Mostrando entradas con la etiqueta Pichu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pichu. Mostrar todas las entradas

24 de septiembre de 2015

Bimadre loca en periodo de adaptación

Periodo de adaptación de Rubiazo a infantil, al cole de mayores. 5 días sin comedor y preparando picnic (y almuerzos, of course) por la noche para que se fueran al parque a comer con la canguro. Carga el carro por si quiere dormirse después de comer (ni uno de esos días, ley de Murphy), carga mochila y saquito, tu ordenador, tu bolsa, tu bolso, una mochila con pechito / toallitas / muda y la nevera del picnic. Ellos felices con la aventura. Yo pelín desquiciada al tercer día. Pero feliz de que ellos se lo tomaran así y de que nuestra canguro favorita, a la que he propuesto al Vaticano para santa, hiciera lo indecible por poder venir a por ellos un par de horas y se buscara la vida, y una buena sombra para no achicharrarse, para que la hora de la comida pareciera chachi y no un "cutreapaño". Cuando al fin empieza la rutina verdadera con comedor incluído, Rubiazo se pasa dos días llorando, justo esos días en los que yo sonreía feliz por la reducción de estrés. El drama continuaba a la salida del cole cuando al recogerlo de su clase lloraba una novena a su súper canguro: "Yo quellía con Paulaaaaaaaaa".
Periodo de adaptación de Pichu a primaria. Empieza nerviosa (de esos nervios contenidos que te hacen controlar tu respiración para no hiperventilar) pero feliz. Contentísima cuando al fin le han puesto deberes, una ridiculez, una mini ficha, sólo hábito... ella orgullosísima de poder sentarse a "trabajar" de mayor. Papi y mami maestros. Pero su tutora es Dios. Da igual lo que le digamos, que dicho sea de paso, nunca será diferente a lo que diga su súper maestra; pues debe ser que igual lo decimos con diferente cantinela o en diferente momento del día. Si lo dice S, va a misa, porque ella sabe más, que para eso es su maestra. Nosotros en realidad nos sacamos el título de ingeniería industrial pero nos colamos en la lista de las oposiciones a maestro porque hay más vacaciones, o algo así. En fin, que ahora entiendo a los padres cuando me cuentan "es que lo que dice Noni va a misa, ahora como lo diga yo...". Tal cual. Fin de nuestra deidad ma/paterna. Pero oye, yo feliz; que le dure ese respeto a los maestros in eternum.
Para aderezar el periodo de adaptación estamos teniendo unas crisis de asma acojonantes acongojantes. Noches en vela, muchas, ataques que pasan al cabo de unas cuantas horas de aerosoles, mucho cariño, mucho sueño y mucha paciencia, pero que a ti ya te dejan desvelada y preocupada, y convierten al ventolín en tu amante bandido, just in case. Rubiazo revolucionado gracias a su estupendo aerosol. Siestas que no llegan porque la hora del descanso en el cole de momento no existe. Resultado: pasada de vueltas total del rubio platino. Suma de los factores que acaba resultando en una bomba de relojería elevada a la máxima potencia. Lunes que empieza con un vómito "integral" en pleno camino en coche al cole, todo cortesía del puto asma, que ya podía irse a visitar a Murphy y dejar a Rubiazo en paz. Tres noches seguidas de meadas de elefante tanto en su cama como en la nuestra, todo cortesía de la dichosa adaptación. Cambios de pijama y limpieza "toallitera" de emergencia para que no se desvele (demasiado). Pichu y sus arranques de independencia repentinos que te hacen querer sugerirle que vaya a pedir un referéndum al congreso de padres o algo así. Pichu y su sordera selectiva. Pichu y su recién estrenada cabezonería de primaria...

¡Y va mi amiga B y se atreve a hablarme de ADAPTACIÓN! ¡Pero nena, si llevo hecho un máster desde la última semana de agosto! ¡Si en casa es la palabra clave!: "Buenos días, adaptaciones mías / Os quiero, adaptaciones / Que soñéis con adaptaciones bonitas / Hoy de almuerzo lleváis bocadillo de mantequilla y adaptación..." Y así... ADAPTACIÓN es la palabra de contraseña cuando salta la alarma y es lo que usamos para contar hasta 10 cuando le ponemos el ventolín a Rubiazo; ¡Si hasta en la carnicería el sábado pedí 500gr de carne picada y otros 500 de adaptación a rodajas!

Muy bonita la adaptación de nuestros pequeños. Sí. Dosis extra de paciencia aunque no durmamos en condiciones durante un mes. Aunque se reboten a la mínima y estén susceptibles y tengan piropos hacia nosotros a mansalva. Sí. Nosotros somos los adultos y tenemos que saber estar, ser y hacer y dominar la situación. Todo claro. Muy lindo el cuento...

¿Y QUE ME DICEN, SEÑORES, DE LA ADAPTACIÓN DE LAS MADRES?
 
Aunque me rechifle mi trabajo como a ellos su rutina escolar, yo también querría seguir de vacaciones sin rutinas, ni horarios fijos, happy flower total con mis plantas, la piscina, el terraceo y las relaciones sociales a más no poder, la clarita al solete, los paseos familiares interminables en bici... Y ese largo etcétera que significa VERANEO. 
Yo también lloro porque no me quiero quedar a comer en el cole mientras adelanto toneladas de faena. Y me pongo de los nervios cuando se avecina alguna reunión larga que implique algo de tensión. También llevo deberes a casa. Aunque conozco a mis compañeros, a veces me encuentro con que a alguno no lo conocía tan bien como yo creía, y eso me crea desasosiego y unas ganas tremendas de gritar "¡papaaaaaaá!" y salir corriendo. YO TAMBIÉN ME ESTOY ADAPTANDO LEÑE. 
De hecho, conforme avanza septiembre la cara de loca que se me está quedando es cada vez más difícil de disimular. Salgo a correr para despejar la mente. Salgo a correr y hago religiosamente mi rutina de ejercicios, no sea que mi señor cuñado, preparador físico de élite, me pegue la bronca como si fuera una alumna real, pero también con la esperanza de fortalecer cuerpo y mente para las muchas carreras nocturnas a por el ventolín, el vómito, el pis de turno, el vasito de agua, y para ser capaz de salir cargada como una mula cada mañana, y salir del cole cargada como dos mulas con los trastos y un rubio enganchado del brazo y pasadísimo de vueltas.
 
