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30 de julio de 2016

¡SUBID, PENDONES!

El martes por la tarde fui al cine a ver la película Malas Madres, cuya protagonista es Mila Kunis, gracias a que la bonita de Laura, la creadora del Club de Las Malas Madres, quiso contar conmigo en el preestreno. 
Su invitación me hizo mucha ilusión, me apetecía mucho un rato largo de desconexión con amigas y algún motivo diferente para troncharme de risa. ¡Y vaya si me reí! Y me emocioné... (una que es llorona de manual). 
La película os la recomiendo de todas todas, ya que tiene ese punto loco de situaciones absurdas y tronchantes que te hacen llorar de risa y pensar que "no pueden superarse", y sin embargo lo hacen, y también tiene esa parcela de mensajito que toca la fibra y pone rápido en funcionamiento el lacrimal. Yo pienso volver a verla y llevarme a unas cuantas amigas madres. 
Bueno, pues yo no venía aquí a hablar de la película... No, en realidad venía a hablar del concepto actual de la palabra pendón. No, tampoco. Pero de una mezcla de ambos temas quizás sí.
Justo un rato antes de salir hacia el cine, cuando empezaba a arreglarme, me asomé a la ventana para hablar con mi amiga E (así, en plan marujas de pueblo, sí), que se iba al parque un rato con su hija, el hijo de una amiga y con mi marido y mis hijos. E no se acordaba de que yo no iba con ellos porque tenía plan, y al recordárselo me dijo entre risas: "¡Eres un pendón, siempre tienes planes!". (¿Pero "desorejado"?, que si no no quiero). Me dio risa porque pensé que del pendón que puedo haber sido a los restos que quedan, ¡hay un mundo!

Me hizo mucha gracia cuando en un momento determinado de la peli, una de las protagonistas le dice al resto: "¡Subid, pendones!" e, inevitablemente, me vino a la cabeza el hecho de que, unas horas antes, E me llamara pendón por tener planes. Como las madres protagonistas de la peli. 

La verdad, si nos paramos a pensar un poquito y queremos sacar punta al asunto... ¿no os parece triste que a las mujeres se nos considere pendones por mil razones diferentes? Cuando somos solteras y sin compromiso, somos pendones si en vez de tener novio formal tenemos historias varias y divertidas, a la vez o por separado, lo que viene siendo ir de flor en flor. Cuando estamos casadas somos pendones si salimos sin nuestros mariditos y tenemos planes más allá de nuestra vida marital. Y cuando somos madres... ¡ay cuando somos madres! Cuando tenemos retoños a los que cuidar, somos pendones, pero desorejados y de libro, como se nos ocurra tan siquiera pensar en salir de casa sin ellos, a no ser que sea para ir a comprar, que no de compras. 

Vivimos en el absurdo, real, de creer de manera generalizada que la madre que tiene vida más allá de sus hijos (y pareja) es una irresponsable, o no los quiere suficiente, o no es feliz en su maternidad, o se queja de vicio, o es una insatisfecha, o una egoísta, o una feminazi loca que reclama su parcela en el mundo. O, si no pensamos todas estas lindezas, al menos nos creemos con el derecho absoluto a juzgar lo que vemos en las otras de una manera tan natural que acaba pareciendo hasta normal. La cuestión es, válgame la redundancia, CUESTIONAR NUESTRA MANERA DE SER MADRES. La nuestra y la de todo quisqui. Nadie, antes de juzgar a esa señora que arrastra a su hijo en pleno berrinche y que lo hace con cara de pocos amigos y no con "pedagogía blanca" tatuado en la frente, se ha parado a pensar que esa mujer lleva por el mundo más de doce horas sin haber parado más que diez minutos a comer, y que quizás lo ha hecho de pie y de mala manera, y que mucho antes ha despertado a sus hijos, les ha ayudado a vestirse, ha preparado almuerzos, los ha llevado al cole y ese largo etcétera de todos y cada uno de los días de su vida como madre. Y que, en ese momento, el berrinche de su hijo porque quiere unas galletas que no le ha comprado es... la gota que colma el vaso, porque además su día aún no ha terminado.

Ser madre es súper bonito, y súper duro, y difícil, y satisfactorio, y cansado, y lo mejor de la vida, y lo peor en una tarde en la que no puedes con tu vida. Nuestros hijos son el mayor regalo que jamás hayamos deseado, pero un regalo que necesita toda la atención y todos los cuidados del mundo mundial, a toda hora, sin descanso, 365 días. Y les damos todo nuestro amor y nuestros cuidados porque los adoramos, porque son nuestra debilidad, ésa que no pidió venir a este mundo y que está aquí por capricho nuestro. Y lo hacemos felices, pero agota.

Y en ese estado de felicidad agotada, un buen día decidimos recuperar algo del tiempo que teníamos cuando ellos no estaban en nuestra vida y no ocupaban todo nuestro espacio, no porque los queramos menos, sino precisamente, porque para querer a los demás bien hemos de querernos bien a nosotras mismas, y eso pasa por dedicarnos tiempo. 

Yo he pasado casi siete años (los que va a hacer mi hija), dedicada casi en exclusiva a ellos, a mis hijos (sin contar pareja y trabajo fuera y dentro de casa), porque cuando podía dedicarme a mí o a mis aficiones estaba tan cansada que ni lo intentaba (porque las noches, cuando hay lactancia prolongada son duras, bonitas, pero muy duras, y el día siguiente más...). Pero de pronto un día me doy cuenta de que mis hijos no son tan dependientes, de que yo tengo ganas (y necesidad) de volver a reencontrarme con mi "yo mujer", y me lanzo a recuperar esa parcela (para alegría de mi amor, que siempre ha insistido para que buscara tiempo para mí sola). Y entonces pasa. Pasa que a los mismos que les extrañaba que no me fuera de cena, que quedara por la tarde y no alargara en plan improvisado y ese largo etcétera de planazos, ahora les extraña que sí lo haga. ¿Entonces en qué quedamos? ¿Salgo o me quedo? 

La cuestión es opinar. 

La cuestión es que si te conviertes en madre parece que sufres una mutación irreversible a lo "V" que te impide ser mujer más allá de tu labor de madre, pero que si así es tampoco eres del todo normal. Pues bonicos, aquí no hay quien se aclare. Si tener marcha, salir a hacer deporte (o el mono), alargar hasta empalmar con la cena y sin haberlo planeado, quedar con amigas, o con amigos, es ser un pendón... que conste en acta desde ya QUE YO SOY UN PENDÓN DESOREJADO. Y me encanta. 

Porque desde que busco mi tiempo, y lo respeto sin excusas que me hacen anular planes, me siento más activa (aún), más relajada, más completa, MÁS YO. Y eso influye, y mucho, en la manera de relacionarme con los míos, porque libero todo el estrés acumulado y gano en todo, y mis ratos (que son muchísimos) con ellos son mil veces mejores de lo que ya lo eran, porque los disfruto más y con más ganas.

