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2 de abril de 2016

Llamadme rara

Llamadme rara, que no digo que no lo sea. Llamadme rara si os confieso que no entiendo la esencia de la gente que es incapaz de mirar más allá de su ombligo o su nariz. Tampoco entiendo la de quien no se alegra por los logros ajenos, con agravante si, además, "ajenos" adjetiva a alguien realmente cercano.
Llamadme rara si os digo que no entiendo a quien necesita apagar al de al lado para brillar, cuando en realidad su brillo no es más que el retrato de su pobreza interior. Tampoco entiendo a aquellos que se empeñan en decir que brillan a quien quiera escucharlos, y a quien no también. Que digo yo que si algo resplandece realmente tanto, el resto del mundo seríamos capaces de verlo por nosotros mismos, ¿o no?
Llamadme rara si os confieso que me cansa el postureo, la imagen perfecta, el ensayo de todo antes de salir ante el público. Me agota.
Llamadme rara si admito que con la edad aguanto menos tonterías pero, por contra, sonrío más mientras observo a quienes las hacen. Total, si son felices así y no dañan a nadie, que hagan lo que les plazca.
Llamadme rara por no comprender que puedan más las apariencias que la naturalidad, la sinceridad y la normalidad. Como digo, la edad está haciendo polvo mi cerebro y me estoy volviendo algo asocial, más normal de lo que ahora los cánones piden y muy terrenal, pasando de divinidades y demás misticismos.
Llamadme rara si decido que la vida, a pesar de sus putadas, es un regalo, que paso de complicármela con lo que no vale la pena y prefiero llenarla con quienes de verdad me gusta compartirla.

Llamadme rara. Lo asumo. Me gusta.

CON M DE MAMÁ y R de Rara.

11 de noviembre de 2014

#Microrealidaddeloscasi40 (VIII, IX, X, XI)

Conducir mientras bebes un batido de chocolate, encontrar sitio para aparcar justo donde no suele haber , querer maniobrar rápido, soltar sin pensar el batido para girar bien y dejártelo colgando de la boca gracias a la pajita... Resultado: en menos de un segundo el brick se cae, salpicándolo todo. Chocolate en tu abrigo, tus pantalones, el asiento, el cambio de marchas... y lo que queda, porque no puedes levantar el batidito en ese momento ya que sigues maniobrando. Coger una toallita, la única y última del bolso, y difuminar, que no quitar, las tropecientas manchas, sobre todo las de tu abrigo BLANCO.
 
Aterrizar en Leroy Merlín con un marido tan afónico que, directamente, no habla, con dos niños espitosos que ignoran las señales de humo de su padre, que el rubio empiece su letanía preferida "maaamiiiiiiiii" porque su padre los ha cercado dentro de un carro y él quiere pulular libremente, que mientras lo oyes chillar intentes concentrarte en las medidas de lo que ibas buscando, que acabéis bajándolos porque, en teoría (sólo en teoría) ya está todo, que tu hijo visualice una bola enorme y roja de árbol de Navidad ("LA" bola, para ser exactos) y decida que es un balón de fútbol, que a pesar de la carrera de su papi consiga chutarla y mandarla a la sección de grifería, que, aprovechando que su padre está al rescate de la bola, se suba en un reno de mimbre y luces que no aguanta ni un telediario, que tu hija, curiosa y ávida de aprender sobre bricolaje, se dedique a abrirte todas las cajitas de las bombillas para ver si son iguales... Que POR FIN vayas a entrar en casa y entonces, y sólo entonces, descubras que tu hijo ha ido toda la santa tarde de esta guisa, chutando bolas, subiéndose en los renos de luces y chillando tu nombre:
 
Que queden cinco minutos para salir de casa, que tu hijo se tire encima el vaso de agua con el que iba a enjuagarse la boca (después de cepillarse los dientes), que además necesite cambio de pañal urgente, que a tu hija le salte una de las mini gomitas que lleva en el pelo y tengas que repeinarla, que de tanto trajín le pase lo mismo, dejando que toda la greña le vaya a la cara, y haya que volver a peinarla, que tu hijo (para no variar) se niegue a salir con anorak, porque se ve que él es del norte y a 7 grados matutinos no la necesita...
 
