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10 de julio de 2016

El desorden ordenado

Cuando no era madre, mi casa, sus estancias y mis espacios vivían en orden y armonía. Siempre. Soy cuadriculada para algunas cosas (bastantes, vale), y no sé si el famoso equilibrio de los libra también tendrá algo que ver. Soy muy exigente en algunos aspectos, como la puntualidad, mientras que en otros soy más relajada. Y dentro de la maternidad, este equilibrio que compensa exigencias y tranquilidad ha ido cambiando a la fuerza, y bastante.
Siendo madre he aprendido el significado absoluto de la palabra PRIORIDAD. Para empezar, porque desde el momento en que mi primer guisante se asentó en mi tripa, mi modo de vida ya giraba por y para ella. Y así ha seguido, con el segundo de por medio, hasta el día de hoy.
Cuando todo tu tiempo es para ti, para tu profesión, para tus ratos de pareja, para tu casa y tus amigos y familia, considerando todos estos elementos como parte de tu "yo" soltero y sin compromiso, tus prioridades son muy diversas. Cuando todo tu tiempo o el 99% de él es para tu papel de madre, la cosa cambia. Y te das cuenta, un buen día, y después de varios o muchos intentos frustrados de tener la casa impoluta y perfecta, de que intentar abarcar todo a costa de los pocos ratos de descanso que te quedan, o de la pérdida constante de humor y alegría, es tan poco inteligente como la vida que hayan podido encontrar en algún remoto planeta.
Así que, de pronto, asumes de buena gana que los juguetes esparcidos por todo el salón son de lo más estético, que las camas sin hacer no te convierten en la peor persona del planeta y que la ropa que está por doblar y guardar no va a escaparse por pasar un par de días sobre la cama de sobra.
Además, aprendes que lo que está ocurriendo en tu casa es simplemente sinónimo de VIDA, así, en mayúsculas. A que mientras tus hijos estén sanos, crezcan felices y no te falte qué ofrecerles en cada comida ni un lugar para que duerman seguros, el hecho de que sólo sepan jugar sacando absolutamente tooooodo de su sitio, es ALEGRÍA y SALUD.
Que sí, que hay días en que se me cruza al cable, como a media humanidad, y me levanto torcida, o me voy torciendo, y el desorden me molesta visualmente tanto que acaba molestándome anímicamente, al fin y al cabo soy humana y algo de mi yo "premadre" me queda en el cuerpo. Pero son los menos.
A mí me gusta mi casa a colores, con vida, con juguetes en mi cajón de ropa interior (que no sabes ni cómo ni cuándo llegaron ahí), con música sonando, con niños bailando al son de la música mientras se quitan la ropa del día porque van a meterse en la bañera. Me gusta mi casa algo loca, desordenada y, a veces, sacándome de quicio.
Me gusta el DESORDEN ORDENADO que rodea a una familia con niños sanos y felices. Los míos. Me encanta haber aprendido a relativizar ciertas cosas, a dar importancia a las que realmente lo tienen, a aprender de prioridades, a disfrutar del momento. Me gusta enfadarme a veces con el desorden y el jaleo cuando estoy agotada, y a continuación, desenfadarme y aterrizar de nuevo en la suerte de vida y familia que tengo.
Todos tendríamos que aprender del DESORDEN ORDENADO EN EL QUE VIVE LA MENTE DE UN NIÑO, aprender a relativizar el día a día y sus historias con la naturalidad que ellos lo hacen, y así dar verdadera importancia a aquello que realmente la merece por vital.
¿Para qué una casa museo, ordenada y perfecta, si eso supone mal humor, cansancio innecesario, borrar sonrisas y coartar carcajadas y naturalidad inocente?

Yo me quedo con la mía.
Feliz tarde de desorden y domingo.

20 de marzo de 2015

PACO COUSTEAU RODRIGUEZ DE LA FUENTE

Paco es un tipo bonachón, eso a estas alturas ya lo sabemos. Aunque algo cascarrabias, siempre acaba cediendo cuando alguno de sus tres churumbeles (o los tres) le pide algo insistentemente.
Lorelaila y Javichu llevaban tiempo pidiéndole una mascota, y como saben que su padre no es muy amigo de los animales peludos, optaron por darle la brasa con "queremos tener tortuga".
Así que Paco le dijo a la Sole que, aprovechando las Navidades, podían comprar la tortuguita dichosa y que dejaran de darle la lata. La Sole se partía de risa, interiormente, eso sí, de imaginar quién acabaría cuidando al bicho; y no era ella...
 
