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1 de enero de 2016

Esto no es un balance cualquiera

Porque ni siquiera es un balance. Porque este año que ha acabado y el nuevo que ha venido no me inspiran balances ni análisis, y no siento la necesidad de tener que poner en la balanza lo vivido este año que se va y las esperanzas para el próximo que acaba de comenzar.
Cada año que llega trae algo nuevo, sensaciones diferentes, maneras distintas de enfrentarnos a las circunstancias y, en general, de vivir la vida.
Cada año que se va se lleva consigo un montón de vivencias, de tropezones, de cosas bonitas, y en definitiva, de más experiencia en la vida, aunque nunca sea suficiente.
Cada año que pasa me equivoco, aprendo o lo intento, supero unas cosas, me dejo pendientes otras tantas... Pero, sobre todo, vivo intensamente todo lo que la vida me regala, bueno y no tan bueno.
Cada año que pasa sumo personas bonitas a mi lista vip, y también resto aquellas que no me han aportado nada bueno, aunque me hayan ayudado a seguir aprendiendo y memorizando qué no quiero en mi vida.
Cada año que pasa intento cuidar, aunque no siempre lo haga como realmente se merecen, a aquellas personas especiales que por suerte llenan mi corazón y forman parte de mi vida. Mil perdones si no siempre llego a quereros como merecéis.
Cada año que pasa sigo saliendo al encuentro de la suerte y la fortuna, sin esperar a que ellas pasen de largo por la puerta de casa, porque sólo moviéndome me aseguro encontrármelas por el camino.
Cada año que pasa echo la vista atrás, hasta mi más tierna infancia, para no olvidar de dónde vengo, lo que he sido, lo que ya he vivido, lo que he hecho, lo que me ha convertido en quien hoy soy, lo que me ha llevado a tener la familia más bonita del mundo, las dificultades que han forjado mi carácter tal cual es ahora, las personas que he ido dejando atrás y las que he ido abrazando para no perder nunca. Sólo quienes de verdad me conocen saben que mi sonrisa diaria es fruto de muchas batallas, sola, con los míos de antes y los míos de ahora. Sólo quienes de verdad me conocen saben que si mi mayor deseo es la felicidad de los míos es porque he encontrado tantas piedras en el camino hasta llegar a mi presente, que me gustaría que ellos no necesitaran tantas heridas como yo para encontrar la plenitud.
Cada año que pasa sonrío, miro atrás sin nostalgia por lo ya vivido y con mucha esperanza en el hoy y el ahora que estoy construyendo con mi pequeña gran familia, echando muchísimo de menos a quienes se fueron demasiado pronto por caprichos del destino y cuyos abrazos sigo necesitando.
Cada año que pasa me enamoro más de los míos y de la vida, valoro a los que tengo y lo que supone tenerlos.
Cada año que pasa... Crezco; me salen nuevas arrugas, menguo un poquito, me hago más cascarrabias y más exigente, soy más reflexiva y más concienzuda... Pero también sonrío más a las dificultades, improviso más, exprimo más los pequeños momentos, hago parar más el tiempo y me reafirmo en mis ilusiones, mis locuras y las ganas de comerme el mundo que he tenido siempre. Más vieja y más prudente sí, pero con la misma intensidad, y sin dejar de bailar y reír, porque mi vida es la suma de todo lo que experimento y la actitud con que lo hago.

Cada año que pasa... Es un regalo. Gracias por formar parte de todo este tiempo.

CON M DE MAMÁ y A de AÑO

24 de diciembre de 2015

Tengo una confesión que hacer

Me gusta la Navidad.
Como me gustaba cuando era niña, sí. De esa manera. Navidad de luces, de polvorones y dulces, de revivir mi ilusión de infancia en la ilusión de mis pequeños.
Me gusta la Navidad a mi manera. Sin agobios por las compras, sin mogollones de gente estresada apurando hasta el final la compra de regalos. Me gusta la Navidad de mantita en casa y chocolate caliente, de mirar el frío desde el calor de dentro, de no sentir la obligación de tener que quedar con todo el mundo sólo porque es Navidad, de vivir sin prisas, de parar la máquina del estrés y las prisas y encender la de la relajación y el "tengo todo el tiempo del mundo".
Me gusta la Navidad a pesar de que ya no estés tú, papá, porque a ti te echo de menos cada día, con la misma intensidad que el primero, pero siempre, no va marcado por fechas, y porque la ilusión de tus nietos no me deja caer hasta el fondo y me trae de ti un recuerdo dulce. Aún así, esta noche echaré muchísimo de menos verte brindar con tu copa verde, echaré de menos tu alegría y tu don de gentes, tu sonrisa de padre orgulloso de vernos a todos juntos reunidos. Y eso a pesar de que a ti no te gustaba la Navidad desde que perdiste a tu padre. Pues ¿sabes qué papá? Yo he decidido darle la vuelta a la tortilla. Porque a mí tampoco me gusta la Navidad sin ti. Pero he decidido verle la parte buena a esto de tener unos días extra para disfrutar de los míos sin prisa, para contemplar las luces del árbol embobada mientras pienso en nada, para regalar ilusión, para revivir lo bonito de la magia...
Me gusta MI Navidad y la de los de mi casa. A nuestro ritmo, con nuestras tonterías, nuestros días pijameros, nuestros bailes locos, nuestras peleas de cosquillas, nuestras ganas de no hacer nada especial o diferente por obligación.
Me gusta la Navidad a pesar de mí y de tu ausencia enorme.
Voy a echarte muchísimo de menos esta noche, y mañana, y pasado mañana, y dentro de tres días... Y así todos los días de mi vida. Pero ¿sabes? Me gusta la Navidad. La mía. La nuestra.

FELIZ NAVIDAD Y MIL BESOS A LOS BONITOS DE CORAZÓN, QUE SOIS MUCHOS.

CON M DE MAMÁ y N de NAVIDAD

25 de diciembre de 2014

GRACIAS (Mi alma al desnudo)

Desde el tiempo de Mari Castaña, la Navidad me ha resultado una época difícil de digerir, muy en parte por mis circunstancias familiares, pero supongo que el hecho de observar tanta hipocresía y materialismo en el ambiente, crispaba mis nervios. Igual se juntó lo que uno lleva andado con esa mentalidad de "nadar a contracorriente porque el mundo está loco y yo no lo entiendo", que debió pillarme en mi segunda adolescencia. No lo sé, el tema es que a mí estas fechas siempre me dieron grima. Sinónimo de sonrisas perfectamente dibujadas, que no siempre reales, y de chantajes y presiones, la Navidad podía conmigo.
Cuando me convertí en madre, la Navidad se convirtió en una época bonita, o al menos, menos difícil de llevar, porque con hijos todo se ve de otra manera, todo es mágico, nuevo, ilusionante. Además, olvidas que hay más mundo a parte de ellos, lo que te permite volcarte al 100% en su felicidad, que acaba siendo la tuya.
Sin embargo, las Navidades pasadas volvieron a recuperar su tono agridulce y su sabor grisáceo, porque la enfermedad me arrebató, justo dos meses antes, a uno de los hombres más importantes de mi vida, y la persona que sin duda más me ha marcado, más ha influído en mí y más me ha enseñado: mi padre. Aún así, teniendo a nuestros hijos, se salvaron los días señalados, ya que sonreír con ellos es más que fácil. Estas Navidades sigo echándolo de menos, desearía con todas mis fuerzas poder compartir con mi padre estos días. Curiosamente, a él tampoco le gustaba la Navidad desde que la vida le arrebató a su padre. Sigo echando de menos su presencia, y es algo que inevitablemente no puedo cambiar, ni tampoco quiero... De hecho, sé que necesito que sea así para sentirlo vivo.
Pero, a pesar del contraste de sabores de estas fechas, desde este año y en adelante, me he propuesto vivir estos días navideños agradecida por lo que soy y por lo que tengo, he prometido sentirme feliz porque sé que soy afortunada hasta la médula, porque tengo, entre otras cosas, la familia más bonita del mundo. He decidido vivir la Navidad como época de renacimiento, de nuevos y buenos propósitos a nivel personal. He pensado instaurarla como momento del año en el que agradecer y seguir hacia delante con más fuerza.
Es por esto que hoy quiero dar GRACIAS a la vida por todo lo que me ha dado hasta ahora, lo bueno, lo no tan bueno y lo malo. He aprendido con cada piedra del camino a apreciar lo que de verdad es importante. Me he caído muchas veces pero me he levantado siempre con el ánimo de seguir adelante, a veces sola y otras con ayuda. Cuento en mi vida con personas realmente especiales que dan sentido a cada una de mis sonrisas. Voy cumpliendo sueños porque salgo al camino a buscar la suerte, no espero que ella me encuentre, y mejor que peor, según para qué y cuándo, la voy encontrando. Tengo en casa al mejor equipo de vida, los mejores compañeros de viaje, la familia más bonita del mundo. Tengo unos hermanos que valen millones, perdón, infinito, y con los que me iría a la luna. Tengo amigas y amigos que son como hermanos y que siempre están, a pesar de la distancia y el poco tiempo. Vivo rodeada de buena gente que me aporta muchísimo cada día, y también de personas que me enseñan lo que no quiero ser y como no quiero vivir. Descubro a diario personas bonitas a las que me gustaría conservar a mi lado porque son regalitos inesperados. Tengo un trabajo que me enamora cada día, humano, enternecedor, agotador y mágico. La vida me ha arrebatado demasiado pronto a las dos personas más importantes de mi vida hasta que creé mi propia familia, pero me está enseñando a amarlas en la distancia, y además me ha regalado una preciosa segunda oportunidad con la otra parte de mis verdaderas raíces.
Así pues, por todo esto, y por mucho más... GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS.

