Hay quien piensa que lo mejor que te puede pasar es un beso. Yo no lo creo así. Los besos apasionados te quitan el aliento durante unos segundos y frenan en seco el corazón, y esa sensación es grandiosa. Un beso de un hijo es la muestra del amor en estado más puro. Sin embargo... yo prefiero UN ABRAZO.
Un abrazo no te quita el aliento, sino que te lo devuelve cuando éste te falta, y no para tu corazón, más bien le da cuerda de manera infinita, al menos durante el rato que tarde en llegar el siguiente abrazo.
Yo echo de menos ese abrazo que me hace sentir de nuevo pequeña y que me permite equivocarme porque tengo a alguien por encima de mí, que se preocupa, me cuida y me da la lata con lo que está bien y lo que no. Echo de menos ese abrazo de paz en el que me permitía caer de vez en cuando, en el que volvía a sentir el amor inmenso de alguien inmenso. Ese abrazo en el que quedarme un rato más aun cuando en casa ya me esperaban. Ese abrazo con sabor a "vete ya que tienes obligaciones" pero que en realidad quería decir "no te vayas que tengo miedo a estar solo".
Quiero UN ABRAZO. EL TUYO. No me vale cualquiera. Y sigo sin entender por qué ya no estás para que pueda correr a buscarlo. A refugiarme en él cuando meto la pata. A refugiarme en él cuando nadie más me entiende. Necesito TU ABRAZO.
A veces me pregunto si te abracé lo suficiente mientras te tuve. Creo que sí lo hice, sobre todo en la segunda vuelta que nos regaló la vida, o que nos quitó poco a poco el cáncer. No lo sé.
Yo abrazo a mis hijos muchísimas veces al día. Incluso cuando ya están dormidos y no son conscientes de ello. Muero al pensar que, algún día, cuando yo no esté, puedan sentir esta sensación de soledad que yo siento bastante a menudo si pienso en ti, y quiero que acumulen tantos abrazos que el calor les dure cuando mi cuerpo ya esté frío y lejos.
UN ABRAZO es mucho mejor que un beso. Sin duda. El beso es efímero, volátil. El abrazo es eterno... y su huella queda grabada a fuego. Debe ser por eso que echo tanto de menos fundirme en tus brazos y volverme pequeña.
Te echo de menos. Siempre.
Y quiero TU ABRAZO.
Éste es el blog de una mujer, madre y maestra. Es un blog sobre el día a día de las cosas simples, y no tanto, de ser mujer, madre y maestra. Un blog en el que "cualquier parecido con la realidad, NO es pura coincidencia".
23 de mayo de 2016
Un abrazo
5 de agosto de 2015
10 cosas que echo de menos de ti
Echo de menos tu mirada, diría que casi por encima de todas las cosas. Esa mirada verde agua marina, intensa, expresiva al límite, inteligente, arrolladora, viva...
Echo de menos tu voz, porque sigo echando en falta nuestra llamada diaria, ésa que muchas veces me salvaba el día.
Echo de menos tu discurso, tu diálogo, tus palabras, tus razonamientos, nuestras conversaciones de lo humano y lo divino... Nosotros.
Echo de menos tus abrazos, que en los últimos tiempos se convirtieron en el mejor regalo de estar contigo, que cada vez fueron más delicados, pero que conseguían darme la fuerza que en ocasiones me faltaba y que mostraban lo valiente que tú fuiste.
Echo de menos tu saber, tus respuestas acertadas siempre para todo, tus consejos, tus palabras de ánimo cuando las necesitaba, y cuánto te alegrabas con cada uno de mis logros personales y profesionales y cómo me lo hacías saber siempre.
Echo de menos tu sonrisa, esa calma cuando tu boca se torcía y se convertía en una barquita de pescadores tan mediterránea, porque era tan reconfortante como tus abrazos.
Echo de menos tus "guapa / estás guapa / eres una pesada / no hables tan rápido, que no me entero...", porque en los últimos tiempos me regalaste muchos piropos que guardo bajo llave y aún hoy tintinean en mi oído.
Echo de menos tu mirada rebosante de amor cuando observabas a tu princesa, cuando le consentías que te vaciara de natillas la nevera, cuando la veías jugar y "ser" y me reconocías en ella.
Echo de menos tu risa y tu gesto socarrón, como cuando el rubio se soltó a gatear en tu casa y dijiste: "éste va a necesitar casco". No te equivocaste.
Echo de menos tu casa, tu sofá, tu batín de cuadros, tu cigarrito, tus gafas en el suelo cuando te echabas la siesta, tu manía de la cortina cerrada, tu taza preparada para el día siguiente, tus muchos libros sobre la mesita del salón, tu modestia, tu don de gentes, tu enorme inteligencia, tu saber estar.