En la maternidad, como en la vida, hay infinitas maneras de hacer las cosas, tantas como personas. La mía no es ni mejor ni peor, sólo es mía. Así que no puedo juzgar las del resto porque no soy el resto. 

A mí mi manera de vivir la maternidad me gusta, con mis mil errores, mis dudas, mis aciertos y mis días rosas y negros. Y si eso quiere decir que soy una madre pendón... ¡SUBID, PENDONES, QUE HOY CONDUZCO YO!

(Foto de María José de La Alcoba de Blanca.
De izquierda a derecha: Lorena de Mi Chupete Favorito, María José de La Alcoba de Blanca, el pendón desorejado, o sea yo, y mi amiga Carmen. Unos pendones, vaya.)

2 de agosto de 2014

¡¡Oh, Dios mío, UNA TETA!!


Ayer fue el DÍA MUNDIAL DE LA LACTANCIA y, además, estos días estamos de lleno en la SEMANA DE LA LACTANCIA. Pues fue ayer justamente, acabando de comer en una terraza en el paseo de la playa, cuando una señora decidió que mi teta no era compatible con el paisaje, y así se lo hizo saber a sus contertulios, con la típica táctica de "¡no miréis pero... bla, bla, bla, TETA, bla, bla, bla!". Cosa de la que servidora se dio cuenta por dos razones, una porque de repente, y en riguroso orden de turnos, toda la mesa fue girándose a mirarme, y dos porque la mesa era la de al lado, y aunque uno no quisiera, se enteraba de lo que estaba pasando. Además, la buena señora, no contenta con comentar y soltar una larga opinión negativa sobre la lactancia en sus conocidos, puso al día a una de sus contertulias, que había estado ausente un rato antes mientras ella repartía palomitas y todos me observaban dando el pecho a Rubiazo.
Pues a esta amable señora me gustaría decirle varias cosas, cosas que no le dije ayer porque íbamos con más gente, y porque sinceramente, no me merecía la pena. Sin embargo lo haré hoy, desde aquí, como un canto a LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN FORMA DE LACTANCIA y una ODA A LAS TETAS DE TODAS LAS MADRES DEL MUNDO.
 
               Querida señora cincuentona que va de moderna y megacuqui y que, sin embargo, carece de modales o al menos no entiende el respeto como a mí me lo enseñaron,
Me gustaría explicarle, tras apreciar su cara de sorpresa al verme sacar una TETA para alimentar a mi hijo de 21 meses en público, que el hecho de que mis hijos vayan vestidos iguales y su madre fuese a conjunto con ellos, no me exime del hecho de poder seguir una LACTANCIA PROLONGADA A DEMANDA. LA LACTANCIA Y LAS TETAS no entienden ni de modas ni de estilos, entienden de salud y modos de crianza, simple y llanamente. Siento romperle esquemas si creía que amamantar de manera prolongada era cosa de hippies. La verdad es que, si ha estudiado algo de historia o de ciencias, se trata de la forma más primitiva de alimentación que conoce el ser humano; piense que al fin y a la postre, somos mamíferos; sí, usted también.
También me gustaría comentarle que LAS TETAS SON INOFENSIVAS, NO ATACAN Y TAMPOCO HABLAN DE LOS DEMÁS POR PURO VICIO. Así que mi teta ayer sólo estaba alimentando a mi pequeño, en ningún momento la saqué de mi sujetador para cotillear, especular o pasar el rato criticando al personal; como le digo, sólo alimentaba a mi niño. Sí, el mismo que vio usted correr y hablar en su lengua de trapo con soltura. Ya ve, con lo grandote que es, debo ser una madre consentidora que está criando a su hijo en un entorno de vicios del que luego me costará sacarlo. ¡Ay, no! Eso en todo caso debería atribuírselo a usted y sus colegas de mesa, que a las 16:30 de la tarde iban por la segunda copa de alcohol y sin mucho ánimo de parar; para usted debe ser lo más normal, para mí no lo es y, sin embargo, no hice que mis amigos y mis hijos se girasen a contemplarlos beber mientras todos cuchicheábamos. ¿Sabe una cosa? Según la OMS y la AEP, dar el pecho hasta los 2 años de edad, como complemento alimenticio, se considera una inyección de salud en la infancia. Pregúnteles por la ingesta de alcohol, a ver si obtiene usted la misma respuesta. Quizá así pueda replantearse si la que hace algo erróneo no soy yo.
No quiero olvidarme de comentarle que, moderna como se le ve y con ese aspecto liberal que espero no sea pura pose, no entiendo como le afecto tantísimo ver una madre moderna con la teta fuera, y sin embargo no le escandalizaba, por ejemplo, el flirteo más que descarado que su compañera de mesa llevaba con todo camarero o bicho viviente con testosterona que se le acercaba a su mesa. A mi modo de ver, el pudor es algo más que lo que usted juzgó en mí, y la verdad, la actitud de su amiga estaba siendo mucho más denigrante y avergonzante, por lo desesperada que se le veía, que la mía al dar pecho a mi hijo. Pero la diferencia entre usted y yo, o entre su educación y la mía, fue, una vez más, que a mí no se me ocurrió hacer de eso un tema de charla, pues ni me iba la vida en ello ni me hubiera parecido de buen gusto. Por otra parte, entiendo que usted no irá a la playa mucho, ya que, por desgracia, vivimos en una sociedad en la que dar el pecho en público es un tema de polémica y expuesto a juicios para todos los gustos y, sin embargo, ir en top-less, o sea, con las tetas al aire, por la playa, ya sea paseando o jugando a las palas, es totalmente aceptado, moderno y normal. Y entiendo que a usted le harán cruces de colores los ojos con tanta teta al aire, ¿no?
Por último, he de decirle que me fui de allí con el gran pesar de no haberles deseado un "¡FELIZ DÍA DE LA LACTANCIA MATERNA!". Sin embargo, pensándolo bien, me alegro de no haberlo hecho porque dudo que usted o cualquiera de sus contertulios hubiese sido capaz de apreciar lo que la frase en sí significa: estamos celebrando la magia de la naturaleza, LA PLENITUD DE LA VIDA.
Así que desde aquí, lo que de verdad le deseo a usted y a tantos otros que ven la lactancia como algo bochornoso y primitivo es que, algún día, adquieran la virtud del respeto en el significado absoluto de dicha palabra, que tengan una vida tan plena que no sientan la necesidad de criticar al resto y juzgar todo aquello que vean, y sobre todo, que entiendan que ustedes están aquí porque hace millones de años hubo una madre prehistórica que alimentó a su primer antepasado a base de leche, que cargó a su hijo en brazos durante años y que vivió con naturalidad el milagro de la maternidad.
 
