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24 de abril de 2016

A ti, que acabas de ser madre

A ti, que hace apenas unos días eras sólo tú y ahora andas dividida entre tu yo y el suyo.
A ti, que acabas de entrar de lleno en la maravillosa vorágine que supone la maternidad por primera vez.
A ti, que titubeas aún cuando pronuncias su nombre porque aún no te crees que esa cosa bonita te llene tanto cada segundo de tu vida.
A ti, a la que el mundo le ha dado un giro de 180° de repente, porque sí y para siempre.
A ti, la que ya nunca más pensará en singular, ni siquiera para idear sus planes en solitario.
A ti...
Déjame que te pida que creas en ti. En tu capacidad de ser madre. En tu amor infinito que lo hará todo más fácil aun cuando ya no se pueda más.
Deja que te recuerde que nadie lo hará mejor que tú con esa criatura que tanto tiempo ha estado en ti, porque nadie mejor que tú la ha vivido y la conoce de esa manera tan privada.
Deja que te diga que, aun incluso cuando pidas mi opinión, debes guiarte por tu instinto, por lo que te pide el cuerpo, por tu saber hacer.
No permitas que nadie jamás te haga sentir incapaz. No permitas que nadie nunca te haga creer que no sabes o puedes.
Olvida las opiniones, los consejos y las sugerencias, incluso las mías, sobre todo las mías.
Y dedícate a hacer lo que mejor sabes: AMAR. Ésa es la única clave: el amor incondicional y desinteresado. El de verdad.

Con M de Madre

5 de marzo de 2016

Quiero ser MADRE.

Quien no me conoce o quien me conoce más bien poco puede pensar que soy una madre extra entregada. Una madre que antepone a sus hijos a todo lo demás. Quizás, quien así lo ve piensa que debería desprenderme más o concentrarme más en mí y esas cosas que ahora están tan de moda.
Quien me conoce apenas, aunque crea saber mucho de mí, ni se imagina que si dedico grandísima parte de mi vida a mis hijos es porque yo no tuve a mi madre conmigo siempre que la necesité porque se fue demasiado pronto, porque el tiempo me ha dejado sólo algunos recuerdos que no son los que el corazón necesita cuando hace frío y busca calor. Y porque, aunque la vida quiso ponerme una madre durante gran parte de mi infancia, adolescencia y comienzo de edad adulta, las circunstancias, y mi propia elección de vida, también se han encargado de que ese lazo ya no exista.
Si mis hijos están enfermos quiero que tengan mi calor junto a su cuerpecito. Si están tristes quiero que cuenten con mi apoyo. Si no han tenido el día fácil o la noche los despierta para recordárselo quiero que me encuentren cuando vuelan a mi cama.
Quien me conoce poco pero me mira con mirada de saber mucho no entenderá que yo deje lo planeado cuando mi hija llega del colegio con fiebre, o cuando mi hijo lleva toda la tarde con asma.
Quizás, sólo quizás, puedan pensar que gestiono mal mi tiempo, que me quemaré antes, que los niños se acostumbrarán a tenerme cuando quieran y siempre.
Y ¿sabéis qué? Que eso es justo lo que quiero. Que mis hijos sepan que me tendrán siempre, siempre que me necesiten, siempre que necesiten un abrazo calentito, siempre que lleguen a casa con una decepción, siempre que empiecen una nueva historia de amor y hayan superado su primer desengaño, siempre que discutan con su mejor amigo, siempre que el examen les salga peor de lo esperado, siempre que consigan la beca que tanto anhelaban, siempre que logren eso que tanto perseguían, cuando anuncien que se independizan, cuando digan que van a ser papás, cuando inicien su vida en pareja o en comuna, cuando se vayan a la otra punta del universo... En resumen, siempre que necesiten una MADRE, con todo lo que esta enorme palabra significa e implica: amor, dedicación y tiempo, todo el tiempo del mundo.
Quien me conoce a fondo sabe que no me gusta la compasión. Tampoco la necesito. Hablo de mi vida con naturalidad porque creo que la vida es así y punto. Todos tenemos nuestra particular batalla con ella y elegimos lucharla o quedarnos quietos.
Yo intento ser la madre que creo que mis hijos necesitan, ni mejor ni peor que ninguna, con mis ratos para mí sola y mis ratos para ellos, que suelen ser muchos más. Con mis mil errores y unos cuantos aciertos. Esa madre que se pone a cantar y bailar como una loca festivalera sólo por verlos reír. Esa madre que llora a ratos porque es humana y se cansa. Sólo intento ser esa madre cuya sonrisa les reconforta y les hace olvidar todos sus males y les hace pensar que todo va a estar bien. Porque, en definitiva, lo que yo quiero es... ser MADRE.

CON M DE... MAMÁ

19 de enero de 2016

Lo que mi maternidad esconde

Hay días rosas y otros de un fuerte amarillo chillón. Otros sin embargo oscilan entre el gris oscuro y el gris nubarrón de tormenta. Nada nuevo que no sepas. Nunca adivinas qué va a deparar el día, porque un nanosegundo es suficiente para que cambie el curso de las circunstancias y se pase de un día cargadito de buenos momentos a un día que acaba como el rosario de la aurora.
La maternidad esconde bajo su manto el límite más limítrofe, válgame la redundancia, entre el blanco y el negro, el día y la noche, la paciencia y el desespero, la calma y la tempestad.
La maternidad tiene ese maravilloso don de hacerte experta en "malabarismos en tiempo personal", porque suele reducirlo al mínimo, sin común múltiplo ni nada, a pelo, y te deja todos tus planes aplazadísimos para la posteridad más lejana, sin fecha exacta.

Mi maternidad me regala momentos únicos; me ha convertido en alguien más que consciente de la suerte de tener la bonita familia que tengo, me obsequia con las sonrisas diarias de dos hijos felices, que se sienten amados hasta la médula, que se saben cuidados y que adoran estar con nosotros y ser parte importante de ese "equipo" que saben que somos. Pero como en cualquier maternidad, la mía también me regala noches eternas de ataques de asma, toneladas de impotencia, kilos y kilos de cansancio extra y paciencia con fecha de caducidad a corto plazo cuando los astros se alinean para que todo se ponga en contra y a los dos se les tuerza el morro a la vez.

Es en esos días de noche tras noche, y tarde tras tarde, en los que me descubro más ermitaña de lo que jamás habría imaginado. Es en esos días cuando reconozco el nuevo yo que me aporta esta maternidad cada vez más añeja: mi yo solitario, con los míos de casa, con mi gente, adorando la naturalidad de las cosas, ignorando las estridencias y las apariencias que no son más que eso. Mi maternidad esconde el amor por la sencillez de lo imperfecto, de la arruga, el orden desordenado, el regalo de un rato de silencio, el horror que me causan cada vez más el bullicio y el compromiso. Mi maternidad esconde noches de viernes y sábados con mi amor, enrollados en la manta mientras dejamos que el silencio y la calma nos abracen, sin más. Me regala tardes de invierno en casa, con o sin un chocolate caliente y un bizcocho acabado de hornear, paseos al sol mediterráneo mientras nuestros Pichu y Rubiazo hacen carreras por delante nuestro. Mi maternidad cada vez es más amiga de los buenos ratos con las personas que realmente valen la pena por su sencillez, bondad y naturalidad y menos de los asuntos que me relacionen con aquellas con las que tengo poco o nada en común, ya que cada vez me cuesta menos elegir sin sentirme mal por decir no.

Mi maternidad se compone de días en los que volaría a Honolulú y otros en los que podría escribir una oda al amor materno-filial. En esos días en los que pienso en comprar billete al paraíso es cuando crezco sin darme cuenta, a base de trompazos, de sentimientos encontrados y de reconocerme cazurra total. 

Mi maternidad esconde días grises y días de nubarrones negros bien cargados. Esconde días amarillos y naranjas y días del azul claro más tranquilo.

Todo ese cúmulo de contraposiciones, opuestos, calma y nervio, soy yo; en esto me he convertido. Mi maternidad me ha permitido, y me permite, conocerme a fondo. A veces me gusto mucho, otras cruzaría a la acera de en frente para no chocar conmigo misma. 

Seguiremos creciendo. Ser madre es el camino del crecimiento constante. O así lo veo yo.

CON M DE MAMÁ y de MATERNIDAD.

