Mostrando entradas con la etiqueta señales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta señales. Mostrar todas las entradas

18 de febrero de 2016

¿Crees en las señales?

Quien no ha perdido a un padre al que adora no sabe qué es no poder tenerlo cuando se quiere.
Por suerte, tú sabes hacerte notar cuando más lo necesitamos. Apareces de manera discreta, en forma de canción, de frase que otro dice, o de mirada. 
Es curioso porque a veces cuando ni yo misma noto que te necesito mucho en un determinado momento, de pronto algo me recuerda que estás. Algo que otros días no he notado. Señales.
El lunes por la tarde te necesitaba, mucho. Por dos motivos diferentes. Uno era Rubiazo, el otro yo. Y ahí estabas. Sin que yo te lo pidiera. Pasamos con el coche por el camino que hace dos años me llevaría a tu casa, como tantas otras veces he pasado. Sin embargo, el lunes algo se rompió dentro de mí y lloré. Al rato, mientras me acuclillaba para mirar fijamente a Rubiazo y le hablaba para que se mantuviera en calma, me miraste; sí, sus ojos tenían tu mirada. Esa mirada de tus últimos días, como vidriosa, pero tan profunda y sabia. Esa mirada que, a pesar de todo, sólo transmitía paz y serenidad. Estabas ahí, en sus ojos. Eras tú quien me escrudiñaba mientras hablaba. Estuviste un buen rato allí. Sé que quisiste decirme que todo iba a estar bien, que estuviera tranquila. Volví a llorar allí mismo, sin ningún intento por mi parte de que no se me notara. Y de repente, te fuiste.

Quien no ha perdido a alguien a quien admira con todas sus fuerzas y a quien quisiera abrazar cada día, alguien que siempre tenía las palabras justas para cada situación, alguien grande, enorme y con un corazón gigantesco...  quizás, sólo quizás, se ría de quienes hablamos de señales. No me importa. Lo entiendo. Pero tal vez llegará un momento en que quienes nos tachen de locos o excesivamente espirituales entiendan lo que decimos, y entonces se alegren de poder entenderlo.

TE ECHO MUCHÍSIMO DE MENOS PAPÁ.

CON M DE MAMÁ y S de SEÑALES

10 de junio de 2014

Señales, momentos... La vida sigue sin ti.

Echarte terriblemente de menos y entonces... De pronto se abre una puerta y me transporta a tu casa. Huele a ti, a ese ambiente que sólo encontraba en tu casa y que tanto echo en falta.
Casi 8 meses y me sigue doliendo tu ausencia. Me sigue pareciendo mentira toda esta falta de tu persona.
Casi 8 meses y aquí la vida sigue. Tus nietos crecen, Daniela es una mujercita adorable y sensible, que se levanta y se acuesta cantando dulce, y que no puede ser más "yo", con lo bueno y lo no tan bueno que ello implica. Hugo es un gamberro agotador, que se ha hecho hueco a fuerza de desparpajo y picaresca, y que tiene una sonrisa que enamora el alma.
Roberto sigue siendo el yerno al que tanto has querido, con ese carácter tan de paz y calma, y esa ilusión y capacidad de hacer de lo que se propone un éxito seguro.
Yo sigo igual papá: culo inquieto, petardo con la mecha encendida, haciendo mil cosas a la vez y planeando mil más con la excusa de mantenerme ocupada y no pensarte demasiado. No me malinterpretes, que sabes que es debilidad disfrazada de energía.
Mis hermanos siguen siendo las tres personitas adorables que estuvieron junto a ti hasta el último aliento, ¡seguimos siendo un equipo! Has de estar muy orgulloso de ellos, sobre todo de "los nenes", que ya no lo son tanto, y están madurando y creciendo con una elegancia y un saber estar que da miedo.
En el trabajo, todo igual, feliz con lo que hago, y sintiéndome afortunada por el lugar en el que estoy, el sitio que ocupo y con quien tengo el gusto de estar; este curso voy algo loca, eso sí, bueno como siempre. Ya sabes que si no tengo lío, me lo busco. Y con la sensación esa de querer dar el 200% y saber que, como mucho, llego al 75%, porque ahora mis obligaciones primeras son otras. Pero lo voy llevando... Ésta sería otra de nuestras conversaciones de cualquier tarde entre semana, ¿verdad? Y yo acabaría dándote la razón sobre prioridades y demás.
El jueves esperaré que aparezcas por la puerta, con tu bata de doctor, precipitadamente y con cara de susto, como aquel día de junio de hace ya 6 años cuando hiciste saltar a todo el tribunal de oposiciones con tu entrada triunfal en mitad de mi exposición, y a mí casi me da el ataque. ¡Ahora me alegro tanto de que lo hicieras! Esas cosas tan tuyas dicen tanto de ti y de tu amor a tus hijos.
Y si no lo haces... Si no vienes, espero que sea porque estás liado echándole un cable a Leti o a Borja con sus trabajos de fin de máster y de grado, o tomándote una horchata con Marta y Álex que están de descanso esta semana.
Pero, eso sí, ¡no te olvides de mandarme una señal! La de hoy me ha dejado con mono de ti.
TE QUIERO MUCHÍSIMO, PAPÁ. HASTA LA LUNA Y VUELTA.

CON M DE MAMÁ y...