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6 de noviembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: Y de ¡Yupiiiiii!


Sobra decir que, para esta edición, voy a tener que ahorrarme las acepciones que mis queridos ocupantes de sillón de la RAE tienen por costumbre cederme con cada palabra que elijo. ¿Que por qué? Obvio, gente. Ya me diréis cómo definiríais vosotros ¡YUPIIII!
He elegido ¡YUPI! porque ése es el grito de guerra de mi voz interior cada vez que algo inesperado (o no tanto), desafortunado y/o inoportuno trunca mis planes de madre y me hace desviarme del plan original o, simplemente, retrasa todo inevitablemente o, con el corazón en la mano, me toca los ovarios bien tocados. 
¡YUPI! Es lo que he dicho esta mañana cuando, a un minuto de salir por la puerta, me ha llegado un tufo a mofeta (podrida, además) que tiraba para atrás, he mirado al Rubiazo, me ha sonreído y no ha hecho falta nada más: "¡YUPIII! Habemus caca..." No es necesario que os explique que he pasado de ser yo a ser Taz de Tazmania, por lo de ir como un torbellino digo. Bueno, y por el aspecto también. 
¡YUPI! Es lo que dije cuando el fin de semana pasado, contra todo pronóstico, "aterrizamos" en Dinópolis a la hora prevista (sí, lo habéis adivinado, aún estamos celebrándolo) y al salir del coche descubrimos que el Rubiazo tenía pinta de "quiero tener fiebre". Y aún sonó más fuerte en mi cabeza el ¡YUPIIIIIII! cuando pasado un rato largo y una vez dentro de las instalaciones... El Rubiazo logró su objetivo: "Habemus fiebre". Bueno, pobre, #malamadre que soy... En realidad, el objetivo fue más de sus muelas (sí, mi rubio sólo tiene dos dientecitos abajo, cuatro arriba y pasa de completar en orden, va a salto de mata). 
¡YUPI! Es lo que volví a decir cuando metí la mano en la bolsa del carro, la de los "por sis" y... ¡Tachaaaán! ¡Que "no" habemus paracetamol! ¡Que se ha "quedao" en la entrada de casa! Re-¡YUPIIIII! 
¡YUPI! Es lo que dijo Papi (y yo le hice los coros), cuando consiguió que le dejaran salir del recinto en busca de una farmacia, después de un buen pateo, llegó al coche y entonces, y sólo entonces, descubrió que ¡¡las llaves del coche las tenía yo!! Así que, como gracias al cielo, Teruel YA existe, se fue a pie en busca del paracetamol porque el parquecito en cuestión está cerca de viviendas habitadas. Nooooo, no se fue de puerta en puerta en plan "Trick or treat?" (por lo de la coincidencia de fechas más que nada), se fue a una farmacia como toca. Pero la otra opción hubiera molado, ¿que no?: 
- Ding, doooong 
- Hola, mmm.. Dígame, qué quería? 
- Trick or ¿paracetamol para niños? 
- :$ 
¡YUPI! Es lo que digo si voy sola con ambos pipiolos en el coche porque a Pichu le toca música, y ellos ya van calentando motores y afinando el aparato fonador; es decir, Rubiazo hace el papel de los tres tenores a la vez berreando con toda su potencia, y Pichu va cantando, pero de verdad, canciones inventadas sin ningún tipo de sentido en cuanto a contenido, bastante afinadas (gracias al cielo) y yo empiezo a ver bolitas de colores fosfis por todas partes, y la cabeza llega a darme giro de 360 grados y empiezo a levitar. 
¡YUPI! Es lo que mi alma contenta grita cuando, después de 30 minutos de reloj dando vueltas, no encontramos sitio para aparcar, se hace la hora de que Pichu empiece su clase y el panorama es éste: Ambos sopa en el coche, Pichu casi ni respira del estado "karmático" en el que ha entrado por lo que aunque grite su nombre alto y claro no hay "tutía", ni siquiera hay sitio en los 800 vados de la calle de la escuela de música y yo... Yo sólo quiero pillar un avión y aparecer en Jamaica. 
¡YUPI! Es lo que he pensado, en voz alta, hace un ratito cuando, después de ir adrede a mercawoman a por leche de soja y pañales, he llegado a casa con un montón de cosas más y sin leche y pañales. Así que como ya no me da tiempo a aparecer por el "superete" antes de que empiece la jarana de la tarde, ¡YUPI! será lo que gritaré con potencia suficiente para que me consideren persona "no ZAS" en el momento en que Rubiazo decida necesitar un cambio de pañal. 
¡YUPI! Es lo que van a gritar mis tres tesoros cuando descubran que de lo generosa que he sido metiendo lentejas en la olla, tenemos lentejas para alimentarnos tres meses, y eso contando que comemos mediodía y noche, y que no invitamos a nadie (es que invitar a lentejas... pelín mal, ¿no?). De hecho, el que gritará con más emoción el ¡YUPI! será Papi, porque si hay algo en esta vida que le encanta comer... NO son lentejas. 
¡YUPI! Es lo que acabo de chillar (junto con un "su pu madre") ahora que acabo de caer en que hoy hace justo una semana que tenía que haber hecho una llamada relativamente importante (¡¡YUPI, YUPI, YUPIIIIIIIIII!! ¡Aaaaaaagh!). Cabeza de chorlito… 
¡YUPI! Porque soy consciente de que hay algo que se me está escapando y olvidando relativo a esta tarde (cole, guarde, meriendas, música y demás) y no consigo averiguar que es, por lo que, como este tipo de sensación, muy común en toda madre, no suele ser en balde... En unas horas igual os llega una ¡¡YUPIIIII!! que os revienta el tímpano. Sí, efectivamente, entonces seréis vosotros quienes gritaréis:


