Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas

17 de julio de 2016

Necesito

Necesito creer que vamos a ser capaces de arreglar este mundo destartalado en el que vivimos. Necesito creer que algún día la única guerra de la que hablaremos será la que hacen los niños con sus pistolas de agua o con sus pompas de jabón, o la de esos dos que se gustan y se miran con fuego porque no tienen valor aún para decirse a la cara lo que sienten. Necesito creer que la humanidad no se ha deshumanizado tanto como para seguir matando porque sí, en nombre de cualquier excusa: política, religión, género...
Necesito saber que el día que yo deje este mundo mis hijos y aquellas personas que hayan decidido tener en sus vidas podrán vivir seguras. Necesito saber que hay esperanza de mejorar, de avanzar, pero de verdad, hacia un mundo desarrollado, si interpretamos desarrollo como algo positivo a todos los niveles, incluidos los valores y la calidad humana.
Me mata a poquitos y cada día despertarme leyendo que ha habido un atentado, que siguen muriendo personas por falta de recursos o mujeres porque a sus parejas se les ha cruzado un puto cable. Me mata la sensación de no querer saber del mundo, de ser consciente de que si leo noticias es por casualidad y no porque las busco, de tener que reconocer que aislarme de eso no es ni la solución ni una actitud valiente.
Pero es que me siento pequeña cuando pienso en el escombro de planeta en el que andamos. Me siento culpable cuando miro alrededor y descubro que cualquier queja que suelte por la tontería del día es un absurdo en comparación con la grandeza de la miseria que otros viven ahí fuera.
Estoy cansada de que los de arriba, los de la cima más alta, chupen del bote de los que están más abajo, que con sus campañas de sonrisa y postureo se ganen la esperanza de los más desesperanzados y, en cuanto recuperen su poder, les peguen la patada más fuerte que la que ya les dieron antes. Me apena que, mientras esto sucede, los de a pie nos quedemos pegados a la pantalla viendo a tanto don nadie vendiendo sus vidas al público por cuatro perras. Me indigna que, con sólo urgar un poquito en el macro sistema en el que estamos inmersos, salga tanta mierda que sea imposible ver luz al final del túnel. Me agobia la patraña en la que estamos metidos todos, de pies a cabeza, hasta el cuello y bien hundidos; ésa en la que no hay cura para tanta enfermedad de laboratorio por falta de recursos para la investigación, pero sí dinero para lujos cosmopolitas de quienes mueven los hilos. Me entristece que cada granito de arena de quienes queremos que esto valga la pena no cuente casi nada porque quienes de verdad pueden hacer que la magia ocurra los sepultan con sus montañas de trampas y engaño.
Necesito creer que las personas seguimos siendo bonitas y punto. Necesito creer en una sonrisa, en una mirada limpia, en un abrazo, en que esa persona que acabas de conocer y te inspira confianza ha llegado para quedarse.
Necesito pensar en que no nos conformamos con lo que nos viene sino que luchamos por nuestros ideales y para hacernos respetar, entendiendo esta lucha como una defensa de nuestros principios, sin armas, sin daños, sin violencia, como una salida en masa a la calle para hacer saber al mundo entero que NO COMPARTIMOS ESTO QUE ESTÁ PASANDO y que NO QUEREMOS UN HOGAR EN EL QUE LA MUERTE SE DISFRACE DE LAS MIL Y UNA RAZONES PARA SEGUIR MATANDO.
Necesito creer... pero a veces me cuesta.

(Necesito un país de Nach y Marwan)

