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1 de enero de 2017

Yo no he venido aquí a hablar de la Pedroche

Pues no, no he venido a hablar de la Pedroche, ni tampoco de su vestido. Vengo a hablar del regreso al pasado que hemos vuelto a hacer para comenzar este 2017. Año nuevo, nada nuevo.
A mí me da exactamente igual que la que llevara el vestido de marras (o casivestido de estrellas) fuera la Pedroche. Podía haber sido cualquiera de los rostros conocidos de nuestra televisión. Más que rostros, cuerpos, hablemos con propiedad. Porque ya se sabe que lo que prima en la televisión de este país es un buen cuerpo, con unas medidas acordes a los cánones que marca la moda, sean lo descabellados que sean si hablamos de salud, y obviamente, sin importar el intelecto que reina en la parte superior de la mujer en cuestión. A lo gamba, vamos.
A mí ayer me dio bastante igual volver a ver a esta mujer con más o menos transparencias, la verdad. Soy la primera que disfruta de una buena minifalda y eso que casi rozo los 40. A mí lo que en realidad me rompió los esquemas, de nuevo, fue comprobar que la mujer sigue necesitando exhibirse para que todo en este país siga su curso normal, para que a nadie se le atraganten las uvas (o quizás, todo lo contrario) y para poder acabar el año igual que lo empezamos: dando el valor justo al género femenino, el de mujer florero.
Que no, que no cuela. Que no me trago eso de que si se ponen tal o cual vestido es porque les gusta/quieren/aceptan/les hace felices... NO-ME-LO-TRA-GO. No me trago esa actitud de lo llevo porque quiero y adrede, para provocar al país entero a sabiendas de que hay tropecientas porras sobre cuánto cacho de carne enseño este año.
Si yo me pongo una minifalda lo hago porque me apetece, no esperando la reacción del resto de los mortales ni después de haber pasado más de cuatro meses "trabajando mi cuerpo" para ello. No voy a ser esclava de una puñetera prenda de ropa por dar gusto a nadie. En todo caso me vestiré según lo que piense que va acorde a mi manera de ser o de hacer. De hecho, las minifaldas no están tan de moda y me da bastante igual.
Si de verdad me pongo un vestido que deja poco lugar a la imaginación y lo hago por mí y sólo por mí... No me envuelvo en una capa que parece más un papel de regalo que una prenda de ropa y enseño mi vestidazo desde el principio, porque lo llevo por mí, y no por el morbo. No acepto los comentarios que marca el guión sobre si enciendo o no a media humanidad. No soy cómplice de tanta hipocresía mediática emulando libertad de expresión porque la verdadera libertad no necesita ni tanto público ni tanto espectáculo.
Si yo soy, de verdad, consciente de que hay miles de chicas jóvenes que van a estar pendientes de mí y de mi atuendo, no lanzo un mensaje que les invita claramente a ser esclavas de unos cánones que alguien ha inventado. No lo hago si es que soy realmente consciente de toda la distorsión que ya reina en la publicidad, el cine y la imagen de la mujer en general en los tiempos que corren. No lo hago si soy realmente consciente de que hay muchas jóvenes, cada vez más niñas que adolescentes, cuyo sueño (gracias a esta sociedad enferma y sin valores) es ser como yo, pero físicamente, no intelectualmente, obvio, aunque yo sea una tía fuera de serie en ese aspecto. No lo hago si soy realmente consciente de que, diciendo que llevo desde agosto trabajando mi cuerpo para meterme en ese vestido, lo único que estoy transmitiendo a quienes ven en mí un modelo a seguir es un mensaje lleno de doble moral: elijo este vestido porque me da la gana, porque soy así de chula y moderna, peeeero... Para poder llevarlo he tenido que cambiar algo de mí que no cuadraba del todo: mi cuerpo. ¿Perdón? ¿En serio?
Pues eso. Que no es la Pedroche, ni el vestido. Ni Chicote con sus comentarios de guión al más puro estilo "película española de los 70". Es la mierda de sociedad en la que andamos inmersos. Es el falso triunfo de la figura de la mujer. Es la falsa igualdad de género. Es la falsa libertad femenina. Porque, te vistas como te vistas, Cristina, igualmente vas a ser criticada o alabada por las masas, es decir, juzgada. Y más si tú eres la primera a la que parece gustarle que así sea.¿Verdad que a nadie se le ocurrió comentar sobre el atuendo de los famosos chefs que presentaban en otra cadena? ¿O el del compañero de la susodicha? No.
A mí todo esto me da asco. Tal cual. Me repugna enormemente que se centre todo en si hablar de más o menos carne al aire es envidia, cuando de lo que deberíamos estar hablando es del falso feminismo, la cada vez más precoz hipersexualización de las niñas y la irreal libertad de la mujer para hacer con su cuerpo lo que le dé la gana, más allá de cánones, medidas estándar y guiones casposos de programas excesivamente básicos.
No, yo no he venido aquí a hablar de la Pedroche, ni de su casivestido. Yo he venido a hablar de lo patético de vivir el día de la marmota cada Nochevieja, con cada programa presentado por una mujer o con cada revista de moda que nos infla a productos perfectos para mejorar o disfrazar nuestra siempre imperfecta belleza.

