Mostrando entradas con la etiqueta Estivil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estivil. Mostrar todas las entradas

15 de enero de 2014

"Crianza con apego o sin él. ¿A ti qué más te da?" o "Cuando seas madre (de mis hijos) comerás huevos"

Hace ya mucho tiempo escribí sobre el vicio (cochino) que tenemos la raza humana de meter las narices donde nadie nos llama y de opinar gratuitamente, si puede ser criticando, ya que es nuestro deporte nacional por excelencia.
Si además se trata de hablar de/opinar sobre/criticar la manera de criar a nuestros bebés, entonces la carnaza es de primera calidad.
Cuando me quedé embarazada de Pichu, mi marido y yo nos compramos, el típico libro de los 50.000 nombres (total para que sólo una diezmilésima parte de ellos te parezcan más o menos normales y de ellos sólo dos sean los que os gustan a ambos) y, además, nos leímos también algún libro más relativo a crianza/desarrollo y demás, bien porque lo compramos por recomendación, bien porque nos lo regalaron. Pues ya en ese momento, en nuestro entorno más cercano hubo quien tuvo que opinar y criticar que leyéramos en vez de llamar por teléfono y preguntar. Que digo yo que no tiene nada que ver el tocino con la velocidad. Una cosa es tener una mente curiosa (y querer cumplir eso de "el saber no ocupa lugar") y leer sobre desarrollo, emociones y demás, y otra muy distinta es el aprendizaje del día a día en nuestra labor de padres, aprendizaje que, en mi siempre modesta opinión, es algo que NADIE puede vivir por ti. Está claro que cuando te llueven críticas como esa es porque, quizás, la persona que las hace necesita sentirse un poco más partícipe protagonista de lo que tú y tu pareja le dejáis.
Si algo he aprendido en mi corto viaje por la maternidad es que quien decide tener hijos y criarlos (sí, es decir, quien decide no sólo traerlos al mundo porque es lo que le toca por edad o porque no sabe hacer otra cosa, o porque intenta salvar un matrimonio condenado al fracaso) hace TODO LO QUE PUEDE POR ELLOS. Y, obviamente, lo hace desde el amor más profundo, la inexperiencia más grande y la habilidad y el instinto que le hayan tocado en el reparto de cualidades. No hay más. Y, por tanto, no es ni malo ni bueno que lea o no, que pregunte o no, que necesite a su madre/suegra un mes en su casa o no. Porque toda opción es respetable.
Yo, perdón, NOSOTROS hemos decidido criar y educar a nuestros hijos CON AMOR, y no nos hemos planteado si eso se llama CON APEGO o con desapego. Y me da igual si soy del grupo teta-colecho-apego (que va a ser que, según lo que he leído, sí, pero paso de encasillarme) o del otro grupo. Me da igual si en su momento leí a Carlos González con su Bésame mucho y me gustó, o si luego leí alguna cosa suya más y me pareció información innecesaria, o si quisimos conocer a Estivil y me di cuenta de que este señor no me duraba ni un café. Porque por mucho que hayamos leído, buscado, contrastado... lo único que realmente nos ha valido y nos vale, hoy por hoy, es nuestra experiencia, conocer a nuestros hijos (el sol y la luna ambos dos, en todo), intentar estar al 200% con ellos en cuanto a sentimientos y empatía (y no conseguirlo siempre, obviamente, con el consiguiente inevitable sentimiento de culpa, muchas veces fruto del mismo agotamiento físico y mental).
Lo que SÍ hemos aprendido es que LA CRIANZA NO ES NI FÁCIL NI CÓMODA, pero enriquece, curte, te ayuda a madurar y TE LLENA.
El otro día me encontré en una red social un artículo sobre un otro pediatra que ha escrito un otro libro sobre la crianza (lo estoy expresando en líneas muy generales) y que, según él mismo explicaba, en su libro no habla ni de métodos infalibles ni de mejores maneras para criar o hacer con nuestros hijos, y eso me gustó. No pienso leerlo. O igual, si cae en mis manos, sí decido hacerlo, quién sabe. El caso es que compartí el artículo porque me gustó que, al menos a simple vista, y por lo que relataba la entrevista, no es un pediatra más que se ha inventado o ha descubierto un método para que los niños se críen solos y no molesten o se sientan los más amados del planeta, pero lo que sí decía muy acertadamente es que las madres de hoy en día no conciliamos, sino que sacrificamos. Totalmente de acuerdo. Y seguro que habrá algún padre que también. Podéis leerlo AQUÍ. Muy a grosso modo venía a decir que no son métodos lo que hace falta, sino comprensión y respeto hacia el modus operandi de las madres, o mejor, yo diría "de cada madre".
