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31 de julio de 2014

¿Quedamos para ir a la playa?

El otro día, mi amiga MariaJo escribió un post sobre el perfecto kit playero en su web Valencia Peque Universo (altamente recomendable, by the way), y yo, que sé de buena tinta que ella además de "cuqui" es muy práctica, lo leí para comprobar que cuando voy a la playa no me olvido de nada. Efectivamente, según leí, normalmente cumplo todos los requisitos para tener una tarde de playa perfecta. Otra cosa es que las circunstancias, Murphy y sus colegas hagan que sea diferente.
 
Así pues, según mi amiga ésta sería la lista de imprescindibles:

Como he dicho, yo los imprescindibles los llevaba. A partir de ahí... Aquí va el análisis de mi "idílica" tarde en la playa.:
  1. Tardamos tanto en conseguir salir de casa (por esto de la nueva moda de correr pasillo arriba y abajo a cada parte del cuerpo que les untábamos con crema, entre otros entretenimientos familiares) que, cuando llegamos a la playa, el protector se había fundido ya con nuestra piel y... estábamos para volvernos a untar enteritos.
  2. Vale, confieso, el libro no lo llevaba. Pensé en coger el e-book, por eso de ir de madre moderna y tal, pero luego vaticiné que su máximo uso sería lanzarlo cual boomerang, y me supo mal, que es un regalo de Papi. Además... en mi caso, playa es a tiempo libre como ¿velocidad a tocino?
  3. Ajá... Sí... Llevar juguetes playeros para esparcirlos por tooooda la playa de la Malvarrosa y no hacerles ni puñetero caso. Miento, al "peix" (pez en valenciano) sí, que les dio mucho juego lanzarlo al agua y correr detrás de él gritando como becerros "¡¡EL PEEEEEEIX!" con cara de drama como si de verdad fueran a perderlo durante 30 minutos (de reloj). Y para que mami, después de conseguir recogerlos todos, se pase diez minutos para llegar al caminito de madera porque a cada paso que daba se le caía uno, para regocijo del público asistente.

  4. Si entiendes por "toda la familia" tus dos hijos, porque tú no tenías planeado bañarte (ni acabar cubierta de barro y agradecer el baño inmensamente), o como mucho "tus dos hijos y su tía" (que tampoco contaba con remojarse, deduzco, dado el tamaño minúsculo de su minitoalla), entonces todo en orden.
  5. También, cumplido. Excepto por el pequeño detalle del viento: llegar a la playa y que empiecen a volar TODOS LOS GORROS/SOMBREROS familiares al compás de "ya por allí se ve, ya por allí se vaaaaaaaaaaaaaa" o lo que es lo mismo, la canción que suena al final de la peli de Mary Poppins cuando los niños están volando su cometa en familia. Solución: gorros al capazo.
  6. Lo de la ropa es un must claramente, al igual que cambiar a tu hijo, dejarlo sequito y apoyarlo contra ti, que vas aún totalmente empapada. Resultado: camiseta de tu niño con el mismo grado de humedad que tu bikini. ¡¡Yihaaa!!
  7. Vale, la sombrilla tampoco la llevábamos. Pero simplemente porque cuando conseguimos llegar a la playa eran las 19... Que, para entonces, casi que lo que había que coger era el telescopio para mirar las estrellas.
  8. Por bolsos no fue, desde luego: mega capazo de mimbre con estrella pintada (¡mira! este requisito lo cumplo más que perfectamente), la típica bolsa de Harrods con una tonelada de juguetes de playa y media de la arena acumulada que, aunque quites, se reproduce y va haciendo poso, y el bolso de "soltera y sin obligaciones" de la tía, monísimo pero con lo justo y necesario. Aquí pasó lo típico: llegamos con todo ordenadísimo y estupendo, nos fuimos con todo el contenido tirado de mala manera por los bolsos y llenito hasta los topes de arena.
  9. El agua, dado que se bebieron medio mar Mediterráneo, acabó olvidada y más que recalentada en un rincón del capazo, y fue un gustazo beberla "del tiempo" al llegar al coche.
  10. Aunque llevábamos galletas saladas, mis hijos, básicamente Rubiazo, decidieron que nada mejor que la arena mojada para sus estómagos y sus dientes. He de confesar que, en un momento de máxima efusividad en la que eran o ellos  (Pichu y Rubiazo)o nosotras (la tía y yo), lancé una bola chorreante con todas mis ganas que fue a parar a la boca de Rubiazo que, en ese preciso momento, levantó la cabeza con toda la boca abierta. ¿Qué iba a decirnos mi rubio? Nunca lo sabremos.
Y respecto al punto extra de "chiringuito con piscina", aclararé que lo más cercano a nuestra ubicación eran unos duchas con el suelo lleno de arena encharcada, con lo que ducharte y volver a necesitar una ducha al acabar era todo uno, y así una y otra vez ¡hasta entrar en bucle!
La verdad, y a pesar de los pesares, la tarde de ayer fue muy, muy divertida y ¡extremadamente agotadora!
 
