Mostrando entradas con la etiqueta descanso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta descanso. Mostrar todas las entradas

8 de mayo de 2016

Cómo transformar un día gris lluvia en gris perla. ¿O era al revés?

Hoy ha amanecido gris.
Pero ha sido un gris perla, de los glamurosos para ir de boda. De ése que combina tan bien con colores vivos y primaverales que disimulan el gris. Ha amanecido de un gris "fácilmente disimulable".
Los niños han hecho su aparición, de manera definitiva después de algunos preavisos, sobre las 7:45 pero se han vuelto a su habitación y han caído redondos hasta las 11:00.
Mi marido y yo hemos aprovechado para remolonear largo y tendido. Nos hemos dado una ducha de ésas de hotel, con crema corporal después y todo, y ataviados con nuestros albornoces a juego hemos bajado a desayunar. Sólo se escuchaba el "gris" de la lluvia caer. Nos hemos pegado un desayuno histórico, con fruta cortadita, yogur griego en bol con kilos de azúcar, fiambre de todo tipo, bollería francesa a tope de mantequilla, café y zumo recién hechos... Después hemos llamado a "tele-diarios", que es un nuevo servicio a domicilio de prensa y revistas que funciona mejor que la clase preferente de cualquier transporte. Hemos salido a la terraza a escuchar la lluvia caer y a leer la prensa EN SILENCIO.
A las 10:45 estábamos tan cansados de esta vida placentera y sin sobresaltos que... Me he tirado de la cama adrede para despertarme y dejar de soñar. FIN.

¿Decidme que no os habéis teletransportado por un ratito a vuestra vida prehijos, en algún hotel perdido durante algún viaje de novietes? ¡Pues yo sí!

Ahora os cuento mi (real) domingo gris lluvia sin colores que le combinen porque pasa de combinarse con nadie: hijo en modo hiperactivo que se ha levantado a lo Taz de Tazmania arrasando con todo (TODO) a su paso + hija en modo "me creo Jorge Blass, mira (cada dos segundos) cómo hago magia" + dos padres derringlados y con más falta de sueño que Santa Claus la noche de Navidad.
Peeeeero... A grandes problemas, enormes soluciones. No hay nada que dos pares de botas de agua y dos chubasqueros no puedan solucionar. Si tenéis hijos en modo domingo gris lluvia, invitadles a saltar en los charcos sin parar, hasta que acaben caladitos (y agotaditos) de pies a cabeza. Veréis como el gris cambia de tonalidad y adivináis la luz al final del túnel, y de pronto, vuestros hijos se sientan en el sofá sin más pretensión que la de descansar.

Método científicamente probado y demostrado. No se han usado animales en el experimento. Bueno, siempre y cuando no consideremos animales a mis dos tranquilas preciosuras. Que derecho a días grises tenemos todos. 😋

22 de febrero de 2014

10 razones por las que una madre necesita desconexión

1. Porque hay días en los que se levanta #malamadre en potencia, y tiene momentos en los que no quiere saber nada de sus retoños (pero los echa irremediablemente de menos sólo de pensar en irse. Y eso... Mola).
2. Porque su gusto musical no pasa de la banda sonora de Peppa Pig y Jake y los Piratas, en todos los idiomas. Necesita escuchar música adulta para que sus neuronas se sitúen y recuperar su edad mental (parte).
3. Porque necesita hablar de cosas normales, más allá de castillos, brujas, pañales con caca y "tita, ocata, teti, che, abua, ca-ca" para no perder su rico vocabulario de taitantas mil palabras.
4. Porque sus modelitos (antes AZos) piden a gritos que los libere de las polillas del armario, que están hartos de estar "criando" fotofobia en sus carnes.
5. Porque la última vez que cogió un tren ni siquiera existía el tren de alta velocidad y si no lo prueba no puede contarles la experiencia a sus hijos para que la plasmen en cualquier trabajo de cole.
6. Porque sí.
7. Porque la sensación de "echar de menos" es de lo más sano que hay para cualquier relación, madre-hijos-marido ya que ayuda a afianzar lo que de verdad se siente, y a retomar todo con pilas nuevas y más ilusión, y empezaba a pensar que se trataba de una frase hecha.
8. Porque mola comprar revistas de moda y cotilleo y darse cuenta que no queda ni una de las que ojeabas de solterita, y porque de paso se da cuenta de que tampoco está tan pasada de moda en estilo (quien no se consuela es porque no quiere).
9. Porque es divertido equivocarse de número de coche del tren y que el revisor se lo diga con una sonrisa dulce que esconde un "no es tan difícil señora, salga más de su pueblo", pero le deje quedarse.
10. Porque es genial poder quedar con amigos con los que quedaría todos los días a tomar un café, pero con los que no puede hacerlo porque viven a más de 300 km; por eso se levanta un buen día con la decisión tomada de que se va a pasar el sábado a Madrid, así como si nada.
Y aquí estoy, a punto de llegar a Atocha.
Una buena madre que, inevitablemente, se siente #malamadre porque deja a sus tres tesoros para irse de pendoneo, coffees y martinis a Madrid, como quien va a mercawoman a por pañales a desconectar.
Pero oye, que me quiten lo "bailao".
Con M de Mamá y de MalaMadre

