Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

25 de septiembre de 2016

Tus hijos SÍ son tus hijos

Supongo que conocéis el precioso poema de Khalil Gibran: “SOBRE LOS HIJOS” (lo tenéis más abajo😉).

Este poema me ha encantado siempre porque su mensaje es tan acertado, y ayuda tanto al aterrizaje en momentos de encabezonamiento nuestro cuando queremos imponer ciertas cosas... Sin embargo, hoy escribo para llevarle un poquito la contraria a este gran escritor en eso de que nuestros hijos no son nuestros.

Si nos ponemos en plan metafísico y profundo, nuestros hijos no son posesión nuestra, de acuerdo. Porque pensarlo así nos lleva a cometer errores tan grandes como el de proyectar en ellos nuestros anhelos y deseos no cumplidos. Pero en el sentido práctico y más terrenal, sí, son nuestros, y no del vecino o de esa madre del parque con buena voluntad y mucha paciencia. 

Nuestros hijos agotan, nos dan malas noches, nos regalan rabietas, nos dan sustos de ésos en los que el corazón nos sale por la boca y vuelve a su sitio en décimas de segundo... sí, pero también nos dan algo que nadie más es capaz de dar tan desinteresadamente: su amor. Da igual las veces que nos equivoquemos con ellos, y que sean muchas, nos adoran igual. 

Aquí en esta casa somos más humanos que nadie y hay días (como hoy, tras una noche en vela) en que nos supone un extra esfuerzo jugar un rato con ellos a mamás y papás, mirar el recital largo e intenso de canciones y bailes que han preparado y que parece que no acaba nunca, salir un rato al parque para que sigan practicando en bici, hacer una manualidad o leerles un cuento, cuando lo que nos está pidiendo el cuerpo es descanso y silencio. Pero no por ello se los endosamos a la primera persona que pasa por la puerta, que la pobre no tiene ninguna culpa ni de su intensidad ni de nuestro agotamiento. 

Por aquí creemos que en la crianza, como en todo, la virtud está en el término medio. Así que les dedicamos todo el tiempo que podemos y pensamos que necesitan, jugando con ellos, leyéndoles un cuento, haciendo salidas en familia o simplemente mimándolos, pero también nos cuidamos de que aprendan a entretenerse solos, de que jueguen juntos, de que se aburran (sí, aburrirse es buenísimo), o de que disfruten de los familiares que quieran llevárselos un rato o un fin de semana. 

Digo esto porque no puedo evitar sentir pena por esos niños, que los hay y bastantes, que tienen su tiempo ocupadísimo cada tarde, pero no porque ellos lo hayan elegido sino porque sus padres lo han hecho por ellos. Por los que sus padres piden que tengan un carro de deberes, no para crear un hábito sino para tenerlos entretenidos toda la tarde y ahorrarse el tiempo de asueto. O por esos otros que "se acoplan", literalmente hablando, a tu familia en cuanto oyen a tus hijos salir a la calle porque ya están cansados de su tablet, y cuyos padres no salen, no, pero sí "los sueltan", con premeditación y alevosía, y sin ningún tipo de reparo. Esta situación es bastante frecuente en nuestro día a día, y a mí cada vez se me mezcla más la pena con el enfado, porque al fin y al cabo, los niños no tienen culpa de ser así y de que su "sacarse las castañas del fuego y buscarse la vida" signifique una carga de responsabilidad extra para nosotros, pero llega un punto en que, ante padres tan despreocupados o, simplemente, pasotas o con morro, te dan ganas de soltar alguna impertinencia. 

Señores, nuestros hijos SÍ SON NUESTROS, no del vecino, ni de esos señores del parque con cara de maestros en horario laboral. Que igual va a ser eso, que lo llevamos escrito en la frente. O igual no, y es sólo cuestión de jeta y de picaresca. 

A mí, ante esto, que como digo está a la orden del día, me queda como consuelo la tranquilidad de estar haciendo las cosas con nuestros hijos de tal manera que quienes los conocen reconocen en ellos a dos niños felices y sanos, con la confianza suficiente como para contarnos todo lo que acontece en sus vidas, con la seguridad de que cuando nos necesitan nos tienen, con la sensación de saberse queridos y no sentir que molestan o sobran, y también, cómo no, con muchos aspectos que aprender y que mejorar, pero en nuestra compañía, siempre. Porque nuestros hijos SÍ SON NUESTROS HIJOS. Que para eso decidimos tenerlos. 

Muchas veces, incluso en un mismo día, nos damos cuenta de que criarlos no es ni fácil, ni cómodo, pero ellos no tienen la culpa, al fin y al cabo son niños. La culpa la tenemos nosotros los adultos y nuestra imperiosa necesidad de tenerlo todo controlado, incluido nuestro tiempo. Pero, ¿sabéis qué? Llegará un día en que, justo como dice Khalil Gibran, sus almas volarán de nuestro lado, a la casa del mañana, y entonces será cuando recogeremos lo que hayamos sembrado en ellas. Así que el momento del cultivo es ahora, durante su infancia, estemos cansados o no. Luego quizás sea tarde, y moriremos esperando siquiera una llamada de teléfono suya cuando más la necesitemos nosotros y que, tal vez, no llegue.

Tus hijos SÍ son tus hijos.

Con M de Mami.

(Poema de Khalil Gibran)

“Tus hijos no son tus hijos

Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.

Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos,

Pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes hospedar sus cuerpos, pero no sus almas,

Porque ellas viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados (…).

Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea hacia la felicidad”.