Así que, por favor, si nos encontramos por ahí y me veis con cara desencajada, hablando sin mucho sentido, y con un zapato de cada (cualquier día)... Recordad esto: POBRETA, ESTÁ DE ADAPTACIÓN.
 

¡SALVEMOS A LAS MADRES EN PERIODO ESCOLAR!

CON M DE MAMÁ y A de ADAPTACIÓN.

6 de diciembre de 2014

¿Cumpleaños infantil o eventazo social?

Si tengo que elegir un pez, elijo el salmón. Por razones obvias... básicamente porque siento que siempre nado a contracorriente. No suelo seguir modas, de ningún tipo, y si lo hago me canso rápido porque no me gusta encasillarme ni que me encasillen.
En menos de dos semanas Pichu cumple 5 años y no, no voy a organizar una de esas chupimolonguiMEGA party en las que acabamos convirtiendo la casa en un parque temático. Sí, lo sé, debo ser una madre rollo y no molar mucho, pero por suerte, Pichu tampoco espera eso y tiene claro con quien quiere celebrar su cumple.
De unos años a aquí se ha impuesto la moda (precursora de las megafiestas temáticas) de celebrar los cumpleaños de varios niños de una misma clase el mismo día, invitando a toda la clase a la fiesta. En principio, según entendí yo cuando me comentaron de la existencia de esta moda, esto se hace con el fin de abaratar el tema regalos, ya que se pone una cantidad simbólica por niño, y de evitar que los niños se junten con tanta cosa, además de darles la oportunidad de poder juntarse toda la clase fuera del colegio. A esto, como supuesta ventaja, le sumamos que los regalos los compran los progenitores de los cumpleañeros, asegurándose así el éxito seguro con los presentes de los homenajeados. Estas fiestas suelen celebrarse en parques de bolas o en parques públicos, a gustos de los padres, y dependiendo de lo que uno busque o pueda permitirse: todo hecho o elaboración y currada caseras.
El año pasado caí. Sí, yo fui una de esas mamis que queda con otras dos, en este caso de máxima confianza, junta cumpleaños con calzador (agosto, septiembre y diciembre) y convoca a los 22 compañeritos de su hija al cumpleaños. La verdad, ellos lo pasaron en grande, pero no mucho mejor que si lo hubiéramos hecho de manera tradicional. Y yo, qué queréis que os diga, soy algo de tradiciones, porque algunas, por lo que me ha enseñado la edad, se continúan de generación en generación por algo, como la tarta de galletas y chocolate (¡mi preferida, por cierto!).
La cosa es que, conforme avanzó el curso, Pichu fue invitada a más cumpleaños, tanto de compañeros del cole como de amigos de fuera, y esto me ha llevado a observar con tristeza como, lo que parecía haber surgido como una idea para abaratar costes, para que aprendan a compartir y convivir más allá de la escuela... ¡Se ha acabado convirtiendo en una competición por hacer la fiesta más grande, en el lugar más grande, con más regalos, más niños y más milongas! Y no, no soy la única que tiene esa impresión. Hay más salmones en el río (por suerte para mí).
La verdadera ventaja o lado bueno de las fiestas de clases enteras acaba convirtiéndose en la evidencia de nuestra realidad: trabajamos con X número de compañeros, con unos nos llevamos bien, con otros hacemos amistad y con otros... simplemente no nos llevamos, no hay más. Los niños también viven así su realidad. Aunque a la edad de Pichu las amistades no tienen por qué estar aún muy definidas, te das cuenta, si conoces bien a tu hijo, de que normalmente habla de los mismos compis, comparte juegos con el mismo grupo y se "queja" de los mismos siempre. Así pues, cuando haces un cumpleaños con toda la clase, al final, cada oveja va con su pareja, no juegan con los que normalmente no lo hacen por el hecho de que sea su fiesta, y con los que tienen alguna confrontación, pues la tienen igual. Yo, personalmente, no invitaría a todos mis compañeros de trabajo a mi cumpleaños, ni siquiera a todos aquellos con los que tengo buena relación. Invitaría a los que considero de mi confianza, de mi círculo, porque son con los que de verdad comparto mi día a día. ¿Por qué hemos de pretender que con los niños sea diferente? Aprender a relacionarse es algo que se fragua desde niños, y pretender que se lleven bien con todos es engañar sus sentidos, eso no será posible nunca, porque para ello tendrán que intentar agradar de manera poco espontánea a quienes no agradan, y entonces, el mensaje que les transmitimos es totalmente érroneo.
Luego está el tema de los regalos. La verdad, lo de un regalo común de parte de todos sus amigos, está fenomenal, aunque por otra parte, siempre puede parecer que quien no puede dar, ni siquiera esa cantidad simbólica, es bicho raro o se siente fuera de lugar. En el caso de Pichu, no pudo ser regalo único porque lo que le gustaba eran cosas más "económicas", así que yo tuve la sensación de que igualmente recibía aluvión de regalos, aun habiéndolos elegido nosotros y habiéndonos acoplado estrictamente al presupuesto. Por otra parte, en algunos parques de bolas, el hecho de hacer sentar al homenajeado en el trono para que los amigos le vayan acercando los regalos mientras el resto corea sus nombres... no sé, repito, llamadme rara, pero no lo veo. Está claro que ese día los cumpleañeros son los máximos protagonistas, y más a estas edades en las que cumplir años es toda una aventura, pero en mi humilde opinión, las cosas cuanto más normales y naturales, mejor. ¿No se puede hacer una entrega de regalos normal, a la antigua? Llego y entrego mi regalo, si lo llevo. O si es entre todos, sin tanto alboroto. Repito, llamadme rara. Luego, por otro lado, para mi gusto, el hecho de que el regalo lo compren los papis quita la emoción real que supone a los niños el hacer un regalo a un amigo, básicamente porque ellos no han ido a elegirlo ni lo han hecho con sus manos, y lo normal es que no sepan lo que es. Llevar a tu hijo a que elija un detalle para su amigo, o mejor aún, motivarlo a que lo haga con sus propias manos, está cultivando el hecho de que piensen en quienes quieren y hagan un esfuerzo por conocerlos un poquito más, por interesarse por sus gustos, entre otras cosas, es decir, por dejar de mirarse el ombligo para mirar el de los de al lado.
