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2 de octubre de 2015

Por qué adoro ser MAESTRA

Porque entrar al colegio cada mañana, mirar sus coloridas paredes y ver los pasillos esperando los pasos de los niños y niñas es respirar vida.
Porque las voces de los niños y niñas en las horas de recreo, sus cuchicheos en clase, sus risas, sus juegos e incluso sus disputas me hacen volver a mi yo niña y contagiarme de lo que fui.
Porque la sinceridad de los niños no regala mis oídos falsamente sólo por el mero hecho de agradar, y si algo les gusta lo dicen, y si no les gusta también, y eso, siempre que sea con educación y desde el corazón, es muy de agradecer en este mundo lleno de hipocresía y falsedad.
Porque justo por lo anterior sigo queriendo mejorar cada día para llegar a ser una buena maestra, porque me esfuerzo por aprender acogiéndome a sus intereses y sus reacciones, y porque ambiciono llegar a sus corazones y dejar una buena huella que les sirva en su futuro y de por vida.
Porque sus sonrisas y sus miradas son cálidas si llego algún día con el corazón congelado y hacen que mis penas se vayan lejos y no vuelvan en todo el día.
Porque un abrazo espontáneo de cualquiera de ellos, en el momento que sea, es mucho más valioso que un saludo y dos besos de los que los adultos nos damos por pura cortesía.

Y porque, en definitiva, trabajo rodeada de seres especiales, cuya visión de la vida es de verdad pura magia; porque estar con ellos y bajar (o subir, según se mire) a su mundo me ayuda a ver las cosas de manera más natural y sencilla, y eso, en mi mente complicada de adulta es muy de agradecer.

Por todo esto y mucho más... ¡ADORO SER MAESTRA!

CON M DE MAMÁ y DE MAESTRA

30 de agosto de 2015

Querida Rapunzel...

Querida Rapunzel,
No sé si quererte u odiarte.
Cuando te vi en tu primera peli Disney como prota pensé: "¡Olé tú!". Me gustaste por no ser la típica princesa y demás. Demostraste más amor a tu espíritu libre y a tu propio instinto que a la comodidad del temor que reinaba en esa horrible torre, junto a esa pseudomadre posesiva y tóxica. Y para colmo, va y te enamoras del rebelde, el pillo, el de la calle, y osas volver a desobedecer a "madre sabe más" para pirarte con él. ¡Olé y olé! Que habrá quien pensará: sí, sí, pero al final se casan y bla bla bla. Y digo yo: ¿Y qué? Como si en la vida real no nos casáramos, oye, que al final acabamos juntando churras con merinas.
El caso es que ya te digo que así de buenas a primeras, me gustas. Porque vas a tu bola, eres valiente y a la vez confiada, tienes sueños... Pero sobre todo, vas a tu aire, al estilo "¡arre unicornio!" que reza mi pulsera. Sin embargo... El tema de tu larga melena sedosa que no te lavas ni acondicionas en ningún momento, me desconcierta sobremanera. Ya lo he dicho. Sí, ya sé que es mágica y que cura, que eso me lo trago porque no puedes ser más Disney, pero su mantenimiento no debería diferir mucho del de, pongamos, la mía por ejemplo. Porque el pelo es pelo, tuyo o del papa de Roma.
Te comento esto porque llevo siguiendo tus pasos de un tiempo hasta aquí: he salido de la torre, me he "arrejuntado" con un chico normal de sangre roja (bastante más honrado que el tuyo, tengo que decirte), me he casado, he recuperado a parte de mis orígenes que había perdido por el camino y, lo más importante, ESTOY DEJÁNDOME UNA MELENA QUE VA CAMINO DE SER LA TUYA. Sí, sí, vale, sin magia y luz en la oscuridad, pero todo se andará. La historia es, querida Rapunzel, que ayer me cargué un peine porque una mitad quedó enredada en los nudos de mi melena y la otra salió volando y aún no la hemos encontrado. Y yo necesitaba pedirte ayuda urgentemente. Ahí va pues mi pregunta: ¿Te importaría chivarme cuál es tu secreto? ¿Qué usas para que el cepillo pase solo por tu melenón y resbale como si en vez de pelos tuvieras hilos de seda en la cabeza? Porque ya te digo yo que una mascarilla normal y un serum más o menos apañado, no lo consiguen, a no ser que haga un mejunge con ambas cosas, le eche medio bote de desenredante y deje reposar diez minutos todo juntito y luego otros diez sobre mi pelo. Y claro, madre como soy, lo de disponer de veinte minutos cada día exclusivamente para mi melena es tan irreal como la magia de tu cabello.
Bueno maja, quedo a la espera de tu respuesta con el truqui del almendruqui.