3 de diciembre de 2013

"Coplas" a la muerte de mi padre

Hace un mes y trece días que no puedo llamar a tu casa para que me preguntes que cómo tengo al hospital. Hace un mes y trece días que te hablo sin parar con la esperanza de que mi charla continuada te devuelva a la vida, a MI vida. Hace un mes y trece días que no puedo pedirte consejo de nada porque no estás. Hace un mes y trece días que mi hija pregunta por ti casi a diario y de repente arranca a llorar y a llamarte sin parar. Hace un mes y trece días que sólo puedo percibir tu olor, olor a papá, si aprieto fuerte la camisa del pijama que cogí hace poco de tu armario o si voy a tu casa y escondo la cara en tu manta. Hace un mes y trece días que te pido fuerzas para no caer en la bajeza de quienes usan sus malas artes para versionear la realidad y pintarla de su color preferido: negra. Hace un mes y trece días que intento cumplir con mi palabra de no desfallecer y estar al cargo, a pesar de que ni las circunstancias ni las malas energías dejan que pueda hacerlo sin obstáculos innecesarios. Hace un mes y trece días que me pregunto qué narices hago yo sin ti con todo lo que tengo por delante. Hace un mes y trece días aprendí, junto a mis hermanos, y de golpe y porrazo, a gestionar una "muerte", a lo chocante que resulta hablar de alguien como si fuera un objeto de valor que se devuelve a un museo, a hablar de ÚLTIMAS VOLUNTADES y saber que es algo sagrado que nadie debe romper ni variar porque sería el equivalente a profanar un templo, el tuyo, en el que has hecho tu paso de la vida a la muerte. Hace un mes y trece días en que salimos del paso como pudimos al planear una reunión en la que el homenajeado está en cuerpo, pero no en alma (aunque su alma habite en la de quienes lo han acompañado hasta el final). Desde hace un mes y trece días estoy aprendiendo, por fuerza y sin entusiasmo ni ganas, que mientras que algunas personas buenas se van a buscar su estrella, aquí bajo se quedan las malas a seguir disfrutando del daño que causan. Estoy descubriendo que el teatro no es sólo cosa de actores, que las mentiras son deporte nacional y la maldad un "bien" común, que los escrúpulos son algo extraño de la Edad de Bronce, que la bajeza es más usual que la buena voluntad, que el dinero sigue moviendo montañas y haciendo que las (malas) personas saquen sus uñas de rapiña para rascar cuanto más hondo mejor, que el dinero hace más noble a quien ya lo es y a aquellos que lo que buscan es recuperar una vida y no consuelo material, que la mala sangre pudre a quien la lleva en sus venas, que quien es infeliz lo seguirá siendo incluso aunque encontrara el elixir de la inmortalidad, que estoy muy orgullosa de mis hermanos tal como tú debes estarlo en estos momentos, que estoy espantada de la mala fe que rodea una muerte, que el tiempo va poniendo a cada uno en su lugar (y si no, tiempo al tiempo), que las personas nos clasificamos por nuestros actos y no por nuestras palabras, que recogemos lo que sembramos, que no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro, que la intuición no siempre falla sino al contrario, que como tú decías si duermo tranquila es por algo...
Y en definitiva, en este mes y trece días he sacado en claro que si quiero parecerme a alguien ES A TI, porque yo también quiero esa capacidad tuya de saber de tus errores pasados y pedir disculpas a tiempo, pero de corazón y no de "postureo".
En este mes y trece días he reafirmado lo que ya sabía: que TE QUIERO CON LOCURA Y ADMIRO INMENSAMENTE, y que sólo por eso voy a seguir haciendo lo indecible para estar a tu altura y seguir tu estela.
Este mes y trece días me han bastado para reaprender sobre tu bondad a pesar de todo y todos, y para aceptar que has sufrido mucho y has seguido caminando con la cabeza alta y alerta por los tuyos.
Este mes y trece días me han seguido hablando de tu humildad, tu sencillez y tu grandeza; he descubierto además de a un PADRE AMANTÍSIMO a un PROFESIONAL GIGANTE, que ha escrito muchos libros, que ha seguido estudiando hasta sus últimos días profesionales y que ha tenido, en definitiva, una mente brillante, pero sobre todo un saber estar (en la sombra) y ningunas ganas de aires de grandeza.
Seguimos hablando en mis sueños, papi. Te espero esta noche. Tengo mucho que preguntarte y, sobre todo, muchos besos guardados durante ESTE MES Y TRECE DÍAS que esperan su dueño.