21 de noviembre de 2015

No soy la mejor madre del mundo

No lo soy. Me atrevería a decir que ni yo ni ninguna. Y tampoco quiero serlo. Ni aspiro a ello. Sólo soy la madre de mis hijos, y eso ya implica que intente hacerlo siempre lo mejor que sé.
Hace un tiempo que dejé de juzgarme como madre. Pero la mente humana es perversa, y se inventa las mil y una triquiñuelas para jugar al despiste e intentar que alguna vez caiga en el lamento del "soy lo peor por...". La ventaja es que también voy aprendiendo a darle con la puerta en las narices bastante rápido. Y cada vez menos sale victoriosa.
Precisamente porque no soy la mejor madre del mundo me equivoco mil veces a diario. A veces me enfado por cualquier tontería, porque he ido acumulando tanto a lo largo del día que la última gota, que justo era la más pequeña, ha hecho rebosar el vaso. Otras soy demasiado sargento. Lo que desde luego nunca me permito es no pedir disculpas a mis hijos cuando es así; cuando he metido la pata hasta el fondo, cuando no tengo razón, cuando he perdido los nervios... Siempre, siempre hay un "Lo siento, me equivoqué. ¿Me perdonas?".
Precisamente porque no soy la mejor madre del mundo, mis hijos me han visto llorar cientos de veces. Y nos han visto enfadarnos a su padre y a mí. Y me han oído soltar algún taco cuando algún descerebrado ha estado a punto de sacarnos de la carretera haciendo el bestia con su coche. Sí. Y cada una de esas veces mis hijos me han visto remontar y sentirme mejor tras el sofoco, nos han visto reconciliarnos y solucionar nuestras diferencias con el amor y el respeto que nos tenemos, y me han escuchado pedir disculpas por el palabrón mientras los tranquilizaba a ellos tras el susto inicial.
No soy perfecta. Claro que no. Ni quiero serlo.
Me gusta hacer las cosas bien, o intentarlo. Me gusta dar lo mejor de mí, dejándome la piel por quienes quiero, por lo que quiero y me motiva y por mí misma. Pero si me miras desde fuera, me verás imperfecta. Porque lo soy.
Y esta vez no se trata de cánones que marca la sociedad ni la moda. Se trata de que, muy al estilo de "la arruga es bella", la imperfección es el reflejo del intento, de estar vivo, del riesgo que corremos al vivir intensamente y de verdad, y no de escaparate.
Precisamente porque no soy la mejor madre del mundo, espero que algún día mis hijos puedan decir orgullosos: " Mi madre fue la mejor madre del mundo porque nos amó con la locura que sólo una madre de verdad ama. Y por ello se equivocó mil veces y lo reconoció. Y por ello nosotros aprendimos a caer y levantarnos con su misma fuerza. Mi madre nos dejó vivir nuestra vida y volar, respetó nuestros ideales y nuestras necesidades, se mantuvo a la sombra para no tapar nuestro brillo sin saber que si brillábamos era porque reflejábamos parte de su ternura. Mi madre no fue la mejor madre del mundo porque por suerte fue, única y exclusivamente, NUESTRA MADRE".

Con M de MAMÁ y de MEJOR

2 de mayo de 2015

Maravillas de la maternidad... ¡FELIZ DÍA MAMIS DEL MUNDO!

Hace calorcito veraniego ya. ¡Yihaaaa! Bueno, en concreto llevamos dos días, pero en Valencia somos exagerados por naturaleza en cuanto tenemos un día de ponentà (que no es otra cosa que un día de esos de poniente infernal), buscamos el bikini, nos vamos a la playa y sacamos las sandalias.
Y en eso estaba yo hace un rato. En buscar una bermuda cortita para bajarme a la terraza y empezar a dejar de parecer la hermana mayor de Casper.
Me preparo la ropa y me meto en la ducha con más ilusión que si me fuera de viaje a Las Canarias.
- ¡Aaaaaaaaaaaaaaa! ¿QUÉ ES ESOOOO? ¿Qué es eso que tengo en las piernas? ¿En qué momento Rubiazo me las ha pintado con permanente?
Miro más de cerca, espantada, y no... No es permamente... ¡Son pelos! ¡Que digo pelos! ¡SON RASTAS! ¿Perdonaaaaa? ¿En qué momento he dejado de ser "ella" para pasar a ser "él"? ¿Cuándo me he convertido en mi versión troglodita, en mi antepasado más pasado?
Pues ésta es una de las maravillas de la maternidad acelerada, queridas. ¿A vosotras no os pasan estas cosas? (Que digan que sí, que digan que sí... ¡DECID QUE SÍ!). Me ducho todos los días en un estado tan de tornado, tan "Taz de Tazmania" que, evidentemente, me enjabono casi a ciegas y menos aún paro a ponerme crema, ergo no soy consciente de que parezco un osezno. Suerte la mía que tengo cuatro pelos mal contados. Si no cualquier día amanezco con Rubiazo, Pichu y su Papi enredados en mí y gritando auxilio, a lo Rapunzel pero sin magia y encanto.
O cualquier mañana me confundo a mí misma con Epi o Blas (jamás he sabido quién es quién, y moriré sin saberlo) al mirarme al espejo y ver una ceja en vez de dos. Y lo peor es que no me daré cuenta hasta que no empiece a hablar sospechosamente con susurros afónicos.
Otra maravilla de la maternidad acelerada es la combinación imposible de estilos y prendas porque tú eres la única de la familia que no has hecho "cambio de armario". Sacas el mismo vaquero que ayer, que parece diferente porque te lo has decorado con naranja fosfi por un error de cálculo, la misma camisa sin mangas de hace dos días que ya se ha secado porque es casi transparente del (sobre)uso que le has dado, unas zapas de esparto y una chaqueta así más, más... Más gordita y abrigada, porque no sabes en qué cajón o bolsa del altillo tienes las de entretiempo. Te miras al espejo y piensas: Creo que esto es como ser un poco hipster pero sin barba. Y entonces una luz se enciende en tu cerebro materno y te miras al espejo muy de cerca: ¡MIERDA! Barba no pero ¿¡ESO ES BIGOTEEEE!? Vale, pues ya no sé si soy hipster o capitán general. Lo que sí sé es que he ido así por la vida, feliz como una gamba en salsa rosa, y creyéndome el paradigma de la modernor hecha madre.
Así que en vista de que la maternidad es la maravilla mundial que nadie considera como tal, he pensado montar una plataforma y recoger firmas para registrarla como la primera maravilla por orden lógico. Y de paso, recogemos más firmas para que a las madres se nos considere patrimonio de la humanidad, como mínimo digo, porque con un día al año no creo yo que haya reconocimiento suficiente para tanta maravilla forzosa implícita en el contrato materno.
¡FELIZ DÍA DE LA MADRE BONITAS! 😊😊😊
Deseo que mañana disfrutéis muchísimo de vuestros pequeños, o grandes, tanto como de descubrir que sois hombre y no mujer o que lleváis una zapatilla de cada par cuando ya estáis conduciendo; porque estas maravillas sólo son posibles gracias a la mayor fortuna del mundo mundial: SER MADRES.

Hoy más que nunca... CON M DE MAMÁ

15 de abril de 2015

Menos es MÁS

La maternidad es la razón o situación perfecta para que nos creamos con firmeza esto de "MENOS ES MÁS".

1. Primera y principal, duermes menos, con lo que estás MÁS cansada.
2. Tienes menos tiempo para ti, y hablo de cosas tan básicas como tiempo de ducha, así que aprovechas MÁS los minutos y también corres MÁS (en realidad, vuelas). Así que, de alguna manera, haces deporte.
3. Tu tiempo de desayunos, comidas o cenas es menor, así que engulles MÁS; además, te zampas y rebañas todas las sobras habidas y por haber, con lo que te alimentas MÁS, digámoslo así.
4. Como duermes menos y estás MÁS cansada (léase punto 1), tienes MÁS lapsus y patinazos, con lo que eres infinitamente MÁS divertida (o torpe, según se mire).
5. Como tienes menos tiempo por las mañanas, te vuelves MÁS práctica y sacas tu ropa por las noches, como la de tus hijos. Se acabó eso de vestir según el ánimo con el que te levantas, ahora vistes según estabas el día anterior, con lo que tus neuronas ya no saben a qué atenerse.
6. Como vas menos de compras y esos menesteres, te vuelves MÁS básica que un lápiz, te pones cualquier cosa y lo arreglas con un collar, y te crees la mejor cool hunter.
7. Como tienes menos tiempo para planificarte y organizar, de repente pasas a tener MÁS memoria en todo lo relativo a tus retoños y tu labor maternal y ejercitas el cerebro haciéndote listas mentales. En lo relativo a ti y lo que no sea "cuidado de niños", más que listas lo llamaríamos 'pajas'.
8. Como tu pareja y tú encontráis menos momentos para todo, desde hablar del tiempo, mismamente, hasta quereros con locura, pues esos mini momentos son MÁS intensos. Ya se sabe, lo bueno si breve, dos veces bueno... o mal de muchos, consuelo de tontos.
9. Como tienes menos ratos para realizarte profesionalmente más allá de tu trabajo puro y duro, te lías MÁS con proyectos, retos, retomar estudios o exámenes, y acabas haciéndote la picha un lío con tanta historia y terminas por seguir dedicándote al trabajo puro y duro y haciendo a medias la parte ésa del reciclaje, tú que jamás fuiste a un examen sin estudiar... ¡Te has vuelto toda una rebelde!
10. Como ahora tienes MÁS personitas a las que amar, tu corazón es mucho MÁS amplio, tiene muchos MÁS huequitos y quiere con mucha MÁS locura que antes. También te ríes MÁS de todos los puntos anteriores que cuando eras una quinceañera histérica o una veinteañera que se creía 'JASP' y se quedaba en 'joven aunque'. Eres MÁS feliz porque, no sabes cómo, cualquier mal, por gordo y feo que sea, desaparece con un beso, un achuchón y una caricia de tus pequeños. Eres MÁS luchadora, porque haces las mil y una por sacar adelante a los tuyos, llueva, truene o venga un tornado. Tienes MÁS recursos y también MÁS dudas, MÁS sentimientos encontrados cuando la responsabilidad te abruma y pasa a llamarse culpa por haberles robado una tarde para ti, pero también eres MÁS maga que nunca, y con un simple "abrazo de mamá" conviertes sus lloros en sonrisas, sus penas en alegrías, sus frustraciones en futuros éxitos y sus tropezones en ganas de seguir luchando.
 
