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23 de mayo de 2016

Un abrazo

Hay quien piensa que lo mejor que te puede pasar es un beso. Yo no lo creo así. Los besos apasionados te quitan el aliento durante unos segundos y frenan en seco el corazón, y esa sensación es grandiosa. Un beso de un hijo es la muestra del amor en estado más puro. Sin embargo... yo prefiero UN ABRAZO.
Un abrazo no te quita el aliento, sino que te lo devuelve cuando éste te falta, y no para tu corazón, más bien le da cuerda de manera infinita, al menos durante el rato que tarde en llegar el siguiente abrazo.
Yo echo de menos ese abrazo que me hace sentir de nuevo pequeña y que me permite equivocarme porque tengo a alguien por encima de mí, que se preocupa, me cuida y me da la lata con lo que está bien y lo que no. Echo de menos ese abrazo de paz en el que me permitía caer de vez en cuando, en el que volvía a sentir el amor inmenso de alguien inmenso. Ese abrazo en el que quedarme un rato más aun cuando en casa ya me esperaban. Ese abrazo con sabor a "vete ya que tienes obligaciones" pero que en realidad quería decir "no te vayas que tengo miedo a estar solo".
Quiero UN ABRAZO. EL TUYO. No me vale cualquiera. Y sigo sin entender por qué ya no estás para que pueda correr a buscarlo. A refugiarme en él cuando meto la pata. A refugiarme en él cuando nadie más me entiende. Necesito TU ABRAZO.
A veces me pregunto si te abracé lo suficiente mientras te tuve. Creo que sí lo hice, sobre todo en la segunda vuelta que nos regaló la vida, o que nos quitó poco a poco el cáncer. No lo sé.
Yo abrazo a mis hijos muchísimas veces al día. Incluso cuando ya están dormidos y no son conscientes de ello. Muero al pensar que, algún día, cuando yo no esté, puedan sentir esta sensación de soledad que yo siento bastante a menudo si pienso en ti, y quiero que acumulen tantos abrazos que el calor les dure cuando mi cuerpo ya esté frío y lejos.
UN ABRAZO es mucho mejor que un beso. Sin duda. El beso es efímero, volátil. El abrazo es eterno... y su huella queda grabada a fuego. Debe ser por eso que echo tanto de menos fundirme en tus brazos y volverme pequeña.
Te echo de menos. Siempre.
Y quiero TU ABRAZO.

5 de agosto de 2015

10 cosas que echo de menos de ti

Echo de menos tu mirada, diría que casi por encima de todas las cosas. Esa mirada verde agua marina, intensa, expresiva al límite, inteligente, arrolladora, viva...
Echo de menos tu voz, porque sigo echando en falta nuestra llamada diaria, ésa que muchas veces me salvaba el día.
Echo de menos tu discurso, tu diálogo, tus palabras, tus razonamientos, nuestras conversaciones de lo humano y lo divino... Nosotros.
Echo de menos tus abrazos, que en los últimos tiempos se convirtieron en el mejor regalo de estar contigo, que cada vez fueron más delicados, pero que conseguían darme la fuerza que en ocasiones me faltaba y que mostraban lo valiente que tú fuiste.
Echo de menos tu saber, tus respuestas acertadas siempre para todo, tus consejos, tus palabras de ánimo cuando las necesitaba, y cuánto te alegrabas con cada uno de mis logros personales y profesionales y cómo me lo hacías saber siempre.
Echo de menos tu sonrisa, esa calma cuando tu boca se torcía y se convertía en una barquita de pescadores tan mediterránea, porque era tan reconfortante como tus abrazos.
Echo de menos tus "guapa / estás guapa / eres una pesada / no hables tan rápido, que no me entero...", porque en los últimos tiempos me regalaste muchos piropos que guardo bajo llave y aún hoy tintinean en mi oído.
Echo de menos tu mirada rebosante de amor cuando observabas a tu princesa, cuando le consentías que te vaciara de natillas la nevera, cuando la veías jugar y "ser" y me reconocías en ella.
Echo de menos tu risa y tu gesto socarrón, como cuando el rubio se soltó a gatear en tu casa y dijiste: "éste va a necesitar casco". No te equivocaste.
Echo de menos tu casa, tu sofá, tu batín de cuadros, tu cigarrito, tus gafas en el suelo cuando te echabas la siesta, tu manía de la cortina cerrada, tu taza preparada para el día siguiente, tus muchos libros sobre la mesita del salón, tu modestia, tu don de gentes, tu enorme inteligencia, tu saber estar.
Hay personas cuya grandeza se multiplica cuando se van, pues mientras están en vida, la guardan en sus bolsillos por miedo a brillar demasiado. Ése eres tú. Por eso tu estrella es ahora la que más brilla en el cielo, y tu recuerdo te hace más grande cada día.
Te quiero hasta la luna y vuelta. Y te sigo echando de menos.