Atentamente,
La de la teta fuera, la misma que jamás ha criticado ni criticará a quien elija la leche de fórmula para la crianza de sus retoños.
 
CON M DE MAMÁ y L de LACTANCIA

15 de enero de 2014

"Crianza con apego o sin él. ¿A ti qué más te da?" o "Cuando seas madre (de mis hijos) comerás huevos"

Hace ya mucho tiempo escribí sobre el vicio (cochino) que tenemos la raza humana de meter las narices donde nadie nos llama y de opinar gratuitamente, si puede ser criticando, ya que es nuestro deporte nacional por excelencia.
Si además se trata de hablar de/opinar sobre/criticar la manera de criar a nuestros bebés, entonces la carnaza es de primera calidad.
Cuando me quedé embarazada de Pichu, mi marido y yo nos compramos, el típico libro de los 50.000 nombres (total para que sólo una diezmilésima parte de ellos te parezcan más o menos normales y de ellos sólo dos sean los que os gustan a ambos) y, además, nos leímos también algún libro más relativo a crianza/desarrollo y demás, bien porque lo compramos por recomendación, bien porque nos lo regalaron. Pues ya en ese momento, en nuestro entorno más cercano hubo quien tuvo que opinar y criticar que leyéramos en vez de llamar por teléfono y preguntar. Que digo yo que no tiene nada que ver el tocino con la velocidad. Una cosa es tener una mente curiosa (y querer cumplir eso de "el saber no ocupa lugar") y leer sobre desarrollo, emociones y demás, y otra muy distinta es el aprendizaje del día a día en nuestra labor de padres, aprendizaje que, en mi siempre modesta opinión, es algo que NADIE puede vivir por ti. Está claro que cuando te llueven críticas como esa es porque, quizás, la persona que las hace necesita sentirse un poco más partícipe protagonista de lo que tú y tu pareja le dejáis.
Si algo he aprendido en mi corto viaje por la maternidad es que quien decide tener hijos y criarlos (sí, es decir, quien decide no sólo traerlos al mundo porque es lo que le toca por edad o porque no sabe hacer otra cosa, o porque intenta salvar un matrimonio condenado al fracaso) hace TODO LO QUE PUEDE POR ELLOS. Y, obviamente, lo hace desde el amor más profundo, la inexperiencia más grande y la habilidad y el instinto que le hayan tocado en el reparto de cualidades. No hay más. Y, por tanto, no es ni malo ni bueno que lea o no, que pregunte o no, que necesite a su madre/suegra un mes en su casa o no. Porque toda opción es respetable.
Yo, perdón, NOSOTROS hemos decidido criar y educar a nuestros hijos CON AMOR, y no nos hemos planteado si eso se llama CON APEGO o con desapego. Y me da igual si soy del grupo teta-colecho-apego (que va a ser que, según lo que he leído, sí, pero paso de encasillarme) o del otro grupo. Me da igual si en su momento leí a Carlos González con su Bésame mucho y me gustó, o si luego leí alguna cosa suya más y me pareció información innecesaria, o si quisimos conocer a Estivil y me di cuenta de que este señor no me duraba ni un café. Porque por mucho que hayamos leído, buscado, contrastado... lo único que realmente nos ha valido y nos vale, hoy por hoy, es nuestra experiencia, conocer a nuestros hijos (el sol y la luna ambos dos, en todo), intentar estar al 200% con ellos en cuanto a sentimientos y empatía (y no conseguirlo siempre, obviamente, con el consiguiente inevitable sentimiento de culpa, muchas veces fruto del mismo agotamiento físico y mental).
Lo que SÍ hemos aprendido es que LA CRIANZA NO ES NI FÁCIL NI CÓMODA, pero enriquece, curte, te ayuda a madurar y TE LLENA.
El otro día me encontré en una red social un artículo sobre un otro pediatra que ha escrito un otro libro sobre la crianza (lo estoy expresando en líneas muy generales) y que, según él mismo explicaba, en su libro no habla ni de métodos infalibles ni de mejores maneras para criar o hacer con nuestros hijos, y eso me gustó. No pienso leerlo. O igual, si cae en mis manos, sí decido hacerlo, quién sabe. El caso es que compartí el artículo porque me gustó que, al menos a simple vista, y por lo que relataba la entrevista, no es un pediatra más que se ha inventado o ha descubierto un método para que los niños se críen solos y no molesten o se sientan los más amados del planeta, pero lo que sí decía muy acertadamente es que las madres de hoy en día no conciliamos, sino que sacrificamos. Totalmente de acuerdo. Y seguro que habrá algún padre que también. Podéis leerlo AQUÍ. Muy a grosso modo venía a decir que no son métodos lo que hace falta, sino comprensión y respeto hacia el modus operandi de las madres, o mejor, yo diría "de cada madre".
Yo, por mi parte, creo que hay una delgada línea entre aconsejar, opinar y entrometerse. Y obviamente cruzarla hacia uno u otro lado o hacia la crítica no constructiva es más que fácil.
No me canso de imaginar un mundo mejor en el que cada uno meta la napia en sus asuntos, y en el que no seamos tan fans de juzgar al prójimo y sí lo seamos de respetar (pero del respeto de verdad, no de boquilla) y de dejar hacer a cada uno lo que en su mano está cuando hablamos de criar. Lo más triste es que para que esto ocurra somos las mujeres las primeras que tenemos que concienciarnos para hacerlo posible, ya que somos las responsables directas de estas "incomodidades maternales". Pocas son las mamás actuales que no tienen queja de las féminas más mayores de su entorno familiar, ya sean madres, suegras o vecinas cotillas. Son pocas las que dicen que jamás nadie se ha entrometido, con toda la connotación negativa que ello implica, de un modo u otro en su vida familiar. Y, por si esto fuera poco, va y nos salen pediatras y supuestos "expertos" que nos hacen sentir culpables y malísimas madres porque nos aleccionan sobre cómo, dónde y cuándo y sobre lo mal que lo hacemos cuando no seguimos sus directrices.
Pues señoras y señoritas, y parejas y "parejos"... ¡ya está bien, leñe! ¿A mí qué más me da si mi amiga P ha dado biberón y no teta? ¿O si M practica o no el colecho o V hace el pino puente para conseguir que su pirata se coma un bocata de jamón? Me da igual, no las juzgo, sólo las escucho y respeto, y en todo caso, me beneficio de lo que veo porque aprendo otras maneras de hacer y ver la vida, que me enriquecen y me ayudan a salir de mi, a ratos, cuadriculada mente, y si me piden opinión, pues la doy. Pero, lo mejor de todo, es que me parece estupendo lo que hacen y cómo lo hacen, básicamente porque lo hacen con AMOR DEL BUENO, y no hay más. Y porque con entretenerme yo en aprender a ser madre ya tengo bastante faena, ya.
Creo que leer es bueno, informarse es genial, contrastar opiniones y escuchar otras experiencias también, pero si estáis leyendo esto es porque, quizás, gran parte de vosotr@s estáis inmersos en el maravilloso mundo de la crianza, lo cual quiere decir que sabéis mejor que nadie que no hay dos niños iguales, por muy hermanísimos que sean, ni dos madres o padres clavados. ¡Y menos mal! Por tanto, lo que me sirve a mí no es preciso que sirva a otra madre, aunque quizás le venga bien conocer mi experiencia para saber que NO hacer con su hijo o hija. Por otra parte, tener personas en tu entorno cercano que tengan más experiencia que tú y que estén dispuestos a compartir sus conocimientos contigo es una gran suerte (¿cómo era eso de que para criar hace falta la tribu entera?), sí, pero siempre y cuando esa "generosidad" sea desde el cariño verdadero, el respeto, las ganas de ayudar (que no de ENTROMETERSE) y con la intención de hacer llegar a la madre en concreto un mensaje tipo "no hay mejor madre para tu hijo que tú, yo sólo estoy por si me necesitas", y que sea de corazón, de verdad de la buena.
En serio, MAMIS DEL MUNDO, equivocarse es de humanos, es bueno y ayuda. Esto de la maternidad y la crianza es,  en muchos aspectos, un camino de espinos para el que NADIE nos prepara, por mucho consejo y moralina que quieran darnos. Podemos leer, podemos ser "de una corriente" o de otra, pero lo que está claro es que lo que no falla es la naturalidad y el darnos el tiempo necesario para conocer a nuestros hijos y saber, mejor que nadie, sus necesidades a todos los niveles. El sentimiento de culpa ya de por sí parece ir intrínseco a la maternidad, por lo que no nos dejemos embaucar por expertos (y no tanto), que hablan siempre "in extremis" y que nos regalan sentencias de esas que sólo hacen que aumentar nuestro tono del mea culpa. 
Ser madre es la mayor aventura que toda mujer, que decide serlo, puede vivir. Y como tal, tiene momentos de subida y momentos de bajada. Contamos además con unas grandes compañeras de viaje que, dicho sea de paso, tampoco es que ayuden mucho, y que no son otras que nuestras queridas hormonas... Así que: MAMIS DEL MUNDO MUNDIAL, ¡CRIAD COMO OS DÉ LA GANA, CON APEGO O SIN ÉL! Pero eso sí, CRIAD SIEMPRE CON AMOR, CON MUUUUCHO AMOR.