Hay personas cuya grandeza se multiplica cuando se van, pues mientras están en vida, la guardan en sus bolsillos por miedo a brillar demasiado. Ése eres tú. Por eso tu estrella es ahora la que más brilla en el cielo, y tu recuerdo te hace más grande cada día.
Te quiero hasta la luna y vuelta. Y te sigo echando de menos.
CON M DE MAMÁ
8 de febrero de 2015
La segunda estrella a la derecha...
Se aprende a vivir sin ellos. Así es.
Me negué a creer que cualquier día, a partir del año, normalizaría tu ausencia. Y sin embargo, así ha sido. Supongo que era el miedo a asociar la costumbre con el olvido. Nada que ver una cosa con la otra.
Como muy bien me dijo alguien hace poco, la diferencia radica en que ahora me levanto y me acuesto contigo. Es raro y no es fácil de explicar, pero es como si tú siempre estuvieras en mi cabeza y en mi corazón.
Siguen faltándome nuestros momentos, tu voz, tus abrazos y besos... tu mirada. Y sigue doliéndome cuando lo pienso con detenimiento. Sin embargo, lo soporto con tanta normalidad que lo hago rutina y lo llevo mejor.
Así es pues. Pasa el año y las aguas van volviendo poco a poco a su lugar, aunque cuando hay tormenta de pronto se asalvajan y salen del cauce sin permiso, pero qué menos que permitirme esa licencia de vez en cuando, ¿no crees?
¿Ves? Ahora que me permito pensarte en exclusiva y no compartirte con tus nietos, baños, mochilas, trabajo, y ese largo etcétera... No puedo evitar llorarte, pero no es un lloro desgarrado, de histeria, de desesperación. Es un sollozo que te recuerda de manera dulce y que no te grita para retenerte a este lado. Ya no soy tan egoísta, he aprendido a que debo dejarte marchar y no estar dándote encargos a cada minuto para mantenerte en este lado.
Ahora sé que por fin estás allí, en la segunda estrella a la derecha, más allá del arcoiris...
Por aquí ya ves que poco hay de nuevo: los buenos siguen siendo buenos, los malos haciendo de las suyas. Nosotros viendo crecer a tus nietos, lidiando con el día a día, que no es poco, pero sabiéndonos más que afortunados justo por tener esta lucha diaria.
Sabes que siempre he sido una idealista. Quise ser de Greenpeace, irme de misiones y hacerme militar sólo porque pensaba que así, a lo grande, podría cambiar el mundo podrido que construimos los humanos. A mis casi cuarenta he aprendido que lo grande empieza a hacerse desde uno mismo, desde dentro, y que las pequeñas cosas en nuestra pequeña realidad también cambian el mundo poco a poco. En ello estoy. Pero la inquietud del ir más allá sigo llevándola dentro... Algún día, ¿eh, papi?
Da besitos y achuchones por ahí. Por pedir, pediría que os pasarais por casa un ratito, pero sé que los billetes no son baratos y que con este temporal de frío polar es peligroso, así que me conformo con asomarme a la ventana e imaginar tu sonrisa ocupando el cielo entero.
Bueno papi, me bajo a desayunar que tus nietos me reclaman y mi estómago necesita refuerzos. Sí, lo sé, bajo ya, antes de que me dé el dichoso bajón de azúcar.
Un besito. Te quiero mucho, muchísimo. Hasta la luna y vuelta.
Nos vemos ahí, en la segunda estrella a la derecha.
CON M DE MAMÁ.
20 de septiembre de 2014
Tu lista de cumpleaños
Exactamente dentro de un mes es tu cumpleaños (sí, lo sé, yo voy primero, pero no cumplo tantos 😊). Éste va a ser el primero que celebremos desde lugares diferentes, tú tan etéreo y nosotros tan terrenales y, la verdad, no sé decirte cómo lo voy a llevar.
Cumples 68. Casi nada, ¿eh doctor? Y tu sonrisa sigue siendo la misma que cuando te conocí hace 36 años. O al menos así la veo yo cada vez que te "miro" dentro de mí.
Desde ayer estoy en la cama con un cólico que me está doliendo mucho, muchísimo. Sabes que normalmente aguanto carros y carretas, y que no soy de decir que estoy mala, prefiero guardarme para cuando los míos lo están... pues hacía tiempo que no me veía tan mal. Y encima me falta el poder llamarte para preguntarte si es normal que note esto o aquello, o simplemente para escuchar tu voz y que me digas que voy a estar bien. Lo que tengo claro es que me has dejado un poquito de tu intuición "profesional" en herencia y que no me equivoqué al llamar ayer al médico de urgencias.
Me pincharon buscapina. No te rías, ya sabes que no soporto las inyecciones y ésa dolía mucho, así que efectivamente, no lloré por orgullo.