 
- ¡GRACIAAAAAS REYES MAGOOOOS! - gritó entusiasmada Lorelaila mirando a su padre cuando descubrió aquella bolita verde dentro de la tortuguera.
- ¡Bieeeeen! La llamaremos Rayo. - Gritó Javichu emocionado.
- ¡De eso nada, enano! - Contestó Lorelaila. - El nombre lo elijo yo que la pedí primero.
- ¡El nombre lo elijo yo que para eso soy el Rey Mago, y se acaban las discusiones! - Intervino Paco empezando a estar mosca con el tema tortuguita. - Se va a llamar Maradona.
- ¡Si hombreeee! ¡Qué horterada de nombre!
- Oye - dijo la (santa) Sole - ¿ Y por qué no la llamáis cada uno como os dé la gana? Si total ni va a ladrar cuando digáis el nombre ni os va a traer las zapatillas.
Y así quedó el tema. Total, que la pobre tortuga, que apenas tenía el tamaño de la yema de un huevo, pasó a llamarse Rayo Maradona Violetta o simplemente "el bicho" cuando a Paco le pillaba de mal humor.
Tras las indicaciones pertinentes, Lorelaila y Javichu se dedicaron durante un mes en cuerpo y alma a cuidar, limpiar, alimentar y hasta cantarle a Rayo Maradona Violetta. Pasado un mes, un buen día, Paco entró en la cocina y descubrió que el pobre bicho no tenía comida en su tortuguera, y que el agua muy limpia no es que estuviera tampoco. Como tenía pánico a que aquello empezara a apestar de manera continua, irremediablemente se imagino a la tortuga nadando en una especie de agua estancada, mitad verde mitad marrón, y sin ser especialmente delicado, casi vomitó de la imagen en su mente. Así que pegó el típico berrido paterno. Uno de esos berridos que te hacen volar hasta el lugar del que parece venir la voz, habiéndote puesto previamente el casco de hockey y el chaleco antibalas.
- ¡¡LORELAILAAAAAAA!! ¡¡JAVICHUUUUU!
Silencio absoluto...
Entonces recordó que se habían bajado nada más comer al parque con los vecinos.
- ¡Genial! Y el bicho este a punto de transformarse en Alien Predator, mierden. Sabía yo que me tocaría a mí limpiar a Maradona.
Y así fue como Paco dejó de ser Paco para convertirse en una mezcla entre Jacques Cousteau y Félix Rodríguez de la Fuente.
Después de hacer una lista mental de lo que iba a necesitar, fue sacando lo que consideraba imprescindible para la operación "salvemos el bicho verde":
- La nueva manopla de horno de la Sole (que si se enteraba se la iba a poner en bocadillo).
- El cucharón para servir sopa del juego de plata que les regaló su suegra (y que a Paco le parecía de "plata de la que caga la gata").
- La ensaladera grande de la vajilla de la boda (que total, sólo veía la luz en Navidad).
- El pañuelo de seda que Sole tenía colgado en la entrada (y que sería el acompañante de la manopla en el bocadillo si lo pillaba en plena maniobra).
- ¡Todo listo! ¡Vamos allá, bicho!
Paco se puso el pañuelo a modo de mascarilla de cirujano y abrió con sumo cuidado la tortuguera (vale, en realidad, la abrió con miedo, pero si lo digo, la que se come el bocadillo de manopla y pañuelo, soy yo). A continuación cogió el cucharón e intentó cazar a la tortuga tres veces, sin mucho éxito. Cada vez que parecía que la tenía, ésta se lanzaba al agua más rauda que la luz (la pobre tenía más miedo que Paco, porque olía la falta de destreza a distancia y temía acabar esclafada en el suelo como un huevo). A la cuarta, finalmente, logró que la tortuga quedara encajada en el cucharón y se dispuso a pasarla a la ensaladera, cubriéndola en el trayecto tortuguera-ensaladera con la manopla. Sin embargo, Rayo Maradona Violetta (de todos los Santos) se lanzó de cabeza al plato en el que Sole le había dejado a Paco las tostadas de la merienda.
- ¡ME CAGÜEN TODO LO QUE SE MENEA Y EN EL BICHO VERDE Y MOJADO DE LAS NARICES!
Rápidamente, dejó el cucharón y se puso la monísima manopla, y dejó que su mano persiguiera a la tortuga por todo el banco de la cocina. Rayo miraba a Paco con pavor.
- ¿Qué gambas quiere este tío loco? ¿Cocinarme?
Paco, tozudo como ninguno, consiguió por fin meter a la tortuga en la ensaladera, y por si acaso se le ocurría levitar, cubrió la mayor parte con papel film, para así poder limpiar tranquilamente la tortuguera.
Después de un chorro de limpiador de wc y otro de limpiacristales, y litros y litros de agua, Paco estaba sudando, rojo como un tomate y agotado. Eso sí, la tortuguera lucía impoluta. Vamos, que ni cuando la compraron estaba así.