Cuando te conviertes en madre, en ocasiones, en muchas, eres un poco menos tú y bastante MÁS ellos, pero lo bonito de esta historia es que, cuando ellos crezcan, serán en muchas ocasiones MÁS tú que ellos, porque tu huella habrá quedado grabada a fuego en sus corazones, sus mentes y su vida.
 
CON M DE MAMÁ, de MENOS y MÁS

13 de marzo de 2014

Mujeres, mujeres, mujeres...


El día 8 de marzo fue el día de la mujer trabajadora. Hay quien no le da ninguna importancia a este día, quien se mofa del nombre que le han puesto o quien replica que "¿para cuándo un día del hombre?". Bien, la verdad es que somos libres de pensar según nos venga en gana y de expresarnos como queramos, siempre dentro del respeto y la empatía (se supone); pero... Sí, hay un "pero". Porque resulta que el 8 de marzo es un GRAN DÍA. 

¿Que no debería celebrarse porque entonces estamos tirando por tierra la igualdad que tanto pedimos y blablabla...? Para los que así lo crean, puede ser. No me lo planteo. Lo que tengo claro es que lo que se conmemora en sí es importante. No hay más. Si yo hoy estoy escribiendo en mi blog, expresándome sin pudor o temor, es porque hubo unas mujeres que en su tiempo lucharon para que esto fuera posible. Sin su lucha, sin sus reivindicaciones, su movimiento y sus ganas de comerse el mundo, yo no trabajaría fuera de casa, entre otras cosas. Así que, para mí, el 8 DE MARZO ES UN DÍA IMPORTANTE. 
Más allá de meternos en intríngulis de machismo o feminismo. Más allá de querer ir de "modernas" o progres. El hecho de que la mujer trabaje, según su libre elección, FUERA DE CASA es, o debería ser, considerado un hito histórico y no una excusa para inventarnos un día "femenino". 
Aún así, y a pesar de que por algo se empieza, creo que (tristemente o no, según se mire) queda muchísimo por hacer respecto a este tema. Las mujeres que trabajamos fuera de casa, también trabajamos dentro. Y las que sólo trabajan dentro, lo hacen y mucho, y sin remuneración ni reconocimiento a cambio. La cuestión es que hemos ganado en independencia pero seguimos siendo carne de cañón, porque, y siempre contando con que generalizar no es del todo correcto, AHORA TRABAJAMOS EL DOBLE. Sí, me explico. Trabajamos fuera y ese trabajo remunerado depende de nosotras, de cómo lo ejecutemos. Estamos mucho más expuestas a irregularidades que los hombres, siempre en el punto de mira si hablamos de embarazos, bajas por riesgo, permisos de lactancia y demás. Nuestra sociedad es moderna, pero no está preparada ni adaptada a una CONCILIACIÓN REAL. Casi que tenemos que pedir disculpas por quedarnos en estado, a pesar de que, por norma general, aguantemos tanto que nos falten segundos para dar a luz en el trabajo en muchas ocasiones. En mi caso, he vivido de primera mano el sentir que "las maestras no tenemos derecho a tener hijos, porque "abandonamos temporalmente" a los de otras". Patético, ¿eh? Pues real como la vida misma, y triste muestra de que, efectivamente, las primeras que hemos de creernos lo de la CONCILIACIÓN somos nosotras. Si no, no hay tutía.
Si digo que trabajamos doble es porque, al llegar a casa, nuestra jornada continúa. Y hay de todo: quien tiene ayuda de personas externas a las que paga, quien cuenta con familia dispuesta, quien se lo come todo sola-solita-sola y quien tiene una pareja o "parejo" que entiende de verdad de igualdad y hace exactamente lo mismo que ella, es decir, ni "colabora", ni "ayuda", HACE. Que digo yo que eso es lo que toca, ¿no? que para algo los hijos son comunes y los espacios de casa también.
Peeeeeero... Sí, siempre hay un "pero". Pero, a pesar de aquellas mujeres que tienen al lado un compañero/a en todos los sentidos, aún así, CARGAMOS MÁS DE LA CUENTA. Sí, o al menos así lo veo yo, y está claro que habrá de todo. Es nuestro sino, o nuestra genética y predisposición natural. Hemos tenido que luchar durante años por poder hacer cosas (que ahora vemos tan normales) como ir a un bar a tomar unas cerves o votar, y sin embargo, no hemos cambiado ni un pelo en cuanto a "la maternidad". La maternidad quitando el lado "físico" o "instintivo" que lleva implícita la palabra, digo. Seguimos sintiéndonos intrínsecamente responsables de todos y cada uno de los aspectos que nacen o desembocan en nuestros pequeños. SOMOS PUÑETERAS AGENDAS. Podemos salir de casa sin calcetines y con un zapato de cada color, y sin embargo, jamás, o en contadísimas ocasiones, olvidaremos lo primordial relativo a ellos (dejando a parte situaciones dignas de chiste y minucias diarias). Es decir, llegamos de trabajar y no paramos el ritmo hasta que no caen rendidos y dejamos todo listo para el día siguiente, que viene a ser como pronto sobre las 23:00. A esa hora ya podemos dedicarnos a la faena relativa al trabajo remunerado y poco más, porque nos queda la energía justita para llegar a la cama. Que si sumamos la lactancia prolongada, sumamos también las noches de sueño interrumpido, claro está.
La historia es que, cansadas o no, con la espalda mal o con un gripAZo de tres pares de narices, no bajamos el ritmo ni a la de tres. Todo, o prácticamente todo, lo relativo a niños y casa pasa por nosotras. Y así, día tras día. Entonces, llegado a este punto, es cuando en mi mente resuena con fuerza la famosa frase "SEXO DÉBIL". ¿PERDOOOOOOOOOOOOOOOOÓN? ¿Decía usted? ¿Sexo qué? ¡Anda ya!
LAS MUJERES MOVEMOS EL MUNDO. Es lo que hay, señores (y señoras). ¿Que lo mareamos más que los hombres? No digo yo que no. Pero lo hacemos girar.
El ginecólogo que hacía la parte teórica en mi preparación para el parto de Pichu (con Rubiazo no fui, ya se sabe, segundos y tal), lo primero que nos dijo a las mother-to be que estábamos allí fue: "ES ADMIRABLE (e increíble) QUE LA MUJER, A PESAR DEL ENORME PESO QUE LE SUPONE LLEVAR A SU HIJO EN EL VIENTRE, A PESAR DE QUE ESE CAMBIO EN EL PUNTO DE GRAVEDAD LE REGALE UNA GRAN INESTABILIDAD, ADEMÁS DE DOLORES MUSCULARES Y ÓSEOS, SEA CAPAZ DE SEGUIR CAMINANDO ERGUIDA Y NO DEJE DE HACER SUS ACTIVIDADES COTIDIANAS EN NINGÚN MOMENTO, COMO SI NADA". Ahí lo tenéis, va en nuestra naturaleza. Somos de naturaleza salvaje, de supervivencia pura, de instintos; somos fuertes, mucho. SOMOS AUTÉNTICAS MÁQUINAS. 
Movemos el mundo en compañía o solas, según elección, pero merecemos que se nos considere PERSONAS más allá de si causamos baja laboral o no por embarazo. 
Y sí, tenemos un día dedicado a nosotras, o mejor, a nuestros logros, dejando de lado feminismos, machismos y extremos. Y ES UN DÍA IMPORTANTE, aunque aún quede mucho por hacer. 
Ya sé, lo ideal habría sido que no hubiera tenido que existir el 8 DE MARZO, y que no hubiera sido necesario tener que cambiar ciertos aspectos que venían con defecto de fábrica socialmente hablando, partiendo de la base de que TODOS SOMOS PERSONAS. Pero no podemos cambiar la historia. Así pues, seamos hombres o mujeres, alegrémonos por los avances sociales y culturales, y celebremos que hubo un día en que un grupo de mujeres se atrevió a alzar la voz y hacerse oír, y que gracias a ellas, hoy las mujeres podemos disfrutar de placeres tan simples, y tan enriquecedores, como, por ejemplo, leer un buen libro.
CON M DE MAMÁ 

6 de marzo de 2014

El mundo 2.0 o cómo ser una madre friki y no parecerlo


No he podido evitarlo. Ya estoy sumergida hasta las trancas en este mundillo, así que me faltaba el reclamo de mi amiga Paula, sí la de la bragafaja, en esta nueva iniciativa que arranca en su blog (lee AQUÍ) sobre intercambio de opiniones sobre nuestra experiencia con el mundo 2.0, para lanzarme a la piscina sin flotador y gritarlo bien alto: ¡SOY UNA MAMIFRIKI! Es lo que hay. ¡Ah! Negaré cualquier evidencia de ello en público. (El estigma no es fácil de esconder, pero puedo probar).

