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13 de agosto de 2016

Mitos, leyendas y sorbitos de mala leche

No soy una gran escritora. Es más, ni siquiera soy una simple escritora como para andar publicando un recopilatorio de mitos y leyendas de lo que sea. Sin embargo, soy madre, y por partida doble. Y eso señores... eso da para muchas páginas. Muchos tomos, diría, de mitos, leyendas e historias varias.
En diciembre hará 7 años (¿¿ya??) que me convertí en madre. Y a lo largo de esos siete años he tenido que oír todo tipo de comentarios y opiniones sobre cómo debía hacer las cosas, educar a mis hijos, establecer sus rutinas, qué era mejor para ellos, qué he hecho mal, qué he hecho peor... La cuestión es que, durante estos siete años, todas esas personas de mi entorno que se han tomado la libertad de darme lecciones, jamás han sido capaces de mirarme y decir: "qué bien lo estás (estáis) haciendo". Ninguna. Es fuerte, ¿eh?
Éste es un ejemplo más de que la especie humana es mucho más dañina consigo misma que con el planeta en general, y de ahí, suma y sigue.
En estos tiempos en los que tanto se habla de empatía, asertividad y una larga lista de palabros que toda la humanidad deberíamos tener en cuenta para que nuestra vida, y la de los demás, fuera algo mejor... nos perdemos en cómo decirlas pero no ponemos nada en práctica.
En diciembre hará siete años a lo largo de los cuales he escuchado en multitud de ocasiones consejos, opiniones, frases y cantinelas tales como: no la/lo cojas tanto que se va a acostumbrar, no está tomando suficiente leche, siempre está pegada/o a tu pecho, tendrá que acostumbrarse a ir de brazo en brazo, va a ser dependiente vuestro toda la vida, ha de acostumbrarse a dormir solo/a o a los doce años seguirá reclamándoos, no va a querer estar con nadie que no seáis vosotros, ha de acostumbrarse a estar sin ti, es demasiado mayor para tomar pecho, tendrás que ir a la mili con él para que pueda dormirse en tu pecho, los niños no deberían dormir con sus padres porque la cama de la pareja es sagrada, que llore un poco es bueno para sus pulmones porque así los ensancha, la estás malcriando con tanto brazo, aún no ha llorado ni un minuto y ya la habéis cogido, si la/lo cojo y se despierta ya se volverá a dormir (no seas exagerada), se ha de inmunizar para que su aparato respiratorio madure... Y podría seguir enumerando tantas y tantas barbaridades y frases desafortunadas que acabaría el post y aún me quedarían muchas en el tintero.
Puedo rebatir todas y cada una de ellas, y podría decir quién dijo qué cada vez, porque se te clavan tanto a fuego que es inevitable no recordar esos momentos con algo de tristeza y bastante impotencia. Pero no vale la pena perder el tiempo en tantas personas que se han equivocado con tanto juicio gratuito.
A estas alturas puedo desmontar todos y cada uno de esos mitos falsos sobre la maternidad que predecían que mis hijos iban a convertirse en unos seres insoportablemente dependientes, casi tiranos, que iban a amargarnos la existencia por, simplemente, haberles dado todo nuestro amor y atención desde su primer segundo de vida. A estas alturas sigo preguntándome por qué narices somos todos tan listos, tan crueles y tan poco considerados con los padres novatos (sean o no primerizos), por qué nos dejamos la empatía en casa cuando miramos a otros padres y abrimos la bocaza para comentar, por qué a aquellos que fueron padres primerizos o novatos hace ya años se les olvida que ellos también tuvieron un comienzo y que también tuvieron que luchar contra los comentarios y las críticas nada constructivas.
