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4 de octubre de 2015

MUJERES VALIENTES

Yo conozco unas mujeres que no presumen de nada aunque podrían hacerlo. Conozco unas mujeres que llevan escrita la palabra "valiente" en cada poro de su piel. Son unas mujeres que no temen dar el paso. Mujeres que luchan cada día por ser mejores y dar de sí el máximo posible.
Yo conozco unas mujeres a las que admiro por diferentes razones, pero sobre todo porque son humildes. Conozco unas mujeres que jamás pierden la sonrisa cuando las adversidades se vuelven más crueles que de normal. Son unas mujeres que defienden su condición de madres y no madres o futuras madres junto con su labor profesional sin dejar de lado nada. Mujeres que ponen el alma en todo lo que hacen, aunque algo duela mucho.
Yo conozco unas mujeres que se levantan cada día con tanta fuerza que ni las malas noches ni los malos sueños pueden con ellas. Conozco unas mujeres que a pesar de las heridas y de que la negatividad les ronde no se dejan sucumbir a sus encantos y le dan la espalda al abandono. Son unas mujeres que brillan sin saberlo y que dejan huella en quienes conviven con ellas aunque sea un poquito. Mujeres que me aportan más esencia de mujer que cualquier perfume comercial o frase barata de cuento.
Yo conozco unas mujeres que caminan bien erguidas a pesar de sus pesadas mochilas. Conozco unas mujeres que mueven montañas sólo con pestañear o ladear la cabeza. Son unas mujeres poderosas, libres, verdaderas, capaces de todo y sin miedo a nada. Mujeres a las que admiro y que la vida ha puesto en mi camino para suerte mía.
Yo conozco a Marta, a Leticia, a Elena, a Sandra, a Moni, a Maica, a Cris, a Susana, a Paca, a Pura, a Amparo, a Selina, a Estela, a Carol, a María, a Carmen, a Ester, a Vero, a Paula, a Majo, a Cynthia, a Estefanía, y a Ana P.
Conozco a estas mujeres porque el destino, la fortuna o las circunstancias quisieron que un día nuestras vidas se cruzaran. Algunas llevan conmigo toda la vida, otras han ido llegando con el paso del tiempo, otras han aparecido hace poco, puerta con puerta o fruto de los reencuentros que tenían que venir. Todas y cada una de ellas son especiales. Todas y cada una de ellas aportan o han aportado a mi vida mucho más de lo que se imaginan. Aunque pase el tiempo, aunque vayan y vengan, a pesar de la ausencia y de no tantos momentos juntas... SON LAS MUJERES MÁS VALIENTES QUE CONOZCO. Porque todas han encontrado, y encuentran, grandes piedras en su camino, pero en vez de tropezar, las usan para sentarse y hacer un alto en su sendero o se paran a pintarlas con los colores del arco iris.

Yo conozco unas mujeres que lloran con lágrimas o sin ellas porque saben que LLORAR ES DE VALIENTES. Conozco unas mujeres que se estremecen ante la injusticia y que se enfadan cuando la vida se pone en plan borde, pero que a pesar de todo tiran para delante con la fuerza de un ciclón.

Yo conozco esas mujeres. Y soy muy, muy, muy afortunada.  Porque esas mujeres valientes SON MIS AMIGAS.

22 de abril de 2014

Sin frenos

O eso parece, por como vienen siendo estos últimos días.

El cuerpo es sabio, ya lo dijo... Mmm, no sé quien lo dijo porque decirlo lo dice todo el mundo, pero parece que así es. Y por ello te va dando señales (o gritos) para que vayas frenando el ritmo. Pero como los humanos nos solemos creer todopoderosos, seguimos forzando la máquina hasta que...

