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15 de junio de 2015

10 planazos (sin hijos) que no puedes perderte

10 planazos que no puedes perderte... si eres madre o padre y necesitas tiempo sin niños, en compañía de adultos o contigo mismo.

Aquí va mi lista básica:

1. Elegir una peli, da igual cuál mientras no sea de Disney Channel y los personajes, humanos o no, no canten... y quedarte sopa en los créditos iniciales.
2. Elegir un buen tinto, tu preferido a ser posible, y ponerlo a refrescar un poco para pegarte una súper cena con Papi. Que llegue la hora C, o de la cenorra, y cambies el vino por un vasito de leche porque te caes por las esquinas.
3. Organizar varias comidas y/o cenas con amigas, elegir sitio, hora y hasta menú, y dejarlas tiradas porque el asma, los virus o una rabieta de tres horas te atrapa en bucle y no te deja huir.
4. Decidir que quieres prepararte un examen importante; sentirte emocionada y motivada como nunca... y cambiar esa ilusión máxima por una sensación de ridículo extremo cuando llega el día del examen hasta el punto de que tienen que obligarte a ir porque planeas hacer pellas.
5. Quedar con las mamis de las amigas de tus hijos para ir a caminar de noche, y así poder lanzar un grito unánime mientras recorréis la zona: "¿Hasta dónde estamos? ¡Hasta el infinito y más allá!" y renunciar al plan porque te quedas enganchada al atarte la zapatilla.
6. Buscarte una tarde fija para hacer lo que más te guste: desde tocarte la pancha, hasta hincharte a martinis, pasando por sacar a flote tu blog, y que siempre se interponga alguna lavadora inoportuna, una reunión, una compra urgente o el mismo Murphy.
7. Sin ánimo de sonar materialista o superficial... Decidir que te vas a comprarte cuatro trapitos porque los que llevas tienen más años que tu hija mayor, y acabar comprando trapitos a tus hijos, gastándote mucho más de lo previsto y con cero posibilidades de seguir comprando para ti.
8. Que el sábado Papi se baje a los enanos madrugadores para que tú puedas alargar en la cama... y entonces, te entre tal insomnio que acabes levantada a la media hora, y en modo "lavadoracamasaspiradorcambioderopa-mevaareventarelcabolodenodormir".
9. Elegir un buen libro, el que empezaste hace medio año (tú que devorabas en dos tardes la biblia en verso), sentarte a leerlo, darte cuenta de que necesitas refrescar ciertos detalles, empezar de cero y dejarlo por donde lo dejaste la última vez. Tu vida es un puñetero bucle.
10. Quedar con amigos con hijos para que los niños se entretengan solitos y los mayores puedan hablar sin ser interrumpidos, al menos, durante cinco minutos, justo lo que puedan tardar en pelearse por el balón o el columpio... y acabar ejerciendo de lo que mejor sabes: de madre maestra cuidadora de la gran mayoría de ellos, mientras los demás beben, hablan y comen papas. Pero, ¿cómo? ¿En qué momento ha pasado y por qué? Si hoy es domingo y yo no curraba...

A día de hoy puedo decir con orgullo y satisfacción que he realizado todos y cada uno de estos planazos para padres, e incluso repetido con asiduidad algunos de ellos.

¿Y tú? ¿Con cuál te quedas? ¿Cuál es tu favorito? ¿Cuántos te quedan para tener el TOP 10?

CON M DE MAMÁ y P de PLANAZOS

6 de septiembre de 2014

10 trucos que uso para huír de nuestro aburrido mundo de adultos

1. Hacer pompas de jabón: en lo alto de un edificio, en el campo, en la playa, en la calle, bajo la luz de la luna llena en verano... Me chifla, no hay más. Me relaja. Me inspira. Me devuelve a mi niñez.
 
2. Hacer competición de salto libre en la piscina con Pichu. Ella suele ser muy creativa, así que las risas están aseguradas. Yo me había quedado en "tirarme de bomba" y "de ángel", pero este verano he aprendido a tirarme "de morcilla" y le he hecho la competencia con "el salto de la longaniza".
 
3. Hacer carreras de motos... con sus motos... Sí, sus motos de plástico, ésas sobre las que se suben los mini niños y hacen rodar con el impulso de sus pies. Ésas. Es más divertido aún subir con uno de ellos para tirarnos por una (mini)rampa, porque el que va en la otra moto se suele picar más. Ventajas de medir 1,60 y ser tamaño chapa. Y lo mejor es ganarles... jijijiji.
 
4. Hacer con ellos un bizcocho o unas magdalenas, rebañar las sobras de la masa cruda, sobre todo si lleva chocolate, pintarles la nariz con la cuchara... y acabar los tres de masa hasta las cejas, muertos de la risa, y con la cocina hecha un cristo.
 
5. Volar a la cocina gritando "la taaaaarta" en cuanto pita el horno, para abrirlo y descubrir el bizcocho más enorme y esponjoso y que mejor huele del mundo, y para a continuación, contemplar sus caritas de satisfacción y de "¿y si lo enfriamos soplando?"
 
6. Ducharnos los tres juntos en la "chucha" de mayores, con el gel de chocolate de mamá, jugar a tirarnos agua congelada, o a hacernos los dormidos (de pie) para que los otros dos nos despierten con el chorro helado en plena pancha, darnos un abrazo espumoso y escurridizo mientras reímos sin parar... y dejamos el baño hecho un charco.
 
7. Hacer la voltereta y el pino bajo el agua, y si puede ser voltereta + pino, mejor que mejor, o muchas volteretas seguidas (vale, dos, porque a la tercera me he ahogado, o si no, me he desorientado tanto que fijo me como el suelo de la piscina) ante la atenta cara de admiración de Pichu: mami mola.
 
8. Trepar a los árboles, saltar desde ellos o tumbarnos en el tronco inclinado, y escalar montañas agarrándome a lo que haya (con sandalias, que tiene más mérito porque la improvisación cuenta doble).
 
 
9. Tirarme por el tobogán sola o con ellos, acabando los tres en el suelo "al montonet", columpiarme hasta casi tocar la luna e inventarnos mil juegos en la casita del tobogán, mientras os pido un café con leche imaginario y una tarta de piña, coco y zanahoria.
 
10. Haceros cosquillas, comeros a besos y achucharos sin fin, hasta que lancéis vuestros respectivos "paraaaa por favoooor"y "llallaaaaaaaaaaaaa" muertos de la risa, mientras rodáis de nuevo para que vuelva a empezar.
 
El mundo de los adultos es muy complicado, en muchas ocasiones aburrido y más de una vez casi insufrible, porque hemos perdido la capacidad de reír por la vida misma, porque sí, porque estamos aquí y hemos visto el sol esta mañana. Yo doy gracias porque os tengo, y porque vuestra niñez evoca la mía y me devuelve la locura y el sin sentido que me ayuda a llevar esta locura de rutina, los "problemas de mayores" y los rollos de adultos de una manera más sana, e infinitamente más divertida. GRACIAS POR DEJARME ENTRAR EN VUESTRO MUNDO Y VOLVERME UN POCO MÁS NIÑA CADA DÍA.

 
CON M DE MAMÁ y N de NIÑA