CON M DE MAMÁ

8 de febrero de 2015

La segunda estrella a la derecha...

Se aprende a vivir sin ellos. Así es.
Me negué a creer que cualquier día, a partir del año, normalizaría tu ausencia. Y sin embargo, así ha sido. Supongo que era el miedo a asociar la costumbre con el olvido. Nada que ver una cosa con la otra.
Como muy bien me dijo alguien hace poco, la diferencia radica en que ahora me levanto y me acuesto contigo. Es raro y no es fácil de explicar, pero es como si tú siempre estuvieras en mi cabeza y en mi corazón.
Siguen faltándome nuestros momentos, tu voz, tus abrazos y besos... tu mirada. Y sigue doliéndome cuando lo pienso con detenimiento. Sin embargo, lo soporto con tanta normalidad que lo hago rutina y lo llevo mejor.
Así es pues. Pasa el año y las aguas van volviendo poco a poco a su lugar, aunque cuando hay tormenta de pronto se asalvajan y salen del cauce sin permiso, pero qué menos que permitirme esa licencia de vez en cuando, ¿no crees?
¿Ves? Ahora que me permito pensarte en exclusiva y no compartirte con tus nietos, baños, mochilas, trabajo, y ese largo etcétera... No puedo evitar llorarte, pero no es un lloro desgarrado, de histeria, de desesperación. Es un sollozo que te recuerda de manera dulce y que no te grita para retenerte a este lado. Ya no soy tan egoísta, he aprendido a que debo dejarte marchar y no estar dándote encargos a cada minuto para mantenerte en este lado.
Ahora sé que por fin estás allí, en la segunda estrella a la derecha, más allá del arcoiris...
Por aquí ya ves que poco hay de nuevo: los buenos siguen siendo buenos, los malos haciendo de las suyas. Nosotros viendo crecer a tus nietos, lidiando con el día a día, que no es poco, pero sabiéndonos más que afortunados justo por tener esta lucha diaria.
Sabes que siempre he sido una idealista. Quise ser de Greenpeace, irme de misiones y hacerme militar sólo porque pensaba que así, a lo grande, podría cambiar el mundo podrido que construimos los humanos. A mis casi cuarenta he aprendido que lo grande empieza a hacerse desde uno mismo, desde dentro, y que las pequeñas cosas en nuestra pequeña realidad también cambian el mundo poco a poco. En ello estoy. Pero la inquietud del ir más allá sigo llevándola dentro... Algún día, ¿eh, papi?
Da besitos y achuchones por ahí. Por pedir, pediría que os pasarais por casa un ratito, pero sé que los billetes no son baratos y que con este temporal de frío polar es peligroso, así que me conformo con asomarme a la ventana e imaginar tu sonrisa ocupando el cielo entero.
Bueno papi, me bajo a desayunar que tus nietos me reclaman y mi estómago necesita refuerzos. Sí, lo sé, bajo ya, antes de que me dé el dichoso bajón de azúcar.
Un besito. Te quiero mucho, muchísimo. Hasta la luna y vuelta.
Nos vemos ahí, en la segunda estrella a la derecha.

CON M DE MAMÁ.