CON M DE MAMÁ y C de CRIANZA CON AMOR

26 de diciembre de 2013

Sigo siendo una vaca... ¡Lechera!

¡Tolón, tolón! ¡Tolón, tolón!
Mi lactancia cumple hoy 1 año 2 meses y 3 días, y si me preguntan que cuánto más voy a alargar lo único que puedo decir es "no lo sé",
Cuando nació Pichu, yo no tenía ni idea de nada, lógicamente, pero menos aún de lactancia. En mi entorno no tenía a nadie que estuviera en una situación parecida (madre primeriza y pro lactancia) y aquellas personas que habían pasado por ello no habían tenido una lactancia exitosa, y yo tampoco sabía de la existencia de asesoras, talleres y demás. Así que durante dos meses le di pecho única y exclusivamente, sin embargo, bien porque cogía el peso justo, bien por la falta de conocimiento y el miedo a no estar alimentándola bien, acabé metida en el lío de la lactancia mixta: pecho+fórmula. Cosa que duró hasta sus 5-6 meses, cuando un buen día ya no tomó más. Acepté bien que la cosa fuera así, aunque lloré mucho por saber que esa etapa, al menos con ella, no volvería más. Lo recuerdo como algo precioso. Y no, no fue fácil al principio, porque llegué a tener los pezones en carne viva y sangrando. Sin embargo, ante la pregunta de Papi, que me vio llorar de dolor, de si volvería a dar pecho con todo eso si hubiera un segundo hijo, mi respuesta fue inmediata "¡Absolutamente sí!". Hoy sé que, si mi entorno hubiera sido otro, mi lactancia habría sido prolongada hasta el infinito y más allá. No me siento ni mal ni bien por ello. Lo acepto, sin más. Que no todo en la maternidad es la lactancia. Por suerte es un compendio de muchas cosas, y la primera y principal es el AMOR INCONDICIONAL.
Hoy, 4 años y 11 días después de que empezara mi lactancia con Pichu estoy celebrando que llevo 1 año, 2 meses y 3 días de lactancia ininterrumpida con Rubiazo. Evidentemente, no me siento ni mejor ni peor, sólo diferente. Lo que sí tengo claro es que la información, la experiencia y el entorno lo han sido todo esta vez.
Me hace gracia que, tanto en una lactancia como en la otra, siempre hay opiniones contrarias, o simplemente opiniones. Y es algo que no llego a entender. Supongo que igual es porque no soy de las personas que van dictando sentencias sobre la manera de hacer de los demás. Jamás se me ocurriría opinar de algo tan íntimo y personal, o al menos no directamente a la persona implicada, y menos a modo de reproche o crítica.
La actitud de Rubiazo ayudó mucho en los inicios, ya que desde que salió de mi pancha no se soltó del pecho, literal, hasta que no subió la leche. En 24 horas estaba mamando a tope porque a mí ya me había subido la leche. Y sí, volví a tener un pezón ensangrentado de tanta succión al principio, y aún así, repetiría esos inicios a ciegas.
Como digo, tener a dos amigas, casi hermanas (Helen y Carmen), viviendo su maternidad y lactancia a la vez que yo, y tener además una compi de trabajo (¡gracias Belén!) que había sido asesora de lactancia y a la que podía preguntar siempre que quería, junto con la templanza y la experiencia de no ser primeriza, han sido las claves para que en ningún momento me haya planteado cambios en mi lactancia ni siquiera al reincorporarme al trabajo. Bien es cierto que la cercanía a mi lugar de trabajo ha facilitado mucho el tema. He estado sacándome leche y congelándola durante 6 meses, y mi sacaleches venía conmigo hasta de boda, sólo para que Rubiazo pudiera tomarla de almuerzo en bibe. Me he sacado leche en pleno monte, en el descanso de una excursión con alumnos, y en cualquier sitio en el que me ha pegado la subida. He pedido que me llenaran mi neverita de hielos allí donde me pillaba y todo ello lo he vivido con absoluta normalidad.
Hoy Rubiazo, obviamente, come de todo, pero sigue teniendo su ración de leche cada mañana, al llegar de la guarde, para dormir y durante las noches que está mal por culpa de la boca o de los catarrazos. ¿Es esclavo? Sí, en muchas ocasiones así lo siento, porque en mi vida no sólo está él, también están Pichu, un trabajo al que acudir y en el que me dejo la piel, y una casa que llevar junto a Papi, amén de buscar algún rato para socializarme y mimar mi "yo persona". Y sin embargo, aquí seguimos, colechando (por pura comodidad, a la mierda cualquier teoría) y lactando, y sin fecha de caducidad.
Es curioso porque hasta el año de Rubiazo todo el mundo veía mi lactancia como algo estupendo, y ahora de pronto, de un día para otro, mi entorno más próximo me pregunta, con cara de desaprobación y reproche: "¿Pero aún le das pecho? Yo es que estas modas no las entiendo" "¿No piensas quitárselo? / ¿Cuándo piensas quitárselo con lo grandote que es?". Mi respuesta a la primera pregunta es siempre un simple "sí", y mi contestación a la segunda es un sencillo "no lo sé".
Podría enzarzarme a contestar, explicar, dar motivos. Pero, la verdad, paso, por dos razones: una, porque a quien te juzga mientras pregunta no le va a servir de nada ninguno de tus razonamientos, pues te han crucificado antes incluso de preguntarte; dos, porque lo que respondo es la verdad: no tengo ni idea de hasta cuando voy a prolongar mi lactancia, no me lo he planteado. Sólo sé que a Rubiazo no le hace ningún mal, más bien al contrario, que le alivia cuando está muy malito y, qué narices, que es la cosa más cómoda del planeta. De hecho, aunque en clave de humor, ya di mis 10 razones para prolongar la lactancia hace tiempo.
Lo que está claro, y la conclusión que saco de mis dos experiencias, tan dispares, con la lactancia es que nunca llueve a gusto de todos, y que, hagamos lo que hagamos, las madres siempre somos cuestionadas o juzgadas. Es patético. Sobre todo porque, tristemente, quienes juzgan suelen ser otras madres, mayores o no. Y la verdad, no lo entiendo. A mí me da igual como alimente una madre a su bebé, teta o bibe, bibe o teta, siempre y cuando lo haga desde el amor casi animal que sentimos las madres. Quien decide una u otra cosa lo hace pensando en el bien común, ya que obligarse a lactar si no sientes que quieres hacerlo puede ser más contraproducente que exitoso. Y más teniendo en cuenta que cuando alimentamos a nuestros hijos, bibe o teta, vivimos momentos únicos de intimidad en los que la transmisión de sensaciones y sentimientos es muy pura. Igual pasa con aquellas mamis que se han dejado, literal, la piel, intentando una lactancia exitosa y no lo han conseguido por diversos motivos. ¿Quién se cree con el derecho a opinar sobre ellas? Nadie debería hacerlo, y ellas mismas no deberían juzgarse con tanta dureza.
Pero como nuestra sociedad es así de machacona, de "antiapoyo" y de farandulera, sea como sea, y lo hagas como lo hagas... ¡Van a hablar de ti!
Pues si algo he ganado con mi bimaternidad es justo esto: una sordera selectiva o un estado de "no me afecta si yo no quiero", que son los colaboradores directos cada vez que alguien me suelta la preguntita de marras "¿hasta cuándo...?". Así que mi nueva respuesta "pro-lactancia de Rubiazo" pasa a ser: "¡Hasta el infinito y más allá!".

