15 de septiembre de 2018

Es reivindicación y necesidad

Que exista un día de la mujer no es discriminatorio. 
No lo es para mí. 
Pero ésta es sólo mi opinión y mi manera de verlo.

Para mí, discriminatorio es que tenga que existir un día para pedir que las mujeres estén en igualdad de condiciones a los hombres, no para que sean iguales, ojo, porque no lo somos ni lo pretendemos, y que haya quien crea que eso es cosa de modernas feministas que se piensan superiores a los hombres y los odian. O cualquier otra cosa más retorcida.

Para mí, discriminatorio es que aún haya quien me felicite el día de la mujer porque no entienda que ese día no estoy de celebración, sino de manifestación, que es diferente. Y más triste. Pero justo por eso, necesario.

Yo lo de ser mujer lo celebro todos los días. Y si tengo opción, me pido repetir de sexo en la próxima vida sin dudarlo.

Aunque puestos a pedir, también pediría para la próxima, que no existiera un día de la mujer, ni la violencia de género, ni la desigualdad de sueldos, ni la ablación genital femenina, ni la prostitución, ni el matrimonio infantil.

Celebrar el día de la mujer no es discriminatorio, porque ese día no se celebra nada. Es necesario.

Discriminatorio es que aún haya quien diga que lo es y pregunte que por qué no hay un día del hombre.
Yo, a esto, respondería diciendo que no lo hay porque desde que nació lo que entendemos por "sociedad", todos los días han sido diseñados para ellos, y por eso no han tenido que reclamar nada, ni luchar por sus derechos, ni pedir igualdad de condiciones en ciertos aspectos de la vida en los que las mujeres siempre hemos ido por detrás, a la cola o ni eso.

Así que, deseo de corazón ser mujer en mi próxima vida, no sentir que necesito un día internacional para luchar por ser tan persona como un hombre, no igual, ni superior, sólo persona, y por tanto no sentir que la figura de la mujer sufre discriminación de ningún tipo.

Deseo que, para la próxima partida en la que venga a jugar a este mundo, desaparezca la necesidad de dar visibilidad a nuestros actos profesionales y personales. Que desaparezca la necesidad de justificar nuestra manera de hacer, vestir, andar, criar, reaccionar, decir lo que hacemos y por qué o vivir, porque seremos simplemente personas, como los hombres.

Así que no, para mí no es discriminatorio que haya un día de la mujer. 
Lo discriminatorio es que tenga que existir y que, además, parte del público femenino no entienda por qué ni para qué.

Pero ésta es sólo mi manera de verlo, entenderlo y luchar por mis derechos y los de mi hija.

No es discriminación. 
No es celebración. 
Es reivindicación y necesidad.😉

9 de septiembre de 2018

Tu sonrisa me hace grande

Os voy a contar un secreto.

Desde hace casi cinco años, guardo en una bolsa cerrada, con dos nudos, dos pijamas y una camisa de mi padre.

Al principio de haberlo perdido, tenía costumbre de abrir la bolsa y coger alguna de las prendas para abrazarla, porque como ocurre con las personas que ya no están, la magia del olor suele devolverte a ellas durante un rato.

Un buen día, decidí cerrar la bolsa y no volver a abrirla. Tenía miedo de que su olor se perdiera para siempre, y con él, la única oportunidad de sentirlo vivo sin tenerlo.

Hace un rato, Daniela nos ha dicho que no podía dormirse. Mañana empieza el cole y los nervios del primer día no la dejaban descansar, a pesar de querer.
Cuando quieres dormir y no puedes, no importa las palabras que puedan decirte, el cerebro va a mil revoluciones y a su aire. Pues, pensando en cómo ayudarla, sólo se me ha ocurrido "abrazarla" a su abuelo para que encontrara un poquito de paz, como yo he hecho en el pasado tantas veces.

Así que, después de unos años sin abrirla, hoy he vuelto a abrir la bolsa de papá. Y le he dejado a Daniela uno de sus pijamas que, mágicamente, sigue oliendo a él.

Su reacción me ha roto y me ha ensanchado el corazón a partes iguales. Lo ha reconocido en seguida, porque ella también solía abrazarlo cuando yo lo hacía, y se ha puesto a llorar cogiéndolo con fuerza y dándome las gracias.
Cuando he conseguido calmarla, le he pedido que lo abrazara toda la noche y aprovechara su magia, que seguro que le ayudaba a relajarse.

Ella, que me conoce como nadie, me ha preguntado si me lo había encontrado de casualidad y se lo había llevado, o si lo había sacado adrede, porque sabe que llevaba años sin hacerlo. Yo le he dicho que cogerlo es lo primero que he pensado cuando intentaba idear cómo ayudarla, y que si en su día cerré esa bolsa por miedo a perder la poca esencia que me quedaba del abuelo Pepe, sabía que hoy era el día en que tenía que volver a abrirla para hacer sonreír y calmar a su princesa, como él la llamaba.

Cuando he vuelto a mi habitación para guardar el resto de cosas, no he podido evitar abrazar la bolsa, meter la cabeza entre su ropa y llorar. He llorado mucho. Muchísimo. Porque a mí también me vienen bien sus abrazos, y porque sigo sin comprender cómo puede ser que unas simples prendas sigan oliendo a mi padre y tengan el poder de devolverme a sus brazos un rato.

En ese momento ha entrado Daniela, que me ha oído llorar, me ha abrazado fuerte, y, acariciándome el pelo, me ha dicho: GRACIAS MAMÁ. TE QUIERO MUCHÍSIMO.

Y así hemos estado un rato, como antes en su cama. Sólo que la que lloraba ahora era yo. Y ella la que me abrazaba para calmarme.

A veces, nos llenamos de miedos absurdos, y dejamos de hacer cosas o cambiamos nuestras maneras sólo porque nos avanzamos a lo que pueda pasar. Y sin querer nos perdemos mucho, o todo.

Mi miedo a "perder" del todo a mi padre me ha privado de abrazar su ropa estos últimos años.
Mi amor por mi hija, como tantas otras veces, me ha lanzado a hacer algo que no habría hecho por iniciativa propia, por miedo. Y sin embargo, el premio por haberme atrevido ha sido doble: recuperar el olor a papá y la sonrisa de Daniela... Que me hace grande.

¿Cuántas veces guardamos en una bolsa con doble nudo nuestros anhelos, nuestros sueños, nuestras ganas... Por miedo a que no sean, no se cumplan o mueran para siempre?