CON M DE MAMÁ

15 de julio de 2013

¡PUES SÍ QUE EMPEZAMOS BIEN, SÍ!

Le había prometido una entrada a una bloguer-amiga (la tendrás, Vero, lo prometo, aunque mañaaaaaaana) pero ha sido poder sentarme ¡al fin! y salirme la vena "me río por no llorar".
El día de hoy... El día de hoy no tenía que haber empezado. Rectifico, podía haber empezado pero en plan vida contemplativa; vamos que me habría ido mejor si me hubiera quedado quietecita y en casa.
El día de hoy ha empezado bien cuando he decidido untarme la cara con la crema de contorno de ojos. Que diréis: "¡Uau, ya ves qué drama!" Hombre, pues teniendo en cuenta que me la compré el otro día (uno de esos días en los que me sale mi lado oscuro y me da por creer en los milagros de la cosmética y en mi constancia, a partes iguales) y me costó un pastizal... ¡Un poco drama sí que es, sí!
A continuación, como iba sobrada de tiempo y de creatividad, he decidido embadurnarme la cara con una crema de farmacia con pantalla total y color (que no me pongo nunca, pero ¡hoy sí!). Y el resultado ha sido ¡espectacular! De hecho aún no tengo claro si mi cara era papel de magdalena o piel de cebra, o ambas a la vez. Vamos, que mi careto era un mejunge de rayas, manchas y borlitas. Un ascazo máximo.
Como el día ha empezado bien, así tenía que seguir. Y por eso, el momento "voy a mercawoman, cargamos el coche en cinco minutos, y en nada estamos allí" ha pasado de ser un momento a ser una ¡puñetera eternidad! ¡Dios! Encajar (literal) todo lo que llevábamos en el coche ha sido mil veces peor que una partida de tetris nivel 5. Ha empezado Papi, haciéndose planos de diferentes posibilidades, y aún así se quedaban cosas fuera. Finalmente, después de diez largos minutos quitando y poniendo, y volviendo a quitar, he ganado la partida: GAME OVER! ¡Allá vamooooos!
Nada más llegar al destino (sólo 2 horas después de lo previsto)... ¡La primera en la frente! La bolsa con tooooda la compra de farmacia (imprescindible cuando tienes dos churumbeles atópicos a más no poder y con la piel más delicada que la porcelana china) ¡se ha quedado en Valencia! ¡Ueeee! ¡No se puede ser más campeón!
El siguiente descubrimiento que hago es que llevar un etéreo vestido blanco (nuevo) para llegar y ponerte a limpiar y hasta las trancas de polvo, porque la casa parece deshabitada desde el Paleolítico, no es ni práctico, ni rentable. Glamour veraniego a tomar por saco.
O sea, que a los quince minutos de llegar, mi vestido es marrón y está pegado a mi cuerpo, igual que mi pelo antes suave y volátil, que ahora está pegado a mi cara y cuello y ¡me pica! ¡Cuánta mentira en los anuncios publicitarios! ¡A ver cómo me cuelan a mí ahora eso de que cuando limpias y usas el producto A estás estupenda, hueles a primavera y eres feliz! Y una mier... ¡Porra!
El día no podía acabar sin que me cayera un plato de canto en toda la rodilla. Ahora luzco un morado (¡Nieves!) precioso en ella y hay un plato menos en la casa.
O sin verme en momentos tales como intentar dormir al Rubiazo mientras Pichu te pide que le ayudes a cortar el pelo a su muñeca. Y ahí que vas: balanceo con brazo y parte izquierda del cuerpo, y parte y mano derechas concentradas en cortar el pelo de la muñeca y no cortarte el tuyo, o el de Pichu. Experiencia religiosa y placentera.
¿Cómo seguir? Fácil. Que se acumule la faena hasta decir bastante porque no has podido deshacer maletas, y se junte el baño del Rubiazo (o Pollito), con preparar su papilla, la cena de todos, la ducha de Pichu, guardar la compra que Papi ha traído, y organizar las camas (segunda partida de tetris del día, nivel superior).
Y mientras todo eso ocurre piensas: "Mmm... ¡Cómo me gusta estar de vacaciones! ¡Esto SÍ es desconectar!"
Total que al final de la partida estás baldada como si hubieras corrido la maratón de Nueva York, eres la única que no ha disfrutado de un bañito en la piscina ni ha podido volver a ducharse, tienes un sueño que te mueres y no tienes fuerzas ni para mover un dedo. Pero ¡oye! ¡Qué vivan las vacaciones familiares, el descanso y la desconexión que te habían prometido!
Y de repente... ocurre. ¡Descubres una libélula en el techo del salón! ¡Una libeeeeeélula!
Y te subes a una silla para a continuación encaramarte al mueble aparador, móvil en mano, y poder hacerle una foto de primer plano. ¿Que casi te matas? ¡Qué más da! Es tu momento subidón del día, ¡que es una libélula, tu insecto favorito!
Esto sólo puede indicar que mañana va a ser un día estupendo. Seguro. Oh yeah!!
O no... ¡Porque los pu...ñeteros perros de los vecinos han decidido ponerse de concierto a las tantas de la madrugada! ¡Y varias veces!
Me voy a cagar en la música perruna, las libélulas y el veraneo en general.
¿Pues sabéis qué? Un día más "de desconexión" así ¡y nos volvemos!
¡Ah! Y que siguen ladrando...
CON M DE MAMÁ y S de ¡Santa paciencia!