CON M DE MAMÁ

10 de agosto de 2013

Para ser feliz quiero un camión

No, no es que esté con la famosa cancioncita en la cabeza, que también, es que es la verdad: QUIERO UN CAMIÓN. Y sé que cuando lo tenga seré muy feliz. ¡Ojo! Que no es que ahora no lo sea, pero tener UN CAMIÓN le dará a mi vida de madre ese puntito de locura-cordura que creo que me falta.

¿Que por qué? Sencillo.

Cuando tenga un camión podremos despejar nuestro salón-comedor porque podremos meter la "sección juguetería" dentro. Y así no habrá que saltar bloques de construcción mientras se aparta con el otro pie el castillo de princesas, y se llevan en la boca unos colores y sobre la cabeza un cubo de playa. Cuando tenga un camión podré habilitar cierta zona del mismo a modo de "vestidor", y así me olvidaré de hacer cajas y maletas de ropa cada cambio de estación, porque todo estará en mi camión, y no en la silla de mi habitación (rabiosa actualidad), pues ya no tendré que encontrar ese "ahora que su ropa ya está, cuando tenga un hueco, me pongo con la mía". Cuando tenga un camión podremos meter en él la compra necesaria para un semestre, y así nos evitaremos los 200 viajes "al carrefú" o a mercawoman, para disgusto de la gente del barrio: menos visitas, menos lactancia-despelote público. Cuando tenga un camión podremos salir de fin de semana o de vacaciones siempre que queramos, porque total, será subirnos y arrear, que lo importante ya irá dentro. Así nos evitaremos las intensas jornadas de "haz maleta, deshaz maleta, carga en el coche, no cabe todo, saca lo que ya has puesto, intenta encajarlo de nuevo y tal... Game over en el TETRIS". Cuando tenga un camión podré celebrar los cumpleaños de Pichu y Rubiazo y dejar que inviten a todo el colegio. Y me ahorraré la dichosa visita al parque de bolas, total, bastará con ponerme en primera fila en toda cabalgata o desfile que se precie, pillar todas las pelotitas que lancen, y llenar el camión con ellas. Cuando tenga un camión podré aparcar mi coche dentro, como hacía el del Coche Fantástico, y así ahorraría en lavaderos y en líquido para el "limpia". Además, fardaría un montón saliendo del camión con mi coche como si nada: titiririiiií, titiririiií, titiririririiiiiií, ¡Kit, rápido! Cuando tenga un camión utilizaremos la pared de la parte trasera de "cine de verano", y podremos ver el canal Disney en pantalla gigante, y así Peppa Pig, en vez de una cerda con cara de secador de pelo, parecerá una montaña animada con forma de "cerdaconcaradesecadordepelo". Cuando tenga un camión podremos ir de SPA todos los días, porque será tan sencillo como meter unas cuantas bañeras de formas diferentes y llenarlas con agua y sales de baño de colorines. Y al final del recorrido acuático, instalaremos un sillón de masaje, de esos que hay repartidos por alguno centros comerciales rollo exposición, y que la gente quema de tanto probarlos (total para no comprar). Cuando tenga un camión no tendré el sueño que tengo ahora, porque podremos instalar una habitación de juegos totalmente acristalada dentro de él, y junto a ella dos hamacas de las que cuelgan de palmera a palmera... Y ríete tú de paraísos caribeños. Cuando tenga un camión... Zzzzz... Zzzzzzzz... (Buenas nocheeeeees... Zzzzzz) CON M DE MAMÁ y C de Camión

24 de julio de 2013

10 motivos por los que vale la pena alargar la lactancia

dialactancia
Si hablo de lactancia puedo ponerme muy ñoña, pero como ya tengo el cupo de entradas sensibleras este mes, he decidido darle una vuelta de tuerca al tema.