Un buen día caes, en picado, sin frenos, a mucha velocidad.... Y el golpe es grande y duele. ¡Te duele! ¡A ti! La que puede con todo, la que tira de su carro y del de quien lo necesite, la que sonríe a pesar de todo, la que saca 28 horas al día... 
He caído físicamente. Mi cuerpo ha reventado y yo, que jamás me contagio de nada, he mandado a paseo esa inmunidad que adquieres con los años de experiencia de maestra, y he pasado unos días en los que no he levantado cabeza, y que aún colean.
Tener la sensación de vivir las cosas a cámara lenta cuando tienes por norma ir al ritmo de la legión, se lleva mal, muy mal. Sobre todo si tu nuevo ritmo te impide ocuparte como es debido (o como tú crees que lo es) de tus hijos, que tampoco están en su mejor momento. En estos días hubo un momento en que, estando mi marido y yo malos-malísimos, Pichu volvió a recaer con vomitona a lo grande y, lo juro, tuve la sensación de que salía de mi cuerpo y observaba la escena desde fuera, todo caos, a cámara lenta. Sí, probablemente ayudó la fiebre, que también tuve. El caso es que llegué a sentirme desesperada. 
Me considero una persona vital, con mucho humor y kilos de ironía para ayudar a relativizar las dificultades que, como cualquier hijo de vecino, he vivido; soy una persona positiva (empiezo a pensar que "lo era") y que siempre tiene una sonrisa en la boca. 
Sin embargo, mi vitalidad se ha ido de vacaciones (de Pascua, las mismas que me ha jorobado al largarse) y mi alegría y positividad peligran seriamente. De hecho, al venirme hacia la habitación con Rubiazo y sus 39 grados (seguimos para bingo por aquí), me ha parecido verlas con una maleta abierta y cuchicheando. No sé si llevaban billetes de tren o de avión, pero parecían contentas, valga la redundancia.
El cuerpo es sabio y está íntimamente ligado al alma. Yo tengo el alma partida desde hace 6 meses y 3 días. Echo de menos a mi padre todos los días, muchas veces y mucho rato. Y no hay consuelo para ese dolor. Esa rotura me ha ido desgarrando poquito a poco cada día, disimuladamente casi siempre, con más estrépito alguna que otra vez. Pero ser madre te obliga a subir la cabeza, alzar la mirada y tirar "palante" para estar a la altura de tus hijos, que se lo merecen todo. Además, eres esposa, y aunque tu marido sea un sol y exija poco o nada, la relación de la pareja está ahí. Y eso lo haces un día tras otro, junto con tus obligaciones laborales y los extras que te salen o que inicias porque, sí, también amas tu trabajo. A eso le sumas la negatividad del entorno, que la hay señores, las malas vibraciones y el karma "espeso" de algunos individuos con los que te cruzas en tu día a día; añades la casa, o mejor, tu manía de querer tenerlo todo controlado y ejercer de agenda electrónica familiar, tu facilidad para romper tus pocos planes personales a la primera que tus hijos mueven una pestaña y... Voilà! ¡CÓCTEL MOLOTOV listo para servir!
El bajón físico que he dado en estos 6 días en los que mi cuerpo ha explotado, mientras el resto de la familia también caía, ha sido muy grande. Y me consta que este episodio no sólo me ha tocado a mí, lo vivimos muchas madres (y padres) a diario. 
Llevamos un ritmo de vida frenético, acelerado. Todo son prisas, segundos que restan, planes que se montan sobre planes: familia combinada con trabajo, casa, agenda social... Vivimos en una vorágine que empieza a darme miedo. 
Como inevitable consecuencia, llevo un par de días planteándome si todo esto vale de verdad la pena o no sería mejor que nos buscáramos un pueblito perdido y nos fuéramos allí a DISFRUTARNOS, pero de verdad. A vivir sin prisas, sin atascos, sin "corre Pichu, que no llegamos", sin la fugacidad obligada de los pequeños detalles, sin la prisa por quemar un día tras otro porque sí, sin desear que llegue la noche "porque no puedo más"... Así NO ES VIDA. Así no, señores míos. Porque la vida no mata de esta manera.
Así que, aludiendo a mi modo positivo de entender las circunstancias que a cada uno le toca vivir, diré que ME HA VENIDO DE MARAVILLA CAER TAN HONDO para quitarme la venda. La misma que me estaba dejando actuar por pura mecánica, por inercia y sin control alguno de mis momentos (y eso que soy de las de disfrutar intensamente de las pequeñeces del día a día).
Así que... ¡HASTA AQUÍ! 
Y releeré estas palabras tantas veces como necesite para autoconvencerme de que, como dice una amiga, CORRER ES DE COBARDES, y, la verdad, a estas alturas yo ya le he demostrado a la vida que valiente soy un rato.