Y suma y sigue. La moda de los parques de bolas está bien, son lugares en los que los niños se lo pasan pipa, pero como tendemos a buscar el lugar más grande, el más de moda, pues a mi modo de ver, la magia de la "convivencia" acaba desapareciendo entre tanto niño infiltrado, y el cumpleaños acaba siendo un acto bastante impersonal, en el que, con suerte, se cruzan un par de compañeros en el mismo tobogán cada media hora. Por tanto, se me desmonta otro punto a favor. Además, como la tendencia es a la macro fiesta en la macro sala, el concepto de cumpleaños infantil acaba pareciendo una fiesta de pueblo con discomóvil incluida. Insisto, la rara soy yo, pero me parece excesivo. A esto le sumamos que, obviamente, celebrar un cumple con 25 niños supone que cuentas también con sus padres, de tu confianza o no, que se quedan a "celebrar" la fiesta y a los que, por tanto, hay que agasajar con algo de merienda. Es decir, el precio del cumpleaños asciende al de una fiesta de sociedad, mínimo. Y, como siempre, si tienes la suerte de ser madre de algún cumpleañero, a ti no te toca relacionarte, porque estás controlando a los 25, que corren como locos y botan a la velocidad de un rayo por todo el parque de bolas; más que nada porque, aunque están sus padres, sientes que esa responsabilidad te corresponde, y así lo siente el resto, parece ser.
Demasiado de nuevo, en mi opinión.
De esta corriente hemos pasado a montar macro fiestas temáticas, en las que, no es que los invitados puedan ir disfrazados, si no que deben ir disfrazados de un tema en concreto (esta parte me chifla, que conste, porque soy fan de los disfraces desde siempre) ya que toda la fiesta, merienda incluida versa sobre un tema, "supuestamente" del agrado del cumpleañero, y no elegido por pura pose o postureo pinterest de los padres. Pero lo que empieza como una fiesta infantil por y para ellos, sigue la estela anterior: miles de invitados, niños y adultos, a veces no tan amigos pero que quedan bien en las fotos, anuncio a bombo y platillo del planazo al más puro estilo fiesta de sociedad. Y entonces, tal como lo veo yo, el centro que son los niños, su protagonismo, queda relegado un poquito y pasan por delante los detalles, los primeros planos de tooooodo lo que hemos preparado y demás. Que sí, que los niños soplan las velas, pero ya hemos perdido el mimo y el encanto de un cumpleaños donde se estrecha el círculo, donde los que cumplen años están con su entorno de máxima confianza. Es decir, pasamos de un cumpleaños en el que se estrechan lazos a uno en el que empiezan a crearse lazos porque hay invitados que los cumpleañeros han visto por segunda vez en su vida. Y ojo, que si tenemos claro que ése es el fin de su fiesta, adelante, entonces está muy bien planteada.
Pero yo cada vez me veo más salmón. Veo que, cada vez más, todo se magnifica, se hace enorme, se quiere mostrar, se agranda... Y nosotros, los de aquí de casa, no nos vemos para nada en esa estela nueva. No nos pega ni con cola. Podéis pensar: pecas de lo mismo, hablas de ti y tu marido como adultos, no de las preferencias de vuestra hija. Error. Lo primero que hicimos cuando empezó la temporada "taurina" fue preguntarle a Pichu. Y su respuesta fue que su máxima ilusión era una fiesta de pijamas con 5 amigas y amigos, o una tarde de sesión de cine, palomitas y gorrinadas en casa con ellos. Eso después de haber iniciado la temporada de parques de bolas, públicos y demás con toda la clase. Blanco y en botella. Hoy por hoy hemos ampliado la lista a 10, vamos, lo normal, y fijo que aún cae alguno más de aquí a la entrega de invitaciones, pero en ningún momento ha pedido invitar a toda la clase. Y ,sin embargo, sí cuenta con sus amiguitos de fuera del cole. Y es que, en tantísimas ocasiones, nos adelantamos a sus gustos y a sus preferencias porque "sabemos" qué es lo que quieren, que olvidamos que ellos también son personitas, seres sociales, que no tienen por qué querer "lo mismo que el resto de sus amigos, pero más".
En estos tiempos que corren, todo es tan a lo grande, tan exagerado, tan magnífico, que NOS OLVIDAMOS DE QUE LAS PEQUEÑAS COSAS SON LAS QUE SE CONVIERTEN EN GRANDES RECUERDOS.
Una mesa con bocatas de fiambre y nocilla/nutella (que no falten), con platos de papas y ganchitos, con un vaso de trina (ella tampoco es de fanta) derramado al primer minuto, guirnaldas cursis que habrá elegido ella y que probablemente no sean los pompones cuquis que yo elegiría, una piñata llena de chuminadas que no acaba de romperse, carreras alrededor de la mesa, juegos en el jardín de delante... Un grupito de amigos pasando la tarde en una de las casas y agotando a los padres de la criatura. Y una niña que se acostará feliz y pletórica porque ha pasado la tarde con aquellos que, a diario, le arrancan una sonrisa, incluso hasta un enfado, y que le ayudan a conocer el verdadero sentido de la amistad y con los que está aprendiendo cuán divertido es el mundo de las relaciones.
Insisto, y lo asumo, soy un salmón. Pero a Pichu no parece importarle, porque, al menos en el tema "cumpleaños", nada en la misma dirección que yo: la contraria.