CON M DE MAMÁ y G de GRACIAS

22 de noviembre de 2014

Apego al alma, miedo al olvido.

Se cierra una etapa, y empieza una nueva que promete, al menos, tantas hazañas como la anterior. Hoy, después de casi 7 años, cerramos la puerta de nuestro hogar y alzamos el vuelo con mucha ilusión hacia nuevo horizonte. Hoy ponemos nuestro primer palito en el que será nuestro nido definitivo. Mezcla de ilusión y morriña. Muchos recuerdos que quedarán guardados para siempre entre estas paredes y que llevaré en mi corazón para intentar esparcirlos por nuestro nuevo hogar.
Es curioso como el ser humano, en su mayoría, se aferra con fuerza al pasado, yo la primera. No sabría decir si es respeto al futuro o comodidad sobre lo ya vivido. El caso es que, sea como fuere, nuestra tendencia general es a aferrarnos a los bienes materiales que nos recuerdan a esas personas especiales, esos momentos inolvidables, esos días pasados.
Cuando tienes que levantar una casa entera para colocarla en otro sitio entera también es cuando descubres que has acumulado "mucho pasado". Reconozco que, durante esta semana de locura entre cajas y demás, he llorado en más de una ocasión al recordar vivencias aquí, al reencontrarme con cartas, fotos, notitas, dibujos... Me apena, y no puedo evitar que así sea, el pensamiento de "última noche aquí, último desayuno aquí, última vez que duermen juntos en esta habitación que los ha visto crecer...". Ahí radica la clave de toda mi melancolía, yo creo: que dejamos la casa que nos ha visto crecer y madurar, primero como pareja y, un tiempo después, como familia. Fue aquí donde Roberto pasó sus días de quimio, de los que a pesar de todo, guardo momentos dulces y guiños cómplices que aún nos vienen a la cabeza; fue aquí donde empecé mi "carrera" como madre; aquí fue donde mi padre jugó con su nieta, y donde mis hijos empezaron a construir su relación de hermanos y cómplices. Ha sido aquí donde hemos reído y llorado tantas veces, tanto cuando la vida nos ha rociado con la fortuna de las cosas bonitas como cuando nos ha hecho respirar gas lacrimógeno hasta decir bastante.
Hoy he llegado a la conclusión de que me gustaría aprender de esas civilizaciones, que las hay, que viven apegados al alma, y punto. Que tienen otro concepto del apego. Que no necesitan guardar eternamente un trozo de papel para sentir que no se olvidan de ese ser querido. Que no viven con el miedo a olvidar las caras de quienes estuvieron en sus vidas y se fueron para siempre. A nosotros parece que nos pesan los recuerdos si no van unidos a algo tangible.
Mis miedos de hoy son precisamente miedos a olvidar lo vivido entre estas cuatro paredes, miedo a que se borren nuestras aventuras, a que la esencia de quienes velan por nosotros no esté más, se esfume o se quede atrapada en nuestro primer hogar para siempre.
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Temores sin fundamento que se desvanecen cuando, de repente, comiendo por primera vez en nuestro nuevo hogar, entre cajas, con una manta vieja por mantel y unas tazas por vaso, nos reímos los cuatro juntos sin parar, cuando nos abrazamos por pares, Pichu y papá, Rubiazo y yo, cuando miro la foto de mi padre y veo que su sonrisa sigue contagiándome seguridad, cuando me noto "en casa" desde la primera pisada y siento que ellos también, cuando, sin saber cómo, sé que mis estrellas protectoras se han venido con nosotros y están aquí...
Es entonces cuando me doy cuenta de que nos bastamos nosotros para mantener intacta la magia de un hogar, donde sea, cuando sea y como sea.
Empezando nueva etapa en 3, 2, 1...

CON M DE MAMÁ

18 de mayo de 2014

Subiendo p'abajo, bajando p'arriba...

Así, en plan montaña rusa, transcurren los meses, los días, las horas y cada momento de nuestras vidas.
Nos paseamos por circunstancias que pasan de ser grandiosas a grandiosamente dificultosas. 
Nos tropezamos quinientas veces con el mismo pedrusco aun viéndolo desde la lejanía.
Nos lanzamos al mundo de la estrategia para evitar daños mayores. 
Compramos boletos de rifa cuyo premio es la madurez a pasos agigantados para recibir, con suerte, el reintegro y poco más.
Nos precipitamos al vacío de la felicidad inconsciente y nos dejamos llevar durante todo el tiempo que se deje.
Nos cargamos a la espalda la mochila con nuestras cruces particulares, y emprendemos el viaje a nuestro futuro.
Nos encariñamos con ciertos lastres, y tardamos en aprender que soltarlos es el primer paso hacia la libertad.
Nos exigimos cumplir en todo, con todos, a toda hora y olvidamos que los límites existen.
Nos marcamos metas inalcanzables que hacemos posibles gracias a nuestra persistencia y nuestras ganas de seguir.
Nos caemos y levantamos, lloramos, reímos, nos desesperamos, resurgimos una y otra vez con aires renovados y unas ganas tremendas de comernos el mundo, regalamos buenas vibraciones y otras veces las robamos, intercambiamos miradas que equivalen a tomos enteros de complicidad y magia, nos bebemos la vida a sorbitos, a veces "sorbazos", corremos, paramos, saltamos, gritamos, callamos... Y, una vez más, respiramos hondo... ¡Y seguimos!
La vida es maravillosamente complicada y enrevesadamente sencilla, todo depende del ángulo desde el que queramos mirarla.

Este post es mi particular homenaje a aquellas personas maravillosas que tengo en mi vida, las que han estado en ella y han dejado su huella, las que llegaron un buen día para quedarse y las que lo estarán siempre porque velan desde su estrella por mí y los míos. Es un aplauso a sus hazañas diarias, su fuerza interior, su sonrisa de cada día y su amor por la vida. A todos vosotros, que sabéis quienes sois, GRACIAS POR VUESTRA VALIENTE MANERA DE VIVIR LA VIDA, DE SUBIR P'ABAJO Y BAJAR P'ARRIBA. Y, cómo no, GRACIAS POR QUERER COMPARTIRLA CONMIGO.