CON M DE MAMÁ y S de STOP!

28 de julio de 2013

Autopista hacia el cielo

Hoy he captado accidentalmente este momento en el que las nubes dibujaban una autopista de algodón en el cielo. Esta imagen, tan nítida, tan tangible, que casi parecía tener forma de verdad, me ha causado un encontronazo de sentimientos importante. Lo primero que me ha venido a la cabeza es lo mucho que me gustaría que esa autopista ante mis ojos fuera real, para que así las personas que nos faltan pudieran no estar tan ausentes en ciertos momentos de nuestras vidas. Y para que también nosotros pudiéramos pasear hasta allí siempre que lo necesitáramos. Sería maravilloso poder subir a por ese abrazo que nos hace falta en algunos momentos, esas palabras de aliento que necesitamos a veces, o a acabar esa conversación que tenemos pendiente o que nunca tuvo lugar. Después me ha venido un escalofrío enorme al pensar que algún día, ojalá muy lejano, tú estarás allí arriba y yo aquí abajo echándote de menos. Necesitando tus llamadas y tus consejos médico-paternales, tus abrazos, tus besos, tu mirada de orgullo paternal al observarme siendo madre mientras que en tu fuero interno aún sientes la necesidad de protegerme como si fuera una niña. La siguiente carita que ha acudido a la fiesta de pensamientos ha sido la tuya, la de mi princesa, la de mi pequeña mujercita que ya plantea el tema de la muerte con cierta angustia cuando piensa que algún día yo no estaré con ella, y que llora amargamente pidiendo que no me muera nunca porque, al no saber medir el tiempo, mi "para eso falta muchísimo, primero he de hacerme muy vieja" le suena a excusa barata, a "¿y si muchísimo es mañana?", y lo dice mientras me mira las arruguitas de los ojos y afirma "¡pero es que tú ya tienes 'rallajos'...!" Aunque, por suerte, respira algo más tranquila cuando le explico que esos rallajos son de lo mucho que nos reímos juntas y no son para preocuparse. Y luego, mi pequeña investigadora, me lanzas la pregunta más difícil que me hayan hecho nunca "¿y por qué nos morimos?". Y, como por instinto, me sale decirte que morimos cuando nuestro cuerpo deja de funcionar, como cuando una máquina o un aparatito se estropean, porque nuestro corazón, o alguna otra parte importante de nuestro cuerpo, se averían y empiezan a funcionar mal, o son tan viejitas que ya no pueden repararse, y entonces, dejan de hacer su trabajo, y nuestro cuerpo se para. Pero ¿sabes un secreto? Nuestra alma, que vive escondida en nuestro corazón, se pone un vestido de estrella y brilla cada noche por las personas que nos quieren y a las que cuidamos con nuestra luz mágica, para que siempre se sientan protegidas y no tengan miedo al cerrar los ojos. Y tú, mi corazón bonito, mi verdadera estrella de luz, meses después, recuerdas perfectamente lo que te conté y me preguntas por las estrellas, pero sin lágrimas en los ojos y con una sonrisa tranquila. Y entonces vuelvo a pensar en ti y en mi pequeño Rubiazo, en que sois mi luz, mi vida, mi alegría diaria y mi razón de lucha. Y en que, el día en que me vaya, para el que os prometo que queda mucho porque mis arruguitas son sólo de felicidad, caminaré por esa autopista sin coches, tocando las nubes, mientras os miro tranquila y os lanzo besos con trozos de nube que llegan a vuestros labios y os acarician la cara. Tranquila de saber que seré la estrella que ilumine vuestros sueños, sueños que viviréis juntos porque tendréis el mejor legado del mundo: el amor de vuestros padres y el saberos amigos más que hermanos. CON M DE MAMÁ y A de Autopista hacia el cielo

