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25 de septiembre de 2016

Tus hijos SÍ son tus hijos

Supongo que conocéis el precioso poema de Khalil Gibran: “SOBRE LOS HIJOS” (lo tenéis más abajo😉).

Este poema me ha encantado siempre porque su mensaje es tan acertado, y ayuda tanto al aterrizaje en momentos de encabezonamiento nuestro cuando queremos imponer ciertas cosas... Sin embargo, hoy escribo para llevarle un poquito la contraria a este gran escritor en eso de que nuestros hijos no son nuestros.

Si nos ponemos en plan metafísico y profundo, nuestros hijos no son posesión nuestra, de acuerdo. Porque pensarlo así nos lleva a cometer errores tan grandes como el de proyectar en ellos nuestros anhelos y deseos no cumplidos. Pero en el sentido práctico y más terrenal, sí, son nuestros, y no del vecino o de esa madre del parque con buena voluntad y mucha paciencia. 

Nuestros hijos agotan, nos dan malas noches, nos regalan rabietas, nos dan sustos de ésos en los que el corazón nos sale por la boca y vuelve a su sitio en décimas de segundo... sí, pero también nos dan algo que nadie más es capaz de dar tan desinteresadamente: su amor. Da igual las veces que nos equivoquemos con ellos, y que sean muchas, nos adoran igual. 

Aquí en esta casa somos más humanos que nadie y hay días (como hoy, tras una noche en vela) en que nos supone un extra esfuerzo jugar un rato con ellos a mamás y papás, mirar el recital largo e intenso de canciones y bailes que han preparado y que parece que no acaba nunca, salir un rato al parque para que sigan practicando en bici, hacer una manualidad o leerles un cuento, cuando lo que nos está pidiendo el cuerpo es descanso y silencio. Pero no por ello se los endosamos a la primera persona que pasa por la puerta, que la pobre no tiene ninguna culpa ni de su intensidad ni de nuestro agotamiento. 

Por aquí creemos que en la crianza, como en todo, la virtud está en el término medio. Así que les dedicamos todo el tiempo que podemos y pensamos que necesitan, jugando con ellos, leyéndoles un cuento, haciendo salidas en familia o simplemente mimándolos, pero también nos cuidamos de que aprendan a entretenerse solos, de que jueguen juntos, de que se aburran (sí, aburrirse es buenísimo), o de que disfruten de los familiares que quieran llevárselos un rato o un fin de semana. 

Digo esto porque no puedo evitar sentir pena por esos niños, que los hay y bastantes, que tienen su tiempo ocupadísimo cada tarde, pero no porque ellos lo hayan elegido sino porque sus padres lo han hecho por ellos. Por los que sus padres piden que tengan un carro de deberes, no para crear un hábito sino para tenerlos entretenidos toda la tarde y ahorrarse el tiempo de asueto. O por esos otros que "se acoplan", literalmente hablando, a tu familia en cuanto oyen a tus hijos salir a la calle porque ya están cansados de su tablet, y cuyos padres no salen, no, pero sí "los sueltan", con premeditación y alevosía, y sin ningún tipo de reparo. Esta situación es bastante frecuente en nuestro día a día, y a mí cada vez se me mezcla más la pena con el enfado, porque al fin y al cabo, los niños no tienen culpa de ser así y de que su "sacarse las castañas del fuego y buscarse la vida" signifique una carga de responsabilidad extra para nosotros, pero llega un punto en que, ante padres tan despreocupados o, simplemente, pasotas o con morro, te dan ganas de soltar alguna impertinencia. 

Señores, nuestros hijos SÍ SON NUESTROS, no del vecino, ni de esos señores del parque con cara de maestros en horario laboral. Que igual va a ser eso, que lo llevamos escrito en la frente. O igual no, y es sólo cuestión de jeta y de picaresca. 

A mí, ante esto, que como digo está a la orden del día, me queda como consuelo la tranquilidad de estar haciendo las cosas con nuestros hijos de tal manera que quienes los conocen reconocen en ellos a dos niños felices y sanos, con la confianza suficiente como para contarnos todo lo que acontece en sus vidas, con la seguridad de que cuando nos necesitan nos tienen, con la sensación de saberse queridos y no sentir que molestan o sobran, y también, cómo no, con muchos aspectos que aprender y que mejorar, pero en nuestra compañía, siempre. Porque nuestros hijos SÍ SON NUESTROS HIJOS. Que para eso decidimos tenerlos. 