Agradecida y emocionada,
La Fregona.

CON M DE MAMÁ y R de Rapunzel

9 de abril de 2015

Yo creo en las hadas

Y en las princesas, y en los duendes y en la magia.
Creo en los cuentos, con final feliz o sin él.
Creo en las islas que esconden tesoros, en los barcos de piratas que buscan riquezas ocultas en esas islas.
Creo en dragones de siete cabezas, en magos y brujas y en gigantes bonachones.
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Soñaba con castillos cuando era niña, con lucir vestidos brillantes y vaporosos, y una larga melena que ondeara al viento mientras corría por jardines llenos de rosas rojas y setos con formas bonitas.
Ahora, desde mi aburrida perspectiva de adulta, muchas son las veces en las que me revelo contra los cuentos rosa y las pelis ñoñas de princesas, y aunque permito que mi hija sueñe, se disfrace y finja ser una de ellas, en bastantes ocasiones me he mordido la lengua para no decirle "la vida no es así" y, en otras muchas, me he quedado a las puertas de escribir "ese post destrozaprincesas" que añora salir.
Pues ¿queréis que os diga algo? Me alegro infinito de no haberle dicho nada parecido nunca y de dejarla seguir soñando, y me alegro también de que el post macarra no haya visto la luz. Porque, insisto, y confieso, YO CREO EN LAS HADAS.
Sí. Creí cuando era niña. Jugué a ser princesa, bruja y hada. Jugué a que galopaba a la velocidad del rayo por bosques perdidos en tierras lejanas.
Y, años después, no creo que me haya ido tan mal. Soy una mujer hecha y derecha, con sus aciertos y sus errores, sus encuentros y desencuentros, pero desde luego, con criterio propio y la ñoñería justa frente a la vida. Por creer en los cuentos de princesas y soñar con ser como ellas mi vida no ha dejado de ser normal, ni he sucumbido a los encantos del sexo opuesto a la primera de cambio y porque venía en un blanco corcel. Soy capaz de reconocer a kilómetros la discriminación por causas de género, la violencia por lo mismo y de defender a ultranza el hecho de que mujeres y hombres somos igual de válidos a la hora de decidir sobre nuestras vidas. Y todo ello a pesar de haber leído infinidad de cuentos repletos de imágenes evocadoras sobre los que reñía con mi hermana Marta por ver quién era quién: "¡yo me pido ésa! ¡Noooo, me la he pedido yo!" y así con todas y cada una de las ilustraciones de princesas, damas de largos vestidos y hadas.
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¿Y por qué os cuento esto hoy? Pues porque esta tarde hemos ido a ver la adaptación en película de Cenicienta. Si os digo que no está pagado lo que supone ver a tu pequeña mirando la pantalla con esos enormes ojazos azules, sin apenas parpadear, con la mandíbula descolgada y con la mirada entre brillante y risueña... ¿Me creéis? Su cara, hoy más que nunca, era el espejo del alma.