18 de julio de 2013

10 razones para seguir zampándome mi bocatita de Nutella todas las noches...

..."y no sentirme culpable". 
Este final entrecomillado lo que viene a indicar es que en ningún momento me he sentido mal por hacerlo, simplemente, quedaba bien. :)
Pero empecemos la casa por los cimientos, y no por el tejado como nuestros polítc(uch)os hacen con cualquier punto importante que ataña a los de a pie: educación, sanidad y demás banalidades por las que el pueblo nos indignamos, para su asombro general. 
Esta mañana bien temprano me ha dado un bajón de azúcar que creía que acababa conmigo, y para que yo, que soy mala hierba, piense eso, ya tenía que estar mal. 
Hacía tiempo que no me pasaba. Y cuando, al fin, después de unas largas horas más de ida que de vuelta, empiezo a ser persona, caigo en la cuenta: ¡ayer por la noche no me zampé mi pan de leche con Nutella! Y encima, toda veraniega yo, sólo había cenado una mini microscópica ensalada de pasta y fruta a mansalva. 
Vamos, que mi nivel de azúcar en sangre, ante semejante complot, ha hecho las maletas esta madrugada, aprovechando algún rato en el que dormía, y ¡se ha dado al piro!
Así que después de este cruel, pero merecido, abandono, he decidido elaborar una lista de razones explicando por qué es necesario, y debería ser prescripción médica generalizada, al menos para pa/madres en edad de criar, tomarse un sandwich de Nutella antes de acostarse. 

Y, sin más, ahí van mis 10 razones "nutelleras":
  1. Primera y principal: para evitar que tu azúcar se vuelva fugicida y te abandone, porque se pasa realmente mal con su ausencia.
  2. Porque si compras pan de leche y no lo gastas, caduca.
  3. Porque si el pan caduca, lo acabas tirando y, por tanto, estás tirando dinero a la basura. Y no está el horno pa' bollos.
  4. Porque la Nutella te da la energía que necesitas para empezar el día, que lo dice Valentino Rossi, y él sabe mucho, que gana todas las carreras. Sí, lo he dicho bien, "para empezar", porque a la hora que una madre/padre puede permitirse un "resopón" es pasadas las 12 de la noche, es decir, ya está empezando el día (el día siguiente digo).
  5. Porque si te vas a la cama con un antojo tan simple sin satisfacer, tienes pesadillas horribles y no descansas bien... Vaaaaaale, yo descanso poco igualmente, ya sabéis: teta y demás, peeeeero, lo poco que descanso descanso, feliz.
  6. Porque "dame pan (con Nutella) y llámame tonto".
  7. Porque ...me paso el día de juerga, toda la noche sin descansar...
  8. Porque el pan (con Nutella) es uno de los elementos de la base de la pirámide alimenticia. ¿Sí o qué?
  9. Porque Nutella empieza por nnnnnnnnn, como diría Pichu, y no por otra letra, y eso, ¡mola!
  10. PORQUE YO LO VALGO.
¿Qué? ¿Os hace un bocata de Nutella? Ale, ¡pues nos vemos esta noche en la cocina!


CON M DE MAMÁ y N de NUTELLA

11 de mayo de 2013

OMG! ¡La "kriptonita" me está matando!