Muchas veces, incluso en un mismo día, nos damos cuenta de que criarlos no es ni fácil, ni cómodo, pero ellos no tienen la culpa, al fin y al cabo son niños. La culpa la tenemos nosotros los adultos y nuestra imperiosa necesidad de tenerlo todo controlado, incluido nuestro tiempo. Pero, ¿sabéis qué? Llegará un día en que, justo como dice Khalil Gibran, sus almas volarán de nuestro lado, a la casa del mañana, y entonces será cuando recogeremos lo que hayamos sembrado en ellas. Así que el momento del cultivo es ahora, durante su infancia, estemos cansados o no. Luego quizás sea tarde, y moriremos esperando siquiera una llamada de teléfono suya cuando más la necesitemos nosotros y que, tal vez, no llegue.

Tus hijos SÍ son tus hijos.

Con M de Mami.

(Poema de Khalil Gibran)

“Tus hijos no son tus hijos

Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.

Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos,

Pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes hospedar sus cuerpos, pero no sus almas,

Porque ellas viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados (…).

Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea hacia la felicidad”.

13 de junio de 2016

Quiero a mis hijos libres

Si hay algo que como madre tengo claro es que quiero que mis hijos sean felices, y que sean felices sin la necesidad de pisar a nadie en su camino a la felicidad.
Quiero que mis hijos se ganen el respeto de sus semejantes porque son buena gente y no porque atemoricen a los que tienen delante.
Quiero que mis hijos sepan que para amar a alguien sólo tienes que querer hacerlo, sin más, sin condiciones, sin titubeos, sin complicaciones, sin egoísmos. Y que esto no implica que tengan que aguantar carros y carretas en una relación, porque amar no significa soportar ni aguantar.
Quiero que mis hijos sean felices solos, o en pareja, o en comuna. A mí me va a dar igual mientras su felicidad implique sentirse plenos, sin dañar ni ser dañados. Y me dará igual el color de piel de quien escojan si es que han decidido vivir acompañados. Me dará igual que firmen un papel o ninguno. Me dará igual si quien está con ellos es de su mismo sexo o del sexo opuesto mientras lo que sienta y lo que demuestre sea recíproco a lo que sienten y demuestran ellos.
Quiero que mis hijos sean libres, se sientan libres y se crean libres siempre que su libertad no suponga acabar con la de los que los rodean. Y que esa libertad bien entendida sea sinónimo de respeto y empatía para con los demás, íntimos y no tanto. Libertad libre de prejuicios.
Quiero que a mis hijos los dejen ser libres. Y quiero que los dejen elegir y hacer con su vida lo que ellos consideren, sin tener que esconderse cuando lo que elijan no tenga nada que ver con lo que está bien visto socialmente según lo establecido por los siglos de los siglos.
Quiero que a mis hijos se les quiera y acepte por cómo son y no por lo que son. Quiero que se les quiera porque son personas con valores y no porque siguen una moda, pertenecen a determinada ideología o defienden ciertas creencias religiosas. Y quiero que ellos hagan lo propio.
Quiero que mis hijos crezcan felices y libres. Que maduren siendo felices porque son libres. Que vivan siendo libres porque son felices y respeten y elijan la libertad como modo de vida. Y que este loco mundo se lo permita.

30 de marzo de 2016

Tú y yo. Yo y tú.

Nos enamoramos y nos amamos con locura, con pasión, con instinto, con deseo, sin vergüenza.
Pasa el tiempo y vienen los sueños planeados y se van cumpliendo porque los vamos buscando, los trabajamos, no los dejamos escapar.
Llegan los hijos. Bendito regalo cuando nuestro proyecto de futuro de entonces contaba con que vinieran un buen día a completar nuestro cupo de deseos.
Y seguimos enamorados, amándonos con locura. Con la locura de a veces no poder ni hablarnos por cansancio. Con la pasión de seguir construyendo hogar. Con el instinto de un padre y una madre que luchan por criar a sus hijos lo mejor que saben. Con el deseo de seguir juntos una eternidad. Sin la vergüenza que corresponde sólo a quien consigue lo que es no dejando a otros que sean.
Porque nos amamos, de la misma manera pero diferente. Más profundo. Más cómplice. Más cómodo. Más de andar por casa.
Porque nos amamos aun cuando la piel no es tan tersa como la de aquella primera vez. Y sin embargo, el temblor de querernos es el mismo porque es la frescura de la mirada la que suple ese deseo joven. Nos deseamos aun con el paso del tiempo marcado en nuestras arruguitas junto a los ojos. Que se nos han marcado a fuego de tanto haber reído y llorado juntos. Nos deseamos aun cuando los partos han hecho mella en mi cuerpo y la falta de tiempo en el tuyo. ¿Y qué? Nos amamos porque nuestra mirada es la misma que la de aquel primer día. Su intensidad sigue intacta. Nuestra complicidad es mucho más grande que entonces porque conocemos cada uno de nuestros secretos, marcados a fuego en la piel que envejece de pura experiencia y, justo por saberlos bien es porque nos queremos tanto.
Misma mirada. Con la piel más curtida, más vieja. Muchos más años. Muchas más vivencias. Muchas más risas y muchas más lágrimas. Años después... Aquí andamos. Ilusionados como niños con la tontería que hace ya un tiempo largo nos entretuvo más de la cuenta y aún hoy continúa: tuyyoyoytú.