Y vosotros... ¿Con qué os quedáis? ¿CUMPLEAÑOS INFANTIL o EVENTAZO SOCIAL?

CON M DE MAMÁ y de CUMPLEAÑOS FELIZ

 

14 de mayo de 2014

Si no puedes con tu enemigo... ¡únete a él!

Soy optimista, soy paciente, soy una madremachine ("... si no son micromachine, ¡no son los auténticos!", ¿Os acordáis? Si la respuesta es no, nada mejor que un largo silencio administrativo, ¿ok?).
Soy optimista, soy paciente, soy una madremachine.
Soy optimista, soy paciente, soy una madremachine.
Soy optimista, soy paciente, soy una madremachine...
¡Los cojones! ¡Y una mieeeeeeerda! ¡Vaya trola! (Ésta sí, ¿no?)
Llevo parte de la tarde cantándome interiormente este magnífico mantra que me he inventado y autorregalado, pero, o no lo entono bien, o es que son tres mentiras como tres pares de narices. ¡¿Pero qué clase de polen están escupiendo plantas y flores esta primavera que mueve tanto a los niños?! Y encima lleva un componente para padres también que lo que provoca es justo lo contrario: nos roba la energía (¡claro! ¡y se la da a ellos!). Y hablo por toooodos los niños con los que me codeo, que son muchos, y por los míos propios. Vamos, que en un estudio de campo esto vendría a ser un: "99 de los 100 niños observados blablablabla...".
Para no hacerlo largo iré al grano, porque hoy no me van ni el cerebro ni los dedos, y encima me he puesto una lista de Spotify que se llama MOMENTO GINTONIC, gracias a la cual tengo unas ganas de liarme a leches con el primero que pase que no me aclaro, ¡¡vaya tela con la alineación de planetas, Murphy y el karma de las mariposas!!
Paso a relataros mi tarde de hoy, obviando la maravilla de día laboral que he tenido, y el previo y completo que tuve ayer lunes:

1er momento glorioso de la tarde: Rubiazo empieza a llorar porque quiere bracito, pero como a su madre no le apetece que la multen, lo ignora mientras conduce (velocidad crucero) hacia casa, soñando con verlos a los dos metiditos en la bañera jugando tranquilos mientras ella tuitea/feisbuquea y todo lo que acabe en "ea".

2º momento glorioso de la tarde: Rubiazo descubre que enfocar la ducha hacia la cara de su hermana es divertido. Pichu se parte en banda ante la genial ocurrencia e intenta robarle el teléfono (de la ducha) para devolvérsela. Entre risas y forcejeos, mamá recibe un chorro directo a los ojos, que le impide ver durante unos segundos... Los justos para que la líen parda: suelo encharcado, agua por todas partes y mamá como recién salida de la lavadora.

3er momento glorioso de la tarde: o EL MOMENTO, el mismo en el que Rubiazo dice "caca" y mami, resignada, le dice: "en la bañera no se hace pipi, cochinote", confiada porque es lo que siempre dice cuando se le escapa el pis dentro de la bañera. Hasta aquí, sin novedades. Pero al ratito, ¡ay, inocente!, mamá detecta algo con forma de haba (ale, ya no coméis en un tiempo), y que no es un juguete, paseándose por la bañera... ¡NO PUEDE SEEEEER! ¡DIME QUE NO ES VERDAD! Sí, lo es: HABEMUS CAGARRUTA DE CABRA IN THE BATH! Si hemos de ser positivos... Una suerte no haberles puesto la bañera hasta los topes de espuma y haberla localizado ipso facto. Para rematar, mientras Pichu salía y yo le echaba un cable, Rubiazo se pone de pie y deja al descubierto otro "huevo" que había estado incubando. Es muy bien todo esto, sí.

4º momento glorioso de la tarde/noche: la cena, durante la cual Rubiazo derrama toda el agua y mientras yo saco el gadgeto-brazo para coger papel,a él ya le ha dado tiempo a chapotear con sus manitas y ayudar a que el agua encuentre su camino a todas partes, incluído él: ale, a por la segunda muda de la tarde.

5º momento glorioso de la tarde/noche: sin duda el momento rey. Cuando mi Rubio empieza a comerse las fresas súper bonico y civilizado, y de repente se le cruza un cable, coge una fresa y la lanza con todas sus fuerzas intentando meterla en el vaso, mientras grita "¡¡cacaaaaa!" (canasta, en su lengua de trapo)... y por puro reflejo, y llegados ya a un punto de enajenación mental considerable, va y a mí me da por gritar: "¡¡CANASTAAAAA!", para regocijo de Rubiazo que me mira pletórico y lanza otra fresa berreando "¡¡cacaaaaa!!". Y no, no fue un premeditado "si no puedes con tu enemigo, únete a él".