Yo, por mi parte, creo que hay una delgada línea entre aconsejar, opinar y entrometerse. Y obviamente cruzarla hacia uno u otro lado o hacia la crítica no constructiva es más que fácil.
No me canso de imaginar un mundo mejor en el que cada uno meta la napia en sus asuntos, y en el que no seamos tan fans de juzgar al prójimo y sí lo seamos de respetar (pero del respeto de verdad, no de boquilla) y de dejar hacer a cada uno lo que en su mano está cuando hablamos de criar. Lo más triste es que para que esto ocurra somos las mujeres las primeras que tenemos que concienciarnos para hacerlo posible, ya que somos las responsables directas de estas "incomodidades maternales". Pocas son las mamás actuales que no tienen queja de las féminas más mayores de su entorno familiar, ya sean madres, suegras o vecinas cotillas. Son pocas las que dicen que jamás nadie se ha entrometido, con toda la connotación negativa que ello implica, de un modo u otro en su vida familiar. Y, por si esto fuera poco, va y nos salen pediatras y supuestos "expertos" que nos hacen sentir culpables y malísimas madres porque nos aleccionan sobre cómo, dónde y cuándo y sobre lo mal que lo hacemos cuando no seguimos sus directrices.
Pues señoras y señoritas, y parejas y "parejos"... ¡ya está bien, leñe! ¿A mí qué más me da si mi amiga P ha dado biberón y no teta? ¿O si M practica o no el colecho o V hace el pino puente para conseguir que su pirata se coma un bocata de jamón? Me da igual, no las juzgo, sólo las escucho y respeto, y en todo caso, me beneficio de lo que veo porque aprendo otras maneras de hacer y ver la vida, que me enriquecen y me ayudan a salir de mi, a ratos, cuadriculada mente, y si me piden opinión, pues la doy. Pero, lo mejor de todo, es que me parece estupendo lo que hacen y cómo lo hacen, básicamente porque lo hacen con AMOR DEL BUENO, y no hay más. Y porque con entretenerme yo en aprender a ser madre ya tengo bastante faena, ya.
Creo que leer es bueno, informarse es genial, contrastar opiniones y escuchar otras experiencias también, pero si estáis leyendo esto es porque, quizás, gran parte de vosotr@s estáis inmersos en el maravilloso mundo de la crianza, lo cual quiere decir que sabéis mejor que nadie que no hay dos niños iguales, por muy hermanísimos que sean, ni dos madres o padres clavados. ¡Y menos mal! Por tanto, lo que me sirve a mí no es preciso que sirva a otra madre, aunque quizás le venga bien conocer mi experiencia para saber que NO hacer con su hijo o hija. Por otra parte, tener personas en tu entorno cercano que tengan más experiencia que tú y que estén dispuestos a compartir sus conocimientos contigo es una gran suerte (¿cómo era eso de que para criar hace falta la tribu entera?), sí, pero siempre y cuando esa "generosidad" sea desde el cariño verdadero, el respeto, las ganas de ayudar (que no de ENTROMETERSE) y con la intención de hacer llegar a la madre en concreto un mensaje tipo "no hay mejor madre para tu hijo que tú, yo sólo estoy por si me necesitas", y que sea de corazón, de verdad de la buena.
En serio, MAMIS DEL MUNDO, equivocarse es de humanos, es bueno y ayuda. Esto de la maternidad y la crianza es,  en muchos aspectos, un camino de espinos para el que NADIE nos prepara, por mucho consejo y moralina que quieran darnos. Podemos leer, podemos ser "de una corriente" o de otra, pero lo que está claro es que lo que no falla es la naturalidad y el darnos el tiempo necesario para conocer a nuestros hijos y saber, mejor que nadie, sus necesidades a todos los niveles. El sentimiento de culpa ya de por sí parece ir intrínseco a la maternidad, por lo que no nos dejemos embaucar por expertos (y no tanto), que hablan siempre "in extremis" y que nos regalan sentencias de esas que sólo hacen que aumentar nuestro tono del mea culpa
Ser madre es la mayor aventura que toda mujer, que decide serlo, puede vivir. Y como tal, tiene momentos de subida y momentos de bajada. Contamos además con unas grandes compañeras de viaje que, dicho sea de paso, tampoco es que ayuden mucho, y que no son otras que nuestras queridas hormonas... Así que: MAMIS DEL MUNDO MUNDIAL, ¡CRIAD COMO OS DÉ LA GANA, CON APEGO O SIN ÉL! Pero eso sí, CRIAD SIEMPRE CON AMOR, CON MUUUUCHO AMOR.