2 de junio de 2013

¿Mascota? ¿Mande? Ya se ocupan mis hijos de hacer el papel de "animalicos"

¡Ay, ay! Que yo lo llamo Pollito desde que nació y resulta que me he equivocado de todas todas. ¡Que lo que tengo es un perroooo! Como lo leéis, tal cual.
Bueno, espera. Que también es un poco felino.
A ver. para que nos aclaremos. Voy a repasar mentalmente la transformación que va sufriendo mi rubiazo a lo largo del día, en función del momento en que se encuentre, y entre todos, me ayudáis a concluir en qué animal resulta. Aunque igual nos toca pensar en un engendro de nueva creación, porque va desde pollo hasta perro, pasando por oruga, cangrejo, cerdo, toro y felino. ¿Que no?
Nada más nacer, mi rubiazo pasó a ser Pollito, por su mata rubia, rubia en la cabeza, su aspecto de gordito glotón... No sé. Supongo que como fue lo primero que me vino a la cabeza al verlo, se le quedó. De hecho en mi trabajo así lo llaman. Es lo que hay.
He de confesaros que él desde el principio se reveló contra ese nombre, porque cuando lloraba, llegaba un punto en que roncaba y gruñía como un cerdo, tal cual. Motivo, por otra parte, de carcajadas varias por aquí. Entre eso y que nuestro niño más que llorar, "berre-gritaba", os podéis imaginar que su parecido con cualquier "gorrino" al que llevan al matadero NO era pura coincidencia, era real. Así que aunque seguimos llamándole Pollito, en mi fuero interno lo sentía cada vez más "cerdo" que otra cosa.
De momento parece que ya ha pasado la etapa cerda, porque ya llora como un niño, pero sigue "digievolucionando" y pasando por otros insectos y/o animales que hacen que nos planteemos si es que el pobre rubiazo está mutando y en realidad tiene poco de humano.
Desde hace un tiempo repta, se arrastra y "croquetea" al estilo oruga obesa, y eso lo mezcla con sus andares "hacia atrás como los cangrejos", ya que su movimiento es inverso a la dirección que realmente quiere tomar. ¿Que quiere coger su pato de goma que está a unos centímetros delante de su cara? Pues ¡que empiece el espectáculo! Giro a la izquierda, giro a la derecha, empujón "al suelo" y movimiento a lo Michael Jackson, pero tumbado y hacia detrás, dos vueltas sobre sí mismo a lo "croqueta rebozada" o M.A del equipo A en plena misión... El caso es que el pobre acaba en la otra punta del salón mirando al lejano pato con cara de "no lo entiendo, después de la currada que me he pegado, ahora el tipet éste se pira y me deja con dos palmos de narices". Así que no sabría deciros exactamente a qué animal o bicho emula porque es una mezcla entre insecto, reptil y crustáceo. Y mejor ni intento imaginarlo, porque fijo sería un bicharraco más bien asqueroso con esa mezcla de progenitores. ¡Puaaaj!
