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18 de febrero de 2016

¿Crees en las señales?

Quien no ha perdido a un padre al que adora no sabe qué es no poder tenerlo cuando se quiere.
Por suerte, tú sabes hacerte notar cuando más lo necesitamos. Apareces de manera discreta, en forma de canción, de frase que otro dice, o de mirada. 
Es curioso porque a veces cuando ni yo misma noto que te necesito mucho en un determinado momento, de pronto algo me recuerda que estás. Algo que otros días no he notado. Señales.
El lunes por la tarde te necesitaba, mucho. Por dos motivos diferentes. Uno era Rubiazo, el otro yo. Y ahí estabas. Sin que yo te lo pidiera. Pasamos con el coche por el camino que hace dos años me llevaría a tu casa, como tantas otras veces he pasado. Sin embargo, el lunes algo se rompió dentro de mí y lloré. Al rato, mientras me acuclillaba para mirar fijamente a Rubiazo y le hablaba para que se mantuviera en calma, me miraste; sí, sus ojos tenían tu mirada. Esa mirada de tus últimos días, como vidriosa, pero tan profunda y sabia. Esa mirada que, a pesar de todo, sólo transmitía paz y serenidad. Estabas ahí, en sus ojos. Eras tú quien me escrudiñaba mientras hablaba. Estuviste un buen rato allí. Sé que quisiste decirme que todo iba a estar bien, que estuviera tranquila. Volví a llorar allí mismo, sin ningún intento por mi parte de que no se me notara. Y de repente, te fuiste.

Quien no ha perdido a alguien a quien admira con todas sus fuerzas y a quien quisiera abrazar cada día, alguien que siempre tenía las palabras justas para cada situación, alguien grande, enorme y con un corazón gigantesco...  quizás, sólo quizás, se ría de quienes hablamos de señales. No me importa. Lo entiendo. Pero tal vez llegará un momento en que quienes nos tachen de locos o excesivamente espirituales entiendan lo que decimos, y entonces se alegren de poder entenderlo.

TE ECHO MUCHÍSIMO DE MENOS PAPÁ.

CON M DE MAMÁ y S de SEÑALES

12 de abril de 2015

Reencuentro...

- ¿Tas lloando?
- Sí. (Mirada profunda, cara compungida y abrazo)
- ¿Po qué tas tiste?
- Porque echo mucho de menos al abuelo Pepe.
- No quello que tes tiste. (Segundo abrazo y apretón a la camisa de su abuelo, la que yo tenía tapándome la cara un minuto antes) - ¿Quelles agua? (Y sonrisa con beso mientras me ofrece su botella).

Estoy bien. Disfruto del día a día, de los míos, de nuestros momentos juntos, los divertidos, los tontunos, los amorosos y los cansados. Pero exprimo todos y cada uno de esos momentazos, y la vida sigue su cauce, como debe ser.
Y entonces, de pronto, toca volver a juntarse, a decidir qué hacer con tus cosas. Me encuentro con tu música, tu ropa, tus libros, tus apuntes de medicina, los maletines en los que llevabas tus trastos para pasar consulta.. Y te vuelvo a ver, a oler, a escuchar... Veo tu sonrisa, en tu boca y en tu mirada. Y me duele, no sabes cuánto, que sólo pueda tenerte en mi cabeza.
Volviendo en el coche tu princesa, que está en modo preguntón, va escuchando atenta lo que su Papi le responde sobre qué significa alquilar, qué cosas pueden alquilarse y la diferencia entre comprar y alquilar; de pronto, pregunta si las cosas del abuelo Pepe que llevamos en el maletero son nuestras para siempre. Yo no contesto, porque tengo un nudo en la garganta, lo hace Roberto por mí, que debe imaginar que no puedo ni quiero responder. Pero la respuesta que quisiera darle martillea mi cabeza: "ojalá no, ojalá no lo fueran, ojalá siguieran siendo de él".
Me traigo muchas cosas tuyas que para nadie más tendrán valor, seguro: tus vinilos de Serrat, the Beatles y compañía, unas cuantas camisas que usaré de pijama, casi todos tus libros de lectura, esos que intercambiábamos y nos solíamos recomendar, tus CDs de música, las fotos de tus nietos que besabas cada noche y que se han quedado sin dueño, algunas pelis míticas de ésas que habrás visto cientos de veces, tu orla y tu título de doctor... ¡Ah! Y una tarjeta de la Conselleria de Sanidad con tu nombre; supongo que porque me ha hecho gracia caer en la cuenta de que ambos compartíamos, de algún modo, hasta para quién trabajamos, por eso y porque cuando abra el cajón de la mesita y la vea me recordará nuestras conversaciones intentando arreglar el mundo sin conseguir demasiado.
En fin, papá, que vuelvo en un par de días a seguir perdiéndome entre tus trastos, la ropa que aún queda, tus cuadros y demás, y necesito dosis extra de fuerzas. Ya ves, la vida transcurre sin sobresaltos a este respecto y de repente, ¡zas! Algo presiona la tecla y la tristeza invade todo. Todo.
Ya lo sabes, te echo de menos, muchísimo. Lo que pasa es que el día a día me disfraza cuánto.
Te quiero. Hasta la luna y vuelta.