La historia de la película, excepto algún cambio de guión, es la que todos conocemos, al menos en versión Disney; así que por ahí poca novedad, no había motivo para sorprenderse mucho. Pero si hablamos de la estética de la peli... ¡Como para no sentirse niña de nuevo y volver a soñar! Paisajes impresionantes, palacetes preciosos, el castillo enooorme y rebonito del rey, vestidazos de impresión, una carroza que parecía una obra de arte, hadas madrinas capaces de hacer salir la magia de la pantalla con tanto efecto...
Y justo en el momento en que el hada madrina realiza el encantamiento del vestid(az)o de Cenicienta, algo en mi cabeza ha hecho 'click' y me he dado cuenta de que yo estaba dejándome llevar por la magia de las imágenes igual que Pichu. Y ha sido entonces cuando he pensado que YO NUNCA HE DEJADO DE CREER EN LAS HADAS.
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Es por eso que, hoy con más convicción que nunca, me prometo a mí misma no preocuparme por los sueños de mis hijos. Prometo dejar que imaginen, que crean en las historias dulzonas de princesas y príncipes, en los amores de cuento, en las brujas y las madrastras que siempre pierden porque gana el amor, porque esto no implica que vayan a crecer confundiendo realidades y cumpliendo estereotipos machistas. Prometo, por contra, seguir hablándoles de la vida tal cual es, responder a sus preguntas con realidad y objetividad. Pero, sobre todo, prometo confesarles que YO TAMBIÉN CREO EN LAS HADAS y explicarles que si lo hago es porque creer en la magia me ayuda a sobrellevar las dificultades del día a día, a verme capaz de superar los obstáculos diarios y las pérdidas personales. Les explicaré mil y una veces que si CREO EN LAS HADAS es porque hacerlo me da fuerzas para imaginar un mundo mejor, menos loco, menos egoísta e interesado y más lleno de gente con ganas de vivir y dejar vivir.
Porque los cuentos de princesas son sólo eso, cuentos. Y sin embargo, son mucho más que un "sólo" desde el momento en que son capaces de hacer flotar a nuestros pequeños, como si nada más importara, como si todo lo demás les sobrara en ese momento.
Yo CREO EN LAS HADAS y EN LA MAGIA, y eso no implica que viva con una venda permanente en los ojos y no sea capaz de ver más allá. Al contrario, sé lo que hay, sé qué cosas de nuestra actualidad rozan lo inhumano y, en ocasiones, lo sobrepasan. Y por eso también sé que soñar con un mundo ideal, un mundo mejor, es totalmente lícito y normal. Y para soñarlo bien... ¡HACE FALTA MAGIA! Porque, además, si no tenemos sueños, tampoco podremos construir realidades esperanzadoras.