Pues mira tú por donde hace no demasiado escribí una entrada dedicada exclusiva al apasionante mundo de las TIC, que os invito a leer para que conozcáis de pleno mi grado de analfabetismo 2.0. 
Vamos a ver, Paulita, que me pides unas cosas. ¿No te das cuenta de que con esta sección se nos descubre el pastel del que muchas hemos renegado tanto tiempo? Todo sea por nuestra amistad 2.0 que ya ha pasado a plano 1.0. Sí, sí, también he caído en el maravilloso (que lo es) mundo de las desvirtualizaciones. Una vez más, es lo que hay.
Ahí va mi experiencia pues.
"Había una vez una chica, relativamente moderna, a la que le gustaban más una libreta y un boli que a un tonto un chupa-chup (que sea Kojak por favor). Una chica que fue creciendo al ritmo que los avances tecnológicos entraban en su casa, pero sin estridencias: ordenador, móvil, internet (¿o fue al revés?), google, messenger, y demás... Así que pronto cambió sus libretas por el PC, que al fin y al cabo, los textos de prosa poética ocupaban menos en este soporte.
Con el tiempo, muuuuuucho tiempo, conoció al amor de su vida, tontearon aprovechando los mensajitos de móvil tan en alza entonces, vivieron un tiempo "en pecado", se hicieron cuentas de facebook como todo hijo de vecino, lucharon contra ciertas inclemencias de la vida y la salud, se casaron y, tiempo después tuvieron hijos. 
Entonces, y sólo entonces, esta chica, mejor mujer, decidió hacer caso a una buena amiga que insistía hacía ya tiempo para que abriera su propio blog (¿esto qué es lo que es?) y se lanzara a escribir sobre su día a día, compartiendo con el mundo su aventura de ser madre, trabajar fuera de casa, ser mujer en este siglo e intentar llegar a todo sin morir en el intento...
Y aquí estoy. Yo, la que pensaba que buscar novios por internet era una frikada de tres pares de narices, la que no se fiaba ni de su sombra y marcaba todos los correos como spam, la que al abrir facebook pensó que aquello no podía ser ni más raro ni más difícil... Aquí me hallo: haciendo AMIGAS por interné, gracias a twitter y el blog. Convertida en friki total. Renegando de mis "antaño" ideales que decían que "ni de coña me pongo yo a quedar con gente que haya conocido por internet, menudo peligro". 
Ajá... Primera desvirtualización hace unos meses: mi amiga (sí, así es, os digo que soy freak de catálogo) MaJo de La alcoba de Blanca. Segunda desvirtualización: evento de Madresfera en Valencia el 25 de enero: Mónica, como organizadora, Carol de Ymimundocambió y otro puñadito de bloggers, y para rematar la tarde, mi amiga (yes, I know, I' m much more than a freak, no remedy) Paula superwoman y olé. Sí, la mismita a la que fui a visitar el sábado pasado a Madrid. 
Sí, confieso, ¡TENGO AMIGAS BLOGUERAS QUE HE CONOCIDO POR INTERNET! OH MY GODNESS!! Esto es peor que meetic. Y tengo la poca vergüenza de seguir pensando que lo de las relaciones amorosas a través de internet me huele a chamusquina. Pero ¡si esto es lo mismo, alma de cántaro! O peor: grupo de madres que hablan de tetas, leche, horas sin dormir y del mundo en general, con el único punto en común de ser madres (que no es poco oigan, todo un marronazo en ocasiones).
Y lo mejopeor: ¡muero de ganas por desvirtualizar en breve a Vero Trimadre30, y Blanca Los Ángeles de la Sierra!, y a María Mamá y RRSS y Vero Mixka si no están pariendo, en una PARTY que ha organizado otra madre loca, LNSN, y a la que asistiremos un puñado grande de nosotras. Conoceré en persona a muchas más, algunas de las cuales ya conozco incluso por wassap (otro gran frikinvento), y me quedaré con ganas de achuchar a otras que, por lejanía, no estarán, como mi querida Pao, de Muriel y Yo, que está al otro lado del charcAZo.
¡Lo seeeeé! Se me está yendo de las manos, soy totalmente 2.0 a pesar de haber sido la más reacia, y en breve estaré en convenciones del tipo Comic Con vestida de Lisa Simpson o Xena la princesa guerrera (juro que esto no ocurrirá... ¿no?)".
Así ha cambiado mi vida el 2.0. Ahora soy más friki (mucho más) que hace unos años, pero también he conocido a personas maravillosas, me he enriquecido leyendo experiencias de todo tipo sobre la maternidad y la vida, y, sobre todo, he afianzado algo en lo que ya creía: LA AMISTAD VA MUCHO MÁS ALLÁ DE UN CAFÉ DIARIO. Porque cuando somos adultos (in)maduros y (ir)responsables nos cruzamos con personas fantásticas, en situaciones inesperadas, que se convierten en auténticos regalos para el alma. Más allá del 2.0 o la alineación de los planetas en Marte.

Aquí tienes, Paula, así ha cambiado mi vida, personal, gracias a este mundo loco de las TIC.
Con M de Mamá y F de FREAK

15 de enero de 2014

"Crianza con apego o sin él. ¿A ti qué más te da?" o "Cuando seas madre (de mis hijos) comerás huevos"

Hace ya mucho tiempo escribí sobre el vicio (cochino) que tenemos la raza humana de meter las narices donde nadie nos llama y de opinar gratuitamente, si puede ser criticando, ya que es nuestro deporte nacional por excelencia.
Si además se trata de hablar de/opinar sobre/criticar la manera de criar a nuestros bebés, entonces la carnaza es de primera calidad.
Cuando me quedé embarazada de Pichu, mi marido y yo nos compramos, el típico libro de los 50.000 nombres (total para que sólo una diezmilésima parte de ellos te parezcan más o menos normales y de ellos sólo dos sean los que os gustan a ambos) y, además, nos leímos también algún libro más relativo a crianza/desarrollo y demás, bien porque lo compramos por recomendación, bien porque nos lo regalaron. Pues ya en ese momento, en nuestro entorno más cercano hubo quien tuvo que opinar y criticar que leyéramos en vez de llamar por teléfono y preguntar. Que digo yo que no tiene nada que ver el tocino con la velocidad. Una cosa es tener una mente curiosa (y querer cumplir eso de "el saber no ocupa lugar") y leer sobre desarrollo, emociones y demás, y otra muy distinta es el aprendizaje del día a día en nuestra labor de padres, aprendizaje que, en mi siempre modesta opinión, es algo que NADIE puede vivir por ti. Está claro que cuando te llueven críticas como esa es porque, quizás, la persona que las hace necesita sentirse un poco más partícipe protagonista de lo que tú y tu pareja le dejáis.
Si algo he aprendido en mi corto viaje por la maternidad es que quien decide tener hijos y criarlos (sí, es decir, quien decide no sólo traerlos al mundo porque es lo que le toca por edad o porque no sabe hacer otra cosa, o porque intenta salvar un matrimonio condenado al fracaso) hace TODO LO QUE PUEDE POR ELLOS. Y, obviamente, lo hace desde el amor más profundo, la inexperiencia más grande y la habilidad y el instinto que le hayan tocado en el reparto de cualidades. No hay más. Y, por tanto, no es ni malo ni bueno que lea o no, que pregunte o no, que necesite a su madre/suegra un mes en su casa o no. Porque toda opción es respetable.
Yo, perdón, NOSOTROS hemos decidido criar y educar a nuestros hijos CON AMOR, y no nos hemos planteado si eso se llama CON APEGO o con desapego. Y me da igual si soy del grupo teta-colecho-apego (que va a ser que, según lo que he leído, sí, pero paso de encasillarme) o del otro grupo. Me da igual si en su momento leí a Carlos González con su Bésame mucho y me gustó, o si luego leí alguna cosa suya más y me pareció información innecesaria, o si quisimos conocer a Estivil y me di cuenta de que este señor no me duraba ni un café. Porque por mucho que hayamos leído, buscado, contrastado... lo único que realmente nos ha valido y nos vale, hoy por hoy, es nuestra experiencia, conocer a nuestros hijos (el sol y la luna ambos dos, en todo), intentar estar al 200% con ellos en cuanto a sentimientos y empatía (y no conseguirlo siempre, obviamente, con el consiguiente inevitable sentimiento de culpa, muchas veces fruto del mismo agotamiento físico y mental).
Lo que SÍ hemos aprendido es que LA CRIANZA NO ES NI FÁCIL NI CÓMODA, pero enriquece, curte, te ayuda a madurar y TE LLENA.
El otro día me encontré en una red social un artículo sobre un otro pediatra que ha escrito un otro libro sobre la crianza (lo estoy expresando en líneas muy generales) y que, según él mismo explicaba, en su libro no habla ni de métodos infalibles ni de mejores maneras para criar o hacer con nuestros hijos, y eso me gustó. No pienso leerlo. O igual, si cae en mis manos, sí decido hacerlo, quién sabe. El caso es que compartí el artículo porque me gustó que, al menos a simple vista, y por lo que relataba la entrevista, no es un pediatra más que se ha inventado o ha descubierto un método para que los niños se críen solos y no molesten o se sientan los más amados del planeta, pero lo que sí decía muy acertadamente es que las madres de hoy en día no conciliamos, sino que sacrificamos. Totalmente de acuerdo. Y seguro que habrá algún padre que también. Podéis leerlo AQUÍ. Muy a grosso modo venía a decir que no son métodos lo que hace falta, sino comprensión y respeto hacia el modus operandi de las madres, o mejor, yo diría "de cada madre".
Yo, por mi parte, creo que hay una delgada línea entre aconsejar, opinar y entrometerse. Y obviamente cruzarla hacia uno u otro lado o hacia la crítica no constructiva es más que fácil.
No me canso de imaginar un mundo mejor en el que cada uno meta la napia en sus asuntos, y en el que no seamos tan fans de juzgar al prójimo y sí lo seamos de respetar (pero del respeto de verdad, no de boquilla) y de dejar hacer a cada uno lo que en su mano está cuando hablamos de criar. Lo más triste es que para que esto ocurra somos las mujeres las primeras que tenemos que concienciarnos para hacerlo posible, ya que somos las responsables directas de estas "incomodidades maternales". Pocas son las mamás actuales que no tienen queja de las féminas más mayores de su entorno familiar, ya sean madres, suegras o vecinas cotillas. Son pocas las que dicen que jamás nadie se ha entrometido, con toda la connotación negativa que ello implica, de un modo u otro en su vida familiar. Y, por si esto fuera poco, va y nos salen pediatras y supuestos "expertos" que nos hacen sentir culpables y malísimas madres porque nos aleccionan sobre cómo, dónde y cuándo y sobre lo mal que lo hacemos cuando no seguimos sus directrices.
Pues señoras y señoritas, y parejas y "parejos"... ¡ya está bien, leñe! ¿A mí qué más me da si mi amiga P ha dado biberón y no teta? ¿O si M practica o no el colecho o V hace el pino puente para conseguir que su pirata se coma un bocata de jamón? Me da igual, no las juzgo, sólo las escucho y respeto, y en todo caso, me beneficio de lo que veo porque aprendo otras maneras de hacer y ver la vida, que me enriquecen y me ayudan a salir de mi, a ratos, cuadriculada mente, y si me piden opinión, pues la doy. Pero, lo mejor de todo, es que me parece estupendo lo que hacen y cómo lo hacen, básicamente porque lo hacen con AMOR DEL BUENO, y no hay más. Y porque con entretenerme yo en aprender a ser madre ya tengo bastante faena, ya.
Creo que leer es bueno, informarse es genial, contrastar opiniones y escuchar otras experiencias también, pero si estáis leyendo esto es porque, quizás, gran parte de vosotr@s estáis inmersos en el maravilloso mundo de la crianza, lo cual quiere decir que sabéis mejor que nadie que no hay dos niños iguales, por muy hermanísimos que sean, ni dos madres o padres clavados. ¡Y menos mal! Por tanto, lo que me sirve a mí no es preciso que sirva a otra madre, aunque quizás le venga bien conocer mi experiencia para saber que NO hacer con su hijo o hija. Por otra parte, tener personas en tu entorno cercano que tengan más experiencia que tú y que estén dispuestos a compartir sus conocimientos contigo es una gran suerte (¿cómo era eso de que para criar hace falta la tribu entera?), sí, pero siempre y cuando esa "generosidad" sea desde el cariño verdadero, el respeto, las ganas de ayudar (que no de ENTROMETERSE) y con la intención de hacer llegar a la madre en concreto un mensaje tipo "no hay mejor madre para tu hijo que tú, yo sólo estoy por si me necesitas", y que sea de corazón, de verdad de la buena.
En serio, MAMIS DEL MUNDO, equivocarse es de humanos, es bueno y ayuda. Esto de la maternidad y la crianza es,  en muchos aspectos, un camino de espinos para el que NADIE nos prepara, por mucho consejo y moralina que quieran darnos. Podemos leer, podemos ser "de una corriente" o de otra, pero lo que está claro es que lo que no falla es la naturalidad y el darnos el tiempo necesario para conocer a nuestros hijos y saber, mejor que nadie, sus necesidades a todos los niveles. El sentimiento de culpa ya de por sí parece ir intrínseco a la maternidad, por lo que no nos dejemos embaucar por expertos (y no tanto), que hablan siempre "in extremis" y que nos regalan sentencias de esas que sólo hacen que aumentar nuestro tono del mea culpa
Ser madre es la mayor aventura que toda mujer, que decide serlo, puede vivir. Y como tal, tiene momentos de subida y momentos de bajada. Contamos además con unas grandes compañeras de viaje que, dicho sea de paso, tampoco es que ayuden mucho, y que no son otras que nuestras queridas hormonas... Así que: MAMIS DEL MUNDO MUNDIAL, ¡CRIAD COMO OS DÉ LA GANA, CON APEGO O SIN ÉL! Pero eso sí, CRIAD SIEMPRE CON AMOR, CON MUUUUCHO AMOR.