(To be continued... que me caigo de sueño)
.
.
.
Llegados a este punto decidí que lo mejor era bajarlo de su silla, cerrar la puerta del comedor, y dejarlos jugar ilimitadamente hasta que cayeran rendidos por pura necesidad, mientras yo los miraba en la distancia, desde el sofá sin dejar de sonreír (sigo con agujetas en la boca, imaginad lo que duró la escena). Eso sí, funcionó, ¡pude con ellos siguiendo su misma estrategia: "esto es Jauja, todo vale"!

Ahora, por favor, absteneos de preguntar qué tal ha ido la noche...
http://estaticos03.elmundo.es/blogs/elmundo/happyfm/imagenes_posts/2013/08/01/63663_540x340.jpg
http://estaticos03.elmundo.es/blogs/elmundo/happyfm/imagenes_posts/2013/08/01/63663_540x340.jpg


CON M DE MAMÁ

3 de noviembre de 2013

Podría hablar...

... de muchas cosas y de ninguna.
Podría hablar del día y la noche.
Podría hablar del sol y la lluvia.
Podría hablar del frío y el calor.
Podría hablar del cielo y la tierra.
Podría hablar del sol y la luna.
Podría hablar de los árboles y los arbustos.
Podría hablar de mamíferos e insectos.
Podría hablar de las piedras y las plantas.
Podría hablar de los niños y los viejos.
Podría hablar del ladrillo y la paja.
Podría hablar de zapatos y pies descalzos.
Podría hablar de la sonrisa y el mal gesto.
Podría hablar de la carcajada y el llanto.
Podría hablar de la sal (de mis lágrimas) y el azúcar (de la vida).
Podría hablar del agua y del chocolate.
Podría hablar del mar y los ríos.
Podría hablar del aquí y el allá.
Podría hablar del ayer y del mañana.
Podría hablar del blanco y el negro.
Podría hablar de la amistad y la enemistad.
Podría hablar del amor y el desamor.
Podría hablar de la flor y las cenizas.
Podría hablar del bastante y el insuficiente.
Podría hablar del antes y el después.
Podría hablar de la abeja y el zangano.
Podría hablar de tener y desear.
Podría hablar de volar y caminar.
Podría hablar de la muerte.
Podría hablar de VIDA.
Podría hablar de ti, del echarte de menos, del querer quererte, de querer abrazarte, hablarte y mirarte... De escuchar tu voz, tus frases de PADRE, mirar tus ojos verdeazulados, admirar tu sonrisa...
Podría hablar de tus manías, tus costumbres, tus aciertos, tus consejos, tu actitud frente a la vida, tu respeto, tu discreción, tu saber estar.
Podría hablar del homenaje a la VIDA que nos has dejado grabado a fuego en el corazón.
Y sin embargo... Yo sólo puedo llorarte, recoger mis lágrimas en un cacito, dejarlas al sol y pedirles que vuelen a ti en forma de vapor, y que te besen las mejillas, ya que yo no llego tan alto.
Y mientras tanto, escuchar como Pichu, con la mirada inmensa e interrogante me pregunta "¿aquí en este colgante está el abuelo?". Y escuchar como, ante mi respuesta de "no, cariño, aquí no está el abuelo" ella insiste, mientras me mira con esa mirada de mar y cielo tan suya: "sí, mamá, está aquí, ¿no lo ves? Mira, huele al abuelo. Él está aquí, en ti" mientras me ofrece mi colgante y me abraza.
Estoy segura de que eso se lo has chivado tú en sueños para que me lo diga, porque sabes que mi pequeña hada tiene ese poder "curativo" sobre mi alma.
Hoy podría hablar de muchas cosas PAPÁ, y sin embargo, dejaré que el silencio tome la palabra. Así, mientras podré cerrar los ojos y HABLAR CONTIGO.

Con M de Mamá

31 de agosto de 2013

Querida hija, perdóname...


Te pido disculpas porque, a veces, sin darme cuenta, te exijo demasiado, o mejor dicho, me dejo llevar por las (en teoría buenas) formas y me olvido del contenido: tu inocencia, tu camino hacia el aprendizaje pleno, tu falta de mala baba, tu dulzura y tu locura creativas... Los adultos somos así de complicados.
Perdón, mi vida, porque a veces sin querer, y acostumbrada a que seas tan "personita", olvido que eres NIÑA sin más (y por suerte). Me dejo llevar por la inercia del resto, y entonces ocurre lo inevitable: el resto se cree con derecho a exigirte también "porque tú ya eres mayor".
Pues NO. Me niego. Y por ello te pido mil perdones.
Aún no llegas a los 4 y me gustas como eres. Me encantas, tal cual, sin condiciones. Y espero que sepas disculpar a la torpe de tu madre, que ya sabes que mete la pata a menudo. Estás aprendiendo, y quien no sepa verlo está claro que necesita que alguien le diga "tú SÍ eres mayor".
Te quiero así: locuela, alegre, cantarina, cotorra, contadora de historias... 
Te quiero así: queriendo jugar con todos, adultos y niños. 
Te quiero así: queriendo estar con todos, hablar con todos.
Te quiero así: reclamando tu mini espacio, que también tienes derecho, porque siempre donde vas "eres la mayor", pero apenas has cumplido los 3 años y medio.
TE ADORO PICHU. Es imposible no hacerlo. 
Por favor, no cambies jamás... papá y mamá necesitan seguir aprendiendo de ti.