CON M DE MAMÁ

6 de febrero de 2014

Pon un RUBIO en tu vida

Hazlo. Porque entre otras muchas cosas, tendrás la suerte de salir de casa con el pantalón rallado de amarillo "fosfi" desde mitad muslo a la rodilla, y así, podrás ir en bici de noche sin tener que llevar chaleco reflectante, porque tu pantalón ya hace las veces de luciérnaga.
Pon un RUBIO en tu vida y aprenderás la capacidad que los músculos de la cara tienen para hacer los mil y un gestos: de enfado, de cabreo (hay un ligero matiz, sí), de enfado "pero no", de "mira cuánta penita doy", de "ay, qué malito estoy hazme caso a mí también", de "sé que me adoras, no puedes negarlo"... y un millón más. Luego intentarás copiarlas, a ver si cuela y a ti también te funciona, pero lo único que conseguirás será que las patas de gallo arruguitas de reír se te marquen mucho más.
Pon un RUBIO en tu vida y sonreirás cada mañana muy a tu pesar, aun cuando ese mismo RUBIO te haya dado la nochecita y no estés muy receptiva. Da igual, porque te plantará un beso baboso en medio de la cara o te pegará un tortazo mientras dice "maaaaaaaaa" para despertarte dulcemente, te entrará la risa y ya te ha ganado.
Pon un RUBIO en tu vida y comprobarás que el tiempo vuela. De hecho vuela tanto que, en lo que te cuesta girarte a coger cualquier cosa de la mesa, él habrá salido por patas y tendrás que correr para encontrarlo. Así que te quedará la duda de si la duración de tus "segundos" es la misma que la del resto del planeta, y te entrarán unas ganas horribles de sacarte un máster en Física, peeeero no podrás porque, en realidad, tú no tienes tiempo y ha sido todo un espejismo.
Pon un RUBIO en tu vida y, al fin, entenderás los problemas de física que hacías en COU (una ya tiene una edad, es lo que hay) en los que un objeto era lanzado con X trayectoria desde un punto A y llegaba a un punto B a una velocidad de Y m/s. Para ello sólo tendrás que intentar ayudar al RUBIO a pinchar algo con el tenedor, él se enfadará pensando que no quieres dejarlo cenar solito en plan "¡pero qué mayooooor!", lanzará el tenedor (cargado, claro) con una fuerza de taitantos julios y llegará con él a la otra punta del salón, donde lo espera el sofá de piel blanca, que combina ideal con cualquier trozo de comida que caiga sobre él. 
Pon un RUBIO en tu vida y comprenderás de golpe y plumazo tooooodas las acepciones de las palabras jeta y morro, te sentirás más que nunca como el ciego del Lazarillo de Tormes y descubrirás que tú de picaresca sabías poco, casi nada o nada. Bueno, y que él se las sabe todas, y es consciente de ello.
Pon un RUBIO en tu vida y TE ROBARÁ EL ALMA, te hará reír aun cuando te falten las fuerzas, te creará mono de su mirada, sus "moflos" rechonchos, su sonrisota gamberra, su caboloncho de pelo casi transparente y su mirada de "MAMI, TE TENGO CONQUISTADA, SOY ADORABLE A RABIAR, Y LO SABES".


CON M DE MAMÁ y R de RUBIO

3 de diciembre de 2013

"Coplas" a la muerte de mi padre

Hace un mes y trece días que no puedo llamar a tu casa para que me preguntes que cómo tengo al hospital. Hace un mes y trece días que te hablo sin parar con la esperanza de que mi charla continuada te devuelva a la vida, a MI vida. Hace un mes y trece días que no puedo pedirte consejo de nada porque no estás. Hace un mes y trece días que mi hija pregunta por ti casi a diario y de repente arranca a llorar y a llamarte sin parar. Hace un mes y trece días que sólo puedo percibir tu olor, olor a papá, si aprieto fuerte la camisa del pijama que cogí hace poco de tu armario o si voy a tu casa y escondo la cara en tu manta. Hace un mes y trece días que te pido fuerzas para no caer en la bajeza de quienes usan sus malas artes para versionear la realidad y pintarla de su color preferido: negra. Hace un mes y trece días que intento cumplir con mi palabra de no desfallecer y estar al cargo, a pesar de que ni las circunstancias ni las malas energías dejan que pueda hacerlo sin obstáculos innecesarios. Hace un mes y trece días que me pregunto qué narices hago yo sin ti con todo lo que tengo por delante. Hace un mes y trece días aprendí, junto a mis hermanos, y de golpe y porrazo, a gestionar una "muerte", a lo chocante que resulta hablar de alguien como si fuera un objeto de valor que se devuelve a un museo, a hablar de ÚLTIMAS VOLUNTADES y saber que es algo sagrado que nadie debe romper ni variar porque sería el equivalente a profanar un templo, el tuyo, en el que has hecho tu paso de la vida a la muerte. Hace un mes y trece días en que salimos del paso como pudimos al planear una reunión en la que el homenajeado está en cuerpo, pero no en alma (aunque su alma habite en la de quienes lo han acompañado hasta el final). Desde hace un mes y trece días estoy aprendiendo, por fuerza y sin entusiasmo ni ganas, que mientras que algunas personas buenas se van a buscar su estrella, aquí bajo se quedan las malas a seguir disfrutando del daño que causan. Estoy descubriendo que el teatro no es sólo cosa de actores, que las mentiras son deporte nacional y la maldad un "bien" común, que los escrúpulos son algo extraño de la Edad de Bronce, que la bajeza es más usual que la buena voluntad, que el dinero sigue moviendo montañas y haciendo que las (malas) personas saquen sus uñas de rapiña para rascar cuanto más hondo mejor, que el dinero hace más noble a quien ya lo es y a aquellos que lo que buscan es recuperar una vida y no consuelo material, que la mala sangre pudre a quien la lleva en sus venas, que quien es infeliz lo seguirá siendo incluso aunque encontrara el elixir de la inmortalidad, que estoy muy orgullosa de mis hermanos tal como tú debes estarlo en estos momentos, que estoy espantada de la mala fe que rodea una muerte, que el tiempo va poniendo a cada uno en su lugar (y si no, tiempo al tiempo), que las personas nos clasificamos por nuestros actos y no por nuestras palabras, que recogemos lo que sembramos, que no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro, que la intuición no siempre falla sino al contrario, que como tú decías si duermo tranquila es por algo...
Y en definitiva, en este mes y trece días he sacado en claro que si quiero parecerme a alguien ES A TI, porque yo también quiero esa capacidad tuya de saber de tus errores pasados y pedir disculpas a tiempo, pero de corazón y no de "postureo".
En este mes y trece días he reafirmado lo que ya sabía: que TE QUIERO CON LOCURA Y ADMIRO INMENSAMENTE, y que sólo por eso voy a seguir haciendo lo indecible para estar a tu altura y seguir tu estela.
Este mes y trece días me han bastado para reaprender sobre tu bondad a pesar de todo y todos, y para aceptar que has sufrido mucho y has seguido caminando con la cabeza alta y alerta por los tuyos.
Este mes y trece días me han seguido hablando de tu humildad, tu sencillez y tu grandeza; he descubierto además de a un PADRE AMANTÍSIMO a un PROFESIONAL GIGANTE, que ha escrito muchos libros, que ha seguido estudiando hasta sus últimos días profesionales y que ha tenido, en definitiva, una mente brillante, pero sobre todo un saber estar (en la sombra) y ningunas ganas de aires de grandeza.
Seguimos hablando en mis sueños, papi. Te espero esta noche. Tengo mucho que preguntarte y, sobre todo, muchos besos guardados durante ESTE MES Y TRECE DÍAS que esperan su dueño.


CON M DE MAMÁ

11 de septiembre de 2013

La Maternidad de la A a la Z: H de Hugo



Aunque me tienta la "sana" costumbre que había cogido en este carnaval de repetir letras como si no hubiera mañana... Mi cabeza se ha reorganizado (perdón, intentado reorganizarse) con el inicio de curso y he decidido ir recuperando posiciones, porque hay que ser muy burra para, como era mi caso, primero repetir a conciencia, y luego repetir por no saber donde tengo el pie derecho y donde el izquierdo. Bueno, más vale tarde que nunca. 

En la última edición publiqué 3 letras. Permitidme un "parón homenaje" a La REINA DEL AZ, Vero, porque además de ingeniosa y bonita, es la paciencia en persona: 2 era el máximo de letras a publicar de tirón, y aún así no me "fuliminaste" por desobediente, o mejor, por vivir en la puñetera parra. 

Bueno, como decía, publiqué tres, A DE ASENSUALIDAD, B DE BIMATERNIDAD y D DE DANIELA
Evidentemente, detrás del uno va el dos, y no por orden de importancia sino por orden natural, así que mi AZ de hoy es para mi cosa bonita, mi RUBIAZO, el sinvergüenza que me ha robado el corazón y que me vuelve loca: HUGO.

