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26 de enero de 2014

10 razones por las que vale la pena salir un sábado

Ayer fue un día estupendo. Digo ayer pero podría decir "hoy" porque total hace un rato que he llegado a casa. Exacto, ayer salí. Mejor dicho, ni entré. Para no mentir diré que hice parada técnica en boxes para ducha, chapa y pintura y cambio de carrocería y neumáticos. Y ya. En mi favor diré que también di "teta" y dormí a Rubiazo antes de seguir mi peregrinaje por el mundo.
El caso es que después de estar todo el día danzando por la vida, con taconazos y a lo loco, y habiendo dormido... ¿3 horas?, tenía que hacerlo...
Aquí va MI LISTA DE 10 RAZONES POR LAS QUE VALE LA PENA SALIR EL SÁBADO:

1. Porque a quien madruga, Dios le ayuda. Y quien dice Dios, dice el Universo entero. ¡Uy, no! Ésta no va aquí. Bueno también, porque acostarse sobre 3:30 y que te despierte el "tetadicto" de tu hijo a las 7:00 es transnomadrugar básicamente; y hemos de sumarle su recibimiento apoteósico desde el momento en que "olió" que mamá acababa de subir al taxi de vuelta a casa.
2. Porque te das cuenta de que podrías ser fakir en tu próxima vida, ya que llevas más de doce horas recorriendo el mundo subida a dos miniescaleras de unos 10 cm. Así que ahora cuando Wert y sus secuaces se acaben de cargar la escuela pública, me monto mi propio circo (aunque para circo el que ya tienen ellos montado).
3. Porque te das cuenta de que, aunque tú te ves "como siempre" en tu cabeza y en tu espejo interior, ahora TÚ eres la "señora" a la que antaño mirabas cuando salías de fiesta y pensabas "estas casi cuarentonas modernas... ¿Qué hacen por el mundo a estas horas? Que se vayan a casa, que es tarde". (¿Verdad, chicas?)
4. Porque descubres que no tienes ni puñetera idea de donde está la movida y reafirmas tu condición de "soy un pulpo en un garaje", y acabas llegando a la zona hostelera a la hora de empezar con las copas. Por lo que aprendes que empezar a cenar a las 00:00 tampoco está tan mal (si el cocinero escupió en la pizzas como venganza, lo desconocemos, pero el caso es que estaban ricas).
5. Porque también descubres que la cola zero, el trina de limón y el trina de té tienen los mismos colores que el ron cola, el famoso GT y un "güiscacho", y es por eso que cuando mandas foto del particular "botellón" nadie se pispa de que son bebidas fake total. ¿De verdad nadie sospechó a pesar del cuenco de palomitas (sí, os lo juro) que nos colocó la camarera en el centro?
6. Porque como cuando llegas a casa tu "tetadicto" ya está esperándote a grito pelado, te acuestas tal cual y amaneces al rato monísima de la muerte... Hasta que te acercas al espejo y ves tu cara de "puerta" y tu "pestaña" en cada ojo, porque el rimmel se ha apelotonado tanto que las pestañas van a una, como Fuenteovejuna.
7. Porque te das cuenta de que da igual que tengas "30 y" que 15: tus amigas y tú os ponéis de acuerdo en el dress code antes de salir, pavas totality. Y como siempre, una del grupo se lo salta a la torera a traición, porque necesitaba estrenar una falda megachachicuquideal perfecta para la ocasión. La diferencia entre ahora y hace taitantos años es que en vez de por el chat del messenger ahora habláis por "wassap".
8. Porque es la excusa perfecta para ir al día siguiente cual bragafaja por la vida, con los ojos inyectados en sangre, la mirada pérdida, el pulso de un zombie, durmiéndote de pie (literal) mientras paseas con tu family, y para meterte un sandwich de nutella de medio kilo entre pecho y espalda sin remordimiento alguno, a ver si así te sube el azúcar y revives. (Quien dice un sandwich, dice "y chuches, y galletas de toffe, y cola, y un helado... ¡Y todo lo que le caiga a tus hijos de la mesa!").
9. Porque así tienes la excusa perfecta para justificar tus ojeras de serie, que ya son marca registrada, y suena muuucho más guay decir "es que el sábado me pegué el fiestón" que "Rubiazo ha tenido una noche complicada" (que también).
10. Porque hay cosas que no tienen precio: reír a mandíbula batiente con dos buenas amigas, hablar de todo, darle la vuelta al mundo, patear con ellas sin rumbo fijo hasta que una de ellas (normalmente la foránea) pregunta por el destino al que nos dirijimos sabiendo que la respuesta es "ni piiiiii idea", recorrer fácil diez restaurantes con cara de buenas niñas para que a esas altas horas nos dieran al menos un paquete papas o un bol de cacaos, olvidar que las madres y las noches de bohemia no son muy compatibles, aprender que si aguantamos desvelos con vomitonas y fiebres sin desfallecer es porque el superpoder "nocturno" sólo actúa en esos casos y que en los ratos de asueto es su primo lejano el nosuperpoder "ya no tienes 20 años, bonita" el que abre juego... Pero sobre todo PORQUE HAY SÁBADOS QUE MARCAN UN ANTES Y UN DESPUÉS, o simplemente, SON UN GRAN COMIENZO DE OTROS QUE ESTÁN POR LLEGAR. Os requiero bonitas. Gracias por este GRAN sábado.