CON M DE MAMÁ





18 de septiembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: X de "llámalo X"


Para la 13ª edición de mi DICCIONARIO FAVORITO he querido arriesgar con esta fantástica y "bien aprovechada" letra de nuestro alfabeto, la X, y todo gracias a Pichu, que ayer me dejó ojiplática cuando al preguntarle "¿qué habéis comido de segundo plato?", nos respondió "¡chichi!". Casi muero ahogada con el trozo de "chichi" que estaba masticando. 
Ya sé, ya sé... Estaréis pensando "¿Y bien? ¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad?" Fácil, muy fácil. Aquí va la eXplicación. Eso sí, aviso de que esta entrada no tendrá la estructura "AZ" habitual en mí, es decir: no hay definición (vamos, si alguien encuentra en algún diccionario las acepciones de LLÁMALO X que hable ahora o que calle para siempre), ni va a aparecer la palabrita de marras en cada párrafo del post, ni tampoco cada dos líneas. Así que hoy os pido un sencillo ejercicio de memoria: recordad que mi elección es LLÁMALO X porque desde este momento no vais a verlo escrito hasta que no acabe mi rollazo. He dicho.
Retomando mi motivación inicial para decantarme por la X, os contaba que me vino a la cabeza en el momento en que Pichu pronunció la palabra "chichi". A ver, ¿cómo puedo decir esto sin que haya malas interpretaciones...? Nada, ¡a bocajarro! ¡Es que no puedo soportar esa palabra! Bueno, ni esa ni otras muchas palabras y/o expresiones tales como: momir, ¿está meno?, guau-guau (por perro)... y ese largo etcétera de lenguaje de bebé que adoptamos los adultos (¡ojo!, que conste en acta que esta vez no me incluyo) cuando hablamos con nuestros enanos. Creo que quizás es por el hecho de ser maestra, tener compañeras, maestras de infantil, que comentan lo "fatal" de hablarles a los niños así y en diminutivo, y haber tenido alumnos que con determinada edad aún usaban esas palabras en vez de las correctas. 
El caso es que supongo que por todo eso puedo decir que me parece estupendo que el mundo en general diga chichi en vez de decir filete, pechuga o cordon bleu, pero que lo diga Pichu... ¡Me da un ataqueeeeeerrrrrrrrr!
Yo he intentado, en un esfuerzo eXtraordinario, deducir cómo sale la palabra "chichi" de "carne". Y éste ha sido el resultado:
                         CARNE... carneCITA... CICIta... CHICHIta... CHICHI