Si "googleeas" un poquito sobre el origen del nombre, su significado según diferentes aspectos de la numerología y demás, esto es lo que encuentras, entre otras cosas:

HUGO:

Nombre Masculino de origen Germánico.
Del germánico: inteligencia.

Análisis por numerología del nombre Hugo

Naturaleza Emotiva: Naturaleza emotiva y protectora. Se expresa por medio del ornato, las relaciones humanas y la vida en el hogar. Ama la reciprocidad y la amistad...


Talento Natural: ... Ama el amor, no por lo que da, sino por lo que es...

Las definiciones de los nombres propios son, cuanto menos, curiosas. Pueden acertar o no, darte detalles demasiado minuciosos como para hacerte pensar que "ni tanto ni tan calvo", pero es curioso que gran parte de lo que tiene que ver con el nombre de HUGO sea lo que yo veo en mi RUBIAZO: AMOR e inteligencia. 
Si yo, dejando a San Google y libros de nombres a parte, tuviera que definir con una o dos palabras a mi RUBIAZO, tengo claro que una de ellas sería AMOR, tal cual, en mayúsculas. Y la otra sería ALEGRÍA. 
La llegada de HUGO a nuestras vidas ha sido un regalo. Un regalo cargado de nuevas emociones y sentimientos, un regalo gracias al cual nos hemos reafirmado como la familia que ya sentíamos que éramos y gracias al que hemos descubierto facetas sobre nosotros que no conocíamos, o mejor, no reconocíamos.


HUGO es AMOR en estado puro. HUGO no entiende de malos gestos, ni de penas, ni de egoísmo. HUGO ha nacido sabiendo que es amado, y por es por ello quizás que su capacidad de "darse" es tremenda. HUGO regala sonrisas, sin más, porque su corazón así se lo pide. HUGO reparte alegría, mira con ojos de duende travieso, con ALMA DE PROTECTOR. HUGO vigila que todo esté bien. HUGO eclipsa las malas situaciones, las erradica a golpe de beso inocente y carcajada limpia. HUGO sonríe a la vida sin reparos ni remilgos. HUGO irradia felicidad por cada poro de su delicada piel y se deja llevar por el son de cada día.

Mi querido HUGO, TE AMO. Me reconozco loca enamorada de tu gran sonrisa, de tu mirada pícara, embaucadora, que embelesa y conquista. Me tienes completamente loca. Es imposible no estarlo cuando veo tu mirada llena de AMOR cada vez que me ves aparecer en escena. Es brutal el vínculo tan físico, tan animal y tan natural que siento por ti. Has conseguido enamorar mi alma y ganarme entera sin que me diera tiempo a reaccionar. Y si digo esto es porque, a diferencia de cuando tu hermana estaba en mi vientre, contigo la necesidad de hablarte, cantarte... no estaba. Había una conexión totalmente interior y mental, hacia dentro, más madura, diferente.
Desde el primer momento de embarazo ya empezaste a darme una de las lecciones más importantes que sólo un segundo hijo puede dar: cada hijo es diferente, a cada hijo se le ama de una manera, pero a todos los hijos se les ama en idéntica cuantía, porque el amor de una madre no conoce límites, ni barreras.
Mi gran duda cuando supe que te esperábamos en 9 meses fue si sería capaz de adorar a alguien como adoro a Daniela. Sentía miedo de no ser capaz de darte todo el amor que mereces. Y sin embargo, nuestra primera mirada, la que cruzamos cuando te dejaron sobre mi pecho en el paritorio, disipó al instante cualquier tipo de duda. DESDE ESE "YA" TE AMO CON TODAS MIS FUERZAS. Es imposible no hacerlo.
Mi RUBIAZO, HUGO, mi pequeño sinvergüenza. El que me roba las noches y las hace suyas. El que, aún hoy, sigue enganchado a mi pecho, bebiéndose la vida a sorbitos de leche. Y yo feliz, rompiendo esquemas.


HUGO, el de los mil apodos y nombres obra y creación de su hermana. El que se adapta a todo, que va a remolque de la loca marcha de esta loca familia, y lo hace con esa SONRISOTA sana y esa cara de helado de limón.
HUGO, el hermano pequeño que se ha ganado a su hermana a base de besos, sonrisas, manotazos "robagafas" y tirones de pelo que quieren ser caricias. El que ha pronunciado, como segunda "primera" palabra el nombre de su hermana, a su manera y en el idioma universal de los bebés, porque la adora, la idolatra y a su vez la quiere cuidar.
HUGO, el pequeño que aún no ha cumplido el año y sin embargo lleva meses de empatía con Daniela, que sufre si la ve sufrir y se vuelve completamente loco de amor al verla aparecer.

HUGO, el rubio que se ha convertido en el "primer amor" de su hermana, que lo adora, lo mima, lo achucha, lo abraza, lo besa, lo cambia, lo cuida y lo marea como nadie. El que sabe que esto es así y provoca a su hermana para que le haga caso para luego apartarla sutilmente en plan "que me agobiaaaaaaaas".
Mi querido niño, soy incapaz de expresar con palabras el sentimiento de revoloteo interno que siento cuando mis ojos y los tuyos se encuentran. 
GRACIAS HUGO por convertirme en madre por segunda vez. GRACIAS por haber llegado para ayudarnos a seguir madurando a Papi y a mí como pareja, como padres, como familia. Por haber venido para acabar de enseñarnos lo verdaderamente importante en esta vida: el núcleo familiar. Gracias por venir a reforzar la alegría de tener un hogar estable y feliz.
Gracias HUGO por ESTAR, SER y EXISTIR. Por dejarte amar tan abiertamente y por amar sin tapujos ni distinciones.

QUERIDO Y PEQUEÑO HUGO: Mil gracias por esta lección diaria de amor desinteresado, generosidad, respeto, superación y alegría. Gracias por dejarme aprender cada día y recordarme que aún nos queda mucho camino juntos por recorrer. Perdona si, muy probablemente alguna vez, no soy la madre que te mereces, porque ya sabes que cometo errores; sólo espero estar atenta y saber subsanarlos a tiempo, porque no mereces otra cosa que no sea bondad.

HUGUITO, no dejes jamás de SONREÍR como lo haces. Serías capaz de mover el mundo con una de esas sonrisas llenas de plenitud. Y yo daría la vida por todas y cada una de ellas.


Te amo. Te quiero. Te adoro. 

CON M DE MAMÁ y H de HUGO

La Maternidad de la A a la Z: G de Gritar


Según mis admirados miembros de la RAE, GRITAR es:

gritar.

(Del lat. quiritāre, dar grandes voces).


1. intr. Levantar la voz más de lo acostumbrado. U. t. c. tr.

2. intr. Dar un grito o varios.

3. intr. Manifestar en un espectáculo desaprobación y desagrado con demostraciones ruidosas. U. t. c. tr. Gritar a un actor. Gritar una comedia.

4. intr. coloq. Reprender o mandar algo a alguien con gritos.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