9 de agosto de 2013

Mamá, me asusta la oscuridad

Tengo claro que cada niño es un mundo y que aunque a veces, inevitablemente, tendamos a generalizar o incluso a comparar... No hay manuales universales ni libros de instrucciones. Cada niño funciona de una forma, ¡gracias al cielo!
Pichu es de una manera, con cosas comunes y no a los niños de su edad, y Rubiazo es diferente a su hermana.
Pichu es muy de hablar las cosas, de exteriorizar bastante bien lo que le inquieta o preocupa (es mujer, vaya. ¡Ups! Que generalizar no está bien).
Y precisamente ayer por la mañana, mientras hablábamos sobre la noche, sobre cómo había dormido y cuánto, me preguntó si la medallita de papel que había visto ayer en el salón podía ser ya suya porque había dormido de tirón. Al decirle que esa medalla era para cuando, al acabar el cuento, se quisiera quedar ya sola y relajada en su habitación, lista para dormirse... me confesó, muy angustiada y llorando: "Pero es que dormirme sola me asusta", en un claro grito de auxilio y de frustración como si quisiera decir "nunca conseguiré la medallita de papel".
Y a mí se me partió el alma. Se me partió el alma porque yo mejor que nadie sé qué es tener miedo a la oscuridad, no querer cerrar los ojos por la noche por si... O taparte hasta la cabeza con la sábana aunque te estés asfixiando viva.
Así que la abracé lo más fuerte que pude y me propuse calmarla y tranquilizarla a base de muchísimo cariño y empatía, con el deseo de averiguar qué podía asustarla tanto.
- Mi vida, tú sabes que aquí en casa estás segura, ¿verdad? Aquí estás protegida porque tanto papá como yo somos los guardianes de este castillo, y somos fuertes (bueno, yo soy una canija, pero si me pongo...) y valientes (vale, sólo soy valiente con ellos, sola sigo siendo a veces una cagarruta, es lo que hay), y también tenemos al Rubiazo, que sabes que aunque es bebé nunca dejaría que te pasara nada, porque él también te adora.
- Sí... (aún con restos de soponcio momumental).
- Entonces, cielo, ¿qué es lo que te asusta? ¿A qué le tienes miedo?
- No lo sé... (y vuelta a empezar con los lloros totalmente desconsolados).
Con su última respuesta me vi a mí misma muchos años atrás. Yo también tenía miedo a la oscuridad, o a la noche, o a la soledad tal vez... Pero a nada en particular.
Así que yo más que nadie he de brindarle toda la comprensión del mundo a mi pequeña, y saber que, aunque de normal se gestiona ella solita sus idas y venidas por casa, cuando dice "¿me acompañas?" lo hace porque siente que hay algo que no le deja ir sola, y no hay más, no pasa nada. Es muy madura en muchos aspectos para su corta edad, responsable en exceso a veces, cosa que nos mal acostumbra, y sin embargo ¡aún es una pitufa!
Los padres actualmente tenemos tanta información y, sobre todo, tanta opinión y tanta gente con necesidad de aconsejar, que en determinados momentos normales de agobio o simplemente de duda, caemos en la trampa de abrir las orejas demasiado y cerrar el paso a nuestro instinto. Y entonces pasa lo que pasa, que llega la contradicción a tu vida y acabas sintiéndote peor que al principio de empezar la historia.
Cada niño es un mundo, y Pichu, dentro del suyo particular, aún necesita que, si al acabar de contarle sus dos cuentos no se ha quedado "frita", nos quedemos con ella un rato PORQUE TIENE MIEDO. Ha habido épocas en las que no lo ha necesitado, sin embargo, ahora que parece tan mayor en muchas cosas... ¡Nos necesita de nuevo!