Llenó la casita de Maradona de agua como si se tratara de una piscina olímpica y volcó la ensaladera dentro, para evitar otro escape del bicho rebelde.
Dejó la manopla en su sitio (¡Paco, eso es una gorrinadaaaaa!), tiró al fregadero la ensaladera y el cucharón (¡gracias al cielo!), dejó el pañuelo de la parienta donde estaba y se puso a buscar la comida de la tortuga.
- ¡Ya estamos con estos niños! ¡Nada en su sitio, eh! ¿Dónde leñes han dejado la comida del bicho?
Nada. Por más que buscó, allí no había señales del bote de pienso especial para tortugas.
- Bueno, a ver. ¿Estos bichos no son comehierbas? Pues algo habrá por aquí.
Paco abrió la nevera y cogió el tupper de pimientos del piquillo del día anterior, y un trozo de la tortilla de habas del almuerzo, y le puso un pedazo de cada en el comedero a la tortuga.
- ¡Ale Maradona! ¡Arreglado! ¿No te quejarás, eh? ¡Plato combinado! Y no te pongo vino porque ensuciaría el agua y me ha costado lo suyo limpiarte la casa, maja.
Y allí dejó Paco a la tortuga.
A las ocho de la mañana siguiente, un grito desgarrador levantó a Paco y Sole de la cama.
- ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Paco y Sole volaron a la cocina seguidos de Tamarafalcó y Javichu. Allí, junto a la tortuguera estaba Lorelaila llorando amargamente, con Rayo Maradona Violetta en la mano, más tiesa que un palo, y junto a ella dos tipos que le resultaban muy familiares, vestidos de manera peculiar, uno parecía un boy scout y el otro el capitán pescanova.
- ¿QUÉ TE HAN HECHO? - Gritó Paco mientras apartaba rápidamente a su hija de aquellos señores.
- Nosotros nada, Paco. - Habló el que parecía un boy scout pero con bigote.
- ¿Qué has hecho tú, Paco? ¿Qué le has hecho a la togtuga? - Preguntó el marinero.
- ¿¡Yo!? ¿A la tortuga? ¿Y QUIÉNES SON USTEDES QUE ENTRAN AQUÍ ASÍ, ME ACUSAN DE NO SE QUÉ Y ASUSTAN A MI HIJA? - Paco volvía a ser el Paco cabreado "nometoqueslosanacardos que me conozco".
- Nosotros sólo hemos venido ante la llamada de SOS de tu hija. Somos Jacques Cousteau y Félix Rodríguez de la Fuente. - Dijo el de traje de boy scout, mientras lo miraba con incredulidad ante su ignorancia.
- Papá... ¡PAPAAAAÁ! ¡QUE TE HAS CARGADO TÚ A LA TORTUGA! ¡QUE LA HAS MATADO PORQUE NO QUERÍAS TENER BICHOS! ¡QUÉ FUERTEEEE! - Lorelaila no podía dejar de llorar.
- Pero, pero, ¡pero que nooooo! Si yo la limpié porque la habíais abandonado y estaba empezando a apestar. Si le di de comer mejor que a un rey, leñes.
- Paco, buen hombgre, y ¿se puede sabeg qué le diste a la togtuguita? - Preguntó el marinero.
- Pues como estos han perdido su comida - dijo señalando a Lorelaila y Javichu - le puse un buen trozo de pimiento del piquillo y otro de tortilla de habas. Se quejará el bicho. Fijo que no está muerta, coñen, que estará de siesta larga.
- Pues no hijo no, te las has cargado. ¿Pero cómo narices le das eso a un galapaguito bebé? - Le preguntó alucinado el explorador.
- ¡Bueno, oiga, ya está bien! ¿VIENEN A AYUDAR O A MALMETER? ¡Que con la vecina ya tengo bastante! ¿Van a resucitarla o qué?
- No, Paco, nosotgros no podemos haseg eso. Somos espíguitus, no magos, que te lías. Hemos venido a consolag a tu hija y aconsejagte a ti.
- ¡ENTONCES, ARREANDO, QUE ES GERUNDIO! ¡Caminito de la selva y del mar, que me están empezando a tocar los anacardos pero bien! ¡YA NO SE ME RESPETA NI EN MI CASA!
Y mientras salían ambos grandes de la naturaleza por la puerta, horrorizados del malabestia de hombre que se había cargado a la pobre tortuga por ignorante, Paco se limpió disimuladamente una lagrimita que amenazaba con caer.
- Esta tarde vuelvo a por una tortuga, no os preocupéis, que con lo que me ha costado limpiar la caja me falta que se quede de adorno. - Dijo Paco a sus churumbeles, queriendo parecer duro, pero sonando a blando que no veas.
- No papá, yo ya no quiero tortuga, que era un rollo. - Soltó tan fresca Lorelaila. - Ahora quiero peces.
La mandíbula de Paco cayó hasta la tortuguera, y casi casi recoge el único trozo de tortilla que se había dejado Maradona. Sole, salió de la cocina rapidito, para que el pobre no la viera mondarse de la risa a su costa.
Y esa misma tarde, Paco pasó una hora y media en la tienda de animales del barrio eligiendo peces, cargando comida, pecera y escuchando instrucciones, bajo la atenta mirada de Cousteau y Rodríguez de la Fuente, que vigilaban todos y cada uno de sus torpes movimientos.
FIN.
CON M DE MAMÁ, C de COUSTEAU y R de RODRÍGUEZ