También tenemos el "felino en plena lucha o toro bravo", que es el estado que adopta Pollito cuando tiene comida (suya o nuestra, le toque comer o no) delante. Literalmente, hiperventila. Preguntadle si no a mi hermana Marta que ayer mismo alucinó con la transformación de su sobrino. Lo de que me arranque literalmente la camiseta para mamar, eso ya es de lo más normal. Pero lo de la hiperventilación imitando a un felino salvaje o a un torito cabreado le pasa cuando detecta comida, del tipo que sea, delante suyo y es consciente de que ni le vas a dejar cogerla ni la va a "tastar", porque le da igual que sean unos nachos con guacamole que un bocadillo de calamares. Él intenta cogerlo, y en cuanto ve que tú se lo alejas y le dices "eso cuando seas un poquito más mayor, cariño", empieza a hinchar las aletas de la nariz y a tirar aire por ella a una velocidad cósmica. ¡Ah! sin olvidar el temblor de puro nervio que le entra en extremidades superiores e inferiores, que yo lo atribuyo a que hace fuerza interior para ver si se le estiran rollo "gadgeto-brazo" y llega.
Y si hablamos de un bol lleno de palomitas que su hermana está disfrutando tranquilamente... ¡El espectáculo no tiene precio! Porque combina sus dotes de desplazamiento con la hiperventilación y el "alargue" de extremidades, y encima lo acaba con un berrinche de tres pares de narices porque, a pesar de llegar a su objetivo, no le dejamos tastarlo.
El último animalico, de momento, al que Pollito ha decidido imitar es al perro. Lo que no sé deciros aún es qué raza exactamente, aunque con la fuerza que tiene me inclino a pensar en un San Bernardo o un Mastin Tibetano. No, no es porque ladre. Si fuera así os juro que nos plantearíamos estudiar su caso seriamente. No. Es casi peor, al menos higiénicamente hablando. Le ha dado por arramblar con cualquier calcetín, zapatilla, zapato o elemento que vaya en el pie, y si puede ser, prefiere los que han estado en contacto directo con el suelo ¡de la calle! ¿Que qué hace con ellos? La duda ofende... ¡Pues morderlos como si no hubiera mañana! ¡Eh! Y da igual lo lejos que esté la zapatilla. El tío, perdón, el "can", la coge ¡siempre! Y ¡zas, en toda la boca! Tampoco puedo olvidarme de su manía de marcar territorio, siempre que puede, en el momento cambio de pañal si lo dejas más de dos minutos con la chufa tomando el fresco. Aunque creo que le quedan ya pocas zonas por regar, gracias al cielo.
Como os digo, de momento nos hemos quedado en el perro, y el único animal que hemos dejado atrás es el puerco. Bueno, en realidad estoy pensando que, quitando la parte del lloro con gruñido "oing, oing", el resto de actividades gorrinas de cualquier cerdo que se precie, las sigue haciendo... ¡Vale! Pues entonces éste también sigue en la lista de mascotas que tenemos ya en casa.
Veremos que nuevos animalitos vamos adquiriendo, sin necesidad de adopción o acogida, conforme Pollito vaya cubriendo etapas. Ya os cuento.
Y no os penséis que Pichu no colabora con la fauna familiar. Ya lo hizo en su momento, aunque en un plan algo más "fino" que su hermano. Ella es que ahora está en una etapa más, digamos, "ruiseñor políglota" (sí, como mi leche): ¡¡SE PASA TOOOOOOOOOOOOOOOODO EL PUÑETERO DÍA CANTANDO LA CANCIÓN DE LA BELLA Y LA BESTIA EN "SU" INGLÉS!! con momento subidón incluído, en plan: "¡¡¡uo, uo, uooooooooooooooooooooooooooooo!!!".