13 de agosto de 2016

Mitos, leyendas y sorbitos de mala leche

No soy una gran escritora. Es más, ni siquiera soy una simple escritora como para andar publicando un recopilatorio de mitos y leyendas de lo que sea. Sin embargo, soy madre, y por partida doble. Y eso señores... eso da para muchas páginas. Muchos tomos, diría, de mitos, leyendas e historias varias.
En diciembre hará 7 años (¿¿ya??) que me convertí en madre. Y a lo largo de esos siete años he tenido que oír todo tipo de comentarios y opiniones sobre cómo debía hacer las cosas, educar a mis hijos, establecer sus rutinas, qué era mejor para ellos, qué he hecho mal, qué he hecho peor... La cuestión es que, durante estos siete años, todas esas personas de mi entorno que se han tomado la libertad de darme lecciones, jamás han sido capaces de mirarme y decir: "qué bien lo estás (estáis) haciendo". Ninguna. Es fuerte, ¿eh?
Éste es un ejemplo más de que la especie humana es mucho más dañina consigo misma que con el planeta en general, y de ahí, suma y sigue.
En estos tiempos en los que tanto se habla de empatía, asertividad y una larga lista de palabros que toda la humanidad deberíamos tener en cuenta para que nuestra vida, y la de los demás, fuera algo mejor... nos perdemos en cómo decirlas pero no ponemos nada en práctica.
En diciembre hará siete años a lo largo de los cuales he escuchado en multitud de ocasiones consejos, opiniones, frases y cantinelas tales como: no la/lo cojas tanto que se va a acostumbrar, no está tomando suficiente leche, siempre está pegada/o a tu pecho, tendrá que acostumbrarse a ir de brazo en brazo, va a ser dependiente vuestro toda la vida, ha de acostumbrarse a dormir solo/a o a los doce años seguirá reclamándoos, no va a querer estar con nadie que no seáis vosotros, ha de acostumbrarse a estar sin ti, es demasiado mayor para tomar pecho, tendrás que ir a la mili con él para que pueda dormirse en tu pecho, los niños no deberían dormir con sus padres porque la cama de la pareja es sagrada, que llore un poco es bueno para sus pulmones porque así los ensancha, la estás malcriando con tanto brazo, aún no ha llorado ni un minuto y ya la habéis cogido, si la/lo cojo y se despierta ya se volverá a dormir (no seas exagerada), se ha de inmunizar para que su aparato respiratorio madure... Y podría seguir enumerando tantas y tantas barbaridades y frases desafortunadas que acabaría el post y aún me quedarían muchas en el tintero.
Puedo rebatir todas y cada una de ellas, y podría decir quién dijo qué cada vez, porque se te clavan tanto a fuego que es inevitable no recordar esos momentos con algo de tristeza y bastante impotencia. Pero no vale la pena perder el tiempo en tantas personas que se han equivocado con tanto juicio gratuito.
A estas alturas puedo desmontar todos y cada uno de esos mitos falsos sobre la maternidad que predecían que mis hijos iban a convertirse en unos seres insoportablemente dependientes, casi tiranos, que iban a amargarnos la existencia por, simplemente, haberles dado todo nuestro amor y atención desde su primer segundo de vida. A estas alturas sigo preguntándome por qué narices somos todos tan listos, tan crueles y tan poco considerados con los padres novatos (sean o no primerizos), por qué nos dejamos la empatía en casa cuando miramos a otros padres y abrimos la bocaza para comentar, por qué a aquellos que fueron padres primerizos o novatos hace ya años se les olvida que ellos también tuvieron un comienzo y que también tuvieron que luchar contra los comentarios y las críticas nada constructivas.
A día de hoy, mis hijos siguen queriendo que los acompañemos al dormir con un cuento o mimos, si yo estoy en casa Rubiazo sigue tomando pecho antes de quedarse dormido, durante la noche siguen viniendo a nuestra cama cuando tienen miedo o simplemente necesitan sentirse reconfortados, seguimos cogiéndolos en brazos si lloran o tienen un mal día o momento, seguimos pasando gran parte de nuestro tiempo con ellos como una familia... ¿y sabéis qué? NO SE HA CUMPLIDO NI UNA SOLA DE VUESTRAS LEYENDAS Y NINGUNO DE VUESTROS MITOS SE HA HECHO REALIDAD. Nuestros hijos son niños autónomos, que entienden perfectamente que hay momentos para todo, que no patalean y berrean para conseguir las cosas porque saben que así no consiguen nada. Los dos pasaron con menos de dos años, dos días y una noche fuera de casa con su escuela infantil, han pasado un fin de semana fuera en varias ocasiones en casa de los tíos y además, Pichu lleva ya tres años yéndose unos días a dormir a casa de sus tíos en verano; en concreto, el pasado, con sus cinco añitos, una semana entera. Rubiazo se ha ido con ella este año por primera vez, tres días y medio con sus tres noches y, ¡oh cielos!, no ha pedido "lechita" en ningún momento, se ha dormido sin dramas, no ha reclamado volverse a casa con mami y papi, de hecho habrían alargado los dos la estancia si no llega a ser por el encuentro familiar que teníamos programado. Estos días, nuestros pequeños, los mismos que han sido mimados en exceso por haber sido cogidos en brazos cada vez que lo necesitaban, ésos a los que no dejábamos llorar en la cuna para que se acostumbraran (aún no sé a qué), los mismos a los que teníamos que haber dejado ir de brazo en brazo desde su primer minuto de vida para que se acostumbraran a la gente y fueran seres sociales... han disfrutado de varios días sin sus padres, han sido felicísimos con sus tíos y primos y amigos de los mismos, se han duchado, vestido y aseado solitos con sus 6 y 3 años y medio respectivamente, han ayudado en casa, se han hecho responsables de sus maletas y todo lo que llevaban (que no era poco), medicinas incluidas, no han montado dramas al irse a dormir sin papá y mamá y, en definitiva, han sido exactamente iguales que en casa, pero sin nosotros.
¿Dónde está el drama, el trauma o la terrible consecuencia de haber criado a nuestros hijos sabiéndose queridos, cuidados y mimados (que no consentidos)?
¿Qué hacemos pues con todos esos comentarios desafortunados que lanzamos de manera tan inconsciente a todos los papis y mamis que acaban de serlo, y que no son más que SORBITOS DE MALA LECHE que, en muchas ocasiones, consiguen agriar la propia leche materna, la ilusión y los miedos normales de las primeras veces como padres?
¿Por qué tenemos esa facilidad para creernos mejores que los que tenemos delante y nos atrevemos a dar esas clases magistrales de sueño, alimentación, rutinas en general y educación cuando somos los primeros que hemos necesitado equivocarnos para saber qué era mejor?
¿Por qué cada madre (primeriza o no) que tengo cerca tiene siempre la misma sensación que tenemos todas de sentirse presionada, juzgada, observada con lupa y criticada en cada cosa que hace?
Yo no puedo hablar de los demás, porque bastante tengo con ser yo misma y aguantarme, ni de sus hijos, porque bastante tengo con los míos y con hacerlo lo mejor que puedo, pero sí puedo hablar de lo que aquí hemos hecho como padres y que nos ha funcionado de maravilla: SEGUIR NUESTRO INSTINTO Y NUESTRO PROPIO CRITERIO, OBVIAR LAS CRÍTICAS Y LAS OPINIONES QUE NUNCA HEMOS PEDIDO, Y CRIAR A NUESTROS TESOROS CON AMOR, CON MUCHO AMOR, CON TODO LO QUE ELLO IMPLICA. Hemos acunado, cantado, acariciado, abrazado, besado y mimado a nuestros hijos muchísimo, y lo seguimos haciendo, y sí, TAMBIÉN LOS HEMOS EDUCADO HACIÉNDOLES SABER QUE HAY LÍMITES, que su libertad acaba cuando se convierte en libertinaje y que hay normas que son necesarias para convivir, en familia y en sociedad, porque toda relación se basa en el RESPETO.
Y haciendo balance, después de casi 7 años y casi 4, respectivamente, diría que no nos ha ido tan mal. No se ha cumplido ninguno de los trágicos finales de todos los mitos y leyendas que, con tan mala leche, vaticinaron (y siguen aún hoy) sobre la personalidad horrible y difícil y la fatal educación que tendrían nuestros hijos, a pesar de que nosotros hemos hecho todo lo posible porque así fuera, con premeditación y alevosía.

Dicen que la excepción confirma la regla. Pues da la casualidad de que me rodeo de muchos más padres desobedientes y atrevidos que han querido criar desoyendo las mismas amenazas que nosotros, por lo que deduzco que en esto de la maternidad no debe haber una regla y que la gran mayoría de nuestros hijos (por suerte) son fruto de la excepción.
Es justo por esto que todos ellos son EXCEPCIONALES. A pesar de los mitos, las leyendas y los sorbitos mala leche. (C.q.d)

30 de marzo de 2016

Tú y yo. Yo y tú.

Nos enamoramos y nos amamos con locura, con pasión, con instinto, con deseo, sin vergüenza.
Pasa el tiempo y vienen los sueños planeados y se van cumpliendo porque los vamos buscando, los trabajamos, no los dejamos escapar.
Llegan los hijos. Bendito regalo cuando nuestro proyecto de futuro de entonces contaba con que vinieran un buen día a completar nuestro cupo de deseos.
Y seguimos enamorados, amándonos con locura. Con la locura de a veces no poder ni hablarnos por cansancio. Con la pasión de seguir construyendo hogar. Con el instinto de un padre y una madre que luchan por criar a sus hijos lo mejor que saben. Con el deseo de seguir juntos una eternidad. Sin la vergüenza que corresponde sólo a quien consigue lo que es no dejando a otros que sean.
Porque nos amamos, de la misma manera pero diferente. Más profundo. Más cómplice. Más cómodo. Más de andar por casa.
Porque nos amamos aun cuando la piel no es tan tersa como la de aquella primera vez. Y sin embargo, el temblor de querernos es el mismo porque es la frescura de la mirada la que suple ese deseo joven. Nos deseamos aun con el paso del tiempo marcado en nuestras arruguitas junto a los ojos. Que se nos han marcado a fuego de tanto haber reído y llorado juntos. Nos deseamos aun cuando los partos han hecho mella en mi cuerpo y la falta de tiempo en el tuyo. ¿Y qué? Nos amamos porque nuestra mirada es la misma que la de aquel primer día. Su intensidad sigue intacta. Nuestra complicidad es mucho más grande que entonces porque conocemos cada uno de nuestros secretos, marcados a fuego en la piel que envejece de pura experiencia y, justo por saberlos bien es porque nos queremos tanto.
Misma mirada. Con la piel más curtida, más vieja. Muchos más años. Muchas más vivencias. Muchas más risas y muchas más lágrimas. Años después... Aquí andamos. Ilusionados como niños con la tontería que hace ya un tiempo largo nos entretuvo más de la cuenta y aún hoy continúa: tuyyoyoytú.

CON M DE MAMÁ y T de TUYYOYOYTÚ

26 de agosto de 2015

Tú, yo y las adversidades

Lo nuestro empezó como cualquier otra historia: pura tontería. Aunque el azar me anunciaba poco antes que estábamos destinados a encontrarnos, jamás lo hubiera dicho.
Te vi por primera vez en la foto del curriculum que tenía que llevar donde trabajaba. La foto no te hacía justicia. Claro que las fotos pocas veces hablan del interior de su dueño.
Empezamos a trabajar juntos, aunque no donde tenía que entregar tu cv. Hablábamos lo normal entre compañeros, sobre el curro, sobre viajes, sobre nuestro presente, sobre música... Sobre todo de música. Y ya.
Un buen día quedamos. En realidad, una buena noche, porque sí, por curiosidad, por nada más allá que salir un rato con alguien con quien congeniábamos.
Cardenal Benlloch 82. Tú salías de una relación. Yo no quería entrar en ninguna.
Unos cuatro meses después te mudaste a mi piso independentista cuchitril. Dos años y cuatro meses más tarde nos casábamos. Justo cinco años después, mismo día, nacía nuestra Pichu. Y tres más bastaron para completar el cupo con Rubiazo.
Estábamos bien como estábamos entonces, pero sin querer empezamos a estar mucho mejor juntos. Y lo demás es nuestra historia.
No saliste huyendo ante todas mis rarezas familiares y mis sobremesas de telenovela en auge. Te quedaste como si tal cosa.
No ha habido año desde aquel 17 de diciembre en que las adversidades no hayan intentado reventarnos la moral y las fuerzas.
Lo que las adversidades no saben es que en el momento en que la vida nos cruzó se formó un equipo. No saben que entrenamos duro, a pesar del frío, la lluvia, el poniente o las pocas ganas. No saben que nos motivan los retos. No saben que basta un abrazo o una sonrisa o un intercambio de miradas para que el otro sepa que siempre seremos equipo y venceremos.
La verdad es que me considero lo suficientemente educada como para no mandar a la mierda a las adversidades, aunque no puedo evitar hacerles un corte de mangas cuando parece que no miran.

Te quiero. Con todo y con nada.
A pesar de las adversidades y gracias a ellas.