CON M DE MAMÁ y T de TUYYOYOYTÚ

26 de agosto de 2015

Tú, yo y las adversidades

Lo nuestro empezó como cualquier otra historia: pura tontería. Aunque el azar me anunciaba poco antes que estábamos destinados a encontrarnos, jamás lo hubiera dicho.
Te vi por primera vez en la foto del curriculum que tenía que llevar donde trabajaba. La foto no te hacía justicia. Claro que las fotos pocas veces hablan del interior de su dueño.
Empezamos a trabajar juntos, aunque no donde tenía que entregar tu cv. Hablábamos lo normal entre compañeros, sobre el curro, sobre viajes, sobre nuestro presente, sobre música... Sobre todo de música. Y ya.
Un buen día quedamos. En realidad, una buena noche, porque sí, por curiosidad, por nada más allá que salir un rato con alguien con quien congeniábamos.
Cardenal Benlloch 82. Tú salías de una relación. Yo no quería entrar en ninguna.
Unos cuatro meses después te mudaste a mi piso independentista cuchitril. Dos años y cuatro meses más tarde nos casábamos. Justo cinco años después, mismo día, nacía nuestra Pichu. Y tres más bastaron para completar el cupo con Rubiazo.
Estábamos bien como estábamos entonces, pero sin querer empezamos a estar mucho mejor juntos. Y lo demás es nuestra historia.
No saliste huyendo ante todas mis rarezas familiares y mis sobremesas de telenovela en auge. Te quedaste como si tal cosa.
No ha habido año desde aquel 17 de diciembre en que las adversidades no hayan intentado reventarnos la moral y las fuerzas.
Lo que las adversidades no saben es que en el momento en que la vida nos cruzó se formó un equipo. No saben que entrenamos duro, a pesar del frío, la lluvia, el poniente o las pocas ganas. No saben que nos motivan los retos. No saben que basta un abrazo o una sonrisa o un intercambio de miradas para que el otro sepa que siempre seremos equipo y venceremos.
La verdad es que me considero lo suficientemente educada como para no mandar a la mierda a las adversidades, aunque no puedo evitar hacerles un corte de mangas cuando parece que no miran.

Te quiero. Con todo y con nada.
A pesar de las adversidades y gracias a ellas.

CON M DE MAMÁ y T de Tú, yo y las adversidades

31 de diciembre de 2013

Con M de Mamá y con B de BALANCE. ¡Adiós 2013!


Esta entrada era necesaria en el blog, al menos así lo siento yo. 
Necesito despedir este año por escrito, dejar plasmadas mis palabras, impresiones y sentimientos en mi pequeño diario, mi desahogo continuo y mi espacio privado único. 
Sobra decir que el 2013 no quedará en mi memoria como uno de los mejores años de mi vida. Sobra decir que, cuando eche la vista atrás y piense en este año será muy probablemente porque estaré mandándole un beso a una de las personas más importantes de mi vida, allá donde esté, la persona que más seguridad me ha dado en los últimos años (junto con Roberto), la persona a la que quiero parecerme por encima de todo: MI PADRE. Pero empecemos por el principio.
2013 ha tenido cosas muy buenas, y eso es un hecho que no puedo dejar de lado porque no sería justo para muchos, obviaría determinados momentos, pero, sobre todo, no sería justo para mi propio corazón, porque estaría condenándolo a olvidar lo bueno que ha tenido. 
Podría hacer el balance de este año por meses, parcelas de mi vida o momentos. Pero siguiendo la línea de orden de mi cabeza, amueblada por estancias y con diferentes estilos, lo haré sin ningún tipo de orden lógico más que el sentimental.
Lo primero que me viene a la cabeza si pienso en el 2013 es que en marzo celebrábamos que mi papi seguía con nosotros tras dos años de un duro golpe en su enfermedad y de, literal, haberlo visto renacer cual ave fénix. Sí, uno de esos pequeños milagros que de vez en cuando nos regala la vida... Aunque no duren para siempre.
En este año me reincorporé al trabajo tras mi baja maternal de 4 meses y le pasé el testigo del cuidado de Rubiazo a mi hermano, el tío Borja, o como yo lo pienso, "el mejor canguro del mundo". Yo necesitaba reincorporarme a trabajar, no sólo por mis neuronas y su salud, sino también por Pichu y la recuperación de sus rutinas junto a mí. Tener la suerte de contar con mi hermano fue un auténtico regalo, como ya lo fue cuando se encargó de Pichu en su momento. Este hecho va irremediablemente unido a mi puesto de trabajo: una escuela pública en la que, además de sentirme plenamente realizada profesionalmente hablando, por todas las oportunidades que me han brindado y la confianza depositada en mí y en mi labor como docente, también he encontrado grandes amistades. Amistades de esas que, de repente, pasan a ser parte muy importante de mi vida. AMIGAS EN MAYÚSCULAS. Amigas a las que he tenido en lo bueno y en lo malo, siempre, sin condiciones, y que han velado por mí y por los míos. AMIGAS a las que tengo la suerte de ver cada día de lunes a viernes, y otras veces fuera de horario laboral, que me hacen reír, saben escuchar y, además, también me dejan formar parte de sus vidas. GRACIAS.
El año ha tenido grandes e irrepetibles momentos en familia, con MI FAMILIA, ésa que un buen día decidimos formar Papi y yo y que hace poco más de un año crecía para convertirnos en cuatro. He visto a mis hijos hacer, día a día, cada vez más grande el sentido de la palabra HERMANOS, los he visto mirarse y abrazarse con tal complicidad que no me ha cabido más amor en el alma. Hemos visto dar a Rubiazo sus primeros pasos, que se convirtieron al poco en auténticas carreras, a Pichu cantando su primer concierto y trayéndome así bonitos recuerdos de mi primera actuación... Hemos dejado a Rubiazo en la guarde empezando así su andadura en el "mundo social", hemos disfrutado de Pichu y su "paso más allá" en madurez, autonomía y, sobre todo, en creatividad. 




