9 de octubre de 2017

Yo borraré monstruos por ti

Siempre.
Con la goma mágica de las madres, que borra pesadillas.
Y te taparé el viento poniéndome delante de ti para que no te enfríe el pecho.
Y secaré tus lágrimas cuando algo, o alguien, te haya roto el corazón a pedacitos.
Y estaré siempre al otro lado de donde necesites para brindarte esa sonrisa de apoyo que dice "estoy orgullosa de ti".
Siempre.

Sin embargo...
Yo también tendré frío a veces. No, no te pediré que seas tú quien me cubra porque no eres tú quien debe protegerme, pero entiende que esos días quizás tenga menos ganas de jugar y sólo quiera esconderme en una manta.
Yo también me romperé algunos días y estaré menos alegre, menos paciente y mucho más renegona. Y no, tú no tendrás la culpa, ni tampoco la obligación de animarme o hacerme ver el mundo de color de rosa, pero igual lloramos juntas.
Yo también necesitaré la sonrisa de complicidad de algún adulto en muchas ocasiones. Sí, porque ¿sabes? Yo también dudo, y paso miedo, y nervios, y me equivoco, y me caigo, y me quedo con ganas de nada, y me pierdo aun con las luces encendidas.
Sí. Porque aunque desde que soy madre me he vestido de leona, y me dejo la piel por hacerlo lo mejor posible cada día... Sigo siendo simplemente una mujer. Que ya es mucho, no creas. Pero a veces no es lo suficiente en este mundo loco que no para de exigirme que llegue a todo, complazca a todos y todo lo haga perfecto.

Así que... Sí. Yo borraré monstruos por ti. No lo dudes ni un segundo nunca.
Pero perdóname si, a veces, mi cara es un poema, mis energías han emigrado a la Luna y me he enfadado sin motivo aparente. Es que tener el radar antimonstruos enchufado todo el día consume mi batería, me deja a cero y no siempre me acuerdo de coger el cargador.

Y aún así... Te prometo que yo siempre borraré monstruos por ti.

1 de octubre de 2017

Sálvese quien pueda

Hoy no hablo de si independencia o no. Hoy hablo de humanidad.
La misma que se rompe con cada mazazo a un catalán, con cada empujón violento a una catalana, con cada reacción de odio y de rabia contra quienes sólo querían ejercer un derecho.
No voy a entrar en si apoyo o no su independencia o en cómo se han hecho las cosas en este referéndum. Porque para mí, casi que esto ya es lo de menos.
He visto un vídeo de alguien a quien sigo en una red social. Un vídeo en el que los antidisturbios empujaban hasta tirar al suelo a un señor mayor. No, él no los ha incitado, él sólo estaba de pie, esperando poder entrar en el colegio para votar. Han empujado violentamente a ese hombre y, a continuación, a una mujer, y han golpeado a quien se intentaba acercar, con fuerza, con odio, con rabia, con mucha rabia.
Y yo he llorado. Mucho.
Se me ha revuelto el estómago.
No entiendo de qué va esto.
No entiendo que se sigan usando el miedo y la violencia para gobernar, tan modernos y civilizados que nos creemos en estos tiempos.
Se me eriza la piel si miro las pocas imágenes no oficiales que llegan.
Preferiría que se me pusiera la piel de gallina con un abrazo o una tormenta de verano.
Pero no. Hoy se me ha erizado la piel sintiendo el odio con que las personas nos tratamos, sin ningún tipo de motivo personal, por una causa que dictan desde arriba, por obediencia borreguil y sin dejar beneficio a la duda.
La violencia NUNCA es el camino, señores gobernantes. NUNCA.
Y mucho menos cuando se da para callar la voz de quien quiere hablar.
Así no.
Así no se une.
Así nos lo estamos cargando todo.
Así... Ya estamos rotos. Y separados.
Y sálvese quien pueda.