A día de hoy, mis hijos siguen queriendo que los acompañemos al dormir con un cuento o mimos, si yo estoy en casa Rubiazo sigue tomando pecho antes de quedarse dormido, durante la noche siguen viniendo a nuestra cama cuando tienen miedo o simplemente necesitan sentirse reconfortados, seguimos cogiéndolos en brazos si lloran o tienen un mal día o momento, seguimos pasando gran parte de nuestro tiempo con ellos como una familia... ¿y sabéis qué? NO SE HA CUMPLIDO NI UNA SOLA DE VUESTRAS LEYENDAS Y NINGUNO DE VUESTROS MITOS SE HA HECHO REALIDAD. Nuestros hijos son niños autónomos, que entienden perfectamente que hay momentos para todo, que no patalean y berrean para conseguir las cosas porque saben que así no consiguen nada. Los dos pasaron con menos de dos años, dos días y una noche fuera de casa con su escuela infantil, han pasado un fin de semana fuera en varias ocasiones en casa de los tíos y además, Pichu lleva ya tres años yéndose unos días a dormir a casa de sus tíos en verano; en concreto, el pasado, con sus cinco añitos, una semana entera. Rubiazo se ha ido con ella este año por primera vez, tres días y medio con sus tres noches y, ¡oh cielos!, no ha pedido "lechita" en ningún momento, se ha dormido sin dramas, no ha reclamado volverse a casa con mami y papi, de hecho habrían alargado los dos la estancia si no llega a ser por el encuentro familiar que teníamos programado. Estos días, nuestros pequeños, los mismos que han sido mimados en exceso por haber sido cogidos en brazos cada vez que lo necesitaban, ésos a los que no dejábamos llorar en la cuna para que se acostumbraran (aún no sé a qué), los mismos a los que teníamos que haber dejado ir de brazo en brazo desde su primer minuto de vida para que se acostumbraran a la gente y fueran seres sociales... han disfrutado de varios días sin sus padres, han sido felicísimos con sus tíos y primos y amigos de los mismos, se han duchado, vestido y aseado solitos con sus 6 y 3 años y medio respectivamente, han ayudado en casa, se han hecho responsables de sus maletas y todo lo que llevaban (que no era poco), medicinas incluidas, no han montado dramas al irse a dormir sin papá y mamá y, en definitiva, han sido exactamente iguales que en casa, pero sin nosotros.
¿Dónde está el drama, el trauma o la terrible consecuencia de haber criado a nuestros hijos sabiéndose queridos, cuidados y mimados (que no consentidos)?
¿Qué hacemos pues con todos esos comentarios desafortunados que lanzamos de manera tan inconsciente a todos los papis y mamis que acaban de serlo, y que no son más que SORBITOS DE MALA LECHE que, en muchas ocasiones, consiguen agriar la propia leche materna, la ilusión y los miedos normales de las primeras veces como padres?
¿Por qué tenemos esa facilidad para creernos mejores que los que tenemos delante y nos atrevemos a dar esas clases magistrales de sueño, alimentación, rutinas en general y educación cuando somos los primeros que hemos necesitado equivocarnos para saber qué era mejor?
¿Por qué cada madre (primeriza o no) que tengo cerca tiene siempre la misma sensación que tenemos todas de sentirse presionada, juzgada, observada con lupa y criticada en cada cosa que hace?
Yo no puedo hablar de los demás, porque bastante tengo con ser yo misma y aguantarme, ni de sus hijos, porque bastante tengo con los míos y con hacerlo lo mejor que puedo, pero sí puedo hablar de lo que aquí hemos hecho como padres y que nos ha funcionado de maravilla: SEGUIR NUESTRO INSTINTO Y NUESTRO PROPIO CRITERIO, OBVIAR LAS CRÍTICAS Y LAS OPINIONES QUE NUNCA HEMOS PEDIDO, Y CRIAR A NUESTROS TESOROS CON AMOR, CON MUCHO AMOR, CON TODO LO QUE ELLO IMPLICA. Hemos acunado, cantado, acariciado, abrazado, besado y mimado a nuestros hijos muchísimo, y lo seguimos haciendo, y sí, TAMBIÉN LOS HEMOS EDUCADO HACIÉNDOLES SABER QUE HAY LÍMITES, que su libertad acaba cuando se convierte en libertinaje y que hay normas que son necesarias para convivir, en familia y en sociedad, porque toda relación se basa en el RESPETO.
Y haciendo balance, después de casi 7 años y casi 4, respectivamente, diría que no nos ha ido tan mal. No se ha cumplido ninguno de los trágicos finales de todos los mitos y leyendas que, con tan mala leche, vaticinaron (y siguen aún hoy) sobre la personalidad horrible y difícil y la fatal educación que tendrían nuestros hijos, a pesar de que nosotros hemos hecho todo lo posible porque así fuera, con premeditación y alevosía.