CON M DE MAMÁ

6 de diciembre de 2014

¿Cumpleaños infantil o eventazo social?

Si tengo que elegir un pez, elijo el salmón. Por razones obvias... básicamente porque siento que siempre nado a contracorriente. No suelo seguir modas, de ningún tipo, y si lo hago me canso rápido porque no me gusta encasillarme ni que me encasillen.
En menos de dos semanas Pichu cumple 5 años y no, no voy a organizar una de esas chupimolonguiMEGA party en las que acabamos convirtiendo la casa en un parque temático. Sí, lo sé, debo ser una madre rollo y no molar mucho, pero por suerte, Pichu tampoco espera eso y tiene claro con quien quiere celebrar su cumple.
De unos años a aquí se ha impuesto la moda (precursora de las megafiestas temáticas) de celebrar los cumpleaños de varios niños de una misma clase el mismo día, invitando a toda la clase a la fiesta. En principio, según entendí yo cuando me comentaron de la existencia de esta moda, esto se hace con el fin de abaratar el tema regalos, ya que se pone una cantidad simbólica por niño, y de evitar que los niños se junten con tanta cosa, además de darles la oportunidad de poder juntarse toda la clase fuera del colegio. A esto, como supuesta ventaja, le sumamos que los regalos los compran los progenitores de los cumpleañeros, asegurándose así el éxito seguro con los presentes de los homenajeados. Estas fiestas suelen celebrarse en parques de bolas o en parques públicos, a gustos de los padres, y dependiendo de lo que uno busque o pueda permitirse: todo hecho o elaboración y currada caseras.
El año pasado caí. Sí, yo fui una de esas mamis que queda con otras dos, en este caso de máxima confianza, junta cumpleaños con calzador (agosto, septiembre y diciembre) y convoca a los 22 compañeritos de su hija al cumpleaños. La verdad, ellos lo pasaron en grande, pero no mucho mejor que si lo hubiéramos hecho de manera tradicional. Y yo, qué queréis que os diga, soy algo de tradiciones, porque algunas, por lo que me ha enseñado la edad, se continúan de generación en generación por algo, como la tarta de galletas y chocolate (¡mi preferida, por cierto!).
La cosa es que, conforme avanzó el curso, Pichu fue invitada a más cumpleaños, tanto de compañeros del cole como de amigos de fuera, y esto me ha llevado a observar con tristeza como, lo que parecía haber surgido como una idea para abaratar costes, para que aprendan a compartir y convivir más allá de la escuela... ¡Se ha acabado convirtiendo en una competición por hacer la fiesta más grande, en el lugar más grande, con más regalos, más niños y más milongas! Y no, no soy la única que tiene esa impresión. Hay más salmones en el río (por suerte para mí).
La verdadera ventaja o lado bueno de las fiestas de clases enteras acaba convirtiéndose en la evidencia de nuestra realidad: trabajamos con X número de compañeros, con unos nos llevamos bien, con otros hacemos amistad y con otros... simplemente no nos llevamos, no hay más. Los niños también viven así su realidad. Aunque a la edad de Pichu las amistades no tienen por qué estar aún muy definidas, te das cuenta, si conoces bien a tu hijo, de que normalmente habla de los mismos compis, comparte juegos con el mismo grupo y se "queja" de los mismos siempre. Así pues, cuando haces un cumpleaños con toda la clase, al final, cada oveja va con su pareja, no juegan con los que normalmente no lo hacen por el hecho de que sea su fiesta, y con los que tienen alguna confrontación, pues la tienen igual. Yo, personalmente, no invitaría a todos mis compañeros de trabajo a mi cumpleaños, ni siquiera a todos aquellos con los que tengo buena relación. Invitaría a los que considero de mi confianza, de mi círculo, porque son con los que de verdad comparto mi día a día. ¿Por qué hemos de pretender que con los niños sea diferente? Aprender a relacionarse es algo que se fragua desde niños, y pretender que se lleven bien con todos es engañar sus sentidos, eso no será posible nunca, porque para ello tendrán que intentar agradar de manera poco espontánea a quienes no agradan, y entonces, el mensaje que les transmitimos es totalmente érroneo.