CON M DE MAMÁ y C de CRIANZA CON AMOR

9 de agosto de 2013

Mamá, me asusta la oscuridad

Tengo claro que cada niño es un mundo y que aunque a veces, inevitablemente, tendamos a generalizar o incluso a comparar... No hay manuales universales ni libros de instrucciones. Cada niño funciona de una forma, ¡gracias al cielo!
Pichu es de una manera, con cosas comunes y no a los niños de su edad, y Rubiazo es diferente a su hermana.
Pichu es muy de hablar las cosas, de exteriorizar bastante bien lo que le inquieta o preocupa (es mujer, vaya. ¡Ups! Que generalizar no está bien).
Y precisamente ayer por la mañana, mientras hablábamos sobre la noche, sobre cómo había dormido y cuánto, me preguntó si la medallita de papel que había visto ayer en el salón podía ser ya suya porque había dormido de tirón. Al decirle que esa medalla era para cuando, al acabar el cuento, se quisiera quedar ya sola y relajada en su habitación, lista para dormirse... me confesó, muy angustiada y llorando: "Pero es que dormirme sola me asusta", en un claro grito de auxilio y de frustración como si quisiera decir "nunca conseguiré la medallita de papel".
Y a mí se me partió el alma. Se me partió el alma porque yo mejor que nadie sé qué es tener miedo a la oscuridad, no querer cerrar los ojos por la noche por si... O taparte hasta la cabeza con la sábana aunque te estés asfixiando viva.
Así que la abracé lo más fuerte que pude y me propuse calmarla y tranquilizarla a base de muchísimo cariño y empatía, con el deseo de averiguar qué podía asustarla tanto.
- Mi vida, tú sabes que aquí en casa estás segura, ¿verdad? Aquí estás protegida porque tanto papá como yo somos los guardianes de este castillo, y somos fuertes (bueno, yo soy una canija, pero si me pongo...) y valientes (vale, sólo soy valiente con ellos, sola sigo siendo a veces una cagarruta, es lo que hay), y también tenemos al Rubiazo, que sabes que aunque es bebé nunca dejaría que te pasara nada, porque él también te adora.
- Sí... (aún con restos de soponcio momumental).
- Entonces, cielo, ¿qué es lo que te asusta? ¿A qué le tienes miedo?
- No lo sé... (y vuelta a empezar con los lloros totalmente desconsolados).
Con su última respuesta me vi a mí misma muchos años atrás. Yo también tenía miedo a la oscuridad, o a la noche, o a la soledad tal vez... Pero a nada en particular.
Así que yo más que nadie he de brindarle toda la comprensión del mundo a mi pequeña, y saber que, aunque de normal se gestiona ella solita sus idas y venidas por casa, cuando dice "¿me acompañas?" lo hace porque siente que hay algo que no le deja ir sola, y no hay más, no pasa nada. Es muy madura en muchos aspectos para su corta edad, responsable en exceso a veces, cosa que nos mal acostumbra, y sin embargo ¡aún es una pitufa!
Los padres actualmente tenemos tanta información y, sobre todo, tanta opinión y tanta gente con necesidad de aconsejar, que en determinados momentos normales de agobio o simplemente de duda, caemos en la trampa de abrir las orejas demasiado y cerrar el paso a nuestro instinto. Y entonces pasa lo que pasa, que llega la contradicción a tu vida y acabas sintiéndote peor que al principio de empezar la historia.
