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14 de abril de 2016

Y mientras tanto... El tiempo.

Y mientras tanto el tiempo.
El tiempo... ha volado.
No sé en qué momento he dejado de tener veinte años y he pasado a ser "mujer" en vez de niña.
Hace no mucho, unos cuantísimos años, pensaba que algún día podría cambiar el mundo y hacerlo un poquito mejor porque sí, porque me creía preparada para todo. Muchos años después aquí sigo, queriendo cambiarlo, porque tengo dos hijos que viven en él y que no merecen el lío que hay montado, sabiendo poco más de lo que sabía entonces y con muchas más preguntas que hacer a quien quiera contestarlas.
Entre aquella niña mayor y la mujer en que me he convertido hay una diferencia de muchas circunstancias de por medio. Circunstancias que han curtido todos y cada uno de los poros de mi piel. Debe ser eso que llaman madurez. Desde entonces me he vuelto más reflexiva (aún), más decidida, y más segura, a pesar de que soy consciente de que me queda mucho por saber, por vivir y por experimentar, y que temo equivocarme en mis pasos si eso supone que perjudico a los míos, los que dependen de mí.
El tiempo ha volado y me ha dejado la cabeza llena de recuerdos, al estilo olla a presión. Yo me veo tan cerca de ese ayer que no me creo que el hoy sea tan real. Y en ese ayer estás tú, lleno de vida. Creo que parte importante de mi caída libre hasta mi "ahora" ha sido tu pérdida. No tenerte nunca más se unió a todas las circunstancias que han ido pasando, y que han ido puliendo mi yo de antaño y convirtiéndome en quien soy ahora.
Los golpes, levantarse cada vez y tener motivos bonitos por los que sonreír a diario son razones más que suficientes para que el paso del tiempo me otorgue el título "madurez en proceso".
Por el camino a mi vida adulta, he trabajado en mil historias por el simple orgullo de no depender de nadie, acabé mi carrera después de dejar lo primero que empecé, me independicé, lloré con la primera factura de luz por no saber cómo podría pagarla, he trabajado en unas cuantas escuelas, me he casado, me he convertido en madre y he aprendido (sigo haciéndolo) a darle importancia a quienes realmente valen la pena a mi lado, y a las cosas que merecen ser valoradas como tesoros. Y es por eso que atesoro momentos, personas, sonrisas, miradas, gestos, abrazos... Los guardo en mi archivo del tiempo. Ése que cada vez anda más lleno y que, aunque yo me vea como cuando tenía veinte años... me recuerda que el tiempo pasa para todos. Para mí también. Y que aunque tengo alma de niña, mi mirada ya es la de una mujer.

CON M DE MAMÁ y T de TIEMPO

21 de marzo de 2016

Necesitamos un cambio. Y ya.