O eso o alguien muy aburrido y con mucho tiempo (ese alguien, pues, NO era padre/madre) se dedicó a escribir una larga lista de palabros infantiloides con fonética pegadiza y a pasearse por los parques de medio mundo haciendo que funcionara el boca a boca.

En realidad, mi gran trauma no viene con "chichi", que al fin y al cabo, ya ves, hablamos de un trozo de carne que muy posiblemente siga en el plato del retoño al que, en intento de un poco de "manoizquierda", su progenitor intenta venderle que está de muerte y lo hace endulzando el sonido. No. Mi gran trauma con las "bebepalabras" son los términos que se usan para designar al órgano genital femenino, la tan eXtremadamente desconocida: VULVA.
Porque en el caso del órgano genital masculino, si los papis no queremos decir pene, como mucho tenemos: chufa, pilila o pito, con sus respectivos diminutivos y poco más. Luego ya, de mayores, y teniendo en cuenta la tendencia cochinota del género macho, su órgano pasa a tener más títulos nobiliarios que la Duquesa de Alba, pero esto ni es el caso que nos ocupa ni creo que merezca mucho más estudio: "es lo que hay".
Pero si hablamos de la vulva... ¡Áaaaaaaaaangela Maríaaaaaaaaaaaaaaa! Es para ponerse a llorar de miedo con los nombrecitos que, vete tú a saber por qué eXtraña razón, les da por adoptar a las mamis modernas/papis modernos:
  • Flor. ¿Perdón? Muero si pienso en un jardín con semejante flora, señores, y no entro en detalles (ni en el jardín).
  • Palomita. ¿De la paz? ¿O de las que revolotean alrededor de las farolas por las noches, las primas feas de las mariposas? Y ¿dónde tiene el pico esa palomita? Dejémoslo, que prefiero seguir viviendo en la ignorancia.
  • Pepita. ¿De qué? ¿De oro o de chocolate? En cualquier caso, no me quedaría con ninguna de las dos.
  • Culete de delante (y culete de detrás). ¿Mande? Si gustan más, casi que a la próxima directamente utilizan una perífrasis verbal para nombrar cualquier parte del cuerpo. Mira, por la misma regla de tres, yo a los brazos a partir de hoy pienso llamarlos "piernas de arriba", ya veréis qué diver van a ser las clases de conocimiento del medio.
  • Rajita. ¿Que al culo lo llaman "ojito"? ¡¡Por favooooooooooooooor!!
  • Peseta. Vale, mi culo a partir de ahora no es culo, es euro. No, mejor dólar, más internacional y algo menos devaluado.
  • Chichi. ¿Y ahora qué? ¿Seguro que queréis seguir llamando a la carne "chichi"? Yo iría pensando en darle un giro al asunto, corazones.
  • Chumino. Lo siento, pero ¡no se puede ser más choni! No me digáis que éste no es especialmente feo.
  • Figa ("La figa ta tiaaaaaaa!"). Muy "valencianote" y tal, pero no acabo yo de sentirme demasiado higuera que digamos (figa es higo en valenciano/catalán).
  • Parrús/a. Éste está a la altura de "chumino"; comparten podium en chonismo de barrio.
  • Patata. ¡Marchando un pincho de tortilla españolaaaaaaaaaaaa! ¡Oído cocinaaaaa!¿Pero estamos locos o qué?
  • Chochete. La madre de todas las acepciones, la "más mejor" sin duda alguna, ya que traspasa lo puramente físico y anatómico y pasa a ser un nombre cariñoso con el que dirigirte a tu hija (emoticono de wassap de gritoooooo)... ¿Por qué? ¿A que a nadie se le ocurre decirle a sus hijos "¡vengaaaaa, Pene, Vulvaaaaaa, a cenaaaaaaar!"? Pues entonces, "te quiero chochete" tampoco mola mucho, ¿eh? Vamos, a mí no me haría ni puñetera gracia.
Podría seguir, pero es que conforme escribo una me vienen a la memoria un par más, y así no acabo ni mañana, chochetes. 