CON M DE MAMÁ y C de CRIANZA CON AMOR

26 de diciembre de 2013

Una cucharada de dulce y una pizca de agrio, removemos bien hasta que se integren y... ¡maternidad lista!

Después de más de media hora ininterrumpida de berridos de Rubiazo, forcejeos varios para evitar que se tirara del cambiador y poder ponerle al menos el pañal... Tras un día de no haber parado ni un segundo con tareas de casa y algún extra, batallando también con Pichu y su mamitis agudísima-casi tanto como la del rubio... Todo aderezado con un catarrazo más que impresionante de esos que te hacen hasta ver doble... ¡Necesito vacaciones "maternales"!
Tal cual.
En un rato he de estar estupenda de la muerte porque tenemos cena con unos buenos amigos. Cosa que, hasta hace unas horas, hacía que en mi cerebro salieran continuos bocadillos en plan viñeta con mensajes estilo: ¡Al fin! ¡Cena sin niños! ¡Una cena en la que podré empezar con los entrantes, y seguir hasta los postres sin tener que levantarme precipitadamente, o sacarme la teta, o quitar mocos...!
Sin embargo, la maternidad es tan sabia y aboga tanto por nuestros pequeños que, en estos momentos, lo único que de verdad me apetece es plantarme mi "ropa de estar por casa" (es decir, pijamas desconjuntados y mal combinados entre sí) y tirarme en el sofá. Supongo que es producto del catarro+cansancio+paciencia bajo cero, pero las cosas como son: la maternidad es la culpable.
Lo curioso e inexplicable de esto es que, a pesar de todo, aún hay veces en que pienso que "total, un tercero...". Así que definitivamente la maternidad es responsable directa de esta especie de ceguera cerebral, que no te hace ver más allá de tus retoños, sus necesidades y sus cuidados y mimos, y que, a pesar de anular a veces (muchas) tu yo "persona", te engancha irremediablemente.
Precisamente, hace poco descubrí un vídeo publicitario de un conocido refresco que "clava" la esencia de la ma/paternidad con una mezcla perfecta de humor, delicadeza y emotividad. (Podéis verlo AQUÍ, vale la pena).
Y que conste que, si estoy escribiendo esto, es justo porque tengo ya más de media hora a Rubiazo enganchado al pecho. También he de decir que, si no fuera así, esta entrada ya estaría acabada, porque como está inquieto no para de pegarme manotazos al teléfono con su mantita, de modo que tengo que ir borrando cada ¿tres palabras? Habrá quien piense: "te mereces eso y más, porque estás con el niño, así que el teléfono te va sobrando". Pues ¿saben qué? Que me da igual y que va a ser que no. Porque si no fuera por estos ratos de catarsis, que diría mi amiga argentina Pao, me pasaría los pocos ratos al día en que no ejerzo de madre cazando gamusinos.
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11:15 de la mañana del día DC (después de la cena). Sí. Hubo parón obligatorio. Resumen: Rubiazo cayó frito, Pichu empezó un ritual lastimero de "mamá no te vayaaaaaaas..." que le duró hasta que salimos por la puerta (20 minutos después de lo previsto) y que subió de volumen cuando Rubiazo decidió despertarse y ponerse a berrear de nuevo. "Es muy bien", que diría mi hermano, el bendito canguro que se quedó ayer con el "fiestón" que le tenían preparado mis hijos, y que con esa gracia y saber estar que le caracterizan consiguió dominar la situación en menos que canta un gallo. (Gracias tío B, vales tu peso en oro... ¡Y más!).
La historia es que, como era previsible, pude vestirme y pintarme en 10 minutos. Así que nada que ver con eso de ponte una ampolla de belleza inmediata y notarás la piel tersa, como si acabaras de levantarte (que en realidad, en mi caso, no sé qué es peor si de buena mañana o a esas horas). Salí de casa de muy mala leche, dopada hasta las trancas porque toda yo era un estornudo con mocos y décimas. Pero salir, salía por ovarios. O eso o me ponía a berrear.
Pero esto es la maternidad. Con sus cosas buenas, sus momentos ideales y sus ratos de tortura china (o tortuga, que diría Pichu).
La maternidad anula tu vida ADM (antes de ser madre) y hace que tengas la sensación de que siempre lo has sido. Te ayuda a madurar (a leches, bien de teta, bien de bibe), te aporta un saber estar que no conocías y un "no" saber estar que tampoco. Te gradúa en Paciencia Infinita y otras artes ocultas. Te enseña qué es el AMOR SIN LÍMITES. Y es por eso que gran parte de los padres primerizos... ¡Repiten experiencia! Porque ese amor lo compensa todo, lo suple todo y lo llena todo.
Cosa que no quita para que hagamos uso de nuestro derecho al pataleo y despotriquemos de vez en cuando. Es sano, lo juro por Mafalda.
La maternidad es una de cal y una de arena. La broma es que a veces las de cal van así bien seguiditas, y entonces lo que te apetece es meterte la arena en la boca y masticarla, para luego escupírsela al primero que te suelte una impertinencia. Y no señores, no se trata de que los padres de ahora no aguantemos nada, al menos no es nuestro caso. Yo trabajo fuera de casa, dentro de ella, ejerzo de madre sin descanso hasta que se acuestan y durante la noche. Mi tiempo es por y para ellos. Mis ojos, mis brazos y mis palabras también. Y, casi siempre, hago todo eso con una sonrisa porque sé que por todas y cada una de esas cosas soy una auténtica privilegiada.
Sin embargo, no soy perfecta. Así que, evidentemente, tengo ratos de (y perdón por la expresión nada fina) cagarme en todos y más, mandarlo todo a paseo (pero sólo verbalmente, amenazar con cogerme más ratos libres (¿cómo estaba eso de decir y no cumplir?) y una larga lista de medidas y/o reacciones totalmente antipedagógicas, pero, eso sí, muy humanas.
Y como la maternidad no se cansa de hacerte sentir responsable de todos, de todo y por todo y todos... Pues luego te vienen esos pensamientos traidores y machacones que te hacen sentir fatal, bien por ese momento falto de paciencia o bien por esa media hora de escape para "deleitarte" comprando en mercawoman.
Y por lo que llevo vivido de esta maravillosa etapa de mi vida, yo diría que esto va para largo y no tiene mucha pinta de cambiar. Quizás en unos años pueda escribir una entrada en la que vuelva a hacer la misma reflexión, sólo que cambiando "berridos" o "mamitis" por "rebeldía adolescente" y "desapego".
Pero bueno, eso ya es otra historia, no muy lejana. Mientras, seguiré disfrutando de lo agridulce de la maternidad. Por suerte, me encanta el contraste de sabores y gustos, así que, sin duda, ¡soy una auténtica afortunada!
Ale, de momento voy a prepararme un buen cóctel de antihístaminicos y paracetamol, a ver si con suerte no paso la tarde en este estado de "resaca constante".