Cada vez más, con lo que veo en mis clases, con lo que veo en mis hijos, con lo que comento con mis compañeros, con mi marido... Soy plenamente consciente de que la educación en este país necesita un gran cambio.
Pero parece que ese cambio sólo llega a niveles pequeñitos, en forma de individualidades. El cambio grande es difícil, o al menos quienes estamos dentro lo vemos muy lejos.
Partamos de la realidad primera: la educación en este país no es la base como en esos países a los que tanto aspiramos a parecernos. La educación aquí es una mera moneda de cambio cada vez que quien está arriba abandona el poder y cede, de mala gana, su sitio a otro.
Seguimos: el currículo, que es el documento oficial que marca "hasta donde tienen que llegar" nuestros alumnos, no está hecho por profesionales de la enseñanza que han pasado gran parte de su vida en el aula.
Algo más: el contenido que se marca para cada nivel en dicho currículo es cada vez mayor, más extenso, y muy repetitivo, lo que deja poco tiempo para la consolidación real de lo enseñado. La motivación baja considerablemente cuando los alumnos sienten la misma presión que siente el maestro al tener que cumplir con lo establecido por la ley.
Los maestros queremos innovar, lo hacemos de manera individual, a poquitos, intentamos llegar a nuestros alumnos de verdad, dejarles huella y conseguir que el aprendizaje sea realmente significativo. Hoy somos muchos los que huimos de la enseñanza basada en al memorización sin sentido. Somos muchos los que creemos que se puede enseñar de manera diferente, partiendo de los intereses de nuestros alumnos, de sus diferentes estilos de aprendizaje, de sus diferentes motivaciones, sin dejar a un lado la adquisición de contenidos.
Somos muchos los que creemos que el exceso de deberes es contraproducente. Que los niños pasan demasiadas horas en la escuela y lo que necesitan al salir es liberarse. Ni exceso de deberes ni exceso de extraescolares, ojo, que ahora también van cargaditos y no siempre porque ellos lo eligen sino porque lo elegimos los padres. Crear el hábito de estudio pensando en un futuro es bueno, pero el hábito se puede lograr con la lectura, con un par de operaciones cuando están en los primeros cursos de primaria. Después de ocho horas en la escuela, si no más, lo último que necesitan los alumnos es seguir sentados en la silla de su habitación durante tres largas horas. No es eficiente, ni productivo, ni motiva, sólo merma la ilusión por aprender. Los deberes no deberían provocar ni ansiedad ni cansancio en exceso, sólo tendrían que ser un apoyo en situaciones especiales como exámenes, cuando hay que investigar sobre algo interesante para poder trabajarlo en clase, cuando hay que preparar cierto material para elaborar un proyecto. Leer es una buena tarea diaria y abre la mente de una manera más que maravillosa, pero aquí tendría que haber compromiso por parte de las familias en colaborar para que la lectura fuera un hábito en casa, partiendo de que en la escuela hemos hecho nuestra parte y hemos motivado a sus hijos para que lean por placer.
Lo que está claro es que los tiempos han cambiado. No necesitamos vivir pegados a lo que dictan los libros. Necesitamos que el proceso enseñanza-aprendizaje se adapte a los tiempos que corren. Necesitamos adaptarnos a la actualidad en la que viven inmersos nuestros alumnos. Lo triste es que se nos paren los pies, por decirlo de alguna manera, cuando intentamos diferenciarnos. Se nos pide papeleo en exceso que cambia con cada cambio de gobierno, se siguen haciendo pruebas externas que alimentan rankings absurdos. ¿Quién piensa en el alumno como centro del sistema? Los pocos que se atreven a cambiar su manera de hacer las cosas.
Y claro, los poquitos a poquitos hacen, pero no es suficiente. Esto debería ser cosa de todos: maestros y familias.

NECESITAMOS UN CAMBIO.

NOSOTROS LOS MAESTROS LO ESTAMOS PIDIENDO A GRITOS, pero no se nos oye.

¿Creéis en el cambio? ¿Creéis que conseguiremos adaptar nuestro sistema educativo algún día a lo que realmente necesitan nuestros niños y niñas? ¿Creéis que la educación se convertirá en la base y dejará de ser moneda de cambio?

Con C de CAMBIO.

25 de mayo de 2015

Los niños son más valientes que los adultos

El domingo fuimos a votar. Pichu, con su curiosidad de costumbre, quería saber qué, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué, y ya puestos, a quién. Y obviamente, su padre y yo le explicamos todo lo que quería saber y también le dimos nuestras razones. Su única pregunta después de toda la explicación, mientras me miraba con sus ojazos enormes sosteniendo mis sobres, fue: "¿Y por qué los niños no podemos votar?". Y ya podéis visualizarme contándole el rollo del sufragio universal mientras esperábamos nuestro turno. Lo que pasa es que esta vez fue ella la que se quedó convencida y yo fui la que no acabó de quedarse satisfecha con lo que le había contestado, respuesta de libro de historia empollada para examen, básicamente, teoría pura. Así que añadí: "¿Sabes qué? Que yo tampoco entiendo por qué los niños no podéis votar, porque estoy convencida de que si pudierais, otro gallo nos cantaría". Me sonrió feliz.