CON M DE MAMÁ y T de Tú, yo y las adversidades

5 de agosto de 2015

10 cosas que echo de menos de ti

Echo de menos tu mirada, diría que casi por encima de todas las cosas. Esa mirada verde agua marina, intensa, expresiva al límite, inteligente, arrolladora, viva...
Echo de menos tu voz, porque sigo echando en falta nuestra llamada diaria, ésa que muchas veces me salvaba el día.
Echo de menos tu discurso, tu diálogo, tus palabras, tus razonamientos, nuestras conversaciones de lo humano y lo divino... Nosotros.
Echo de menos tus abrazos, que en los últimos tiempos se convirtieron en el mejor regalo de estar contigo, que cada vez fueron más delicados, pero que conseguían darme la fuerza que en ocasiones me faltaba y que mostraban lo valiente que tú fuiste.
Echo de menos tu saber, tus respuestas acertadas siempre para todo, tus consejos, tus palabras de ánimo cuando las necesitaba, y cuánto te alegrabas con cada uno de mis logros personales y profesionales y cómo me lo hacías saber siempre.
Echo de menos tu sonrisa, esa calma cuando tu boca se torcía y se convertía en una barquita de pescadores tan mediterránea, porque era tan reconfortante como tus abrazos.
Echo de menos tus "guapa / estás guapa / eres una pesada / no hables tan rápido, que no me entero...", porque en los últimos tiempos me regalaste muchos piropos que guardo bajo llave y aún hoy tintinean en mi oído.
Echo de menos tu mirada rebosante de amor cuando observabas a tu princesa, cuando le consentías que te vaciara de natillas la nevera, cuando la veías jugar y "ser" y me reconocías en ella.
Echo de menos tu risa y tu gesto socarrón, como cuando el rubio se soltó a gatear en tu casa y dijiste: "éste va a necesitar casco". No te equivocaste.
Echo de menos tu casa, tu sofá, tu batín de cuadros, tu cigarrito, tus gafas en el suelo cuando te echabas la siesta, tu manía de la cortina cerrada, tu taza preparada para el día siguiente, tus muchos libros sobre la mesita del salón, tu modestia, tu don de gentes, tu enorme inteligencia, tu saber estar.
Hay personas cuya grandeza se multiplica cuando se van, pues mientras están en vida, la guardan en sus bolsillos por miedo a brillar demasiado. Ése eres tú. Por eso tu estrella es ahora la que más brilla en el cielo, y tu recuerdo te hace más grande cada día.
Te quiero hasta la luna y vuelta. Y te sigo echando de menos.

CON M DE MAMÁ

7 de marzo de 2015

Del santo Job y descendientes o de la santa paciencia materna.

Podéis creer en Dios o no, pero lo que nadie puede negar es que un día, hace muuuuucho, mucho tiempo, existió un hombre con una paciencia infinita que se llamaba Job. Y al que no sé por qué extraña razón no lo han hecho aún patrón de todas las madres del mundo mundial de manera oficial.
Yo tengo la teoría de que las madres, todas las del mundo, por alguna extraña razón cósmica, descendemos de Job, bien de manera directa, bien de manera indirecta. Prometo que si no, no entiendo la santa paciencia que tenemos y el enorme aguante en la mayoría de ocasiones.
Decidme si no es así, cómo toleramos por el morro las siguientes situaciones:

1. Nunca más vas al baño sola; da igual que sea para ducharte, desmaquillarte o mirarte un grano.
2. Escuchas en la lejanía: "Dejad dormir a mamá..." mientras dos trolls te botan en el estómago y/o pecho y gritan "¡Con mamaaaá!"
3. "La cateta pone mamá" o ese maravilloso momento de estrés matutino en el que ya deberíais estar saliendo y hay un niño tirado en el suelo en huelga porque no le acabas de poner tú la ropa.
4. Cuando te pones a estudiar un mini ratitín ridiculín (que de hecho piensas que si te aprueban el examen es porque te han visto ojeras de madre) y tus retoños encuentran 25 excusas diferentes para entrar a fiscalizar tu tiempo, no sea que estés fabricando un cohete para pirarte a la luna o algo.
5. "Quello cheche... Quello agua... ¿One está mi mantita?" "Mami, ahora te subes a mi cama..." y similares suenan en mitad de la noche y se clavan entre tu cerebro y tu "no sé qué" fase del sueño REM, y el sueño deja de serlo para siempre y pasa a ser insomnio del bueno. Pensando seriamente en pedirle a Maléfica una puñetera rueca antigua, que fijo que alguna quedó sin quemar.
6. Repetir taitantas veces y una lo mismo. Un día, otro día, y otro, y otro... Y así entrando en bucle. Tanto que acabas entrando en órbita y te nombran planeta oficial, ahora que Plutón les sobra.
7. "Pero yo hoy quería vestidooooo..." después de, para evitar males mayores durante el estrés matutino, haber acordado ropa para el día siguiente. Respuesta a lo Leticia Sabater: " Buenos días... ¡Con alegría!"
8. Poner tropecientas lavadoras semanales, que llegue el fin de semana... Y el cesto de ropa siga desbordando. Estoy convencida de que aquí hay enanos que viven por y para sacar ropa de los cajones por la noche y meterla a lavar.
9. Ley de Murphy en todas y cada una de esas ocasiones en que necesitas elementos extra en tu vida: "Tengo que llevar al cole...", "Llevo una notita..." o leer la agenda de Rubiazo a las diez y pico, y otras lindezas que te dejan una hora ideando cómo llevar lo que te han pedido, porque ya no son horas de salir a buscarlo y, obviamente, no lo tienes...
10. Planear tu tarde y/noche libre y que se alinien los planetas, satélites y estrellas para que eso no sea posible durante varias semanas: obras inesperadas en casa, fiebres varias, alguna que otra reunión de cole... Y el muñequito de vudú sigue sin aparecer por más que lo busques. Así que ha de ser Murphy.
11. Que Rubiazo te quite la coleta cada vez que te recoges el pelo porque él te quiere con tus mechas californianas, más mocho que mechas ya, en todo su esplendor, a pesar de que a las 17 dan más pena que gloria ya. Y la escena se repita una y otra vez: "¡Coleta nooo, quita coleta mamaaá!". Como luego se busque una novia de pelo corto, se la carga.
12. 6:30 de la madrugada, tal día como hoy, sábado, después de una noche como la del punto 5... "¿Amo a jugar? Quello ver dibus... Mami, ¿y mi diadema?" y así... De tal forma que a las 12:00 parece que sean las 17 de la tarde, por todas las experiencias que llevas ya vividas.

Estas doce situaciones son sólo una minucia entre un millón más.
Pero os digo una cosa, derecho al pataleo tenemos todas y está bien gritar a los cuatro vientos un ¡NO PUEDO MÁS! cuando nos hace falta, sin remordimientos ni melindres ni romances. Así, a pelo. Lo que está más que claro es que si aguantamos carros y carretas es porque no podemos amar más a nuestros hijos, porque cuando la paciencia está a punto de salir volando con el paraguas de Mary Poppins, se acercan sin avisar y te pegan un morreo, un abrazo o un achuchón a la cara y te sueltan un "Te quiero mucho" "Ta la nuna y velta" que crees morir de amor. Y de hecho, mueres tanto que a continuación los tienes haciéndote de nuevo las mil y una...
Y así una y otra vez, en bucle, non stop, 24 horas 365 días (los bisiestos encima vienen con extra)... Hasta entrar en órbita a velocidad ultrasónica. Vamos que o es amor del bueno o como decía al comenzar este post, nuestro padre amantísimo de hace millones de años fue Job.
Y por eso la NASA va a hacer oficial que en breve nos nombran "planeta" de manera perpetua. Y si esto ocurre, estoy segura de que el nombre estaría claro: PACIENCIA INFINITA.

CON M DE MAMÁ Y P DE PACIENCIA

FELIZ SÁBADO (desde las 6:30...)

12 de agosto de 2014

EL CONTRATO DE LAS MADRES

Pichu se fue ayer a las 19:00, y a los diez minutos ya la echaba de menos.
Sí, soy así de ñoña. Rectifico, SOY ASÍ DE MADRE.
Confieso, en realidad, este post lleva tiempo pidiendo salir, movido por todas las quejas madrehijiles que inundan últimamente las redes, y si no lo ha hecho antes ha sido porque mis ratos libres ahora en vacaciones, sorprendentemente, son menos. Estos meses estoy más de "madre" aún si cabe, y mi súper rato libre ocurrió hace unos cuantos fines de semana, cuando se casó un gran amigo en Los Madriles. Después de eso, volvemos a la intensidad de la maternidad.
Soy MADRE, en primera y última instancia, y sí, soy persona. Es que creo que ambos conceptos se mezclan y se confunden. Quiero decir que una cosa no excluye la otra, y, por tanto, SI SOY MADRE, ES PORQUE PRIMERO SOY PERSONA.
Cuando nos convertimos en madres, firmamos un contrato de por vida que implica, entre otras cosas, renunciar a la comodidad en general y al "yo" en primera persona, pero también implica recibir amor en cantidades inimaginables.
Éste es el contrato con el que vino Pichu bajo el brazo (no era un pan, no), y que volvió a traer su hermano hace casi dos años:

Como veis, en él nuestro papel no es el de protagonista, ni el de actriz revelación, somos secundarias, eso sí, secundarias de categoría, porque sin nosotras el  guión de la maternidad no tendría sentido. La verdad es que, si revisas las cláusulas del contrato sin saber que lo que estás firmando es la maravilla de la maternidad, creo que da hasta miedo. Es como una renuncia a todo tu ser y tu  esencia; y sin embargo, no es así, porque LA MATERNIDAD TE REDESCUBRE DE OTRA MANERA. Pero hay que saber mirar y apreciar, y no quedarse sólo en la cubierta.
Como ya he dicho, SOY PERSONA. Soy Leonor de nacimiento, Noni desde mi primer segundo de vida, mujer, maestra, amiga y amante de los míos y de la vida, me gusta disfrutar de la belleza de lo simple que nos rodea, en mis ratos propios, cuando nadie me ve, adoro el silencio, la calma y la soledad buscada, y sin embargo: ME ENCANTA SER MADRE, que es todo lo contrario a mucho de lo último que acabo de suscribir. Mis dos tesoros son lo mejor que puede haberme dado esta vida. Muero por sus besos, sus sonrisas y sus bellas caritas durmiendo. Me enamoran a cada segundo y, sí, también me agotan a partes iguales. Ésa es la esencia de la maternidad: es como el enamoramiento primero o como el definitivo, te tiene en vilo a toda hora, agota mentalmente y, en consecuencia, físicamente, y sin embargo, engancha y conquista, pasando a ser imprescindible en tu vida.
Así que, como imaginaréis, ESTOY ENAMORADA DE MI MATERNIDAD, lo que no quiere decir que no necesite mi silencio de antaño, mi soledad buscada, mis ratos de "yo, mí, me conmigo". Claro que necesito todo eso, y a veces incluso más. Porque yo también me canso, porque se me agota la paciencia y se va de la mano de la energía a tomar unas cañas, dejándome ambas sola y seca. Porque soy humana y no tengo súper poderes. Peeeero... esto no quiere decir que de mis 24 horas como madre los 365 días al año, me pase 23 horas de cada uno de esos días gritándole al mundo lo cansinos que son mis hijos. No señores, porque no lo son, sólo son niños, como ustedes y yo lo fuimos hace un tiempo, ¿recuerdan? Y tienen las mismas necesidades e inquietudes que todos nosotros: jugar, correr, saltar, bailar, cantar, tocar, hablar, hablar, hablar, preguntar, caerse, mancharse, tirar cosas, sacarnos de quicio...en definitiva, VIVIR por ellos mismos mil y una experiencias y aprender de qué va esto de la vida, esa misma que ellos no han pedido y que, sin embargo, se les ha otorgado porque un buen día, sus papis/mamis, esos que ahora tantísimo se quejan, desearon que tuvieran con tanta fuerza.
Como digo, yo también me canso y estallo, y me quejo, y me enfado, y lloro... Vamos, SOY PERSONA, y como tal, expreso mis emociones, cambio de estado de ánimo y siento la necesidad de compartirlo con mis iguales, pero me sigo reconociendo MADRE, con todas y cada una de las letras de la palabra. Es por eso que entiendo poco tanta frase poco graciosa hablando mal a toda hora de la maternidad, de la pesadez de los hijos, de lo bien que se está sin ellos, de descuidos gordos que rozan la irresponsabilidad. Soy consciente de que está muy de moda reivindicar la imperfección de las madres, cosa que defiendo y comparto, porque, efectivamente, no somos perfectas, ya por el simple hecho de que somos humanas. Estoy de acuerdo con los mensajes en tono de humor que hablan de esta imperfección, siempre entendida desde mi modo de ver como NATURALIDAD, sin más. Pero señoras, señores, cuando acuden a la queja permanente en forma de "reniegue" de sus propios retoños, cuando pasan el día conectados a las redes lanzando frases llenas de amargura por ser madres/padres y de arduos deseos constantes de tenerlos lejitos o lamentos por no haberlos dejado más tiempo allá, y presumen sin parar por ver quién lo hace peor que quién... Es cuando yo me pregunto: ¿PARA QUÉ HAN TENIDO HIJOS ENTONCES? ¿Por tradición familiar? ¿Por seguir la estirpe? ¿Por jugar a las muñecas y vestirlos en plan cuqui? ¿Porque se les pasaba el arroz? ¿Por aburrimiento? ¿Por sentirse integrados con sus amigos? ¿Por volver a celebrar los reyes magos? No sé, alguna razón tendrán, porque PARA VIVIRLOS Y QUERERLOS no lo parece. O eso o lanzan mensajes erróneos a la sociedad y así es como lo entendemos el resto. Como diría mi padre: lo poco gusta, lo mucho cansa, y lo demasiado cabrea.
Todo es más sencillo, hasta la maternidad y la paternidad, en serio. Todo tiene sus pros y contras (¿verdad, Ara?), sus más y sus menos, sus momentos dulces y sus momentos amargos. Sí, la maternidad también. Y todos ellos, nos guste o no, son vivencias necesarias para madurar, para crecer como familia (si es que esto es lo que queremos, vamos, si no, siempre podemos dedicarnos a los números circenses) y para volverse a enamorar de la vida, a veces, y otras, querer abofetearla.
Yo soy persona, repito, y por eso ahora mismo mi corazón se divide entre echar mucho de menos a Pichu, que está con sus tíos y primos no acordándose nada de mí (ironías de la maternidad), y escaparme sola un rato, huyendo de este horrible calor y del monopolio adquirido de Rubiazo, que anda estos días peor que un novio celoso venga a repetir el éxito del verano: "mamiiiiiiiiiiiiii".
Pero como digo, todo en su justa medida señores, los extremos y las estridencias no son ni estilosas ni de buen gusto, y además, pasan de moda. Así que, seamos un poquito más consecuentes con lo que elegimos y deseamos, que la vida son dos días, y entre parir y criar se nos ha ido uno enterito. Si dedicamos el otro a renegar de los nuestros y a no disfrutar de lo que tenemos delante... Llegaremos tarde cuando vuelen alto. Y entonces, las quejas, los rechazos y las ganas de independencia serán las suyas, y nos partirán el corazón en mil pedazos.
 
CON M DE MAMÁ y C de CONTRATO MATERNAL

19 de marzo de 2014

La Maternidad de la A a la Z: F de Fe


Palabra controvertida donde las haya según para quienes. Pero como ocurre siempre con mis elecciones para el diccionario maternal o #azdelamaternidad, FE es la primera palabra que me ha venido a la cabeza al sacar la F de mi bolsa de bolitas con letras (imaginaria, no estoy tan mal). Y como suele pasar, ya no veo más palabras ni aún cogiendo el diccionario. Así que, si FE "me ha elegido", por algo será, y por tanto, me dejaré llevar, a ver qué tal se nos da.
Según los honorables miembros de la RAE, o según su diccionario, la palabra FE es tan corta como intensa, porque tiene un buen número de acepciones. Así que he decidido poneros AQUÍ el enlace para quienes queráis echarle un ojo. Yo he pasado un rato entretenido leyéndolas, aunque como me encantan los diccionarios (ratón de biblioteca me llaman, es lo que hay), pues igual mi opinión no cuenta demasiado.
De las acepciones que he encontrado, y más allá de la típica en la que se pudiera pensar, y de gran connotación religiosa, yo me quedo con éstas:

3. f. Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas.

4. f. Confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo. Tener fe en el médico.

5. f. Creencia que se da a algo por la autoridad de quien lo dice o por la fama pública.

6. f. Palabra que se da o promesa que se hace a alguien con cierta solemnidad o publicidad.

Creo que mi autodefinición de FE es un compendio de las anteriores, tiene matices de las cuatro, o al menos de la FE tal cual la siento en este momento que escribo, y tal como la he vivido a lo largo del día de hoy.
Hoy no ha sido un día fácil. El 19 de marzo, en algunas recónditas partes del mundo, tenemos la costumbre de celebrar EL DÍA DEL PADRE, y además, aquí en Valencia también se celebra la festividad de San José. Ambos motivos de fiesta familiar hasta el año pasado, porque era el día en el que tradicionalmente nos reuníamos contigo, después de la mascletà, a comer; y siempre con el mismo procedimiento: varias llamadas o sms a lo largo de la semana recordándonos que la mesa, como de costumbre, estaba reservada a las 14:30, justo cuando acabara la mascletà, pidiéndonos que por favor fuéramos puntuales... era TU DÍA. Sólo nos lo saltamos hace tres años, por motivos que no apetece recordar, y que tú quizás ni siquiera tendrás en mente, pero aún así, también estuvimos junto a ti.
Hoy también nos hemos juntado, pero tú no has estado. Aunque si hago caso a mi FE, a mi propia manera de creer en las cosas y en las personas, quizás justo hoy sea cuando más cerca has estado de cada uno de nosotros. Pero mira, a pesar de considerarme una persona creyente, porque creo en la vida, en el amor, en la amistad, en las personas, en lo imposible, en un futuro, en mi presente... A pesar de tener FE en el día a día, en que "las cosas siempre ocurren por algo", en mil y una historias que se supone que han de ayudarme a comprender por qué a veces sucede lo inesperado... A pesar de creer, de equiparar FE a ESPERANZA... A pesar de prometerme a mí misma que "estás" y de hacerle llegar al resto esa FE con la seguridad propia del mejor comercial de ventas... No es suficiente. 
Tengo FE. Creo firmemente en que nuestras almas viven conectadas más allá de la vida terrenal y física. Ahora que soy madre, quiero pensar que el día en que me vaya, el día en que deje de latir mi corazón mi alma batirá fuerte sus alas para revolotear siempre a vuestro lado, pero no de manera asfixiante y posesiva, sino de manera protectora, a modo de luz en la oscuridad, para ser el calor durante el frío invierno, o la sonrisa en un día gris. Os miro dormir y me aterra pensar en no estar a vuestro lado, en no acompañaros en vuestro camino mientras necesitéis mi mano, y es por eso que tengo verdadera FE en que mi energía no os abandone jamás, para que la uséis a vuestro antojo en momentos de desánimo. 
Y es aquí, cuando me pierdo en esos sentimientos entre lógicos y lúgubres, cuando pienso en que tú, PAPÁ, estás aquí, vibrando a nuestro lado, convertido en cúmulo de energía y luz... y puedo ver tu sonrisa, escuchar tu voz, sentir tu olor. Y entonces CREO. CREO EN EL LAZO PATERNO/MATERNO-FILIAL, ese lazo que va más allá del tiempo, la época o la vida. CREO en la unión animal y etérea que conecta nuestras miradas desde el primer momento de vida hasta ese último en el que uno de los dos ha de partir, y que perdura por los siglos de los siglos.
Pero a veces tener FE no es suficiente, aunque mueva montañas y todo eso que cuentan de ella. La maternidad te pone en situaciones de puño cerrado, y te hace cuestionarte hasta las verdades absolutas sobre la salida y la puesta del sol. Tú lo debes saber más que nadie, que has sido y eres padre. 
Yo le pido a mi FE, en todas sus acepciones o en la mezcla de las mismas, que no me abandone. Porque yo quiero seguir CREYENDO en que hay algo más allá de este mundo loco, material y asfixiante. Quiero CREER que nos vamos a seguir teniendo unos a otros SIEMPRE. Que te tengo, que mis hijos te tienen, y que a su vez, ellos me tendrán a mí. 
Pero como soy humana y no etérea, pierdo esa visión a ratos, me hago pequeñita, y entonces va y te confieso que lo que más me gustaría del mundo es que me dieras un abrazo justo ahora. Así que yo no pierdo la esperanza de que eso ocurra algún día. Que de pronto abrace tu pijama y seas tú, y no ese trozo de tela que guardo con el recelo propio de un pirata y su tesoro. Me gustaría CREER eternamente en la magia que hace posible que "estemos", esa magia que adivino en las caritas de mis pequeños y en cualquiera de sus gestos.
Quiero seguir CREYENDO para poder vivir intensa y eternamente MI MATERNIDAD, para mantener vivo ese lazo energético que traspasará fronteras del tiempo y el espacio sólo por estar a vuestro lado siempre que lo necesitéis. Ese mismo lazo que irremediablemente siento cada vez que pienso en ti desde hace 5 meses.
FELIZ DÍA DEL PADRE.