¡Anda, y tanto! Está en la edad del despertar de los miedos a lo desconocido, a los seres que no existen y a la incertidumbre en sí. Pues tranquila, hija, que nosotros no vamos a dejarte llorando en tu camita. Porque, aunque como todo padre, tenemos momentos de duda razonable, también tenemos claro que a nosotros lo que siempre nos ha funcionado es LA NATURALIDAD, EL INSTINTO, tratar las cosas con toda LA NORMALIDAD del mundo, y ya pasará...
Ha habido momentos de agobio, de escuchar voces que te dicen "pues el método Estivill...". Pues no. Cada uno somos de un planeta, y yo respeto a todo alienígena que no venga del mío propio, pero de ahí a compartir ciertas maneras de hacer las cosas, va un mundo. Y ya os digo, en un momento de debilidad y cansancio extremos, Estivill vino a visitarnos. Lo tiré al minuto de estar aquí, justo lo que dura la primera tortura, justo lo que fue el minuto más largo de nuestra vida como papis: oír llorar a Pichu desconsoladamente mientras pensaba "¿pero qué coj... narices estamos haciendo?". JAMÁS volveré a dudar de mi instinto. Y si lo hago, por favor, que alguien me pegué una colleja de las que pican.
El señor Estivill lo dejo para aquellos papis que piensen que necesitan crear un patrón de sueño más allá de la rutina del cuento y de repasar juntos el día. Personalmente pienso que el método busca más la comodidad de los progenitores que la de los niños, ya que para nada se basa en las necesidades y particularidades de cada hijo, y generaliza, vamos, los "aborrega", siguiendo la actual corriente mundial de globalizarlo todo, hasta el sueño. Nadie dijo que la ma/paternidad era un camino de rosas ni un vuelo directo a la comodidad, así que no nos engañemos: NUESTROS HIJOS NOS NECESITAN. Y como precisamente la comprensión, el amor y la empatía no están reñidas con el cansancio y más ahora que Rubiazo está en nuestras vidas, es por eso que hay momentos duros, desesperantes y de locura paterno-filial. Pero oigan, nadie dijo que esto era fácil. Se supone que la ma/paternidad es un camino conjunto hacia la madurez, el aprendizaje y la plenitud.
Mientras todo eso llega, si es que tiene que llegar, nosotros te contaremos cuentos para dormir que te ayuden a vencer tus miedos, o al menos a suavizarlos, y te daremos la mano fuerte, o te abrazaremos, te acariciaremos el pelo y te veremos cerrar tus lindos ojos azules, que se apagarán tranquilos para prepararse a vivir las aventuras de un nuevo día. Además, cuando Rubiazo duerma contigo seguro que seréis vosotros los que nos echaréis de vuestra habitación para, nada más salgamos, encender las linternas y jugar a hacer sombras, contaros historias o haceros rabiar... Y de pronto un día sabrás que los miedos se han ido para no volver y que la oscuridad puede ser divertida.
Pero mientras eso llegue, PUEDES CONTAR CON NOSOTROS. Has de pasar tus miedos y no vas a hacerlo sola, pequeña. Y por supuesto, TENDRÁS TU MEDALLA DE PAPEL, porque para ti ya es todo un logro dormir de tirón. Y nosotros estamos orgullosos de cada pequeño avance que haces, pequeña VALIENTE.

CON M DE MAMÁ y de Miedo a la Oscuridad

24 de julio de 2013

Miércoles Mudo: Pompas

Pompas de jabón a la luz de la luna. Sueño de una noche de verano.


CON M DE MAMÁ



19 de julio de 2013

Sueño de una noche de verano

A veces algo tan simple como un apagón de luz general puede echar a perder una noche, una cena, un momento...
Hoy no es ese día...
Pompas de jabón a la luz de la luna. Sueño de una noche de verano. Silencio cortado por aullidos lejanos y por el suave roce de las pompas con el aire. Magia.