31 de julio de 2013

La Maternidad de la A a la Z: D de Daniela


Conocida por todos o casi todos como Pichu, 
DANIELA es la niña de mis ojos. Es mi corazón bonito, mi vida entera, mi tesoro, mi trocito de cielo, mi alegría de vivir, mi princesa, mi niña bonita, mi pequeña estrella... Y sí, ahora es todo eso junto a mi Rubiazo. Pero nadie le quita el mérito de ser la niña que me convirtió en MADRE. La niña que me dio la oportunidad de madurar "a otro nivel" y pasar a otra dimensión.
Desde el momento en que sentí que estaba embarazada, sin prueba de embarazo de por medio ni visita al ginecólogo, supe que eras tú, DANIELA. Y a pesar de que nos tuviste jugando al escondite hasta que ya no podía ser más evidente que eras UNA garbancito, y que incluso habías querido jugar al despiste haciendo que hasta el mismo doctor se inclinara a pensar que había "chufa", yo sabía que eras tú. Soñé tu cara dos veces. Tu cabeza pelona y tus ojazos azules color cielo. Tu mirada profunda, curiosa, siempre expectante. Y así, como yo te había soñado, fue como todos te vimos llegar y todos te vemos crecer.
Nuestra conexión fue brutal desde el principio. Yo no podía dejar de comunicarme contigo, acariciándote, hablándote y cantándote canciones que luego, una vez fuera de mi útero, curiosamente, reconocerías y te calmarían al instante. Canciones que aún me pides cuando estás "mimosa conmigo", como tú misma dices.
Algún día, cuando seas más mayor, te contaremos por qué tu llegada a mi vientre fue tan especial, por qué te llamábamos "nuestro milagrito", por qué antes de nacer ya eras la niña de nuestros ojos, especial y única... Algún día que, quizás, ya no queda tan lejos porque te haces mayor a la carrera, maduras a un ritmo pavoroso, y eso debe ser por la capacidad tan grande que tienes de observación, por tu curiosidad innata, tus ganas de beberte la vida a sorbitos y de disfrutar de cada uno de ellos, tu interés por todo y todos los que te rodean, tu persistencia para conseguir aquello que te propones, tu ansia de superación, tu capacidad de adaptación, tu inteligencia, tu picardía, tu desbordante imaginación comparable a la de cualquier escritor de bonitos cuentos, tus ratos de subirte a la parra y quedarte en ella tan a gusto que ni oyes cuando se te llama, tus locuras, tu versatilidad, tu dulzura, tu gran corazón, tu nobleza, tu bondad natural, tu genio y figura (que los tienes, sí), tus canciones inventadas, tus "palabros" de nueva creación, tus bromas a toda hora, pero sobre todo, tu capacidad ilimitada de AMAR. TIENES EL CORAZÓN DE UN HADA.

Me gusta perderme en tu mirada azul, limpia, pura, inocente, grande, mejor inmensa, intrigante y despierta. Me enamora tu sonrisa, a veces dulce y a veces pícara, pero siempre sana, sin maldad y sin dobles intenciones. Eres luz, DANIELA. Y es una suerte que proyectes esa luz sobre nosotros.

No llegas a los cuatro años y, sin embargo, tengo muchos motivos por los que admirarte. Uno de ellos es la memoria impresionante que tienes, casi fotográfica, diría yo, porque sorprende la manera en que con toda naturalidad nos cuentas algo que ocurrió hace mucho tiempo (en proporción a tu corta edad) o datos de esos de los que ni yo misma sería capaz de recordar. Y si hablamos de tu capacidad de crear, de tu inventiva, tu magia al jugar, me quedo corta si digo que eres la niñez hecha persona. ¡Y eso me hace sentirme plena y feliz! 

Y si pienso en el AMOR con que miras, cuidas, proteges y mimas a tu hermano, entonces directamente se me derrite el corazón. Has cedido parte de tu espacio y protagonismo al Rubiazo sin más, porque sí, porque un buen día supiste que ibas a convertirte en hermana mayor y tuviste la valentía de aceptar ese papel a ciegas, con todos sus pros y sus contras, y por tu cuenta y riesgo hilaste una fina cuerda que te unió a tu hermano pequeño desde el momento en que te dimos la noticia. Es indescriptible el orgullo que siento al veros juntos, disfrutando de vuestra COMPLICIDAD sin límites. 

Gracias por hacerlo tan fácil, y también por hacernos aterrizar cuando reclamas nuestro cariño y atención en determinados momentos en los que, evidentemente, tu generosidad se frena para dar paso a la naturalidad de la relación fraternal, y aparece una pequeñísima muestra de celos, que más que celos es, eso, el grito de "¡pero no os olvidéis de mí!". Tranquila, pequeña, te aseguro que eso es imposible.

Me asombra cómo te emocionas con las pequeñas cosas que nos da la vida, con canciones, con situaciones, con determinados momentos... Y me hace sentir pequeña a tu lado que tengas la capacidad de exteriorizar a través de lágrimas esas emociones. Eres un alma pura. Y te admiro.
Desde bien pequeña has sido observadora, y allá donde vas clavas tus inmensos ojos azules, sedientos de mundo, de aventuras y experiencias, y no pierdes detalle de lo que te rodea. Pagaría por saber a la velocidad que procesa todo tu cabecita, porque estoy convencida de que es casi, casi a la velocidad de la luz. Y luego, claro está, llegan las preguntas. Preguntas inocentes pero inquisitivas, sobre cualquier cosa de las que observas, sobre las cosas que oyes, cuando los adultos, que pecamos de idiotas cuando creemos que no os enteráis, hablamos de más, o simplemente de las cosas que te intrigan: desde qué animal es un pulpo, pasando por cómo funciona el ordenador hasta por qué nos morimos las personas cuando somo viejas. Y, ¿sabes? nunca se me ocurriría contestarte con un "porque sí/porque no"... Tú necesitas respuestas, necesitas saber para seguir absorbiendo vida, y no seremos nosotros quien te cortemos esas valientes alas que tienes, pequeña DANIELA.
El día que llegaste a nuestra vida, a mi vida, me hiciste la mujer más feliz del mundo porque ME HICISTE MADRE. Jamás olvidaré tu mirada profunda y llena de vida cuando te pusieron sobre mi pecho, jamás. La recuerdo vívida, como si acabará de suceder. Tampoco me será difícil recordar cómo se han clavado tus lindos ojos en los míos siempre, y cómo desde el minuto 1 de vida me has dicho tantísimas cosas con ellos. La complicidad que se fue tejiendo conforme tú crecías en mi útero se ha extendido hasta hoy como una tela de araña gigante, suave y fina, y a la vez resistente ante cualquier embestida inoportuna. La magia que creamos, casi sin querer, nada más te agarraste a mi útero con fuerza es el regalo más preciado que puedas haberme dado en esta vida. 