Y además he tenido la suerte de hacer todo esto junto a la persona que amo, que no es otro que el padre de mis dos tesoros, compañero de vida y aventuras, en lo bueno y en lo malo. En definitiva, este ha sido un año lleno de aventuras que hemos vivido juntos, un año lleno de sueños que hemos ido cumpliendo y de etapas que vamos superando, siempre unidos y de la mano. Sois MI VIDA ENTERA. GRACIAS.
En este dispar 2013, he confirmado que tengo unos HERMANOS que son un tesoro, que son los más valientes del planeta, que son capaces de darle cien patadas a cualquier situación por adversa que sea, que son capaces de arrancarme una sonrisa aún cuando el momento sólo te pide llorar y salir corriendo, que son el mejor equipo, que saben plantarle cara a la vida y a todo lo que quede por venir, que son apoyo, amor y amistad, y sobre todo, UNIÓN. Son, sin duda, el mejor legado que un padre podría dejar a un hijo. GRACIAS.
Este 2013 me permitió disfrutar de momentos únicos ya que tuve la suerte de compartir parte de mi baja maternal con mi amiga, y "hermana", Helen, con la que viví escenas propias de películas de Esteso, y con la que a parte de intercambiar experiencias y/o ropa de niño, pasé grandes ratos de carcajada continua. Además, tambien he tenido siempre a mi lado y velando por mí, por nosotros, a la persona más buena que conozco, a una amiga-hermana que sólo sabe ver el lado bueno de todo y todos quienes la rodeamos, que se toma cada obstáculo en la vida como un aprendizaje, alguien de quien tengo muchísimo que aprender, y a la que admiro por muchísimas razones. GRACIAS Sandrita, por estar a mi lado, siempre, incondicionalmente, aun cuando yo decía no necesitarlo y me cerraba en banda. Jamás he conocido a alguien tan fiel al sentido de las palabras AMISTAD y AMOR. Te mereces todo lo bueno que quiera depararte el año que entra y todos los venideros.
Las circunstancias adversas que nos han rodeado a mí y a los míos a lo largo de este año, y más concretamente al final, sólo han servido para que me reafirmara en algo que yo ya sabía: tengo unas AMIGAS, grupo-piña inseparable desde que iniciamos magisterio en 1997, que SIEMPRE ESTÁN, a pesar de la distancia, la marcha que lleve cada una y el número de hijos que tenga. GRACIAS.
Además, este año también me ha regalado grandes satisfacciones, más que inesperadas, gracias a este blog, que hace poco cumplía un año. Un blog que nacía como espacio de refugio, descanso y catarsis maternal, y que he utilizado a modo de diario personal para no acabar del todo majara. Un blog gracias al cual, y así sin previo aviso, entraron a formar parte de mi vida un grupito de mamás maravillosas, madrAZas todas ellas, que me han enseñado que el valor de la amistad va más allá de pantallas, redes sociales y mundos 2.0, y que quisieron estar conmigo en el, hasta ahora, día más triste de mi vida, en forma de ramo de rosas y carta, y en forma también de maravillosa desvirtualización ese mismo día. 