Bueno, y ahora poniéndome seria y hablando con el corazón en la mano... ¿Qué mensaje creéis que estamos transmitiendo a nuestros hij@s cuando en nuestra casa las palabras pene y vulva son tabú? ¿Por qué no podemos nombrarlas libremente y hemos de buscar eufemismos, a veces ñoños y empalagosos? ¿No pensáis que igual, en los casos en que hacemos tabú una palabra tan normal por vergüenza, tendríamos que cambiar el chip para que el mensaje que les llegue a nuestros hijos sea de normalidad hacia sus cuerpos, hacia su intimidad y hacia su seXualidad?

Dejémonos entonces de disfrazar palabras y ayudemos a nuestros hijos a tener un vocabulario rico y real, a madurar por medio del lenguaje, que ya bastante "deformAO" lo tenemos las actuales generaciones.
Y, en todo caso y ante la duda, si no sabes qué nombre darle a algo por absurdo pudor o por ñoñería o por morriña porque tu bebé se hace grande, LLÁMALO X, que para eso fue concebida esta letra: para despejar incógnitas.

Y... OHANA FOR EVERYBODY!! OOOH YEAAAAAAAAAH!


CON M DE MAMÁ y X de miXta ( y de LLÁMALO X)





11 de septiembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: G de Gritar


Según mis admirados miembros de la RAE, GRITAR es:

gritar.

(Del lat. quiritāre, dar grandes voces).


1. intr. Levantar la voz más de lo acostumbrado. U. t. c. tr.

2. intr. Dar un grito o varios.

3. intr. Manifestar en un espectáculo desaprobación y desagrado con demostraciones ruidosas. U. t. c. tr. Gritar a un actor. Gritar una comedia.

4. intr. coloq. Reprender o mandar algo a alguien con gritos.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