19 de marzo de 2014

CON M DE MAMÁ y F de FE


1 de marzo de 2014

REGRESO AL PASADO

Que venga el tío Bor a casa, darle un beso y un abrazo, y que ese beso con abrazo "huelan" a ti.
Ir a comprar cualquier cosa en el supermercado y encontrar de camino eso que a ti tanto te gustaba.
Que pase una ambulancia a toda velocidad y no poder evitar el recuerdo de haber volado, literalmente, detrás de ella con el coche porque tú ibas dentro, tantas y tantas veces.
Leer el desvío a La Fe y que la mente te juegue la mala pasada de hacerte pensar "¿cuándo teníamos la próxima cita con papá?".
Que una tarde cualquier me venga el pensamiento de "ahora llamaré a papá", a pesar de que hace más de cuatro meses que ya no puedo hacerlo.
Leer la palabra cáncer en cualquier sitio y sentir un escalofrío de impotencia y dolor, pero sonreír a pesar de todo, porque hemos podido vivirlo junto a ti y aprender de cómo luchaste.
Tropezarme con tu foto cada mañana, darte un beso rápido porque de otra manera me quedaría pegada a ella durante todo el día.
Sentir "algo" y saber que estás aquí en mi casa, cuidando de que todo esté en orden.
Abrir el armario de la entrada y ver el chaquetón que ahora lleva Roberto algunos días, y recordarte todo guapo con él.
Leer AQUÍ que un importante científico parece haber descubierto el origen de las metástasis, y que está trabajando para encontrar el tratamiento que evite que la molécula que se encarga de su dispersión, siga haciéndolo... Leerlo y llorar amargamente, pero con esperanza, esperanza para quienes nos hemos quedado aquí en lo terrenal; amargura porque si se hubiese descubierto hace un año, quizás, tal vez, tú estarías aquí leyéndolo conmigo, explicándome teorías, razonando y compartiendo lo que sabes. No habría motivos para que callaras tus miedos ni todo lo que tú sabías de esta cruel enfermedad.
Si tan sólo por un día pudiéramos REGRESAR AL PASADO, si pudieras volver a esta vida mundana, cogeríamos un avión contigo, nos iríamos a la otra parte del mundo, pegaríamos mil vueltas... Hasta dar con lo que necesitaras para estar sano, para ayudarte de verdad en tu lucha, para tenerte muchos años más y que vieras crecer a tus nietos, nacer a los nuevos que tuvieran que venir, madurar y triunfar a mis hermanos en su vida laboral y personal... Y para poder abrazarte, mirarte, besarte y, sobre todo, no tener que quererte "en la distancia".
Ojalá algún día, de verdad, y no muy lejano, encuentren la manera de detener las metástasis y regalen así esperanza de vida a todos los valientes que luchan contra el cáncer.
Ojalá pudiéramos REGRESAR AL PASADO CONTIGO.
Con M de Mamá y E de Esperanza

19 de enero de 2014

IRREMEDIABLEMENTE... HOY TE PIENSO CON MÁS FUERZA

Irremediablemente.
Porque vives en mi mente cada día. La imagen de tu rostro sonriendo me acompaña, flota con constancia en mi cabeza sin que yo me haga el firme propósito de pensarte a cada segundo.
Y aún así, me mata la idea de que no salgas de mi mente y te conviertas en carne y hueso. Me da miedo que la proyección que ahora diviso se vaya esfumando con el tiempo, que no te despiertes y duermas conmigo cada día.
Duele saber que jamás volveré a interactuar contigo más allá de energéticamente, y aunque sé que es una suerte que al menos así sea, no me basta, no me sirve y no lo acepto.
De momento me rebelo sólo a días y a ratos cortos, lo que me deja mi ritmo loco diario de madre y trabajo, pero espero casi con ansia que la tormenta que llevo dentro se libere y te grite, que la descarga sea casi eléctrica y que los relámpagos de tu ausencia se vean en el horizonte con claridad, y que bajes entonces a apaciguar mi alma rota y descosida.
Irremediablemente hoy te pienso con más fuerza. Y aunque no me lo proponga y no sepa en qué día me encuentro, algo en el ambiente me empuja a echarte de menos de un modo más desgarrador y aviva recuerdos de los últimos días y de tu último aliento.
Justo hoy, porque es 19.
Por eso, deja que te lea este soneto de Borges, que a, al menos a mí, me habla de ti, de tu ausencia y del amor que no muere.

TE QUIERO PAPÁ, HASTA LA LUNA Y VUELTA.

1964 - BORGES

I

"Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines. Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías. Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor. Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa. Hay tantas otras cosas en el mundo; un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada; lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina."

CON M DE MAMÁ

31 de diciembre de 2013

Con M de Mamá y con B de BALANCE. ¡Adiós 2013!


Esta entrada era necesaria en el blog, al menos así lo siento yo. 
Necesito despedir este año por escrito, dejar plasmadas mis palabras, impresiones y sentimientos en mi pequeño diario, mi desahogo continuo y mi espacio privado único. 
Sobra decir que el 2013 no quedará en mi memoria como uno de los mejores años de mi vida. Sobra decir que, cuando eche la vista atrás y piense en este año será muy probablemente porque estaré mandándole un beso a una de las personas más importantes de mi vida, allá donde esté, la persona que más seguridad me ha dado en los últimos años (junto con Roberto), la persona a la que quiero parecerme por encima de todo: MI PADRE. Pero empecemos por el principio.
2013 ha tenido cosas muy buenas, y eso es un hecho que no puedo dejar de lado porque no sería justo para muchos, obviaría determinados momentos, pero, sobre todo, no sería justo para mi propio corazón, porque estaría condenándolo a olvidar lo bueno que ha tenido. 
Podría hacer el balance de este año por meses, parcelas de mi vida o momentos. Pero siguiendo la línea de orden de mi cabeza, amueblada por estancias y con diferentes estilos, lo haré sin ningún tipo de orden lógico más que el sentimental.
Lo primero que me viene a la cabeza si pienso en el 2013 es que en marzo celebrábamos que mi papi seguía con nosotros tras dos años de un duro golpe en su enfermedad y de, literal, haberlo visto renacer cual ave fénix. Sí, uno de esos pequeños milagros que de vez en cuando nos regala la vida... Aunque no duren para siempre.
En este año me reincorporé al trabajo tras mi baja maternal de 4 meses y le pasé el testigo del cuidado de Rubiazo a mi hermano, el tío Borja, o como yo lo pienso, "el mejor canguro del mundo". Yo necesitaba reincorporarme a trabajar, no sólo por mis neuronas y su salud, sino también por Pichu y la recuperación de sus rutinas junto a mí. Tener la suerte de contar con mi hermano fue un auténtico regalo, como ya lo fue cuando se encargó de Pichu en su momento. Este hecho va irremediablemente unido a mi puesto de trabajo: una escuela pública en la que, además de sentirme plenamente realizada profesionalmente hablando, por todas las oportunidades que me han brindado y la confianza depositada en mí y en mi labor como docente, también he encontrado grandes amistades. Amistades de esas que, de repente, pasan a ser parte muy importante de mi vida. AMIGAS EN MAYÚSCULAS. Amigas a las que he tenido en lo bueno y en lo malo, siempre, sin condiciones, y que han velado por mí y por los míos. AMIGAS a las que tengo la suerte de ver cada día de lunes a viernes, y otras veces fuera de horario laboral, que me hacen reír, saben escuchar y, además, también me dejan formar parte de sus vidas. GRACIAS.
El año ha tenido grandes e irrepetibles momentos en familia, con MI FAMILIA, ésa que un buen día decidimos formar Papi y yo y que hace poco más de un año crecía para convertirnos en cuatro. He visto a mis hijos hacer, día a día, cada vez más grande el sentido de la palabra HERMANOS, los he visto mirarse y abrazarse con tal complicidad que no me ha cabido más amor en el alma. Hemos visto dar a Rubiazo sus primeros pasos, que se convirtieron al poco en auténticas carreras, a Pichu cantando su primer concierto y trayéndome así bonitos recuerdos de mi primera actuación... Hemos dejado a Rubiazo en la guarde empezando así su andadura en el "mundo social", hemos disfrutado de Pichu y su "paso más allá" en madurez, autonomía y, sobre todo, en creatividad. 