CON M DE MAMÁ y K de KIT PLAYERO DE MAJO

24 de julio de 2013

10 motivos por los que vale la pena alargar la lactancia

dialactancia
Si hablo de lactancia puedo ponerme muy ñoña, pero como ya tengo el cupo de entradas sensibleras este mes, he decidido darle una vuelta de tuerca al tema.

Hoy os voy a dar diez razones por las que alargar la lactancia es genial, práctico y estupendo de la muerte. ¿Queréis saberlas? Ahí van:

  1. Primera y principal: porque es la cosa más cómoda del planeta. Te pille donde te pille: atasco, playa, calle, centro comercial, gasolinera... te sacas la teta y ¡ale! ¡A merendaaaaar! Lástima que sólo tome el pequeño. 
  2. Porque además de práctico es económico. No sabéis, o igual ya sí, lo cara que está la leche de bote. Mi teta es gratis. Vamos, que el niño no paga, o sea, que no tiene ranurita de "insert coin" y es a demanda. No tiene que preocuparse de llevar dinero suelto.
  3. Porque te evitas un mogollón impresionante de trastos cada vez que sales de casa: termo con agua caliente, botecitos medidores de leche, biberón, calientabiberones con y sin enchufe para el coche, más botecitos por si te pilla fuera... Mira, yo de escribirlo ya me he agobiado. Recuerdo que con Pichu parecía que ir a pasar la mañana era irnos de finde.
  4. Porque aprendes a que todo te dé igual, fuera complejos y pudores absurdos. Tu teta: grande, mediana, pequeña, bien puesta o caidonga la ha visto medio planeta, y ¡te la trufa!
  5. Porque cuando tu hijo ya tiene X meses se tira al "sírvase usted mismo" y, estés donde estés, como lo lleves en brazos, ¡se conecta! Sí, sí. Te baja el vestido o la camiseta y el suje y ¡ale! ¡Amorrado!
  6. Porque, a colación de lo anterior, tu hijo se encarga de hacerte los escotes de los vestidos y camisetas mucho más amplios, ya sean cerrados o muy cerrados, y da igual si son nuevos o viejos... Tus vestidos no vuelven a tener su forma original ¡jamás! Y eso, ¡mola! (En realidad, no mola nada, pero o te lo tomas así, o te cabreas al ver que toda tu ropa tiene escote bañera de jacuzzi).
  7. Porque tu teta aprende a relacionarse con el ambiente de una manera extremadamente natural, ya que tu hijo también lo hace. Es decir, tu pequeño toma un sorbito, se gira, saluda y sonríe a todo el que pasa, hace carantoñas (literal), y vuelve a pegar un traguito. Y así, hasta que se ha saciado o hasta que ha terminado de relacionarse con todos lo viandantes. Te sientes un poco "cubata", sinceramente. Y es una manera de recordar viejos tiempos, dado que ahora ya no sales y trasnochas.
  8. Porque como ya no haces top-less en la playa a riesgo de encontrarte a todos tus alumnos y familias, tu hijo sabe que echas en falta el despelote en público y colabora como puede.
  9. Porque así le das sentido pleno a la palabra "mamífero". Si no... seríamos crustáceos, por ejemplo.
  10. Porque (sabía que iba a salirme el lado ñoño, ¡lo sabía!) sentir tan de cerca a tu pequeño, unido a ti de esa manera tan instintiva, notar su manita descansando en tu cuello, acariciándote el pelo o jugando con tu cara, mirándote fijamente, devolverle la sonrisa que te lanza de repente, poder acunarlo, poder acariciar su rubio-casi blanco pelo, saber que en tu regazo y en tu pecho se siente seguro, alimentado y atendido... es algo mágico y único. Porque sé que soy muy afortunada y su lactancia está siendo un regalo del cielo.

Por todo esto pues: 10 hurras por la prolongación de la lactancia... ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA! ¡Hip, hip, HURRA!

CON M DE MAMÁ y L de LACTANCIA