Y yo sólo espero estar a la altura, no fallarte nunca y ser la madre que tú, mi dulce DANIELA, te mereces. Esa madre que te dará todo el amor, el cariño, la protección, el cuidado, el apoyo y el respeto que necesites para seguir creciendo feliz, segura de ti misma y de tus pasos, sensible, dulce, cariñosa, creativa y divertida hasta decir bastante, noble, inteligente, optimista, con los pies en la tierra y un brazo tocando el cielo... pero sobre todo, BUENA PERSONA. Esa madre que, con el corazón encogido, te verá volar del nido algún día orgullosa de tu majestuoso batir de alas y aplaudirá cada uno de tus movimientos.


Querida hija, deseo que la vida te trate bien, porque no te mereces más que bondades, y que todos los obstáculos que encuentres, que los encontrarás, sólo te sirvan para superarte, madurar y crecer. Yo siempre, siempre estaré a tu lado, en la sombra, discreta, esperando por si necesitas mi mano, pero sin entorpecer tu camino, pues, mal que me pese, tú serás quien tenga que tropezar para levantarse con más fuerza... Me tendrás siempre, orgullosa de verte superar cualquier dificultad, con o sin mi ayuda. Estaré SIEMPRE.


Mi pequeña Pichu, TE AMO. 

TE ADORO. 
TE QUIERO. 
TE ADMIRO. 
GRACIAS POR CONVERTIRME EN MADRE. 

HASTA LA LUNA Y VUELTA...





CON M DE MAMÁ y D de DANIELA

28 de julio de 2013

Autopista hacia el cielo

Hoy he captado accidentalmente este momento en el que las nubes dibujaban una autopista de algodón en el cielo. Esta imagen, tan nítida, tan tangible, que casi parecía tener forma de verdad, me ha causado un encontronazo de sentimientos importante. Lo primero que me ha venido a la cabeza es lo mucho que me gustaría que esa autopista ante mis ojos fuera real, para que así las personas que nos faltan pudieran no estar tan ausentes en ciertos momentos de nuestras vidas. Y para que también nosotros pudiéramos pasear hasta allí siempre que lo necesitáramos. Sería maravilloso poder subir a por ese abrazo que nos hace falta en algunos momentos, esas palabras de aliento que necesitamos a veces, o a acabar esa conversación que tenemos pendiente o que nunca tuvo lugar. Después me ha venido un escalofrío enorme al pensar que algún día, ojalá muy lejano, tú estarás allí arriba y yo aquí abajo echándote de menos. Necesitando tus llamadas y tus consejos médico-paternales, tus abrazos, tus besos, tu mirada de orgullo paternal al observarme siendo madre mientras que en tu fuero interno aún sientes la necesidad de protegerme como si fuera una niña. La siguiente carita que ha acudido a la fiesta de pensamientos ha sido la tuya, la de mi princesa, la de mi pequeña mujercita que ya plantea el tema de la muerte con cierta angustia cuando piensa que algún día yo no estaré con ella, y que llora amargamente pidiendo que no me muera nunca porque, al no saber medir el tiempo, mi "para eso falta muchísimo, primero he de hacerme muy vieja" le suena a excusa barata, a "¿y si muchísimo es mañana?", y lo dice mientras me mira las arruguitas de los ojos y afirma "¡pero es que tú ya tienes 'rallajos'...!" Aunque, por suerte, respira algo más tranquila cuando le explico que esos rallajos son de lo mucho que nos reímos juntas y no son para preocuparse. Y luego, mi pequeña investigadora, me lanzas la pregunta más difícil que me hayan hecho nunca "¿y por qué nos morimos?". Y, como por instinto, me sale decirte que morimos cuando nuestro cuerpo deja de funcionar, como cuando una máquina o un aparatito se estropean, porque nuestro corazón, o alguna otra parte importante de nuestro cuerpo, se averían y empiezan a funcionar mal, o son tan viejitas que ya no pueden repararse, y entonces, dejan de hacer su trabajo, y nuestro cuerpo se para. Pero ¿sabes un secreto? Nuestra alma, que vive escondida en nuestro corazón, se pone un vestido de estrella y brilla cada noche por las personas que nos quieren y a las que cuidamos con nuestra luz mágica, para que siempre se sientan protegidas y no tengan miedo al cerrar los ojos. Y tú, mi corazón bonito, mi verdadera estrella de luz, meses después, recuerdas perfectamente lo que te conté y me preguntas por las estrellas, pero sin lágrimas en los ojos y con una sonrisa tranquila. Y entonces vuelvo a pensar en ti y en mi pequeño Rubiazo, en que sois mi luz, mi vida, mi alegría diaria y mi razón de lucha. Y en que, el día en que me vaya, para el que os prometo que queda mucho porque mis arruguitas son sólo de felicidad, caminaré por esa autopista sin coches, tocando las nubes, mientras os miro tranquila y os lanzo besos con trozos de nube que llegan a vuestros labios y os acarician la cara. Tranquila de saber que seré la estrella que ilumine vuestros sueños, sueños que viviréis juntos porque tendréis el mejor legado del mundo: el amor de vuestros padres y el saberos amigos más que hermanos. CON M DE MAMÁ y A de Autopista hacia el cielo

25 de junio de 2013

Queridas hormonas... ¡Va por vosotras!