Dicen que la excepción confirma la regla. Pues da la casualidad de que me rodeo de muchos más padres desobedientes y atrevidos que han querido criar desoyendo las mismas amenazas que nosotros, por lo que deduzco que en esto de la maternidad no debe haber una regla y que la gran mayoría de nuestros hijos (por suerte) son fruto de la excepción.
Es justo por esto que todos ellos son EXCEPCIONALES. A pesar de los mitos, las leyendas y los sorbitos mala leche. (C.q.d)

6 de mayo de 2015

Los niños son inmunes... A las teorías, los manuales y las leyendas urbanas.

Ajá. Así es, al menos en el caso de los míos; y como no creo que sean excesivamente raritos ni originales, pues cometo la osadía de atreverme a generalizar. Y eso que este post va justamente de todo lo contrario. Ironías de la vida, mi razón de ser.
Había una vez un millón de personas (bueno, quizás no tantas, pero la exageración siempre crea más expectación) que aseguraban que los niños que necesitaban compañía para conciliar (hermosa y desconcertante palabra) el sueño serían por siempre jamás niños dependientes, y hasta bien entrada su adolescencia necesitarían la mano de mamá o papá para dormirse; máxime si estos mismos niños además cometían la osadía de pasar a la cama de sus padres cuando tenían miedo, estaban malos o simplemente los necesitaban. Y como castigo máximo serían tan dependientes que jamás saldrían del nido para irse a dormir a casa de otras personas (animales o cosas) porque, por si fuera poco tampoco tendrían patrones de sueño adquiridos (ahí es na). ¡ERROR! Pichu, además de tener la "extraña" manía/obsesión/(dejémoslo en)ilusión de querer irse a dormir a casa de cualquier familiar y/o buen amigo de la familia, duerme en su cama sin ningún problema y con sus cinco añitos, y salvando excepciones, le gusta leerse un cuento ella solita y quedarse tranquila luego en su cama hasta que coge el sueño, con sus luces de hada, eso sí. Y claro, hay días en los que pide que vayamos a estar un rato con ella, raro sería lo contrario; pero ha pasado de un día para otro de dormir con su hermano a querer estar completamente sola en su habitación.
Había una vez otro millón de personas (si no más) que afirmaban que aquellos niños a los que se cogía y calmaba cuando lloraban, en vez de dejarlos desgallitarse, o aquellos a los que se les achuchaba, abrazaba y cogía en brazos constantemente, serían futuros chantajeadores, niños consentidos y mal criados que querrían todo "ahora y ya". ¡ERROR! Primero porque lo de querer todo "ahora y ya" está en la naturaleza de cualquier niño (y de muchos adultos también) y en nuestras manos está enseñarles la paciencia y la espera, y segundo porque nosotros hemos hecho (y hacemos) todo eso y no vivimos con la sensación constante de que nuestros hijos nos chantajean, ni son niños que sólo piden porque sí; es más, os juro que entienden perfectamente un "no", un "ahora no, luego" o un "eso no se hace".
Había una vez otro millón de personas, amigas de las anteriores y de las de más arriba, que aseguraban que aquellos niños que seguían lactando indefinidamente después del año de vida, además de ser esperpénticos, ellos y sus madres, vivirían así, dependientes y enganchados a ellas (y a sus ubres) de por vida, con todo lo malo que ello implica psicológicamente hablando. ¡ERROR! Yo no puedo hablar por mí misma porque Rubiazo con dos años y medio sigue pidiendo leche por la noche al dormir y cuando está malito (lo que le ha salvado de deshidratarse cuando, por sus fuertes crisis de asma, apenas sí quería beber agua de lo mal que se encontraba), pero os aseguro que la noche que yo no estoy, aunque hace las mil y una por aguantar despierto hasta que yo llego, desde cantar hasta reírse solo, acaba por dormirse y no se levanta más loco al día siguiente de lo que ya está; pero no conozco ningún caso real de niños convertidos en adultos que sigan enganchados al tetamen de su madre y no al de su novia, así hablando en plata. Tampoco noto diferencia alguna entre la mamitis de Pichu y la de Rubiazo, y eso que la primera sólo tomo leche materna de manera exclusiva hasta los dos meses y dejó de tomarla del todo a los cinco.
Había una vez otro grupo millonario de gentes varias que se espantaban cada vez que un niño o niña corrían a la pierna de su madre ante un tumulto de gente, o lloraban cuando los arrancaban del regazo de mamá para pasárselos de brazo en brazo como si de un peluche se tratara, y que juraban y perjuraban que ese enmadramiento y/o mamitis aguda no era ni normal ni sano, y que acabaría produciendo hijos dependientes, inseguros, cero autónomos y un sinfín de adjetivos bonitos que ninguna madre querría recordar (ni creer). ¡ERROR! (una vez más). Pichu y Rubiazo han sido, y son, niños enmadrados, y empadrados ojo, cuyo mayor placer es estar en casa "todos juntos", que adoran desayunar, comer y cenar los cuatro a la vez, que mueren de ganas de que llegue el fin de semana para venir volando a nuestra cama a ver un rato de dibus, leer cuentos o hacer el bestia; y... ¡Sorpresa! Son niños que también saben jugar solos, y disfrutan con ello, que van felices al cole y no entran llorando, que salen felices del cole, que tienen la autonomía suficiente como para ir avanzando a pasos agigantados en las habilidades propias a su edad, como vestirse, ayudar en casa con algunas tareas, asearse y demás menesteres normales. ¡Ah! Y son más que felices cuando van a pasar el día con sus tíos y/o amigos. Vamos, que el enmadramiento les viene de serie y sería más que preocupante que no existiera, pero adorar a sus padres no los inhabilita ni socialmente ni como personitas. Demostrado queda.
Así que, millones de señores y señoras del mundo, cada vez que quieran destrozar la sonrisa (y la paciencia) de una madre y/o padre, primerizo o experimentado, recuerden esto: LOS NIÑOS NO SON INMUNES A LOS VIRUS (¡Ya quisiéramos! ¿Eh?), PERO Sí LO SON A LAS TEORÍAS, LOS MANUALES Y LAS LEYENDAS URBANAS.
Es por eso que no hay ni ciencia ni título universitario que lleve por nombre "Niñología: teorías, fundamentos y reglas de oro para la crianza de robots clonados"; porque como habrán podido comprobar, NO HAY DOS NIÑOS IGUALES, ni siquiera los que son gemelos. Es por esto que agradecemos de corazón sus palabras y/o barbaridades, pero no las tomamos en serio, porque después de tanta teoría absurda NOS HEMOS HECHO INMUNES.
(Recordadme que lea este post cuando se me pase la edad de criar y pase a formar parte de ese "millón de personas" creadoras de leyendas urbanas sin sentido. Os lo agradeceré eternamente.)
 
CON M DE MAMÁ e I de INMUNIDAD