Y es que es tal cual. Así lo pienso. En circunstancias normales, los niños son sinceros por naturaleza, no tienen miedo a los cambios (en general), les gusta innovar y probar, experimentan, saben apreciar lo que es útil y lo que no lo es lo descartan a la primera; tienen capacidad selectiva y no se dejan aborregar tanto, cuestionan más que los adultos, se niegan más que nosotros a hacer aquello que no les agrada; si juegan con algo durante un tiempo y ese algo ha dejado de hacer su papel, lo retiran, haya servido o no, y si les sigo siendo útil lo guardan como oro en paño; tienen concepto de principio y fin. Si algo les gusta, les gusta, y eligen conservarlo y cuidarlo, y si algo no les gusta, se horrorizan sólo con imaginarlo. En definitiva, SON MÁS VALIENTES. MUCHÍSIMO MÁS. 

Tengo la esperanza de que los adultos conservemos un poquito de los niños que fuimos y seamos capaces de afrontar la realidad y el mundo con la misma valentía que ellos tienen. Valentía para cambiar, continuar, renunciar o renovar. Ojalá se nos pegue un poquito el sentido crítico que los niños SÍ TIENEN y que, dicho sea de paso, nos cargamos los adultos con tanto molde absurdo y tanta falta de consideración hacia sus opiniones y su propio mundo.

¡¡¡LARGA VIDA A PETER PAN!!!


CON M DE MAMÁ y V de VALIENTE

22 de febrero de 2015

¡Hola Paco, soy tu Menstruación!

Paco, que no llevaba buen día aquel martes, levantó la vista al notar que alguien ocupaba la silla libre de la mesita en la que plácidamente leía el Marca y se tomaba su caña. Había salido a comprar el pan y aún no había vuelto; hoy su mujer y sus tres hijos le tenían hasta los mismísimos.

Al descubrir una mujerona, vestida con un traje chaqueta estilo secretaria todo rojo, con el cabello suelto, lacio y larguísimo, ojos color miel y pestañas postizas que lo miraba escrudiñadoramente, no pudo remediar el impulso y soltó el nada gracioso y pasado de moda:

-Ola, ke ase? (Así, sin hache, con k y comiéndose un signo)
Ella, lo miro entre divertida, seria y resignada y le soltó con solemnidad:
-HOLA PACO, SOY TU MENSTRUACIÓN.

-¿PERDOOOOÓN? - Paco escupió el trago, miró a diestro y siniestro buscando la cámara oculta, y luego se aseguró de que lo que bebía era cerveza y no tequila.
-Lo que has oído, majete, soy TU MENSTRUACIÓN. ¿O no ves mi traje? Vamos hijo, que más cante no puede dar.
-Mira bonita, sin ánimo de ser grosero, por mí como si eres la menopausia, puedes ir pirándote por donde has llegado, que con cuatro en casa tocándome las bowlings ya voy servido.
-¡Jajajajajaja! ¡La menopausia dice! Sabía que en el fondo tenías alma de comedia! Tranquilo, Paquito, que ésa te vendrá a visitar en unos añitos. No te adelantes.

Paco estaba empezando a notarse nivel de cabreo máximo, y como estaba en la cafetería de la esquina de casa, no le apetecía montar allí el numerito, que luego todo se sabe, y le faltaba la bronca de la parienta por eso. Así que se levantó bruscamente, dejó un par de monedas en la mesa y se dirigió a la puerta sin decir ni adiós. Vamos, que le faltó escupir.
-Vaya gentuza, leñe. Si fuera una broma de ésas que me puede acabar llevando a Gran Hermano, tira, pero esa tía está muy loca.
Y sin más, y por si acaso, se dirigió rapidito a su portal. Sin el pan, claro.
Conforme salió del ascensor y fue a meter la llave en la cerradura...

-HOLA PACO, SOY TU MENSTRUACIÓN.
Paco pegó un bote y se giró con más miedo que mala leche.
-¡Y yo tu p...madre! ¡Leñe ya! ¡Irse, coñe, irse!
Ante semejante escandalera, la vecina de la puerta 9, cotilla profesional, abrió la puerta para preguntar.
-¿Se puede saber qué pasa, Paco? ¿Quién es esta señorita? ¿Será tu hermana, no?
-Señora, métase usted donde nadie la busque, ande. 
-Pero entonces es tu hermana, ¿no? ¡Ayyyy que disgusto la Sole cuando vea a la de rojooooo! 