Porque ya estaban tardando en tener una entrada para ellas solitas. Y mira que las pobres llevan tiempo intentándolo por méritos propios, y aquí la menda resistiéndose. Hasta que ayer, tras despedir a Pichu que se va por unos días a casa de sus tíos (sí, sólo unos días, aunque por lo que leáis a continuación os pueda parecer un lustro) mis hormonas han gritado: ¡o nos dedicas una entrada o te la liamos (más) parda! Y eso me ha dado mucho miedo, porque me la llevan liando desde el minuto uno en que me quedé embarazada de Pichu. Y desde entonces no han parado.

Ayer por la tarde, como decía, mi pequeña loquita se fue, maleta de princesas en una mano y bolsa playera repleta de bikinis megaideales en la otra, a pasar unos días a casa de sus tíos. El previo a esto, muy en su línea, fue pedirme que le hiciera, de buena mañana, la manicura "arco-iris", es decir, cada uña de un color ¡y olé! Que así le combinan con lo que se ponga, ¡di que sí, mi vida! ¡Ay!, si Coco Chanel levantara la cabeza... 

El caso es que mis hormonas, que viven emocionadas de la vida y como si vinieran de un "after" desde mi maternidad, le dieron un toque al lagrimal y en el momento en que Pichu ya estaba subida en el coche, mirándonos por la ventanilla, las lágrimas empezaron a acumularse en mis ojos en plan: "queremos saliiiiir, déjanos caeeeeeer, ¡bomba vaaaaaaa!" y mensajitos de ese palo. Yo, toda digna, le dije a mi lagrimal con mi mejor voz de ventrilocuo "o las devuelves a su sitio o ya puedes ir haciendo la maleta". Y no salieron. No salieron en ese momento, digo. 
Salieron anteayer dos o tres veces mientras le preparaba su ropa y demás. Y cayeron a raudales nada más le di la espalda al coche. ¿Lo mejor? Encontrarte al momento con gente conocida y que te hablen mientras te miran y piensan "¿es Noni o Rudolph? Es que no me acaba de quedar claro con tanta rojez".
Mis hormonas son las responsables directas de que llore mientras canto ciertas canciones, que llore mientras duermo a mis enanos y les hablo en voz bajita, que llore mientras los miro dormir, que llore con películas de Disney, que llore cuando alguien me cuenta algo duro mientras le digo lo que yo haría, que llore cuando leo ciertos textos, que llore mientras escucho música de Enya con mis alumnos, que llore con los mensajes de despedida de mis alumnos, que llore mientras veo el dvd que he preparado para mi clase... Vamos, que gracias a mis hormonas ¡soy una puta puñetera cisterna, todo el día en marcha!
Que conste que, para rematar la faena, estas mismas hormonas son las encargadas de que me ría a toda hora de todo y de con todos. ¿Que Pichu se medio enfada por algo sin motivo?: me parto de risa. ¿Que se enfada del todo porque me río?: me río aún más. ¿Que Papi pregunta quién ha hecho X cosa?: a mí, que no he sido, me entra la risa floja y acabo siendo acusada injustamente porque "si no, ¿por qué te ríes?". Me río sola, acordándome de cualquier minucia, me río cuando puedo reírme y cuando la situación pide a gritos que guarde la compostura; me río de las minitrastadas de mi princesa, de sus monólogos, sus razonamientos, las conversaciones que tenemos, sus pícaras ocurrencias. Me río con la cara de sinvergüenza de Pollito, con su manera de mirarme y provocarme, con su mal genio cuando no le dejo coger lo que quiere coger, con su mal genio cuando intenta robarnos algo de comida y no le dejamos, con sus "meaditas" sorpresa... Me río de mi sombra. Y como consecuencia, soy un calco del mítico perro Risitas.


Lo más sorprendente de todo es la capacidad mutante de mis hormonas, que igual pasan de estar fumando sin descanso cigarritos de la risa a vivir un drama eterno, con duelo de por medio. 

Y a mí me llevan loca perdida. Que de tanto cambio gestual no sé si soy Joker o Lina Morgan, pero en ambos casos... ¡No me reconozco! Así que, o bien padecen bipolaridad maternal o se han quedado totalmente trastocaditas después de dos embarazos con sus respectivos partos y postpartos.

Mis hormonas son tan, pero taaaan majas que me llevan en volandas por el mundo "Parra", sí, exacto, ése al que la gente se sube de vez en cuando. Pues no, no, yo vivo permanentemente en él, y he de decir que una vez te acostumbras tampoco está tan mal, en serio.
¿Que alguien ha de caerse porque se tropieza con... nada? Ahí están mis hormonas haciendo cola cual concierto de los Backstreet Boys para que me toque la primera.
¿Que hay que agitar un brik de leche de soja que previamente has abierto? Ahí están mis queridas hormonas para hacerme olvidar que lo he abierto y pedirme que lo mueva sin piedad. Ni falta que hace que os comente el resultado.
¿Que hay que equivocarse en la cita de tu médico (porque en las de tus retoños no fallas nunca) y aparecer una semana más tarde sin ni siquiera sospechar de tu error? Mis hormonas se encargan de que sea yo y no otra la que le haga el desplante al doctor, que encima es amigo de tu padre.

Así que, por todo esto y más, ¡AQUÍ TENÉIS VUESTRA MERECIDA ENTRADA, QUERIDAS HORMONAS! 
Y ahora, tras haber cumplido con mi parte, espero que vosotras cumpláis con la vuestra y soltéis a mis neuronas del zulo donde las tenéis escondidas, que después de tanto tiempo en paro, fijo que están algo oxidadas y aún lío alguna que otra.




CON M DE MAMÁ y H de Hormonas