13 de junio de 2016

Quiero a mis hijos libres

Si hay algo que como madre tengo claro es que quiero que mis hijos sean felices, y que sean felices sin la necesidad de pisar a nadie en su camino a la felicidad.
Quiero que mis hijos se ganen el respeto de sus semejantes porque son buena gente y no porque atemoricen a los que tienen delante.
Quiero que mis hijos sepan que para amar a alguien sólo tienes que querer hacerlo, sin más, sin condiciones, sin titubeos, sin complicaciones, sin egoísmos. Y que esto no implica que tengan que aguantar carros y carretas en una relación, porque amar no significa soportar ni aguantar.
Quiero que mis hijos sean felices solos, o en pareja, o en comuna. A mí me va a dar igual mientras su felicidad implique sentirse plenos, sin dañar ni ser dañados. Y me dará igual el color de piel de quien escojan si es que han decidido vivir acompañados. Me dará igual que firmen un papel o ninguno. Me dará igual si quien está con ellos es de su mismo sexo o del sexo opuesto mientras lo que sienta y lo que demuestre sea recíproco a lo que sienten y demuestran ellos.
Quiero que mis hijos sean libres, se sientan libres y se crean libres siempre que su libertad no suponga acabar con la de los que los rodean. Y que esa libertad bien entendida sea sinónimo de respeto y empatía para con los demás, íntimos y no tanto. Libertad libre de prejuicios.
Quiero que a mis hijos los dejen ser libres. Y quiero que los dejen elegir y hacer con su vida lo que ellos consideren, sin tener que esconderse cuando lo que elijan no tenga nada que ver con lo que está bien visto socialmente según lo establecido por los siglos de los siglos.
Quiero que a mis hijos se les quiera y acepte por cómo son y no por lo que son. Quiero que se les quiera porque son personas con valores y no porque siguen una moda, pertenecen a determinada ideología o defienden ciertas creencias religiosas. Y quiero que ellos hagan lo propio.
Quiero que mis hijos crezcan felices y libres. Que maduren siendo felices porque son libres. Que vivan siendo libres porque son felices y respeten y elijan la libertad como modo de vida. Y que este loco mundo se lo permita.

9 de enero de 2016

Que llueva, que llueva...