Paco, con espuma en la boca, la cara roja como una fresa (con puntitos y todo, sí) y los pelos de punta, le soltó tal grito a la vecina cotilla que en breve todo el rellano había salido al descansillo, incluída la Sole con Javichu, TamaraFalcó y Lorelaila.

-¡NO SEÑORA, NO ES MI HERMANA! ¡ES MI PUÑETERA MENSTRUACIÓN!

Y ante la estupefacta mirada de su mujer e hijos, y del resto de vecinos, LA MENSTRUACIÓN DE PACO habló:

-Sabía que acabarías por asumirlo. Es lo que hay, cabezota de los cocos, que llevo años persiguiéndote, más o menos unos 28, y no hay manera tío, que un poco más y se me adelanta tu Menopausia, leñe. Acepta la evidencia, es lo que hay. Soy TU MENSTRUACIÓN. Si no, ¿a qué crees que se deben esos cambios de humor que sufres al menos una vez al mes? ¿Y esa falta de ganas de comunicación? ¿Y ese morro torcido constante? ¿Y esa vena de machito ibérico que te dura una semana y que luego te vuelve a dejar hecho un calzonazos? Me lo debes a mí, pardillo. Así que coge lo que es tuyo y deja de meterte con tu mujer y tus hijas cuando vienen a visitarlas mis primas.
Aquí tienes - le dijo mientras le entregaba un maletín rojo sangre- cortesía de la casa: El kit de supervivencia menstrual. Lleva compresas con y sin alas, normal y súper, paracetamol a mansalva (que no hace nada, pero es mejor que el ibuprofeno y tú ya tienes una edad en la que cuidar tu estómago), chocolate negro al 90%, 30 vales para helados en cualquier supermercado y un lote grande de tampones marca blanca, que los de marca van caros. No me mires así, yo tampoco quiero imaginarme qué puedes hacer con ellos. ¡Suerte Paco!

Y dicho y hecho, LA MENSTRUACIÓN DE PACO se fue por donde había venido, o sea, por el otro ascensor, entre aplausos y vítores de todas las mujeres del rellano, y los saltos de alegría y las lágrimas mezcla de risa y emoción de su mujer y sus hijas.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Pero sólo éste, porque en diez años le toca el turno al de su Menopausia. Lo bueno es que ésta no tiene un color de traje definido y es bastante más insistente e inoportuna, así que igual hasta lo pilla en el curro.

FIN

Desde aquí, mandamos un cariñoso y comprensivo saludo a toooodos los Pacos del mundo, que no son pocos, porque nosotras, mujeres conscientes de nuestros cambios y valientes sufridoras de críticas cada mes por tener la dichosa visita, entendemos que el pobre Paco debe pasarlas putitas cada vez que ovula, menstrúa y demás. Desde aquí pues, os enviamos un saco de paciencia y otro de capacidad de aguante del dolor abdominal, que os van a hacer mucha falta majete. ¡Saludos!

CON M DE MAMÁ y de MENSTRUACIÓN

8 de julio de 2014

10 cosas del antes y el después de...

... tu primera vez en un bingo.
... cocinar tu primer huevo frito.
... hacer... la guerra y tal... 
¡Pues noooo!
Hoy os doy mi lista de 10 cosas del antes y el después de SER MADRE (¿de qué si no? ¿Acaso éste es un blog de biología? Sí, la verdad es que en ocasiones, "casi".)
Y sin más preámbulos, aquí va pues.

10 COSAS DEL ANTES Y EL DESPUÉS DE SER MADRE:

1. ARREGLARTE / ADECENTARTE:

-ANTES de ser mamá: te pasabas tres horas en plan quita y pon, eligiendo modelitos, complementos, ahora me gusta, ahora no, maquillándote a la última, haciéndote el pelo mega ideal y mandando mensajitos del tipo: "Llego diez minutos tarde... No, veinte... Al final me he liado un poco, que me ha llamado mi hermana... Empezad sin mí, ya llegaré". Y, a pesar de tener toooodo el tiempo del mundo para ti, llegabas dos horas tarde. Eso sí, ni las Victoria's angels lucían igual.