Y además he tenido la suerte de hacer todo esto junto a la persona que amo, que no es otro que el padre de mis dos tesoros, compañero de vida y aventuras, en lo bueno y en lo malo. En definitiva, este ha sido un año lleno de aventuras que hemos vivido juntos, un año lleno de sueños que hemos ido cumpliendo y de etapas que vamos superando, siempre unidos y de la mano. Sois MI VIDA ENTERA. GRACIAS.
En este dispar 2013, he confirmado que tengo unos HERMANOS que son un tesoro, que son los más valientes del planeta, que son capaces de darle cien patadas a cualquier situación por adversa que sea, que son capaces de arrancarme una sonrisa aún cuando el momento sólo te pide llorar y salir corriendo, que son el mejor equipo, que saben plantarle cara a la vida y a todo lo que quede por venir, que son apoyo, amor y amistad, y sobre todo, UNIÓN. Son, sin duda, el mejor legado que un padre podría dejar a un hijo. GRACIAS.
Este 2013 me permitió disfrutar de momentos únicos ya que tuve la suerte de compartir parte de mi baja maternal con mi amiga, y "hermana", Helen, con la que viví escenas propias de películas de Esteso, y con la que a parte de intercambiar experiencias y/o ropa de niño, pasé grandes ratos de carcajada continua. Además, tambien he tenido siempre a mi lado y velando por mí, por nosotros, a la persona más buena que conozco, a una amiga-hermana que sólo sabe ver el lado bueno de todo y todos quienes la rodeamos, que se toma cada obstáculo en la vida como un aprendizaje, alguien de quien tengo muchísimo que aprender, y a la que admiro por muchísimas razones. GRACIAS Sandrita, por estar a mi lado, siempre, incondicionalmente, aun cuando yo decía no necesitarlo y me cerraba en banda. Jamás he conocido a alguien tan fiel al sentido de las palabras AMISTAD y AMOR. Te mereces todo lo bueno que quiera depararte el año que entra y todos los venideros.
Las circunstancias adversas que nos han rodeado a mí y a los míos a lo largo de este año, y más concretamente al final, sólo han servido para que me reafirmara en algo que yo ya sabía: tengo unas AMIGAS, grupo-piña inseparable desde que iniciamos magisterio en 1997, que SIEMPRE ESTÁN, a pesar de la distancia, la marcha que lleve cada una y el número de hijos que tenga. GRACIAS.
Además, este año también me ha regalado grandes satisfacciones, más que inesperadas, gracias a este blog, que hace poco cumplía un año. Un blog que nacía como espacio de refugio, descanso y catarsis maternal, y que he utilizado a modo de diario personal para no acabar del todo majara. Un blog gracias al cual, y así sin previo aviso, entraron a formar parte de mi vida un grupito de mamás maravillosas, madrAZas todas ellas, que me han enseñado que el valor de la amistad va más allá de pantallas, redes sociales y mundos 2.0, y que quisieron estar conmigo en el, hasta ahora, día más triste de mi vida, en forma de ramo de rosas y carta, y en forma también de maravillosa desvirtualización ese mismo día. 

Un blog que me ha acercado a un montón de personas que han querido perder un rato de su tiempo leyendo mis chorradas, mis historias... que han tenido a bien llorar conmigo o dejarme unas bonitas palabras a modo de comentario; personas que, sin conocerme, han entrado a formar parte de mi vida a través de este espacio de escritura libre y que, en multitud de ocasiones, he tenido la suerte de que hayan querido quedarse y compartir conmigo sus emociones y experiencias, a pesar de que yo no siempre haya podido dedicarles el tiempo que merecen. A todos, GRACIAS.
Son precisamente este tipo de cosas las que me hacen apreciar el lado positivo de todo lo que ocurre, la CARA B de la vida, que va y de pronto te premia con un pequeño akelarre de AMIGAS con las que sabes que cuentas para todo, con las que puedes #reírhastareventar o llorar hasta no poder más, porque no te juzgan, simplemente, te quieren tal cual eres, con tus circunstancias y las movidas que te acompañan, porque comparten contigo mucho más que algunos de los que ves a diario, y eso que ni siquiera has podido darles un abrazo "no virtual". Por todo ello, GRACIAS.

Y es que si algo he ganado este 2013 es en muestras de cariño, tanto de antiguos compañeros de trabajo de otros coles como de AMISTADES que empezaron hace tres años ya en la puerta de la guarde de Pichu, y con quienes, por las caprichosas circunstancias de esta vida y en este año, de pronto se ha creado un vínculo casi mágico que me hace sentir constantemente reconfortada, protegida y cuidada. GRACIAS.

Este año de color cambiante y sabor agridulce, ha sido un año de reencuentros en el que, de pronto, todo ha cobrado sentido, en el que mis raíces han encontrado su origen, en el que he entendido por qué soy como soy, en el que he recuperado una parte esencial de mi pasado y en el que se ha abierto una maravillosa puerta hacia un futuro lleno de buenos momentos y de "recuperar el tiempo perdido". GRACIAS por hacerlo posible.


El 2013 ha sido un año MUY INTENSO, un año de mucha madurez personal, pero sobre todo, un año en el que he tenido que lidiar con, hasta ahora, la experiencia más dura que he vivido: PERDER A MI PADRE, tal día como un 19 de octubre. Y sin embargo, y precisamente gracias a su valor, su fuerza, su lucha, sus ganas de vivir, su entereza y su saber estar hasta el último suspiro, puedo decir que su ADIÓS tuvo una parte dulce, que es la que me ayuda a sentirlo tan cerca, a recordar su mirada y su sonrisa, su olor y su voz con el corazón lleno de PAZ, y sintiendo la conexión de mi alma con la suya siempre, a cada segundo, sabiendo que me acompaña sin descanso y que voy de su mano todo el tiempo, porque así es como nos despedimos, cercanos, unidos y habiéndonos dicho todo lo que queríamos decirnos, sin dejarnos una palabra en el tintero, sin dejar de exprimir nuestros últimos segundos de vida juntos.

Aún así, cierro el balance de este año 2013 con un profundo sentimiento de dolor y desgarro en el alma, porque a pesar de sentir su presencia constantemente, me sigue faltando su abrazo, su beso, su voz, su olor, su mirada, su realidad. Es muy cruel cómo la vida te lo da todo y en cuestión de segundos te deja de vacío, se carga para siempre la interacción terrenal, el tú a tú al que estamos acostumbrados, y te deja "en bragas", sin piedad, porque por mucho que le pidas un sólo segundo más, el justo para darle un último beso, estrecharlo, mirarle, que te diga "guapa" como solía hacerlo... No te lo da. No entiende de penas ni de duelo.
Es por eso que mi 2013 se cierra extraño, incompleto, en parte vacío, con lágrimas de incertidumbre y pensamientos de "¿qué va a ser de mí sin ti con toda una vida por delante?".
Hoy escucho esta canción




Y pienso irremediablemente en ti, en lo que me has regalado, en tu esencia y su huella en mi maternidad, en tus últimos días, en tus palabras de padre orgulloso, en TI, con todo. Pienso en lo muchísimo que te echamos de menos, en el regalo que nos has hecho queriendo luchar durante dos años y medio como yo no he visto a nadie hacerlo. Sólo eso ya nos supone el mayor REGALO DE UN PADRE A SUS HIJOS. Sólo por eso, no puedo pues decir que mi 2013 haya sido sólo negativo, porque si quiero ser práctica y razonable, tal cual tú lo serías, y echarle un par de ovarios al asunto... Este año de cambios y despedidas también me ha dado lo mejor de ti: TU ALMA, TU CALOR Y TU PRESENCIA CONSTANTES, TU SONRISA ETERNA, TU MIRADA EN PAZ Y TU AMOR. GRACIAS PAPÁ. GRACIAS SIEMPRE.

La vida es un continuo devenir, un ciclo, un toma y daca, un regalo con fecha de caducidad sólo terrenal. MUCHAS GRACIAS A TODOS AQUELLOS QUE HABÉIS FORMADO PARTE DE LA MÍA EN ESTE AGRIDULCE 2013. Y, eso sí, disculpadme por cada vez que no haya sabido o no haya podido estar a vuestra altura. Gracias por ser y estar, por dejar parte de vosotros en mí y enriquecer mi alma.


¡¡FELIZ 2014!! MIS MEJORES DESEOS PARA VOSOTROS Y LOS VUESTROS.

CON M DE MAMÁ y B de BALANCE





26 de diciembre de 2013

Una cucharada de dulce y una pizca de agrio, removemos bien hasta que se integren y... ¡maternidad lista!