Que lluevan más tonterías y que hablemos mucho de ellas, sean ciertas o no, y dejemos a un lado todo lo importante, que total tampoco lo debe ser tanto. ¿No?
El ser humano cada vez me sorprende más, y no para muy bien. Me apena muchísimo comprobar gracias al fenómeno de las rrss que seguimos siendo todos bastante "maruja de pueblo", con todos mis respetos a las marujas de todos los pueblos. Seguimos haciendo la típica jugada de " leo una noticia, me la trago con patatas, no cotejo la información, la paso un pelín exagerada y metiendo algo de baza y espero a ver qué pasa". Seguimos teniendo la costumbre tan sana y española de hablar por hablar y criticar por criticar, desde luego que somos animales de costumbres y ciudadanos acomodados.
Llevo días, semanas, leyendo absurdeces que me hacen reír y llorar a partes iguales. Las Navidades han dado mucho de sí aquí en Valencia, aunque me consta que en alguna otra comunidad también. Y, perdonad mi atrevimiento si hablo de absurdeces, pero es que como no soy de las de creerme todo lo que leo así a primera vista, pues he ido investigando un poquito sobre cada una de las chorradas que nos han ocupado estos días y necesitaba expresarme sobre ello antes de reventar de risa e impotencia.
¿Por qué? ¿Por qué seguimos siendo tan peleles que ante cosas que realmente importan como, por ejemplo, la cantidad de ayuda social que se nos ha quitado, nos ofuscamos por temas como que en la cabalgata de Reyes salen o no ocas, como era tradición? Vamos, no me jodas. ( Y con perdón, pero a estas alturas, sólo me salen tacos, que son muchos días).
Llevo años trabajando en la escuela pública, la escuela de todos, la única que asegura que se respeta el derecho a la educación que tienen todos los niños y que asegura que además cumplan con ello, porque también es un deber. Y a lo largo de estos años no he observado ninguna mejoría en cuestiones que tengan que ver con ella, más bien al contrario. Se ha recortado personal necesario y se ha aumentado la ratio de alumnos por aula, se ha jugado con el currículum que marca lo que los alumnos deben dominar al acabar su escolaridad, se han manipulado horarios sin tener ni idea de si eso aquí en España iba a funcionar, se ha quitado la ayuda del bono libro que tantas familias necesitaban dado el estado precario de sus cuentas bancarias, no se han dado las ayudas de comedor que tenían que haberse dado... Hemos ido pasito a pasito intentando cargarnos una institución necesaria y "tradicional" (ya que estamos tan reivindicativos con el tema tradiciones), en un intento descarado de devaluar su valía y demostrar su ineficacia. No se han construido colegios e institutos que hacen mucha falta y, por contra, se ha beneficiado a la escuela concertada y se han concertado escuelas privadísimas a las que quienes no caben en la pública no pueden acceder ni de lejos. Eso sí, hemos tenido fiesta y pijadas varias en la comunidad hasta decir bastante. ¡Si hasta tuvimos un aeropuerto sin aviones más chulo que nada! Y oye, entre nosotros, todos los protagonistas de casos de corrupción, pobres, actuaron casi sin darse cuenta, no seamos castigadores y sigamos viéndolos como un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones, que seguro que entre robo y robo algo hacen para la gente de a pie, la de la calle, la que no tiene qué llevarse a la boca cada día y necesita acudir a comedores sociales, la que hace tiempo dejó de celebrar el día de Reyes porque no tienen ni para un regalo de segunda mano.
Y aquí viene lo gordo. Lo tremendo. ¡NOS INDIGNAMOS PORQUE EN LA CABALGATA DE MADRID LOS TRAJES DE LOS REYES PARECEN DISEÑADOS POR UN NIÑO Y EN LA DE VALENCIA NO SALEN ANIMALES! ¡Tócate los cocos, Manolito! ¿En serio? ¿Y por qué?
Pues porque Spain is different. Porque aquí alguien de la oposición del partido que sea (quienes me conocen saben que no me caso con nadie, ni soy de nadie, simplemente NO SOPORTO LA INJUSTICIA) lanza un bulo, Juanito lo lee y lo comparte en facebook, Menganita lo convierte en un tuit y, de pronto, te llega al teléfono una petición de recogida de firmas para que Valencia no pierda la Cabalgata de Reyes. Me meo. Soez de nuevo, pero no puedo expresarlo de otra manera. Nos tratan como cazurros, pero es que nos lo ganamos a pulso. Nos lo creemos todo, señores. Y así nos va.
Como lo de la Cabalgata no cuela, pues entonces nos inventamos que... A ver que piense... Ah, sí, lo tengo. Como hay una sociedad musical bien conocida en la ciudad, y de mucha "tradición", que quiere recuperar una cabalgata que tiene su origen en la república, vamos a intentar volver a colar que no hay Cabalgata de Reyes el día 5, que como está muy de moda lo del feminismo, las magas éstas que nos quieren colar son para que ya no haya reyes magos nunca jamás en nuestra vida, y así, nos cargamos la ilusión de los niños como otros políticos se cargan la posibilidad de que tengan libros y comida en la escuela. Ah, que no, que las magas no sustituyen a los magos, bueno, pues algo habrá que hacer, esto no puede quedar así. Ya está, vamos a llamarlas gordas y putas, porque es que ¡mira que son gordas y putas, tú!
Señores. Ahora lloro de pena. De rabia. De impotencia.
Mientras perdemos el tiempo haciéndonos eco de mentiras sobre ciertos temas, mientras demostramos que somos igual de irrespetuosos que quienes están por encima de nosotros y nos roban y manipulan y engañan... Nos perdemos lo importante. Aquí por lo que veo nadie tenemos ganas de que la cosa cambie. ¿De verdad son tan importantes los colores? Nos pasamos la vida hablando de respeto. Se nos llena la boca hablando de hacer el bien y mirar por el prójimo y a la hora de la verdad, cómo nos gusta meter cizaña.
Yo soy creyente. Sí, qué pasa. Pero no estoy ciega. No me caso con nada ni con nadie. Y estos días me ha invadido una mezcla de impotencia y pena tremendas cuando leía toda esta basura que nos ha tenido más que entretenidos para que, así, nadie haya difundido por las redes que el horrible señor alcalde de Valencia ha recibido en su ayuntamiento, el mismo que por fin está abierto a todos, a los cristianos que venían al encuentro de Taizé. Tampoco se ha hablado de la eliminación del copago. Tampoco nadie menciona las mejoras que va realizando poco a poco la Conselleria de educación. Nadie desmiente eso de que en los cementerios han quitado los símbolos cristianos...
¿De verdad importan tanto los colores? ¿No tenemos el criterio suficiente como para no dejarnos llevar por las masas y comprobar antes de apalear?
Repito, yo paso de colores. Pero de lo que no paso, en absoluto, es de reconocer la justicia, de intentar tener el criterio y el valor suficientes como para reconocer que algo está bien hecho porque está hecho pensando en las personas y no en el poder. Paso de saltarme el respeto a la torera, ése del que tanto hablan las mismas personas que luego insultan a quienes no les gustan con sus "puta" y "gorda" con la naturalidad más pasmosa.
Pues nada, bonicos, parece que vamos por el buen camino. Y al final, tenemos lo que nos merecemos: al pueblo, que somos todos, no nos respetará ni Dios, ya que estamos tan reivindicativos con el tema, porque ni él va a ser capaz de arreglar tanto desaguisado y tanto empastre humano. Y ojo, que ahora no hablo de la ciudad ni de la escuela, ni de los aeropuertos falsos. Lo que Dios no va a ser capaz de arreglar va a ser tanto corazón mezquino de tantas y tantas personas que olvidan que ser cristiano no es ir a misa, y que los valores, al final, son los mismos para todos, seamos del color que seamos.
Que siga lloviendo.

CON M DE MAMÁ y L de LLUVIA