Hoy os voy a dar diez razones por las que alargar la lactancia es genial, práctico y estupendo de la muerte. ¿Queréis saberlas? Ahí van:

  1. Primera y principal: porque es la cosa más cómoda del planeta. Te pille donde te pille: atasco, playa, calle, centro comercial, gasolinera... te sacas la teta y ¡ale! ¡A merendaaaaar! Lástima que sólo tome el pequeño. 
  2. Porque además de práctico es económico. No sabéis, o igual ya sí, lo cara que está la leche de bote. Mi teta es gratis. Vamos, que el niño no paga, o sea, que no tiene ranurita de "insert coin" y es a demanda. No tiene que preocuparse de llevar dinero suelto.
  3. Porque te evitas un mogollón impresionante de trastos cada vez que sales de casa: termo con agua caliente, botecitos medidores de leche, biberón, calientabiberones con y sin enchufe para el coche, más botecitos por si te pilla fuera... Mira, yo de escribirlo ya me he agobiado. Recuerdo que con Pichu parecía que ir a pasar la mañana era irnos de finde.
  4. Porque aprendes a que todo te dé igual, fuera complejos y pudores absurdos. Tu teta: grande, mediana, pequeña, bien puesta o caidonga la ha visto medio planeta, y ¡te la trufa!
  5. Porque cuando tu hijo ya tiene X meses se tira al "sírvase usted mismo" y, estés donde estés, como lo lleves en brazos, ¡se conecta! Sí, sí. Te baja el vestido o la camiseta y el suje y ¡ale! ¡Amorrado!
  6. Porque, a colación de lo anterior, tu hijo se encarga de hacerte los escotes de los vestidos y camisetas mucho más amplios, ya sean cerrados o muy cerrados, y da igual si son nuevos o viejos... Tus vestidos no vuelven a tener su forma original ¡jamás! Y eso, ¡mola! (En realidad, no mola nada, pero o te lo tomas así, o te cabreas al ver que toda tu ropa tiene escote bañera de jacuzzi).
  7. Porque tu teta aprende a relacionarse con el ambiente de una manera extremadamente natural, ya que tu hijo también lo hace. Es decir, tu pequeño toma un sorbito, se gira, saluda y sonríe a todo el que pasa, hace carantoñas (literal), y vuelve a pegar un traguito. Y así, hasta que se ha saciado o hasta que ha terminado de relacionarse con todos lo viandantes. Te sientes un poco "cubata", sinceramente. Y es una manera de recordar viejos tiempos, dado que ahora ya no sales y trasnochas.
  8. Porque como ya no haces top-less en la playa a riesgo de encontrarte a todos tus alumnos y familias, tu hijo sabe que echas en falta el despelote en público y colabora como puede.
  9. Porque así le das sentido pleno a la palabra "mamífero". Si no... seríamos crustáceos, por ejemplo.
  10. Porque (sabía que iba a salirme el lado ñoño, ¡lo sabía!) sentir tan de cerca a tu pequeño, unido a ti de esa manera tan instintiva, notar su manita descansando en tu cuello, acariciándote el pelo o jugando con tu cara, mirándote fijamente, devolverle la sonrisa que te lanza de repente, poder acunarlo, poder acariciar su rubio-casi blanco pelo, saber que en tu regazo y en tu pecho se siente seguro, alimentado y atendido... es algo mágico y único. Porque sé que soy muy afortunada y su lactancia está siendo un regalo del cielo.

Por todo esto pues: 10 hurras por la prolongación de la lactancia... ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA!

CON M DE MAMÁ y L de LACTANCIA



5 de junio de 2013

La maternidad de la A a la Z: Con T de Teta


Es la tercera vez que me uno a este carnaval creado por Trimadre a los 30, sencillamente porque es adictivo. ¡Me encanta! Insisto en que es de lo mejorcito que he encontrado por la blogosfera, festival de ingenio total. 

Así que como el carnaval pasado me sentí cómoda con la T de Tiempo, pues he vuelto a elegir la T. Pero esta vez la T de TETA.

Según el diccionario de la RAE:
teta.

(Quizá voz expr.; cf. germ. *tĭtta, gr. τίτθη).

1. f. Cada uno de los órganos glandulosos y salientes que los mamíferos tienen en número par y sirven en las hembras para la secreción de la leche.

2. f. Leche que segregan estos órganos.

3. f. Pezón de la teta.

4. f. mambla.

~ de maestra.

1. f. maestril.

~ de vaca.

1. f. Merengue grande y de forma cónica.

2. f. barbaja (‖ planta compuesta).

dar la ~.

1. loc. verb. Dar de mamar.

dar la ~ al asno.

1. loc. verb. coloq. U. para explicar la desproporción o inutilidad de una acción que se ejecuta con quien no la ha de agradecer o aprovechar.

de ~.
1. loc. adj. Dicho de un niño o de una cría de un animal: Que está en el período de la lactancia.

mamar una ~.

1. loc. verb. coloq. Dicho de una persona, ya en edad mayor: Mostrar demasiada afición o apego a su madre, con propiedades de niño.

quitar la ~.

1. loc. verb. coloq. Hacer que deje de mamar el niño o la cría de animal.

2. loc. verb. coloq. Ec. Hacer perder sus privilegios o granjerías a un funcionario.




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Para empezar así suavecito he pensado empezar hablando de la palabra TETA (me encanta ponerla en mayúsculas, que así escandaliza más, jijiji) en una acepción que el diccionario de la RAE no contempla, evidentemente, y es la de TETA como sinónimo de "hermanita". Esto tiene una explicación más que lógica: en valenciano, lengua que Papi habla con nuestras criaturas porque es su lengua materna (lengua que yo cada vez hablo más, aunque no sea con la que me criaron en casa), "hermana" se dice "germana", y si abrevias a "hermanita", tienes "germaneta", de ahí el TETA famoso. Habrá a quien le sonará chungo, patatero o de pueblo. A mí me suena de lo más dulce dado que es como Pichu se llama así misma cuando se dirige a su hermano ("¿vienes con la teta/tetita? / A que vols vindre en la teta?"), y como probablemente él la llamará a ella. Y así es también como nosotros le hablamos a Pollito de Pichu. Así que podéis pensar que somos unos churros o unos garrulos... Que si es por el uso de la palabrita en cuestión, LO SOMOS Y A MUCHA HONRA.

Y dicho esto, continuamos para bingo...