Un blog que me ha acercado a un montón de personas que han querido perder un rato de su tiempo leyendo mis chorradas, mis historias... que han tenido a bien llorar conmigo o dejarme unas bonitas palabras a modo de comentario; personas que, sin conocerme, han entrado a formar parte de mi vida a través de este espacio de escritura libre y que, en multitud de ocasiones, he tenido la suerte de que hayan querido quedarse y compartir conmigo sus emociones y experiencias, a pesar de que yo no siempre haya podido dedicarles el tiempo que merecen. A todos, GRACIAS.
Son precisamente este tipo de cosas las que me hacen apreciar el lado positivo de todo lo que ocurre, la CARA B de la vida, que va y de pronto te premia con un pequeño akelarre de AMIGAS con las que sabes que cuentas para todo, con las que puedes #reírhastareventar o llorar hasta no poder más, porque no te juzgan, simplemente, te quieren tal cual eres, con tus circunstancias y las movidas que te acompañan, porque comparten contigo mucho más que algunos de los que ves a diario, y eso que ni siquiera has podido darles un abrazo "no virtual". Por todo ello, GRACIAS.

Y es que si algo he ganado este 2013 es en muestras de cariño, tanto de antiguos compañeros de trabajo de otros coles como de AMISTADES que empezaron hace tres años ya en la puerta de la guarde de Pichu, y con quienes, por las caprichosas circunstancias de esta vida y en este año, de pronto se ha creado un vínculo casi mágico que me hace sentir constantemente reconfortada, protegida y cuidada. GRACIAS.

Este año de color cambiante y sabor agridulce, ha sido un año de reencuentros en el que, de pronto, todo ha cobrado sentido, en el que mis raíces han encontrado su origen, en el que he entendido por qué soy como soy, en el que he recuperado una parte esencial de mi pasado y en el que se ha abierto una maravillosa puerta hacia un futuro lleno de buenos momentos y de "recuperar el tiempo perdido". GRACIAS por hacerlo posible.


El 2013 ha sido un año MUY INTENSO, un año de mucha madurez personal, pero sobre todo, un año en el que he tenido que lidiar con, hasta ahora, la experiencia más dura que he vivido: PERDER A MI PADRE, tal día como un 19 de octubre. Y sin embargo, y precisamente gracias a su valor, su fuerza, su lucha, sus ganas de vivir, su entereza y su saber estar hasta el último suspiro, puedo decir que su ADIÓS tuvo una parte dulce, que es la que me ayuda a sentirlo tan cerca, a recordar su mirada y su sonrisa, su olor y su voz con el corazón lleno de PAZ, y sintiendo la conexión de mi alma con la suya siempre, a cada segundo, sabiendo que me acompaña sin descanso y que voy de su mano todo el tiempo, porque así es como nos despedimos, cercanos, unidos y habiéndonos dicho todo lo que queríamos decirnos, sin dejarnos una palabra en el tintero, sin dejar de exprimir nuestros últimos segundos de vida juntos.

Aún así, cierro el balance de este año 2013 con un profundo sentimiento de dolor y desgarro en el alma, porque a pesar de sentir su presencia constantemente, me sigue faltando su abrazo, su beso, su voz, su olor, su mirada, su realidad. Es muy cruel cómo la vida te lo da todo y en cuestión de segundos te deja de vacío, se carga para siempre la interacción terrenal, el tú a tú al que estamos acostumbrados, y te deja "en bragas", sin piedad, porque por mucho que le pidas un sólo segundo más, el justo para darle un último beso, estrecharlo, mirarle, que te diga "guapa" como solía hacerlo... No te lo da. No entiende de penas ni de duelo.
Es por eso que mi 2013 se cierra extraño, incompleto, en parte vacío, con lágrimas de incertidumbre y pensamientos de "¿qué va a ser de mí sin ti con toda una vida por delante?".
Hoy escucho esta canción




Y pienso irremediablemente en ti, en lo que me has regalado, en tu esencia y su huella en mi maternidad, en tus últimos días, en tus palabras de padre orgulloso, en TI, con todo. Pienso en lo muchísimo que te echamos de menos, en el regalo que nos has hecho queriendo luchar durante dos años y medio como yo no he visto a nadie hacerlo. Sólo eso ya nos supone el mayor REGALO DE UN PADRE A SUS HIJOS. Sólo por eso, no puedo pues decir que mi 2013 haya sido sólo negativo, porque si quiero ser práctica y razonable, tal cual tú lo serías, y echarle un par de ovarios al asunto... Este año de cambios y despedidas también me ha dado lo mejor de ti: TU ALMA, TU CALOR Y TU PRESENCIA CONSTANTES, TU SONRISA ETERNA, TU MIRADA EN PAZ Y TU AMOR. GRACIAS PAPÁ. GRACIAS SIEMPRE.