De todas las acepciones, y aunque en la maternidad caben al menos tres de ellas, me voy a quedar con la segunda: dar un grito o varios. 
En la vida "pre-mamá", y lo escribo así porque no me refiero al periodo en que vistes ropa ancha y te sientes un saco de patatas andante (aunque, eso sí, eres un saco de patatas feliz y todo te huele a nube), toda mujer ha tenido seguro más de una ocasión, y más de dos, en la que GRITAR ha sido su única salida, bien porque ha necesitado levantar la voz más de lo que normalmente lo hacía al hablar, bien porque le ha dado por "abuchear" a algún personaje público (y no necesariamente hablo de actores, los políticos serían buenos candidatos a GRITO), bien porque ha sacado su vena "horribilis" y le ha pegado un GRITO mandón a algún allegado o bien porque ha disfrutado tanto practicando "hacer bebés" que no le ha quedado otra. Bueno, quien más y quien menos pues, ha GRITADO.
Sin embargo, mi GRITO de hoy es un GRITO de esos que necesitan salir a pleno pulmón, llegar al cielo y pegar la vuelta, para rebotar en el asfalto y volver a subir. Es un GRITO múltiple. Porque quiero GRITAR como GRITA una madre ante determinadas situaciones que la descuadran y la sacan de su plano terrenal para convertirla en vorágine. 
A lo largo del día de hoy he tenido diversos motivos por los que GRITAR hubiera sido una buena opción, la mejor quizás. Y eso me ha dado que pensar en la cantidad de veces en las que una madre o GRITA o se pierde en el océano de la incomprensión, la falta de empatía, el cansancio y la desesperación.
Porque, vamos a ver señores, ¿qué es una madre? En lenguaje llano, no es más (y mucho es) que una mujer/señora/chica que se deja la piel, la vida y lo que haga falta por sus hijos, tal cual. Entonces, ¿en qué parte de la palabra cabe pensar que una madre es un autómata sin alma a quien la vida cotidiana, sus hechos y "deshechos" no le afectan?
¿Cuántas veces nos hemos visto solas ante un maremagnum de circunstancias que sólo invitaban a salir corriendo y a buen ritmo? Muchas, pero no lo hacemos. En esos momentos de máximo desespero, bien por enfermedad de nuestros pequeños acompañada con toneladas de preocupación, bien por falta de sueño, bien por falta de trucos, por falta de empatía ajena o por falta de espacio personal y tiempo... En esos momentos, las mamis sólo queremos, y pedimos a GRITOS (valga la redundancia), ¡GRITAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAR!
Queremos GRITAR cuando nuestros pequeños sufren, ya sea física o animicamente.
Queremos GRITAR cuando la injusticia toca a nuestros pequeños y nosotras no tenemos ni la solución ni la posibilidad de cambiar las tornas.
Queremos GRITAR cuando aterrizamos y nos descubrimos en un mundo hostil, materialista, frío y desvalorizado y nos culpamos por no saber arreglarlo a tiempo para ellos.
Queremos GRITAR cuando pensamos que no llegamos a tiempo para enseñarles mil trucos para sobrevivir en ese loco mundo al que han llegado.
Queremos GRITAR cuando nos miran como si estuviéramos locas porque hacemos las cosas a nuestra manera y con seguridad. Es más, con la seguridad de que haciéndolas así nuestros pequeños salen ganando.
Queremos GRITAR cuando nos fríen a impertinencias o malos gestos porque nos salimos de lo políticamente correcto.
Queremos GRITAR cuando, ante la inexperiencia, nuestro cuerpo se eriza en situaciones de conflicto, duda o incluso miedo con nuestros pequeños.
Queremos GRITAR cuando nuestras fuerzas flaquean, la vida nos voltea y sentimos que nos desintegramos.
Queremos GRITAR cuando, a pesar de la belleza de la maternidad, añoramos nuestro minuto, ése en el que sólo éramos "yo y mis circunstancias", ése que ya no existe y que promete no volver por un tiempo.
Queremos GRITAR cuando las cosas no salen según lo planeado, aunque siempre tengamos un plan B bajo la manga.
Queremos GRITAR cuando la situación se desmadra y no queda otra que "tirar p'alante".
Queremos GRITAR cuando descubrimos que nos hemos convertido en nuestros progenitores y ellos están cada vez más cerca de ser polvo de estrellas y de marchar a planos menos terrenales y más etéreos.
Queremos GRITAR porque de vez en cuando también querríamos hacernos pequeñitas y sentir el abrazo adulto como ya jamás lo volveremos a sentir.
Queremos GRITARLE al mundo que todo sería más fácil si cada uno cogiera un saco y lo llenara de buenas intenciones durante toda su vida, si dejáramos de mirarnos el ombligo y levantáramos la vista para darnos cuenta de que la naturalidad, la espontaneidad y la bondad no deberían ser erradicadas como lo están siendo.


YO QUIERO GRITAR HOY MÁS QUE NUNCA. Quiero GRITAR, sin parar, bien alto, hasta quedar afónica. Quiero que mi grito viaje a la otra punta del globo, y que regrese multiplicado en decibelios. Quiero GRITAR por el mero placer de hacerlo. Quiero GRITAR y sacar mis miedos a pasear, y sentir que se van para siempre. 
Quiero GRITAR y tener la capacidad de transmitir a mis hijos que GRITAR es lícito siempre y cuando no implique un daño verbal al prójimo, y siempre y cuando se haga como acto liberador, como expulsión de miedos, sombras y demonios varios que resquebrajan el alma y la alegría de VIVIR. 
Quiero GRITAR y sentir que mi alma se desentumece, se ensancha y respira. Y hoy más que nunca, QUIERO QUE TÚ GRITES CONMIGO.

CON M DE MAMÁ y G de GRITO/AR

9 de septiembre de 2013

HABLANDO EN PLATA


Hablar de MUERTE no es fácil. 
Hablar de MUERTE cuando parte de esa posible y cercana marcha te afecta a ti en primera línea, no es nada fácil de hecho. 
Hablar conmigo misma de MUERTE, DESPEDIDA y SEPARACIÓN, hacer resonar esas palabras alto y claro en mi cabeza, en mi alma, en mi ser y reflexionar sobre ellas... es duro, difícil y sobrecogedor, pero a la vez, me está enseñando a apaciguar mis miedos. 
Hablar de MUERTE con una hija que aún no ha cumplido los cuatro años (Autopista hacia el cielo) puede ser, de primeras, impactante, y sin embargo, a mí me resultó mucho más fácil de lo que me resulta hablarlo conmigo misma. ¡Cuantísimo hemos de aprender de nuestros hijos!
Hablar de MUERTE cuando aún hay vida que quemar por delante duele, paraliza, bloquea, vacía, asfixia, agota y frustra. Sin embargo, y por mucho que cueste, hay ocasiones que necesitan que así sea. Y cuando esto llega, lo mejor es ponerse el traje de luces y salir a torear al bravo de la manada, con el ALMA AL AIRE, cuerpo a cuerpo y sin barreras. 
Hablar de MUERTE te golpea en lo más hondo, pero te ayuda a superar fobias, a crecer en practicidad, a creer en el AMOR PURO E INCONDICIONAL, a madurar tus historias, tus lazos y tus convicciones, a pensar en el "SIEMPRE" como un "AQUÍ Y AHORA", a confiar en el "YO POR TI", a sonreír a pesar de todo, a caminar con paso firme, a mirar al frente con respeto, a sentir MIEDO y a superarlo poco a poco, MUY POCO A POCO.

HABLAR DE MUERTE hoy no era lo que se dice un plan de primera. Y, sin embargo, pedía a gritos "atención" y urgía invitarlo a comer y merendar.

HABLAR DE MUERTE hoy me ha recordado que VIVIR PUEDE SER UNA GRAN AVENTURA



CON M DE MAMÁ y S de SIEMPRE JUNTOS, AQUÍ Y AHORA.

8 de septiembre de 2013

Remedios caseros para llegar a ser (o parecer) una MQMF


¿En serio me vais a hacer que explique qué narices es una MQMF? ¿Y si os doy la peli de American Pie de referencia y así, además de reíros un rato, lo descubrís solitos?
Bueno, para los/as que van mal de tiempo les daré una pista, teniendo en cuenta que estamos en horario infantil. Digamos que una MQMF viene a ser la "madre que toda madre querría ser/tener", o hablando en plata: una MADRE TÍA BUENA.
Pues... ¿Y si os cuento que yo tengo unos cuantos trucos que, visto lo visto, allanan el camino al estrellato? Sí, al menos a mí me funcionan, o eso dice mi maridito, y yo me lo creo.
Como no perdéis nada por probar, aquí va mi lista de REMEDIOS CASEROS PARA LLEGAR A SER/PARECER UNA MQMF. 
Antes, eso sí, tengo que aclarar que no es que el tiempo me dé como para experimentar, sino que debido a una serie de catastróficas casualidades o de pifias varias, me he ido haciendo con esta fantástica recopilación de trucos. ¿Lo mejor? Son todos económicos y nada complicados.
¿Listas, chicas? ¿Preparadas para convertiros en auténticas MQMF, si es que no lo sois ya? ¡Siiiiiiiiií! Ready, steady... GOOOOOOO!!!! ¡Vive en una piña debajo del mar! ¡Bob Espoonjaaaaa! 
Perdón, que me dejo llevar por la emoción.


¿Qué necesitáis?