YO CREO EN LAS HADAS. ¿Y tú?

CON M DE MAMÁ y C de CUENTOS

25 de enero de 2015

10 cosas que necesita una maestra de inglés

Me gusta pensar que más que maestra, si quiero, puedo ser maga.
Porque si quiero, puedo convertir los objetos más tontos en los más divertidos, tan sólo poniéndoles un nombre nuevo para mis alumnos; un nombre que a ellos les suene cómico, y al resto del mundo a inglés.
Patata nunca será lo mismo desde que descubren que potatoe es mucho más divertido de pronunciar y da mucha más risa.
Ir al school garden (orchard me suena a ogro, y lo último que quiero es asustarlos) a plantar potatoes and barley es mucho más emocionante si lo hacemos cantando el último hit "Follow the yellow brick road", cortesía del Wizard of Oz; además, así se nos olvida que estos días está haciendo más frío porque mientras cantamos vamos al ritmo de 1, 2, 3, JUMP!
Si abro mi enorme bolsa y pongo cara de misterio, ellos ya saben que algo nuevo va a aparecer de repente, y sus caras no tienen precio. Y la cosa más tonta se convierte en la más chula del mundo mundial.
Si muevo la varita que the good witch of the North me ha dado y tengo suerte, justo en ese momento el vídeo que estábamos viendo se para, y entonces todos me miran expectantes para ver cómo narices arreglo el lío que he hecho. Otro golpe de varita y sus mandíbulas caen hasta el suelo. Y mientras ellos se recuperan del shock yo pienso que si lo hago adrede, no me sale mejor.
Así que sí, las maestras y maestros podemos hacer magia, y de la buena. Sólo tenemos que creer en nuestra capacidad de hacer realidad los sueños de los más peques. Ellos tienen todas sus esperanzas puestas en nosotros, y nosotros tenemos la gran responsabilidad de hacer posible que su aprendizaje sea un camino interesante, motivador y apasionante.
Por eso, hay unas cuantas cosas que son imprescindibles para que nuestros encantamientos funcionen, y que no está de más tener a mano. Yo os dejo mi lista de los diez imprescindibles que últimamente me acompañan a todos lados; pero si me preguntáis en un mes, estoy segura de que la lista habrá aumentado y variado. Aquí va pues, por si os sirve.
10 COSAS QUE NECESITA UNA MAESTRA DE INGLÉS:
1. Una varita. Cuanto más brillante, más cursi y más grande, mejor, porque más magia podrás hacer con ella, y así lo creen ellos.
2. Una regadera. Las regaderas nos sirven para regar las plantas, para jugar a que llueve y para animarlos a ellos a que sigan su camino hacia arriba cuando les tiras unas gotitas de agua invisible.
3. Macetas de colores. Cualquier momento es bueno para plantar una semilla. Estás creando vida, y el proceso para ellos es pura magia. Para ti lo mágico es que aprendan las cosas más cotidianas en una lengua que desconocen y, sin embargo, la sientan como suya.
4. Si llevas regadera y macetas, necesitas semillas, claro: de flores, de cereales... ¡Qué más da! Las macetas con una cara dibujada de pronto un día tendrán pelo, y eso es muy, muy guay.
5. Y si llevas regadera, macetas y semillas, necesitas sustrato para poder dejar caer las semillas. No ocupa demasiado, bueno, quizás un poquito, pero mi bolsa es enorme y apenas se nota.
6. Rotus molones que sirvan para pintar cualquier tipo de material. Así puedes improvisar carteles que te lleven a la ciudad mágica en la que se halla el huerto, ésa que está al final del yellow brick road y en la que nos vamos a encontrar a la bruja buena y al scarecrow.
7. Polvos de hada y stickers, muchos stickers. Los polvos de hada están hechos de purpurina muy fina, y se guardan en bolsitas especiales, como las que usamos para guardar las joyas. Si rociamos a los peques con un puñadito de polvos y les ponemos un sticker en la mano, sólo habrá que esperar unos segundos a que alguno diga que ha volado un poquito y que no tocaba el suelo. Y entonces, todos habrán volado también.
8. Unas gafas mágicas. Unas gafas grandotas, sin cristales y muy ridículas, que sirven para ver animales volando y muchas cosas más. En cuanto te las pones tú y dices con énfasis "Oooooh! I can see a pink elephant!", en menos que canta un gallo tienes la clase llena de animales de colores y formas raras, porque todos ven de todo, y de paso repasan vocabulario sin saberlo.
9. Una mascota. La que sea. Grande,  pequeña, bonita o fea. Da igual. La cuestión es que su nombre suene divertido, que puedan abrazarla, mimarla y buscarla por toda la clase porque la muy pillina se ha escondido. Y ¡ay como se te olvide en casa o en otro sitio! A ver qué te inventas para salir del paso porque no hay día que no pregunten por ella.
10. Y, por último, un saco grande de ilusión, paciencia, imaginación y muchas sonrisas. Porque habrá días en los que estarás cansado, te dolerá la cabeza, habrás dormido poco, tendrás un mal día o quizás lo tengan ellos ... y entonces, sólo con abrir el saco, recordarás por qué estás donde estás y por qué tienes a 25 personitas delante mirándote con los ojos bien abiertos y esperando a que... ¡Empiece el espectáculo!