20 de septiembre de 2014

Tu lista de cumpleaños

Exactamente dentro de un mes es tu cumpleaños (sí, lo sé, yo voy primero, pero no cumplo tantos 😊). Éste va a ser el primero que celebremos desde lugares diferentes, tú tan etéreo y nosotros tan terrenales y, la verdad, no sé decirte cómo lo voy a llevar.
Cumples 68. Casi nada, ¿eh doctor? Y tu sonrisa sigue siendo la misma que cuando te conocí hace 36 años. O al menos así la veo yo cada vez que te "miro" dentro de mí.
Desde ayer estoy en la cama con un cólico que me está doliendo mucho, muchísimo. Sabes que normalmente aguanto carros y carretas, y que no soy de decir que estoy mala, prefiero guardarme para cuando los míos lo están... pues hacía tiempo que no me veía tan mal. Y encima me falta el poder llamarte para preguntarte si es normal que note esto o aquello, o simplemente para escuchar tu voz y que me digas que voy a estar bien. Lo que tengo claro es que me has dejado un poquito de tu intuición "profesional" en herencia y que no me equivoqué al llamar ayer al médico de urgencias.
Me pincharon buscapina. No te rías, ya sabes que no soporto las inyecciones y ésa dolía mucho, así que efectivamente, no lloré por orgullo.
Sabes que no sé estar mala, pero hasta ahora no he tenido ganas más que de estar tumbada y dormir, o descansar, o buscar las mil posiciones para ver en cual me duele todo menos. Hace un rato el nolotil ha empezado a hacer efecto y, como ya son horas aquí tirada, se me ha ocurrido una idea genial para matar el tiempo mientras mejoro del todo: HACER UNA LISTA DE REGALOS DE CUMPLE PARA TI. Sí. Una lista con todos esos regalos que me gustaría poder darte si estuvieras. Aunque ya sé que estarás pensando lo mismo de cada año: que no quieres nada, te vale con que comamos contigo y ¡seamos puntuales! 😜 Tal cual, como si te escuchara ahora decirlo.
De todas formas, déjame que la haga, así paso las horas y me imagino tu cara con cada uno de los regalos.
Dicho y hecho, ahí va la lista de cosas que me gustaría poder regalarte. A ver si con suerte te picas y vuelves para quedarte para siempre.
1. Un libro nuevo, una novela histórica de las que a ti tanto te gusta leer o quizás el nuevo best seller de Ken Follet. Yo me ofrezco a leértelo a trozos si te cansas.
2. Un CD con todas las canciones que a ti te gustan, las de siempre, las que son ya casi tan nuestras como tuyas, para ver si te vuelve a enamorar la música de fondo, sin que te aturulle.
3. Una semana en el monasterio de Silos, como en los buenos tiempos. Seguro que por allí se alegrarían de verte, y nosotros estaríamos encantados de que nos trajeras las pastas de almendra y limón de todos los años.
4. Una sesión de cine en pantalla grande con Brave Heart, Bailando con lobos y todas las de Indiana Jones.
5. Solomillo a la pimienta, huevos con patatas fritas y ensaladilla rusa para parar un tren. ¡Ah¡ y horchata con bizcocho de chocolate.
6. Un pack de clases de equitación para que siguieras practicando lo que tuviste que parar hace tres años y pico.
7. Un jaguar, pero de los de antes, no esos modelos modernos de ahora, con un chófer que te llevara a tu cafetito diario con los amigos.
8. Una comilona en un buen asador argentino, donde poder meterte entre pecho y espalda un asado bien tierno y unas cuantas empanadas.
9. Un viaje al Tíbet, tu sueño... Un viaje a ese mágico lugar lejano, tan distinto a nuestra realidad diaria, donde tantas veces deseaste perderte para vivir desde sus entrañas aquello que añorabas.
10. El bote mágico de los besos y abrazos. Un bote en el que vamos a guardar todos esos besos y abrazos que no hemos podido darte desde hace 11 meses y 1 día, y que esperan ansiosos poder estar contigo, porque te pertenecen.

Y ahora dime, ¿con esta lista tan chula vas a resistirte a celebrar tu 68 cumpleaños con nosotros? Piensa que como ésta habrá muchas más, porque aquí somos muchos los que te echamos de menos cada día y que daríamos lo que fuera por volverte a ver.
Ve eligiendo regalo pues.

Te quiero papi. ¡Feliz cuenta atrás!

CON M DE MAMÁ y L de LISTA

19 de julio de 2014

TIEMPO.