Llevo mucho tiempo pensando que las mamis modernas venimos de otra galaxia. O bien que en el momento en que "nos embarazamos" nos abducen unos alienígenas (sí, como en las pelis, con luz focal que baja hasta nuestra cama y toda la pesca) y nos devuelven al rato cargadas de una energía extraña que nos permite hacer cosas que nadie más puede (ni sabe) hacer. La otra opción es... que directamente nacemos con un gen de "súper poderes". 
Al final, me he decidido por esta última opción. Es la que veo más viable. Además, hace poco, navegando por estos lares algo nuevos para mí: blogosfera, twitter y demás, descubrí que otra mamá bloggera, Sarai Llamas (si queréis conocer su blog, pinchad AQUÍ... ¡mola mucho!) utilizaba el siguiente grito de guerra en su cabecera de twitter: "Yo soy madre... y tú ¿qué súperpoderes tienes?". Así que me di cuenta de que yo no era la única con esa sospecha. Entonces, lo supe: LAS MAMIS MODERNAS TENEMOS PODERES PODEROSÍSIMOS.
Y encima los tenemos sin tener que llevar capa, ni braga-faja marcona, ni botas de tela, ni movidas rollo súper heroe (que bastante costumizaditas vamos ya de normal con leche agria, manchurrones de papilla, pinzas sujeta-flequillos y demás cosas glamurosas. By the way, esto vendrá con más detalle en mi próxima entrada). Las mamis modernas tenemos suficiente con nuestro par de tetas, o de biberones, para gustos colores.
Lo mejor de nuestros súper poderes es que se multiplican. No, no me refiero a la potencia, no me seáis tan obvios. Me refiero a que se van... reproduciendo entre sí, por decirlo de alguna manera, de manera que conforme pasan tus minutos, horas y días como mami moderna, vas dándote cuenta de que has adquirido un nuevo don. Oye, que esto es muy serio, hagan el favor de guardar la compostura.
El poder que más he desarrollado yo últimamente es el de la teletransportación. Pero vayamos por orden, que ya sabéis que yo soy muy "de listas". Así que, para no perder costumbre, paso a enumerar unos cuantos súperpoderes, los más básicos, que fijo que toda mami moderna se ha descubierto ya. 

Estos son:

1. PODER 1 o PODER DE LA TELETRANSPORTACIÓN: es el don que te permite estar dentro del mismo segundo en dos, o incluso tres, lugares diferentes. Decidme si no cómo en media hora exacta, entre las 19:30 y las 20:00 de hace dos jueves conseguí hacer una consulta en la zapatería, salir de ella con un par de zapatos para Pichu que la buena zapatera me había fiado (es lo que tienen los barrios pequeños) para que le probara "tranquilamente" en casa, conducir hasta casa, probarle a Pichu los zapatos, volver a la zapatería  a pagar a la buena mujer, conducir hasta mercawoman, comprar, pagar, volver a conducir hasta casa, guardar compra y estar lista para prepararle la papilla a Pollito y que encima te sobren un par de minutos. Os juro que ni atrasé todos los relojes de mi entorno, ni me bebí un par de martinis y por eso mi recuerdo está distorsionado, ni miré la hora de Canarias. Sí, lo sé. Yo aún estoy flipando. Pues eso, o se trata de un súperpoder o ya me dirás tú.

2. PODER 2 o PODER DE LA IMPROVISACIÓN: también llamado "el don de la cocina creativa". Es decir, el que te permite no tener nada de nada en la nevera y/o despensa, ambas jugando a hacerse eco la una a la otra, y sacarte de la manga un plato rico, sano y consistente en un periquete, de manera que toda tu prole flipa y se chupa los dedos, y ya de paso, tu autoestima sube por las nubes ante la autopregunta "¿cómo es posible?". ¿Qué no? Probadlo: dadle a una mami moderna un sólo ingrediente y veréis de lo que es capaz (¡ostras! ¡Ahora ya sé de donde le ha venido a Ira la idea del nuevo carnaval de blogs que ha creado: El ingrediente secreto de Ira! ¿Veis? Está todo relacionado. Tenemos poderes).

