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2 de octubre de 2015

Por qué adoro ser MAESTRA

Porque entrar al colegio cada mañana, mirar sus coloridas paredes y ver los pasillos esperando los pasos de los niños y niñas es respirar vida.
Porque las voces de los niños y niñas en las horas de recreo, sus cuchicheos en clase, sus risas, sus juegos e incluso sus disputas me hacen volver a mi yo niña y contagiarme de lo que fui.
Porque la sinceridad de los niños no regala mis oídos falsamente sólo por el mero hecho de agradar, y si algo les gusta lo dicen, y si no les gusta también, y eso, siempre que sea con educación y desde el corazón, es muy de agradecer en este mundo lleno de hipocresía y falsedad.
Porque justo por lo anterior sigo queriendo mejorar cada día para llegar a ser una buena maestra, porque me esfuerzo por aprender acogiéndome a sus intereses y sus reacciones, y porque ambiciono llegar a sus corazones y dejar una buena huella que les sirva en su futuro y de por vida.
Porque sus sonrisas y sus miradas son cálidas si llego algún día con el corazón congelado y hacen que mis penas se vayan lejos y no vuelvan en todo el día.
Porque un abrazo espontáneo de cualquiera de ellos, en el momento que sea, es mucho más valioso que un saludo y dos besos de los que los adultos nos damos por pura cortesía.

Y porque, en definitiva, trabajo rodeada de seres especiales, cuya visión de la vida es de verdad pura magia; porque estar con ellos y bajar (o subir, según se mire) a su mundo me ayuda a ver las cosas de manera más natural y sencilla, y eso, en mi mente complicada de adulta es muy de agradecer.

Por todo esto y mucho más... ¡ADORO SER MAESTRA!

CON M DE MAMÁ y DE MAESTRA

19 de mayo de 2015

Querido alumno... Querida alumna...

Querida alumna... Querido alumno...

TÚ PUEDES. 
Claro que sí. ¿Quién te dijo lo contrario? Quien fuese no fue del todo sincero contigo. 
Yo sé que tú puedes hacerlo, a tu manera, acorde a tus posibilidades y a tu forma de entender la vida y de ver el mundo... Pero, de un modo u otro, PUEDES.
YO CONFÍO EN TI. 
Confío en tus triunfos, y en tus errores; en estos últimos sobre todo, porque son los que te harán levantar el vuelo con más fuerza si los adultos que te rodeamos somos capaces de tenderte la mano que te ayude a levantarte.
YO CREO EN TI.
Debes notarlo en mi mirada y en mi sonrisa. Cuando te hablo, te explico, te doy ejemplos o respondo a tus dudas e inquietudes lo hago dando por hecho que VAS A SER CAPAZ DE LOGRAR LO QUE TE PROPONGO. Parto de esa base. Me niego a imaginar lo contrario. Ya vendrán luego las dificultades, y ya las resolveremos juntos. Pero me niego a ser yo quien te ponga las barreras con un gesto de inseguridad o una sonrisa pequeña.

Querido alumno... Querida alumna...

TÚ ME ENSEÑAS. 
Contigo redescubro cada día el mundo. Me permites abrir la mente y me enriqueces con perspectivas diferentes que no sería capaz de ver si no fuera por tu ayuda. Me obligas a seguir indagando más allá, a seguir formándome para poder estar a tu altura.
TÚ ME HACES GRANDE.
Cada vez que me recibes con tu sonrisota enorme, con tus ojos tremendos y tu curiosidad gigantesca... Me haces sentir importante, querida, y muy afortunada. Haces que mis males ajenos se conviertan en guiños de complicidad y cosas superfluas, al menos hasta que salgo del mágico mundo en el que tú vives.

Querida alumna... Querido alumno...

PERMÍTETE LA LICENCIA DE EQUIVOCARTE, y permíteme equivocarme a mí también. 
SUEÑA para que yo siga soñando y juntos proyectemos futuras realidades.
PREGUNTA para que mi mente siga despierta y tu curiosidad sea la mía.
APASIÓNATE para que mis años no me pesen más que mis pasiones y pueda contagiarte mis ilusiones, y tú a mí las tuyas.
VIVE. 

QUERIDO ALUMNO... QUERIDA ALUMNA...

¡GRACIAS!

CON M DE MAMÁ y de MAESTRA