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27 de septiembre de 2015

CHARCOS

Si después de un fin de semana repleto de actividades divertidas, diferentes y originales, les preguntas a tus hijos qué es lo que más les ha gustado y te responden: "¡Todo! Pero lo que más... ¡SALTAR EN LOS CHARCOS!", no quiere decir que sean raros o que tus planes hayan sido una patata. Lo único que quiere decir es lo que ya sabíamos: que la vida es como un bocadillo de pan con aceite y sal, que la belleza está en la sencillez de las cosas, que el plan más improvisado puede ser mil veces mejor que el meticulosamente preparado, que los niños son felices con cualquier cosa mientras esa cosa te incluya a ti cerca, que deberíamos contagiarnos más a menudo de su espíritu llano y olvidar las cimas a las que a veces nos empeñamos en subir... Y que la felicidad puede estar en un charco de agua y hacerla nuestra sólo depende de que entremos a casa a por unas botas de agua antes de que se evapore.

FELIZ NOCHE DE DOMINGO Y MEJOR COMIENZO DE CASI MARTES, BONICOS.

CON M DE MAMÁ

30 de marzo de 2014

Con ojos de niña

Me gustaría mirar el mundo con los ojos de una niña, inocente y curiosa, sin segundas posibilidades rondándole en la cabeza en cuanto algo no sale según lo planeado.
Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña y encontrar encanto en la lluvia y en el viento, incluso cuando estos me empapan la ropa o azotan mi cara.
Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña, plantarme tacones, pintarme los morros y cantar, bailar, zapatear, girar y dejarme llevar ante mi público invisible sin que me importe el "qué dirán".

Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña y, así, apreciar la belleza de las cosas simples y que esa bola rosa de plastilina me pareciera un rico caramelo relleno o que el dibujo de un castillo me llevase a otras épocas y me convirtiera en la dama más valiente de todos los tiempos...
Me gustaría mirar el 
mundo con ojos de niña y darme un baño de espuma en mi bañera, rodeada de estrellas de mar y bonitos corales, mientras escucho el canto de las sirenas y los silbidos de los delfines.
Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña, y reírme bien fuerte y alto porque sí, hasta que me duela la pancha de tanta carcajada y me obligue a caer rendida en el suelo.
Me gustaría mirar el mundo con ojos de niña, y vivir feliz sin la necesidad de plantearme sobre el mañana, y navegar en la inocencia pura de quien no tiene ni conoce segundas intenciones, imaginando que todas las personas tienen el alma limpia y muchas ganas de querer sin más.
Me gustaría que la maldad fuera un mal sueño, que la simplicidad de las cosas reinara en el día a día de la raza humana, que no existieran conductas deleznables, ni actitudes malignas ni crueles, ni la necesidad de hacer daño porque sí.
Me gustaría que cada cual mirase su ombligo para preocuparse por hacer lo que se supone que debe hacer, pero no por mero acto de egoísmo, y que además tuviéramos la capacidad de mirar a los demás con ojos de colaboración, ayuda desinteresada y bondad verdadera.
Creo que entonces, y sólo entonces, yo podría mirar el mundo con ojos de niña y sonreír sin parar.