3. PODER 3 o PODER DEL CHICLE: el que te permite estirar tanto tus extremidades que ni el del anuncio de "Boomer". Aparece en momentos en los que el chupete de tu retoño pequeño cae debajo del mueble del baño, en la esquina más alejada del planeta, justo en el momento en que la bañera portátil está desplegada en todo su esplendor, ya tienes al retaco en bolingas preparado para entrar, tu hija mayor está al otro lado de la bañera, encima de su taburete cantando a grito pelado las canciones de la última peli de Barbie (horror, lo sé, pero prefiero que esta etapa la pase y queme ahora, y no en la adolescencia, que ya sabéis que Barbie tiene un rollo pelín putón verbenero y a Papi puede darle algo)... El caso es que no sabes como, consigues doblar tu cuerpo mejor que cualquier contorsionista, culo en pompa, espalda arqueada, cabeza alta, un brazo sujetando al enano, una pierna empujando el taburete y el otro brazo en función "gadgeto-brazo" a la busca y captura del chupete de los "uitos". Y ¡pom!, encima lo consigues. Vamos, que ni en mi época golfa he estado yo tan flexible. Conclusión: súperpoder.

4. PODER 4 o PODER DEL PULPO: el don por el cual tus brazos y piernas se multiplican hasta el infinito, o bien se reproducen al más puro estilo mitosis. Este súperpoder suele aparecer combinado con el Poder del Chicle, y permite a toda súper mami ser capaz de estar dando papilla a uno de sus hijos, peinando al otro, limpiando la boca del primero y dándole de beber, abrochando las zapatillas del segundo, meciendo la hamaca del de la papilla mientras canta y baila el "al paso, al paso" al que ya ha peinado... Aquí la única historia complicada es que como sólo se multiplican las extremidades, los ojos, pobres, por ayudar con el tema del control de hijos/situaciones, lo que hacen es bifurcarse, de manera que uno enfoca a Portugal y el otro a Italia. Este don, además, permite no sólo la atención a tus retoños sino también la elaboración de las diferentes tareas de casa sin que se te salga un pelo del sitio (¡ups! ¡no! que eso es cosa de las pincitas metálicas de maruja que me gasto).

5. PODER 5 o PODER PREMONITORIO: también conocido como "el don de la videncia", porque una mami moderna siempre sabe lo que va a pasar. Y si no, ya me lo dirás. Y te recordaré que eras escéptic@ y tendrás que invitarme a algo. Tengo mi teoría sobre este poder: No es que tengamos un poder vidente en sí, es que repetimos tanto "lo que va a pasar", tan convencidas y empleando taaaanta energía en ello, que al final la física cuántica y los movimientos de los planetas consiguen que lo que la mami ha dicho, ocurra. Y todo lo demás, no importa.

PODER 6 o PODER INMUNE: porque aunque tengamos el nervio ciático pinzadito, un lumbago de tres pares de... salchichas, un catarrazo griposo y asqueroso a la par que moqueante, un dolor de cabeza que ni los golpes de la fragua de Vulcano, y un sueño atrasado de 4 años (aquí cada mami que acople su fecha: corresponde al día en que el predictor entró en nuestras vidas) somos capaces de sonreír, besar, mimar, abrazar, curar, amamantar, cocinar, preparar mochilas y/o saquitos, peinar, vestir, llevar al cole, coger en brazos, duchar y/o bañar, remendar algo, lavar, tender, trabajar dentro, trabajar fuera, inventar cuentos, mecer de pie, crear canciones, desarrollar nuevos juegos... Y un montón de cosas más que no cabrían en esta entrada y que podéis ir añadiendo mentalmente.
Sí, obviamente este último poder es una pasada. Tan pasada que, por su culpa, tengo un dolor de espalda y cuello de querer llorar y aquí estoy, tan ricamente. Pero como el Poder de la Teletransportación suele perder la cobertura cuando lo aplicas a ti misma (yo he intentado usarlo con wifi y me dice que dos piedras, que deje de robar, vamos), pues lo del fisio y los masajes dentro de la media hora del otro día, ni me lo planteo.