-DESPUÉS de ser mamá: Pillas lo primero que tienes, que normalmente es lo que llevabas anteayer y está tendido y seco, con algo de suerte te pones crema, con un poco más de suerte te pones máscara de pestañas (y te olvidas de quitarte los restos, y así que vas todo el día, luciendo párpados garabateados), si sigues en racha te peinas, si no, coleta y tan pichi. Si mandas algún mensaje es mala señal: el mensaje es para avisar de que llegas tarde al trabajo. Sales vuelas hacia la puerta mientras vas cargando por el camino a los niños, tu bolso, los trastos de todos, almuerzos, chaquetas... Total para salir tarde, COMO SIEMPRE, porque ahora toooodo el tiempo del mundo es para ellos. Eso sí, tus tesoros te ven más bonita que a cualquiera de las Victoria's angels.

2. CONDUCIR: 

-ANTES de ser mamá: ponías tu CD preferido, bajabas la ventana, dejabas que el viento moviera tu melena, cantabas a gritos y te creías dentro de cualquier peli buenrollista. Tu coche era un espacio zen.

-DESPUÉS de ser mamá: pones el CD de canciones infantiles, echas el seguro de las ventanas para evitar que tus hijos se seccionen un brazo, tu melena no se mueve porque, entre otras cosas, llevas coleta por no poder arreglarte el pelo, hablas a gritos para que te oigan entre contraseñas piratas y Mambrú se fue a la guerra y te ves como la protagonista  desquiciada de alguna peli de Almodóvar. Tu coche es un espacio ZAS.

3. DESAYUNAR / COMER / CENAR: 

-ANTES de ser mamá: eran momentos de placer, o no, dependiendo de si te los saltabas porque dormías más (véase siguiente punto), la comida y tú vivías un idilio de amor constante, todo era paz y armonía...

-DESPUÉS de ser mamá: ¿Las madres desayunamos / comemos /cenamos? Leyenda urbana. Las madres no hacemos eso. Nosotras peleamos con la comida de nuestros hijos porque a veces nos hace más caso que ellos mismos, y, en todo caso, engullimos. No hay ni paz ni armonía, eso sí, las sobras ¡son lo mejor!

4. DORMIR: 

-ANTES de ser mamá: Era, como la comida, uno de los grandes placeres de la vida, que tú elegías disfrutar o no.

-DESPUÉS de ser mamá: pasapalabra... y tal.

5. VIAJAR:
 
-ANTES de ser mamá: era fácil, muy fácil, porque para empezar elegías destino mirando presupuesto y compañía y poco más, y a partir de ahí, abrías maleta, arrancabas el armario empotrado de la pared y lo vaciabas dentro. ¡Y a disfrutar! Daba igual si ibas en tren, avión o cabra montesa.

-DESPUÉS de ser mamá: Para empezar, elegir destino conlleva hacer una tabla excel en la que comparas no sólo presupuestos (la compañía está bastante clara), sino horas de viaje, medios de transporte, actividades qué puedes realizar allí con niños, posibles comidas, posibles paradas hasta la llegada... ¡Y a disfrutar! ¡Ah, no! Que todavía no hemos acabado la tabla y no tenemos destino. Ya os aviso si eso.

6. IRSE DE COPAS:

-ANTES de ser mamá: es obvio, significaba que después de toda la tarde acicalándote, te ibas con tu chico y/o friends a tomarte una copita (tras otra) o a acompañar a quienes lo hacía, con musicolis de fondo, sillita cómoda al canto y tooooda la noche por delante, sin estrés ni presión.

-DESPUÉS de ser mamá: es obvio, lo más cercano a "irte de copas" es levantarte a la cocina en una de las veces que Rubiazo pide teta o Pichu sueña con piratas, cogerte la copa más glamourosa que hay en el armario, llenarla de agua y echarle un paracetamol efervescente (sugerencia de presentación: añadir una oliva rancia que quedaba en la nevera). Y oye, también tienes toooooda la noche por delante, eso sí, con estrés y presión en cada burbuja efervescente que te pasa por la garganta.