CON M DE MAMÁ

Sigo siendo una vaca... ¡Lechera!

¡Tolón, tolón! ¡Tolón, tolón!
Mi lactancia cumple hoy 1 año 2 meses y 3 días, y si me preguntan que cuánto más voy a alargar lo único que puedo decir es "no lo sé",
Cuando nació Pichu, yo no tenía ni idea de nada, lógicamente, pero menos aún de lactancia. En mi entorno no tenía a nadie que estuviera en una situación parecida (madre primeriza y pro lactancia) y aquellas personas que habían pasado por ello no habían tenido una lactancia exitosa, y yo tampoco sabía de la existencia de asesoras, talleres y demás. Así que durante dos meses le di pecho única y exclusivamente, sin embargo, bien porque cogía el peso justo, bien por la falta de conocimiento y el miedo a no estar alimentándola bien, acabé metida en el lío de la lactancia mixta: pecho+fórmula. Cosa que duró hasta sus 5-6 meses, cuando un buen día ya no tomó más. Acepté bien que la cosa fuera así, aunque lloré mucho por saber que esa etapa, al menos con ella, no volvería más. Lo recuerdo como algo precioso. Y no, no fue fácil al principio, porque llegué a tener los pezones en carne viva y sangrando. Sin embargo, ante la pregunta de Papi, que me vio llorar de dolor, de si volvería a dar pecho con todo eso si hubiera un segundo hijo, mi respuesta fue inmediata "¡Absolutamente sí!". Hoy sé que, si mi entorno hubiera sido otro, mi lactancia habría sido prolongada hasta el infinito y más allá. No me siento ni mal ni bien por ello. Lo acepto, sin más. Que no todo en la maternidad es la lactancia. Por suerte es un compendio de muchas cosas, y la primera y principal es el AMOR INCONDICIONAL.
Hoy, 4 años y 11 días después de que empezara mi lactancia con Pichu estoy celebrando que llevo 1 año, 2 meses y 3 días de lactancia ininterrumpida con Rubiazo. Evidentemente, no me siento ni mejor ni peor, sólo diferente. Lo que sí tengo claro es que la información, la experiencia y el entorno lo han sido todo esta vez.
Me hace gracia que, tanto en una lactancia como en la otra, siempre hay opiniones contrarias, o simplemente opiniones. Y es algo que no llego a entender. Supongo que igual es porque no soy de las personas que van dictando sentencias sobre la manera de hacer de los demás. Jamás se me ocurriría opinar de algo tan íntimo y personal, o al menos no directamente a la persona implicada, y menos a modo de reproche o crítica.
La actitud de Rubiazo ayudó mucho en los inicios, ya que desde que salió de mi pancha no se soltó del pecho, literal, hasta que no subió la leche. En 24 horas estaba mamando a tope porque a mí ya me había subido la leche. Y sí, volví a tener un pezón ensangrentado de tanta succión al principio, y aún así, repetiría esos inicios a ciegas.
Como digo, tener a dos amigas, casi hermanas (Helen y Carmen), viviendo su maternidad y lactancia a la vez que yo, y tener además una compi de trabajo (¡gracias Belén!) que había sido asesora de lactancia y a la que podía preguntar siempre que quería, junto con la templanza y la experiencia de no ser primeriza, han sido las claves para que en ningún momento me haya planteado cambios en mi lactancia ni siquiera al reincorporarme al trabajo. Bien es cierto que la cercanía a mi lugar de trabajo ha facilitado mucho el tema. He estado sacándome leche y congelándola durante 6 meses, y mi sacaleches venía conmigo hasta de boda, sólo para que Rubiazo pudiera tomarla de almuerzo en bibe. Me he sacado leche en pleno monte, en el descanso de una excursión con alumnos, y en cualquier sitio en el que me ha pegado la subida. He pedido que me llenaran mi neverita de hielos allí donde me pillaba y todo ello lo he vivido con absoluta normalidad.
Hoy Rubiazo, obviamente, come de todo, pero sigue teniendo su ración de leche cada mañana, al llegar de la guarde, para dormir y durante las noches que está mal por culpa de la boca o de los catarrazos. ¿Es esclavo? Sí, en muchas ocasiones así lo siento, porque en mi vida no sólo está él, también están Pichu, un trabajo al que acudir y en el que me dejo la piel, y una casa que llevar junto a Papi, amén de buscar algún rato para socializarme y mimar mi "yo persona". Y sin embargo, aquí seguimos, colechando (por pura comodidad, a la mierda cualquier teoría) y lactando, y sin fecha de caducidad.
Es curioso porque hasta el año de Rubiazo todo el mundo veía mi lactancia como algo estupendo, y ahora de pronto, de un día para otro, mi entorno más próximo me pregunta, con cara de desaprobación y reproche: "¿Pero aún le das pecho? Yo es que estas modas no las entiendo" "¿No piensas quitárselo? / ¿Cuándo piensas quitárselo con lo grandote que es?". Mi respuesta a la primera pregunta es siempre un simple "sí", y mi contestación a la segunda es un sencillo "no lo sé".
Podría enzarzarme a contestar, explicar, dar motivos. Pero, la verdad, paso, por dos razones: una, porque a quien te juzga mientras pregunta no le va a servir de nada ninguno de tus razonamientos, pues te han crucificado antes incluso de preguntarte; dos, porque lo que respondo es la verdad: no tengo ni idea de hasta cuando voy a prolongar mi lactancia, no me lo he planteado. Sólo sé que a Rubiazo no le hace ningún mal, más bien al contrario, que le alivia cuando está muy malito y, qué narices, que es la cosa más cómoda del planeta. De hecho, aunque en clave de humor, ya di mis 10 razones para prolongar la lactancia hace tiempo.
Lo que está claro, y la conclusión que saco de mis dos experiencias, tan dispares, con la lactancia es que nunca llueve a gusto de todos, y que, hagamos lo que hagamos, las madres siempre somos cuestionadas o juzgadas. Es patético. Sobre todo porque, tristemente, quienes juzgan suelen ser otras madres, mayores o no. Y la verdad, no lo entiendo. A mí me da igual como alimente una madre a su bebé, teta o bibe, bibe o teta, siempre y cuando lo haga desde el amor casi animal que sentimos las madres. Quien decide una u otra cosa lo hace pensando en el bien común, ya que obligarse a lactar si no sientes que quieres hacerlo puede ser más contraproducente que exitoso. Y más teniendo en cuenta que cuando alimentamos a nuestros hijos, bibe o teta, vivimos momentos únicos de intimidad en los que la transmisión de sensaciones y sentimientos es muy pura. Igual pasa con aquellas mamis que se han dejado, literal, la piel, intentando una lactancia exitosa y no lo han conseguido por diversos motivos. ¿Quién se cree con el derecho a opinar sobre ellas? Nadie debería hacerlo, y ellas mismas no deberían juzgarse con tanta dureza.
Pero como nuestra sociedad es así de machacona, de "antiapoyo" y de farandulera, sea como sea, y lo hagas como lo hagas... ¡Van a hablar de ti!
Pues si algo he ganado con mi bimaternidad es justo esto: una sordera selectiva o un estado de "no me afecta si yo no quiero", que son los colaboradores directos cada vez que alguien me suelta la preguntita de marras "¿hasta cuándo...?". Así que mi nueva respuesta "pro-lactancia de Rubiazo" pasa a ser: "¡Hasta el infinito y más allá!".

