS

Si después de un fin de semana repleto de actividades divertidas, diferentes y originales, les preguntas a tus hijos qué es lo que más les ha gustado y te responden: "¡Todo! Pero lo que más... ¡SALTAR EN LOS CHARCOS!", no quiere decir que sean raros o que tus planes hayan sido una patata. Lo único que quiere decir es lo que ya sabíamos: que la vida es como un bocadillo de pan con aceite y sal, que la belleza está en la sencillez de las cosas, que el plan más improvisado puede ser mil veces mejor que el meticulosamente preparado, que los niños son felices con cualquier cosa mientras esa cosa te incluya a ti cerca, que deberíamos contagiarnos más a menudo de su espíritu llano y olvidar las cimas a las que a veces nos empeñamos en subir... Y que la felicidad puede estar en un charco de agua y hacerla nuestra sólo depende de que entremos a casa a por unas botas de agua antes de que se evapore.

FELIZ NOCHE DE DOMINGO Y MEJOR COMIENZO DE CASI MARTES, BONICOS.

CON M DE MAMÁ

26 de septiembre de 2015

Lengua de trapo

A mí me da una pena que Rubiazo se haga grande que ni os lo imagináis. Y es que para mí, la edad de 2 a 3 y durante el primer añito de cole de mayores, es sin duda la mejor, por eso suelen ser mis prefes. Por norma general es cuando empiezan a soltarse a tope con el habla, y sus expresiones son de partirse de risa, porque nos imitan más que nunca y a veces aciertan y otras no pega ni con cola lo que dicen con la situación en que lo dicen. La verdad es que creo que en un futuro me arrepentiré de no haber apuntado cada una de las parrafadas y ocurrencias de Pichu y Rubiazo, aunque es cierto que hay algunas que no se olvidan.
Rubiazo ahora lleva una temporadita en la que " soy mayol" pues hace y dice cada una que es imposible no llorar de risa. Su hermana casi que provoca que hable y razone sólo para reírse.
Últimamente, cuando le contamos algo que ha pasado y que tiene algún tipo de consecuencia no muy buena o es un fastidio, suele soltar un "¡¿No me digas?! ¡Lo que faltaba!" con una cara de empatía y preocupación que hace que se te pasen todos los males y que sólo quieras comértelo a besos y estrujarlo.
Hoy mismo "me ha dormido" en la siesta. Debe haberme visto tan k.o y tan a punto de caramelo que me ha dado su mantita y me ha dicho: "No te pleocupes, yo te duelmo con mi mantita". A continuación, se ha girado a su padre y le ha soltado: "papá, pon Fix You que le voy a cantal a  mamá pala que se duelma que tiene sueño". Pero lo mejor es ¡que me la ha cantado de verdad mientras me acariciaba la cara! ¿Me lo zampo ya o me espero a la próxima?
Voy a obviar los ratos en que, estando yo totalmente sopa, venía a comprobar si estaba dormida y botaba sobre mí como si yo fuera su caballo mientras gritaba "¿ESTÁS DOLMIDAAAAAA?".
Cuando al fin he amanecido, le he dado las gracias por sus atenciones, obvio.
-" Rubiazo, muchas gracias por haberme dejado tu mantita y haberme cantado Fix You, eres un amor".
-"Homble, es que eles una bonica".
¡ME LO ZAMPOOOOO!

Ahora lo tengo pintando con rotu su casco de policía, llenando toda la terraza de virutas de los colores de madera e intentando usar el pegamento por todas partes. Le pregunto que cómo va con su obra de arte y me suelta: "pues me estoy poniendo fino". Y se ha quedado tan pancho.

Seguiremos informando.

CON M DE MAMÁ y L de LENGUA DE TRAPO

20 de junio de 2015

10 cosas que mi hijo debe saber

Querido hijo,
El día a día se lleva demasiado rápido las conversaciones, las mini tertulias contigo vuelan y no siempre tienen final porque, aunque comprendes absolutamente todo, no dejas de ser un pitufo de dos años y medio que al rato de escuchar mi rollazo... ¡Cambia de tema para que capte que el tiempo de cháchara ha terminado!
Así que he pensado que estaría bien dejarte por escrito diez cosas que deberías escuchar, al menos, una vez al día, y que estoy convencida de que irán dejando poso en tu cabecita y tu corazón, mientras forman y forjan tu autoestima, tu carácter, tu confianza y tu seguridad. Las escribo para cuando prefieras leer a que te lean, o para cuando no pueda decírtelas yo porque mi voz se haya apagado. Así las tienes para siempre, por si alguna vez se te olvida alguna.
Ahí van pues:

1. TE AMO. Por encima de todas las cosas. Más allá de mis posibilidades. HASTA LA LUNA Y VUELTA, infinitas veces.
2. Eres un amor. Un bombón. Una cosa bonita. No podría ser de otra manera ya que naciste del amor más grande entre dos personas. Que nadie te haga creer lo contrario.
3. Tu sonrisa rechoncha ilumina hasta el día más negro. Eres felicidad en estado puro y recargas nuestra energía sólo con mirarnos y sonreír.
4. Tienes la mirada más profunda y expresiva que he visto nunca. Sigue hablando a través de tus ojos, haces magia con ellos, nosotros seguiremos escuchando atentos lo que nos tienes que decir.
5. Tienes un corazón grande y noble. No dejes que nada ni nadie te quite esa virtud.
6. Eres muy, muy divertido y tienes, a pesar de tu corta edad, un humor inteligente que enamora.
7. Papá, Pichu y mamá SIEMPRE vamos a estar para ayudarte, sostenerte, guiarte y reconfortarte. Siempre. A pesar de nada y a pesar de todo. Somos un equipo, no lo olvides nunca.
8. Confiamos en ti. Ante todo y sobre todo. En todas las situaciones y en todo momento. Porque sabemos que, incluso cuando te equivoques, sabrás hallar el camino de vuelta a tu origen.
9. Puedes confiar en nosotros, porque siempre vamos a escucharte antes de juzgarte, porque no te reñiremos sin antes saber por qué has actuado así o qué te ha llevado a hacerlo, y porque valoramos ante todo y sobre todo la sinceridad. Y aquí no castigamos la sinceridad, sino que la premiamos con apoyo y diálogo.
10. Conseguirás todo lo que te propongas porque tienes carácter suficiente para llevar a cabo tus anhelos y tus sueños, y un don de gentes que enamora a la primera. No te rindas nunca. La vida es como esa pelota de basket que tanto te gusta y que no te cansas de intentar encestar. Sé que llegarás lejos, no me cabe duda.

Con todo mi amor de madre. Con toda mi admiración y respeto hacia una personita que, con apenas dos años y medio, ha demostrado ser valiente hasta la médula y luchador como pocos. TE AMO, TE ADMIRO, TE RESPETO.

CON M DE MAMÁ y R de RUBIAZO

27 de abril de 2015

Infancia y moda, sustantivos opuestos.

No comparto el hecho de que los más pequeños "ejerzan" de modelos. Ya está, ya lo he dicho.
Lo de las fotos de agencias y catálogos, pues como aquel, aunque como no entiendo (ni quiero entender) de esto del modelaje infantil puede que quizás si supiera a ciencia cierta que también pasan horas y más horas jugando a ser adultos, muy probablemente tampoco estaría de acuerdo.
Y llegados a este punto de haber soltado esto así a bocajarro... Paso a explicarme antes de que queráis lincharme, porque soy consciente de que me muevo en la división de los bichos raros.
Primero y principal, he de aclarar que me encanta la ropa, conjuntarla, vestir a juego a mis hijos e incluso combinar la nuestra, la de mi marido y mía, con la suya. Fui una shopaholic total en mis tiempos mozos, y si ahora no lo soy es porque con los años he madurado algo y también me he vuelto mucho más práctica y cauta, bueno, y porque he de gastarme el sueldo en mantener de manera responsable una familia y todo lo que ello conlleva. Pero sí, gente, me compro ropa, y estoy pendiente de la moda, sin ser en absoluto esclava de ella y vistiendo por comodidad más que por capricho. A esto debo añadir que a mi hija le gusta pintarse los labios como a mamá, y a mi hijo, también. Mi hija quiere que toda mi ropa se la deje en herencia en cuanto a mí ya no me sirva (espero que tenga en mente que esto ocurra dentro de muchos años, la verdad). Mi hijo no llega a tanto, pero se pone mis zapatos y mis botas y es feliz. Ambos disfrutan saqueándome el bolso y pegándose esponjazos en las mejillas con el polvo matificante de mi neceser (suerte no usar maquillaje a diario). ¿Y yo qué hago? Pues seguirles el juego y tratar el asunto como ellos lo ven, como un juego, es decir, no dejo que vayan al cole con los morros pintados o con la cara estampada en colorete, como no dejaría que lo hicieran con mis botas de tacón o mis bailarinas, por pura lógica vamos; sin embargo, sí que los dejo pintarrajearse cuando estamos en casa, cualquier tarde, durante el fin de semana o en vacaciones, y que usen su "look" para imitarnos a papá y mamá. ¿Que por qué? Porque creo en el juego simbólico en la infancia, en el poder de la imitación y en sus beneficios. Sin embargo, NO ENTIENDO toda la parafernalia que se crea alrededor de los desfiles infantiles, de las semanas de la moda en las que grupos de niños de muchas edades juegan a ser modelos perdiendo su marcha normal y metiéndose de lleno en el mundo adulto. Me da igual que me justifiquen que para ellos es un juego. Yo no lo veo así, porque normalmente ni siquiera los padres o madres de estos niños se lo toman como tal.
Pero bueno, entiendo que como todo... este tema es cuestión de extremos. Y a mí, lo que de verdad me preocupa, es lo que en el fondo conlleva que, sobre todo las niñas, entren en este juego de estar siempre guapas y radiantes, de posar ante la cámara con diferentes expresiones, de caminar moviendo la cadera y de escuchar halagos de lo bellísimas que están justo cuando están pintarrajeadas como adultas y vestidas en muchas ocasiones como tales. En un par de ocasiones he tenido la oportunidad de hablar con papás y mamás cuyas hijas asisten como modelos a este tipo de eventos, y aunque estuve a punto de caer en la trampa de "pues no es para tanto" cuando me explicaron que "para los niños es como una semana de campamento", aterricé rápidamente cuando a continuación escuché que "de todas formas, en estos eventos se aprovechan mucho de la ilusión de las madres". ¿Perdón? ¿Pero no habíamos quedado en que esto era por y para el disfrute de los pequeños? No, ya veo que no. Que esto, en la mayoría de casos, siempre habrá excepciones, va de que a mami le hace ilusión que su hija sea modelo, tal vez porque ella no lo fue y siempre lo añoró, tal vez porque es lo que se lleva ahora, tal vez porque es genial convertir a mi pequeña de 5 años en una preadolescente con mechas rubias, que adora el mundo del espectáculo, maquillarse y que quiere ser artista... ¿O era yo quien lo quería ser?
Yo uso productos cosméticos, sí, me pongo máscara de pestañas y barra de labios, me gusta ir a la peluquería de vez en cuando para arreglarme la fregona que llevo por cabellera y que durante unas semanas parezca de anuncio. Sí. Me gusta verme guapa. Pero también me gusta levantarme un fin de semana, lavarme la cara, ponerme crema solar (eso sí, que no estamos para sustos) y simplemente salir a la calle, sin más. Así, a pelo, con un par de ovarios. Y ¿por qué? Porque me gusta verme guapa. No, no me he equivocado en la construcción de la frase. Está bien. Sin adornos también puedo estar guapa, y ojo, que no soy (según estos cánones modernos) lo que se dice un bellezón, pero lo que sí soy es una persona que ha crecido sabiendo que lo importante no es el envoltorio.
De verdad, aterricemos... La infancia necesita ser vivida como tal. Suficiente basura tenemos ya con la que nos meten con calzador en la televisión, dibujos infantiles incluidos donde los protagonistas también tienen ansias por crecer, como para que nosotros, padres y madres, vivamos empeñados en adulterar ciertos aspectos de la infancia, olvidando además que somos el espejo en el que nuestros pequeños se miran.
 