El 1... cero, uno: TETA como órgano glanduloso y saliente que los mamíferos tienen en número par y sirven en las hembras para la secreción de la leche. Bueno, primero permitidme que discrepe un poquito de esta definición. Por partes. Lo de órgano saliente... Pues dependerá de las TETAS en cuestión, digo yo. Las hay salientes con normalidad, salientes al borde del precipicio (por lo caidongas, claro), salientes y con buenas vistas (por lo "bien plantás" que están); y las hay poco salientes, salientes cuanto apenas (porque son más rollo botoncito que otra cosa) y las salientes "pa' dentro" (que vienen siendo las que son taaaaaan perezosas que en el momento de la crecida dicen "yo es que me planto", y no salen nunca, con el consiguiente disgusto de la dueña, normalmente, ya que se encuentra en una etapa más bien complicadita como es la adolescencia y en la que los complejos viajan gratis y en compañía). Respecto a la parte de "que los mamíferos tienen en número par y sirven en la hembras...", no sé qué decir, pero escrito así a mí, en un principio, me ha hecho imaginar a todos los mamíferos machos de mi entorno con tetas a lo Cicciolina, qué queréis que os diga. 
El caso es que, salientes o no, ¡las TETAS son la leche! Y nunca mejor dicho. Da igual si son grandes o pequeñas, bonitas o feas, colganderas o turgentes... Sean como sean, tienen la inteligencia de un perfecto ordenador diseñado por el más lumbreras de todos los informáticos: preparan unos vasos (chupitos o cubalitros, eso ya depende porque va a demanda del cliente) de leche que ríete tú de la leche Pascual. Leche, además, que, según el día, sabe más dulce o menos, un poquito más salada, más fuerte, incluso picante. Que en la variedad está el gusto. Eso sí, siempre en su punto justo de temperatura, que ya quisiera para sí ese nivel de control nuestro amigo el microondas. ¿Son o no la leche?
El 2... cero, dos: ¿En serio? ¿A la leche que viene de la TETA de una hembra de mamífero también podemos llamarle TETA? ¿Eing? Por la misma regla de tres, ¿al papel del váter podemos llamarle váter? Es que los que lo llamen "papel del culo" (que haberlos, haylos) tienen entonces un problema de identidad entre una parte de su cuerpo y cualquier rollo de wc que encuentren por ahí. No sé si eso será muy sano. Acabarían tarumba. Aunque diciendo "papel del culo"... algo de serie deben traer ya.
Pensándolo bien, igual quien aportó esta acepción de TETA fue una mujer-vaca, defensora a ultranza de la lactancia, que sabía de sobra que la mayoría de madres, cuando nos dirigimos a nuestros retoños, no les preguntamos si quieren leche, sino si quieren TETA. Es que si no es por eso, sigo sin verle la gracia.
El 3... cero, tres: ¿Que al pezón también podemos llamarle TETA? Pero ¿qué narices fumaron los respetados miembros de la RAE cuando tenían que ponerse con esta palabrita? Algo bueno y barato, porque debieron hacerlo en grandes cantidades. Entonces, y siguiendo con el juego de los parecidos razonables, si el total eclipsa a las partes, a nivel "mapa político" no sé si esto gustaría a mucha gente, pero... ¿os habéis dado cuenta de que no tendríamos ni ciudades, ni provincias, ni comunidades, ni estados, ni leches (la mía del tiempo y en vaso de chupito, por favor) porque a todo lo llamaríamos Mundo? Oye, pues es para planteárselo. Nos dejaríamos de tanta bronca sin sentido y nos centraríamos en lo verdaderamente importante y que de verdad mueve el mundo: las TETAS, que ya lo dice el dicho de "tiran más dos tetas que dos carretas".
El 4... cero, cuatro: Hace referencia a un montecillo, cualquiera y de cualquier parte, que tenga forma de TETA de mujer. Pues mira, yo voy a pegarle la vuelta. A partir de ahora no tengo TETAS, tengo "mamblas". Que así, en vez de decir "no me toques los coj...s", que es una frase que ni me gusta ni es cierta porque de eso yo no tengo, diré: "¡no me toques las mamblas!", y todos tan contentos.

Y ahora, dejando las definiciones en sí, pero siguiendo con los de la RAE, que me han caído bien, me gustaría comentar uno de los usos que explican de la palabra TETA, que no es otro que el de teta de maestra; y lo haré por alusiones, básicamente. Porque decidme qué es lo primero que pensáis si os dicen que defináis este término. Yo he pensado en eso, una teta de una maestra. Y me he quedado un poco "flipping", la verdad. Porque sólo me venían a la mente imágenes de bustos parlantes sin cara, pero lo más curioso es que me los imaginaba con la parte de arriba del vestido un poco rollo el de la señorita Rottenmeyer, de Heidi. ¿Que por qué? ¡Yo qué sé! Por la misma loca razón que a los de la RAE les ha dado por llamar y definir el término como sigue:
(De maestra).


1. m. Celdilla del panal de miel, dentro de la cual se transforma la larva de la abeja maesa.
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Yo sólo os digo que sigo sin pillar la relación de TETA con mi profesión. Aunque he de deciros que, en mi caso, con eso de seguir con la lactancia una vez he empezado a trabajar, y tener que "ordeñarme" en el cole tooooodos los días, han acertado de pleno. Vamos, que si piden foto para acompañar la definición, saldrá la mía.

Aunque los de la RAE van para rato y siguen describiendo los diferentes usos en contextos varios de la palabrita mágica: TETA, TETA, TETAAAAAAAAAAAAA, yo he decidido decantarme por la palabra en sí y lo que supone este término según la edad que tienes:

En la más tierna infancia, y no siempre pero sí en la gran mayoría de casos, TETA es sinónimo de ¡comidaaaaaa! Así pues, la mujer pasa a ser considerada una fuente o reserva de alimento, o hablando en plata, una vaca lechera. También tenemos la TETA como sinónimo de "cojín" y en la que tantas siestas se pegan los retoños, ya sea en la TETA de su madre, su tía o su abuela. El caso es que está blandita y da para acomodar bien la cabeza (señores, hablo de retoños y churumbeles, absténganse de pensar en verde, que para eso ya está la Heineken).
En los primeros años de vida, suele pasar a ser objeto de preguntas, curiosidad y demás, ya que es en estos años en los que empezamos a ser conscientes de nuestra sexualidad, y los niños descubren que tienen chufa como papi, y las niñas vulva y TETAS como mami. Aquí, igual algún niño puede liarse un poco si tiene un papi en baja forma y que también tiene tetas, que no pectorales. ;-P
En la adolescencia... ¡ay las TETAS! ¡Pues no se habrán suspendido exámenes por culpa de un par de tetas! Esas hormonas, esos primeros tonteos y esa curiosidad innata del ser humano por querer tocar y probarlo todo. Y si hablamos de los hombres y la proporción de su cerebro destinada a detectar "un buen par", pues ya ni te cuento. Y si hablamos de las chicas... ¡Pues no da de sí la palabrita en cuestión! Que si ésta las tiene demasiado grandes, que si ésta es Castellón de la Plana y encima nadadora (nada por delante, nada por detrás), que si ésta no lleva sujetador, que si ésta sí lleva sujetador, que si a mí no me crecen, que si a ti sí, que si a Mengana la quieren todos sólo por las TETAS (envidia, deporte nacional por excelencia)... Y un largo etcétera de TETAS, digo de historias, que llevan locas a todas las hormonas de la contornada y parte del extranjero.
En la (tierna) madurez, o lo que es lo mismo, la flor de la vida, que para eso es la etapa en la que me encuentro yo, y por eso elijo, TETA es sinónimo de muchas cosas: top-less sin complejos, trucos para lucir escote sacados de revistejas de moda, escotes sin final, "Silicon Valley" o equipamiento de airbag completo, sexo y rock&roll (que las drogas ya se las han tomado los de la RAE)... Pero si hay algo que asociamos a la palabra TETA es MATERNIDAD. Al menos, yo lo hago.
Desde que soy madre, AMO MIS TETAS. Como lo leéis, tal cual. Desde que soy madre me importa un pimiento si son grandes, pequeñas, si caen o suben, si son blandas o duras... Sinceramente, me la repampinfla. Me encantan tal cual porque sólo sé que son perfectas para alimentar a mis hijos, que son las responsables de un lazo (más) de íntima unión con ellos, que me han regalado y regalan momentos íntimos y únicos con ellos, miradas de complicidad y sonrisas, incluso pellizcos que expresan muchísimo más amor del que nadie pudiera imaginar. 

