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10 de julio de 2016

El desorden ordenado

Cuando no era madre, mi casa, sus estancias y mis espacios vivían en orden y armonía. Siempre. Soy cuadriculada para algunas cosas (bastantes, vale), y no sé si el famoso equilibrio de los libra también tendrá algo que ver. Soy muy exigente en algunos aspectos, como la puntualidad, mientras que en otros soy más relajada. Y dentro de la maternidad, este equilibrio que compensa exigencias y tranquilidad ha ido cambiando a la fuerza, y bastante.
Siendo madre he aprendido el significado absoluto de la palabra PRIORIDAD. Para empezar, porque desde el momento en que mi primer guisante se asentó en mi tripa, mi modo de vida ya giraba por y para ella. Y así ha seguido, con el segundo de por medio, hasta el día de hoy.
Cuando todo tu tiempo es para ti, para tu profesión, para tus ratos de pareja, para tu casa y tus amigos y familia, considerando todos estos elementos como parte de tu "yo" soltero y sin compromiso, tus prioridades son muy diversas. Cuando todo tu tiempo o el 99% de él es para tu papel de madre, la cosa cambia. Y te das cuenta, un buen día, y después de varios o muchos intentos frustrados de tener la casa impoluta y perfecta, de que intentar abarcar todo a costa de los pocos ratos de descanso que te quedan, o de la pérdida constante de humor y alegría, es tan poco inteligente como la vida que hayan podido encontrar en algún remoto planeta.
Así que, de pronto, asumes de buena gana que los juguetes esparcidos por todo el salón son de lo más estético, que las camas sin hacer no te convierten en la peor persona del planeta y que la ropa que está por doblar y guardar no va a escaparse por pasar un par de días sobre la cama de sobra.
Además, aprendes que lo que está ocurriendo en tu casa es simplemente sinónimo de VIDA, así, en mayúsculas. A que mientras tus hijos estén sanos, crezcan felices y no te falte qué ofrecerles en cada comida ni un lugar para que duerman seguros, el hecho de que sólo sepan jugar sacando absolutamente tooooodo de su sitio, es ALEGRÍA y SALUD.
Que sí, que hay días en que se me cruza al cable, como a media humanidad, y me levanto torcida, o me voy torciendo, y el desorden me molesta visualmente tanto que acaba molestándome anímicamente, al fin y al cabo soy humana y algo de mi yo "premadre" me queda en el cuerpo. Pero son los menos.
A mí me gusta mi casa a colores, con vida, con juguetes en mi cajón de ropa interior (que no sabes ni cómo ni cuándo llegaron ahí), con música sonando, con niños bailando al son de la música mientras se quitan la ropa del día porque van a meterse en la bañera. Me gusta mi casa algo loca, desordenada y, a veces, sacándome de quicio.
Me gusta el DESORDEN ORDENADO que rodea a una familia con niños sanos y felices. Los míos. Me encanta haber aprendido a relativizar ciertas cosas, a dar importancia a las que realmente lo tienen, a aprender de prioridades, a disfrutar del momento. Me gusta enfadarme a veces con el desorden y el jaleo cuando estoy agotada, y a continuación, desenfadarme y aterrizar de nuevo en la suerte de vida y familia que tengo.
Todos tendríamos que aprender del DESORDEN ORDENADO EN EL QUE VIVE LA MENTE DE UN NIÑO, aprender a relativizar el día a día y sus historias con la naturalidad que ellos lo hacen, y así dar verdadera importancia a aquello que realmente la merece por vital.
¿Para qué una casa museo, ordenada y perfecta, si eso supone mal humor, cansancio innecesario, borrar sonrisas y coartar carcajadas y naturalidad inocente?

Yo me quedo con la mía.
Feliz tarde de desorden y domingo.