 
Insisto, me gusta la moda. Sí, también la moda infantil. Pero me es suficiente con verla colgada en una percha y decidir si a Pichu le favorecerá ese vestido o si a Rubiazo le irá bien ese color para su piel transparente. No me hace falta verlo en otros niños porque, entre otras cosas, no son los míos. Y menos si esos niños se pasan unas cuantas semanas al año de viaje, metidos entre bambalinas, mesas llenas de productos de maquillaje y peluquería, ensayando poses imposibles y pases y más pases. No me hace falta ver a niñas de edad muy infantil convertidas en auténticas adolescentes, con ropa, maquillaje y, mucho peor, gestos de modelos que les triplican la edad. Me hace mucha menos falta saber que estas niñas (y niños) están ahí sobre el escenario porque son sus padres quienes los han empujado a ello, porque son sus padres quienes necesitan verlos ahí arriba por la razón que sea.
Esto es como todo: si se adultera, se fastidia. Como gracia, y siempre que se haga de manera puntual y por pura diversión y demás... bueno, podría llegar a entenderlo, aunque no lo comparta, pero como afición materna o paterna, no lo comprenderé ni defenderé nunca, porque jamás abogaré por aquellas actividades o ambientes en que hay cierto factor elitista que promueve los actuales cánones impuestos de belleza, y donde los niños dejan de sentirse niños porque quieren ser o disfrutan siendo adultos, que no jugando a serlo.
Nuestra sociedad se encarga de sobra de dar, con cada paso que avanzamos, mensajes confusos y erróneos que hemos hecho tan nuestros y tan normales que ya ni nos sorprenden y que son un retroceso en lo que a humanidad se refiere. Sí, ya, comparar un desfile con la deshumanización de nuestra especie suena a mear un poco fuera de tiesto. Perfecto, es otra manera de ver las cosas. Pero estamos consintiendo con tanta modernidad y tanta tontería la hipersexualización de las niñas como algo natural, el culto al cuerpo de manera exagerada y enfermiza como algo rutinario y normal, y la desaparición disimulada de la inocencia como algo que ya forma parte de nuestra manera de educar y criar.
No sé vosotros, pero yo tengo la impresión de que corremos demasiado, de que arrastramos a nuestros hijos en esta loca carrera hacia la nada más absoluta y de que en cualquier momento nos precipitaremos al vacío de valores y sentimientos.
Infancia y moda podrían no ser opuestos, pero claramente a mi modo de entender la infancia y tal y como se vive la moda hoy en día, lo son.
 
CON M DE MAMÁ y de MODA

6 de diciembre de 2014

¿Cumpleaños infantil o eventazo social?