Mis TETAS son perfectas para mis hijos y, por tanto, son perfectas para mí. Y ese punto de seguridad que me han regalado mis pequeños es el que hace que me importe un comino si son o no del gusto del resto del mundo mundial.

Es por esto que TETA, gracias al milagro de la maternidad, es mi nuevo sinónimo para "seguridad, madurez y confianza en mi misma", con permiso de los honorables miembros de la RAE. ¡Con un par de mamblas!




CON M DE MAMÁ y T de TETA








23 de febrero de 2013

LECHE POLÍGLOTA


¿Qué? ¿Ya estamos con los escépticos? 

Si sabré yo cómo es o deja de ser mi leche... Si yo digo que es políglota, es así, y punto. Que para eso soy yo la vaca lechera productora.
Además, la cosa tiene una explicación bien sencilla. Es todo cuestión de metodología, tanto en el caso del plurilingüismo de las nuevas generaciones (querido Wert, éste SÍ sería un buen método de implantación de una lengua, y no la basura de método que nos quieres encasquetar tú con tus cursitos online y tus becarios no bilingües... Perdón, que me voy... Pero es que es decir "plurilingüismo" y entrarme la mala leche) como en lo relativo a la recuperación física de las recién paridas. 
Y es como sigue: dar el pecho de pie, cantando en cualquier idioma que dominemos (por favor, pero dominar de verdad, no a lo "Wert") diferente a nuestra lengua materna, mientras bailamos.
La historia es que yo no era consciente de que lo hacía hasta el otro día, en el que, en un momento de choque neuronal con chispazo, me encontré a mí misma con Baby Tv de fondo (in English, of course), de pie, bailando, con Pollito (ya Sr. Gallo) colgado a la teta y cantando con voz bien potente: "one, one, two, three, one, two, three, four, five... Six, seven, eight, nine, ten! My name is number one, I can reach the sun! I'm number two, how do you do?...". Para a continuación, pasar a preguntarle a mi rubiazo, en una mezcla perfecta de castellano y valenciano: "què li passa al meu guapoooooo? Que ya no quiere más lechitaaaaaa?" (léase con voz de pito y/o falsete, arrastrando mucho los finales y, a ser posible, con cara de idiota).
En ese momento fue cuando me di cuenta de que algo había cambiado en mi interior... Porque lo de mezclar valenciano e inglés, no es nuevo en mí. Más bien, viene de largo. Es lo que tiene ser maestra de inglés y que te saquen de tu "hábitat natural" y te pongan a dar Coneixement del Medi en "valencià"... Pues que por muy trilingüe que seas, si tu cerebro ha pasado el 99'9% de tu vida laboral funcionando en inglés, resulta que llegas tú tan fresca a clase de Medi y sueltas frases del estilo "ara escrivim la frase, ací al costat del glass de milk"... Y suerte que paras a tiempo y no acabas hablando de "breakfast, toast with peanut butter and things like that". 
He de decir que, a pesar de que ésa fue mi primera clase de Medi hace... ¡buf! o más, aún recuerdo perfectamente el gran momento, las caras de risa contenida de mis alumnos al dejar de escribir, y sus carcajadas cuando les dije "os podéis reír". De hecho, yo acabé llorando (aunque ya no sé si de la risa o del susto que me daba que la interferencia lingüística quisiera acompañarme "forever and ever").
Bueno, pues eso, que una cosa es tener un pequeño lapsus lingüístico o cambiar de idioma como quien cambia de braguitas (ya sabéis, a mí lo de "bragas"... ¡no me va!), y otra muy diferente es que eso te pase sólo cuando das el pecho. De hecho, si fuera algo que me ocurriese de continuo sería para que me becaran en la universidad, pero como objeto de estudio, básicamente. Pero es que ¡sólo me ocurre cuando estoy en mi momento "vaca"! 
Conclusión: mi leche es políglota, y cuando se activa el mecanismo "producir (mucha) leche, que Pollito está famélico", se activa a la vez el mecanismo "frase en castellano-frase en valenciano-canción en inglés+bailecito... ¡Y repetimos!". 
¡Ah! Y además de políglota, "la tía" también es bailarina de batuka, porque los movimientos que consigo hacer mientras doy pecho y canto no los he conseguido yo en la vida, oiga, por mucho "pub" recorrido y muchas noches en vela. Es empezar la succión, y automáticamente, ¡ale!: pierna arriba, bote, bote, pierna abajo, balanceo, bote, bote, paso al frente, vuelta al sitio y "chachachá".
Así que podéis imaginaros la escena, ¿no? Que más que una madre parezco "el neng de Castefa".
"One, one, two, three -pierna arriba- one, two, three, four, five -bote, bote- six, seven, eight -pierna abajo- nine, ten -balanceo-. My name is number one -bote, bote- I can reach the sun -paso al frente-. I'm number two - vuelta al sitio- how do you do? - chachachá... Frase absurda, en tono muuuuy agudo, en valenciano... Frase un poquito más absurda y más aguda, rozando la tesitura de la Caballé, en castellano...


Si ya lo dicen los expertos, la lactancia materna va más allá del mero acto fisiológico de producir leche... Si no, miradme a mí, que me he convertido en vaca lechera, academia de idiomas y escuela de danza moderna en pocos meses. Sí, yo misma conmigo misma. Y todo en un sólo cuerpo y con un par de tetas.

¡Andaaaa! ¡Ahora ya está claro! ¡De ahí el dicho de las dos carretas!

CON M DE MAMÁ