Que yo no sé si se deberá a la edad o qué, pero he detectado que los súperpoderes se bloquean de vez en cuando en plan interferencia. Sí, oye, se conectan todos a la vez y entonces ocurre lo inevitable: pañales en la nevera, pijamas en la basura, briks de leche en el baño... y un largo etcétera de sin sentidos de lo más variopinto.
Porque la otra opción es que haya alguien por los alrededores jugando a ser un villano de Marvel y que vaya cargado de kriptonita hasta las trancas... ¡Mira que va a ser eso!

¡Pero qué fuerte! ¡Ahora ya está claro lo de los bajones momentáneos que sufrimos! ¡Somos alérgicas a la kriptonita! ¡Toma yaaaaa!

Pues fijo que en breve desarrollamos un súperpoder que nos permita transformar la kriptonita en botes y botes de pasta al agua o de arnika para los golpes de nuestras criaturitas.

Y con esto y un bizcocho... Ya seguís enumerando vosotr@s el resto de súperpoderes, que Morfeo me llama... ¿O será efecto de la pu kriptonita?

CON M DE MAMÁ ¡UN MOMENTO! ¡QUE NO HEMOS ACABADO! Ahora empieza lo realmente bueno. Las mamis modernas que me leen... ¡APORTAN SUPERPODERES NUEVOS! 
(Iré añadiendo/actualizando según aportéis. ¡Gracias!)

MADRECASADA: 

Poder Intelectual: el que te permite contestar cientos de porqués y te provee las respuestas a las preguntas mas insólitas como -Mamá, ¿por qué el aire no se ve?
De hecho es justo gracias a este poder que nuestr@s babies están convencid@s de que "mami lo sabe todo", y por eso continúan con la etapa del porqué, disfrazada de otras etapas, hasta el infinito y más allá, a lo Buzz Lightyear, y se pasan así toda la vida. Lo mejor es que ante la respuesta "cariño, no lo sé", su boca se desencaja y cae casi hasta el suelo. Eso sí, esto les dura un segundo escaso, justo el tiempo que necesitan para pensar "mamá es una bromista, casi me la cuela" y volver a hacerte exactamente la misma pregunta.
 
Poder de la inmortalidad: dime si el amor madre-hijo no te hace inmortal. Con este poder, no se juega. Es decir, no tengo alma para hacer coñitas, lo siento. Este poder es moñas, baboso, mimoso y todos los "osos" que le quepan, y es precisamente por eso por lo que se le debe un respeto. Porque así es y así nos gusta. Porque mientras el amor de nuestr@s churumbeles no se apague, nos queda vida para rato, aquí, allá o donde vayamos después si es que hemos de ir a algún sitio. Ni falta que hace decir que ÉSTE ES EL PODER POR EXCELENCIA. Sin él, los demás no existirían.

MADRE EN PRÁCTICAS: 