Si tengo que elegir un pez, elijo el salmón. Por razones obvias... básicamente porque siento que siempre nado a contracorriente. No suelo seguir modas, de ningún tipo, y si lo hago me canso rápido porque no me gusta encasillarme ni que me encasillen.
En menos de dos semanas Pichu cumple 5 años y no, no voy a organizar una de esas chupimolonguiMEGA party en las que acabamos convirtiendo la casa en un parque temático. Sí, lo sé, debo ser una madre rollo y no molar mucho, pero por suerte, Pichu tampoco espera eso y tiene claro con quien quiere celebrar su cumple.
De unos años a aquí se ha impuesto la moda (precursora de las megafiestas temáticas) de celebrar los cumpleaños de varios niños de una misma clase el mismo día, invitando a toda la clase a la fiesta. En principio, según entendí yo cuando me comentaron de la existencia de esta moda, esto se hace con el fin de abaratar el tema regalos, ya que se pone una cantidad simbólica por niño, y de evitar que los niños se junten con tanta cosa, además de darles la oportunidad de poder juntarse toda la clase fuera del colegio. A esto, como supuesta ventaja, le sumamos que los regalos los compran los progenitores de los cumpleañeros, asegurándose así el éxito seguro con los presentes de los homenajeados. Estas fiestas suelen celebrarse en parques de bolas o en parques públicos, a gustos de los padres, y dependiendo de lo que uno busque o pueda permitirse: todo hecho o elaboración y currada caseras.
El año pasado caí. Sí, yo fui una de esas mamis que queda con otras dos, en este caso de máxima confianza, junta cumpleaños con calzador (agosto, septiembre y diciembre) y convoca a los 22 compañeritos de su hija al cumpleaños. La verdad, ellos lo pasaron en grande, pero no mucho mejor que si lo hubiéramos hecho de manera tradicional. Y yo, qué queréis que os diga, soy algo de tradiciones, porque algunas, por lo que me ha enseñado la edad, se continúan de generación en generación por algo, como la tarta de galletas y chocolate (¡mi preferida, por cierto!).
La cosa es que, conforme avanzó el curso, Pichu fue invitada a más cumpleaños, tanto de compañeros del cole como de amigos de fuera, y esto me ha llevado a observar con tristeza como, lo que parecía haber surgido como una idea para abaratar costes, para que aprendan a compartir y convivir más allá de la escuela... ¡Se ha acabado convirtiendo en una competición por hacer la fiesta más grande, en el lugar más grande, con más regalos, más niños y más milongas! Y no, no soy la única que tiene esa impresión. Hay más salmones en el río (por suerte para mí).
La verdadera ventaja o lado bueno de las fiestas de clases enteras acaba convirtiéndose en la evidencia de nuestra realidad: trabajamos con X número de compañeros, con unos nos llevamos bien, con otros hacemos amistad y con otros... simplemente no nos llevamos, no hay más. Los niños también viven así su realidad. Aunque a la edad de Pichu las amistades no tienen por qué estar aún muy definidas, te das cuenta, si conoces bien a tu hijo, de que normalmente habla de los mismos compis, comparte juegos con el mismo grupo y se "queja" de los mismos siempre. Así pues, cuando haces un cumpleaños con toda la clase, al final, cada oveja va con su pareja, no juegan con los que normalmente no lo hacen por el hecho de que sea su fiesta, y con los que tienen alguna confrontación, pues la tienen igual. Yo, personalmente, no invitaría a todos mis compañeros de trabajo a mi cumpleaños, ni siquiera a todos aquellos con los que tengo buena relación. Invitaría a los que considero de mi confianza, de mi círculo, porque son con los que de verdad comparto mi día a día. ¿Por qué hemos de pretender que con los niños sea diferente? Aprender a relacionarse es algo que se fragua desde niños, y pretender que se lleven bien con todos es engañar sus sentidos, eso no será posible nunca, porque para ello tendrán que intentar agradar de manera poco espontánea a quienes no agradan, y entonces, el mensaje que les transmitimos es totalmente érroneo.
Luego está el tema de los regalos. La verdad, lo de un regalo común de parte de todos sus amigos, está fenomenal, aunque por otra parte, siempre puede parecer que quien no puede dar, ni siquiera esa cantidad simbólica, es bicho raro o se siente fuera de lugar. En el caso de Pichu, no pudo ser regalo único porque lo que le gustaba eran cosas más "económicas", así que yo tuve la sensación de que igualmente recibía aluvión de regalos, aun habiéndolos elegido nosotros y habiéndonos acoplado estrictamente al presupuesto. Por otra parte, en algunos parques de bolas, el hecho de hacer sentar al homenajeado en el trono para que los amigos le vayan acercando los regalos mientras el resto corea sus nombres... no sé, repito, llamadme rara, pero no lo veo. Está claro que ese día los cumpleañeros son los máximos protagonistas, y más a estas edades en las que cumplir años es toda una aventura, pero en mi humilde opinión, las cosas cuanto más normales y naturales, mejor. ¿No se puede hacer una entrega de regalos normal, a la antigua? Llego y entrego mi regalo, si lo llevo. O si es entre todos, sin tanto alboroto. Repito, llamadme rara. Luego, por otro lado, para mi gusto, el hecho de que el regalo lo compren los papis quita la emoción real que supone a los niños el hacer un regalo a un amigo, básicamente porque ellos no han ido a elegirlo ni lo han hecho con sus manos, y lo normal es que no sepan lo que es. Llevar a tu hijo a que elija un detalle para su amigo, o mejor aún, motivarlo a que lo haga con sus propias manos, está cultivando el hecho de que piensen en quienes quieren y hagan un esfuerzo por conocerlos un poquito más, por interesarse por sus gustos, entre otras cosas, es decir, por dejar de mirarse el ombligo para mirar el de los de al lado.