Después de más de media hora ininterrumpida de berridos de Rubiazo, forcejeos varios para evitar que se tirara del cambiador y poder ponerle al menos el pañal... Tras un día de no haber parado ni un segundo con tareas de casa y algún extra, batallando también con Pichu y su mamitis agudísima-casi tanto como la del rubio... Todo aderezado con un catarrazo más que impresionante de esos que te hacen hasta ver doble... ¡Necesito vacaciones "maternales"!
Tal cual.
En un rato he de estar estupenda de la muerte porque tenemos cena con unos buenos amigos. Cosa que, hasta hace unas horas, hacía que en mi cerebro salieran continuos bocadillos en plan viñeta con mensajes estilo: ¡Al fin! ¡Cena sin niños! ¡Una cena en la que podré empezar con los entrantes, y seguir hasta los postres sin tener que levantarme precipitadamente, o sacarme la teta, o quitar mocos...!
Sin embargo, la maternidad es tan sabia y aboga tanto por nuestros pequeños que, en estos momentos, lo único que de verdad me apetece es plantarme mi "ropa de estar por casa" (es decir, pijamas desconjuntados y mal combinados entre sí) y tirarme en el sofá. Supongo que es producto del catarro+cansancio+paciencia bajo cero, pero las cosas como son: la maternidad es la culpable.
Lo curioso e inexplicable de esto es que, a pesar de todo, aún hay veces en que pienso que "total, un tercero...". Así que definitivamente la maternidad es responsable directa de esta especie de ceguera cerebral, que no te hace ver más allá de tus retoños, sus necesidades y sus cuidados y mimos, y que, a pesar de anular a veces (muchas) tu yo "persona", te engancha irremediablemente.
Precisamente, hace poco descubrí un vídeo publicitario de un conocido refresco que "clava" la esencia de la ma/paternidad con una mezcla perfecta de humor, delicadeza y emotividad. (Podéis verlo AQUÍ, vale la pena).
Y que conste que, si estoy escribiendo esto, es justo porque tengo ya más de media hora a Rubiazo enganchado al pecho. También he de decir que, si no fuera así, esta entrada ya estaría acabada, porque como está inquieto no para de pegarme manotazos al teléfono con su mantita, de modo que tengo que ir borrando cada ¿tres palabras? Habrá quien piense: "te mereces eso y más, porque estás con el niño, así que el teléfono te va sobrando". Pues ¿saben qué? Que me da igual y que va a ser que no. Porque si no fuera por estos ratos de catarsis, que diría mi amiga argentina Pao, me pasaría los pocos ratos al día en que no ejerzo de madre cazando gamusinos.
.
.
.
11:15 de la mañana del día DC (después de la cena). Sí. Hubo parón obligatorio. Resumen: Rubiazo cayó frito, Pichu empezó un ritual lastimero de "mamá no te vayaaaaaaas..." que le duró hasta que salimos por la puerta (20 minutos después de lo previsto) y que subió de volumen cuando Rubiazo decidió despertarse y ponerse a berrear de nuevo. "Es muy bien", que diría mi hermano, el bendito canguro que se quedó ayer con el "fiestón" que le tenían preparado mis hijos, y que con esa gracia y saber estar que le caracterizan consiguió dominar la situación en menos que canta un gallo. (Gracias tío B, vales tu peso en oro... ¡Y más!).
La historia es que, como era previsible, pude vestirme y pintarme en 10 minutos. Así que nada que ver con eso de ponte una ampolla de belleza inmediata y notarás la piel tersa, como si acabaras de levantarte (que en realidad, en mi caso, no sé qué es peor si de buena mañana o a esas horas). Salí de casa de muy mala leche, dopada hasta las trancas porque toda yo era un estornudo con mocos y décimas. Pero salir, salía por ovarios. O eso o me ponía a berrear.
Pero esto es la maternidad. Con sus cosas buenas, sus momentos ideales y sus ratos de tortura china (o tortuga, que diría Pichu).
La maternidad anula tu vida ADM (antes de ser madre) y hace que tengas la sensación de que siempre lo has sido. Te ayuda a madurar (a leches, bien de teta, bien de bibe), te aporta un saber estar que no conocías y un "no" saber estar que tampoco. Te gradúa en Paciencia Infinita y otras artes ocultas. Te enseña qué es el AMOR SIN LÍMITES. Y es por eso que gran parte de los padres primerizos... ¡Repiten experiencia! Porque ese amor lo compensa todo, lo suple todo y lo llena todo.
Cosa que no quita para que hagamos uso de nuestro derecho al pataleo y despotriquemos de vez en cuando. Es sano, lo juro por Mafalda.
La maternidad es una de cal y una de arena. La broma es que a veces las de cal van así bien seguiditas, y entonces lo que te apetece es meterte la arena en la boca y masticarla, para luego escupírsela al primero que te suelte una impertinencia. Y no señores, no se trata de que los padres de ahora no aguantemos nada, al menos no es nuestro caso. Yo trabajo fuera de casa, dentro de ella, ejerzo de madre sin descanso hasta que se acuestan y durante la noche. Mi tiempo es por y para ellos. Mis ojos, mis brazos y mis palabras también. Y, casi siempre, hago todo eso con una sonrisa porque sé que por todas y cada una de esas cosas soy una auténtica privilegiada.
Sin embargo, no soy perfecta. Así que, evidentemente, tengo ratos de (y perdón por la expresión nada fina) cagarme en todos y más, mandarlo todo a paseo (pero sólo verbalmente, amenazar con cogerme más ratos libres (¿cómo estaba eso de decir y no cumplir?) y una larga lista de medidas y/o reacciones totalmente antipedagógicas, pero, eso sí, muy humanas.
Y como la maternidad no se cansa de hacerte sentir responsable de todos, de todo y por todo y todos... Pues luego te vienen esos pensamientos traidores y machacones que te hacen sentir fatal, bien por ese momento falto de paciencia o bien por esa media hora de escape para "deleitarte" comprando en mercawoman.
Y por lo que llevo vivido de esta maravillosa etapa de mi vida, yo diría que esto va para largo y no tiene mucha pinta de cambiar. Quizás en unos años pueda escribir una entrada en la que vuelva a hacer la misma reflexión, sólo que cambiando "berridos" o "mamitis" por "rebeldía adolescente" y "desapego".
Pero bueno, eso ya es otra historia, no muy lejana. Mientras, seguiré disfrutando de lo agridulce de la maternidad. Por suerte, me encanta el contraste de sabores y gustos, así que, sin duda, ¡soy una auténtica afortunada!
Ale, de momento voy a prepararme un buen cóctel de antihístaminicos y paracetamol, a ver si con suerte no paso la tarde en este estado de "resaca constante".

CON M DE MAMÁ

28 de noviembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: M de Mamá

MADRE es posiblemente la palabra que mejor me define. Podría decir esposa, amiga, maestra, compañera o mujer sin más, sin embargo, desde diciembre de hace unos años soy por encima de todo: MAMÁ.
Definir MADRE a golpe de diccionario es demasiado aséptico. No creo que MADRE sea una palabra fácil de definir al uso ya que, aunque MADRE no hay más que una, cierto es que hay muchos tipos de MADRES.
Cuando me convertí en MAMÁ mi mundo pegó un giro de 360º que me dejó mirando para el mismo sitio, sin cambiar ni un milímetro mi dirección, pero con un montón infinito de matices en el proceso. De repente pasaba a convertirme en la responsable, junto con Papi de la criatura, de una personita que no había pedido venir a este mundo de locos y que por tanto necesitaba un hogar seguro, estable, y sobre todo, lleno de amor, alegría y muchas ganas de tirar "paralante".
Pichu me hizo el mayor regalo que me han hecho jamás, y que sólo Rubiazo podría igualar años después, me hizo MAMÁ. Y al convertirme en MAMÁ, me pasó el testigo del amor puro, la honestidad, la simplicidad de las cosas, la alegría porque sí y la felicidad en estado puro. Ser MADRE me hizo querer ser mejor persona, alejarme de aquello y/o aquellos que me dañaban para intentar estar a la altura de las circunstancias siempre, darme de lleno, sin tapujos y sin límites, entregarme sin condiciones, amar hasta la luna y vuelta, no copiar patrones viciados e inventarme mi propio rol de MAMÁ... En definitiva, vivir mi nueva etapa plenamente.
MAMÁ es esa persona que te AMA desde que sabe que te espera, que conecta contigo sin más, que te mima desde el primer cruce de miradas, que viviría toda la vida pegada a tu cuerpecito sólo para poder sentir tu calor y evitar que el frío invierno se lo lleve, que te besaría día y noche mientras te acuna, que te canta a pesar de no ser entonada, que te abraza fuerte y cálido, que te mira con cara de tonta enamorada, que te da todo a cambio de nada, que te adora aún cuando te vuelves monstruíto, que se alegra cuando despegas aunque se le encoja el corazón de pensar que creces, que se entrega sin pedir respuesta y sin presionar, que no obliga a sentir de determinada manera, que respeta tus emociones y te acepta tal cual eres, que no te quiere hacer cambiar, que te indica el camino pero no te empuja para que lo sigas, que está cuando te caes por si necesitas ayuda pero no se anticipa, que te presta su hombro, su pañuelo y su regazo cuando se te parte el corazón, que respeta tu intimidad, que no es tu amiga porque ya es tu MADRE, que confía en ti y sabe que tú lo harás de manera natural si no hay presiones, que se enfada muchas veces y sonríe muchas más, que no te juzga porque sólo es tu MADRE y precisamente porque lo es, que no te hace sentir responsable de sus desdichas porque sabe que tú también has de lidiar con las tuyas, que salta de alegría cuando tú lo haces y llora contigo cuando necesitas que así sea, que entra en tu habitación por las noches con cualquier excusa con tal de apartarte el pelo de la cara y besarte en la mejilla, que comprueba veinte veces que no has vuelto a destaparte, que se inventa mil trucos para que el edredón te envuelva toda la noche, que se saca de la manga una cena supermegachachi cuando la nevera y la despensa hacen eco, que se deja pintarrajear la cara y decir que está más guapa que en la vida, que empieza a botar en la cama y te guiña un ojo para que le sigas, que canta tus canciones a voz en grito aunque no estés ya en el coche, que se vuelve repostera porque es una excusa para hacer cosas juntas, que te cura las heridas a golpe de beso y tirita, que querría encontrar la manera de embotellar tus besos para poder llevarlos siempre con ella, que cuando se equivoca te dice "lo siento" porque le duele en el alma herirte, y porque así te enseña que, en esta vida, hay que equivocarse y tener la humildad suficiente para reconocerlo... 
MAMÁ es la que sonríe sólo de imaginar tu carita en cualquier momento del día, la que muere por un beso tuyo en los labios, la que se emociona cada día cuando te recoge del cole o de la guarde como cuando dos personas se reencuentran después de muchísimo tiempo, la que sabe que estás enfermo o con fiebre a pesar de que el resto del mundo piense que no es así, la que intuye que algo no va bien o que estás más que feliz aunque lo calles... MAMÁ ES ESE PILAR QUE PROCURARÁ QUE TE SIENTAS LA PERSONA MÁS AMADA DEL MUNDO, porque lo eres.

