Pues no, no he venido a hablar de la Pedroche, ni tampoco de su vestido. Vengo a hablar del regreso al pasado que hemos vuelto a hacer para comenzar este 2017. Año nuevo, nada nuevo.
A mí me da exactamente igual que la que llevara el vestido de marras (o casivestido de estrellas) fuera la Pedroche. Podía haber sido cualquiera de los rostros conocidos de nuestra televisión. Más que rostros, cuerpos, hablemos con propiedad. Porque ya se sabe que lo que prima en la televisión de este país es un buen cuerpo, con unas medidas acordes a los cánones que marca la moda, sean lo descabellados que sean si hablamos de salud, y obviamente, sin importar el intelecto que reina en la parte superior de la mujer en cuestión. A lo gamba, vamos.
A mí ayer me dio bastante igual volver a ver a esta mujer con más o menos transparencias, la verdad. Soy la primera que disfruta de una buena minifalda y eso que casi rozo los 40. A mí lo que en realidad me rompió los esquemas, de nuevo, fue comprobar que la mujer sigue necesitando exhibirse para que todo en este país siga su curso normal, para que a nadie se le atraganten las uvas (o quizás, todo lo contrario) y para poder acabar el año igual que lo empezamos: dando el valor justo al género femenino, el de mujer florero.
Que no, que no cuela. Que no me trago eso de que si se ponen tal o cual vestido es porque les gusta/quieren/aceptan/les hace felices... NO-ME-LO-TRA-GO. No me trago esa actitud de lo llevo porque quiero y adrede, para provocar al país entero a sabiendas de que hay tropecientas porras sobre cuánto cacho de carne enseño este año.
Si yo me pongo una minifalda lo hago porque me apetece, no esperando la reacción del resto de los mortales ni después de haber pasado más de cuatro meses "trabajando mi cuerpo" para ello. No voy a ser esclava de una puñetera prenda de ropa por dar gusto a nadie. En todo caso me vestiré según lo que piense que va acorde a mi manera de ser o de hacer. De hecho, las minifaldas no están tan de moda y me da bastante igual.
Si de verdad me pongo un vestido que deja poco lugar a la imaginación y lo hago por mí y sólo por mí... No me envuelvo en una capa que parece más un papel de regalo que una prenda de ropa y enseño mi vestidazo desde el principio, porque lo llevo por mí, y no por el morbo. No acepto los comentarios que marca el guión sobre si enciendo o no a media humanidad. No soy cómplice de tanta hipocresía mediática emulando libertad de expresión porque la verdadera libertad no necesita ni tanto público ni tanto espectáculo.
Si yo soy, de verdad, consciente de que hay miles de chicas jóvenes que van a estar pendientes de mí y de mi atuendo, no lanzo un mensaje que les invita claramente a ser esclavas de unos cánones que alguien ha inventado. No lo hago si es que soy realmente consciente de toda la distorsión que ya reina en la publicidad, el cine y la imagen de la mujer en general en los tiempos que corren. No lo hago si soy realmente consciente de que hay muchas jóvenes, cada vez más niñas que adolescentes, cuyo sueño (gracias a esta sociedad enferma y sin valores) es ser como yo, pero físicamente, no intelectualmente, obvio, aunque yo sea una tía fuera de serie en ese aspecto. No lo hago si soy realmente consciente de que, diciendo que llevo desde agosto trabajando mi cuerpo para meterme en ese vestido, lo único que estoy transmitiendo a quienes ven en mí un modelo a seguir es un mensaje lleno de doble moral: elijo este vestido porque me da la gana, porque soy así de chula y moderna, peeeero... Para poder llevarlo he tenido que cambiar algo de mí que no cuadraba del todo: mi cuerpo. ¿Perdón? ¿En serio?