16 de abril de 2016

TE RETO

Querida hija:
Te reto a creerte capaz de comerte el mundo, de trepar al árbol más alto sin más ayuda que tu empeño y perseverancia, a desafiar a las alturas desde tu castillo en el aire, a sonreír incluso cuando duele, a enfadarte conmigo cuando no compartas mi opinión, a luchar por tus ideales aunque (y porque) no tengan nada que ver con los nuestros, a querer salirte con la tuya, a desafiar lo establecido, a saltarte las normas siempre que eso no suponga dañar al de al lado, a ser valiente porque eres mujer y las mujeres lo somos, a llorar sin miedo a parecer cobarde porque llorar no es de cobardes, a amar con locura a quien tú desees y no a quien la sociedad te diga que has de amar, a creer en tus propias causas y a crearlas también, a no seguir estereotipos ni modas más allá de los que tú te marques como tales, a vivir al límite sin que eso suponga herirte ni herir, a respetarte y amarte como jamás pensaste. A creer en ti. A saber que puedes. A sentir que llegas. A volar. A vivir. Sobre todo eso... TE RETO A VIVIR.

Querido hijo:
Te reto a creerte capaz de comerte el mundo, de trepar al árbol más alto sin más ayuda que tu empeño y perseverancia, a desafiar a las alturas desde tu castillo en el aire, a sonreír incluso cuando duele, a enfadarte conmigo cuando no compartas mi opinión, a luchar por tus ideales aunque (y porque) no tengan nada que ver con los nuestros, a querer salirte con la tuya, a desafiar lo establecido, a saltarte las normas siempre que eso no suponga dañar al de al lado, a ser valiente y reconocer y creer de corazón que las mujeres lo somos tanto como vosotros los hombres, a llorar sin miedo a parecer cobarde porque llorar no es de cobardes, a amar con locura a quien tú desees y no a quien la sociedad te diga que has de amar, a creer en tus propias causas y a crearlas también, a no seguir estereotipos ni modas más allá de los que tú te marques como tales, a vivir al límite sin que eso suponga herirte ni herir, a respetarte y amarte como jamás pensaste. A creer en ti. A saber que puedes. A sentir que llegas. A volar. A vivir. Sobre todo eso... TE RETO A VIVIR.

CON M DE MAMÁ y R de RETO

18 de marzo de 2015

Paco LLONGUERAS

Paco es un tío sufrido, de esos que le ponen voluntad y empeño a las cosas, pero que no siempre obtienen resultados proporcionales ni a su voluntad ni a su empeño.

Y básicamente, ése podría ser el resumen de la época en la que la Sole tenía que salir de casa antes que él para ir a trabajar, y en la que él se encargaba de sus tres churumbeles en horario pre colegio: desayunos, vestimenta y sesión de peluquería...

Los desayunos estaban tirados. Primero porque su parienta dejaba la mesa preparadita con sus tazas, su colacao, sus magdalenas y sus cereales antes de irse, no por falta de confianza sino por costumbre absoluta; con lo que los niños sólo tenían que sentarse y zampar. Los almuerzos estaban preparados en la nevera de la noche anterior, así que era tarea fácil: repartirlos y a las mochilas. Además, en esa época aún no se llevaban estas moderneces que imponen ahora las maestras de "día de la fruta", "día del lácteo" o "día de los pepinillos en vinagre con ketchup y ajoaceite" (que todo se andará).

El tema ropa, idem eadem idem. Vamos, que la Sole dejaba los conjuntos de chándal y deportivas más que preparados. La única dificultad radicaba en distinguir cuál era para cada uno, pero de eso ya se encargaban los retoños, que por supervivencia pura y miedo al ridículo, habían desarrollado autonomía hasta decir bastante.

Ahora, cuando llegaba el momento pelos...

¿Queréis saber más?

PODÉIS LEER LA ENTRADA COMPLETA EN MUJERES Y MADRES MAGAZINE, MMM, SIGUIENDO ESTE ENLACE: PACO LLONGUERAS
 

Por cierto, allí podréis ver el tutorial que el gran Llongueras le dejó al gran Paco.

CON M DE MAMÁ y L de LLONGUERAS