Cada niño es un mundo, y Pichu, dentro del suyo particular, aún necesita que, si al acabar de contarle sus dos cuentos no se ha quedado "frita", nos quedemos con ella un rato PORQUE TIENE MIEDO. Ha habido épocas en las que no lo ha necesitado, sin embargo, ahora que parece tan mayor en muchas cosas... ¡Nos necesita de nuevo!
¡Anda, y tanto! Está en la edad del despertar de los miedos a lo desconocido, a los seres que no existen y a la incertidumbre en sí. Pues tranquila, hija, que nosotros no vamos a dejarte llorando en tu camita. Porque, aunque como todo padre, tenemos momentos de duda razonable, también tenemos claro que a nosotros lo que siempre nos ha funcionado es LA NATURALIDAD, EL INSTINTO, tratar las cosas con toda LA NORMALIDAD del mundo, y ya pasará...
Ha habido momentos de agobio, de escuchar voces que te dicen "pues el método Estivill...". Pues no. Cada uno somos de un planeta, y yo respeto a todo alienígena que no venga del mío propio, pero de ahí a compartir ciertas maneras de hacer las cosas, va un mundo. Y ya os digo, en un momento de debilidad y cansancio extremos, Estivill vino a visitarnos. Lo tiré al minuto de estar aquí, justo lo que dura la primera tortura, justo lo que fue el minuto más largo de nuestra vida como papis: oír llorar a Pichu desconsoladamente mientras pensaba "¿pero qué coj... narices estamos haciendo?". JAMÁS volveré a dudar de mi instinto. Y si lo hago, por favor, que alguien me pegué una colleja de las que pican.
El señor Estivill lo dejo para aquellos papis que piensen que necesitan crear un patrón de sueño más allá de la rutina del cuento y de repasar juntos el día. Personalmente pienso que el método busca más la comodidad de los progenitores que la de los niños, ya que para nada se basa en las necesidades y particularidades de cada hijo, y generaliza, vamos, los "aborrega", siguiendo la actual corriente mundial de globalizarlo todo, hasta el sueño. Nadie dijo que la ma/paternidad era un camino de rosas ni un vuelo directo a la comodidad, así que no nos engañemos: NUESTROS HIJOS NOS NECESITAN. Y como precisamente la comprensión, el amor y la empatía no están reñidas con el cansancio y más ahora que Rubiazo está en nuestras vidas, es por eso que hay momentos duros, desesperantes y de locura paterno-filial. Pero oigan, nadie dijo que esto era fácil. Se supone que la ma/paternidad es un camino conjunto hacia la madurez, el aprendizaje y la plenitud.
Mientras todo eso llega, si es que tiene que llegar, nosotros te contaremos cuentos para dormir que te ayuden a vencer tus miedos, o al menos a suavizarlos, y te daremos la mano fuerte, o te abrazaremos, te acariciaremos el pelo y te veremos cerrar tus lindos ojos azules, que se apagarán tranquilos para prepararse a vivir las aventuras de un nuevo día. Además, cuando Rubiazo duerma contigo seguro que seréis vosotros los que nos echaréis de vuestra habitación para, nada más salgamos, encender las linternas y jugar a hacer sombras, contaros historias o haceros rabiar... Y de pronto un día sabrás que los miedos se han ido para no volver y que la oscuridad puede ser divertida.
Pero mientras eso llegue, PUEDES CONTAR CON NOSOTROS. Has de pasar tus miedos y no vas a hacerlo sola, pequeña. Y por supuesto, TENDRÁS TU MEDALLA DE PAPEL, porque para ti ya es todo un logro dormir de tirón. Y nosotros estamos orgullosos de cada pequeño avance que haces, pequeña VALIENTE.

CON M DE MAMÁ y de Miedo a la Oscuridad