25 de noviembre de 2016

NI MENOS, NI MÁS. SÓLO IGUALES.

Queremos venderle la cabra a nuestros hijos con eso de que todos somos iguales. Queremos hacerles creer que nacemos iguales, seamos hombres o mujeres, y que así debemos llegar a viejos. Y, sin embargo, día a día, toleramos actitudes, gestos y palabras en forma de micromachismos disimulados que se camuflan dentro de la normalidad más absoluta.
Las mujeres hemos de cuidar muy mucho cómo nos vestimos. Ni demasiado cortas, ni demasiado largas, no vaya a ser que hagamos pensar al que pasa que somos putas o somos frígidas. 
Las mujeres hemos de pensar cuál es el mejor momento para tener hijos y parir. Si ocurre siendo jóvenes, somos putas, si lo alargamos o elegimos que no ocurra nunca, solteronas, raras o frígidas de nuevo. 
Y si elegimos ser madres debemos pensar siempre en nuestros jefes, no sea que no venga bien nuestro (extenso) permiso maternal a los que están por arriba y acabemos en la calle con excusas como "es que necesitamos reducir plantilla".
Las mujeres tenemos que estar muy delgadas, o muy gordas, o ser finas, o con curvas, o con mirada felina, o con mirada inocente y aniñada... Siempre según dictamine la moda. Nunca según el cuerpo que nos haya tocado en suerte. Nos hipersexualizan desde niñas y nos venden la moto de que gusta más una mujer insegura y frágil que una guerrera que sonríe cada día desafiando al mundo y sus circunstancias.
Las mujeres...
Las mujeres llevamos una carga histórica detrás bastante importante. Y el mundo cada vez está más cabeza abajo, con lo que no parece que el tema quiera mejorar.
Ni putas, ni frías, ni ñoñas, ni solteronas, ni demasiado jóvenes, ni demasiado viejas, ni excesivamente gordas, ni excesivamente flacas.

NI MENOS, NI MÁS QUE LOS HOMBRES.
SÓLO IGUALES.

No se nos quiere por, simplemente, ser personas, y se nos exige una perfección inventada que no existe y que, en consecuencia, va cambiando al antojo de quienes manejan los hilos de todo. 
Pues con todo este percal, que da bastante miedo, yo deseo que mi hija tenga la suficiente fuerza como para cambiar el mundo con su granito de arena. Que se sienta segura y válida por su cabeza y no por su físico, que quiera y sepa luchar por sus metas sin la necesidad de la aprobación de alguien del otro sexo, que se vista como quiera sin que sus ropas estén supeditadas a la mirada y el pensar más o menos liberal o conservador de otros. Que se sienta libre de practicar el deporte que le dé la gana porque le guste y no porque sea de mujeres, y lo haga con el mismo orgullo que alguno de sus amigos pueda bailar ballet. Que sepa decir NO con tanta fuerza que nadie se atreva a desobedecerla. Que diga SÍ cuando realmente así lo sienta. 
Y sobre todo, espero de corazón que todo esto no le suponga una victoria en una guerra indefinida porque, mucho antes, el mundo ya haya dado un buen giro y estos deseos sean la pura realidad antes de que ella pueda soplar las velas de su tarta adolescente y pedirlos mientras lo hace.

NO A LA DISCRIMINACIÓN SEXISTA Y A LA VIOLENCIA DE GÉNERO. HOY Y TODOS LOS DÍAS.

2 comentarios:

  1. Cuánta razón tienes, ojalá en un futuro no muy lejano, nuestras hijas puedan vivir en un país en el que hombres y mujeres tengan los mismos derechos, pero no sólo en el papel, que sean DE VERDAD, y que se eduquen a los hijos con cariño y respeto hacia los demás para que no ocurran cosas como las que están pasando

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  2. Wow! Sencillamente excelente!
    Me siento muy identificada con lo escrito. Como mujer y como maestra. Busco educar a mis alumnos, pero sobretodo a mis pequeñas, en pelear por lo que quieres. En NO dejar que la sociedad te cuelgue determinadas etiquetas por ser mujer. Que ser chica ES sinónimo también de ser peleona, valiente y sobretodo NO dependiente.
    Lo Aplaudo! Bravo seño! ;) Un placer compartir la profesión con compis valientes como tú!

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