El tiempo sigue su carrera. Se nota que lleva siglos entrenando, porque no se detiene ni siquiera para reponer fuerzas. Continúa implacable, directo a su meta, más con prisa que con pausa.
Curiosa la percepción del tiempo según crecemos con él. De niños los momentos parecen eternos, todo dura mucho, hay mucho por delante... Conforme maduramos el tiempo encoge. De pronto ya es viernes de nuevo, y otra vez estamos en verano, y volvemos a celebrar un año más soplando velitas y pidiendo un deseo.
9 meses son muchos para un niño y pocos para un adulto. Para mí, adulta con corazón de niña si pienso en ti, son una eternidad.
9 meses desde tu última caricia.
9 meses desde la última vez que sentí tu calor.
9 meses desde que me quedé dormida junto a ti.
9 meses desde la última vez que miré tu rostro cansado de tanta lucha pero tranquilo.
9 meses desde que te di el último abrazo.
9 meses desde que sentí tu olor a papá por última vez.
9 meses sin tu voz.
9 meses sin tus palabras siempre certeras.
9 meses sin tu sabiduría y tu inteligente mirada.
9 meses sin tu sonrisa.
9 meses sin tus "guapa" y "Noni, no seas pesada".
9 meses sin cogerte la mano y hablar.
9 meses sintiéndome pequeña en este mundo inmenso que ve la vida pasar sin que tú la vivas conmigo.
9 meses son una eternidad y el tiempo... El tiempo no se detiene.

CON M DE MAMÁ y T de TIEMPO

19 de marzo de 2014

La Maternidad de la A a la Z: F de Fe


Palabra controvertida donde las haya según para quienes. Pero como ocurre siempre con mis elecciones para el diccionario maternal o #azdelamaternidad, FE es la primera palabra que me ha venido a la cabeza al sacar la F de mi bolsa de bolitas con letras (imaginaria, no estoy tan mal). Y como suele pasar, ya no veo más palabras ni aún cogiendo el diccionario. Así que, si FE "me ha elegido", por algo será, y por tanto, me dejaré llevar, a ver qué tal se nos da.
Según los honorables miembros de la RAE, o según su diccionario, la palabra FE es tan corta como intensa, porque tiene un buen número de acepciones. Así que he decidido poneros AQUÍ el enlace para quienes queráis echarle un ojo. Yo he pasado un rato entretenido leyéndolas, aunque como me encantan los diccionarios (ratón de biblioteca me llaman, es lo que hay), pues igual mi opinión no cuenta demasiado.
De las acepciones que he encontrado, y más allá de la típica en la que se pudiera pensar, y de gran connotación religiosa, yo me quedo con éstas:

3. f. Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas.

4. f. Confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo. Tener fe en el médico.

5. f. Creencia que se da a algo por la autoridad de quien lo dice o por la fama pública.

6. f. Palabra que se da o promesa que se hace a alguien con cierta solemnidad o publicidad.