Y suma y sigue. La moda de los parques de bolas está bien, son lugares en los que los niños se lo pasan pipa, pero como tendemos a buscar el lugar más grande, el más de moda, pues a mi modo de ver, la magia de la "convivencia" acaba desapareciendo entre tanto niño infiltrado, y el cumpleaños acaba siendo un acto bastante impersonal, en el que, con suerte, se cruzan un par de compañeros en el mismo tobogán cada media hora. Por tanto, se me desmonta otro punto a favor. Además, como la tendencia es a la macro fiesta en la macro sala, el concepto de cumpleaños infantil acaba pareciendo una fiesta de pueblo con discomóvil incluida. Insisto, la rara soy yo, pero me parece excesivo. A esto le sumamos que, obviamente, celebrar un cumple con 25 niños supone que cuentas también con sus padres, de tu confianza o no, que se quedan a "celebrar" la fiesta y a los que, por tanto, hay que agasajar con algo de merienda. Es decir, el precio del cumpleaños asciende al de una fiesta de sociedad, mínimo. Y, como siempre, si tienes la suerte de ser madre de algún cumpleañero, a ti no te toca relacionarte, porque estás controlando a los 25, que corren como locos y botan a la velocidad de un rayo por todo el parque de bolas; más que nada porque, aunque están sus padres, sientes que esa responsabilidad te corresponde, y así lo siente el resto, parece ser.
Demasiado de nuevo, en mi opinión.
De esta corriente hemos pasado a montar macro fiestas temáticas, en las que, no es que los invitados puedan ir disfrazados, si no que deben ir disfrazados de un tema en concreto (esta parte me chifla, que conste, porque soy fan de los disfraces desde siempre) ya que toda la fiesta, merienda incluida versa sobre un tema, "supuestamente" del agrado del cumpleañero, y no elegido por pura pose o postureo pinterest de los padres. Pero lo que empieza como una fiesta infantil por y para ellos, sigue la estela anterior: miles de invitados, niños y adultos, a veces no tan amigos pero que quedan bien en las fotos, anuncio a bombo y platillo del planazo al más puro estilo fiesta de sociedad. Y entonces, tal como lo veo yo, el centro que son los niños, su protagonismo, queda relegado un poquito y pasan por delante los detalles, los primeros planos de tooooodo lo que hemos preparado y demás. Que sí, que los niños soplan las velas, pero ya hemos perdido el mimo y el encanto de un cumpleaños donde se estrecha el círculo, donde los que cumplen años están con su entorno de máxima confianza. Es decir, pasamos de un cumpleaños en el que se estrechan lazos a uno en el que empiezan a crearse lazos porque hay invitados que los cumpleañeros han visto por segunda vez en su vida. Y ojo, que si tenemos claro que ése es el fin de su fiesta, adelante, entonces está muy bien planteada.
Pero yo cada vez me veo más salmón. Veo que, cada vez más, todo se magnifica, se hace enorme, se quiere mostrar, se agranda... Y nosotros, los de aquí de casa, no nos vemos para nada en esa estela nueva. No nos pega ni con cola. Podéis pensar: pecas de lo mismo, hablas de ti y tu marido como adultos, no de las preferencias de vuestra hija. Error. Lo primero que hicimos cuando empezó la temporada "taurina" fue preguntarle a Pichu. Y su respuesta fue que su máxima ilusión era una fiesta de pijamas con 5 amigas y amigos, o una tarde de sesión de cine, palomitas y gorrinadas en casa con ellos. Eso después de haber iniciado la temporada de parques de bolas, públicos y demás con toda la clase. Blanco y en botella. Hoy por hoy hemos ampliado la lista a 10, vamos, lo normal, y fijo que aún cae alguno más de aquí a la entrega de invitaciones, pero en ningún momento ha pedido invitar a toda la clase. Y ,sin embargo, sí cuenta con sus amiguitos de fuera del cole. Y es que, en tantísimas ocasiones, nos adelantamos a sus gustos y a sus preferencias porque "sabemos" qué es lo que quieren, que olvidamos que ellos también son personitas, seres sociales, que no tienen por qué querer "lo mismo que el resto de sus amigos, pero más".
En estos tiempos que corren, todo es tan a lo grande, tan exagerado, tan magnífico, que NOS OLVIDAMOS DE QUE LAS PEQUEÑAS COSAS SON LAS QUE SE CONVIERTEN EN GRANDES RECUERDOS.
Una mesa con bocatas de fiambre y nocilla/nutella (que no falten), con platos de papas y ganchitos, con un vaso de trina (ella tampoco es de fanta) derramado al primer minuto, guirnaldas cursis que habrá elegido ella y que probablemente no sean los pompones cuquis que yo elegiría, una piñata llena de chuminadas que no acaba de romperse, carreras alrededor de la mesa, juegos en el jardín de delante... Un grupito de amigos pasando la tarde en una de las casas y agotando a los padres de la criatura. Y una niña que se acostará feliz y pletórica porque ha pasado la tarde con aquellos que, a diario, le arrancan una sonrisa, incluso hasta un enfado, y que le ayudan a conocer el verdadero sentido de la amistad y con los que está aprendiendo cuán divertido es el mundo de las relaciones.
Insisto, y lo asumo, soy un salmón. Pero a Pichu no parece importarle, porque, al menos en el tema "cumpleaños", nada en la misma dirección que yo: la contraria.