26 de junio de 2016

Micromachismos, estereotipos... La cuestión es no avanzar.

El viernes a mediodía paré en la gasolinera de mi pueblo y tuve que hacer un poco de cola para pagar. Las dos personas que iban por delante de mí eran hombres, el primero, de Europa del Este, por su marcado acento al hablar, rondaría los cuarenta y tantos; el segundo, un chico más joven que yo, tendría menos de treinta.
El dependiente, hombre también, que estaría en sus cincuenta y pocos, atendió muy amablemente a los dos anteriores, pero con una amabilidad normal, de dependiente a cliente y punto. Sin piropos, ni comentarios graciosos para provocar su interés o su risa.
Cuando me tocó turno el dependiente esbozó una enooorme sonrisa en su cara y soltó un extra alegre "¡Hola guapa!". En un nanosegundo pasó por mi cabeza la necesidad de ser borde, pero en aquel momento venía con la cabeza algo desordenada y el alma un poco tocada, así que no tuve ganas.
"¿Hola guapa?" ¿Por qué? ¿Y por qué a los dos de delante no? ¿Porque yo soy mujer? ¿Porque debo aceptar un piropo o tiene que gustarme? ¿Porque llevaba un vestido que me favorece o simplemente porque era un vestido? ¿Porque entré con gafas de sol y pelo suelto y eso me hacía parecer enigmática? Esto último es de risa, pero es que la situación en sí, si llego a soltarle la bordería correspondiente, también lo habría sido.
La verdad, me cansa el tema. Me cansa que se dé por supuesto que las mujeres nos vestimos para gustar. ERROR. Yo me visto para gustarme a mí, ¡qué narices! O para ir cómoda. Punto pelota. Y, hasta donde yo sé, las mujeres que me rodean se visten para ellas, no para el mundo.
Sí, me gustan los vestidos cortos que enseñan mis piernas, bueno y los largos, y las faldas, y las bermudas, y los vaqueros, pintarme los morros, ponerme máscara de pestañas para destacar el verde de mis ojos, me gusta llevar el pelo suelto, y recogido, me gustan los tacones porque mi metro sesenta se me queda algo justo para mirar el mundo desde donde yo quiero, pero también me gustan las chanclas, las bailarinas e ir descalza... Me gusta verme bien, a mí, por mí. Me gusto con maquillaje y sin él, dependiendo del día y del momento, pero nunca jamás de la persona que tengo delante. Porque no me visto ni me arreglo para el mundo con el que me puedo tropezar. Me visto para mí. Valgo lo suficiente como para no depender del gusto, la mirada, la aprobación, el deseo o la opinión de ningún hombre.
El "hola guapa" amable del señor de la gasolinera junto con su par de comentarios entre graciosos y aduladores me resultaron del todo innecesarios. Patéticos. Demasiado evidentes. Cansinos. Si el hombre lo hizo por venderme la oferta de chicles, o para recordarme que si llevo la tarjeta me sale más barato, consiguió justo lo contrario. Soy mujer, no imbécil. Entiendo el mercado de la oferta y la demanda igual, o mejor, que un hombre. No me hacen falta piropos para comprar, ni para tener un buen día. A no ser que ésa sea la política de ventas con todo individuo que se precie. Porque, básicamente, en mi caso, lo que vas a conseguir con todo ese despliegue de medios es lo contrario.
En serio, es pesado que el mundo avance y sigamos quedándonos atrás en aspectos tan básicos como la consideración de la mujer como persona y punto. El mundo avanza y cada vez se hipersexualiza más la imagen de las niñas pequeñas. Se les maquilla para la publicidad, se les obliga a ensayar poses que vistas en una mujer adulta resultarían sexuales, sensuales y provocadoras. Seguimos tragándonos publicidad altamente contaminante y viendo normales determinados mensajes que dan verdadero asco.
Las mujeres también tenemos deseo sexual, y no por ello nos ponemos en evidencia a cada momento que tenemos oportunidad bramando al tío o tía (según gustos) que pasa por delante nuestro cualquier barbaridad que deja poco a la imaginación. O desnudando de manera integral al de en frente con la mirada, de pies a cabeza y parando en el culo, el pecho o el paquete. Igual es que no nos hace falta ser tan básicas. Y sí, os juro que, aunque no soltemos ciertas lindezas, de verdad que sentimos el deseo tanto o más que los hombres.
Hartazgo máximo ante tanto micromachismo, tanto comportamiento estereotipado que se normaliza y se vive como natural y tanta hipocresía moderna de "igualdad", total para seguir comportándonos como nuestros antepasados de hace siglos, seamos de izquierdas o de derechas. Este tema no va de ideologías políticas. Por suerte o por desgracia va de alguna tara del ser humano intrínseca a nuestra condición de seres racionales.
Increíble pero cierto (y triste).