Creo que mi autodefinición de FE es un compendio de las anteriores, tiene matices de las cuatro, o al menos de la FE tal cual la siento en este momento que escribo, y tal como la he vivido a lo largo del día de hoy.
Hoy no ha sido un día fácil. El 19 de marzo, en algunas recónditas partes del mundo, tenemos la costumbre de celebrar EL DÍA DEL PADRE, y además, aquí en Valencia también se celebra la festividad de San José. Ambos motivos de fiesta familiar hasta el año pasado, porque era el día en el que tradicionalmente nos reuníamos contigo, después de la mascletà, a comer; y siempre con el mismo procedimiento: varias llamadas o sms a lo largo de la semana recordándonos que la mesa, como de costumbre, estaba reservada a las 14:30, justo cuando acabara la mascletà, pidiéndonos que por favor fuéramos puntuales... era TU DÍA. Sólo nos lo saltamos hace tres años, por motivos que no apetece recordar, y que tú quizás ni siquiera tendrás en mente, pero aún así, también estuvimos junto a ti.
Hoy también nos hemos juntado, pero tú no has estado. Aunque si hago caso a mi FE, a mi propia manera de creer en las cosas y en las personas, quizás justo hoy sea cuando más cerca has estado de cada uno de nosotros. Pero mira, a pesar de considerarme una persona creyente, porque creo en la vida, en el amor, en la amistad, en las personas, en lo imposible, en un futuro, en mi presente... A pesar de tener FE en el día a día, en que "las cosas siempre ocurren por algo", en mil y una historias que se supone que han de ayudarme a comprender por qué a veces sucede lo inesperado... A pesar de creer, de equiparar FE a ESPERANZA... A pesar de prometerme a mí misma que "estás" y de hacerle llegar al resto esa FE con la seguridad propia del mejor comercial de ventas... No es suficiente. 
Tengo FE. Creo firmemente en que nuestras almas viven conectadas más allá de la vida terrenal y física. Ahora que soy madre, quiero pensar que el día en que me vaya, el día en que deje de latir mi corazón mi alma batirá fuerte sus alas para revolotear siempre a vuestro lado, pero no de manera asfixiante y posesiva, sino de manera protectora, a modo de luz en la oscuridad, para ser el calor durante el frío invierno, o la sonrisa en un día gris. Os miro dormir y me aterra pensar en no estar a vuestro lado, en no acompañaros en vuestro camino mientras necesitéis mi mano, y es por eso que tengo verdadera FE en que mi energía no os abandone jamás, para que la uséis a vuestro antojo en momentos de desánimo. 
Y es aquí, cuando me pierdo en esos sentimientos entre lógicos y lúgubres, cuando pienso en que tú, PAPÁ, estás aquí, vibrando a nuestro lado, convertido en cúmulo de energía y luz... y puedo ver tu sonrisa, escuchar tu voz, sentir tu olor. Y entonces CREO. CREO EN EL LAZO PATERNO/MATERNO-FILIAL, ese lazo que va más allá del tiempo, la época o la vida. CREO en la unión animal y etérea que conecta nuestras miradas desde el primer momento de vida hasta ese último en el que uno de los dos ha de partir, y que perdura por los siglos de los siglos.
Pero a veces tener FE no es suficiente, aunque mueva montañas y todo eso que cuentan de ella. La maternidad te pone en situaciones de puño cerrado, y te hace cuestionarte hasta las verdades absolutas sobre la salida y la puesta del sol. Tú lo debes saber más que nadie, que has sido y eres padre. 
Yo le pido a mi FE, en todas sus acepciones o en la mezcla de las mismas, que no me abandone. Porque yo quiero seguir CREYENDO en que hay algo más allá de este mundo loco, material y asfixiante. Quiero CREER que nos vamos a seguir teniendo unos a otros SIEMPRE. Que te tengo, que mis hijos te tienen, y que a su vez, ellos me tendrán a mí. 
Pero como soy humana y no etérea, pierdo esa visión a ratos, me hago pequeñita, y entonces va y te confieso que lo que más me gustaría del mundo es que me dieras un abrazo justo ahora. Así que yo no pierdo la esperanza de que eso ocurra algún día. Que de pronto abrace tu pijama y seas tú, y no ese trozo de tela que guardo con el recelo propio de un pirata y su tesoro. Me gustaría CREER eternamente en la magia que hace posible que "estemos", esa magia que adivino en las caritas de mis pequeños y en cualquiera de sus gestos.
Quiero seguir CREYENDO para poder vivir intensa y eternamente MI MATERNIDAD, para mantener vivo ese lazo energético que traspasará fronteras del tiempo y el espacio sólo por estar a vuestro lado siempre que lo necesitéis. Ese mismo lazo que irremediablemente siento cada vez que pienso en ti desde hace 5 meses.
FELIZ DÍA DEL PADRE.