CON M DE MAMÁ

19 de diciembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: LL de LLUVIA

Lo sé. Lo sé... La LL está obsoleta en nuestro alfabeto desde, si no recuerdo mal, 1994 (no soy una empollona, lo leí el otro día) . Pues mal. Muy mal. La LL es taaaaaan necesaria como la LLUVIA.
Mmm... Kdnjdebwksbgqksdfmwdssdfdsssszu!!!!! O lo que es lo mismo: rebobinemos.
Para esta 20 edición del #azdelamaternidad (¡20 letritas!) yo he escogido la LL, que no cuenta, porque así tengo una excusa estupenda para hacer una entrada extra. ¡Ah, no! Si eso ya lo hago de normal gracias a mi acostumbrada manía de escribir de lo primero que me pasa por el cabolo.
Bueno que yo he empezado diciendo que la LL y la LLUVIA eran igual de necesarias. Ya, pues ¡ni de blas! En la maternidad la LLUVIA es un coñazo, y si encima eres bimadre lo es más (no quiero ni pensar en amigas que ya son "tri" como superwoman o trimadre30, porque lloro).
Según la RAE... Paso. Hoy los señores académicos pueden descansar. Puedo definir yo esta palabra.
Según el diccionario Yo, mi, me, conmigo, LLUVIA es ese fenónemo atmosférico en forma de agua que cae del cielo, que tiene refrán propio (En abril, aguas mil), y que siempre llega en el momento más inoportuno de tu vida. Aún así, hemos de agradecerle que riegue los campos, llene los embalses y demás (conste en acta).
Pues sí, la LLUVIA es ese fenómeno atmosférico que pasa de ser gracioso y hasta emocionante cuando eres hija a un grano en el culo cuando eres madre. La LLUVIA es divertidísima cuando hay charcos sobre todo si no llevas botas de agua, y es mucho mejor cuando, a pesar de las advertencias de los adultos, te atreves a botar dentro del charcAZo del patio en plan "Toma flan danoneeeee, no pares, no pareeees" (anuncio de hace años, una ya tiene una edad), sin botas claro, y acabas en el despacho de dirección con un par de amigas por "vándala" y por llevar agua hasta en el carnet de identidad (y por estar en bachiller dicho sea de paso).
La LLUVIA te hace crecer el pelo cuando eres niña, inocente y tienes una imaginación desbordante en la que cabe todo, así que tú haces por mojarte cuando llueve y luego sacudes la melena pensando en que eres casi Rapunzel.
Y la LLUVIA... La LLUVIA es un ascazo, así, tal cual, como suena. Sin contemplaciones. ¿Necesaria? Oh yeah! Pero puñetera de narices.
El jueves llovió aquí. Y la verdad, aún tuve suerte y no fue día de "gota fría", porque entonces ya hubiera sido de llorar (más, quiero decir). El jueves salía de casa de buena mañana ya con el ánimo torcido: fecha señalada, hijos poco (cero) colaboradores in the morning y tras noche horribilis, cargada hasta los topes simulando el decoradísimo árbol de Navidad de casa y un larguísimo etcétera de "mala leche"... Al que sólo le faltaba la LLUVIA. ¡Qué emoción tan grande y estupenda salir a la calle y descubrir que el día ya era redondo! ¡Yupiiiiii!
Quien no sea madre pensará "vaya exagerada". Por suerte, quien sí lo sea pensará "cuantísimo te entiendo, y qué lastimita me das".
Mis mañanas ya de normal son maratonianas. En menos de 20 minutos hago unos cuantos viajes casa-cole-guarde-cole, todo corriendo, con Pichu a ritmo de tortuga y Rubiazo a brazos, porque sólo me faltaría tener que montar el carro en el maletero. Pues este jueves pasado, gracias a la LLUVIA, la maratón pasó a ser un triatlón en toda regla (¡y me pilló sin dorsal!). La primera parte: subida al coche, muy divertida. Casi meto a Rubiazo en el maletero, por lo demás, ellos no se mojaron, y a mí sólo se me caló la espalda. Luego sólo me quedaba decidir si iba al cole, bajaba a Pichu (y por tanto también a Rubiazo), volvía a cargar al rubio, iba a la guarde, y vuelta al cole o... La "cara B" de la situación: aparcar en doble fila en la carretera, misma puerta de la guarde, y dejar a Pichu dentro del coche, y "entregar" a Rubiazo antes de lo habitual, rogando que me lo aceptaran a cambio de pagar "lo que sea".
El día no fue mal porque dejó de llover justo para que mis alumnitos pudieran salir al patio a soltar adrenalina (gracias Universo por apiadarte de mí). Pero como no podía ser de otra manera... Llegó la hora de las recogidas y ¡volvió la LLUVIA! Pero esta vez, la pu...ñetera LLUVIA venía acompañada por algo de viento, claro, porque así es muchísimo más ameno observar a una bimadre luchando para que ninguno de sus dos retoños se moje. Así que después de aparcar en el único sitio disponible en la contornada, un megasitio en pleno charcAZo, observar con una mezcla de pena y miedo los pies de Pichu y los míos, (ideales con medias y bailarinas) y mirar la LLUVIA caer sin piedad, me planteé seriamente no bajar. No, en serio. Al menos así los tres seguiríamos secos. Pero claro, no era plan.
Así que, como pudimos salimos del coche y llegamos a por el Rubiazo. De la guarde al coche otra divertida odisea, vigilando que Pichu fuera bajo del paraguas, que mirara hacia delante, que no pisara las cacas de perro que los (cerdos) dueños habían olvidado, que Rubiazo no zarandeara el palo del paraguas y me diera un trompazo en la napia mientras nos mojábamos... Y cómo no, todo esto evitando los charcos (¡¡¡LLUVIA de los cojones!!!).
Puedo prometer, y prometo, que excepto las bailarinas extraplanas de Pichu y sus pies, tanto el rubio como su hermana llegaron sequitos al coche, y que yo... ¡No! Entre choparme el "lomo" mientras les ayudaba a subir y ataba las sillas, y meter los pies en un charco bajo mi puerta y estar con el agua hasta los tobillos, pues eso, que ¡una felicidad extrema!
Como además la LLUVIA es como "tu menstruación" (¡holaaa! Soy tu menstruación... Esa mujer vestida de rojo...), siempre te acompaña en los momentos más importantes de tu vida, o simplemente, en cualquier momento en que no te venga bien, pues nada, también modificó mi plan de la tarde. ¿Que has quedado para comprar, urgentemente, unos regalos y has de teletransportarte al centro comercial, con pitufos incluídos? ¡Aaaah, no! De eso nada. Es mejor que tengas que pasar antes por casa porque Pichu y tú os habéis chopado los pies, y porque de aquí a que llegues, aún os queda mojaros otro poquito. ¡Ah! Además, se te va a caer el bolso en la calzada, cuando estés sacando los tropecientos trastos del maletero, y tendrás que agacharte con el rubio en brazos intentando quitarte el paraguas, mientras la pobre Pichu se va calando poquito a poco.
Querida LLUVIA, ¡VETE A PASEO! Y que sepas que en realidad lo que quería era... mandarte a la mierda. Que ya está bien de ser tan contenida con alguien/algo/lo que seas que no se corta ni tres.
Maternidad y LLUVIA=binomio imposible.

28 de noviembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: M de Mamá

MADRE es posiblemente la palabra que mejor me define. Podría decir esposa, amiga, maestra, compañera o mujer sin más, sin embargo, desde diciembre de hace unos años soy por encima de todo: MAMÁ.
Definir MADRE a golpe de diccionario es demasiado aséptico. No creo que MADRE sea una palabra fácil de definir al uso ya que, aunque MADRE no hay más que una, cierto es que hay muchos tipos de MADRES.
Cuando me convertí en MAMÁ mi mundo pegó un giro de 360º que me dejó mirando para el mismo sitio, sin cambiar ni un milímetro mi dirección, pero con un montón infinito de matices en el proceso. De repente pasaba a convertirme en la responsable, junto con Papi de la criatura, de una personita que no había pedido venir a este mundo de locos y que por tanto necesitaba un hogar seguro, estable, y sobre todo, lleno de amor, alegría y muchas ganas de tirar "paralante".
Pichu me hizo el mayor regalo que me han hecho jamás, y que sólo Rubiazo podría igualar años después, me hizo MAMÁ. Y al convertirme en MAMÁ, me pasó el testigo del amor puro, la honestidad, la simplicidad de las cosas, la alegría porque sí y la felicidad en estado puro. Ser MADRE me hizo querer ser mejor persona, alejarme de aquello y/o aquellos que me dañaban para intentar estar a la altura de las circunstancias siempre, darme de lleno, sin tapujos y sin límites, entregarme sin condiciones, amar hasta la luna y vuelta, no copiar patrones viciados e inventarme mi propio rol de MAMÁ... En definitiva, vivir mi nueva etapa plenamente.
MAMÁ es esa persona que te AMA desde que sabe que te espera, que conecta contigo sin más, que te mima desde el primer cruce de miradas, que viviría toda la vida pegada a tu cuerpecito sólo para poder sentir tu calor y evitar que el frío invierno se lo lleve, que te besaría día y noche mientras te acuna, que te canta a pesar de no ser entonada, que te abraza fuerte y cálido, que te mira con cara de tonta enamorada, que te da todo a cambio de nada, que te adora aún cuando te vuelves monstruíto, que se alegra cuando despegas aunque se le encoja el corazón de pensar que creces, que se entrega sin pedir respuesta y sin presionar, que no obliga a sentir de determinada manera, que respeta tus emociones y te acepta tal cual eres, que no te quiere hacer cambiar, que te indica el camino pero no te empuja para que lo sigas, que está cuando te caes por si necesitas ayuda pero no se anticipa, que te presta su hombro, su pañuelo y su regazo cuando se te parte el corazón, que respeta tu intimidad, que no es tu amiga porque ya es tu MADRE, que confía en ti y sabe que tú lo harás de manera natural si no hay presiones, que se enfada muchas veces y sonríe muchas más, que no te juzga porque sólo es tu MADRE y precisamente porque lo es, que no te hace sentir responsable de sus desdichas porque sabe que tú también has de lidiar con las tuyas, que salta de alegría cuando tú lo haces y llora contigo cuando necesitas que así sea, que entra en tu habitación por las noches con cualquier excusa con tal de apartarte el pelo de la cara y besarte en la mejilla, que comprueba veinte veces que no has vuelto a destaparte, que se inventa mil trucos para que el edredón te envuelva toda la noche, que se saca de la manga una cena supermegachachi cuando la nevera y la despensa hacen eco, que se deja pintarrajear la cara y decir que está más guapa que en la vida, que empieza a botar en la cama y te guiña un ojo para que le sigas, que canta tus canciones a voz en grito aunque no estés ya en el coche, que se vuelve repostera porque es una excusa para hacer cosas juntas, que te cura las heridas a golpe de beso y tirita, que querría encontrar la manera de embotellar tus besos para poder llevarlos siempre con ella, que cuando se equivoca te dice "lo siento" porque le duele en el alma herirte, y porque así te enseña que, en esta vida, hay que equivocarse y tener la humildad suficiente para reconocerlo... 
MAMÁ es la que sonríe sólo de imaginar tu carita en cualquier momento del día, la que muere por un beso tuyo en los labios, la que se emociona cada día cuando te recoge del cole o de la guarde como cuando dos personas se reencuentran después de muchísimo tiempo, la que sabe que estás enfermo o con fiebre a pesar de que el resto del mundo piense que no es así, la que intuye que algo no va bien o que estás más que feliz aunque lo calles... MAMÁ ES ESE PILAR QUE PROCURARÁ QUE TE SIENTAS LA PERSONA MÁS AMADA DEL MUNDO, porque lo eres.