Luego está el tema de los regalos. La verdad, lo de un regalo común de parte de todos sus amigos, está fenomenal, aunque por otra parte, siempre puede parecer que quien no puede dar, ni siquiera esa cantidad simbólica, es bicho raro o se siente fuera de lugar. En el caso de Pichu, no pudo ser regalo único porque lo que le gustaba eran cosas más "económicas", así que yo tuve la sensación de que igualmente recibía aluvión de regalos, aun habiéndolos elegido nosotros y habiéndonos acoplado estrictamente al presupuesto. Por otra parte, en algunos parques de bolas, el hecho de hacer sentar al homenajeado en el trono para que los amigos le vayan acercando los regalos mientras el resto corea sus nombres... no sé, repito, llamadme rara, pero no lo veo. Está claro que ese día los cumpleañeros son los máximos protagonistas, y más a estas edades en las que cumplir años es toda una aventura, pero en mi humilde opinión, las cosas cuanto más normales y naturales, mejor. ¿No se puede hacer una entrega de regalos normal, a la antigua? Llego y entrego mi regalo, si lo llevo. O si es entre todos, sin tanto alboroto. Repito, llamadme rara. Luego, por otro lado, para mi gusto, el hecho de que el regalo lo compren los papis quita la emoción real que supone a los niños el hacer un regalo a un amigo, básicamente porque ellos no han ido a elegirlo ni lo han hecho con sus manos, y lo normal es que no sepan lo que es. Llevar a tu hijo a que elija un detalle para su amigo, o mejor aún, motivarlo a que lo haga con sus propias manos, está cultivando el hecho de que piensen en quienes quieren y hagan un esfuerzo por conocerlos un poquito más, por interesarse por sus gustos, entre otras cosas, es decir, por dejar de mirarse el ombligo para mirar el de los de al lado.
Y suma y sigue. La moda de los parques de bolas está bien, son lugares en los que los niños se lo pasan pipa, pero como tendemos a buscar el lugar más grande, el más de moda, pues a mi modo de ver, la magia de la "convivencia" acaba desapareciendo entre tanto niño infiltrado, y el cumpleaños acaba siendo un acto bastante impersonal, en el que, con suerte, se cruzan un par de compañeros en el mismo tobogán cada media hora. Por tanto, se me desmonta otro punto a favor. Además, como la tendencia es a la macro fiesta en la macro sala, el concepto de cumpleaños infantil acaba pareciendo una fiesta de pueblo con discomóvil incluida. Insisto, la rara soy yo, pero me parece excesivo. A esto le sumamos que, obviamente, celebrar un cumple con 25 niños supone que cuentas también con sus padres, de tu confianza o no, que se quedan a "celebrar" la fiesta y a los que, por tanto, hay que agasajar con algo de merienda. Es decir, el precio del cumpleaños asciende al de una fiesta de sociedad, mínimo. Y, como siempre, si tienes la suerte de ser madre de algún cumpleañero, a ti no te toca relacionarte, porque estás controlando a los 25, que corren como locos y botan a la velocidad de un rayo por todo el parque de bolas; más que nada porque, aunque están sus padres, sientes que esa responsabilidad te corresponde, y así lo siente el resto, parece ser.
Demasiado de nuevo, en mi opinión.