La vida es un continuo devenir, un ciclo, un toma y daca, un regalo con fecha de caducidad sólo terrenal. MUCHAS GRACIAS A TODOS AQUELLOS QUE HABÉIS FORMADO PARTE DE LA MÍA EN ESTE AGRIDULCE 2013. Y, eso sí, disculpadme por cada vez que no haya sabido o no haya podido estar a vuestra altura. Gracias por ser y estar, por dejar parte de vosotros en mí y enriquecer mi alma.


¡¡FELIZ 2014!! MIS MEJORES DESEOS PARA VOSOTROS Y LOS VUESTROS.

CON M DE MAMÁ y B de BALANCE





13 de noviembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: R de Roberto

Según la wikipedia ROBERTO es un nombre de origen germánico (germano hruod, 'fama, gloria', y berht, 'brillante'). Es un nombre de pila masculino de origen germano que significa 'fama brillante'. Después de haberse utilizado en mayor medida en Italia, fue adoptado por la Europa continental; entró en Inglaterra a través de los normandos.
Según la wikinoni ROBERTO es calma, equilibrio, paz, fuerza, protección, inteligencia, brillo, constancia, perseverancia, valor, coraje, madurez, profesionalidad, vocación, paternidad en estado puro, vida...
ROBERTO es la orilla en la que dejo mi bote cuando necesito dejar de remar contracorriente. Es quien siempre está a mi lado, quien me apoya y quien me hace tener los pies en la tierra y caerme del burro cuando me empeño en no bajar.
ROBERTO es mi mejor amigo, mi amante, mi compañero de viaje y de vida y el padre de mis dos tesoros. Sin él esta casa se cae y mi barca no llega a buen puerto.
ROBERTO no juzga, no se precipita, no critica, no manipula, no enreda. ROBERTO observa, con esa mirada tan "en calma", tan sabia y tan respetuosa, espera, estudia.
Y yo...
TE ADMIRO. Te admiro y te adoro. Incondicionalmente y sin peros. No puedo no hacerlo. Tienes tanto que aportarme, a pesar de los años juntos, a pesar de mi propia madurez adquirida a golpe de tambor, me sigues aportando y me sigo enriqueciendo sólo con coger tu mano y observarte.
APRENDO a ver la vida desde la calma de la orilla y a alejarme del torbellino del agua, a pesar de que éste me persiga insistentemente y pretenda engatusarme con sus cantos de sirena. Aprendo también muchos aspectos de nuestra "segunda vida", esa que llaman profesión y en la que te entregas totalmente y sin condición, y gracias a la cual te cruzaste en mi camino.
ME ENCANTAS como padre. Me enamora tu amor hacia nuestros dos tesoros, tu entrega absoluta, tu manera de jugar con ellos, tu paciencia con ambos, cuantísimo se te cae la baba con los dos, tu dulzura al cantarles FIX YOU, y, en definitiva, tu faceta de PADRE. Y Pichu y Rubiazo te adoran. Me encantan sus caritas cuando llegas a casa, sus sonrisas, las carreras de Pichu en cuanto oye la puerta con el Rubiazo gateando detrás como un loco. Soy feliz cuando estamos los cuatro porque ellos no borran la sonrisa de su cara, porque se unen a nuestras (¡tus!) payasadas, nuestros bailes improvisados en medio de donde sea (¡qué más da!), nuestras canciones inventadas...
ME SIENTO AFORTUNADA por haber tenido la suerte de que un buen día nuestras vidas se miraran, hablaran, compartieran momentos y, de pronto, se engarzaran, cual eslabones de cadena al rojo vivo, para no soltarse jamás. Recuerdo cada tontería, cada mirada, cada mensaje o cada momento de nuestros inicios. De repente, me encontré con alguien con quien todo era natural, sin prisas, sin agobios, sin incertidumbres, sin chorradas, sin inseguridades ni malos entendidos. Comunicación 10.
ME SIENTO AMADA, QUERIDA, ADMIRADA Y DESEADA a partes iguales, más incluso que el primer día. Supongo que todo esto va a ser señal de que hacemos buen equipo, y de que somos los compañeros perfectos (lo sé, la perfección no existe, por eso también tenemos nuestras discrepancias y puntos de desencuentro... ¡Gracias al cielo!) en esta larga travesía que es la vida.
Hemos pasado muchiiiiiísimos momentos buenos juntos. Hemos vivido muchiiiiiiísimos momentos difíciles también. Hemos sorteado baches, obstáculos, y situaciones con cero grados de alegría y muchos grados de "jodienda". Y aquí seguimos, dispuestos a comernos el mundo y lo que haga falta para tirar adelante con nuestro bonito proyecto en común, luchando por tener una familia en la que valores como el AMOR, LA BONDAD, LA COMUNICACIÓN, LA CONFIANZA, LA SINCERIDAD y LA ALEGRÍA sean el estandarte. Y las SONRISAS. :-)
GRACIAS, ROBERTO. Gracias por aceptar sin preguntar cuando las situaciones externas sólo se tambaleaban, por quererme como soy, con mi "genio y figura", mi cabezonería, mi autosuficiencia en ocasiones exacervada y mis múltiples defectos. Gracias por querer a los míos como si fueran tuyos.
GRACIAS POR ELEGIRME. Lo sé...Ya sé que tú dirías que te elegí yo. Yo es que he llegado a la conclusión de que ése fue "nuestro primer trabajo  en equipo".
TE AMO. Hasta la luna y vuelta.
Y ya sabes... Seremos viejitos y caminaremos juntos, cogidos de la mano.
Imagen tomada de: http://marcialcandioti.wordpress.com/2013/04/23/mensajes-de-reflexion-mensajes-positivos-y-cuando-seamos-viejitos/