19 de marzo de 2014

CON M DE MAMÁ y F de FE


3 de diciembre de 2013

"Coplas" a la muerte de mi padre

Hace un mes y trece días que no puedo llamar a tu casa para que me preguntes que cómo tengo al hospital. Hace un mes y trece días que te hablo sin parar con la esperanza de que mi charla continuada te devuelva a la vida, a MI vida. Hace un mes y trece días que no puedo pedirte consejo de nada porque no estás. Hace un mes y trece días que mi hija pregunta por ti casi a diario y de repente arranca a llorar y a llamarte sin parar. Hace un mes y trece días que sólo puedo percibir tu olor, olor a papá, si aprieto fuerte la camisa del pijama que cogí hace poco de tu armario o si voy a tu casa y escondo la cara en tu manta. Hace un mes y trece días que te pido fuerzas para no caer en la bajeza de quienes usan sus malas artes para versionear la realidad y pintarla de su color preferido: negra. Hace un mes y trece días que intento cumplir con mi palabra de no desfallecer y estar al cargo, a pesar de que ni las circunstancias ni las malas energías dejan que pueda hacerlo sin obstáculos innecesarios. Hace un mes y trece días que me pregunto qué narices hago yo sin ti con todo lo que tengo por delante. Hace un mes y trece días aprendí, junto a mis hermanos, y de golpe y porrazo, a gestionar una "muerte", a lo chocante que resulta hablar de alguien como si fuera un objeto de valor que se devuelve a un museo, a hablar de ÚLTIMAS VOLUNTADES y saber que es algo sagrado que nadie debe romper ni variar porque sería el equivalente a profanar un templo, el tuyo, en el que has hecho tu paso de la vida a la muerte. Hace un mes y trece días en que salimos del paso como pudimos al planear una reunión en la que el homenajeado está en cuerpo, pero no en alma (aunque su alma habite en la de quienes lo han acompañado hasta el final). Desde hace un mes y trece días estoy aprendiendo, por fuerza y sin entusiasmo ni ganas, que mientras que algunas personas buenas se van a buscar su estrella, aquí bajo se quedan las malas a seguir disfrutando del daño que causan. Estoy descubriendo que el teatro no es sólo cosa de actores, que las mentiras son deporte nacional y la maldad un "bien" común, que los escrúpulos son algo extraño de la Edad de Bronce, que la bajeza es más usual que la buena voluntad, que el dinero sigue moviendo montañas y haciendo que las (malas) personas saquen sus uñas de rapiña para rascar cuanto más hondo mejor, que el dinero hace más noble a quien ya lo es y a aquellos que lo que buscan es recuperar una vida y no consuelo material, que la mala sangre pudre a quien la lleva en sus venas, que quien es infeliz lo seguirá siendo incluso aunque encontrara el elixir de la inmortalidad, que estoy muy orgullosa de mis hermanos tal como tú debes estarlo en estos momentos, que estoy espantada de la mala fe que rodea una muerte, que el tiempo va poniendo a cada uno en su lugar (y si no, tiempo al tiempo), que las personas nos clasificamos por nuestros actos y no por nuestras palabras, que recogemos lo que sembramos, que no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro, que la intuición no siempre falla sino al contrario, que como tú decías si duermo tranquila es por algo...
Y en definitiva, en este mes y trece días he sacado en claro que si quiero parecerme a alguien ES A TI, porque yo también quiero esa capacidad tuya de saber de tus errores pasados y pedir disculpas a tiempo, pero de corazón y no de "postureo".
En este mes y trece días he reafirmado lo que ya sabía: que TE QUIERO CON LOCURA Y ADMIRO INMENSAMENTE, y que sólo por eso voy a seguir haciendo lo indecible para estar a tu altura y seguir tu estela.
Este mes y trece días me han bastado para reaprender sobre tu bondad a pesar de todo y todos, y para aceptar que has sufrido mucho y has seguido caminando con la cabeza alta y alerta por los tuyos.
Este mes y trece días me han seguido hablando de tu humildad, tu sencillez y tu grandeza; he descubierto además de a un PADRE AMANTÍSIMO a un PROFESIONAL GIGANTE, que ha escrito muchos libros, que ha seguido estudiando hasta sus últimos días profesionales y que ha tenido, en definitiva, una mente brillante, pero sobre todo un saber estar (en la sombra) y ningunas ganas de aires de grandeza.
Seguimos hablando en mis sueños, papi. Te espero esta noche. Tengo mucho que preguntarte y, sobre todo, muchos besos guardados durante ESTE MES Y TRECE DÍAS que esperan su dueño.


CON M DE MAMÁ

25 de junio de 2013

Queridas hormonas... ¡Va por vosotras!


Porque ya estaban tardando en tener una entrada para ellas solitas. Y mira que las pobres llevan tiempo intentándolo por méritos propios, y aquí la menda resistiéndose. Hasta que ayer, tras despedir a Pichu que se va por unos días a casa de sus tíos (sí, sólo unos días, aunque por lo que leáis a continuación os pueda parecer un lustro) mis hormonas han gritado: ¡o nos dedicas una entrada o te la liamos (más) parda! Y eso me ha dado mucho miedo, porque me la llevan liando desde el minuto uno en que me quedé embarazada de Pichu. Y desde entonces no han parado.

Ayer por la tarde, como decía, mi pequeña loquita se fue, maleta de princesas en una mano y bolsa playera repleta de bikinis megaideales en la otra, a pasar unos días a casa de sus tíos. El previo a esto, muy en su línea, fue pedirme que le hiciera, de buena mañana, la manicura "arco-iris", es decir, cada uña de un color ¡y olé! Que así le combinan con lo que se ponga, ¡di que sí, mi vida! ¡Ay!, si Coco Chanel levantara la cabeza... 