Pues eso. Que no es la Pedroche, ni el vestido. Ni Chicote con sus comentarios de guión al más puro estilo "película española de los 70". Es la mierda de sociedad en la que andamos inmersos. Es el falso triunfo de la figura de la mujer. Es la falsa igualdad de género. Es la falsa libertad femenina. Porque, te vistas como te vistas, Cristina, igualmente vas a ser criticada o alabada por las masas, es decir, juzgada. Y más si tú eres la primera a la que parece gustarle que así sea.¿Verdad que a nadie se le ocurrió comentar sobre el atuendo de los famosos chefs que presentaban en otra cadena? ¿O el del compañero de la susodicha? No.
A mí todo esto me da asco. Tal cual. Me repugna enormemente que se centre todo en si hablar de más o menos carne al aire es envidia, cuando de lo que deberíamos estar hablando es del falso feminismo, la cada vez más precoz hipersexualización de las niñas y la irreal libertad de la mujer para hacer con su cuerpo lo que le dé la gana, más allá de cánones, medidas estándar y guiones casposos de programas excesivamente básicos.
No, yo no he venido aquí a hablar de la Pedroche, ni de su casivestido. Yo he venido a hablar de lo patético de vivir el día de la marmota cada Nochevieja, con cada programa presentado por una mujer o con cada revista de moda que nos infla a productos perfectos para mejorar o disfrazar nuestra siempre imperfecta belleza.
Éste es el blog de una mujer, madre y maestra. Es un blog sobre el día a día de las cosas simples, y no tanto, de ser mujer, madre y maestra. Un blog en el que "cualquier parecido con la realidad, NO es pura coincidencia".
1 de enero de 2017
Yo no he venido aquí a hablar de la Pedroche
29 de marzo de 2015
10 razones, o más, por las que me gusta mi cuerpo
1. Porque es en el que viaja mi esencia, mi alma y el que aguanta todas mis torpezas y caídas.
2. Porque es en el que viajaron mis dos pequeños durante nueve meses.
3. Porque es el que se encargó de que durante esos nueve meses a mis hijos no les faltara de nada.
4. Porque es una máquina perfecta, con sus achaques a temporadas como cualquier máquina, pero que sigue en garantía después de todo.
5. Porque según los tiempos que corren es imperfecto y me gustan todas y cada una de esas imperfecciones, porque son mías, porque soy yo.
6. Porque me ha enseñado que es único, y que sólo por eso, porque fue hecho en exclusiva para mí, ya vale su peso en oro.
7. Porque es el que mi compañero de vida quiere y desea cada día, con sus pequeñitas estrías, con su piel poco tersa e hidratada, con sus abdominales blandos y su firmeza bien lejos, con el tiempo marcado a fuego en él y las huellas de la maternidad asomando por cada poro de su piel; porque es con el que sigo enamorándolo a ratitos.
8. Porque es el que admira mi hija mayor, el que toma como referencia, el que quiere para ella cuando sea mayor, el que irremediablemente asocia con belleza, el que valora como un tesoro, al que quiere asemejarse y el que sigue reconfortándola cuando necesita consuelo y amor.
9. Porque es el que acurruca a mi hijo pequeño cuando de noche se engancha a mi pecho, es donde él encuentra su hogar, su calor, su seguridad y su mimo, y gracias al que vivimos una conexión mágica e intensa, donde retoma su punto de origen y se sabe feliz.
10. Porque me niego a caer en la trampa de la moto que nos venden según qué modas. Porque mi cuerpo, redondo a veces, delgado otras tantas, irregular casi siempre según los cánones de ahora, es sinónimo de vida y energía. Porque lo que para unos es perfecto, para otros no lo es, y por ello decidí hace tiempo que si yo no sabía "mirarme" bella, nadie lo iba a hacer por mí. Porque no hay nada más bello que la seguridad de saberse afortunado y agradecido por cada pedacito de vida. Y si mi cuerpo es todo vida, entonces... ¡qué suerte de fortuna y cuánta belleza puedo desprender con una simple sonrisa sincera!
CON M DE MAMÁ y de MI CUERPO
8 de septiembre de 2013
Remedios caseros para llegar a ser (o parecer) una MQMF