De esta corriente hemos pasado a montar macro fiestas temáticas, en las que, no es que los invitados puedan ir disfrazados, si no que deben ir disfrazados de un tema en concreto (esta parte me chifla, que conste, porque soy fan de los disfraces desde siempre) ya que toda la fiesta, merienda incluida versa sobre un tema, "supuestamente" del agrado del cumpleañero, y no elegido por pura pose o postureo pinterest de los padres. Pero lo que empieza como una fiesta infantil por y para ellos, sigue la estela anterior: miles de invitados, niños y adultos, a veces no tan amigos pero que quedan bien en las fotos, anuncio a bombo y platillo del planazo al más puro estilo fiesta de sociedad. Y entonces, tal como lo veo yo, el centro que son los niños, su protagonismo, queda relegado un poquito y pasan por delante los detalles, los primeros planos de tooooodo lo que hemos preparado y demás. Que sí, que los niños soplan las velas, pero ya hemos perdido el mimo y el encanto de un cumpleaños donde se estrecha el círculo, donde los que cumplen años están con su entorno de máxima confianza. Es decir, pasamos de un cumpleaños en el que se estrechan lazos a uno en el que empiezan a crearse lazos porque hay invitados que los cumpleañeros han visto por segunda vez en su vida. Y ojo, que si tenemos claro que ése es el fin de su fiesta, adelante, entonces está muy bien planteada.
Pero yo cada vez me veo más salmón. Veo que, cada vez más, todo se magnifica, se hace enorme, se quiere mostrar, se agranda... Y nosotros, los de aquí de casa, no nos vemos para nada en esa estela nueva. No nos pega ni con cola. Podéis pensar: pecas de lo mismo, hablas de ti y tu marido como adultos, no de las preferencias de vuestra hija. Error. Lo primero que hicimos cuando empezó la temporada "taurina" fue preguntarle a Pichu. Y su respuesta fue que su máxima ilusión era una fiesta de pijamas con 5 amigas y amigos, o una tarde de sesión de cine, palomitas y gorrinadas en casa con ellos. Eso después de haber iniciado la temporada de parques de bolas, públicos y demás con toda la clase. Blanco y en botella. Hoy por hoy hemos ampliado la lista a 10, vamos, lo normal, y fijo que aún cae alguno más de aquí a la entrega de invitaciones, pero en ningún momento ha pedido invitar a toda la clase. Y ,sin embargo, sí cuenta con sus amiguitos de fuera del cole. Y es que, en tantísimas ocasiones, nos adelantamos a sus gustos y a sus preferencias porque "sabemos" qué es lo que quieren, que olvidamos que ellos también son personitas, seres sociales, que no tienen por qué querer "lo mismo que el resto de sus amigos, pero más".
En estos tiempos que corren, todo es tan a lo grande, tan exagerado, tan magnífico, que NOS OLVIDAMOS DE QUE LAS PEQUEÑAS COSAS SON LAS QUE SE CONVIERTEN EN GRANDES RECUERDOS.
Una mesa con bocatas de fiambre y nocilla/nutella (que no falten), con platos de papas y ganchitos, con un vaso de trina (ella tampoco es de fanta) derramado al primer minuto, guirnaldas cursis que habrá elegido ella y que probablemente no sean los pompones cuquis que yo elegiría, una piñata llena de chuminadas que no acaba de romperse, carreras alrededor de la mesa, juegos en el jardín de delante... Un grupito de amigos pasando la tarde en una de las casas y agotando a los padres de la criatura. Y una niña que se acostará feliz y pletórica porque ha pasado la tarde con aquellos que, a diario, le arrancan una sonrisa, incluso hasta un enfado, y que le ayudan a conocer el verdadero sentido de la amistad y con los que está aprendiendo cuán divertido es el mundo de las relaciones.
Insisto, y lo asumo, soy un salmón. Pero a Pichu no parece importarle, porque, al menos en el tema "cumpleaños", nada en la misma dirección que yo: la contraria.