22 de febrero de 2015

¡Hola Paco, soy tu Menstruación!

Paco, que no llevaba buen día aquel martes, levantó la vista al notar que alguien ocupaba la silla libre de la mesita en la que plácidamente leía el Marca y se tomaba su caña. Había salido a comprar el pan y aún no había vuelto; hoy su mujer y sus tres hijos le tenían hasta los mismísimos.

Al descubrir una mujerona, vestida con un traje chaqueta estilo secretaria todo rojo, con el cabello suelto, lacio y larguísimo, ojos color miel y pestañas postizas que lo miraba escrudiñadoramente, no pudo remediar el impulso y soltó el nada gracioso y pasado de moda:

-Ola, ke ase? (Así, sin hache, con k y comiéndose un signo)
Ella, lo miro entre divertida, seria y resignada y le soltó con solemnidad:
-HOLA PACO, SOY TU MENSTRUACIÓN.

-¿PERDOOOOÓN? - Paco escupió el trago, miró a diestro y siniestro buscando la cámara oculta, y luego se aseguró de que lo que bebía era cerveza y no tequila.
-Lo que has oído, majete, soy TU MENSTRUACIÓN. ¿O no ves mi traje? Vamos hijo, que más cante no puede dar.
-Mira bonita, sin ánimo de ser grosero, por mí como si eres la menopausia, puedes ir pirándote por donde has llegado, que con cuatro en casa tocándome las bowlings ya voy servido.
-¡Jajajajajaja! ¡La menopausia dice! Sabía que en el fondo tenías alma de comedia! Tranquilo, Paquito, que ésa te vendrá a visitar en unos añitos. No te adelantes.

Paco estaba empezando a notarse nivel de cabreo máximo, y como estaba en la cafetería de la esquina de casa, no le apetecía montar allí el numerito, que luego todo se sabe, y le faltaba la bronca de la parienta por eso. Así que se levantó bruscamente, dejó un par de monedas en la mesa y se dirigió a la puerta sin decir ni adiós. Vamos, que le faltó escupir.
-Vaya gentuza, leñe. Si fuera una broma de ésas que me puede acabar llevando a Gran Hermano, tira, pero esa tía está muy loca.
Y sin más, y por si acaso, se dirigió rapidito a su portal. Sin el pan, claro.
Conforme salió del ascensor y fue a meter la llave en la cerradura...

-HOLA PACO, SOY TU MENSTRUACIÓN.
Paco pegó un bote y se giró con más miedo que mala leche.
-¡Y yo tu p...madre! ¡Leñe ya! ¡Irse, coñe, irse!
Ante semejante escandalera, la vecina de la puerta 9, cotilla profesional, abrió la puerta para preguntar.
-¿Se puede saber qué pasa, Paco? ¿Quién es esta señorita? ¿Será tu hermana, no?
-Señora, métase usted donde nadie la busque, ande. 
-Pero entonces es tu hermana, ¿no? ¡Ayyyy que disgusto la Sole cuando vea a la de rojooooo! 