Y vosotros... ¿Con qué os quedáis? ¿CUMPLEAÑOS INFANTIL o EVENTAZO SOCIAL?

CON M DE MAMÁ y de CUMPLEAÑOS FELIZ

 

15 de enero de 2014

"Crianza con apego o sin él. ¿A ti qué más te da?" o "Cuando seas madre (de mis hijos) comerás huevos"

Hace ya mucho tiempo escribí sobre el vicio (cochino) que tenemos la raza humana de meter las narices donde nadie nos llama y de opinar gratuitamente, si puede ser criticando, ya que es nuestro deporte nacional por excelencia.
Si además se trata de hablar de/opinar sobre/criticar la manera de criar a nuestros bebés, entonces la carnaza es de primera calidad.
Cuando me quedé embarazada de Pichu, mi marido y yo nos compramos, el típico libro de los 50.000 nombres (total para que sólo una diezmilésima parte de ellos te parezcan más o menos normales y de ellos sólo dos sean los que os gustan a ambos) y, además, nos leímos también algún libro más relativo a crianza/desarrollo y demás, bien porque lo compramos por recomendación, bien porque nos lo regalaron. Pues ya en ese momento, en nuestro entorno más cercano hubo quien tuvo que opinar y criticar que leyéramos en vez de llamar por teléfono y preguntar. Que digo yo que no tiene nada que ver el tocino con la velocidad. Una cosa es tener una mente curiosa (y querer cumplir eso de "el saber no ocupa lugar") y leer sobre desarrollo, emociones y demás, y otra muy distinta es el aprendizaje del día a día en nuestra labor de padres, aprendizaje que, en mi siempre modesta opinión, es algo que NADIE puede vivir por ti. Está claro que cuando te llueven críticas como esa es porque, quizás, la persona que las hace necesita sentirse un poco más partícipe protagonista de lo que tú y tu pareja le dejáis.
Si algo he aprendido en mi corto viaje por la maternidad es que quien decide tener hijos y criarlos (sí, es decir, quien decide no sólo traerlos al mundo porque es lo que le toca por edad o porque no sabe hacer otra cosa, o porque intenta salvar un matrimonio condenado al fracaso) hace TODO LO QUE PUEDE POR ELLOS. Y, obviamente, lo hace desde el amor más profundo, la inexperiencia más grande y la habilidad y el instinto que le hayan tocado en el reparto de cualidades. No hay más. Y, por tanto, no es ni malo ni bueno que lea o no, que pregunte o no, que necesite a su madre/suegra un mes en su casa o no. Porque toda opción es respetable.
Yo, perdón, NOSOTROS hemos decidido criar y educar a nuestros hijos CON AMOR, y no nos hemos planteado si eso se llama CON APEGO o con desapego. Y me da igual si soy del grupo teta-colecho-apego (que va a ser que, según lo que he leído, sí, pero paso de encasillarme) o del otro grupo. Me da igual si en su momento leí a Carlos González con su Bésame mucho y me gustó, o si luego leí alguna cosa suya más y me pareció información innecesaria, o si quisimos conocer a Estivil y me di cuenta de que este señor no me duraba ni un café. Porque por mucho que hayamos leído, buscado, contrastado... lo único que realmente nos ha valido y nos vale, hoy por hoy, es nuestra experiencia, conocer a nuestros hijos (el sol y la luna ambos dos, en todo), intentar estar al 200% con ellos en cuanto a sentimientos y empatía (y no conseguirlo siempre, obviamente, con el consiguiente inevitable sentimiento de culpa, muchas veces fruto del mismo agotamiento físico y mental).
Lo que SÍ hemos aprendido es que LA CRIANZA NO ES NI FÁCIL NI CÓMODA, pero enriquece, curte, te ayuda a madurar y TE LLENA.
El otro día me encontré en una red social un artículo sobre un otro pediatra que ha escrito un otro libro sobre la crianza (lo estoy expresando en líneas muy generales) y que, según él mismo explicaba, en su libro no habla ni de métodos infalibles ni de mejores maneras para criar o hacer con nuestros hijos, y eso me gustó. No pienso leerlo. O igual, si cae en mis manos, sí decido hacerlo, quién sabe. El caso es que compartí el artículo porque me gustó que, al menos a simple vista, y por lo que relataba la entrevista, no es un pediatra más que se ha inventado o ha descubierto un método para que los niños se críen solos y no molesten o se sientan los más amados del planeta, pero lo que sí decía muy acertadamente es que las madres de hoy en día no conciliamos, sino que sacrificamos. Totalmente de acuerdo. Y seguro que habrá algún padre que también. Podéis leerlo AQUÍ. Muy a grosso modo venía a decir que no son métodos lo que hace falta, sino comprensión y respeto hacia el modus operandi de las madres, o mejor, yo diría "de cada madre".
Yo, por mi parte, creo que hay una delgada línea entre aconsejar, opinar y entrometerse. Y obviamente cruzarla hacia uno u otro lado o hacia la crítica no constructiva es más que fácil.
No me canso de imaginar un mundo mejor en el que cada uno meta la napia en sus asuntos, y en el que no seamos tan fans de juzgar al prójimo y sí lo seamos de respetar (pero del respeto de verdad, no de boquilla) y de dejar hacer a cada uno lo que en su mano está cuando hablamos de criar. Lo más triste es que para que esto ocurra somos las mujeres las primeras que tenemos que concienciarnos para hacerlo posible, ya que somos las responsables directas de estas "incomodidades maternales". Pocas son las mamás actuales que no tienen queja de las féminas más mayores de su entorno familiar, ya sean madres, suegras o vecinas cotillas. Son pocas las que dicen que jamás nadie se ha entrometido, con toda la connotación negativa que ello implica, de un modo u otro en su vida familiar. Y, por si esto fuera poco, va y nos salen pediatras y supuestos "expertos" que nos hacen sentir culpables y malísimas madres porque nos aleccionan sobre cómo, dónde y cuándo y sobre lo mal que lo hacemos cuando no seguimos sus directrices.
Pues señoras y señoritas, y parejas y "parejos"... ¡ya está bien, leñe! ¿A mí qué más me da si mi amiga P ha dado biberón y no teta? ¿O si M practica o no el colecho o V hace el pino puente para conseguir que su pirata se coma un bocata de jamón? Me da igual, no las juzgo, sólo las escucho y respeto, y en todo caso, me beneficio de lo que veo porque aprendo otras maneras de hacer y ver la vida, que me enriquecen y me ayudan a salir de mi, a ratos, cuadriculada mente, y si me piden opinión, pues la doy. Pero, lo mejor de todo, es que me parece estupendo lo que hacen y cómo lo hacen, básicamente porque lo hacen con AMOR DEL BUENO, y no hay más. Y porque con entretenerme yo en aprender a ser madre ya tengo bastante faena, ya.
Creo que leer es bueno, informarse es genial, contrastar opiniones y escuchar otras experiencias también, pero si estáis leyendo esto es porque, quizás, gran parte de vosotr@s estáis inmersos en el maravilloso mundo de la crianza, lo cual quiere decir que sabéis mejor que nadie que no hay dos niños iguales, por muy hermanísimos que sean, ni dos madres o padres clavados. ¡Y menos mal! Por tanto, lo que me sirve a mí no es preciso que sirva a otra madre, aunque quizás le venga bien conocer mi experiencia para saber que NO hacer con su hijo o hija. Por otra parte, tener personas en tu entorno cercano que tengan más experiencia que tú y que estén dispuestos a compartir sus conocimientos contigo es una gran suerte (¿cómo era eso de que para criar hace falta la tribu entera?), sí, pero siempre y cuando esa "generosidad" sea desde el cariño verdadero, el respeto, las ganas de ayudar (que no de ENTROMETERSE) y con la intención de hacer llegar a la madre en concreto un mensaje tipo "no hay mejor madre para tu hijo que tú, yo sólo estoy por si me necesitas", y que sea de corazón, de verdad de la buena.
En serio, MAMIS DEL MUNDO, equivocarse es de humanos, es bueno y ayuda. Esto de la maternidad y la crianza es,  en muchos aspectos, un camino de espinos para el que NADIE nos prepara, por mucho consejo y moralina que quieran darnos. Podemos leer, podemos ser "de una corriente" o de otra, pero lo que está claro es que lo que no falla es la naturalidad y el darnos el tiempo necesario para conocer a nuestros hijos y saber, mejor que nadie, sus necesidades a todos los niveles. El sentimiento de culpa ya de por sí parece ir intrínseco a la maternidad, por lo que no nos dejemos embaucar por expertos (y no tanto), que hablan siempre "in extremis" y que nos regalan sentencias de esas que sólo hacen que aumentar nuestro tono del mea culpa. 
Ser madre es la mayor aventura que toda mujer, que decide serlo, puede vivir. Y como tal, tiene momentos de subida y momentos de bajada. Contamos además con unas grandes compañeras de viaje que, dicho sea de paso, tampoco es que ayuden mucho, y que no son otras que nuestras queridas hormonas... Así que: MAMIS DEL MUNDO MUNDIAL, ¡CRIAD COMO OS DÉ LA GANA, CON APEGO O SIN ÉL! Pero eso sí, CRIAD SIEMPRE CON AMOR, CON MUUUUCHO AMOR.