El caso es que mis hormonas, que viven emocionadas de la vida y como si vinieran de un "after" desde mi maternidad, le dieron un toque al lagrimal y en el momento en que Pichu ya estaba subida en el coche, mirándonos por la ventanilla, las lágrimas empezaron a acumularse en mis ojos en plan: "queremos saliiiiir, déjanos caeeeeeer, ¡bomba vaaaaaaa!" y mensajitos de ese palo. Yo, toda digna, le dije a mi lagrimal con mi mejor voz de ventrilocuo "o las devuelves a su sitio o ya puedes ir haciendo la maleta". Y no salieron. No salieron en ese momento, digo. 
Salieron anteayer dos o tres veces mientras le preparaba su ropa y demás. Y cayeron a raudales nada más le di la espalda al coche. ¿Lo mejor? Encontrarte al momento con gente conocida y que te hablen mientras te miran y piensan "¿es Noni o Rudolph? Es que no me acaba de quedar claro con tanta rojez".
Mis hormonas son las responsables directas de que llore mientras canto ciertas canciones, que llore mientras duermo a mis enanos y les hablo en voz bajita, que llore mientras los miro dormir, que llore con películas de Disney, que llore cuando alguien me cuenta algo duro mientras le digo lo que yo haría, que llore cuando leo ciertos textos, que llore mientras escucho música de Enya con mis alumnos, que llore con los mensajes de despedida de mis alumnos, que llore mientras veo el dvd que he preparado para mi clase... Vamos, que gracias a mis hormonas ¡soy una puta puñetera cisterna, todo el día en marcha!
Que conste que, para rematar la faena, estas mismas hormonas son las encargadas de que me ría a toda hora de todo y de con todos. ¿Que Pichu se medio enfada por algo sin motivo?: me parto de risa. ¿Que se enfada del todo porque me río?: me río aún más. ¿Que Papi pregunta quién ha hecho X cosa?: a mí, que no he sido, me entra la risa floja y acabo siendo acusada injustamente porque "si no, ¿por qué te ríes?". Me río sola, acordándome de cualquier minucia, me río cuando puedo reírme y cuando la situación pide a gritos que guarde la compostura; me río de las minitrastadas de mi princesa, de sus monólogos, sus razonamientos, las conversaciones que tenemos, sus pícaras ocurrencias. Me río con la cara de sinvergüenza de Pollito, con su manera de mirarme y provocarme, con su mal genio cuando no le dejo coger lo que quiere coger, con su mal genio cuando intenta robarnos algo de comida y no le dejamos, con sus "meaditas" sorpresa... Me río de mi sombra. Y como consecuencia, soy un calco del mítico perro Risitas.


Lo más sorprendente de todo es la capacidad mutante de mis hormonas, que igual pasan de estar fumando sin descanso cigarritos de la risa a vivir un drama eterno, con duelo de por medio. 

Y a mí me llevan loca perdida. Que de tanto cambio gestual no sé si soy Joker o Lina Morgan, pero en ambos casos... ¡No me reconozco! Así que, o bien padecen bipolaridad maternal o se han quedado totalmente trastocaditas después de dos embarazos con sus respectivos partos y postpartos.

Mis hormonas son tan, pero taaaan majas que me llevan en volandas por el mundo "Parra", sí, exacto, ése al que la gente se sube de vez en cuando. Pues no, no, yo vivo permanentemente en él, y he de decir que una vez te acostumbras tampoco está tan mal, en serio.
¿Que alguien ha de caerse porque se tropieza con... nada? Ahí están mis hormonas haciendo cola cual concierto de los Backstreet Boys para que me toque la primera.
¿Que hay que agitar un brik de leche de soja que previamente has abierto? Ahí están mis queridas hormonas para hacerme olvidar que lo he abierto y pedirme que lo mueva sin piedad. Ni falta que hace que os comente el resultado.
¿Que hay que equivocarse en la cita de tu médico (porque en las de tus retoños no fallas nunca) y aparecer una semana más tarde sin ni siquiera sospechar de tu error? Mis hormonas se encargan de que sea yo y no otra la que le haga el desplante al doctor, que encima es amigo de tu padre.

Así que, por todo esto y más, ¡AQUÍ TENÉIS VUESTRA MERECIDA ENTRADA, QUERIDAS HORMONAS! 
Y ahora, tras haber cumplido con mi parte, espero que vosotras cumpláis con la vuestra y soltéis a mis neuronas del zulo donde las tenéis escondidas, que después de tanto tiempo en paro, fijo que están algo oxidadas y aún lío alguna que otra.




CON M DE MAMÁ y H de Hormonas