En mi caso, ser MADRE es la mayor aventura que me ha brindado la vida, esa misma vida que arranca de tu lado sin preguntar a quien te precede en esta faceta. 
Para mí, ser MADRE es ser INMENSAMENTE RICA y, por tanto, me declaro en deuda con MIS TESOROS, de por vida, para siempre, incluso... "hasta que la muerte NO nos separe".

CON M DE MAMÁ 





11 de septiembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: H de Hugo



Aunque me tienta la "sana" costumbre que había cogido en este carnaval de repetir letras como si no hubiera mañana... Mi cabeza se ha reorganizado (perdón, intentado reorganizarse) con el inicio de curso y he decidido ir recuperando posiciones, porque hay que ser muy burra para, como era mi caso, primero repetir a conciencia, y luego repetir por no saber donde tengo el pie derecho y donde el izquierdo. Bueno, más vale tarde que nunca. 

En la última edición publiqué 3 letras. Permitidme un "parón homenaje" a La REINA DEL AZ, Vero, porque además de ingeniosa y bonita, es la paciencia en persona: 2 era el máximo de letras a publicar de tirón, y aún así no me "fuliminaste" por desobediente, o mejor, por vivir en la puñetera parra. 

Bueno, como decía, publiqué tres, A DE ASENSUALIDAD, B DE BIMATERNIDAD y D DE DANIELA
Evidentemente, detrás del uno va el dos, y no por orden de importancia sino por orden natural, así que mi AZ de hoy es para mi cosa bonita, mi RUBIAZO, el sinvergüenza que me ha robado el corazón y que me vuelve loca: HUGO.

Si "googleeas" un poquito sobre el origen del nombre, su significado según diferentes aspectos de la numerología y demás, esto es lo que encuentras, entre otras cosas:

HUGO:

Nombre Masculino de origen Germánico.
Del germánico: inteligencia.

Análisis por numerología del nombre Hugo

Naturaleza Emotiva: Naturaleza emotiva y protectora. Se expresa por medio del ornato, las relaciones humanas y la vida en el hogar. Ama la reciprocidad y la amistad...


Talento Natural: ... Ama el amor, no por lo que da, sino por lo que es...

Las definiciones de los nombres propios son, cuanto menos, curiosas. Pueden acertar o no, darte detalles demasiado minuciosos como para hacerte pensar que "ni tanto ni tan calvo", pero es curioso que gran parte de lo que tiene que ver con el nombre de HUGO sea lo que yo veo en mi RUBIAZO: AMOR e inteligencia. 
Si yo, dejando a San Google y libros de nombres a parte, tuviera que definir con una o dos palabras a mi RUBIAZO, tengo claro que una de ellas sería AMOR, tal cual, en mayúsculas. Y la otra sería ALEGRÍA. 
La llegada de HUGO a nuestras vidas ha sido un regalo. Un regalo cargado de nuevas emociones y sentimientos, un regalo gracias al cual nos hemos reafirmado como la familia que ya sentíamos que éramos y gracias al que hemos descubierto facetas sobre nosotros que no conocíamos, o mejor, no reconocíamos.


HUGO es AMOR en estado puro. HUGO no entiende de malos gestos, ni de penas, ni de egoísmo. HUGO ha nacido sabiendo que es amado, y por es por ello quizás que su capacidad de "darse" es tremenda. HUGO regala sonrisas, sin más, porque su corazón así se lo pide. HUGO reparte alegría, mira con ojos de duende travieso, con ALMA DE PROTECTOR. HUGO vigila que todo esté bien. HUGO eclipsa las malas situaciones, las erradica a golpe de beso inocente y carcajada limpia. HUGO sonríe a la vida sin reparos ni remilgos. HUGO irradia felicidad por cada poro de su delicada piel y se deja llevar por el son de cada día.

Mi querido HUGO, TE AMO. Me reconozco loca enamorada de tu gran sonrisa, de tu mirada pícara, embaucadora, que embelesa y conquista. Me tienes completamente loca. Es imposible no estarlo cuando veo tu mirada llena de AMOR cada vez que me ves aparecer en escena. Es brutal el vínculo tan físico, tan animal y tan natural que siento por ti. Has conseguido enamorar mi alma y ganarme entera sin que me diera tiempo a reaccionar. Y si digo esto es porque, a diferencia de cuando tu hermana estaba en mi vientre, contigo la necesidad de hablarte, cantarte... no estaba. Había una conexión totalmente interior y mental, hacia dentro, más madura, diferente.
Desde el primer momento de embarazo ya empezaste a darme una de las lecciones más importantes que sólo un segundo hijo puede dar: cada hijo es diferente, a cada hijo se le ama de una manera, pero a todos los hijos se les ama en idéntica cuantía, porque el amor de una madre no conoce límites, ni barreras.
Mi gran duda cuando supe que te esperábamos en 9 meses fue si sería capaz de adorar a alguien como adoro a Daniela. Sentía miedo de no ser capaz de darte todo el amor que mereces. Y sin embargo, nuestra primera mirada, la que cruzamos cuando te dejaron sobre mi pecho en el paritorio, disipó al instante cualquier tipo de duda. DESDE ESE "YA" TE AMO CON TODAS MIS FUERZAS. Es imposible no hacerlo.
Mi RUBIAZO, HUGO, mi pequeño sinvergüenza. El que me roba las noches y las hace suyas. El que, aún hoy, sigue enganchado a mi pecho, bebiéndose la vida a sorbitos de leche. Y yo feliz, rompiendo esquemas.


HUGO, el de los mil apodos y nombres obra y creación de su hermana. El que se adapta a todo, que va a remolque de la loca marcha de esta loca familia, y lo hace con esa SONRISOTA sana y esa cara de helado de limón.
HUGO, el hermano pequeño que se ha ganado a su hermana a base de besos, sonrisas, manotazos "robagafas" y tirones de pelo que quieren ser caricias. El que ha pronunciado, como segunda "primera" palabra el nombre de su hermana, a su manera y en el idioma universal de los bebés, porque la adora, la idolatra y a su vez la quiere cuidar.
HUGO, el pequeño que aún no ha cumplido el año y sin embargo lleva meses de empatía con Daniela, que sufre si la ve sufrir y se vuelve completamente loco de amor al verla aparecer.

HUGO, el rubio que se ha convertido en el "primer amor" de su hermana, que lo adora, lo mima, lo achucha, lo abraza, lo besa, lo cambia, lo cuida y lo marea como nadie. El que sabe que esto es así y provoca a su hermana para que le haga caso para luego apartarla sutilmente en plan "que me agobiaaaaaaaas".
Mi querido niño, soy incapaz de expresar con palabras el sentimiento de revoloteo interno que siento cuando mis ojos y los tuyos se encuentran. 
GRACIAS HUGO por convertirme en madre por segunda vez. GRACIAS por haber llegado para ayudarnos a seguir madurando a Papi y a mí como pareja, como padres, como familia. Por haber venido para acabar de enseñarnos lo verdaderamente importante en esta vida: el núcleo familiar. Gracias por venir a reforzar la alegría de tener un hogar estable y feliz.
Gracias HUGO por ESTAR, SER y EXISTIR. Por dejarte amar tan abiertamente y por amar sin tapujos ni distinciones.

QUERIDO Y PEQUEÑO HUGO: Mil gracias por esta lección diaria de amor desinteresado, generosidad, respeto, superación y alegría. Gracias por dejarme aprender cada día y recordarme que aún nos queda mucho camino juntos por recorrer. Perdona si, muy probablemente alguna vez, no soy la madre que te mereces, porque ya sabes que cometo errores; sólo espero estar atenta y saber subsanarlos a tiempo, porque no mereces otra cosa que no sea bondad.

HUGUITO, no dejes jamás de SONREÍR como lo haces. Serías capaz de mover el mundo con una de esas sonrisas llenas de plenitud. Y yo daría la vida por todas y cada una de ellas.


Te amo. Te quiero. Te adoro. 

CON M DE MAMÁ y H de HUGO