Esta tarde hablaba con un gran amigo sobre la capacidad de emocionarnos. Ambos coincidimos en ser dos personas que vivimos intensamente todo. Lo damos todo en cualquier situación.
Yo soy de lágrima fácil, de risa fácil, de carcajada con lágrimas. Soy intensa. En todo. Con todo. Si empiezo algo, lo hago con la fuerza propia de quien empieza el proyecto de su vida, aunque sea una simpleza, aunque lo deje a mitad, aunque lo retome años después. Cuando estoy en algo estoy al 200%. Cuando estoy con alguien, ídem.
Que la vida son dos días y hay que aprovechar cada momento es algo que cansa de tanto que nos lo venden, pero es la pura realidad. Hoy estás. Mañana quién sabe. Hoy están, mañana quizás no.
A cada persona que adopto en mi corazón la quiero porque sí, por lo que me aporta y lo que me deja aportarle. Si en algún momento desaparece, me quedo con lo bonito, porque me entregué del todo, porque lo hice porque quise y porque no sé hacerlo diferente.
Soy una soñadora nata. Tengo muchos sueños que comparto con mi yo niña, con mi yo adolescente, otros que van apareciendo conforme crezco, maduro y me hago vieja. Otros que se han cumplido, otros que jamás verán la luz pero en los que me dejo el alma como si alguna vez fueran a ser realidad.
Soy madre 24 horas incluso no estando con ellos, respetando mis momentos y los suyos. Soy amiga, amante y muchas cosas más siempre al máximo de mi capacidad. Demasiado intensa para quien sea de emociones frágiles o cómodas. Puede ser. No concibo sentir de otra manera.
Empiezo mil historias, me dejo la piel mil veces. Conozco a mil personas y me dejo el corazón mil veces. No creo que esto desgaste, más bien al contrario, es cíclico, me da la vida. Es vida. La mía.
No concibo mi día a día sin emocionarme en varios momentos, por diferentes razones, con distintas circunstancias. Quizás soy excesivamente vital. Tal vez.
Vivo intensamente. Sueño intensamente. Siento intensamente. Siempre.
Estoy demasiado viva por dentro como para dejar morir lentamente mis ganas de comerme el mundo. No sería yo. Sería otra. Mucho menos intensa, sí, y mucho menos viva.
Y mucho menos yo.
Éste es el blog de una mujer, madre y maestra. Es un blog sobre el día a día de las cosas simples, y no tanto, de ser mujer, madre y maestra. Un blog en el que "cualquier parecido con la realidad, NO es pura coincidencia".
5 de julio de 2016
Vivir la vida
30 de marzo de 2016
Tú y yo. Yo y tú.
Nos enamoramos y nos amamos con locura, con pasión, con instinto, con deseo, sin vergüenza.
Pasa el tiempo y vienen los sueños planeados y se van cumpliendo porque los vamos buscando, los trabajamos, no los dejamos escapar.
Llegan los hijos. Bendito regalo cuando nuestro proyecto de futuro de entonces contaba con que vinieran un buen día a completar nuestro cupo de deseos.
Y seguimos enamorados, amándonos con locura. Con la locura de a veces no poder ni hablarnos por cansancio. Con la pasión de seguir construyendo hogar. Con el instinto de un padre y una madre que luchan por criar a sus hijos lo mejor que saben. Con el deseo de seguir juntos una eternidad. Sin la vergüenza que corresponde sólo a quien consigue lo que es no dejando a otros que sean.
Porque nos amamos, de la misma manera pero diferente. Más profundo. Más cómplice. Más cómodo. Más de andar por casa.
Porque nos amamos aun cuando la piel no es tan tersa como la de aquella primera vez. Y sin embargo, el temblor de querernos es el mismo porque es la frescura de la mirada la que suple ese deseo joven. Nos deseamos aun con el paso del tiempo marcado en nuestras arruguitas junto a los ojos. Que se nos han marcado a fuego de tanto haber reído y llorado juntos. Nos deseamos aun cuando los partos han hecho mella en mi cuerpo y la falta de tiempo en el tuyo. ¿Y qué? Nos amamos porque nuestra mirada es la misma que la de aquel primer día. Su intensidad sigue intacta. Nuestra complicidad es mucho más grande que entonces porque conocemos cada uno de nuestros secretos, marcados a fuego en la piel que envejece de pura experiencia y, justo por saberlos bien es porque nos queremos tanto.
Misma mirada. Con la piel más curtida, más vieja. Muchos más años. Muchas más vivencias. Muchas más risas y muchas más lágrimas. Años después... Aquí andamos. Ilusionados como niños con la tontería que hace ya un tiempo largo nos entretuvo más de la cuenta y aún hoy continúa: tuyyoyoytú.
CON M DE MAMÁ y T de TUYYOYOYTÚ