CON M DE MAMÁ y de MAESTRA

3 de diciembre de 2013

"Coplas" a la muerte de mi padre

Hace un mes y trece días que no puedo llamar a tu casa para que me preguntes que cómo tengo al hospital. Hace un mes y trece días que te hablo sin parar con la esperanza de que mi charla continuada te devuelva a la vida, a MI vida. Hace un mes y trece días que no puedo pedirte consejo de nada porque no estás. Hace un mes y trece días que mi hija pregunta por ti casi a diario y de repente arranca a llorar y a llamarte sin parar. Hace un mes y trece días que sólo puedo percibir tu olor, olor a papá, si aprieto fuerte la camisa del pijama que cogí hace poco de tu armario o si voy a tu casa y escondo la cara en tu manta. Hace un mes y trece días que te pido fuerzas para no caer en la bajeza de quienes usan sus malas artes para versionear la realidad y pintarla de su color preferido: negra. Hace un mes y trece días que intento cumplir con mi palabra de no desfallecer y estar al cargo, a pesar de que ni las circunstancias ni las malas energías dejan que pueda hacerlo sin obstáculos innecesarios. Hace un mes y trece días que me pregunto qué narices hago yo sin ti con todo lo que tengo por delante. Hace un mes y trece días aprendí, junto a mis hermanos, y de golpe y porrazo, a gestionar una "muerte", a lo chocante que resulta hablar de alguien como si fuera un objeto de valor que se devuelve a un museo, a hablar de ÚLTIMAS VOLUNTADES y saber que es algo sagrado que nadie debe romper ni variar porque sería el equivalente a profanar un templo, el tuyo, en el que has hecho tu paso de la vida a la muerte. Hace un mes y trece días en que salimos del paso como pudimos al planear una reunión en la que el homenajeado está en cuerpo, pero no en alma (aunque su alma habite en la de quienes lo han acompañado hasta el final). Desde hace un mes y trece días estoy aprendiendo, por fuerza y sin entusiasmo ni ganas, que mientras que algunas personas buenas se van a buscar su estrella, aquí bajo se quedan las malas a seguir disfrutando del daño que causan. Estoy descubriendo que el teatro no es sólo cosa de actores, que las mentiras son deporte nacional y la maldad un "bien" común, que los escrúpulos son algo extraño de la Edad de Bronce, que la bajeza es más usual que la buena voluntad, que el dinero sigue moviendo montañas y haciendo que las (malas) personas saquen sus uñas de rapiña para rascar cuanto más hondo mejor, que el dinero hace más noble a quien ya lo es y a aquellos que lo que buscan es recuperar una vida y no consuelo material, que la mala sangre pudre a quien la lleva en sus venas, que quien es infeliz lo seguirá siendo incluso aunque encontrara el elixir de la inmortalidad, que estoy muy orgullosa de mis hermanos tal como tú debes estarlo en estos momentos, que estoy espantada de la mala fe que rodea una muerte, que el tiempo va poniendo a cada uno en su lugar (y si no, tiempo al tiempo), que las personas nos clasificamos por nuestros actos y no por nuestras palabras, que recogemos lo que sembramos, que no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro, que la intuición no siempre falla sino al contrario, que como tú decías si duermo tranquila es por algo...
Y en definitiva, en este mes y trece días he sacado en claro que si quiero parecerme a alguien ES A TI, porque yo también quiero esa capacidad tuya de saber de tus errores pasados y pedir disculpas a tiempo, pero de corazón y no de "postureo".
En este mes y trece días he reafirmado lo que ya sabía: que TE QUIERO CON LOCURA Y ADMIRO INMENSAMENTE, y que sólo por eso voy a seguir haciendo lo indecible para estar a tu altura y seguir tu estela.
Este mes y trece días me han bastado para reaprender sobre tu bondad a pesar de todo y todos, y para aceptar que has sufrido mucho y has seguido caminando con la cabeza alta y alerta por los tuyos.
Este mes y trece días me han seguido hablando de tu humildad, tu sencillez y tu grandeza; he descubierto además de a un PADRE AMANTÍSIMO a un PROFESIONAL GIGANTE, que ha escrito muchos libros, que ha seguido estudiando hasta sus últimos días profesionales y que ha tenido, en definitiva, una mente brillante, pero sobre todo un saber estar (en la sombra) y ningunas ganas de aires de grandeza.
Seguimos hablando en mis sueños, papi. Te espero esta noche. Tengo mucho que preguntarte y, sobre todo, muchos besos guardados durante ESTE MES Y TRECE DÍAS que esperan su dueño.


CON M DE MAMÁ

19 de julio de 2013

Sueño de una noche de verano

A veces algo tan simple como un apagón de luz general puede echar a perder una noche, una cena, un momento...
Hoy no es ese día...
Pompas de jabón a la luz de la luna. Sueño de una noche de verano. Silencio cortado por aullidos lejanos y por el suave roce de las pompas con el aire. Magia.