Y vosotros... ¿Con qué os quedáis? ¿CUMPLEAÑOS INFANTIL o EVENTAZO SOCIAL?

CON M DE MAMÁ y de CUMPLEAÑOS FELIZ

 

19 de julio de 2014

TIEMPO.

El tiempo sigue su carrera. Se nota que lleva siglos entrenando, porque no se detiene ni siquiera para reponer fuerzas. Continúa implacable, directo a su meta, más con prisa que con pausa.
Curiosa la percepción del tiempo según crecemos con él. De niños los momentos parecen eternos, todo dura mucho, hay mucho por delante... Conforme maduramos el tiempo encoge. De pronto ya es viernes de nuevo, y otra vez estamos en verano, y volvemos a celebrar un año más soplando velitas y pidiendo un deseo.
9 meses son muchos para un niño y pocos para un adulto. Para mí, adulta con corazón de niña si pienso en ti, son una eternidad.
9 meses desde tu última caricia.
9 meses desde la última vez que sentí tu calor.
9 meses desde que me quedé dormida junto a ti.
9 meses desde la última vez que miré tu rostro cansado de tanta lucha pero tranquilo.
9 meses desde que te di el último abrazo.
9 meses desde que sentí tu olor a papá por última vez.
9 meses sin tu voz.
9 meses sin tus palabras siempre certeras.
9 meses sin tu sabiduría y tu inteligente mirada.
9 meses sin tu sonrisa.
9 meses sin tus "guapa" y "Noni, no seas pesada".
9 meses sin cogerte la mano y hablar.
9 meses sintiéndome pequeña en este mundo inmenso que ve la vida pasar sin que tú la vivas conmigo.
9 meses son una eternidad y el tiempo... El tiempo no se detiene.

CON M DE MAMÁ y T de TIEMPO

1 de julio de 2014

De canciones, carnavales y caballos... Sobre todo CABALLOS.

Si has llegado aquí es porque el título te ha sugerido que me leas...
Hoy sólo pretendo compartir una canción que, ayer por la tarde, inesperadamente, me llevó a un 24 de febrero de hace 3 años, y a un momento concreto grabado para siempre en una foto.
La canción es ésta:



Os sugiero que la escuchéis con los ojos cerrados y os dejéis transportar donde quiera llevaros. Hay una magia especial en el juego de acordes que tiene y en su melodía suave, y creo que no os defraudará.
A mí ayer, sin esperarlo, me llevó aquí:


Y me mantuvo, durante todo el tiempo que estuvo sonando, recorriendo las calles de la Malvarrosa de Valencia, riendo contigo, con mis hermanos, disfrutando del primer carnaval de tu princesa... Fue como verlo todo en una peli de Super8. Esa tarde fue la primera vez que ella subió al caballito del parque... y fue contigo, y tú le prometiste que la llevarías a montar uno de verdad algún día. 
Te prometo que la llevaremos cualquier día y le diremos que vas subido en el caballo junto a ella, como le prometiste. Esa tarde hablamos de tu dolor de piernas; tú lo achacabas a tus clases de equitación, so cabezota, mientras nosotros te decíamos que no te pasaras de atrevido porque ya habías empezado con la medicación nueva...
Y de pronto 3 años y unos meses después, tú ya no estás y suena en spotify una canción que me lleva a ti, a nosotros, al caballito del parque... Miro el nombre del grupo... y también habla de CABALLOS.
Estaba claro que esta canción era para ti, para mí, para nosotros, para aquella tarde de carnaval que siempre quedará grabada a fuego en nuestros corazones, y para el caballito del parque de casa...


TE QUIERO HASTA LA LUNA Y VUELTA.

CON M DE MAMÁ y C de CABALLOS