- 1 brik de leche de soja
- Crema de contorno de ojos a tope de colágeno y movidas
- Desmaquillador de ojos bifásico
- Discos desmaquilladores
- Una cucharada de yogur griego
- Perfume de bebé
- Vómito de tu hijo (a ser posible de papilla de frutas, por lo del aroma a agrio)
- Gel de ducha para pieles grasas


Remedios "MQMF":

1. Para un pelo ondulado y "fijado" sin necesidad de laca, además de una piel como la del culo (cagado) de un bebé: 
Abrir un brik de leche de soja, olvidar que lo has abierto y agitar con (mucha) fuerza, dejando que la soja caiga sobre toda tú y penetre en tu cuero cabelludo recién lavado (detalle importante), en todos los poros de tu piel (cara, pecho y brazos) y, como no, en cada uno de los hilos de tu vestido. 

2. Para un maquillaje efecto cupcake, muy de moda entre las mamis modernas: Aplicar, generosamente, crema de contorno de ojos por todo el rostro y cuello, y no darse cuenta de lo hecho hasta que, al untarte la BB cream (o crema hidratante con color, para los amigos), empiezan a salirte borlitas como si fueras un puñetero papel de magdalena.


3. Para una sensación de intensa y resbaladiza suavidad en lengua y dientes: usar contorno de ojos en vez de pasta de dientes para el cepillado "mañanero" y ser consciente de ello una vez iniciado el movimiento del cepillo. 

Como veis, el contorno de ojos tiene múltiples usos, por tanto, si compramos uno caro, en realidad, no lo es tanto, ya que ahorramos en otros productos de estética y/o higiene.

4. Para llevar la cara más brillante que una patena y oleosa hasta decir bastante: empapar un disco de algodón y usar el desmaquillante de ojos (bifásico, a poder ser, por su textura potentemente oleosa) a modo de tónico, pasando el algodoncito por toda la cara, pero bien pasado, que con una sola vez no es suficiente.

5. Para conseguir un pelo apelmazado al más puro estilo "salitre marino que vengo de hacer surf": llenar una cuchara de postre de yogur griego y ponerla al alcance de tu hijo menor que no alcanza el año, mientras le sonríes abiertamente. ¡No falla! Manotazo a la cuchara y pelo lleno de yogur en menos que canta un gallifante (el que te ha tocado por happymadre confiada y lenta).
6. Para conseguir unas naturales manchas de pigmentación en la cara, tú que siempre soñaste con pecas divertidas sobre nariz y mofletes: empapar (pero bien empapado) un disco de algodón de perfume infantil, que es el único que usas gracias a la combinación lactancia-pituitaria, y pasarlo generosamente por rostro y cuello. No debes darte cuenta hasta que no sales de tu estado temporal de enajenación mental y flipas con la jugada. A continuación, salir a pasear sobre las 12 del mediodía en pleno mes de agosto, con Lorenzo a tope de power.

7. Para conseguir un repelente de mosquitos, y en general de cualquier ser vivo que aprecie su sentido del olfato: olvidar que tu hijo no hace mucho que ha merendado "media piscina olímpica" de papilla de frutas, dejarlo campar a sus anchas por el suelo del hipermercado, voltearlo un rato y hacerle cosquillas otro. Acto seguido tendrás el preciado remedio: vómito regurgitado de papilla agria sobre tu pelo, tu brazo, tu ropa, el pelo de tu hija mayor y su ropa. 
Momento apoteósico en que tu marido "toma prestado" un paquete de toallitas del probador de ropa para que, al menos, el repelente sea invisible.

8. Para un pelo seco, seco, seco, como el calor del interior de Spain en pleno verano: 
derramar una buena cantidad de gel de ducha para pieles grasas (que has comprado sin saber que ése es su cometido, porque tú sólo prestas atención al aroma) y dejarlo actuar el tiempo pertinente, como cualquier buen champú. ¡Ah! y darte cuenta cuando, una vez enjuagado el cabello, pasas a enjabonarte, coges el bote de gel y piensas "esto ya lo he vivido antes".

9. Para todo lo demás: MASTERCARD.

CON M DE MAMÁ y de MQMF

23 de agosto de 2013

Vísteme despacio que NO tengo prisa

O "la vida es cuestión de prioridades", que también podría haber sido un buen título para esta entrada.
Yo tengo un problema, sí, lo tengo, porque en el momento en que algo que tú haces es bueno para los demás pero no para ti... Tienes un problema. O, al menos, así lo veo yo.
No voy a describirme de nuevo porque ya lo hice, más o menos, en una entrada en la que hablaba de las consecuencias de sembrar vientos (recoger tempestades, exacto). Aunque sí diré de mí que soy una persona a la que le cuesta (horrores) decir NO. Para ser sinceros, mejor diré que no sé decir NO, excepto por equivocación u omisión.
Llevo tiempo practicando, lo juro por Mafalda (que me encanta, dicho sea de paso), pero voy a septiembre siempre, vamos, que lo llevo mal. Y encima no practico ni en verano.
Y creo que lo llevo mal porque en el momento en que digo NO y observo la reacción del de enfrente, ya sea amigo, amiguísimo, allegado o conocido: cara larga, respuesta de resignación, cero empatía... Pues me deja jodida, así sin tapujos, que el blog está siempre en horario de adulto.
Me fastidia porque soy de las que intenta que todo el mundo esté bien, contento; y no por contentar, que es diferente, no sé si me explico. A mi edad, y con bastantes carreras de obstáculos corridas y superadas, lo que puedan pensar los demás de mí, como que me va resbalando. Yo soy yo con mis circunstancias, no hay más. Peeeero, a mí me gusta "estar", ayudar, hacer por y para el resto, colaborar, hacer equipo, compartir... Y no, no es una máscara, ni voy de farol, ni estoy queriendo ponerme galones: soy así, para lo bueno, y lo no tan bueno.
Sí, lo no tan bueno también llega cuando eres así. A mí me lleva "llegando" de hace años. Por suerte, en ciertas parcelas de mi vida he tenido los ovarios de pararlo, de decir "HASTA AQUÍ, ya no te doy más de mí porque ni siquiera me reconozco", a pesar de las leches recibidas a cambio, el vacío, las malas formas, las mentiras tejidas alrededor y una serie de calamidades más que lo único que me han hecho ver es que el ser humano puede estar lleno de miseria y no ser consciente ni un milisegundo de ello. Allá cada cual.
Pero sin embargo, en otros aspectos (tal vez porque aparentemente son menos dañinos) o momentos, soy aún una conductora con una L del tamaño de un camión: no sé decir NO/STOP/HASTA AQUÍ/ME PLANTO. Y ¿eso en qué resulta? En una sensación de rotura interna, de cansancio físico y mental, de impotencia y de necesidad de gritar descomunales.
Este año me he visto así en bastantes momentos, con bastante gente; y ha sido entonces cuando, la única neurona espabilada que me queda dando vueltas por el cerebro ha dicho: "ale, bonita, yo me encargo, que pareces idiota a tus 35 añitos". Y he dicho NO/no puedo/en otra ocasión... Y no se ha entendido. Y ahí entran el resto de neuronas, que van de alternativas, en juego y me hago una paja mental (con perdón de la expresión) y la lío parda: lo intento/a ver si puedo/hago hueco/aunque sea más tarde/yo lo miro... Y me atrapo sola.
¡Narices! ¡Yo es que soy imbécil! No aprendo, no. Y lo dicho, no es cuestión de querer agradar, que eso a estas alturas me lo paso por las mechas californianas. Es... Que me sabe mal... ¡Y a la gente no!
Y entonces me cabreo. Y pienso. Pienso mucho (otro de mis estupendos defectos de serie). Pienso en las personas, el ser humano en sí, y la EMPATÍA. Esa gran desconocida.
Somos egoístas. Somos poco (o nada) empáticos. Somos incapaces de ponernos en la piel del prójimo e intentar sentir como él. No somos capaces de comprender que cada uno es "yo y mis circunstancias". Y ¡ojo! Que esta reflexión la hago para mí misma también.
Hablamos de tolerancia y respeto muy a la ligera porque, a la primera de cambio, hacemos un avioncito de papel con cada uno de ellos y los mandamos directos a la hoguera. Sólo miramos por nosotros: ¡por MI, por todos mis compañeros, (sí, sí, pero...) Y POR MÍ EL PRIMEROOOOOOOO!
Yo me he propuesto como reto personal APRENDER A DECIR NO cuando sienta que así debe ser, por mí, por mi salud mental y física, por mis hijos, por mi pareja y porque el mundo también necesita oírse un NO de vez en cuando.
Me he propuesto no esperar a caer extenuada, a decepcionarme al esperar que la reacción del otro sea diferente, al fin y al cabo, cada uno es libre de hacer, ser y sentir a su manera, y yo he tenido la osadía de hablar de RESPETO.
Así que, perfecto, diré NO cuando así sienta que necesito hacerlo, y tú podrás sentirte decepcionado, o tú quizás te enfades, o tú tal vez no lo entiendas, o tú pongas mala cara y me taches de tu lista de "personas que siempre están dispuestas"... Perfecto, de veras. No hay problema.
Yo por mi parte, prometo no ofuscarme cuando sienta que no me entiendes. Prometo no intentar hacerte ver mi punto de vista. Prometo no "rumiar" la situación más allá de nuestra interacción del momento. Prometo no juzgar tu reacción. Prometo no desear que algún día te veas en mi lugar y comprendas.
¿Y sabes por qué? Porque, cuando a mí me dices NO, lo acepto, sin más. No cuestiono, ni enjuicio, ni critico. Acepto y punto pelota. ¿Me parece bien la respuesta? No lo sé, no me lo planteo. Entiendo que ese NO es necesario para la otra persona. ¿Qué más se puede añadir? Sobraría.
Así que hoy es un buen día para hacer un cambio, girar las tornas y decir bien alto: AHORA NO, quizás en otro momento. Porque he decidido que quiero VIVIR SIN PRISA, sin la presión de llegar a todo y a todos, sin la imperiosa necesidad de atender a todas las llamadas a la vez.
Hoy es un buen día para dedicarme a inspirar profunda y pausadamente, para saborear los segundos que no vuelven, para no correr, para VIVIR.
Hoy es el día perfecto para entender tu necesidad pero también la mía.
Y no sé, quizás algún día, en ese puente de conexión de necesidades, la vida nos sorprenda y el mundo construya sobre la firme base de la EMPATÍA, el RESPETO y la TOLERANCIA.
Y así no diremos sí cuando queremos decir no. Y cuando digamos será un momento de conexión tal que sólo habrá hueco para la ARMONÍA, el ENTENDIMIENTO y una inmensa sensación de inevitable PAZ INTERIOR.