VIVIMOS SIEMPRE JUNTOS



CON M DE MAMÁ

8 de julio de 2013

¡PELANDUSCA! Sin ánimo de ofender...

Hace poco hablaba con mi amiga Helen sobre lo mucho que cambiamos las personas a lo largo de nuestra vida, aunque por suerte para algunas, y por desgracia para otras, mantengamos nuestra esencia de base intacta.

Todo vino a raíz de comentar ciertas situaciones que, una vez dentro de la estabilidad de la pareja o de la familia formada por pareja+hij@/s, llegan, en principio, con toda la intención de desequilibrar esa calma y que, en función del grado de unión y complicidad del núcleo, derivan en algo mejor porque afianzan aún más lo que hay, o definitivamente se llevan al traste la estabilidad (medio ficticia o no tan "estable") que existía.
Los hijos, por ejemplo, si son deseados por ambos con igual intensidad son fuente de muchas alegrías y son los responsables directos de momentos intensos e inolvidables, de esos que echas al saco de los grandes y dulces recuerdos. Sin embargo, en ocasiones también son generadores de tensiones inevitables; tensiones que crecen con el cansancio y las pocas ganas que te quedan al final del día de, ni tan siquiera, cruzar unas palabras. Y, o estás muy unido a tu pareja y tienes muy claro lo que hay entre vosotros, o en un momento de flaqueza, la vida te pega un revés y se carga tu sueño de una noche de verano.
Luego están los miembros "colindantes" de ambas familias, que tienen maneras de ver la vida muy particulares, o quizás no tanto, pero el caso es que no la ven ni como tú ni como tu pareja... Y no entienden que no coincidan los puntos de vista, y ahí es cuando se dan ciertas desavenencias. Desencuentros que podrían evitarse si se tuviera presente el respeto, ese gran desconocido, o simplemente si se entendiera que cada uno vive la vida de una manera, y ¡no pasa nada! ¡Que en la variedad está el gusto! Y que por eso ni se acaba el mundo ni caerá un meteorito sobre la cabeza de nuestros hijos si no hacemos lo que nos han dicho que hagamos de cierta manera.
Y, además, están los elementos externos, es decir, las personas que entran a formar parte de tu vida en el momento en que entran a formar parte de tu ámbito laboral, el de tu pareja, los amigos de tus amigos, algún vecino normal (pocos, pero aún queda alguno) y un largo etcétera de individuos/as que pasan por tu vida y la de tu núcleo familiar cual desfile de carnaval (sí, porque algunos/as son demasiado payasos como para utilizar otro término).
Pues hablando de estos últimos en concreto, llegamos a la conclusión de que hay gente que a veces no debería salir de su casa, al menos no si a lo que va a dedicarse es a meter la pata de manera continua, máxime cuando esas meteduras empiezan como algo anecdótico y circunstancial, pero luego siguen y acaban como un ataque directo a tu tranquilidad, a esa de la que hablábamos antes; y se consideran ataque ya que tú a lo que te dedicas es a ir a tu bola y a la de los tuyos, poco más.
El caso es que sin saber muy bien cómo, Helen y yo acabamos relacionando este último tema con el "ooooh, cómo hemos cambiadoooooooooo", y terminamos hablando de las "pelanduscas". Sí, yo tampoco lo entiendo, pero ya sabéis: dos amigas, un par de horas nocturnas sin niños y muchas cosas que contarse... ¡Miedito!
En realidad, todo tiene una explicación, y aunque a esas horas hilar una conversación con otra era pan comido, ahora no soy capaz de relataros todos los pasos que nos llevaron a esa unión de temas, aunque puedo hacer una aproximación o, al menos, daros un motivo del porqué acabamos usando esa palabra. Palabra a la que, por cierto, le sacamos la acepción masculina: pelanduscos ¡y olé! 
Veamos, cuando somos JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados), todos pasamos una época más o menos "fresca", es decir, en la que el ligoteo, los tonteos, los halagos provenientes del sexo opuesto (o del mismo sexo, según gustos) y un largo etcétera de términos, digamos, "hormonales" son nuestra máxima o si no lo son, al menos nutren bastante nuestra vida social y personal. Y, dicho sea de paso, nos inflan la autoestima (o eso creemos, inocencia pura), nos desestabilizan, nos amargan y endulzan y ooootro largo etcétera. Es una etapa en la que todos sacamos a relucir nuestro lado "pelandusca". Quien diga que no, ¡miente como un bellaco!
En teoría con el tiempo, y digo en teoría porque cada vez me doy más cuenta de que la teoría y la práctica muchas veces están reñidas, cuando te juntas con/arrejuntas con/casas con/unes a tu pareja y convives, pues te da por proyectar planes; y conforme pasa el tiempo, sigues con esos planes, llegan los hij@s y/o animales de compañía... ¡y desaparece el "pelandusquismo" de tu vida! Insisto, y digo en teoría porque, de un tiempo para aquí, he tenido el (dis)gusto de saber de situaciones en las que pelanduscas y pelanduscos, casadas y casados, con hijos e hijas, con mascotas o sin ellas, han decidido volver a resucitar esa etapa de su vida (quizás nunca la perdieron, simplemente la llevaban bajo una piel de corderas y corderos) y ponerse a tirar trastos a diestro y siniestro, a "to' quisqui", vamos, a todo el que les ha mostrado su lado simpático, humano, amable... en fin, normal. Ni que decir tiene que, a mí personalmente, me apena enormemente que haya personas capaces de dejarse llevar por el egoísmo, la envidia y la mala idea y se dediquen en cuerpo y alma a intentar profanar templos que deberían considerar sagrados. Aunque está claro que el mundo está lleno de ignorantes e incultos, es decir, persona(je)s que son incapaces de meter la cabeza en su parcela de tierra y que necesitan hacer agujero en territorio comanche para sentir que la vida aún tiene sentido. Vamos, pelanduscas y pelanduscos en toda regla.
Pues mira tú por donde que después de reconocerme a mí misma que toda mujer (todo hombre) tiene un lado "pelandusca" a tope, faceta por otra parte, bastante necesaria cuando se trata de querer tener descendencia... me pongo a buscar la palabrita en cuestión con la duda de ¿pelandrusca o pelandusca? (toooooda la vida diciéndolo mal), y me encuentro esto:


¿De dónde sale la palabra "pelandusca"? 



Bueno, esto y la definición del diccionario de la RAE y unos cuantos más en los que se define pelandusca como prostituta. ¡Tócate la nariz! Que fue leerlo y casi hasta me supo mal haberme referido a algunas frescas con la palabrita en cuestión... Pero me duró el impacto del momento, luego seguí pensando en que hay veces que hasta las palabras más bestias son bien merecidas y se quedan algo cortas en definición.
El caso es que después de nuestra macroconversación del otro día, y después de darle vueltas a la palabra, a lo que hablamos y a la suerte que tengo de haber podido vivir cada  época y cosa en el momento correspondiente, he llegado a la conclusión de que la etapa que todos vivimos de "libre albedrío" es más una etapa golfa, que no pelandusca; mientras que el gesto y la actitud de aquellas personas que buscan en otros hogares (o con determinados miembros de esos hogares) lo que no tienen en el suyo es... ¡Nanai! ¡Pelandusquismo puro y duro! 

Así que chicas, chicos, ya sabéis, olvidaos de sprays de pimienta y movidas raras; a partir de ahora lo que hay que llevar en el bolso es UNA RAPADORA DE PELO, que tal y como está el patio, nunca sabes ni dónde ni cuándo vas a encontrarte con la pelandusca o el pelandusco de turno; y siempre viene bien un poquito de corporativismo y ayuda. ¡Sí, exacto! Como cuando echamos las largas por carretera al coche que viene de cara, para avisar de que está por ahí la guardia civil. ;-P

Pensándolo bien, ¿sabéis qué os digo? Que yo, por si acaso, ¡¡no descarto el "cortacésped"!!


CON M DE MAMÁ y P de PELANDUSCA