Paco, con espuma en la boca, la cara roja como una fresa (con puntitos y todo, sí) y los pelos de punta, le soltó tal grito a la vecina cotilla que en breve todo el rellano había salido al descansillo, incluída la Sole con Javichu, TamaraFalcó y Lorelaila.

-¡NO SEÑORA, NO ES MI HERMANA! ¡ES MI PUÑETERA MENSTRUACIÓN!

Y ante la estupefacta mirada de su mujer e hijos, y del resto de vecinos, LA MENSTRUACIÓN DE PACO habló:

-Sabía que acabarías por asumirlo. Es lo que hay, cabezota de los cocos, que llevo años persiguiéndote, más o menos unos 28, y no hay manera tío, que un poco más y se me adelanta tu Menopausia, leñe. Acepta la evidencia, es lo que hay. Soy TU MENSTRUACIÓN. Si no, ¿a qué crees que se deben esos cambios de humor que sufres al menos una vez al mes? ¿Y esa falta de ganas de comunicación? ¿Y ese morro torcido constante? ¿Y esa vena de machito ibérico que te dura una semana y que luego te vuelve a dejar hecho un calzonazos? Me lo debes a mí, pardillo. Así que coge lo que es tuyo y deja de meterte con tu mujer y tus hijas cuando vienen a visitarlas mis primas.
Aquí tienes - le dijo mientras le entregaba un maletín rojo sangre- cortesía de la casa: El kit de supervivencia menstrual. Lleva compresas con y sin alas, normal y súper, paracetamol a mansalva (que no hace nada, pero es mejor que el ibuprofeno y tú ya tienes una edad en la que cuidar tu estómago), chocolate negro al 90%, 30 vales para helados en cualquier supermercado y un lote grande de tampones marca blanca, que los de marca van caros. No me mires así, yo tampoco quiero imaginarme qué puedes hacer con ellos. ¡Suerte Paco!

Y dicho y hecho, LA MENSTRUACIÓN DE PACO se fue por donde había venido, o sea, por el otro ascensor, entre aplausos y vítores de todas las mujeres del rellano, y los saltos de alegría y las lágrimas mezcla de risa y emoción de su mujer y sus hijas.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Pero sólo éste, porque en diez años le toca el turno al de su Menopausia. Lo bueno es que ésta no tiene un color de traje definido y es bastante más insistente e inoportuna, así que igual hasta lo pilla en el curro.

FIN

Desde aquí, mandamos un cariñoso y comprensivo saludo a toooodos los Pacos del mundo, que no son pocos, porque nosotras, mujeres conscientes de nuestros cambios y valientes sufridoras de críticas cada mes por tener la dichosa visita, entendemos que el pobre Paco debe pasarlas putitas cada vez que ovula, menstrúa y demás. Desde aquí pues, os enviamos un saco de paciencia y otro de capacidad de aguante del dolor abdominal, que os van a hacer mucha falta majete. ¡Saludos!

CON M DE MAMÁ y de MENSTRUACIÓN

12 de julio de 2014

I CURSO DE LEVITACIÓN PARA MADRES. Información aquí.

He detectado la imperiosa necesidad que tenemos algunas las madres de LEVITAR en ciertas situaciones en las que caminar no es la mejor opción
Es por eso que estoy a la busca y captura de un/una buen/buena profesional que nos haga unas cuantas sesiones por videoconferencia online, ahora que está de moda hasta para los cursos de inglés que te capacitan para dar clase (y asegurar así el fracaso idiomático del país). 
De momento, tengo el programa que seguiremos elaborado y listo para ser llevado a la práctica. Así que, mientras aparece mi Uri Geller particular, aquí os lo dejo, para que vayáis abriendo boca.

1ª sesión: Levitar vs esparcir la arena de la playa por toda la casa.
En esta sesión, Uri (vamos a llamarl@ así) nos enseñará la utilidad de la levitación cuando, en un arranque de espontaneidad de padres modernos, decidís pasar la tarde en la playa sin más preparación que una pobre toalla y la bolsa de los juguetes. Eso, obviamente, implica que volvéis totalmente empapados con la ropa de calle escupiendo agua y arena por los cuatro costados. Además, la entrada a casa con niños nunca es el idílico "directitos al cuarto de baño", siempre hay quien se desvía y pasea media playa por toda la casa. Los demás sólo tienen que pisar lo que ya ha tirado el primero y ya está el lío montado. Si pudiéramos levitar... ¡me iría a la playa todas las tardes, sin toalla y sin apaños ni "por sis"! Entraríamos rozando el techo, sacudiríamos a nuestras perlas encima de la bañera, y ¡listo!