Bueno, por el momento, me despido, que mi pollorugacerditorotigrecan me reclama. Os dejo a Pichu, que tiene algo muy importante que deciros, con cara dramática incluída: 

"... Uarrelaidilai, yuseimaidilai, biuti an de bis..."

(Cantadla acompañados de la versión original, que así es rollo karaoke y será como teneros cerca, muy cerca. Sed solidarios, anda, que nosotros llevamos así todo el puñetero fin de semana :O).

CON M DE MAMÁ Y F de Fauna

23 de enero de 2013

¡SAN VIERNES!

Aunque no sé yo si te quitaría el "san" y te pondría un "pasa pronto / pírate", porque ¡vaya telita con este viernes pasado!
Que a ver, que está clarísimo que hay días y días... Pero es que llevar una semana dura, y que llegue el viernes, ¡EL VIERNES!, y sea aún peor... ¡Pues cabrea bastante!
Digamos que la mañana ya fue bastante entretenida. Una mañana de esas en las que te levantas y algo te dice que "vas a pasártelo bien". Sí, como cuando sales a la calle y notas que va a llover, porque "huele" a lluvia (¿nunca habéis salido de casa y, nada más inspirar la primera bocanada de aire, os habéis dicho "huele a lluvia"? ¿En serio? ¿Pero de qué planeta habéis salido vosotr@s?).
Para empezar, mi tesoro mayor decidió ponernos mal de estómago a su padre y a mí, porque se levantó "pachorra" total, y por tanto iba "a ralentí". Es más, decir que iba "a ralentí" en este caso sería como decir que iba corriendo, así que directamente digamos ... que no iba. Y claro, ver volar el tiempo, oír como el padre de mis criaturas pelea contra los segundos para que Pichu "despierte de su letargo" y decida desayunar, lavarse y vestirse a un ritmo normalito, mientras Pollito (también llamado "mi rubio") lucha, literalmente, contra tu teta porque no sabe lo que quiere (o igual es que lo que quiere es leche con cola-cao, y piensa que agitando la teta como si llevara una "baticao" va a conseguir que salga) y se llena la cara de leche, mientras "berre-grita" y agita las piernas como si estuviera en plena maratón de New York city... no ayuda NADA a que el viernes sea "santo". ¡Qué narices! En todo caso, la santa soy yo.
La mañana sigue de lo más relajado: 
-Desayuno "epiléptico" o "parkinsoniano", es decir: una mano para untar mantequilla, abrir el bote de mermelada, coger la tostada y la taza; la otra mano para sujetar el pajarito de peluche y apretarle la pancha para que píe (que ya podría píar "más largo" el desgraciado, porque si el fabricante pensó que con un "pío, pío" da tiempo a girar la cabeza para acercar la boca a la tostada... ¡realmente no tenía ni idea!), una pierna meciendo la hamaquita del enano a ritmo pachanguero total, y la otra para mantenerte pegada al suelo y evitar que levites. Vamos, un desayuno de lo más relajante que pueda uno tirarse a la cara. ¡Ni un "spa" oigan!
-Ducha "ahorro" o "yo un solo con jabón, gracias": o lo que es lo mismo, aprovechar que tu retoño está echando una cabezadita para darte una ducha (fugaz, por supuesto), y que directamente la ducha pase a ser "media ducha", porque el bello durmiente empieza a "berre-gritar" y los decibelios que emite traspasan directamente la barrera del sonido; así que sales del baño en bolingas y enjabonada, y te pones a correr por el pasillo que ni Carl Lewis; aunque dado que no llevas zapatillas y que tus pies están más resbaladizos que la piel de un anfibio, realmente eres una mezcla entre Lina Morgan y Carl Lewis intentando no meterte un "pifostio" y no derrapar en las curvas del pasillo. Obviamente, sin comentarios del aspecto "pantene" que mi pelo NO tuvo ese día.