En mi caso, ser MADRE es la mayor aventura que me ha brindado la vida, esa misma vida que arranca de tu lado sin preguntar a quien te precede en esta faceta. 
Para mí, ser MADRE es ser INMENSAMENTE RICA y, por tanto, me declaro en deuda con MIS TESOROS, de por vida, para siempre, incluso... "hasta que la muerte NO nos separe".

CON M DE MAMÁ 





11 de septiembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: H de Hugo



Aunque me tienta la "sana" costumbre que había cogido en este carnaval de repetir letras como si no hubiera mañana... Mi cabeza se ha reorganizado (perdón, intentado reorganizarse) con el inicio de curso y he decidido ir recuperando posiciones, porque hay que ser muy burra para, como era mi caso, primero repetir a conciencia, y luego repetir por no saber donde tengo el pie derecho y donde el izquierdo. Bueno, más vale tarde que nunca. 

En la última edición publiqué 3 letras. Permitidme un "parón homenaje" a La REINA DEL AZ, Vero, porque además de ingeniosa y bonita, es la paciencia en persona: 2 era el máximo de letras a publicar de tirón, y aún así no me "fuliminaste" por desobediente, o mejor, por vivir en la puñetera parra. 

Bueno, como decía, publiqué tres, A DE ASENSUALIDAD, B DE BIMATERNIDAD y D DE DANIELA. 
Evidentemente, detrás del uno va el dos, y no por orden de importancia sino por orden natural, así que mi AZ de hoy es para mi cosa bonita, mi RUBIAZO, el sinvergüenza que me ha robado el corazón y que me vuelve loca: HUGO.

Si "googleeas" un poquito sobre el origen del nombre, su significado según diferentes aspectos de la numerología y demás, esto es lo que encuentras, entre otras cosas:

HUGO:

Nombre Masculino de origen Germánico.
Del germánico: inteligencia.

Análisis por numerología del nombre Hugo

Naturaleza Emotiva: Naturaleza emotiva y protectora. Se expresa por medio del ornato, las relaciones humanas y la vida en el hogar. Ama la reciprocidad y la amistad...


Talento Natural: ... Ama el amor, no por lo que da, sino por lo que es...

Las definiciones de los nombres propios son, cuanto menos, curiosas. Pueden acertar o no, darte detalles demasiado minuciosos como para hacerte pensar que "ni tanto ni tan calvo", pero es curioso que gran parte de lo que tiene que ver con el nombre de HUGO sea lo que yo veo en mi RUBIAZO: AMOR e inteligencia. 
Si yo, dejando a San Google y libros de nombres a parte, tuviera que definir con una o dos palabras a mi RUBIAZO, tengo claro que una de ellas sería AMOR, tal cual, en mayúsculas. Y la otra sería ALEGRÍA. 
La llegada de HUGO a nuestras vidas ha sido un regalo. Un regalo cargado de nuevas emociones y sentimientos, un regalo gracias al cual nos hemos reafirmado como la familia que ya sentíamos que éramos y gracias al que hemos descubierto facetas sobre nosotros que no conocíamos, o mejor, no reconocíamos.


HUGO es AMOR en estado puro. HUGO no entiende de malos gestos, ni de penas, ni de egoísmo. HUGO ha nacido sabiendo que es amado, y por es por ello quizás que su capacidad de "darse" es tremenda. HUGO regala sonrisas, sin más, porque su corazón así se lo pide. HUGO reparte alegría, mira con ojos de duende travieso, con ALMA DE PROTECTOR. HUGO vigila que todo esté bien. HUGO eclipsa las malas situaciones, las erradica a golpe de beso inocente y carcajada limpia. HUGO sonríe a la vida sin reparos ni remilgos. HUGO irradia felicidad por cada poro de su delicada piel y se deja llevar por el son de cada día.

Mi querido HUGO, TE AMO. Me reconozco loca enamorada de tu gran sonrisa, de tu mirada pícara, embaucadora, que embelesa y conquista. Me tienes completamente loca. Es imposible no estarlo cuando veo tu mirada llena de AMOR cada vez que me ves aparecer en escena. Es brutal el vínculo tan físico, tan animal y tan natural que siento por ti. Has conseguido enamorar mi alma y ganarme entera sin que me diera tiempo a reaccionar. Y si digo esto es porque, a diferencia de cuando tu hermana estaba en mi vientre, contigo la necesidad de hablarte, cantarte... no estaba. Había una conexión totalmente interior y mental, hacia dentro, más madura, diferente.
Desde el primer momento de embarazo ya empezaste a darme una de las lecciones más importantes que sólo un segundo hijo puede dar: cada hijo es diferente, a cada hijo se le ama de una manera, pero a todos los hijos se les ama en idéntica cuantía, porque el amor de una madre no conoce límites, ni barreras.
Mi gran duda cuando supe que te esperábamos en 9 meses fue si sería capaz de adorar a alguien como adoro a Daniela. Sentía miedo de no ser capaz de darte todo el amor que mereces. Y sin embargo, nuestra primera mirada, la que cruzamos cuando te dejaron sobre mi pecho en el paritorio, disipó al instante cualquier tipo de duda. DESDE ESE "YA" TE AMO CON TODAS MIS FUERZAS. Es imposible no hacerlo.
Mi RUBIAZO, HUGO, mi pequeño sinvergüenza. El que me roba las noches y las hace suyas. El que, aún hoy, sigue enganchado a mi pecho, bebiéndose la vida a sorbitos de leche. Y yo feliz, rompiendo esquemas.


HUGO, el de los mil apodos y nombres obra y creación de su hermana. El que se adapta a todo, que va a remolque de la loca marcha de esta loca familia, y lo hace con esa SONRISOTA sana y esa cara de helado de limón.
HUGO, el hermano pequeño que se ha ganado a su hermana a base de besos, sonrisas, manotazos "robagafas" y tirones de pelo que quieren ser caricias. El que ha pronunciado, como segunda "primera" palabra el nombre de su hermana, a su manera y en el idioma universal de los bebés, porque la adora, la idolatra y a su vez la quiere cuidar.
HUGO, el pequeño que aún no ha cumplido el año y sin embargo lleva meses de empatía con Daniela, que sufre si la ve sufrir y se vuelve completamente loco de amor al verla aparecer.

HUGO, el rubio que se ha convertido en el "primer amor" de su hermana, que lo adora, lo mima, lo achucha, lo abraza, lo besa, lo cambia, lo cuida y lo marea como nadie. El que sabe que esto es así y provoca a su hermana para que le haga caso para luego apartarla sutilmente en plan "que me agobiaaaaaaaas".
Mi querido niño, soy incapaz de expresar con palabras el sentimiento de revoloteo interno que siento cuando mis ojos y los tuyos se encuentran. 
GRACIAS HUGO por convertirme en madre por segunda vez. GRACIAS por haber llegado para ayudarnos a seguir madurando a Papi y a mí como pareja, como padres, como familia. Por haber venido para acabar de enseñarnos lo verdaderamente importante en esta vida: el núcleo familiar. Gracias por venir a reforzar la alegría de tener un hogar estable y feliz.
Gracias HUGO por ESTAR, SER y EXISTIR. Por dejarte amar tan abiertamente y por amar sin tapujos ni distinciones.

QUERIDO Y PEQUEÑO HUGO: Mil gracias por esta lección diaria de amor desinteresado, generosidad, respeto, superación y alegría. Gracias por dejarme aprender cada día y recordarme que aún nos queda mucho camino juntos por recorrer. Perdona si, muy probablemente alguna vez, no soy la madre que te mereces, porque ya sabes que cometo errores; sólo espero estar atenta y saber subsanarlos a tiempo, porque no mereces otra cosa que no sea bondad.

HUGUITO, no dejes jamás de SONREÍR como lo haces. Serías capaz de mover el mundo con una de esas sonrisas llenas de plenitud. Y yo daría la vida por todas y cada una de ellas.


Te amo. Te quiero. Te adoro. 

CON M DE MAMÁ y H de HUGO