2ª sesión: Levitar vs pisar la taza de leche derramada por toooodo el comedor.
En esta sesión aprenderemos que, pasar el mocho a un metro del suelo y en posición de flor de loto, es el mejor invento del año, sobre todo cuando tu hija, en un gesto de habilidad máxima, ha tirado su taza llena llenísima de leche con chocolate, y ha salpicado hasta la pared del vecino, y no hay margen por donde pasar (y pisar) sin liarla parda y acabar dejando huellas por todas partes.

3ª sesión: Levitar vs llevar a tus dos retoños amarrados a la pierna en un ataque competitivo de "mamitis".
En esta sesión aprenderemos que una tarde de mamitis máxima, en la que ambos monstruítos te persiguen por casa como si no hubiera mañana, puede acabar en un espontáneo "pilla-pilla" en el que, mientras tú vuelas de cocina a habitaciones repartiendo la ropa doblada y demás, ellos van por bajo tuyo corriendo y saltando intentando pillarte; resultado: acabas la faena a una hora decente, pasas la tarde con ellos a la vez y, lo mejor, ¡a las 20:00 están ambos sopa total del ejercicio y la tensión vividas!

4ª sesión: Levitar vs dar un tranquilo paseo en el que acabas cargando a los dos en brazos.
En esta sesión, algo relacionada en metodología con la anterior, perfeccionaremos la técnica de la levitación llevando a nuestros hijos justo debajo, como si fuéramos paraguas, exacto. Si se da el caso de salir a pasear y empezar a escuchar la dulce cantinela de "estoy cansaaaaaad@" junto con algún "maaaaaaaaa / papaaaaaaaaaaá" tan sólo cinco minutos después de empezar, la levitación conseguirá que acabemos al menos la vuelta a la manzana con ellos entretenidos intentando cogernos y evitaremos así cargarlos a brazos. Será un paseo corto, pero intenso, con un resultado similar al obtenido al aplicar la técnica en la sesión anterior.

5ª sesión y última: Levitar vs discutir con todo quisqui.
Ésta, además de dar un repaso por todas las anteriores, cerrará el curso con la levitación como modus operandi cada vez que alguien venga a tocarnos las balls que no tenemos. Es decir, llegados a este punto de control máximo de la levitación, evitaremos situaciones de máximo estrés aplicando la técnica y dejando al de enfrente con tres palmos de narices y totalmente amnésico de lo que estaba criticando/diciendo, como cuando los Men in black sacaban el boli ese tan chulo. Situaciones tales como: "¿aún le das teta? / ¿no le das teta? / ¿sólo le das bibe? / será que no tienes suficiente leche / ¿quieres una rosquilleta, que la mami no te da de comer? / es demasiado grande para ir en brazos, que camine / ¡uyyyyyyyy, se va a acostumbrar! / este niño es muy malo (aquí aplicaremos levitación con escoba, para dar en la cabeza del parlante al levantar el vuelo) / la mamá es tonta (de nuevo, levitación con escoba o con mocho lleno de lejía) / a tu edad yo ya los tenía criados / se te va a pasar el arroz / se te está pasando el arroz / ¿y cuándo dices que le quitas el pañal? / ¿aún con pañal? ... Y en general, cualquier situación que conlleve en sí impertinencias máximas, dichas por quien sea, y que supongan una híper ventilación mayor de la acostumbrada por parte de quien las recibe. La aplicación de la levitación aquí es sencilla: a la primera palabra que levantara sospechas... ¡ARRIBAAAAAAA!  La cara de panoli de los de abajo no tendría precio. 
Es por eso que está sesión, que requiere un control casi perfecto del método, clausuraría el I CURSO DE LEVITACIÓN PARA MADRES.

Las sesiones serán grabadas, es decir, en diferido, pero con un chat abierto 24 horas con nuestr@ Uri Geller, para que así las visionéis cuando podáis (momento teta, mientras estáis en el trabajo o de camino a él...) y consultéis vuestras dudas en el momento que podáis hacerlo. Os mantengo informadas de las novedades. 
Mientras tanto, no es mala opción que os hagáis con unos zancos 
Imágenes tomadas de http://zancos.wordpress.com/
y vayáis acostumbrándoos a las alturas.

Un abrazo.

CON M DE MAMÁ y L de LEVITAR