De todas las acepciones, y aunque en la maternidad caben al menos tres de ellas, me voy a quedar con la segunda: dar un grito o varios. 
En la vida "pre-mamá", y lo escribo así porque no me refiero al periodo en que vistes ropa ancha y te sientes un saco de patatas andante (aunque, eso sí, eres un saco de patatas feliz y todo te huele a nube), toda mujer ha tenido seguro más de una ocasión, y más de dos, en la que GRITAR ha sido su única salida, bien porque ha necesitado levantar la voz más de lo que normalmente lo hacía al hablar, bien porque le ha dado por "abuchear" a algún personaje público (y no necesariamente hablo de actores, los políticos serían buenos candidatos a GRITO), bien porque ha sacado su vena "horribilis" y le ha pegado un GRITO mandón a algún allegado o bien porque ha disfrutado tanto practicando "hacer bebés" que no le ha quedado otra. Bueno, quien más y quien menos pues, ha GRITADO.
Sin embargo, mi GRITO de hoy es un GRITO de esos que necesitan salir a pleno pulmón, llegar al cielo y pegar la vuelta, para rebotar en el asfalto y volver a subir. Es un GRITO múltiple. Porque quiero GRITAR como GRITA una madre ante determinadas situaciones que la descuadran y la sacan de su plano terrenal para convertirla en vorágine. 
A lo largo del día de hoy he tenido diversos motivos por los que GRITAR hubiera sido una buena opción, la mejor quizás. Y eso me ha dado que pensar en la cantidad de veces en las que una madre o GRITA o se pierde en el océano de la incomprensión, la falta de empatía, el cansancio y la desesperación.
Porque, vamos a ver señores, ¿qué es una madre? En lenguaje llano, no es más (y mucho es) que una mujer/señora/chica que se deja la piel, la vida y lo que haga falta por sus hijos, tal cual. Entonces, ¿en qué parte de la palabra cabe pensar que una madre es un autómata sin alma a quien la vida cotidiana, sus hechos y "deshechos" no le afectan?
¿Cuántas veces nos hemos visto solas ante un maremagnum de circunstancias que sólo invitaban a salir corriendo y a buen ritmo? Muchas, pero no lo hacemos. En esos momentos de máximo desespero, bien por enfermedad de nuestros pequeños acompañada con toneladas de preocupación, bien por falta de sueño, bien por falta de trucos, por falta de empatía ajena o por falta de espacio personal y tiempo... En esos momentos, las mamis sólo queremos, y pedimos a GRITOS (valga la redundancia), ¡GRITAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAR!
Queremos GRITAR cuando nuestros pequeños sufren, ya sea física o animicamente.
Queremos GRITAR cuando la injusticia toca a nuestros pequeños y nosotras no tenemos ni la solución ni la posibilidad de cambiar las tornas.
Queremos GRITAR cuando aterrizamos y nos descubrimos en un mundo hostil, materialista, frío y desvalorizado y nos culpamos por no saber arreglarlo a tiempo para ellos.
Queremos GRITAR cuando pensamos que no llegamos a tiempo para enseñarles mil trucos para sobrevivir en ese loco mundo al que han llegado.
Queremos GRITAR cuando nos miran como si estuviéramos locas porque hacemos las cosas a nuestra manera y con seguridad. Es más, con la seguridad de que haciéndolas así nuestros pequeños salen ganando.
Queremos GRITAR cuando nos fríen a impertinencias o malos gestos porque nos salimos de lo políticamente correcto.
Queremos GRITAR cuando, ante la inexperiencia, nuestro cuerpo se eriza en situaciones de conflicto, duda o incluso miedo con nuestros pequeños.
Queremos GRITAR cuando nuestras fuerzas flaquean, la vida nos voltea y sentimos que nos desintegramos.
Queremos GRITAR cuando, a pesar de la belleza de la maternidad, añoramos nuestro minuto, ése en el que sólo éramos "yo y mis circunstancias", ése que ya no existe y que promete no volver por un tiempo.
Queremos GRITAR cuando las cosas no salen según lo planeado, aunque siempre tengamos un plan B bajo la manga.
Queremos GRITAR cuando la situación se desmadra y no queda otra que "tirar p'alante".
Queremos GRITAR cuando descubrimos que nos hemos convertido en nuestros progenitores y ellos están cada vez más cerca de ser polvo de estrellas y de marchar a planos menos terrenales y más etéreos.
Queremos GRITAR porque de vez en cuando también querríamos hacernos pequeñitas y sentir el abrazo adulto como ya jamás lo volveremos a sentir.
Queremos GRITARLE al mundo que todo sería más fácil si cada uno cogiera un saco y lo llenara de buenas intenciones durante toda su vida, si dejáramos de mirarnos el ombligo y levantáramos la vista para darnos cuenta de que la naturalidad, la espontaneidad y la bondad no deberían ser erradicadas como lo están siendo.


YO QUIERO GRITAR HOY MÁS QUE NUNCA. Quiero GRITAR, sin parar, bien alto, hasta quedar afónica. Quiero que mi grito viaje a la otra punta del globo, y que regrese multiplicado en decibelios. Quiero GRITAR por el mero placer de hacerlo. Quiero GRITAR y sacar mis miedos a pasear, y sentir que se van para siempre. 
Quiero GRITAR y tener la capacidad de transmitir a mis hijos que GRITAR es lícito siempre y cuando no implique un daño verbal al prójimo, y siempre y cuando se haga como acto liberador, como expulsión de miedos, sombras y demonios varios que resquebrajan el alma y la alegría de VIVIR. 
Quiero GRITAR y sentir que mi alma se desentumece, se ensancha y respira. Y hoy más que nunca, QUIERO QUE TÚ GRITES CONMIGO.