7. COMER FRUTA: 

-ANTES de ser mamá: la fruta era ese bien exótico que te caía en la copa de sangría (y te subía la tontería al quinto pino), o que tomabas dentro de tu plan "voy a cuidarme" y que te duraba un día, o era simplemente, el almuerzo cómodo para llevar en el bolso, o el desayuno perfecto para las que somos fruteras por naturaleza.

-DESPUÉS de ser mamá: la fruta es ese bien terrenal que tomas de noche por no hacerte cena y porque no tienes fuerza ni para apoyar el dedo en la placa de inducción y hacerte algo decente; es ese bien que, gracias a tu maravilloso suelo pélvico conseguido parto tras parto, te tiene toooda la noche levantándote a hacer pis y jurando en arameo que "mañana no ceno fruta" (y así hasta el infinito y más allá); es ESA MARAVILLA DE LA NATURALEZA que mancha la ropa y los baberos de tu hijo taaaan bien, pero TAAAAAAN bien, que optas por tirarlos y comprar nuevos antes de pelearte con ellos.

8. LIMPIAR / ORDENAR / TENER LA CASA COMO UNA TACITA DE PLATA O LOS CHORROS DEL ORO:

-ANTES de ser mamá: tu casa era un museo, el templo de la modernidad, el aseo y la limpieza impecables, un monumento homenaje a la pulcritud y el bienestar.

-DESPUÉS de ser mamá: tu casa... mi casaaaaaaaaaaa... teleeeeeeeeeeéfono... ¡¡E.T, hazme hueco en la nave que me piro de aquí (por falta de espacio, que Diógenes se ha hecho con la casa)!!

9. TU CAMA: 

-ANTES de ser mamá: era parte de ese templo, parte importante, era nidito de sueños futuros y nidito de amor. 

-DESPUÉS de ser mamá: tu cama es SU cama. Todo dicho.

10. TU BOLSO:

-ANTES de ser mamá: objeto de culto, paradigma de la modernidad, siempre combinado con tu modelito y resto de complementos, lleno hasta los topes de cosas chic, chicles de los sabores más novedosos, 37 brillos de labios diferentes, y en resumen, un homenaje al "yo, mi, me, conmigo".

-DESPUÉS de ser mamá: como en el caso de la cama... tu bolso es SU bolsA. Porque o bien pasas de cogerlo y cargas la cartera y poco más dentro de su bolsa de "por sis", o, siempre llevas el mismo porque compras un básicopegocontodo y vas acumulando juguetitos, galletas mordidas, chupetes, pañuelos a medio usar, apiretal, dibujos de corazones con la firma de Pichu y un amplio repertorio de señales que indican que, igual no eres la de antes, o lo eres pero haces las cosas de manera diferente, pero lo que está claro es que tu vida está de llena de MOMENTAZOS gracias a los dos monstruítos que han llegado a tu mundo para darle un giro de 180º y hacerlo tambalear a cada instante...

Pues, la verdad, ¡¡¡YO ME QUEDO CON EL "DESPUÉS" DE TODAS, TODAS!!! Aunque me salgan canas verdes, aunque mis ojeras parezcan obra del  mejor tatuador del mundo, aunque empecemos la mañana con viaje a urgencias porque Rubiazo quería bajar al piso de bajo y ha decidido usar la cabeza para hacer el agujero... 

El "DESPUÉS" ES SEÑAL DE QUE HA HABIDO UN "ANTES" en el que hemos planeado esto, en el que lo hemos soñado, y en el que no teníamos ni idea de que no nos iban a hacer falta ni tantos viajes ni tantas historias, porque la MA/PATERNIDAD es el GRAN VIAJE que estábamos preparando sin saberlo. 

El DESPUÉS es presente y futuro, la suerte de mi vida :)



CON M DE MAMÁ y D de DESPUÉS