CON M DE MAMÁ y de nada más.

20 de agosto de 2013

¡Horror! ¡Estoy incomunicada! (Yupiiiiii)


Papi y yo llevamos toooodo el año pidiendo desconexión. Desconexión en familia, claro, porque donde van la locomotora y el maquinista van los vagones. Pero desconexión, al fin y al cabo.
Y después de mucho decirlo y no hacer nada por "hallar" la manera de entrar en modo OFF... ¡Tachaaaaaán! 



Encontramos el hotelito rural (con encanto ¿eh?, que si no, no mola) que buscábamos, no muy lejos de casa pero a una distancia razonable como para poder decir "que hay tierra de por medio". Y además con todo lo que podía hacernos pensar que era perfecto:
- bonita piscina grande, y casi siempre vacía, en un jardín enorme



- rodeado de campos de naranjos y vegetación
- con un pony y gallinas, para deleite de Pichu y fastidio de Rubiazo, que no puede ni subir al pony ni interactuar con las gallinas... ¡Por si acaso!



- con escondrijos llenos de encanto entre los áboles y los campos
- con personal amabilísimo y muy baby/family friendly
- con un restaurante con menús riquísimos
- y lo mejor... ¡Con conciertos al aire libre cada jueves noche!



Aaaaah no, lo siento, pero de momento no voy a desvelar donde está esta perita en dulce escondida, que si no el verano que viene (¡quiero volver! ¡quiero volver! ¡quiero volver! ¡quiero volver! Oooooohm, oooooohm...) en vez de venir a desconectar, vendremos a "conectar" con todos vosotros y, ésa no es la idea. :-P 
Bueno, el caso es que fue llegar y no parar ni un segundo quietos: piscina, paseo, piscina, piscina, piscina, piscina... Así que objetivo cumplido: desconexión modo ON/conexión modo OFF por narices, porque nadar con móviles o pendientes de otra cosa que no sea Pichu y Rubiazo no es ni posible ni aconsejable.
Aún así... Tras la efusividad del momento "se han dormido al fin... ¡Bieeeeeeeen!", y después de dedicarnos tiempo a charrar tranquilamente y a tener un rato de "pareja sin niños", volvíamos a conectar un instante (pero cortito ¿eh?) con el mundo real a través del móvil: whats app, facebook, twitter, blog... 
¡Perdón! ¿He dicho "volvíamos"? Quería decir "la primera noche VOLVIMOS"... Porque durante esa noche, mientras descansábamos en nuestro paraíso particular, nuestros móviles dejaron de pertenecer a una compañía telefónica para pertenecer a otra. 
¿Y qué? Estaréis pensando. Pues en principio nada porque ya se encargó Papi de que las tarjetas nuevas nos llegaran al paraíso. Peeeeero, demasiado fácil había sido la cosa tratándose de compañías de teléfonos, porque cuando fuimos a hacer el cambio de tarjetas: "¡Ostras! Si no caben en el teléfono!"
Consecuencia directa: INCOMUNICADOS. 



Primer pensamiento: ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mieeeeeerda! ¿Qué hago yo sin poder llamar a mi familia para saber cómo van las cosas y si todo sigue en orden?



Segundo pensamiento: ¿Y voy a estar casi una semana, entre que volvemos y arreglamos el desaguisado este, sin whats app, sin blog, sin mis ohaneras, sin facebook, sin twitter? ¡Noooooooooooo! OMG!! ¡ESTOY INCOMUNICADA DEL TODO Y NO HE PODIDO AVISAR NI A PERRY!



Tercer pensamiento: Pues pensándolo bien... ¡SIIIIIIIÍ! ¡NO EXISTIMOS! ¡Yiiihaaaaaa!



La verdad, nunca pensé que estar sin móvil, sin "internete" e ilocalizable (excepto para mis hermanos) iba a ser ni tan fácil de asumir ni tan... ¡Yupiiiiiiiiiii! 
Parece increíble el enganche consciente, o no, que normalmente tenemos al mundo 2.0. Nos hemos acostumbrado a que el móvil, iphone, ipad y todo el resto de miembros de la familia sean una prolongación de nuestro cuerpo. Y es que, es taaaaan fácil tener todo tan a mano: cámara, internet, tu gente.
Pues sinceramente, quitando de la cámara (de la que en realidad también podría prescindir si me lo propusiera), sobrevivir sin todo lo demás ha sido una liberación. Que total ya me pondré al día a la vuelta, no creo que haya tanta novedad, y si la hay, pues mira, volveremos por la puerta grande. 
De verdad, esto es tan necesario como terapéutico. 
Eso sí, gracias a esta desconexión tan hippy flower power, hemos entrado los cuatro en una onda "estamos que lo damos todo", y tenemos momentos dignos para el recuerdo, por divertidos y por no serlo tanto. ¡Eh! Y tan panchos, que conste.


Momento "tiremos abajo el restaurante": cuando para entretener a Rubiazo e interrumpir su concierto en la mayor en pleno restaurante, me dedico a enseñarle todo lo que hay por ahí; y como le llaman la atención las lamparitas de colores y con forma de amebagotaballena que descansan en las paredes, simulamos tocarlas con uno de sus minideditos, y él venga a la risa. Venga a la risa hasta que una de las lamparitas hace una parábola perfecta y sale volando al suelo, ante la cara de susto de Rubiazo y la mía de "tierra trágame, AHORA". Aclaro: ni se rompió la amebagotaballena ni hubo heridos, eso sí, sigo sin comprender como el dedito de Rubiazo pudo hacer semejante hazaña.

Momento "tapioca": cuando me olvido de quitarme los discos de lactancia del bikini y no soy consciente del despiste hasta que... "¡Hola querido pezón! ¿Que haces fuera? ¿Por qué llevo el bikini taaaan bajo! ¡Ostras! ¡Los discos! ¡Los discos se han convertido en discazos de grandes éxitos!". Y para mayor alegría descubro que uno de los discos ha reventado, literal, de tanto absorber y llevo la teta derecha lleeeeeeena de bolitas transparentes. ¡Dios! ¡Soy un puñetero bol de tapioca! Y ahora quítate eso con la piscina a tope de gente (sí, uno de los poquísimos momentos en que estuvo concurrida) sin que se note. ¿Cómo? Pues por lo pronto, dejando caer los discos al suelo para que reviente el segundo y llenando así todo el suelo de bolitas transparentes. ¡Bienvenidos al mundo tapioca!