CON M DE MAMÁ y G de GRITO/AR

29 de marzo de 2013

CONSEJOS, OPINIONES, COMENTARIOS, ADVERTENCIAS Y DEMÁS FRASECITAS INOPORTUNAS QUE NADIE TE HA PEDIDO QUE DIGAS...

Así que, por el bien de la humanidad, y en particular por el de las mamis modernas: ¡CIERRA EL PICO, FEDERICO! Y, si lo abres, que sea para decir cositas cuquis, please.

Es que... es como si de pronto, al convertirte en madre, te convirtieras también en la persona más torpe y con menos cabeza del universo, y necesitaras que constantemente tu alrededor te machaque con opiniones, sugerencias, consejos, críticas y órdenes directas, porque la maternidad se ha llevado consigo tu cordura y sentido común, bueno y porque el instinto maternal parece que debe ser un mito...
¡Pues no! Señoras (porque sólo  las mujeres somos capaces de ser tan machaconas): ¡DEJEN EN PAZ A TODA EMBARAZADA, PARTURIENTA, MADRE PRIMERIZA O MADRE RECIENTE! ¡Por favor! Que si ustedes han sido capaces de criar a sus hij@s... ¡Nosotras también! Y si lo que realmente pasa aquí es que viven con el "resquemor" de "a mí también me lo hicieron"... Pues, no sé... Cojan una tonelada de tomates y reviéntenlos contra el suelo desde un puente o algo, pero no machaquen por aburrimiento, que las mamis modernas aburridas precisamente no vivimos.
Últimamente, a mis amigas y a las amigas de mis amigas les ha dado por traer niños y niñas al mundo, fíjate tú, y cómo no, tanto unas como otras han recibido "consejos para torponas" y recriminaciones injustas hasta decir bastante. Pues hasta aquí hemos llegado, que ya está bien: ¡BASTANTE!
Fíjate que yo creo que todo esto, en realidad, se trata de un mal entendido, y que nuestros "alrededores" han creído que lo que tenemos en estado de "rebote" son las neuronas, y de ahí que piensen que no somos capaces de dar un paso sin tropezar con nuestro propio pie. ¡Pues no señor...as! ¡Son las hormonas! HOR-MO-NAS. Es decir, cambiamos de humor con mucha frecuencia y tal, pero no de cerebro. El cerebro, cuando estás en esta etapa tan, digamos, "maternal", se mantiene intacto. Así que las frasecitas machaconas no son de mucha ayuda, más bien nos hacen pensar en querer mandar a paseo a toda aquella alma caritativa que nos regale sus "improperios" de manera taaaan generosa. Resumiendo, que pueden meterse sus "anticonsejos"... ¡en los bolsillos! ¿Que no hay bolsillos? No problem, se los dejan ustedes en casita y cuando tengan tentación de comentar, se meten un chicle de canela y pimienta en la boca, por ejemplo, que les quedará la mar de exótico.
Y si no están aún muy convencidas de lo que leen... Aquí dejo testimonio de algunas de las perlas de sabiduría popular machacona que hemos tenido la suerte de recibir desde que nos embarcamos en esta aventura de ser mamis modernas, y que siguen lloviéndonos, claro, porque cada edad tiene "su punto débil" y siempre hay algo que comentar:

-"Así de gordita y ¿¿¿sólo con teta???" No, señora, en realidad, cuando su hijo se va a trabajar y nadie me ve, le trituro bocadillos de chorizo y panceta a la niña. Y entre cucharada y cucharada, alterno "teta" con un tercio de cerveza negra. De ahí su pancha (y la mía).
-"Panza en pico = niño / Náuseas = niño". Señora, con todos mis respetos, ¿usted de verdad quiere a su hijo? Por lo de las náuseas, digo. Y, otra curiosidad, ¿en qué años dice que se especializó en ginecología y obstetricia?
-"¡¡No lo cojas tanto!!! ¡¡Se va a malcriar!!!" Ésta es una de mis preferidas. Aquí tenéis una definición del verbo "malcriar".