Que llegues al trabajo y una de tus alumnas te comente que llevas un lamparón naranja en la rodilla, en tu vaquero favorito gris clarito, que te tires media botella de agua encima (porque como no hace nada de frío, te solidarizas con Rubiazo), que en el huerto escolar metas la bota en el barro hasta el tobillo, que descubras otra mancha de procedencia anónima en tu abrigo, que al volver de recoger a Rubiazo descubras manchas de barro por TODO tu pantalón y encima pienses que son de caca de perro (noooo, no lo eran...), que tu hijo te unte el pelo de pasta al agua al son de "mami, ¿crema sí?" mientras tú le ponías los calcetines...
Así que...
 
¡FELIZ MIÉRCOLES, EVERYBODY! (o eso espero)
CON M DE MAMÁ

9 de noviembre de 2014

10 razones por las que vale la pena cumplir años

Hacía tiempo que no pasaba por aquí para dejar una de mis listas y llevaba días con mono de ello. Adoro hacer listas, de siempre, de esas que haces en libretita o en folio para guardar en el bolso e ir tachando, de esas que llevan mil cosas anotadas de las que acabas haciendo una, y con suerte... ¡Me encantan!
Aunque sabéis que aquí las dejo sólo de 10 puntos, para que nadie se me agobie y para que sean 100% realizables.
Aquí va la de hoy: 10 razones por las que vale la pena cumplir años. ¿Escépticos? Leed y veréis como me dais la razón.

1. Porque la magia de pedir un deseo al soplar las taitantas velas, y pensar de verdad que "esta vez se me cumple" no tiene precio. Eso y mantener la esperanza año tras año.
2. Porque, si organizas merendola, es la excusa perfecta para darle vía libre al amigo patoso de turno, y que tire su vaso (antes de fanta, ahora de cervezota) sin llamar la atención. Al fin y al cabo, en todos los cumples cae uno.
3. Porque, cuando eres pequeña, deseas que nadie te vea para dejar al lado el bocata de fiambre y zamparte el de nocilla; y cuando eres mayor, atacas directamente con la excusa de que de pequeña nunca comías.
4. Porque de pequeña te emociona cumplir un año más y te pasas los 6 meses de antes anunciándolo a bombo y platillo; porque luego es taaaan emocionante que te quiten años que te pasas otros 6 meses lamentándote y agradeciendo cumplidos a partes iguales.
5. Porque conforme avanzan los cumpleaños, a no ser que alguien quiera sorprenderte, la fiesta de la montas tú a tu manera, con quien quieres, zampando lo que te da la gana y bebiendo al gusto.
6. Porque, conforme crecemos, acabamos celebrando el cumpleaños varias veces, entre familia que no se pone de acuerdo para venir, amigos que están fuera o porque curras ese mismo día y acabas tan reventada que celebrarlo tirada en el sofá te parece el mejor regalo.
7. Porque cumplir años significa ganar en madurez (en la mayoría de casos, ojo) y en seguridad, así que, aunque te acercas a los 40 peligrosamente, estás más a gusto contigo misma que hace diez, ya que te has dado cuenta de que no hay nada mejor que estar bien para verse mejor.
8. Porque los regalos son mucho más arriesgados de mayor que de niña, y es divertido observar la cara de quien te regala, mientras espera que des el beneplácito al detalle que le ha costado tanto encontrar y que sabe a ciencia cierta que es riesgo seguro. Y tú, te regocijas rompiendo leeeentamente el papel.
9. Porque según avanzan los años aumentan las posibilidades de hacerte o comprarte tu propia tarta, con lo que así te aseguras que comes un trozo y además repites.
10. Porque cumplir años es un regalo. Porque significa que estás vivo, que tienes mucho que celebrar, que tienes un tiempo por delante que vivir y compartir con los tuyos, que has viajado en el tiempo unos cuantos años ya y que nadie jamás tendrá que contarte nada porque esos años los viviste tú de primera mano, que tienes un año más y menos de experiencia en todo, por lo que tienes mucho que compartir y también mucho aún por aprender.
Cumplir años es saber que das un paso más y te queda un paso menos por recorrer y que, en ambos sentidos, la vida vale mucho la pena.

¡FELIZ NO CUMPLEAÑOS Y CUMPLEAÑOS A TODO EL MUNDO!

CON M DE MAMÁ y C de CUMPLEAÑOS FELIZ