Poder auditivo: el que te permite oír al bebé gemir desde la otra punta de la casa (casi incluso antes de llorar, te has levantado de la cama a atenderle); aunque luego no oigas el teléfono cuando te llama tu madre. También detectamos "la falta de ruido" cuando los enanos están haciendo alguna de las suyas con este súper poder. Este poder es la leche. ¿Cómo puede ser que antes de ser madre seamos capaces de soportar que nos caiga un piano al lado (al más puro estilo George Clooney y Nespresso) sin apenas inmutarnos, y sea parir y parecer leonas cazando, con todos los sentidos alerta? Pero lo más curioso es que este poder te permite "aislar" el llanto, gemido o miniqueja de tu bebé del resto de ruidos del mundo, con lo que, si hicieran un alunizaje contra la pared de tu habitación, ni te enterarías. Ahora... que el niño, bien dormidito, no se gire hacia el otro lado en la cuna/cama/sofá... porque te falta tiempo para que el resorte que tenemos en las nalgas nos haga salir volando de donde estemos. (Aclaremos, tener un resorte en el culo y la capacidad de salir a la velocidad del rayo es inversamente proporcional a cuánto de "flan" tiene tu pompis por falta de ejercicio, cuidados y demás movidas que nos suenan a chino, gracias).
                                              

 Poder de sanación: ¿qué no cura un beso y un abrazo de mamá? Yo, además, tengo unas "pastillas mágicas" con un estupendo efecto placebo... Otro poder fundamental y que, no nos engañemos, nos encanta a la par que nos agota. ¿Que por qué? Porque nos rechifla que crean que tenemos magia (y a escondidas hasta practicamos los conjuros, hechizos y pociones que convierten un día gris oscuro en uno de lo más rosa "o sea"), pero nos deja exhaustas que "sólo quiero ir con mami porque ella cura". Reconozcamos que en ciertos momentos nos sentimos mezcla entre el hada madrina de Cenicienta y una curandera de estas que te sacan hasta los ojos mientras te untan con aceites esenciales de flor de pitiminí y "pimiento colorao". Ahora, eso sí, este poder nos libra de muchos berrinches. Su efecto suele ser inmediato. Y eso, mola.

Ahora sí, CON M DE MAMÁ y C DE COLABORADORAS BONICAS

3 de mayo de 2013

LA VIDA ES MUY PUTA


Sí. Yo hasta anteayer pensaba que ya había escrito lo más cañero del blog y va y ayer la vida me pega un revés y me deja la cara mirando a Oriente.
Tengo el mal vicio de acostarme pensando que mañana aún será mejor. Y resulta que, ayer, "mañana" fue una auténtica porquería desde que sonó el despertador del mal agüero, la mala sombra y la enfermedad.
Pero con lo que no contaban ninguno de los tres anteriormente citados es con que tengo un padre más fuerte que un roble y más terco que una mula. Así que, conforme fueron llegando los tunos de la desgracia, los envió a freír espárragos, eso sí, con mucha educación y sin perder la sonrisa.
La vida es puta. Sí. Mira, oye, a cada uno le da por una cosa y a ésta le ha dado por ahí.
Y, de vez en cuando, se levanta torcida y te pega un "soplamocos" (palabra mítica y típica de mi padre que, dicho sea de paso, nunca transformó en realidad. Pero no me digáis que la palabrita no tiene guasa) que te trastoca toda tu existencia. Y cuando el soplamocos en cuestión se llama "cáncer", pues no sólo trastoca sino que directamente desmorona. Arrasa con todo lo que encuentra a su paso: estabilidad, calma, alegría, equilibrio, sosiego, paz, seguridad, ambición, futuro...
Te hace cuestionarte el sentido último de las cosas. Y te hace sentirte pequeñita, diminuta, insignificante... Nada.
La vida es puta. Y entiendo que igual es por eso que vicia y corrompe, y engancha. 
Yo sólo espero que sigas tan enganchado a ella como hasta ahora. Que sigas estando viciado a lo que te ofrece a cada segundo. Que te agarres a ella como a un clavo ardiendo y no la dejes ir. Que no descanse. Que no se pare.
No dejes de luchar. No nos dejes. No me dejes.
Que la vida es muy puta, sí, pero tampoco está tan mal.

Te quiero.
( Y aquí estamos, esperando verte salir por esa puerta con una sonrisa, pidiendo un cigarrito y quejándote de algo.)

CON M DE MAMÁ (con H de Hija y A de Admiración)