CON M DE MAMÁ y C de CRIANZA CON AMOR

12 de enero de 2014

Hay manualidades... y manualidades

Y hay madres y madres. Y luego estoy yo.
Si vuestra hija viene del cole con el recado de que tiene que hacer un juguete con materiales que puedan reciclarse, tipo cartón, papel y demás... Y además tiene idea de hacer una simple flauta con pajitas, sólo porque su mejor amiga ha hecho una y "culo veo, culo quiero", y algo más como, por ejemplo, una casa, ¿vosotros qué haríais? Poneros manos a la obra, ¿no?
Pues yo no. Porque como soy alma inquieta y culo de mal asiento, y además me gusta cotillear en google casi tanto como el chocolate, pues va y se me ocurre buscar diferentes manualidades con cajas de cartón para coger ideas. Y entonces lo veo: ¡¡un castillo!! Y parece la cosa más tonta y resultona del planeta.
- ¡Pichuuuuuuuuuuuuuuuu! ¡Lo tengoooooooooooo! ¿Quieres que hagamos un castillo?
Que viene a ser como preguntarle a un universitario si quiere salir un jueves.
La respuesta fue un sí como un piano, y yo me vi taaaaaan crecida e inspirada que le solté:
- ¡¡VAMOS A HACER EL CASTILLO DE FROZEN (última peli que hemos visto en el cine, y que recomiendo 100%).
Y la lié, pero parda pardísima.
Porque de hacer este simple castillo que casi no había que ni pintar:



Y que me pareció tan fácil con tan sólo la imagen de portada que no vi ni el vídeo, (aunque pienso verlo en cuanto acabe de escribir esta entrada, sólo por curiosidad), pasamos a hacer un taller intensivo de manualidades de 4 horas. No exagero, no, tengo testigos, ¡4 PUÑETERAS HORAS! 
Estuvimos 4 horas, con algún entreacto para merendar o cenar (gracias al cielo por inventar la necesidad de alimentarnos) recortando, mezclando colores para sacar diferentes tonos de azul, pintando, secando con el secador para acelerar el proceso, volviendo a pintar para darle el toque "Frozen", volviendo a secar con el secador, recortando goma eva a pulso ya que las planchas que compramos eran más gruesas que la maquinita troqueladora con forma de estrella, pegando las formas que hicimos y las pegatinas de piedras preciosas, recortando para dar forma de castillo a la parte superior, sacando una puerta para que se vieran las figuras del interior, haciendo un muñeco de nieve con goma eva para añadirlo a la fachada del megacastillo y, por último, volviendo a gastar la goma eva para hacerle unos triángulos picudos porque según Papi "si no, no se parecerá al castillo de Elsa" (que razón no le faltaba, pero ¡tócate la nariz!). A esto hemos de sumarle la salida a comprar los materiales extra cursis que no teníamos a mano y que eran los responsables de darle el toque Frozen a nuestro castillo.
Y después de 4 largas larguísimas horas... pintura de témpera por todas partes habidas y por haber, mini trozos de goma eva por todo el suelo, purpurina a mansalva y toda la mesa del comedor llenita de materiales y trastos y pidiendo a gritos ser despejada... éste fue el resultado:


No me pidáis que os dé los pasos porque como tengo memoria selectiva, las experiencias traumáticas intento borrarlas ipso facto, pero no tiene mucho secreto.

Bueno, ahora en serio, más allá de la queja y el despotrique baratos, reconozco que ver crecer la emoción de Pichu por momentos, y sobre todo, la SONRISA que me regaló cuando, al fin, vimos la obra de arte terminada, no tuvo precio. Se me olvidaron de golpe las 4 horas invertidas en el castillito de los güevs (aunque me volvieron a venir a la memoria cuando hubo que recoger la escena de la batalla campal).

Moraleja de la historia: a la próxima, cuando mi niña diga "quiero una flauta como Pepita y una casa", su mami le dirá "claro mi vida, nos ponemos en seguida", se olvidará de google, de pijadas varias y de alimentar más aún su gran imaginación, y así al menos ahorraremos algo de tiempo.
Realidad: a la próxima, cuando mi niña diga que quiere hacer lo mismo que su amiga y otra cosa más bien simple, volveré a investigar en google para buscar la versión complicada de lo que quiere, porque si no fuera por estas cosas y un par más, la vida de una madre sería un coñazo y no tendría motivos para reírme de mí misma y mis ideas estupendas y nada prácticas.

CON M DE MAMÁ y de MANUALIDAD y C DE CASTILLO DE FROZEN 

31 de agosto de 2013

Querida hija, perdóname...


Te pido disculpas porque, a veces, sin darme cuenta, te exijo demasiado, o mejor dicho, me dejo llevar por las (en teoría buenas) formas y me olvido del contenido: tu inocencia, tu camino hacia el aprendizaje pleno, tu falta de mala baba, tu dulzura y tu locura creativas... Los adultos somos así de complicados.
Perdón, mi vida, porque a veces sin querer, y acostumbrada a que seas tan "personita", olvido que eres NIÑA sin más (y por suerte). Me dejo llevar por la inercia del resto, y entonces ocurre lo inevitable: el resto se cree con derecho a exigirte también "porque tú ya eres mayor".
Pues NO. Me niego. Y por ello te pido mil perdones.
Aún no llegas a los 4 y me gustas como eres. Me encantas, tal cual, sin condiciones. Y espero que sepas disculpar a la torpe de tu madre, que ya sabes que mete la pata a menudo. Estás aprendiendo, y quien no sepa verlo está claro que necesita que alguien le diga "tú SÍ eres mayor".
Te quiero así: locuela, alegre, cantarina, cotorra, contadora de historias... 
Te quiero así: queriendo jugar con todos, adultos y niños. 
Te quiero así: queriendo estar con todos, hablar con todos.
Te quiero así: reclamando tu mini espacio, que también tienes derecho, porque siempre donde vas "eres la mayor", pero apenas has cumplido los 3 años y medio.
TE ADORO PICHU. Es imposible no hacerlo. 
Por favor, no cambies jamás... papá y mamá necesitan seguir aprendiendo de ti.