Momento "Papi peluquero": cuando oyes a tus 3 tesoros entrar al baño y piensas "no pueden vivir sin mí, tienen que ver hasta como me ducho"; abres los ojos y descubres a Papi secándole el pelo a la Barbie de Pichu con el secador, muy concentrado, mientras Pichu y Rubiazo lo miran felices. Explicación sencilla. Pichu quería bajarse a Barbie; Barbie estaba mojada por haberse bañado con ella; a Papi se le enciende la lucecita y... ¡Tachaaaaán! Ya tenemos montado en un momento Barbie y su salón de peluquería de Mattel.

Momento "mosquitos de los coj...": cuando, después de haber forrado a tus hijos, a Papi, las camas y a ti misma de parches antimosquitos, los pu... puñeteros mosquitos te acribillan igualmente sin piedad, mientras tú rascas las esporas de los parchecitos como una posesa para liberar el olor, según las instrucciones, y piensas "si me pican a mí, al menos no pican a Pichu y Rubiazo". (Momento madre sacrificio) Peeeero, en vista de que yo soy el único plato para insectos de todo el puñetero hotel, me digo "¡O ellos o yo! ¡Se van a cagar!" y acabo envuelta en parches, literalmente hablando: rescato los que llevaba en el vestido y añado nuevos, nada más y nada menos que diez parches entre camiseta y cinturilla del pantalón del pijama, y una frenética danza rasca rasca esporas mientras desde el jardín nos llega el "sabor de amooooor, todo me sabe a tiiiiiii..." del concierto. Muy apropiada la cancioncita. A todo esto, he de decir que los parches pegan patadón directo al glamour, pero es o eso o apestar a repelente antimosquitos, o sea, patadón directo a la pituitaria. Nada, en la próxima aventura rural, me rocío de insecticida directamente y tan pichi.

Momentos varios "-Tú primero. -No, tú primero": o lo que es lo mismo, desayunar, comer, cenar y hasta respirar por turnos. Porque Pichu está hecha un señorita y se adapta a todo, pero Rubiazo aún está en proceso "por mí, por todos mis compañeros y por mí el primeroooooooooo". Vamos, que estaba la mar de bien el rubio y era entrar en territorio comanche, es decir, el restaurante, y elegir entre bramar, no querer comer (¿Rubiazo, el que se comería hasta a su madre, sin comer? Sí, lo sé, parece increíble, pero así ha sido), dedicarse a lanzar al suelo todo lo que pudiera coger, mendrugo de pan babeado incluído... O sea, un despliegue de habilidades varias para hacer que nuestros desayunos, comidas y cenas fueran "comidas helado": helado de salmón con salsa Mery, helado de carrillera, helado de pimientos rellenos... ¡Helado de paciencia! Porque no hemos sabido qué era un plato caliente en toda la estancia. ¿Ahora entiendes cariño por qué acababa siempre pidiendo ensalada de primero, fuera del tipo que fuera?


Momento "huerto portátil/Pichu agricultora": porque qué mejor semana para que Papi y Pichu decidieran plantar su lentejita de espelta que justo la de antes a marcharnos al paraíso, es más, tan sólo unos días antes, mucho mejor, claro que sí. Y obvio, si la idea es enseñarle a responsabilizarse de su proyecto hortelano, no vamos a dejar la lentejita en casa a riesgo de que la palme... ¡Nooooooo! Ya se la lleva mami en el bolso.
Oye, pues no diréis que no está hermosa. Ya os invitamos a un estofadito cuando tenga hijitos la nueva miembro de la familia. Que si no, ya me contarás para qué ha ido y venido en mi bolso y ha estado más cuidada casi que yo.



Momento "pony en familia": bueno, en familia no, porque Papi, que se olía el temita, se buscó no sé qué excusa para subir a la habitación en el minuto clave. Así que conforme aparecieron Hilari y Apache, el pony, subí a una emocionadísima Pichu que no cabía en sí de gozo porque iba "en carruaje", cual princesa Disney (cuánto daño). Y entonces, el buen hombre me indica que ¡suba yo también! ¡Con Rubiazo! Pero oiga, ¡que éste se me tira en marcha! Pues nada, allá que vamos los tres: Pichu feliz, Rubiazo flipado y entre asustado y encantado imitando al hombre cuando levantaba la fusta, y yo... Yo sintiéndome un poco Pantoja en el Rocío, la verdad, pero he de confesar que divertida. Jijijiji. Y como digo, Papi, un listo, porque fue llegar al hotel y, ¡casualidad!, aparecer por la puerta. Y Rubiazo fue verlo y lanzarse a sus brazos en plan "sálvame, que a mí no me la vuelven a gastar".


Momento "fin de la escapada-nos han borrado del mapa": o ese momento de gloria en que, sin muchas ganas, entras en casa pisando ya la realidad de la vuelta a la rutina, coges el teléfono fijo y descubres que ¡no hay línea! Claro, si no hay línea tampoco hay internet. ¿Perdonaaaaa? ¿Hay alguien interesado en que nadie sepa nada de nosotros? Llegado este punto yo ya empiezo a ponerme nerviosita, porque lo de no tener móvil, como aquel, ya he dicho que tiene más ventajas que inconvenientes, pero no tener ningún tipo de comunicación con el resto del mundo... ¿Y cómo hablo yo con mi padre? ¿Y cómo llamamos a los cabrones de JAZZTEL? O sea, a los responsables directos de que NO EXISTAMOS. ¿Quién tiene interés en mantenernos incomunicados? ¿La CIA? ¿Y para qué? ¡Si yo el único secreto de valor que guardo es la receta de mis muffins estrella! Pues hombre, aunque lo cuente en clave de humor (porque era eso o jorobar la paz interior que traía de mis días en el paraíso), he de deciros que, tras la promesa de los incompetentes de JAZZTEL de que en 24-48h estaría solucionada la incidencia, pienso hacerles toda la mala propaganda que se merecen por mentirosos y poco cumplidores, porque el plazo ya ha expirado, y porque tenerme encerrada 24 horas en casa "por si viene el de JAZZTEL", ya que no puede localizarnos de ninguna manera... ¡Me parece una putada de muy poco gusto! Sí, sí, ya estoy en "MODO CABREO" y ya no me para ni Dios. 
Me parece irónico hasta decir bastante oír a Jesús Vázquez diciendo en la tele "Jazztel: te vendrás por el ahorro y te quedarás ¡¡¡POR EL SERVICIO TÉCNICO!!!" ¡Su puñetera madre! (la de los de JAZZTEL, digo). Que yo creo que se les olvida añadir: "esto sólo es así si eres famoso y estás bueno", y claro, nosotros de famosos nada de nada (jijiji :-P).
El caso es que las 24-72 horas sin móvil ya han expirado, y aquí seguimos, waiting como gilipichis, y las 24-48 horas en las que vendrían a arreglar la línea del fijo, también. Esto es España, señores, país de pandereta. País donde la seriedad y la formalidad de las compañías telefónicas también se van de vacaciones, es más, lo están durante todo el año. País en el que, cuando unos técnicos vienen a cablear con fibra óptica tu finca, es decir, a abrirte la puerta a todo un mundo de posibilidades, lo que hacen es darte un portazo en las narices y joderte la línea normalita que ya tenías instalada, y además, ni sofocarse para venir a arreglar la monumental cagada, aunque les ruegues y casi llores que, por circunstancias personales y familiares, NECESITAS ESTAR LOCALIZADA.
Señores de JAZZTEL, son ustedes unos sinvergüenzas. Gracias por hacerme bajar a la Tierra tan rapidito y obligarme a conectar con la realidad de esta manera tan... ¡zaaaaaasca



Pues nada, ¿sabéis que os digo? Que para estar aquí a la sopa boba, me vuelvo al paraíso, y de cabeza a la piscina, que encima hace un calor de llorar.


Ciao!!!


CON M DE MAMÁ, I de Incomunicada y E de Estoyconectadaporwifienlaesquinadebajodecasa (modo "adolescente" on)