Sabes que no sé estar mala, pero hasta ahora no he tenido ganas más que de estar tumbada y dormir, o descansar, o buscar las mil posiciones para ver en cual me duele todo menos. Hace un rato el nolotil ha empezado a hacer efecto y, como ya son horas aquí tirada, se me ha ocurrido una idea genial para matar el tiempo mientras mejoro del todo: HACER UNA LISTA DE REGALOS DE CUMPLE PARA TI. Sí. Una lista con todos esos regalos que me gustaría poder darte si estuvieras. Aunque ya sé que estarás pensando lo mismo de cada año: que no quieres nada, te vale con que comamos contigo y ¡seamos puntuales! 😜 Tal cual, como si te escuchara ahora decirlo.
De todas formas, déjame que la haga, así paso las horas y me imagino tu cara con cada uno de los regalos.
Dicho y hecho, ahí va la lista de cosas que me gustaría poder regalarte. A ver si con suerte te picas y vuelves para quedarte para siempre.
1. Un libro nuevo, una novela histórica de las que a ti tanto te gusta leer o quizás el nuevo best seller de Ken Follet. Yo me ofrezco a leértelo a trozos si te cansas.
2. Un CD con todas las canciones que a ti te gustan, las de siempre, las que son ya casi tan nuestras como tuyas, para ver si te vuelve a enamorar la música de fondo, sin que te aturulle.
3. Una semana en el monasterio de Silos, como en los buenos tiempos. Seguro que por allí se alegrarían de verte, y nosotros estaríamos encantados de que nos trajeras las pastas de almendra y limón de todos los años.
4. Una sesión de cine en pantalla grande con Brave Heart, Bailando con lobos y todas las de Indiana Jones.
5. Solomillo a la pimienta, huevos con patatas fritas y ensaladilla rusa para parar un tren. ¡Ah¡ y horchata con bizcocho de chocolate.
6. Un pack de clases de equitación para que siguieras practicando lo que tuviste que parar hace tres años y pico.
7. Un jaguar, pero de los de antes, no esos modelos modernos de ahora, con un chófer que te llevara a tu cafetito diario con los amigos.
8. Una comilona en un buen asador argentino, donde poder meterte entre pecho y espalda un asado bien tierno y unas cuantas empanadas.
9. Un viaje al Tíbet, tu sueño... Un viaje a ese mágico lugar lejano, tan distinto a nuestra realidad diaria, donde tantas veces deseaste perderte para vivir desde sus entrañas aquello que añorabas.
10. El bote mágico de los besos y abrazos. Un bote en el que vamos a guardar todos esos besos y abrazos que no hemos podido darte desde hace 11 meses y 1 día, y que esperan ansiosos poder estar contigo, porque te pertenecen.
Y ahora dime, ¿con esta lista tan chula vas a resistirte a celebrar tu 68 cumpleaños con nosotros? Piensa que como ésta habrá muchas más, porque aquí somos muchos los que te echamos de menos cada día y que daríamos lo que fuera por volverte a ver.
Ve eligiendo regalo pues.
Te quiero papi. ¡Feliz cuenta atrás!
CON M DE MAMÁ y L de LISTA
19 de julio de 2014
TIEMPO.
El tiempo sigue su carrera. Se nota que lleva siglos entrenando, porque no se detiene ni siquiera para reponer fuerzas. Continúa implacable, directo a su meta, más con prisa que con pausa.
Curiosa la percepción del tiempo según crecemos con él. De niños los momentos parecen eternos, todo dura mucho, hay mucho por delante... Conforme maduramos el tiempo encoge. De pronto ya es viernes de nuevo, y otra vez estamos en verano, y volvemos a celebrar un año más soplando velitas y pidiendo un deseo.
9 meses son muchos para un niño y pocos para un adulto. Para mí, adulta con corazón de niña si pienso en ti, son una eternidad.
9 meses desde tu última caricia.
9 meses desde la última vez que sentí tu calor.
9 meses desde que me quedé dormida junto a ti.
9 meses desde la última vez que miré tu rostro cansado de tanta lucha pero tranquilo.
9 meses desde que te di el último abrazo.
9 meses desde que sentí tu olor a papá por última vez.
9 meses sin tu voz.
9 meses sin tus palabras siempre certeras.
9 meses sin tu sabiduría y tu inteligente mirada.
9 meses sin tu sonrisa.
9 meses sin tus "guapa" y "Noni, no seas pesada".
9 meses sin cogerte la mano y hablar.
9 meses sintiéndome pequeña en este mundo inmenso que ve la vida pasar sin que tú la vivas conmigo.
9 meses son una eternidad y el tiempo... El tiempo no se detiene.
CON M DE MAMÁ y T de TIEMPO
19 de marzo de 2014
La Maternidad de la A a la Z: F de Fe

3 de diciembre de 2013
"Coplas" a la muerte de mi padre
25 de junio de 2013
Queridas hormonas... ¡Va por vosotras!