Y después de releerla un porrón de veces... mmm, sigo sin verle la relación con lo de coger en brazos a un bebé. Vamos a ver, una preguntita tonta, así sin mucha importancia: cuando usted llora, se siente mal o insegura, tiene dolor en alguna parte de su cuerpo (de adulta) o ha tenido un día duro... ¿No necesita un abrazo? Si la respuesta es NO, tenemos ante nosotros a la reencarnación de Margaret Thatcher o Dama de Hierro. Si la respuesta (normal) es SÍ... Entonces, ¿qué ser maquiavélico y manipulador piensa usted que he engendrado, que con tan sólo unos meses ya planea llorar por gusto para que así lo coja miesntras me esclaviza a propósito? Como ve, esto es retorcido de narices. Vamos, absurdo hasta la médula.
-"Cada vez que llora: ¡¡¡uuuuuuy, cuánto sabe!!! ¡Te esta tomando el pelo!" Ésta, al hilo de la anterior, también es grande. Ahora resulta que sabe tanto, pero taaaanto, que lo he matriculado para que, en cuanto cumpla un par de meses más, estudie Ingeniería Aeronáutica o algo "chunguito" de verdad en Harvard (que si no ofertan la carrera en cuestión allí, será ver llegar a nuestros retoños y programarla, fijo). ¡Venga ya! Usted sí que sabe, sí. Podría dedicarse a escribir libros de psicología infantil, que le iría muy bien. O mejor, de psicología en general. Será un filón. A lo "pitonisa Lola".
-"Cuando llama sin parar :¡¡mamaaá!! Me dicen con rabia que está enmadrado!!" Ajá... ya... ¿Y qué quieren que diga un niño pequeño para llamar a su madre cuando la necesita? ¿SOS? ¿Marcianito número uno llamando a marcianito número dos? ¿Zorro del desierto llamando a Palomita blanca? ¿Oiga, usted, la que me ha parido...? ¡Que los recién nacidos con lo que vienen es con "un pan bajo el brazo", no con un código de espionaje de la CIA!
-"Ponle zapatos, que tiene frío. / No le pongas zapatos, que el pie necesita moverse." Por partes. Uno, ¿qué extraña capacidad o poder a lo X-Men (¡Lobezno, te queremos!) tiene usted que le permite meterse en el pie de mi hij@ y medir su temperatura? Prefiero no pensar en qué otras partes del cuerpo puede meterse también. Segundo, ¿usted qué ponía a sus hij@s en los pies? ¿Zapatos de cemento?
-"A los bebés hay que dormirlos meciéndolos con movimientos fuertes y sin mirarles a los ojos". ¿¿¿Cómooooooo??? Yo es que con ésta aún me hago cruces. Pero, ¿se puede ser más bruta? Vamos a ver, lo que se agita con fuerza y sin mirar a los ojos es la coctelera, la lata de coca-cola cuando quieres gastarle la broma a alguien... ¿Pero a un bebé? Eso se llama "miedo a que te robe el corazón y te enganche de por vida". Pues si así es, señora, haberse comprado un muñeco.
Como estas perlas hay un montón, a cual de todas más descabellada y con "peor humor".
Ahora, que para cosas simpáticas, la siguiente: regalarle a una mami primeriza, llena de ilusión, miedos y dudas, un libro que tiene por índice el que veis a continuación, sin darle ningún tipo de explicación y sin escribirle una dedicatoria mona:

(Ref: "Errores y horrores de una mamá primeriza", de Yolanda Saenz de Tejada, Debolsillo).
Vamos, que así a bote pronto, piensas "¡qué mala leche!, ¿no?"
Porque el libro fijo que es buenísimo y que sirve de terapia del humor (espero, por el cariño que le tengo a mi pobre amiga), pero claro, no es el primer regalo que esperas recibir... Ni tampoco es el regalito más dulce de todos los tiempos. Ahora, no me diréis que original no es un rato. 
Bueno, pues lo peor de todo, es que estas fraseconsejosugerenciacriticaopiniones seguirán sucediéndose por los siglos de los siglos como no empecemos por pararlas ya. ¡Venga! Un poquito de amor y buena voluntad, chicas. A ver si conseguimos abolir el "terrorismo maternal".

A propósito de esto, aquí os dejo una reflexión con la que me tropecé hace poco, que no necesita presentación ni comentarios porque es sencillamente "bestial". Mi enhorabuena y agradecimiento a su autora, Ileana Medina Hernández, por escribirla y compartirla con el resto de mamis.

BLOG DE ILEANA: TENEMOS TETAS

"Los bebés no son como nos lo contaron"
"No. Los bebés no son como nos lo contaron. A los bebés no les gusta dormir en cuna. Rodeados de barrotes. Presos en una jaula. No. Los bebés quieren dormir junto al cuerpo de su mami, calentitos, seguros, amparados, amados, tocados. No. Los recién nacidos no quieren siquiera estar en posición horizontal. Quieren dormir en tu pecho, en vertical, meciéndose al arrullo de tu corazón. En horizontal su digestión se ralentiza, cogen gases, vomitan, buchean, se asustan, se sienten vulnerables. No. Los bebés no se acostumbran a los brazos: ya nacen acostumbrados. Desde el principio saben bien lo que es bueno. No. Los bebés no duermen toda la noche. Se despiertan a cada rato. Para comer y para no comer. Para comprobar que estás a su lado y que los estás cuidando. Para cerciorarse de tu presencia, que es su seguridad. Para tocarte y olerte. No. Los bebés no quieren estar solos. No quieren perderte de vista ni un minuto, quieren estar junto a ti, en el centro de la vida. No. Los bebés no quieren jugar solos en un corral. Quieren jugar contigo, sonreír, ser atendidos, treparte por encima, gatear por el salón. No, los bebés no quieren que los vistas, ni que les pongas tejidos picones, pendientes en las orejas, ropas apretadas, cintas, encajes y otras cosas molestas. Quieren estar desnudos, correr sin zapatos, disfrutar del tacto de la naturaleza en su piel, del piel con piel contigo. No. Los bebés no quieren estar quietos. Quieren que te muevas, que los mezas, los arrulles, que andes y pasees, y los lleves contigo. En cuanto pueden, quieren gatear, correr, saltar, explorar, llegar a todas partes... Sí. Los bebés son curiosos por naturaleza. Quieren y deben tocarlo todo. Incluidas esas cosas que más tú tocas: los mandos, los relojes, los teléfonos, los equipos informáticos...Su riqueza sensorial se desarrolla a partir de ahí. No. Los bebés aprenden lo que viven. Si siempre oyen "no", pronto a todo te dirán no. Si a todo tienes miedo, pronto a todo tendrán miedo. No. Los bebés no son alto-demandantes. Somos nosotros los bajo-tolerantes, los bajo-pacientes, los bajo-disponibles, los bajo-respondedores. No. Los bebés no quieren que los dejes. Quieren ir contigo a todas partes, eres su ejemplo, su seguridad, su referente, su único universo.
Te guste o no te guste, así son los bebés humanos, primates, mamíferos. Si quieres comprobarlo, tan solo ten uno. Ninguna otra especie desconoce y putea tanto a sus propias crías. Si queremos un mundo un poquito más humano, bien haríamos en comprenderlo.
No son como nos lo contaron. Son infinitamente mejores y más inteligentes."

CON M DE MAMÁ