-Recogida del cole y vuelta a casa "de tirón y con alegría": que va a ser que no. Porque, que vayas a por tu pitufa, y nada más verte se ponga a llorar porque llevas un vestido que ella confunde con otro, y que la historia acabe con ella llorando en la puerta del cole y tú agachada intentando hacerle ver lo absurdo de la historia, mientras mueves el carro con un brazo para que el rubio no la líe, no es gracioso. Que logres calmarla, os pongáis en marcha y, mientras, le expliques que si se ha puesto así es porque tiene sueño, y que lo mejor es que al llegar a casa haga una siestecita (¿¿qué has dichoooooo??-música de "Psicosis", por favor) y entonces se vuelva a poner venga el lloro... Tiene menos gracia aún. Que a esto haya que sumarle que vas luchando contra un viento que sopla a un montón de kilómetros por hora, y que prácticamente te ha tocado ponerle piedras al carro, botas dr. Martens, de las de punta de acero, a tu hija, y tú vas comiéndote, a la vez, tres tabletas de suchard de diferentes variades para que baje todo "al culo" y evite así que salgas volando con el carro y los dos pitufos... más que nada para que la gente no levante la vista al cielo y piense que ET existe...
-Llegada a casita "hogar, dulce hogar" o, mejor, "si lo llego a saber, nos quedamos bajo". Porque abrir la puerta de casa y notar el calorcito rico y pensar "al fin tranquilidad", y que ese pensamiento dure exactamente un milisegundo... no es ni placentero ni bonito, ¡ni tranquilo!. Es de llorar. ¿Y por qué? Pues porque mientras a tu hija se le cae el croissant, bien mantequilloso y lleno de melaza, al suelo recién fregadito, tu hijo inicia un concierto para soprano ligera y orquesta que, por supuesto, interpreta él solito y bien alto, para que nos oigan desde el Palau de les Arts y nos den un aplauso. Así que, con mi rubio berreando, me dirijo al comedor dispuesta a solucionar el tema "mamá, se me ha caído el croissant", para descubrir que mi suelo recién "mocheado" y de aspecto impoluto ahora es EL PARQUE DE ATRACCIONES DE LA REPOSTERÍA: ¡vengaaaaaaaaaa! migas, migotas y miguitas repartidas a partes iguales por todo el alrededor de la mesa, y bien sujetitas al suelo gracias a la potente melaza que le han puesto. ¡Yupi! Y cuando lo intento quitar con papel de cocina, para hacer desaparecer lo más gordo (Pollito sigue de concierto, en mi oreja), pues ¡no! La melaza es más efectiva que el "super glue", y como no había bastante con los pegotes de miga, ahora también tengo trozos de papel de cocina pegados en el suelo. ¡UN HURRA POR EL ARTE CONTEMPORÁNEO! Sí, porque mi suelo pasó a parecer un collage de museo; que por cierto tuve que dejar tal cual, en plan exposición, porque tocaba "momento siesta" de ambos. Momento que empezó con Pollito en el tercer acto de su opereta, en mis brazos, of course, mientras yo bailaba a su ritmo y me encorvaba hacia abajo porque Pichu, a la vez que estiraba hacia mí sus piernas para que le ayudara a descalzarse, iba  pidiendo "un cuento muy largo, muy largo que no se acabe". Firme declaración de intenciones: "la siesta la vas a acabar haciendo tú, mamá, por aburrimiento".

Hogar, dulce hogar... a veces.

Desde luego, lo que tengo claro es que San Viernes ha dejado de llevar el "San" y ha pasado a llamarse "Luernes", porque a mí me ha resultado igual o más puñetero que cualquier lunes. Que al menos a los lunes se les ve venir... 
¡Pero a mí San Viernes me pilló a traición! ¡Si es que ya no podemos fiarnos ni de nuestra sombra!

¡Ostras! Miedito... ¡Mañana ya es jueves!

CON M DE MAMÁ.